Con un suspiro y una mano rascando su barbilla Romeo mira hacia arriba, descansando en una de las mesas del living luego de una jornada de limpieza junto a su padre, la casa Conbolt siempre es un lugar desordenado excepto cuando el chico comienza a mover al viejo para limpiar. Su camiseta está algo sucia y sus pantalones son los que usa para este tipo de deber, también bastante maltrechos.

Han pasado tres días ya del encuentro con las dos mujeres, Romeo ha evitado el gremio todo ese tiempo, los primeros dos días simplemente sin ir y hoy ha buscado la excusa perfecta. Cada vez que piensa en lo pasado su cabeza parece no querer que recuerde nada, solo imágenes que se vuelven más y más difíciles de distinguir conforme pasa cada hora.

Mirajane fue bueno con él, pero está intentando evitar a Erza, no sabe que podría hacer con él si llegaran a encontrarse de nuevo.

- Mejor me mudo de… reino, tal vez me encuentre de todos modos – Se dice a sí mismo en voz muy baja - ¡Ah! ¿Por qué tenía que pasar todo esto?-

- ¿Dijiste algo Romeo? – Macao se asoma desde una habitación, el chico se calla la boca enseguida y niega con la cabeza lentamente – Ah, como sea, necesito que saques esto afuera –

Sale de la habitación con una gran bolsa negra, llena de la mugre y la basura que han recolectado en este día de limpieza, claro que la muestra orgulloso de su trabajo, ignorando que fue su hijo quien ofreció empezar en primer lugar. El chico lo mira un momento y cuando desaparece en el cuarto bufa, levantándose de mala gana para ir a recoger la condenada bolsa.

Con la bolsa en manos sale de la casa y la deja junto a la puerta del pequeño jardín que hay antes de la entrada, alguien la recogería eventualmente para deshacerla, claro que él podría hacerlo con su fuego mágico pero eso es demasiado trabajo.

Tras dejar la bolsa en el suelo pone sus dos manos detrás de la espalda y se estira, sonando sus huesos.

- Romeo – Una voz femenina y dulce lo llama, no importa que tan femenina sea, él se ha muerto de un susto de todos modos.

- ¡Ah! ¡Por Mavis! – Romeo inmediatamente se hace a un lado, bajando los brazos al darse cuenta que no es más que Mirajane, recordando lo que hicieron tal vez esto no es nada para relajarse – M-Mira… uh… hola –

- ¿Ocupado? – La chica le sonríe, tiene puesto su vestido negro y blanco, lleva una canasta en las manos, las cuales están entrelazadas delante.

- Oh, solo limpiando… en realidad ya hemos terminado… ¿Tu? –

- Pasaba por aquí y pues decidí invitarte… voy a recoger manzanas para hacer una tarta ¿Quieres ayudarme? – Parte de eso es verdad, pero claro ella lleva dando vueltas a la misma calle por media hora esperando a cruzarse al chico, sin atreverse a tocar el timbre.

- ¿Quieres mi ayuda? –

- Creo que ambos podríamos usar un momento a solas ¿No crees? –

- Supongo – Romeo se rasca la parte trasera de su cuello, ya le entra la vergüenza, normalmente correría dentro de su casa para esconderse pero Mira está siendo tan agradable con la idea que al menos se merece ser escuchada - ¿Me cambio primero? –

- No es necesario, vamos, o terminaré haciendo la tarta para la cena – Ella se ríe, él fuerza una risita antes de correr a la puerta.

Le grita a su padre que saldrá por un momento, no dando detalles de por qué ni con quien, luego cierra la puerta, salta la cerca y se para junto a Mira con una sonrisa todavía forzada y nerviosa. Ella no puede evitar reírse de lo tierno que Romeo se ve cuando está avergonzado de esa manera, decide no molestarlo más, al menos por ahora.


Unos minutos más tarde, ambos magos de Fairy Tail se encuentran en el campo en las afueras de Magnolia, hay uno de estos campos que ha sido enteramente cubierto con árboles de manzana y plantas de vallas, otras frutas en menor medida, conocido como 'El valle rojo', el nombre es más agresivo de lo que en realidad significa.

