Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos.


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Nota de la autora:

¡Hola mis queridísimas lectoras!

Como siempre, muchas gracias por sus lindos comentarios, y por leer mi fic :D

Espero que les guste este capítulo!

Cariños,

Lady S.


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Capítulo 3

Pistas

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—Me gustaría estudiar medicina. ¿Y a ti?

—Hmp. No lo sé. Tal vez economía.

—Creí que querías ser un ingeniero. Siempre te ha gustado armar y desarmar cosas.

—Me gusta la ingeniería, pero nada me garantiza que eso me haga rico.

—¿Y por qué quieres ser rico?

—¿Quién no quisiera ser rico?

—A mí no me interesa. ¿De qué sirve tener todo el dinero del mundo si al final te conviertes en un viejo solo y amargado, como tu tío Madara?

—No lo sé. Para comprar cosas.

—Pero no puedes comprar amor. Ni amigos, ni una familia.

—Sí que puedo. ¡Auch!

—Eres un idiota, Sasuke Uchiha.

—Tú eras la que me perseguía por todas partes, eso te vuelve mucho más idiota. Además, yo no necesito comprar amor.

—Claro que no, porque a ti todo el mundo te ama, ¿verdad?

—Hmp. Tampoco necesito que todo el mundo me ame.

—¿Por qué?

—Porque te tengo a ti.

Sasuke abrió los ojos, despertando súbita pero tranquilamente sobre su cama, quedándose con la vista fija en el oscuro techo de su habitación, perdido en los recuerdos que sus sueños le habían devuelto. A su lado, Sakura dormía plácidamente, así que, para no despertarla, Sasuke se levantó sin hacer mucho ruido y fue a la cocina por un vaso de agua.

Otra vez Ino, otra vez se sentía perturbado por culpa de un fantasma, de alguien que ni siquiera había dado señales de vida por años. Hasta esa carta, la que la había llevado de regreso a su vida. Sasuke gruñó, apretando el frío cristal del vaso en su mano mientras lo sostenía bajo el grifo, y quiso meter la cabeza bajo el agua para despejar sus pensamientos, pero se contuvo. Ya había hecho el ridículo por Ino una vez, y no volvería a hacerlo. No le permitiría que hiciera tambalear su mundo de nuevo.

Tomándose el agua de un solo trago, Sasuke se mojó la cara e intentó regresar a su habitación en la penumbra de su departamento. Entonces sintió la eléctrica sensación del dolor subiendo desde su dedo gordo hasta la columna vertebral, y tuvo que ahogar un grito mezcla de sorpresa y dolor cuando su pie golpeó una de las cajas que había traído de su vieja casa, mandándola a volar por la sala, esparciendo todas las fotografías que tenía dentro por el suelo de parqué. Maldiciendo en voz baja, Sasuke dio un par de saltos hasta que el dolor empezó a desaparecer, y encendió una de las lámparas de piso de la sala, apresurándose a recogerlo todo en cuanto sintió los pasos perezosos de su prometida acercándose por el corredor.

—¿Sasuke? ¿Qué fue ese ruido?

—Nada —mintió, pateando la caja bajo un sofá, irguiéndose de inmediato. Sakura bostezó, todavía adormilada, y asintió.

—¿Vienes a la cama?

—Sí —respondió Sasuke con un suspiro cansado, arrastrando los pies hasta su cama. Volvió a recostarse, cerró los ojos y otra vez se quedó dormido.

Sakura salió en la madrugada hacia el hospital, dejándole el desayuno sobre la mesa y la ropa lista en el vestidor. Sasuke despertó más tarde de lo usual, pero con la sensación de no haber dormido en siglos. Hizo sus ejercicios matutinos, tomó una ducha y se arregló mientras tenía una conferencia telefónica con Kakashi y su socio de China. Tomó su Rolex de oro, sus mancuernas de platino y su maletín, listo para empezar el día.

Saliendo de casa, tomó su teléfono para avisarle al chofer que iba a bajar, pero entonces decidió que tenía ganas de manejar. Tomó las llaves de uno de sus coches preferidos en la entrada, pero un mal movimiento hizo que resbalaran de sus dedos hacia la alfombra, y al inclinarse para recogerlas Sasuke notó que había una fotografía escondida bajo uno de los jarrones de la dinastía Ming favoritos de su prometida.

