5

Naruto

Me encontré siguiendo los pasos de Sai y vaciando mi estómago en el baño del club, el cual apestaba totalmente. El cuarto apestaba a pipi y, mierda, a vómitos de otros chicos.

Increíble.

Después que estuve listo, me tambaleé hasta la cocina para lavar mis manos. La comida se había acabado por horas desde que habían cerrado la cocina a la medianoche. El silencio me dio un momento para respirar algo de aire fresco y canalizar todo lo que había pasado y todo lo que había aprendido.

Pero mierda. Ella era real. Era real. En serio era real, maldita sea.

Y embarazada. Y Dios, ¿en serio había pasado por algo similar a lo de Fūka? La manera en que había empalidecido me dijo que sí, pero aún me negaba a esa parte, así que decidí ignorarlo de momento.

De todas formas, había enloquecido. Especialmente por el hecho que la mujer que me había dicho Madam Biwako era mi alma gemela, era jodidamente real.

Me sentía mareado al saberlo. Mi Lunita era real. Y demonios, ahora sabía por qué le había dado el nombre. Había estado adorable en su gigante camiseta con una imagen de Una enorme luna sonriente esparcida por su abultado vientre.

Pero doble mierda. ¿Embarazada? No había esperado eso.

Mi Lunita estaba embarazada. Pero no de mi bebé. No con mi Boruto. Ni con mi Sumire. Ni con mi…

Demonios, probablemente no debería sentirme demasiado celoso ahora mismo, ¿verdad? No me debería preguntar por el padre del bebé o querer cortar su polla con una cuchara. Y… mierda, esperaba que su embarazo no fuera resultado de una violación.

Mi estómago se revolvió otra vez. Me abalancé al primer basurero cerca, pero ya había vaciado todo en el baño así que nada salió.

De repente siendo acosado por los recuerdos de todas las veces que había sido forzado a observar a Fūka siendo golpeada, sentí más nauseas. Ni siquiera quería considerar la posibilidad que Lunita había pasado por algo rotundamente similar. No. Simplemente… no.

Pero seguí recordando todas las veces que había estado ahí para limpiar a Fūka después. ¿Quién había estado ahí para mi Lunita? ¿Quién había cuidado de ella y…?

Demonios. Dolía mucho el solo pensarlo.

Un frío sudor se posó en mi frente, y mis manos no dejaban de temblar.

No podía creer en lo absoluto que…

—¡Oye, Naruto! —Kiba asomó su cabeza por la puerta de la cocina—. El virgen y yo nos vamos. ¿Puedes cerrar?

No. No me parecía bien ninguna mierda ahora mismo. Pero lo despeché, y me obligué a moverme, apagando todas las luces y cerrando el lugar. Era una rutina que me ayudaba a mantenerme concentrado aquí y ahora, porque pensar en…

No podía creer que era real. Estaba embarazada. Había sido violada.

Aún flipaba al momento que entré a mi departamento veinte minutos después.

Luchador estaba despierto y llorando en el columpio donde lo había dejado. Maldiciendo, me acerqué rápidamente a él y lo jalé a mis brazos. Cuando la mierda y el pipí mancharon mis brazos porque el pañal que ya no podía desintegrarse más cayó al piso, casi vomité por el rancio olor. Gracias a Dios que había vaciado todo.

—Maldita sea. —Eludiendo el desastre, lo llevé al baño con rapidez para limpiarlo. Después de una rápida limpiada para ambos y un buen fregado en el piso, lo cargué hasta la habitación donde su cuna y sus cosas de bebé estaban guardadas porque le había prometido a Fūka que despertaría con él cada noche—. Demonios, demonios, demonios.

Mi rabia me ayudaba a mantenerme centrado en Boruto y en cuidarlo.