- ¿Desde cuando haces este tipo de cosas?- Romeo pregunta mirándola, ambos caminando por un camino entre los árboles, ella se ríe sosteniendo la cesta y señalando un árbol que tiene manzanas colgando.

- Oh, siempre me ha gustado la pastelería y la cocina, mi trabajo en el gremio no me da mucho tiempo para hacer esto, pero creí que sería bueno tomarme algo de tiempo libre –

- ¿La comida del gremio es preparada por ti? –

- No toda –

Romeo da un salto y se cuelga de una de las ramas del árbol, ignorando completamente cualquier silla o pequeña escalera que hay por ahí para ayudarse, ya colgado cabeza abajo comienza a arrancar manzanas.

- Eso es una forma de hacerlo, supongo – Mira ríe, él se sonroja al darse cuenta.

Una vez terminado el momento de avergonzarse, ya que está ahí arriba Romeo arranca una manzana y la deja caer sobre Mira, ella la agarra con la cesta sin problemas. Este proceso se repite varias veces más en un parcial silencio, no es incomodo sin embargo, con risas y comentarios sobre como las frutas deben caer y donde, tras unos minutos comienzan a pasarla bien. Eventualmente Romeo se descuelga y cae, la rama tiembla cuando él se suelta y una manzana cae sobre su cabeza, eso causa un 'ow' pequeño seguido por una risita de Mirajane.

- Eres ágil –

- Pues… supongo, con algo tengo que compensar por mi falta de magia increíble –

- Depende que pienses que es increíble y que no – Ella se encoje de hombros – Creo que eres un buen mago, y una buena persona, lo segundo siendo mucho más importante –

- Gracias – Romeo sonríe brevemente, ruborizado, luego busca otra rama para colgarse.

De un salto abraza la rama desde abajo y queda colgado con su espalda hacia abajo, cortando algunas manzanas, Mirajane menciona que unas mas bastarán para una tarta y quedarse algunas para comer en el camino si él tiene hambre. Romeo sigue las instrucciones, tomando una de las frutas, antes de tirarla la observa por un momento, sus memorias vuelven y la razón por la que están aquí también.

Se descuelga de los brazos y queda boca arriba, dejando la manzana gentilmente en la cesta, Mira le sonríe.

- Oye… uh… sé que no querrás hablar de esto pero… la otra noche… - Tantas pausas entre sus palabras, duda demasiado para su gusto – Lo siento, lo siento mucho –

- Ah, deja de decir que lo sientes, Romeo, que al fin y al cabo fue un esfuerzo de tres – Ella aprieta sus dos manos alrededor de la manija de la cesta, la charla por fin empieza y ella misma se pone nerviosa por hablar de tal tema con el más joven del gremio.

- Lo sé, pero no puedo evitar sentir que… no lo sé, que en cierto modo fue el alcohol lo que causó todo y tal vez te hayas arrepentido –

- Yo… - Mira se pausa, pensando bien sus palabras para sonar sincera pero no hiriente, o muy pervertida, desearía poder decir exactamente lo que está pensando – Si no lo hubiese disfrutado no lo hubiese hecho –

La respuesta es concisa pero responde bien la duda que Romeo tiene, su rostro boca abajo se ruboriza – Vaya, creo que eso es cierto –

- Si algo debo hacer, es pedirte perdón yo misma… Erza y yo no fuimos muy… no fue un comportamiento digno de adultas –

- Tal vez ninguno de los dos deba disculparse- Romeo mira hacia otro lado, tomando la rama con sus manos para comenzar a descolgarse y evitar los ojos de Mira al mismo tiempo – También lo disfruté… es decir ustedes son… y… - Se rinde y suspira incapaz de no sonar como un pervertido.