Ignorando el timbre de su celular, el heredero Uchiha levantó la fotografía del suelo y se quedó perplejo al verla. Era una foto de él e Ino, los dos con sus uniformes de preparatoria, parados frente a un enorme edificio. Ella sonreía mientras se abrazaba a su espalda y él se veía bastante cómodo con eso. Era extraño. Sasuke no podía recordar el momento cuando la habían tomado, pero sí el lugar, su vieja escuela en el pueblo donde había crecido.

Shirakawago. Donde todo comenzó

Decía al reverso de la foto. Sasuke entonces frunció el ceño, y aunque quiso entender aquellas palabras, su teléfono clamando atención no le permitió hacerlo.

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Las reuniones de directorio, por lo general, eran bastante aburridas, pero productivas, excepto cuando Madara Uchiha en persona decidía aparecer. Sasuke odiaba esas ocasiones, porque sus empleados parecían repentinamente inútiles frente a su intimidante presidente, dándole más razones a su tío para gritar y degradar a cualquiera que se atravesara en su camino. Y, por supuesto, culparlo a él de todo. Sin embargo, esa mañana, aunque su cuerpo estaba presente, oyendo cada palabra, su mente estaba en un lugar muy lejano.

—Bueno, suponiendo que el sindicato no programe más huelgas, deberíamos poder cumplir con la fecha de inauguración pactada —murmuró Hatake Kakashi, uno de los abogados con más antigüedad en la compañía, y, por tanto, de los pocos a los que el presidente, y el mismo Sasuke, realmente escuchaban. Pero la benevolencia de Madara no parecía haberlo acompañado esa mañana, y podía sentirse en el ambiente.

"¿Deberíamos?" —repitió el presidente de la compañía, y toda la mesa directiva contuvo el aliento con temor, excepto Kakashi —Un deberíamos no es suficientes. El Grupo Uchiha ha invertido demasiados millones en este proyecto como para que lo echen a perder un montón de malditos obreros chinos con más fideos en la cabeza que cerebro.

—Dos obreros casi pierden la vida —replicó el abogado, frunciendo el ceño —. Creo que su reclamo por mayores medidas de seguridad es más que…

—¡No me importa cuántas vidas se pierdan, me importa cuánto va a costarnos este nuevo problema! —las acciones de Madara al levantarse y golpear la mesa con sus pesadas manos sobresaltaron a todos los presentes, excepto, una vez más, a su abogado.

—¿Y qué podemos hacer, Madara? Existe un contrato y cláusulas de seguridad —recordó Kakashi, suspirando con fastidio —. Y los obreros tienen sindicato. No podemos arriesgarnos a una demanda ahora, con la fecha de inauguración tan cerca.

—Te pago para que me des soluciones, Kakashi, no más problemas —Madara regresó a su lugar en la cabecera, entrelazando los dedos frente al mentón, con aires siniestros —. En cuanto a los malditos obreros, habla con el sindicato, y diles que si se atreven a hacer otra huelga los llevaremos ante la justicia. ¡Sobórnalos a todos si es necesario! —gruñó, relajándose sobre su asiento un momento antes de seguir dirigiendo la reunión —. En fin, ¿y qué tal el avance de las obras en Sapporo, Sasuke? ¿Están listos los planos?

Toda la mesa se giró hacia el vicepresidente de forma simultánea; sin embargo, Sasuke, con la vista clavada en algún punto de las enormes ventanas, no respondió.

—¿Sasuke? —lo llamó Naruto en voz baja, pateándolo por debajo de la mesa, pero ni aun así consiguió su atención.

—¡Sasuke! —la voz de su tío los sobresaltó a todos nuevamente, pero Sasuke solo parpadeó, enfocando la mirada en él como si acabara de oírlo susurrar en su oreja, apenas entendiendo lo que estaba pasando a su alrededor.

—¿Sí? —preguntó con suavidad, una octava más abajo de su tono de voz habitual. Grave error. Un Uchiha nunca debía mostrar ese tipo de vulnerabilidad, mucho menos frente a toda la mesa directiva. Sasuke se dio cuenta de su error apenas sus ojos se encontraron con los de Madara.

