- ¡Ah! – Suspira el cuarto maestro del gremio sentado en el sillón de su casa, estos son momentos donde se siente rey de su castillo, si nadie del gremio para reírse de él o recordarle que tan viejo es – Esto es vida -
Su hijo lee tranquilamente sentado frente a él, da vuelta la página y aprovecha a mirar a su padre que ha comenzado a hablar sin razón - ¿Hm? –
- Solo digo, me pone contento cuando vienes de misiones y pasamos el rato juntos – El padre sonríe levantando la copa de vino en su mano – O sea, no dices mucho, pero al menos estamos juntos, padre e hijo –
- ¿Oh? Gracias, papá –
Es raro que Macao se refiera a Romeo así, está orgulloso de su hijo pero nunca lo dice de tal manera, su relación es una de silenciosa y cómoda convivencia. Durante los últimos años Romeo ha ido en más trabajos pero cuando no está de viaje suele ocuparse del aspecto culinario de la casa mientras que su padre maneja la limpieza, aunque nunca falta el hijo para ayudarle.
Durante este último tiempo, sin embargo, el muchacho le ha dicho a su padre que quiere juntar dinero para tener su propio lugar.
Incluso si tiene segundas intenciones en mentes, a Romeo también le agrada estar juntos aunque sea silenciosamente.
- ¿Vino hijo? –
- No, gracias –
- Vamos, deberías beber algo con tu viejo –
- Estoy intentando dejar un poco... tuve problemas hace unas semanas con el alcohol –
El hombre del bigote ríe a carcajadas y luego le dedica una sonrisa a su hijo – A veces eres el mas sabio de los dos, muchacho –
En respuesta Romeo asiente sonriendo y vuelve a su libro, lee las primeras palabras volviendo a envolverse en el misterio de este, no logra hacerlo por mucho antes de que su padre dispare con una pregunta que lo saca de trance enseguida.
- ¿Vas a presentarme a tu chica? –
- ¿Eh? –
De repente el libro se le cae en su regazo, por un momento teme por su vida. Macao, de todas las personas, su padre se enteró de su acuerdo con Erza... o peor, de sus intenciones con Mirajane, ahora estaría perdido. Debe decir algo pero no sabe que, su boca tiembla buscando alguna palabra para disculparse o para frenar y desmentir la acusación.
- El otro día Erza y Mira hablaban de ti, yo estaba cerca, cuando les pregunté me ignoraron, o al menos Erza, Mira solo se rió y dijo que estabas 'En algo interesante' – Recuenta el mago adulto rascándose su barbilla - ¡Dime! ¡Vamos hijo! –
- ¡Papá! –
- ¿Es bonita? ¿Tiene linda delantera? – En un segundo el padre cruza la distancia entre ellos y se arrodilla frente al sillón donde se sienta su hijo - ¿Puedo conocerla? ¿Tendrá una madre soltera que esté buenorra? ¿Hm? –
Romeo suspira por alivio, por supuesto que su padre no sabe, Erza guardará el secreto hasta morir y Mirajane no dejaría que se sepa lo de su amiga. Las preguntas de Macao son lo que él esperaba del 'viejo pervertido de Fairy Tail' como suelen llamarlo, seguro que si se enterara que las dos magas más bonitas del gremio se acotaron con él haría una fiesta.
El muchacho da unas palmadas en la espalda de su padre, que está derramando lagrimas – Ya, tranquilo viejo –
- ¡Lo sabia! Mi hijo el guapo y poderoso mago conseguiría una chica, notaba el cambio en tus ojos, ya has perdido tu virginidad y todo... – Entre llantos no puede ver la cara de nervioso de Romeo, ha acertado de algún modo, su padre podría tener un radar para todo lo referido a perversidad en la ciudad, una magia secreta.
- Papá, no tengo una novia... no sé que han dicho pero no la tengo, créeme, serias el primero en saber –
Con la cara llena de lágrimas de orgullo Macao sube la mirada confundido, Romeo solo sonríe vergonzosamente mientras hace una nota mental de no comprar vino para que haya en casa.
