4

Hinata

El señor considerado no parecía perturbado por la tensión en mi voz cuando le ordené que me dijera su nombre. Solo sonrío y dijo—: Naruto.

¿Uh? —¿Un ingrediente? ¿Qué diablos?

—No. —Su sonrisa se extendió, llegando a sus ojos y haciendo que brillaran sus bellos orbes azules—. Ese es mi nombre, Lunita. Naruto. Pero mi nombre completo es Naruto Sarutobi Uzumaki ¿Te gusta?

¿Gustarme? Este chico me dejó totalmente sin palabras. ¿Por qué debería importarle si me gustaba su original y genial nombre?

—De todas formas... —La mujer, que seguía sin saber quién era, nos dio una mirada extraña y luego se volvió al grupo—, no tenía nada de la retención de líquidos que esta chica tiene en su rostro.

Jadeé y me cubrí las mejillas, para que el sexy Naruto no pudiera ver lo gorda que me había puesto. Oh por Dios, ¿qué tan terrible me veía? ¿Y por qué Ino me dejó salir del apartamento de esta manera? Me volteé hacia ella en busca de apoyo. —¿Tengo retención de líquidos?

—¿Qué? ¡No! No, cariño. Apenas.

¡Oh por Dios! Apenas estaba tan lejos de nada, que muy bien pudo haberme llamado ballena hinchada. —¿Entonces sí lo tengo?

Ino se revolvió un momento antes de fruncir el ceño a la otra mujer. Pero en el momento en que abrió la boca para calmarme, Sai la agarró por el brazo. Su rostro palideció mientras miraba a algo por encima del hombro.

Eché un vistazo para encontrarme con que una persona, que llevaba una gabardina larga color café, ingresó a la disco.

Oh, diablos. Mi mejor amiga iba a ir a la cárcel por asesinato esta noche.

—¿Alguien tiene un hacha a mano? —gruñó Ino, alejándose de la barra para encarar a la señora Garrison—. Porque siento la necesidad de dar hachazos a una perra.

—Amigo. —Kiba golpeó con el codo al quinto cantinero que podría ser Nagato (o no). Diablos, ya no sabía quién era quién—. Pelea de chicas. Asombroso.

Cuando alcancé a Ino para detenerla y no pude, Sai saltó por encima de la barra, de la misma manera en que Naruto había saltado sobre ella para buscarme más cacahuates. Tuvo más éxito que yo capturando a Ino y enroscó su brazo alrededor de su cintura, para que no pudiera atacar.

—Te dije que no volvieras —le gruñó a la señora Garrison—. Y dejé muy claro antes de incluso dejar Suna que no quería tener nada que ver contigo. ¿Por qué haces esto?

Lo ignoró, sonriéndole maliciosamente a mi chica. —Ino —murmuró, asintiendo en reconocimiento—, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi.

—Lo sé, ¿verdad? —respondió Ino con la misma falsa broma con la que ella se mofó antes—. Mi mano dejó de doler desde la última vez que te abofeteé.

—¡Ohh! —gritó Kiba, golpeando la mano en su rodilla y abucheando—. Fuego.

La señora Garrison estrechó los ojos. —Debes dejarlo ir, querida. Él no pertenece aquí.

Todo se volvió increíblemente tenso después. Ino y Sai trabajaron juntos tratando de que se fuera, diciéndole que no creían una palabra de lo que decía. Y la señora Garrison solo exudaba maldad mientras abría su abrigo, revelando su estómago hinchado.

—Si no estoy embarazada, entonces ¿cómo explicas esto?

—Oh, por favor. —Rodé los ojos y agité la mano hacia ella—. Esa es la panza de embarazada más falsa que haya visto.