¿Fūka ni siquiera lo había escuchado llorar? Quería gritarle, estrangularla, y demonios, no lo sé. Pero esta no era la manera de tratar a un niño. Sabía que lidiaba con un montón de problemas, pero hace tres meses, Boruto se había convertido en la mayor prioridad para mí de lo que era ella, y estaba tan cerca de acabar con mi cordura hacia su parte que mi enojo me asustaba. Temblaba por eso.

Nunca había pensado que sería posible. Después de verla conseguir enfrentar mierda tras mierda en su vida, pensé que siempre querría protegerla y cuidar de ella. Siempre sería paciente y comprensivo. Excepto ahora que quería destrozarla por la manera que trataba a su propio hijo.

Boruto seguía quejándose mientras le ponía un nuevo pañal. Sabía que tenía que estar muriendo de hambre, por lo que me dirigí a la cocina para conseguirle algo de comida. Pero primero, me detuve en la puerta de Fūka e intenté girar el pomo para ver si inclusive estaba en casa porque, demonios, había estado llorando muy fuerte. ¿Cómo no pudo haberlo escuchado?

Se había encerrado dentro, así que esperaba que significara que seguía allí adentro, pero no quería arrojar la puerta para asegurarme. Aún tenía que cuidar de Boruto. Más tarde lidiaría con ella.

La cocina era un desastre. Mi nueva esposa debió haber conseguido el más grande antojo después de haberme ido a Shinobi's. Sobres de patatas fritas y paquetes vacíos de galletas habían sido bajados de los gabinetes abiertos donde cubrían todo el mostrador. Latas de soda yacían de lado con charcos pegajosos debajo de ellos. Y probablemente los platos tenían dos semanas acumuladas ahí. Pero no tenía el maldito tiempo para lavar los platos.

Aún echaba humos mientras Boruto y yo nos sentamos en la mecedora en la sala de estar con una mamadera llena, tapé su boca con el pezón de plástico y cerré mis ojos con alivio cuando por fin dejó de lamentarse.

—Te entiendo —le dije, el cansancio situándose en mis tensos hombros mientras seguía con mis ojos cerrados—. No me gustaría nada más que tener un pezón en mi boca, también, amigo.

Pero los pezones en mi boca me hicieron pensar en sexo, y el sexo me hizo pensar en… síp. Solo así, ahí estaba Lunita, inundando mi cabeza. Pero la veía como había estado esta noche. No como la veía en mis destellos.

Embarazada y a la defensiva, ni siquiera cerca de lo feliz que la veía en cualquiera de mis visiones.

No podía creer que era real. O tal vez no lo era.

Sí, me gustaba esa idea. La chica que había conocido esta noche no podía ser Lunita. No mi Lunita. Ella es simplemente una doble de la mujer que Madam Biwako había metido en mi cabeza. En el mundo, muchas personas tenían parecidos exactos. No había manera que Hinata Hyuga pudiera ser mi alma gemela. Excepto que, mierda, llevaba una Lunita en su camiseta. Y había olido a lavanda. ¿Cómo eso podría ser una coincidencia?

De ninguna manera quería creer en toda esa mierda del vudú, como destellos y almas gemelas predestinadas. Si tan solo esa vieja loca había estado mintiendo hace diez años, esperando asustar a un adolescente por su vandalismo, podría lograr pasar esto. Pero todo en mi interior había parecido nivelarse en el lugar propio cuando ella había mirado a los ojos por primera vez. Se sintió como si perteneciéramos juntos, y no solo porque pasé los últimos diez años de mi vida buscándola en cada mujer que veía. Hinata Hyuga y yo teníamos una gran química.

Demonios, era raro pensar en Lunita como nada más que Lunita. Pero su rostro por fin tenía un nombre. Un verdadero y legítimo nombre.

Aturdido de que no tuviera un, sino muchos nombres en los que trabajar, dejé escapar un suspiro. Hinata Hyuga, Sasori Worthington, Madeline y Shaw Hyuga, Ino y Sai Shimura. Los había archivado cada uno en mi cabeza cuando los escuché esta noche. Ciertamente no había tenido la intención, pero me había vuelto una esponja en el momento que la había visto, necesitando absorber cada detalle.