Tras el malentendido siguió una explicación de varios minutos, al final Romeo tuvo que inventar que iría en una misión con alguien de Mermaid Hill y eso hizo que Mira enseguida lo malinterprete, conociendo su historial de emparejar gente no sería raro que lo hiciera. Macao no quedó convencido pero decidió volver a su vino y dejar el tema.
El muchacho se vio invadido por un sentimiento de alivio pero aun así se retiró a su habitación temprano antes de que dijera algo que no debía. Llega frente a su puerta y apoya la mano, espera un segundo para abrir.
Cierra la puerta tras de sí, pone el seguro como para evitar que su padre venga a interrogarlo más.
- Finalmente –
Esas son las palabras que tiene en su cabeza, pero esa voz no es la suya, es una voz femenina que habla a sus espaldas.
En el pequeño cuarto frente a la puerta hay una mujer sentada en su cama, con una sonrisa seductora dibujada en su rostro, dos ojos marrones penetrantes que lo desnudan al entrar, su cabello color rojo oscuro es inconfundible, caído, libre dejándola con un flequillo que tapa la mitad de su pálido rostro. Su cuerpo es tan hermoso como siempre, su blancura tan particular aumentada por la luz de la luna que la ilumina entrando por la ventana que hay detrás en la pared donde la cama se apoya.
La mujer descruza sus piernas lentamente, ambas tapadas por medias altas negras semitransparentes que terminan en un volado del mismo color oscuro, su ropa interior tanto arriba como abajo es del mismo material, deja poco a la imaginación y lo poco cubierto está tapado con tela que revela su piel detrás.
- E-e-e-erza... ¿Qué haces...? ¿Qué demonios...? ¿Cómo entraste? –
- Esa no es manera de saludar a tu dueña ¿O sí? –
- Y-yo... ah – No sabe como recibirla, le parece muy cursi decirle 'Maestra' sin mencionar muy denigrante, se acomoda apoyado contra la puerta, al ver que la cara de la pelirroja pierde su sonrisa encantadora dice lo primero que se le viene a la mente – Pechos – O mejor lo segundo – Digo... maestra... ¿Bienve-nida? –
- Mejor –
- ¿Qué haces aquí? – El chico mira hacia atrás, por suerte puso seguro a su puerta, si Macao lo encuentra ahora Erza lo matará, literalmente – O sea, con eso y... –
De un impulso la mujer se para, ahora camina hacia él lentamente, hay menos de cuatro metros entre ambos ya que el cuarto es pequeño, no tarda en acercarse, mira hacia abajo avistando la tienda que se ha formado en los shorts de su hombre, al menos ha cumplido parte de lo que vino a hacer.
- Veo que mi elección hizo que te interesaras – Le dice en voz baja, el chico tartamudea pero no responde, dos codos se apoyan en la madera alrededor de su cara haciendo que él se apoye más también – No necesito una razón para venir a tomar lo que es mío, que eso quede claro –
- ¿Q-que quieres de mi? –
- Tu lengua fue tan útil el otro día que quise recompensarte –
Esas palabras son como dulce música para sus oídos, el muchacho traga saliva al escucharla, al final todo lo que ha hecho como mascota vale la pena ¿Acaso lo disfrutó? La mayoría, si, pero esto aun mas, escuchar halagos de la mujer y verla de esta manera hace que nada sea en vano.
Los labios de ambos están a milímetros de distancia, los dudosos labios de Romeo y los atrevidos labios de Erza, ella continua susurrando como si necesitara mas para hacer perder cualquier duda que tuviera el muchacho.
- Ambos necesitamos confort ¿No? – Romeo piensa, ella no se ha ido, ha venido vestida así a su habitación y ahora lo tienta, no es una trampa, es una recompensa por sus actos, o tal vez es que Erza necesita esto tanto como él – Solo muéstrame que sabes usar esa lengua una vez más–
En un movimiento que considera suicida mueve su boca hacia adelante, se produce el tan esperado beso, lo recuerda de la primera vez, esos labios de la mujer escarlata son tan ardientes y tan carnosos como recordaba a pesar de su borrachera. Se han besado otras veces pero nunca como esa primera vez, ahora lo repiten.