Cuando la señora Garrison giró hacia mí con el ceño fruncido, me deslicé del taburete y sobé mi barriga. —Esto es auténtico, cariño. Entonces por qué no dejas de molestar a Sai o a mi prima Ino, regresas a casa en Suna, y encuentras a alguien nuevo a quien molestar. De hecho, busca a Madeline y Shaw Hyuga busca a Madeline y Shaw Hyuga, ¿por qué no? Ellos realmente merecen tu tipo de atención.

Oh, me encantaría ver a los dos violadores ir cabeza a cabeza. En realidad, podría ser una clase de desafío para mi padre masticar a la señora Garrison y escupirla. Puede que le tome una hora entera destruirla.

Entrecerró los ojos. —Debí haber adivinado que eras la primita altanera Hyuga de Ino. Hinata ¿no? La que trató de atrapar a Sasori Worthington en un matrimonio, quedándose embarazada…

—De acuerdo, eso es suficiente —espetó Ino, y estuve agradecida que interviniera porque el solo hecho de escuchar el nombre de Sasori me hizo tensarme y paralizarme. Pero, ¿qué demonios? ¿Todo el mundo en casa creía que me quedé embarazada a propósito para atraparlo en un matrimonio? ¡Qué asco! Era imposible que quisiera asentar cabeza con un idiota egoísta como Sasori Worthington. No dejaría que ese hombre volviera a mi vida, ni aunque viniera arrastrándose, rogando y ofreciendo dinero para que yo lo perdone.

Mientras mi cabeza todavía divagaba, preguntándose qué pensaban de mí ahora todos mis viejos amigos en Suna; Ino, Sai y la señora Garrison dieron vueltas y vueltas un poco más, hasta que la mujer, que pronto supe que se llamaba Dra. Kavanagh, sacó una prueba de embarazo de su bolso y le dijo a la señora Garrison que suministrara alguna prueba física.

Una vez que la violadora finalmente accedió a hacer pis en la prueba de embarazo, hubo un debate sobre quién debía acompañarla al baño para supervisarla. Cuando traté de meter la cuchara y dije que escoltaría a la bruja malvada con mucho gusto —así podía ser la primera en reírme en su cara cuando todas sus mentiras fueran reveladas—, Naruto sacó su mano y se inclinó sobre la barra para agarrarme el codo, deteniéndome.

—No lo creo, Lunita. Si Sai no confía que su chica esté a solas con esa mujer, entonces no te acercarás a ella. No en tu condición.

Parpadee, sobrecogida en un mudo atontamiento. ¿En mi condición no?

En serio, ¿quién le hizo creer a este chico que debía actuar de manera protectora conmigo, asegurándose de que tenía comida limpia y que estuviera fuera del alcance de violadoras malvadas? No había nadie que fuera agradable sin alguna razón. Me hizo preguntarme cuál era su motivo ulterior. Tiré mi codo de su mano, mirándolo.

Hombres era igual a bastardos, y él era definitivamente masculino.

Parpadeando rápido, alzó la mirada a la mía. Era obvio que le sorprendió mi ira. Tal vez incluso le hirió un poco.

Dudé, en silencio debatiéndome si en realidad tenía derecho a estar enojada con él. Vamos a ver. Él me agarró, dos veces, y tomó decisiones por mí como si me poseyera. Umm, ¿me poseyera? Hinata Hyuga no era propiedad de nadie, así que iba a estar molesta con él por intentarlo.

El muy cabrón.

El problema era que no estaba tan molesta. No podía pensar en él como un pervertido, porque todo lo que había hecho era ser atento y protector. Incluso su mirada había sido curiosa e indagadora, como si estuviera tratando de reconocerme de algún lado, o como si quisiera que lo reconociera yo. Su mirada no había sido espeluznante y lasciva como si estuviera desvistiéndome. No es que alguien quisiera desnudar visualmente a una chica embarazada con retención de líquidos mientras ella lleva un pijama de una Luna sonriente. Pero había todo tipo de gente rara por ahí. Eso lo sabía muy bien.