Cuando localicé el ordenador cerrado de Fūka yaciendo en el brazo del sofá dentro de una distancia cercana, me estiré, tomándolo, y situándolo en mi regazo.

Terminando de comer, Boruto llevó su atención para ver qué hacía, por lo que lo volteé y lo senté erguido, apoyando su espalda en mi pecho así él podría ver la pantalla conmigo.

—¿Mejor? —pregunté.

No me respondió, sino que llevó sus dedos regordetes al teclado cuando subí la pantalla.

Reí. —Oh, sí. Debes estar pensando lo mismo que yo. Dejemos que el tipeo comience.

Contoneé mis dedos por un momento, acostumbrándome al fondo de pantalla de Fūka antes de pinchar en un buscador. El primer resultado de Hinata Hyuga era una cuenta de Facebook. Lo cliqueé y me di cuenta que Fūka no se había desconectado, por lo que entré a su cuenta. Pero no era la Hinata Hyuga que buscaba.

Demonios, odié la decepción que consumió la alegría de mi cuerpo.

Usando la barra de búsqueda de Facebook, escribí su nombre otra vez y me desplacé a través de cuentas llenas de Hinata Hyuga antes que localizara a Lunita cerca de quince perfiles abajo. Mis dedos temblaron cuando llevé la flecha sobre su foto. Dios, ¿quería hacer esto?

Torturarme por encontrar más cosas de ella era absurdo.

Nada nunca podría pasar entre nosotros. Estando tan embarazada como lo estaba, obviamente ya tenía a alguien en su vida —Sasori, El Capullo, Worthington— y yo estaba casado, maldita sea.

Una risa burlona escapó de mi garganta cuando recordé que solo había sido hoy que Fūka y yo habíamos ido al juzgado. El destino me odiaba. Resultó que finalmente conocería a mi alma gemela el día de mi boda.

—A la mierda —murmuré entre dientes y pinché en su perfil. Había soñado con esta chica por los últimos ciento veinticinco meses, y no sabía nada de ella. Necesitaba saber algún chisme.

Cualquier cosa.

Su foto de perfil era una selfie de ella usando gafas de sol y un bikini azul eléctrico en la playa, o al menos en algún lugar soleado y en las afueras. Había tomado la foto desde arriba y miraba hacia arriba por lo que la cámara apuntaba justo en su hermosa clavícula. Y dios mío, qué hermosa clavícula tenía. Demonios. Ni siquiera una marca de las tiras del bikini arruinaba su perfecta piel blanca mientras el viento volaba sobre su rostro unos cuantos rulos de cabello negro azulado tostado por el sol. Era tan maravillosamente hermosa que me quitaba la respiración.

La portada mostraba a una fila de chicas sexys con apariencias plásticas con sus brazos envueltos en los hombros de la otra mientras todas tenías sus cabezas echadas para atrás para tomar, lo que parecía, chupitos. Lunita — o mejor dicho Hinata— se encontraba justo en medio de ellas. Su rostro estaba sonrojado como si ya hubiera estado completamente borracha.

El rechazo corrió como ácido por mis venas. Este no es el tipo de chica que había imaginado. Mi Lunita siempre había sido tierna, amable, orientada familiarmente, sin haber sido tocada por una violación.

Luchador debió haber encontrado interesantes mis dedos alrededor de su pecho, sosteniéndolo erguido, porque comenzó a jugar con ellos. Le permití envolver su mano en uno y llevarlo a su boca. Mientras las encías babosas grapaban mi nudillo, apunté la foto de ella.

—¿Ves a la mujer de ahí, amigo? Se suponía que ella iba a ser tu mamá. — El dolor me atravesó tan pronto como dije las palabras. Esto no era justo.