Las manos de Erza se deslizan hacia abajo en la puerta sintiendo como Romeo deja que su confianza lo guie, sus lenguas se invaden mutuamente y luchan por el control entre las dos bocas, se siente pesado el aire entre ellos, se les olvida respirar por la nariz, ladean sus cabezas de lado a lado mientras comparten el beso más igualado que han tenido en sus pocas reuniones.
Esas mismas manos que sostenían la puerta toman a Romeo de la camisa y lo ayudan a desabrocharla botón por botón hasta que se desliza cayendo al suelo, tocan su torso tallado por trabajo y combates, algunas marcas que lo distinguen de los chicos de su edad, tanto musculo en un muchacho tan delgado es inusual... pero es bienvenido para la maga escarlata. Sus delgadas manos quedan apoyadas en los pectorales presionando ligeramente, intenta dejarlo allí pero no hace fuerza para impedir cualquier movimiento.
Romeo toma uno de los pechos de Erza casi sin pensarlo, lo aprieta con fuerza causando un quejido en la mujer, se separan a causa de esto, suspiran para recuperar su aliento perdido.
- Lo siento –
- Nunca pidas perdón durante el sexo, niño tonto – Erza le responde con fastidio, no por su vergüenza pero porque no quiere seguir hablando, quiere volver a sentir su boca entrelazada con ella.
Él gime al ser atacado una vez más, esta vez decide separarse de la puerta al darle un pequeño cabezazo que podría llamar la atención, se mueven de la puerta a la cama a un paso extremadamente lento, Erza hace el esfuerzo de girar hacia un lado así no es ella la que está de espaldas a la cama.
Constantemente asaltando ese único pecho Romeo se deja llevar por la espadachín escarlata sin dejar ir esos jugosos labios, poco a poco se vuelve adicto a su sabor, los pocos segundos que se separan son para recobrar el aire de ambos lados. Olvida todas sus preocupaciones al sentirla conectada a él, su suave cuerpo apoyado contra el suyo, una pierna que escala hasta a su cadera y lo rodea empujándolo hacia adelante.
- Abajo – Da una orden muda en uno de los intervalos y Romeo obedece, como buen mascota, se sienta en la cama con ella sentándose encima de piernas abiertas sobre él, le da un empujón pero no logra hacerlo recostar y esto le provoca una mueca de confusión – Dije abajo –
- Este es mi premio ¿No? – El chico no duda en hacer una movida por sí mismo, justo como ese día en la oficina, esta vez consiente y seguro de que nada va a pasarle si lo hace - ¿No puedo disfrutar? –
- A can que lame ceniza... – Dice en voz baja la mujer, sube sus ojos hacia arriba fastidiada por tener que acceder, al final ha venido para dar un premio y no para que le sirvan, siempre puede desquitarse más tarde.
Antes de poder seguir quejándose su boca se ocupa una vez más, esta vez Romeo toma la iniciativa invadiendo a la maestra del gremio con su lengua de una manera más salvaje que antes, tuerce su cabeza para continuar el beso mientras descubre uno de los pálidos senos para masajear la punta lentamente con toda su palma.
Erza admite que, al menos, hace bien al desobedecerla pero aun dándole placer, decide quedarse al margen y dejar que trabaje en ella lo que tanto quiere hacer. El beso continua junto con el masaje por un buen rato, ella ya no resiste y comienza a suspirar de placer, el constante jugueteo de su pecho le agrada.
- ¿Romeo? –
Macao, de todas las personas, la voz de Macao se hace presente del otro lado de la puerta. Romeo inmediatamente tira su iniciativa por la venta, sus manos y su boca se paralizan dejando a Erza sola con la sensación.
- Papá... ¿Q-que pasa? – Habla lo mas tranquilamente posible, la maga sobre él rueda los ojos levantando su cadera.
- Oh, pues te fuiste a tu cuarto tan de repente, escuché un golpecito y creí que te habías caído o algo –
- ¡No! No pasa nada, tranquilo – Romeo siente unas manos que desabrochan su pantalón, moviéndolos fuera del camino revelando su ropa interior, Erza estira el elástico para revelar la herramienta completa del muchacho – Nada de nada –
- Suenas raro – Macao se apoya contra la puerta para poder escuchar mejor - ¿Estás enfermo? –
El muchacho va a responder pero la punta de su miembro es rodeada por algo húmedo y suave, Erza ya ha sacado sus bragas del camino y está lista para su diversión, lo mira con una sonrisa malévola presionando esa punta contra sus labios rosas húmedos de placer.