Francamente, no quería estar en el radar de nadie, como parecía estar en el suyo, así que me obligué a alejar la mirada de él, a pesar de que era muy consciente de cada movimiento que hacía. De cada vez que respiraba. De todo… Dios, mi reacción hacia él era tan poderosa que era irritante.

La señora Garrison siguió a la Dra. Kavanagh y a quien, según me di cuenta era Nagato, hacia los baños y solo segundos después, ella irrumpió en la zona de la barra. Sin mirar a nadie ni decir nada, se dirigió hacia la salida y se fue.

—Oh, ¿te vas tan pronto? —se burló Ino—. ¡Siento mucho oír que no estás embarazada, después de todo, maldita perra mentirosa!

La puerta principal se cerró de golpe, y el camarero sin nombre corrió tras ella para bloquear las puertas.

Ino y Sai se abrazaron, murmurando entre ellos. Aliviada de que este asalto con la violadora había terminado, froté mi vientre, preguntándome por qué algunas personas perjuran de la forma en la que lo acaba hacer la señora Garrison. Quiero decir, sabía por qué yo misma había mentido y fingido y dicho cosas que ni siquiera eran mi intención. Tenía secretos sucios y oscuros que no quería que nadie descubriera. Pero esto…

Empecé a preguntarme qué clase de infancia tuvo la señora Garrison, qué la hizo perder un tornillo. Entonces me detuve, porque yo no quería saber qué la convirtió en una violadora sociópata. Siempre que Ino y Sai hayan acabado con ella para siempre, no quería pensar en ella nunca más.

Ino regresó corriendo por el pasillo para agradecerle a la Dra. Kavanagh por ayudarla a deshacerse de la señora Garrison. Cuando Sai, que aún parecía agitado, se desplomó hacia adelante para acunar su cabeza entre las manos y descansar los codos en la barra, abrí la boca para preguntarle si se encontraba bien. Entonces decidí no hacerlo, recordándome que no éramos amigos.

—Así que… ¿qué tan avanzada estás?

Salté en el momento que me Naruto me hizo la pregunta. Él permaneció al otro lado de la barra, mirándome fijamente.

—Mira —respiré—, no sé lo que tratas de hacer, pero tienes que parar.

Abrió la boca, pero la cerró y sacudió la cabeza. —¿Exactamente qué tengo que parar?

—Solo digo. No lo sé. Pero déjalo, ¿de acuerdo?

En lugar de irritarse, sonrió. —Así que, ¿no sabes que estoy haciendo que, obviamente, te molesta, y yo no tengo idea, pero definitivamente tengo que dejarlo?

Fruncí el ceño, porque cuando lo dijo así, me hizo sonar como una completa idiota.

—Bueno, está bien. Me has tocado. Con esta dos veces. Eso simplemente no me gusta. Luego me dijiste qué no podía comer y donde no podía ir, como si fueras mi dueño. Lo que no eres. Y ahora estás tratando de hacer conversación educada como si fuéramos amigos. No te conozco. En mi vida, nunca te había visto. No somos amigos.

—H. —dijo Sai, su voz sonaba como la del dueño de un perro, ordenándole a su mascota que se sentara—. Déjalo en paz. Él siempre es protector con las mujeres, está bien.

Oh. Retrocedí y la culpa se filtraba por cada uno de mis poros. Dios, aquí iba de nuevo, asumiendo automáticamente que cada hombre vivo era un hijo de puta. En serio necesitaba dejar eso y empezar a darle a la gente el beneficio de la duda. Hinata mala.

—Lo siento —murmuré, agachando la barbilla y metiendo un mechón de pelo detrás de la oreja porque este asunto de disculparse era todavía nuevo para mí—, supongo que si Sai dice que estás bien, estás bien.

Con el ceño fruncido, Naruto abrió la boca para responder pero Sai resopló una carcajada. —Vaya. No puedo creer que acabo de oír esas palabras saliendo de la boca de Hinata Hyuga.