—¿Qué pasa contigo? —dijo este, frunciendo el ceño —¡¿Dónde demonios tienes la cabeza, muchacho?! —exclamó entonces, firme, pero suavizando el tono de su voz para dirigirse a su sobrino. Sasuke frunció las cejas brevemente, pero antes de decir nada se levantó, tomando sus carpetas bajo el brazo mientras hacía una reverencia.

—Discúlpame tío, no me siento bien. El arquitecto Uzumaki se encargará de ponerlos al tanto del avance del proyecto —dijo, y sin esperar permiso salió de la reunión, encerrándose en su propia oficina y dejándose caer sobre su silla de cuero con un suspiro cargado de agotamiento.

Estaba cansado; llevaba días sin poder dormir, y días soñando con Ino. Eso no le había afectado mucho al principio, pero empezaba a interferir en su trabajo y su vida, y no sabía cómo manejarlo. Y ahora no solo estaba cansado, sino que había hecho el ridículo frente a todos los directivos de la compañía, y, peor aún, su tío.

Sasuke se restregó la cara con las dos manos, escondiendo el rostro entre sus palmas durante varios minutos hasta que volvió a levantar la cabeza y, furioso, resopló y tiró sus carpetas con documentos de las obras de la compañía al suelo, adoptando una posición similar a la de su tío en la reunión, con los codos sobre la mesa y los dedos entrelazados bajo la barbilla, perdiendo la mirada en ningún punto en particular.

—Cancela todas mis citas y no me pases llamadas, Udon —gruñó sin siquiera mirar a la entrada en cuanto escuchó la puerta abrirse, pero la respuesta que recibió no fue la de su asistente:

—Te convierto en el vicepresidente más joven del país, te cedo el control de mi empresa, ¿y crees que eso te da derecho a faltarme al respeto? —gruñó la fría y amenazadora voz de Madara segundos antes de que la puerta de su oficina se cerrara de un portazo que sacudió el lugar.

El joven Uchiha entonces cerró los ojos un momento e inspiró, sin poder evitar soltar un gruñido. Hacía tiempo le había perdido el miedo a su tío que paralizaba al resto del mundo, pero eso no hacía que enfrentarlo por cualquier situación fuera menos incómodo. Sin contar que estaba frente al hombre a quien le debía todo, así que solo se tragó su orgullo y volvió a gruñir, más disimulado esta vez.

—No fue mi intención faltarte al respeto, tío —resopló, enderezando la espalda y frunciendo el ceño, lo suficiente para mostrar su inconformidad, pero no lo suficiente para seguir enfadando a Madara —No me siento bien, y creí prudente salir de la reunión antes de devolver mi desayuno frente a los accionistas. ¿Qué clase de imagen sería esa? —preguntó, irónico en exceso, pero ya era demasiado tarde para tragarse sus palabras. Madara lo apuñaló con la mirada, pero mantuvo las formas, y de pronto su postura ya no pareció tan amenazante, sino, más bien, la de un padre preocupado.

Era extraño, pero a veces podía jurar que su tío era capaz de sentir afecto por él, aunque sabía que se aferraba a una idea absurda. Sacando a Madara, él era el único Uchiha con vida, era natural que su tío se obligara a tolerarlo y tratarlo mejor que al resto del mundo para poder tenerlo cerca como su único heredero. Ni siquiera estaba seguro de agradarle, pero debía reconocer que el viejo se esforzaba por aparentar que sí.

—No te ves bien —aceptó su tío a regañadientes, moviendo la cabeza de un lado a otro; y cuando Sasuke creyó que lo dejaría ahí, Madara se acercó a su escritorio, desplegó sus grandes y todavía fuertes manos sobre el cristal y se inclinó a su altura, mirándolo fijamente durante unos segundos que a su sobrino le parecieron siglos. Si algo había aprendido con los años era que cuando Madara ponía tanta atención en algo, no podía ser bueno —No sé qué es lo que pasa contigo —gruñó, mirándolo fijamente con sus ojos oscuros idénticos a los suyos, pero a la vez completamente distintos —, pero lo que tengas que hacer, resuélvelo de una vez —sentenció, parándose derecho para volver a alejarse, no sin antes darle una última orden —. Tienes una gran responsabilidad con esta compañía, y un gran privilegio como Uchiha, pero el poder y los privilegios pueden desaparecer si solo chasqueo los dedos. Nunca olvides eso.