No era para nada justo. Incapaz de seguir mirando su foto, pero también de abandonar su perfil, me desplacé hacia abajo, aprendiendo lo más que pudiera de ella. Pero todo lo que vi fue a esta ensimismada chica fiestera. O bebía en alguna inmaculada cada pródiga con un puñado de copias como ella, o tomaba fotos de sus nuevas compras que había hecho en el centro comercial. Todos sus estados eran atacando a alguien que no le agradaba, hablando de su última compra compulsiva, o pensando dónde sería su próxima borrachera.

Aunque su perfil no había sido actualizado en cinco meses, tal vez por el tiempo que descubrió que iba a tener un bebé, no había ninguna fotografía de un miembro familiar, no había ningún estado donde dijera algo bueno que haya hecho, y… mierda.

Cuando pasé por una foto de ella desde hace siete meses abrazando por el cuello a un idiota pulcro, con cabello rojizo en pantalones de tela y una colorada camiseta Polo, me detuve y observé fijamente, incapaz de quitar los celos que carcomían mis entrañas.

Entonces, ¿era este? cuando moví mi dedo para desplazar la flecha sobre la imagen, apareció el nombre Sasori Worthington. Quedé boquiabierto. Me pregunté si el puma había estado hablando por hablar cuando dijo que Hinata había intentado amarrarlo al matrimonio por quedar embarazada, o si era verdad. Pero en serio dudé que él hubiera sido el que la había violado. Ella no tendría una imagen de él en su perfil si hubiera sido así, ¿verdad?

De todas formas, aún lo odiaba. Odiaba todo lo que representaba. Pero más que nada, odiaba lo que significaba para ella. Obviamente era de su tipo: millonario, consentido, con autoridad. Todo lo que yo no era.

Envidia pura quemó profundamente en mis entrañas. Simplemente no podía creer que ya tenía pareja o que era el tipo de persona que usualmente me molestaba.

Nada de esto tenía sentido. Si el destino en realidad había etiquetado a Hinata como mi alma gemela, entonces ¿por qué veníamos de mundos tan distintos que, honestamente, hubiera sido un milagro que nos crucemos por el camino? Lo cual me tuvo preguntándome cómo una chica con una vida del tipo club náutico había terminado en el Shinobi's a las dos de la mañana un jueves por la noche, con seis o siete meses de embarazo. Obviamente la chica de Sai era su prima, pero… mierda, no importaba. Nunca la volvería a ver.

Ya no quería pensar en esto. No importaba lo mucho que me preguntara sobre algo; no conseguiría mis respuestas. ¿Por qué me torturaba así?

Levantando la mano para cerrar la pantalla del ordenador de Fūka, me detuve cuando una pequeña ventana con un mensaje entrante apareció en la esquina derecha de su perfil.

Cuando vi que era de Quick Shot, todo en mi interior se enfrió. Quick Shot había sido uno de los amigos drogadictos de Fūka en ese entonces. Había sospechado que había sido su proveedor, también, pero nunca estuve seguro. Hasta ahora.

El mensaje decía: Oye, nena, aun busks una kalada?

Mis manos se empuñaron y mis músculos se tensaron demasiado que Boruto se movió, inquietándose y haciéndome saber que se había dormido.

Contando hasta diez, me forcé a respirar profundo y a no enloquecer.

Luego llevé mis dedos al teclado y escribí mecánicamente: No.

El imbécil respondió instantáneamente: xq no? tu ombre te atrp?

Asumí que atrp era un sustituto idiota para atrapó, por lo que respondí: Algo así.

taLVEZ n otra okacion entncs.

Dios, aprende a escribir, imbécil de mierda.

Cerré fuertemente la pantalla, asustando a Boruto. La baba cayó por el reverso de mi mano cuando su boca perdió el contacto con mi nudillo.

Respirando profundamente para calmarme, arrojé el ordenador al sillón y me levanté de la mecedora. Después de llevar al bebé a mi habitación y acomodarlo con suavidad en su cuna, lo tapé con las cubiertas y luego me quedé de pie ahí por un momento, observándolo dormir antes que me sintiera lo suficientemente sereno para confrontar a Fūka.