Me volví para decirle que al menos trataba de cambiar, pero me distraje por lo pálido y molesto que se veía, todavía desplomado contra la barra, agarrándose la cabeza. —¿Estás bien? —Lo cogí por el codo y lo dirigí a un taburete—. Parece como si te fueras a desmayar.

—Sí, Sai. —Naruto cogió un vaso de la parte posterior de la barra y lo llenó de agua—. ¿Por qué no te sientas? —Deslizó el agua delante de Sai—. Toma. Bebe algo.

Sai se sentó, pero no se movió para tomar el vaso, así que lo recogí y traté de ayudarlo... para que él me cortara con una mirada molesta. —¿En serio? —Cogió la copa de mi mano y bebió por su cuenta.

Confundida por su irritación, me dirigí a Naruto, quien hizo una mueca y sacudió la cabeza. —Mal movimiento, Lunita. No le quites su masculinidad al pobre ayudándolo a beber.

Alcé las manos. —Solo trataba de ayudar.

Diversión revoloteaba en su rostro. Se inclinó sobre la barra para hablar en un tono más tranquilo. —Ya lo sé. Y lo sabes. Pero Sai... —negó con la cabeza—… él no tenía idea.

Se encontraba tan cerca que pude divisar un pequeño chip en la pintura plateada de su aro de la ceja. Lo estudié un momento antes de que mi atención vagara a otros rasgos. Pero cuando llegué a la profundidad de sus ojos color azules, me sorprendió darme cuenta lo mucho que me estudiaban.

Me aclaré la garganta. —Sí. —Alejándome para no seguir tan cerca, miré a Sai, pero él parecía perdido en sus propios pensamientos—. Lo siento de nuevo por ser una completa perra. Solo... no he conocido a un montón de chicos que no sean unos hijos de puta. Así que soy bastante recelosa de todo el mundo.

—Has sido herida un par de veces, ¿eh? —Su tono era simpático.

Mi garganta se puso demasiado seca como para contestar, así que no lo hice.

—Bueno, si eso es lo más perra que puedes ser, no estoy asustado. Sin duda he conocido peores.

Solté un bufido, encontrando su mirada sin querer. —Tengo serias dudas de eso, pero gracias por tratar de animarme.

—No, de verdad. —Sonriendo, sacudió la cabeza—. Hablo muy en serio. Tengo una amiga que se pone en el modo perra constantemente. —Rodó los ojos—. Fue violada más de una vez cuando era joven, por lo que ha construido esta actitud de mierda donde degrada a todos los que están cerca. Esa actitud de alguna manera se convirtió en el caparazón en el que se esconde, así nadie puede ver su verdadero yo y saber cuán rota se siente.

Por un momento, me quedé mirándolo, incapaz de moverme, o respirar, o reaccionar. Toda sensación abandonó mis cuatro extremidades y el miedo me cubrió como un manto frío. Fue la cosa más extraña, pero podía sentir como el color abandonaba mi cara. Me quedé boquiabierta, preguntándome cómo Naruto Uzumaki, acababa de describir perfectamente toda mi vida.

Expuesta, incapaz de ocultarme y sintiéndome como un conejo asustado que no tiene a donde correr, mis latidos revolotearon en mi pecho. Me tambaleé lejos de él.

Y vi el preciso momento en que se dio cuenta de lo que había hecho. La sonrisa se deslizó de sus labios y sus ojos se abrieron con sorpresa. —No — susurró como si estuviera absolutamente horrorizado.

Dios mío. Esto era horrible. Nunca nadie lo había descubierto. Y además de mis padres, nadie lo sabía. ¿Cómo pudo saberlo... después de menos de cinco minutos de hablar conmigo...? No. No era posible que pudiera arrancar eso de mi cerebro como si nada.

Pero, mierda santa. Él lo hizo. Y lo sabía.

—¿Lunita? —Sus dedos patinaron por la barra, dirigiéndose hacia mí. Traté de tirar de mi mano, pero él cogió mi muñeca—. No. No lo hagas.