Madara le sonrió como si no acabara de amenazarlo como cuando era un adolescente, y azotó la puerta al irse, sobresaltando a Sasuke, que solo se quedó en su lugar, suspirando para liberar un poco de toda la tensión que su tío había dejado en el ambiente. Eso no había salido tan mal, pensó, teniendo en cuenta que realmente lo había arruinado en la reunión. ¿Qué había pensado al contestarle así a Madara, el hombre que controlaba toda su vida, y, sobre todo, su futuro? Entonces, Sasuke empezó a sentirse de verdad enfermo, decidiendo que el asunto de Ino realmente se le estaba yendo de las manos.

El problema era tan serio que Naruto ni siquiera se rió de él cuando horas más tarde le dio un resumen de la charla con su tío, y, como él, estuvo de acuerdo en que debía hacer algo respecto a Ino. Y debía hacerlo antes de empezar a arruinar su vida por completo.

—Nadie puede ser tan bueno desapareciendo —Sasuke frunció el ceño, sintiendo la amargura de esas palabras subiendo por su garganta, sobreponiéndose incluso al sabor del whisky que todavía bailaba en sus labios —No hay un trabajo, ni tarjetas de crédito, ni una maldita dirección. Solo se esfumó —gruñó, sirviéndose más alcohol en su vaso mientras su mejor amigo fruncía el ceño, pensativo.

—¿Y qué tal si no la encuentras porque le pasó algo? —preguntó. Sasuke volvió a fruncir el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—No lo sé. Un accidente, quizá ella…

—No —la lengua del heredero Uchiha se había movido más rápido que su cerebro, igual que su corazón, que de pronto se aceleró de una forma que casi le dio pánico. No que no hubiera pensado en la posibilidad antes, pero decirla en voz alta, simplemente, no le parecía tolerable. Y Naruto, a pesar de no ser la persona más lista del mundo, pareció entenderlo.

—O quizá no le pasó nada —se encogió de hombros, bebiendo de su vaso —Quizá solo quería que la recordaras, y por eso envió la cuerda; tal vez es un símbolo de algo, yo que sé... —murmuró, y Sasuke lo miró, analizando la posibilidad de que eso fuera cierto. Sin embargo, no podía darle un sentido a todo aquello, sin importar lo mucho que tratara.

Suspirando, metió la mano dentro de su pantalón y sacó la cuerda que ella le había enviado, mirándola por un momento. Deseó recordar el momento exacto en que se la había obsequiado, pero no pudo hacerlo. Quizá ella la había tomado la última vez que habían estado juntos; Sasuke no podía recordar si las benditas cuerdas estaban en su guitarra al llegar a la ciudad. Quizá ella las había tomado antes. ¿Cuándo había sido la última vez que él había tocado su Gibson, de todas formas? Todo lo relacionado con su vida anterior se veía demasiado borroso después de tanto tiempo evitando esa parte de su historia.

Y en ese instante, reparó en otro detalle; Ino le había enviado una sola cuerda, ¿dónde estarían las otras cinco? Nunca se las habría obsequiado a nadie más, ¿por qué entonces solo le había devuelto una? ¿Eso significaba algo? ¿Dónde podrían estar las demás? Y de repente, una idea lo golpeó. Era ridículo, casi imposible, y, aun así, no pudo evitarlo:

—Es una pista —murmuró para sí mismo, levantándose como si alguien le hubiera echado un balde de agua fría, pues todo parecía tener tanto sentido ahora que no pudo evitarlo.

—¿Qué? —preguntó Naruto, mirándolo con confusión, pero Sasuke no hizo caso, solo tomó su chaqueta y se dirigió a la salida —¿Y ahora a dónde vas?

—Ella quiere que la encuentre —informó antes de salir de la oficina, ignorando a Naruto y a la recepcionista cuando lo llamaron.

Quizá debía pensar mejor en lo que estaba haciendo; tal vez estaba demasiado ebrio para usar el cerebro, pero al salir de su oficina no lograba pensar en otra cosa: Ino había enviado una sola cuerda para que hallara el resto, y, tal vez, al hallarlas también la hallaría a ella; ella quería que la buscara, y le había enviado una pista.

