Disclaimer: Harry Potter, su universo y personajes son propiedad de J. K. Rowling.
Frente a aquel enorme espejo la pálida figura de la chica se reflejaba, tomo asiento mientras dejaba que las lágrimas recorrieran libremente su rostro corriendo su maquillaje de paso, de su bolso saco algunos cosméticos y mientras retocaba por cuarta o quinta vez su maquillaje recordó como había llegado a esto.
Tras el término de la guerra el ministerio se encargó del arresto masivo de seguidores del Señor Oscuro entre ellos sus padres, ella había logrado escapar de una larga estadía en Azkaban tras brindar información en los juicios contra los Mortífagos más importantes. El Ministerio como parte de sus investigaciones había congelado todo patrimonio de su familia dejándola prácticamente en la calle, no tenía a donde ir o a quien acudir, por una parte la mayoría de purasangre que evitaron Azkaban la tachaban de traidora, por el otro, gran parte de la comunidad mágica de Gran Bretaña aun repudiaba cualquier seguidor de Voldemort y a ella en particular por haber intentado entregar a Potter durante la batalla final. Escapando de su pasado emigro al mundo muggle donde no era conocida, todo era nuevo para ella intento en muchos trabajos pero jamás duraba más de un par de días hasta que finalmente comenzó a trabajar con su cuerpo, como una dama de compañía. Por las noches asistía a las zonas más concurridas de Londres donde siempre buscaba algún caballero solitario que quisiera de su compañía a cambio de un par de libras. Desde su llegada al mundo muggle había trascurrido un año entero, el dinero siempre le alcanzaba para lo esencial que era comida y un techo para dormir.
Había terminado de arreglar su maquillaje, se levantó y comenzó a buscar su ropa botada por toda la habitación, mientras lo hacía dirigió su mirada a su acompañante de aquella noche, como deseaba poder botar tan fácilmente a todos aquellos que conocía noche a noche, poder olvidar todas esas falsas carisias, esos besos que no eran enserio.
Al salir del hotel se abrazó a si misma, el frío de diciembre la recibió en las calles solitarias, emprendió su camino al viejo departamento que se podía permitir pagar, se encontraba a un par de cuadras por lo cual decidió ahorrarse el transporte. A través de todos aquellos edificios comenzaba a despuntar el alba faltaba poco para el amanecer, era cruel pues con su llegada se llevaba aquel hermoso cielo estrellado que tanto le encantaba, por eso ella prefería verlo de una forma más romántica, como un nuevo comienzo, uno en el que quizá saldría de esta vida.