Cerré la puerta tras mío cuando salí al pasillo. Después de llegar a la entrada denegada de su habitación, esperé otro momento, intentando calmar mi mierda.

Y luego comencé a golpear su puerta.

—Levántate, Fūka. Debemos hablar. —Estaba seguro que hablaba lo bastante alto para despertarla, pero cuando no abrió la puerta dentro de un minuto, perdí mi temperamento por completo.

—Maldita sea —rugí, golpeando lo suficientemente fuerte como para repiquetear todo el marco de la puerta—. Juro que romperé esta maldita puerta si no la abres dentro de diez segundos.

Cinco segundos después, comencé a gritar—: ¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!

La puerta se abrió, y mi querida novia de menos de un día me miró fijamente, usando un andrajoso bóxer y una camiseta muy larga, tapando el hecho que no ha perdido nada de su peso desde que dio a luz.

—¿Cuál es tu maldito problema? —murmuró, frotándose los ojos y quitando de su rostro revoltijos andrajosos de su cabello rojo.

—¿Aún hablas con Quick Shot? —exigí, cruzando los brazos sobre mi pecho.

—¿Qué? —dijo en medio de un bostezo. Bajando sus brazos a los lados, maldijo entre dientes—. Dios mío. ¿Me despertaste en medio de la noche para preguntarme eso? Pensé que se incendiaba el maldito edificio.

—Responde la pregunta, Fūka.

—¿Qué? No. No, ya no hablo con ese idiota. No lo he visto en meses.

Levanté una ceja. —¿En serio? ¿Es por eso que el tiempo en los mensajes de Facebook que le enviaste, rogando por una bolsa, dice hace cuatro horas? ¿Es por eso que acaba de preguntar si aún buscabas, maldita sea?

La boca de Fūka se abrió. Sacudió su cabeza antes de decir—: No… qué… Espera, ¿qué hacías en mi Facebook?

Genial. Por supuesto, lo doblaría para hacerme el culpable. Es lo que siempre hacía. Apretando los dientes, dado que me sentí atrapado, murmuré—: Intentaba buscar algo y todavía estabas conectada. Entonces estos mensajes comenzaron a aparecer y, ¡mierda! Has estado mintiéndome, joder. —Agarré un puñado de mi pelo y apreté los dientes para impedirme sacudirla—. Maldita sea. Me he partido la espalda trabajando para mantenerte limpia y a salvo, ¿y tú haces esto? ¿Con Quick Shot? ¿El imbécil que te dejó abandonada en un callejón la última vez que tuviste una sobredosis?

Si no hubiera sido por un completo extraño que llamó a la policía, quien en cambio llamó a una ambulancia y la llevaron de prisa al hospital, tal vez estaría muerta ahora mismo.

—¿Mantenerme a salvo? —resopló Fūka y cruzó los brazos sobre su pecho—. Has estando manteniéndome prisionera, eso es lo que has estado haciendo. He estado atrapada en este maldito apartamento por…

—No has estado atrapada. Demonios, sabes muy bien que puedes hacer lo que jodidamente te guste. Eres libre de ir y venir como te plazca.

Fū resopló y rodó los ojos. —Como si pudiera ir a cualquier lado con un bebé atado a mi cadera. No tengo libertad. No…

—Tú te embarazaste. Y si alguna vez necesitas un descanso de Boruto, te encontraré una maldita niñera. Maldita sea, Fū . ¡No es motivo para ir donde Quick Shot para conseguir jodidas drogas!

—Es lo que conozco, ¿vale? Esa gente, esa vida, es lo que conozco. Quién soy. Y tú intentas cambiarme. Transformándome en algo que no soy. En ella.

Apreté los dientes y alejé la mirada cuando mencionó a Lunita. Me arrepentía de la noche que nos habíamos emborrachado juntos y había soltado todo acerca de Madam Biwako y los atisbos que me había dado. Nunca lo había olvidado, nunca me dejó superarlo.

