- Fue una buena cosecha hoy ¿No crees? –

Hay algo muy terapéutico sobre recoger manzanas, solo subirse al árbol o alcanzarlas desde donde está, no debe preocuparse por ninguna otra casa, las manzanas traen las conversaciones y las situaciones graciosas mientras alejan la incomodidad que es tan común en Romeo. Hoy fue un día mas donde ambos magos, Romeo y Mirajane, se acompañaron mutuamente yendo a recoger manzanas para hacer tarta y algún que otro postre para el gremio.

La primera vez fue incomodo, la segunda vez fue mejor pero esta tercera vez se sienten muy confiados, las conversaciones fluyen entre ellos naturalmente y cuando llega el silencio es uno satisfecho y feliz.

El muchacho le sonríe a su compañera recolectora que lleva la canasta apoyada contra su largo vestido de diferentes matices de rosa - Sip, suerte que vinimos temprano así no hay que volver de noche –

- Mañana cuando tenga todo preparado me aseguraré de guardarte una tarta para que lleves a tu casa –

- A mi padre le encanta tu cocina aunque... creo que no por el sabor pero más porque tu lo hiciste – Hay demasiadas instancias en su vida donde su padre tiene que ver con asuntos vergonzosos, su constante charla sobre lo hermosa que es Mirajane es una de ellas.

Recuerda sus palabras, esas palabras que repite cuando charla con sus amigos sobre la mesa de la casa y sale el tema de la albina: "Cabellos y piel blanca como si fuera caída del cielo, hermoso rostro tallado a mano para reflejar la pureza de su ser, largas y curvas piernas pálidas que asoman por debajo de su elegante vestido." El viejo es todo un poeta cuando se lo propone, claro esos 'poemas' son seguidos por cosas como "Senos enormes para enterrar tu cabeza entre ellos y trasero firme intocable que quieres abofetear hasta dejarlo rojo como pincel a un lienzo sin manchar" y ahí es donde todo lo romántico se va al diablo.

Pero tanta charla sobre la belleza de la albina a su lado no es injustificada, ella capta la atención a donde quiera que valla sin importar que tenga puesto, Romeo se siente feliz de caminar junto a ella, su corazón se agita más y mas mientras hablan pero ha aprendido a mantener la compostura.

- Ese Cuarto es todo un halagador – Ella se ríe tomándolo como un cumplido – Casi como tú –

- No me gusta halagar tanto –

- Erza me dice lo mucho que la halagas, lo mucho que le dices cosas lindas –

- Supongo que sí, si consideras 'Maestra' una cosa linda –

Entre ellos se ha convertido en un chiste recurrente la actual relación de Romeo con la maestra del gremio, no faltan los momentos donde Mirajane pregunta sobre sus últimos encuentros pero él prefiere esperar a que la pelirroja le cuente por su cuenta.

- Maestra – Sin embargo esta vez parece que Mirajane recuerda algo con ese apodo, se queda quieta mirando hacia abajo, sus manos sostienen la cesta de mimbre llena de manzanas.

- ¿Mira? –

Con un rápido movimiento la chica de pelos blancos toma a Romeo de la mano y comienza a caminar con él, caminan juntos hasta salirse del camino internándose en el bosque a un lado del camino, algunos manzanos todavía hay debido a lo próximo que es a donde cosechan usualmente. Romeo no entiende lo que pasa pero se preocupa por una cosa y eso es ver que nadie note que están de la mano.


Caminan por unos buenos cinco minutos, ella tironea del brazo del muchacho hasta llevarlo a un lugar donde el sol que se esconde no llega del todo, la densidad del bosque crece donde están. Lo deja libre y él retrocede unos pasos tomando su muñeca, no está asustado pero está confundido, la nota algo enfadada o, al menos, evitando una mirada directa.

Ella deja la canasta de manzanas en el suelo, cae correctamente y nada se sale de esta, luego cruza los brazos todavía apartando sus dos ojos de los de Romeo.

- ¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? –

- ¿También crees que soy linda? –

- ¿Linda? – En ese momento todo cae en el lugar para Romeo, logra descifrar que es lo que le molesta a Mirajane con esa sola pregunta, suspira aliviado de que no es algo peor y se acerca unos pasos - Cielos, Mira, por supuesto que si... mas que cualquiera –

- Entonces ¿Por qué nunca volviste?... ¿Por qué nunca hablamos de repetir esa noche? – Sus brazos cruzados se abrazan alrededor de su cuerpo mientras pregunta, tiene medio de saber la verdad pero teme aún más no poder arreglar lo que está mal con ella.