Con un renovado interés, Sasuke salió del edificio y tomó un taxi, sin pensar demasiado en sus acciones. Lo que estaba a punto de hacer era tal vez la locura más grande de todos los tiempos; era impulsivo y estúpido, pero no podía detenerse a racionalizarlo.

Apenas llegó a su apartamento, buscó una maleta y empezó a guardar algunos de sus trajes, corbatas, ropa de cama, deportiva y zapatos; sin embargo, se detuvo a la mitad antes de terminar de empacar sus cosas. Y un recuerdo lejano regresó a su mente; más bien una voz suave y distante, como un ligero arrullo en su oreja.

"Si puedes meter toda tu vida en una maleta es algo triste. Pero si puedes meter todo lo que necesitas en una mochila, ¡será el inicio de una gran aventura!", dijo la Ino de su cabeza, la misma de sus sueños. Entonces Sasuke deshizo su maleta y rebuscó en el interior de su armario, tomó su vieja caja de recuerdos, todo el efectivo que tenía en su caja fuerte, sus llaves y salió, manejando de regreso a su antiguo vecindario.

El ama de llaves no se quedaba por las noches, así que nadie lo vio entrar a la casa y subir a su vieja habitación, esquivando varias cajas que la mudanza todavía no se había llevado. Sasuke empujó la puerta de madera y buscó una mochila en su antiguo armario, además de algo de ropa de la que los sirvientes de su tío no se habían deshecho cuando llegó a vivir con ellos. Unos jeans, unas viejas camisetas de bandas de rock, unas botas y una cazadora verde fueron todo su equipaje, además de su vieja Gibson, la cual sacó de su estuche para contemplarla y dejar su solitaria cuerda junto a ella, cerrando la cubierta antes de echársela al hombro y salir tan en silencio como había llegado, no sin antes quitarse su costoso traje y cambiarlo por unos pantalones de mezclilla, una camisa azul y su vieja cazadora verde.

Si alguien lo hubiera visto salir de la mansión no lo hubiera reconocido como el hombre que acababa de entrar, pues sin traje, con el cabello revuelo por las prisas y vestido de jeans y camiseta pasaba prácticamente por un adolescente. Pero a Sasuke no le importó su apariencia; solo cargó sus cosas en el asiento del acompañante y fue directo a la estación de tren, tan rápido como si estuviera huyendo. Pero no estaba huyendo, sino que, por primera vez en su vida, sintió que estaba haciendo todo lo contrario.

Toda su vida había huido de las cosas, de la muerte de sus padres, la enfermedad de su hermano, de Ino y su recuerdo. Pero ahora, de repente, la idea de seguir haciéndole le pareció insoportable.

—Un boleto a Toyama, por favor —pidió tras consultar los horarios del último tren Hokuriku Shinkansen que partiría de Tokio, y una somnolienta y sorprendida mujer emitió su pasaje, deseándole un buen viaje. Sasuke pagó en efectivo, porque las tarjetas eran muy fáciles de rastrear, y aún en su impulsivo accionar y su evidente estado de ebriedad, fue consciente de que sería muy fácil para la gente de su tío encontrarlo si usaba sus tarjetas. Así que se deshizo de todo el plástico de su cartera y arrojó sus tarjetas a un cesto de basura, e iba a hacer lo mismo con su celular, cuando este empezó a sonar, y, viendo que era una llamada de su prometida, decidió que lo correcto sería atender.

—Diga —gruñó, observando el tablero de partidas. Del otro lado, su novia exhaló. No se oía nada feliz.

—¿Sasuke? ¡¿Dónde estás?! ¡Mis padres te están esperando! ¡Llevamos organizando esta cena por semanas! —exclamó, y tal vez era cruel, pero a Sasuke, en ese momento, nada podía importarle menos.

—No puedo ir hoy, Sakura. Estoy saliendo a un viaje.

¿Viaje? ¡¿Pero qué...?!

Sasuke le colgó, dispuesto a tirar también su teléfono, pues era más probable que lo rastrearan por su señal, pero antes de hacerlo buscó el número de su mejor amigo, y, decidido, escribió un mensaje:

"Seguiré la pista e ré por ella. Y voy a encontrarla"