- ¿Hijo? –
- Todo bien papá solo estoy algo... e-enfermo... ya sabes, el frio y eso –
- Seguro que si, suena como algo mas – El viejo sabe lo que esa voz significa, algo está pasando dentro, algo que no es enfermedad - ¿Te estás masturbando? –
- ¡Papá! – Grita Romeo completamente rojo al escuchar esas palabras.
Es la oportunidad perfecta, Erza se deja caer a lo largo de su pene, desliza sus labios alrededor y ambos sienten que la unión se completa, sin frenar lo mete hasta el fondo, se sienta en el regazo del chico girando sus caderas para que lo sienta aún más.
- Solo digo, hijo, es perfectamente normal... incluso tengo revistas si quiere probar –
- No es un buen momento papá... por favor... – Gruñe el muchacho, toma a Erza de la cadera para detener el movimiento sin mucho éxito.
La pelirroja rodea con sus brazos el cuello del chico mientras comienza a subir una vez más, lo hace completamente sin dejar que se escape hacia afuera y luego baja más rápido, en esta posición puede sentirlo en lo más recóndito de su interior, le agrada la sensación, no fue una mala idea dejarlo sentado.
- Dile a papá que estas follando – Erza susurra en su oído, una risita burlona se le escapa cuando vuelve a bajar por tercera vez – Si lo haces cambiaremos a la posición que quieras –
- No voy a decirle eso ¿Estás loca? –
- ¿Loca? – Continua subiendo y bajando, el comentario le cae de mal gusto, quedándose quieta un segundo sus dientes se clavan en el cuello de Romeo con fuerza, dejan una marca sin hacer demasiado daño a su piel – Fíjate con quien hablas, pequeña mascota –
- P-perdón – Dice alejando su cara de la pelirroja.
- ¿Perdón qué? –
- Perdón maestra –
La puerta vuelve a sonar llamándoles la atención, Macao sigue del otro lado, afortunadamente no ha oído nada de su susurro – Voy a acostarme, mañana iré temprano con Wakaba así que no olvides levantarte a horario después de que me valla –
- De acuerdo –
El hombre se va, sus pasos se escuchan llegando hasta el final del pasillo y cerrando la puerta de su habitación. Apenas desaparece Erza arquea su espalda comenzando a moverse más intensamente, Romeo puede sentirla esforzándose por obtener placer de él, usándolo de la mejor manera posible para ella, decide no mencionar nada de la mordida y concentrarse en no hacerla enfadar de nuevo.
Mientras la hermosa pelirroja sobre él sube y baja apoya mantiene sus brazos alrededor del cuello forzándolo a seguir ese intervalo de besos mojados y mal coordinados que tanto les encantan, sus lenguas bailan intentando no estorbarla a ella para que continúe subiendo y bajando. Los brazos de Romeo hacen lo suyo, tomando a la chica por las nalgas ayudando con el movimiento.
Poco a poco van perdiendo sus roles y se rebajan a dos personas deseando mas, más fuerza, más rapidez, sienten como el miembro del otro comienza a encaminarse al orgasmo aunque, claro, Romeo es más rápido en ese sentido. Lo único que ven son los ojos del otro, si es que no los cierran, lo único que oyen son gemidos callados para no despertar al hombre al final del pasillo.
- ¿Tomaste la... medicación? –
- La... – Entre tanto suspiro y tanto calor corporal compartido Romeo olvida como usar las palabras, a su mente viene el liquido blanco, lo ha estado tomando ya desde hace días – Si... –
- ¿Quieres hacerlo dentro? – La mujer logra calmarse apenas, puede ver claramente en la cara del muchacho que está cerca de terminar la ronda, sus jadeos y su cara que pierde el sentido lo delatan.
- Por favor, maestra –
Sin necesidad de decirle nada él le dice las palabras mágicas, de nuevo comienza a moverse esta vez ayudada por las manos de Romeo y su cadera, comienza a penetrar por él mismo en vez de que ella controle el ritmo. Erza se quejaría pero sus piernas comienzan a molestarle por tanto movimiento, deja que su mascota experimente la ilusión del control.