Las palabras son de aliento para Mirajane, no ha venido con la intención de hacer a Romeo sentirse mal, si no a disculparse, pero ahora que él menciona que en cierto modo disfrutó lo que pasó… tal vez ella puede hacer lo mismo, mas sutilmente por supuesto. Su mente sigue borrosa cuando intenta recordar ese día, pero las sensaciones están más presentes que las imágenes, y son buenas sensaciones.

- Me alegro, me alegro mucho Romeo, me hace sentir mucho mejor – Con una pequeña reverencia se lo agradece, el chico sonríe avergonzado y hace la misma reverencia por cortesía.

- Ya, creo que esto ha quedado resuelto… eso es si Erza no me mata… -

- ¿Por eso no has ido al gremio? –

- Para evitarla, si, y bueno… también creía que estarías molesta –

Mira se ríe, se ríe en voz alta y causa que Romeo se sienta más extraño y avergonzado, pero no puede evitarlo, su adorable reacción la puede. Al terminar la risa ella pone una mano en el hombro de Romeo, admirándolo por unos segundos, aunque es adorable también es un buen gesto involuntario, otra gente alardearía sobre lo que pasó en menos de un día.

- Te diré algo, ella estaba menos borracha que yo- Dice crípticamente, Romeo tuerce la cabeza en confusión.

Claro, eso significa que Erza sabe lo que pasó, quien hizo que y con qué intenciones, al menos mas que Mira quien fue la que se sumó una vez que todo había empezado. Tal vez, piensa Romeo, si mantiene el secreto y yo también podrá sobrevivir por más tiempo, no es como si fuera a intentar chantajear a Erza Scarlet, eso es un suicidio.

- E-entiendo –

La mano de Mira no se separa, sin embargo, luego del consejo, se mantiene en su hombro. Lo observa un poco más de lo debido, ya pensamientos algo sucios pasan por su mente, algunos recuerdos y algunas ideas, la albina se ruboriza y saca su mano solo de pensar en tales cosas.

- Entonces, supongo que estamos a mano… -

- Supongo que si, por ahora – Con eso ella da la vuelta y, cesta en mano, comienza a caminar para volver al pueblo.

Romeo la sigue, ahora una sonrisa ocupa su cara, aunque discreta ahí está, ha podido arreglar las cosas con ella y eso le quita un gran peso de encima, solo resta otra persona para que su mente quede en paz luego de esa noche.


Los dos magos llegan a la casa Strauss, Mira se para en frente de la puerta y saca una llave de uno de sus bolsillos en frente de su vestido, algo bastante útil dado que ella siempre anda con este tipo de cosas puesta. Abre la puerta para dejar pasar a Romeo, este lo hace lentamente, pidiendo permiso en una voz muy baja como para que alguien lo escuche excepto Mira, y ella se ríe.

- No hay nadie, Lisanna está fuera de misión y Elfman en el gremio –

- Oh, ya veo –

El lugar de entrada es un pequeño living donde no entra más que el espacio para que la puerta se abra y un perchero para colgar abrigos, luego de eso hay un pasillo con dos puertas de cada lado, probablemente tres habitaciones y un baño, al final del pasillo llegan a la cocina y comedor de la casa. Mirajane toma las manzanas fuera de la cesta y las mete en el lavabo para remojarlas, no prende el agua por ahora y una vez termina da la vuelta para ver a Romeo parado en medio del lugar mirando hacia todos lados.

Pronto el muchacho deja de inspeccionar y nota que está siendo observado desde el lavabo, solo tose y se rasca detrás de la cabeza antes de pensar algo para decir.

- Es un lindo lugar… Mira… pero yo debería irme, quiero pasar por el gremio, no he ido hace varios días ya –

- Claro, por supuesto – En una respuesta algo apurada, como si hubiese estado distraída hasta que le hablaran, Mira asiente y se acerca a él – Antes de que te vayas, Romeo, hay algo que debo decirte… -

- ¿Qué pasa? ¿Algo malo? –

Ella niega con la cabeza y se acerca un poco más, suspira levemente y mira a Romeo a los ojos, por una vez se da cuenta que Romeo es un poco más alto que ella, debe mirarlo reclinando su cabeza un poco hacia atrás.