—No estoy intentando camb…

Un golpe en la puerta frontal del apartamento me interrumpió. —Policía.

Abran la puerta.

Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro entre dientes. Por supuesto, alguien llamó a la policía. Las paredes de este edificio eran de papel. Seguro alguien me había escuchado todo el tiempo que estallé.

Mierda.

—¿Hay drogas por el apartamento? —pregunté con rapidez—. No me mientas, Fū.

Cuando respondió—: No. —Abrí los ojos y la miré con frialdad. Frunció el ceño y siseó—: Juro por Dios que no las hay.

—Será mejor que no las haya. Porque si llego a ser arrestado esta noche, no tienes donde ir. Boruto no tiene donde ir.

—Si Quick Shot preguntaba si aún necesitaba una calada, significaba que aún no había obtenido nada, ¿no?

En todo caso, al menos se las arregló para lucir culpable que acabara de confesarme que había planeado traer drogas a mi casa… lo único que le hice jurar que nunca haría.

Suspiré y sacudí la cabeza. —Increíble. —Alejándome de ella, me apresuré por el pasillo hasta la puerta frontal y la abrí.

Dos oficiales yacían en el pasillo, y uno de ellos me había arrestado la última vez que me había metido en una pelea. —Fuimos alertados de un disturbio doméstico por uno de sus vecinos.

—Sí, estoy seguro que sí. —Abrí más la puerta para permitirles entrar. Después de crecer en el sistema de cuidado de crianza, estaba bastante consiente de cómo funcionaba esto. Cuando los policías aparecían en tu casa, cooperabas, no te volvías agresivo, y respondías cualquier pregunta que te hacían. Nada más.

Entraron por el umbral e inmediatamente llevaron su atención a Fūka. — ¿Está bien, señora? —preguntó el más chico.

Fūka cerró su boca ante la presencia de los policías, mayormente porque siempre habíamos sido tratados como sospechosos, incluso si éramos las víctimas.

—Estoy bien —murmuró, bajando su cabeza, lo cual solo la hizo parecer como una mujer maltratada.

Dios, mejor que esto no termine mal para mí. Ella podría lamentar mi intromisión en su vida y sentir como si estuviese manteniéndola prisionera, pero sin mí, estaría en la calle en este momento y Boruto probablemente estaría muerto.

Cuando no fue más franca que eso, los hombres se volvieron hacia mí. — Entonces, ¿sobre qué es todo el alboroto?

—Grité —confesé—. Y golpeé en la puerta de su dormitorio, tratando de despertarla para poder hablar con ella. Pero no fue siquiera lo suficientemente fuerte como para despertar al bebé.

—Y ¿qué tiene que hablar con ella cerca de las… cuatro de la mañana?

¿Cuatro? ¿Era las cuatro? Bien. Iba a tener que levantarme en cuatro horas para estar listo para mi turno en el taller.

Metí las manos en mis bolsillos, sintiendo la necesidad de ser agresivo, pero tratando de detenerlo.

—Las manos fuera de los bolsillos —me ladraron juntos.

Moví mis manos libres y las levanté para mostrar que no tenía un arma.

—¿Por qué necesitaba despertarla y hablar con ella? —repitió el más alto con más actitud.

Echando un vistazo lejos de él, me pasé la mano por la cara. —Encontré algunos mensajes de otro tipo en su página de Facebook. Y no me gustó lo que decían.

Ya está. Hice que se vea como una pelea de enamorados. No sé por qué la cubrí desde que había estado planeando colar drogas a mis espaldas. Pero tampoco quería verla ir a la cárcel.

El policía rompe pelotas, el que me había arrestado hace siete meses, se acercó para estudiar mi cara. —He tratado con usted antes, ¿no?

—Sí —admití—. Por violencia y asalto.

Había buscado al chico que Fūka estaba al setenta por ciento segura de que era el padre biológico de Boruto, porque él estuvo golpeándola y golpeé su cara.