Su voz era tan suave y comprensiva, tratando de mimarme mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Querido Dios, me iba a convertir en un desastre lloriqueando si esto continuaba. —Suelta —le supliqué, desesperada por detener esto.

—Pero… —Se interrumpió, todavía negándose a soltar mi mano. Su rostro palideció cuando se encontró con mi mirada. Finalmente, cerró los ojos y los abrió, diciendo—: Lo siento. No quise abrir una grieta en ese pequeño trozo de información.

Parecía tan destrozado como yo me sentía. Juro que si hubiera estallado a llorar en ese segundo, él hubiera hecho lo mismo.

La fuerza de su empatía era dulce, pero demasiado para mí.

—Está bien —le aseguré, mientras tiré de mi mano, con la esperanza de liberarme de su agarre cálido—, pero tienes que dejarme ir.

Él soltó una risa acuosa y desvió la mirada hacia el techo. —Dejarte ir — repitió como si la sugerencia fuera ridícula. Cuando se encontró con mi mirada, parecía completamente agitado—. Es más fácil decirlo que hacerlo, Lunita.

Sí, eso sí me confundió. Abrí la boca para preguntarle qué quería decir cuando Ino salió del pasillo.

—No sé ustedes, pero a mí me gustaría salir de aquí ahora.

Sai se levantó de su taburete. —Amén.

—Voy detrás de ti —dije. Tan pronto me liberé de Naruto Uzumaki.

Lo miré expectante. No soltó mi mano, pero aflojó su agarre lo suficiente para tirar de ella yo misma, y aun así se aseguró de que sus dedos se deslizaran contra los míos todo el camino.

Me esperaba una especie de despedida de su parte, pero ni siquiera me dijo adiós. El triste anhelo en sus ojos azules me dijo que no podía decir las palabras; le dolían demasiado.

Estaba fuera de mi capacidad con este hombre, escondí mi rostro y me alejé, arrastrándome tras Ino y Sai. Cuando llegamos a la puerta, miré hacia atrás, y me sentí tanto inquieta como emocionada por encontrar su mirada todavía en mí.

Lucía inquieta, tanto como yo lo estaba.

El camino hacia el apartamento fue tranquilo y tenso. Tratando de hacerme lo más pequeña posible en el asiento trasero del Jeep, porque sabía que este tenía que ser el peor momento para que Ino y Sai tuvieran a un tercero, traté de no pensar en el compañero tatuado de Sai.

Pero lo hice. ¿Por qué había estado tan intrigado acerca de mí? ¿Por qué yo también lo estuve? ¿Cómo me había descubierto tan fácilmente? ¿Por qué...?

Diablos, no importaba.

Las cosas habían cambiado mucho en los últimos meses. En septiembre, si un chico me miraba, no hubiera pensando otra cosa que no fuera que él creía que yo era fabulosa. No esperaría otra cosa. De hecho, le hubiera mostrado un poco más de piel solo para excitarlo. Pero quedar embarazada y finalmente madurar un poco, había matado todo eso. Sabiendo que mi cara estaba hinchada, mi estómago tenía ciento catorce centímetros de diámetro y mi contoneo era cualquier cosa menos seductor, no tenía ni idea de lo que podría ser tan increíble sobre mí.

Pero como dije, no importaba.

Una vez que llegamos al apartamento, me quedé atrás mientras Sai e Ino entraban juntos. En el momento en que crucé la puerta principal, me alegré de que ya se habían ido a su habitación. No estaba segura de si tenía la fuerza para ver la lucha que ambos tenían que pasar para superar este bache en sus vidas.

Después de un baño rápido, me escondí en mi habitación y me metí en la cama. Pero a pesar de que la bebé se acomodó y no se movió más, no podía dormir.

Naruto Uzumaki sabía de mí. Eso no me gustaba.

.

.

.

.

Continuará…