- Dilo, di que lo que quieres... – Logra vencer sus gemidos y comienza a hablar otra vez, apoya su barbilla mientras siente como Romeo aumenta su velocidad.
- Quiero hacerlo dentro, quiero... –
- ¿Llenar a tu maestra? –
- Llenar a... mi maestra... –
Esas palabras la vuelven loca, la sensación de que él dirá lo que sea que ella quiere es una que pocas cosas pueden superar. Ahora mismo Romeo no es más que un preso por su propio deseo y, por tanto, preso de los deseos de su maestra.
La sensación se suma al constante movimiento, la penetración algo violenta que hace su compañero para poder llegar a su clímax, todo la puede, incluso si no llega al orgasmo se siente tan bien como esperaba, incluso un poco más. Se apoya en ese hombro y comienza a gemir, deja salir lo que contenía para ayudarle al muchacho, la pelirroja dejando salir su voz de placer es suficiente para empujarlo justo como esperaba.
Con unos últimos arrebatos alocados Romeo mueve su cadera hacia arriba y deja salir un gemido de placer, libera por fin la tensión acumulada dentro de la mujer, se siente distinto que hacerlo en alguna su piel o su boca, lo siente correcto. Erza tiembla, da un último gemido de placer también cuando siente la liberación, el calor interior que no le pertenece... tanto de él dentro, nunca había dejado que nadie haga eso, nunca había tenido una mascota tan obediente y útil tampoco.
Tras el orgasmo Romeo queda agotado, aunque no cae inconsciente como esa primera vez, su pecho crece y decrece con sus suspiros exagerados, Erza solo se mantiene sentada sobre su miembro apoyando su cabeza contra uno de los hombros del muchacho, deja que la sensación se propague.
Levanta la mirada para decirle algo a su mascota pero se queda viéndolo jadear bajo la luz de la luna, ahora si piensa que es atractivo, su mente algo afectada por el dulce momento de unión compartido luego del clímax. A pesar de haber venido con otras intenciones más maliciosas ella agradece haberle dado una oportunidad, no fue el mejor sexo de su vida, pero se sintió que Romeo estaba cómodo y dispuesto a hacerla sentir bien, se sintió como un verdadero amante.
No siente amor por el muchacho, eso está claro para ambos, pero siente algo, algo que, al menos hoy, le va a impedir castigarlo como tanto le gusta.
- Gracias, Erza... d-digo... maestra –
- No hables – Ella presiona uno de sus dedos contra esos temblorosos labios – Todavía hay que hacer –
El chico abre la boca para responderle pero luego la cierra, no debe hablar, asiente, sube sus manos separándolas de las caderas para ponerlas detrás de su espalda, lo hace lentamente pudiendo sentir sus suaves curvas en un esfuerzo por ayudar a su libido a recuperarse. Erza se sonríe, sabe lo que intenta, colapsa hacia adelante con todo su peso para forzarlo sobre la cama.
A la luz de la luna los dos encuentran sus bocas y comienzan desde el principio, sin deshacer la unión entre ellos se preparan para una segunda y mas silenciosa ronda de amor, aunque Erza no deja el control, su cansancio le gana y Romeo logra hacerlo a su ritmo, más despacio y deliberado.
Erza decide quedarse, argumentando que es por comodidad pero la verdad es que le agrada el calor de Romeo durmiendo a su lado, la noche termina y los dos quedan desmayados abrazándose mutuamente, antes de dormir cierran la persiana para que la luna deje de estar espiándolos.
Y quise actualizar para el 14 de febrero pero no llegué por un par de horas, oh bueno.
Espero les haya gustado, un poco mas de acción con Erza y esta vez no es (tan) malvada, al menos no que a mi parezca. Les agradezco los comentarios, si creen que Erza es muy mala pues es porque debe serlo, hay que marcar la diferencia entre dominante y dominado u-u.
Para los amantes de Miarajne, no se preocupen, ella entrará pronto en la historia y le daré algo de tiempo con nuestro chico estrella.
¡Gracuas por leer y dejar comentarios!