Casi decepcionado de que fuera tan cooperativo y no le contestara de mala manera, los hombres se alejaron de mí, mirando a Fūka.

—¿Segura que está bien, señora? ¿La golpeó o la tocó de alguna manera malintencionada?

Se atrajo aún más en sí misma.

Suspiré y froté mi frente, listo para terminar esta mierda de una vez.

— Fūka, deja que te vean por encima para que sepan que estás bien.

—¡No! —gritó, pisoteando y mirándome—. No quiero que nadie me mire, maldición. No quiero que nadie me toque. SIMPLEMENTE… DEJENME… SOLA.

Al final del pasillo, el llanto silenciado de Boruto me hizo sisear una maldición. —Ahora eso fue suficientemente fuerte como para despertar al bebé —le dije a los oficiales antes de comenzar por el pasillo a buscarlo.

El policía chico me siguió. —¿Alguien más en casa? —preguntó, mirando a la habitación de Fūka cuando la pasó.

Mis entrañas se apretaron mientras esperaba por dios que Fū no hubiera estado mintiendo acerca de que no hay drogas aquí, porque si encontraban algo en mi apartamento, Boruto terminaría en el sistema de cuidado de crianza. Eso era lo último que quería que le pasara.

—No —respondí mientras abría la puerta de mi habitación—. Solo nosotros tres. —Mantuve la luz apagada por lo que el estruendo repentino no lastimaría los ojos de Boruto, pero el policía la encendió mientras entraba en la habitación detrás de mí. Y, por supuesto, el llanto del bebé se hizo más fuerte.

—Hola, hombrecito —murmuré—. ¿Acaso mamá te despertó? Sé que lo hizo, pobrecito. Y acabas de dormir también. Lo siento, amigo. —Besando su cabello mientras lo acurrucaba contra mi pecho, me balanceé sobre mis pies, con la esperanza de mecerlo y que vuelva a dormir. Con mi nariz enterrada en sus rizos rubios, deslicé mi mirada al policía que no paraba de mirar boquiabierto.

—Ese niño es blanco —espetó, sorprendiéndome.

Parpadeé, preguntándome qué tenía que ver la etnia de Boruto con cualquier cosa. Pues mi piel era de tez algo morena al igual que la de Fūka —Vaya, ¿de verdad? No lo había notado.

En mi respuesta sarcástica, negó con la cabeza. —Pero... es usted... ¿Por qué es usted el que viene aquí y cuida de él cuando, obviamente, no es suyo?

Por una fracción de segundo, enfurecí. El hecho de que mi sangre no fluyera por las venas de este niño no lo hacía menos mío. Amaba a este chico más que casi cualquier persona.

—Porque nadie más va a cuidar de él. Y es mío. Es mi hijastro.

Mirándome extrañamente, el policía asintió lentamente. Algo parecido a respeto brillaba en sus ojos antes de decir—: La próxima vez que se enoje con su mujer, mantenga su tono bajo, ¿quiere? Si recibimos demasiadas llamadas a la misma dirección, alguien finalmente irá a la cárcel. Y ese alguien podría ser usted.

Asentí, dándome cuenta de que trataba de darme un descanso y un aviso amistoso. Algunas personas lo tomarían como una amenaza, pero sabía cómo funcionaban estos chicos.

—Te escucho —respondí.

Permaneció un instante, su mirada volviendo a Boruto que había cerrado los ojos y estaba acurrucado en paz contra mí. —Lindo chico —dijo finalmente.

Sonreí y negué con la cabeza. —Diría que gracias, pero no consiguió su aspecto de mí. obviamente.

Sacando una breve carcajada, el policía se quitó el sombrero.

—Mantenga el volumen de esos argumentos bajo. —Y luego se fue.

Escuchándolos despedirse de Fūka al salir del apartamento, seguí paseando a Boruto. Sabía muy bien que si él estuviera lo más mínimo despierto cuando le acosté, giraría su cabeza. Tenía que estar totalmente dormido.