- No he sido enteramente honesta contigo, Romeo – Ella dice en una voz más baja de lo normal – Yo… recuerdo más de lo que crees y… lo que hicimos es algo que no he hecho en un rato –

- Y-ya, ya veo – Responde él comenzando a ponerse nervioso por la cercanía.

- Y bueno, tal vez algún día, podríamos hablar más tranquilamente de… una repetición… - Esas últimas palabras salen de sus labios casi como un murmuro, pero no es necesario que sea un grito para lograr una reacción avergonzada de Romeo.

Él se detiene por completo, en parte porque está apoyado contra la mesa detrás y no puede moverse para evitarla, también siente que sus palabras son genuinas y eso lo incita a quedarse donde está. La mujer que muchas veces ha visto como inalcanzable y tan bella como un ángel, ahora le está pidiendo que deben reconsiderar la posibilidad de una noche de diversión, es como un sueño para él, pero al mismo tiempo tiene miedo de convertirlo en una pesadilla con alguna acción estúpida.

- Debo irme – Fueron sus primeras palabras, mala elección pues Mirajane aparta su mirada algo decepcionada.

- Entiendo –

Se separan, un sentimiento de valor lo invade, verla de esa manera lo obliga a actuar y decir algo un poco más osado sobre el asunto - Disculpa, yo… quise decir que… voy a pensarlo, y podríamos… hablar otro día sobre ese asunto – Dice entre cortes y dudas, pero al menos la frase está ahí afuera para que ella la interprete.

- ¡Oh! Gracias… espero no creas que soy rara por mencionar eso –

- No, para nada, es perfectamente normal y… siento lo mismo, me gustaría volver a intentarlo –

Una sonrisa aparece y Mira se inclina hacia adelante tomándolo de los hombros, su valor es recompensado con algo que él ya ha sentido antes, un beso, corto pero lo suficiente para mandar un mensaje de tranquilidad y confianza. Cuando se separan sus labios Romeo traga saliva y abre su boca para hablar, pero puede sentir el aliento de Mira al hacerlo, ella parece malinterpretarlo y vuelve a presionar sus labios juntos.

Esta vez el beso es más prolongado, el recuerdo de esa mañana vuelve a la mente de ambos y pronto cualquier inhibición desaparece, ella aprieta los hombros de Romeo mientras él la rodea con los suyos por detrás y baja sus manos hasta posarlas sobre su redonda parte trasera que sobresale al estar inclinada hacia adelante.

El calor crece entre ambos, se inclinan hacia lados distintos mientras Romeo intenta imitar lo que ella hace con su lengua, convirtiendo un simple beso de despedida en algo más mojado y descoordinado, pero mucho más descontrolado y placentero.

Se separan, por decisión de Mirajane, aunque ahora mismo piensa que si Elfman no estuviese en la ciudad te haría mío ahora mismo. Romeo toma aire y se da cuenta de lo que ha pasado, volviendo a la normalidad con sus quejidos mudos y su sangre agolpada en su cara para simbolizar vergüenza.

Tras un rápido adiós, él parte dejándola sola en la cocina, prometiendo que se volverán a ver pronto para charlar sobre ese asunto.

Mira se sienta en una de las sillas, su respiración algo agitada y su libido queriendo algo de atención por todo lo que pasó, no solo el beso, las manos que la rodean son lo que ha extrañado, el toque de un hombre aunque sea sobre la tela de su vestido y que este hombre sea alguien que tiene conflictos sobre cómo actuar con una mujer lo hace todo mas placentero. Una sonrisa malévola crece en su rostro mientras sus manos se refriegan contra su propio cuerpo, al menos se tiene a si misma hasta que Romeo vuelva con su respuesta.


Gracias por leer! Me disculpo por la falta de acción este capitulo, la espera valdrá la pena cuando veamos los capítulos que siguen, créanme.

Nos leemos pronto.