- Vaya, así que es eso – Romeo asiente, cruza sus piernas tomando asiento en el césped frente a ella, cierra los ojos buscando las palabras adecuadas por un pequeño momento antes de hablar – La verdad es, Mira que yo tenía miedo de... cagarla – Admite, su rostro adopta un ligero tinte rosado de vergüenza – Luego de esa noche me sentí mal por hacer semejante cosa contigo, a pesar de lo que dijiste de repetir pensé que sería demasiado malo de mi parte acercarme a la más hermosa del gremio y pedirle sexo... quería que sea más que eso, quería que quieras estar conmigo porque te agrado y no porque no hay de otra –

- Romeo... –

- Al final terminé arruinándolo sin siquiera intentarlo ¿No? – Apoya sus manos detrás y levanta su mentón mirando a la albina en frente – Lo siento... no soy bueno en estas cosas –

Y pensar que ella se había hecho la cabeza pensando en las razones por las que Romeo no querría volver, podría entender que Erza es más atractiva que ella o, al menos, más atrevida y más sensual en varios aspectos pero no esperaba su respuesta.

Vergüenza, todo sucedió por vergüenza, ella tuvo vergüenza de quedar como una vieja pervertida frente a Romeo y él tuvo vergüenza de no ser lo suficiente para Mira.

Ella sonríe dejando de apoyar su espalda contra el árbol, se acerca al muchacho sentado y se inclina sobre él, con su mano gentilmente corre su cabello oscuro para dejar descubierta su frente y poder darle un cálido beso. Romeo no sabe dónde meterse, su cara adopta todas las tonalidades de rojo conocidas por el ser humano, mantiene su mirada puesta en la hermosa mujer de vestido negro que apoya sus rodillas frente a él para quedar cara a cara.

- No eres tu quien debe disculparse, soy yo... – Mira le menciona, un poco de rubor apareciendo en su cara también – Con lo que pasó pensé que podría sacar provecho como Erza pero me quedé atrás y luego entraron las dudas –

- A-ah – Sus palabras son importantes pero Romeo se siente demasiado incomodo estando tan cerca de su rostro como para escuchar apropiadamente.

- Pero más que nada debo disculparme por forzarte a algo que no querías... –

- Nunca he dicho que no –

Mirajane detiene sus movimientos para alejarse del chico, sus ojos brillan con esperanza mientras recuerda sus palabras sobre que iba a pensarlo, es verdad, todavía no ha dado una respuesta y a ella se le sigue olvidando ese importante detalle.

Mientras ordena sus palabras Romeo se rasca su barbilla y evita todo contacto visual, su delgado y lampiño rostro apuntando en otra dirección – Podemos intentar, podemos hacer que funcione – Dice en voz baja – S-solo necesitamos más comunicación y e-eso –

- ¿En serio? –

- En serio, es lo que quiero –

Sin llegar a decir mucho tras su respuesta Mira da un pequeño grito de alegría, abraza al muchacho y pone todo su peso sobre él haciendo que caiga con la espalda en el césped, su risa es contagiosa y Romeo no tarda en comenzar a reír también.

Se siente bien para ambos por fin hablar con claridad, aunque Romeo no está seguro de en que los convierte esta charla al menos se alegra de poder estar con ella de alguna manera.

- Me haces tan feliz, tener un amante tan joven y bien portado –

- A-amante –

La palabra lo confunde ¿Ahora se supone que es su amante? ¿Qué significa eso? Cuando intenta seguir con su consulta Mira ya está sobre él de otra manera, le da un largo beso tomando sus labios por sorpresa, esto acalla cualquier duda que pueda tener.

Su corazón se acelera enseguida, el césped y los arboles desaparece dejando el resplandor que se filtra entre las hojas sobre ellos siendo lo único que ve cuando apoya su cabeza, los labios de la albina son tan dulces y tan suaves como lo recuerda de esa primera noche, son un mundo de diferencia de los de Erza eso está claro.

No dura mucho tiempo antes de que se separen, ella le dedica la más dulce de sus sonrisas mirando hacia abajo con ternura, él todavía no puede salir de un estado de shock.

- ¿Qué te parece si vamos a mi casa y convertimos esas manzanas en algo delicioso? Puedes ayudarme si quieres –

- Si, eso... sería fantástico –

Mira intenta levantarse pero dos manos la detienen apretando su cadera, sus cuerpos no se separan.

- Antes podríamos q-quedarnos aquí un rato tirados –

Aunque lo dice sin mirarla sus manos no tienen el mismo grado de vergüenza, mantiene a la albina sobre él en un abrazo prolongado, ella vuelve a sonreírle apoyando su cabeza lentamente sobre el pecho debajo.

Aunque su corazón esté intentando salirse de su cuerpo saltando y su cara no deja de estar extremadamente caliente Romeo no quiere dejarla ir, todos los malestares valen la pena con tal de sentirla tan cerca. Tal vez, después de tanto rato como una mera mascota, quiere disfrutar un poco de gentileza para variar.

Mirajane pronto cierra sus ojos relajándose, no puede decir que no disfruta ser rodeada por los brazos del muchacho, tan joven y lleno de vida pero aun así tan adorable.

El sol sobre ellos se mueve a través de las hojas iluminándolos parcialmente, el tiempo pasa y ellos solo quedan así abrazados charlando sobre cualquier tema que les viene a la mente.


Espero les haya gustado el capitulo corto pero dulce, ya habrá tiempo de meternos en lo que nos importa

Gracias por todos las las visitas y las opiniones hasta ahora! Ayuda mucho a la hora de seguir escribiendo!

Nos vemos