Cuando Fū apareció en la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras miraba a mi cuarto, a nosotros, suspiré.

—Está bien, tal vez no debí haber gritado y golpeado tu puerta —le confesé antes de que pudiera comenzar a discutirme—. Y sí, podría haber esperado hasta mañana. Pero, mierda, Fū. ¿Eres tan infeliz aquí? ¿Es tan malo que prefieres salir y drogarte, sin saber dónde vas a despertar, que van a hacerte, o con quien acabarás que tener un techo sobre tu cabeza, una cama limpia para dormir cada noche, y un suministro constante de alimentos?

Las lágrimas llenaron sus ojos. Se pasó el dorso de la mano por la mejilla, manchándolas. —No, pero… Maldita sea, Naruto. Me siento tan… tan enferma y cansada de estar encerrada en este lugar durante todo el día. Y pensé que iba a estar bien si era solo marihuana. Nada pesado. Es… que el niño siempre está aquí. No hay descanso. Tienes la oportunidad de irte al trabajo; no tienes que escucharlo llorar constantemente y exigir mierda todo el día.

Solté un suspiro y cerré los ojos, apoyando mi mejilla en la cabeza de Boruto. —Me gustaría que hubieras venido a mí y me dijeras esto en vez de buscar a Quick Shot. Maldita sea, Fū. Si necesitas un descanso, te lo puedo dar. Lo puedo cuidar todas las noches que tenga una noche libre, y puedes salir y hacer lo que sea. Además, estoy seguro que la señora Rojas de al lado puede cuidarlo una o dos veces a la semana.

Cuando los ojos de Fūka se iluminaron de emoción, supe que había dicho lo correcto. —¿En serio? ¿Harías eso por mí?

— Fū—rodé los ojos—, ¿Cuándo no he hecho todo lo que esté a mi alcance para conseguirte lo que necesitabas?

—Es verdad —admitió con un encogimiento de hombros avergonzado.

—Si prometes no ponerte en contacto con Quick Shot otra vez, me aseguraré de que tengas más... libertad. ¿De acuerdo?

—De acuerdo. —Luego entró en la habitación, buscando alivio—. Puedo andar con él por un rato ¿si quieres?

Su oferta me sorprendió. —Uh… sí. Claro. —Torpemente tratemos de pasar al chico durmiendo a ella. Boruto se agitó, pero no se despertó. Cuando su cabeza fue sostenida firmemente en su hombro y le palmeó la espalda de una manera maternal, me quedé mirándola abiertamente, incapaz de mirar a otro lado.

—¿Qué? —preguntó, dándome un gesto irritado—. ¿Estoy haciendo algo mal?

—No —Sonreí y sacudí la cabeza—. Nada. Lo estás haciendo bien. Voy a cambiarme en algo para dormir y tomar un aperitivo. Vuelvo enseguida.

Cuando asintió, agarré una camiseta y unos pantalones de chándal y salí corriendo de la habitación. No podía dejar de sonreír mientras me cambiaba en el baño y luego saqueé la cocina, en busca de comida. Finalmente, solo unté mantequilla en algunas galletas saladas, las pegué, y lo consideré bueno. Después de dejar toda la basura desechable que encontré en los contadores, apilé los platos sucios, así que había un poco de espacio en el mostrador a la izquierda y me apresuré a volver a mi habitación.

Me llevó cinco minutos como máximo, pero eso debe haber sido demasiado tiempo para Fūka. Ella ya había instalado a Boruto de nuevo en su cuna y regresado a su habitación.

Con un suspiro de decepción, acaricié la cabeza dormida del niño antes de sentarme en mi propia cama, donde dejé caer migajas sobre mis sábanas mientras pulía mi aperitivo. Supongo que todavía no podía esperar demasiado de la nueva mamá. Por ahora, tomaría cinco minutos. Ella le había tocado y abrazado. Eso era un progreso.

.

.

.

.

Continuará….