11

Hinata

Tan pronto como podía respirar, comer y mantenerse caliente por su cuenta, Sumire fue dada de alta del hospital. Tenía veinte días de edad cuando por fin pude llevarla a casa.

Yo solo había tenido que quedarme durante una semana. Después de que mis riñones decidieron volver a funcionar por su cuenta, me echaron dos días después. Fue lo más difícil del mundo irme del hospital sin mi bebé; mi niñita que había estado conmigo durante los últimos siete meses y medio. Así que, por lo general, acababa atrapada por ahí todo el día, molestando a las enfermeras con todas las preguntas. Creo que fueron muy pacientes conmigo solo porque sabían que era amiga de Naruto.

Para la situación de Sumire, su médico no preveía ningún problema a largo plazo. Me advirtió que probablemente tendría algunos retrasos en la evolución, tal vez un poco de problemas en la escuela. Pero físicamente, estaba bien.

Esa primera noche con ella en casa fue dura, y no porque Sumire era quisquillosa. De hecho, era un sueño hecho realidad en comparación con las historias de terror de bebés que había leído. En realidad tenía que despertarla un par de veces para sus comidas regulares. Lo que la hizo dura fue que no podía dejar de preocuparme. Salía de la cama para ver cómo estaba cada vez que se movía o respiraba un poco demasiado fuerte.

Antes de que terminara la noche, moví la cuna hasta que estuvo aplastada contra mi cama, así ya no se encontraba al otro lado de la habitación. Solo pude conciliar el sueño cuando deslicé la mano por los listones de la cuna y descansé los dedos sobre ella. Si no hubiera temido que pudiera girarme y asfixiarla por accidente, la hubiera mantenido en la cama conmigo.

Llegó la mañana antes de darme cuenta, y me desperté a lo que yo juré era el sonido de la risa de Naruto. Al principio, pensé que era parte del hermoso sueño que tenía. Sostenía a Sumire, diciéndole la princesa que era, justo antes de que ella soltara un gas.

Echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Pensé que añadiría algo como "Princesa del Gas", pero en lugar de eso dijo—: Cristo, Shimura. No puedo creer que en realidad compraras este pedazo de mierda.

Mis pestañas se abrieron, y mi dormitorio en el dúplex de Ino entró en foco. Luz diurna brillaba en las paredes claras, diciéndome que ya no eran las cinco de la mañana, que fue la última vez que estuve despierta con Sumire. Las cortinas se movieron, dejando entrar una brisa cálida de primavera porque dejé la ventana abierta toda la noche. La ráfaga de luz rozó mis mejillas, haciéndome sonreír.

Estas últimas horas fueron las que más dormí en toda la noche. Me dolía el cuerpo y tenía que tomar mis medicamentos para el dolor, además de que mis pechos de leche ardían y se encontraban duros como piedras. Estaba en la peor condición física de mi vida, y sin embargo, no podía recordar haberme sentido tan contenta.

Entonces oí la voz de Naruto de nuevo. —Me sorprende, francamente, que la cosa siga funcionando. ¿Has mirado este motor?

Me senté erguida en la cama. ¡Dios mío! Naruto se hallaba aquí, justo afuera de mi ventana.

Oh mi Dios por dos. Eso me dolió. Oh, diablos... Auch. Eso sí que dolía.

Envolviendo mi cintura con el brazo cuando un dolor candente pasó a través de la cicatriz de mi cesárea, jadeé y traté de respirar a través de las olas de agonía. Pero, guau. Sentarse demasiado rápido después de que te hubieran abierto los intestinos no se sentía bien. No ayudaba que mi abdomen siguiera molido desde donde me había golpeado Sasori, pero esto… esto había venido directamente de esa línea de grapas.

—No estaba allí cuando Ino lo compró. —La voz de Sai flotó a través de la ventana detrás de Naruto—. Lo vi en la entrada cuando llegué a casa de clases.

—¿Quieres que te ayude a darle una paliza al idiota que se lo vendió?

Sonreí suavemente. Tal vez debería molestarme que Naruto estuviera tan listo para usar sus puños, pero ese rasgo suyo había salvado mi vida y la de mi hija. No podía dejar de apreciarlo.

—Dios, no —murmuró Sai—. He visto cómo golpeas a la gente. Voy a pasar. Solo fíjate si puedes hacer que esta cosa sea lo suficientemente segura para conducirla.

—Lo tienes. Oye, ¿quieres…?

Pero Naruto no llegó a terminar la pregunta, porque otra voz interrumpió, ésta fuerte y desagradable—: ¡Hola, hijos de puta! ¿Qué hacen?

Escuchar el recién llegado me hizo inclinar la cabeza con curiosidad.

Quienquiera que fuera sonaba vagamente familiar.

Sai, obviamente no esperaba más compañía, porque había dicho—: ¿Qué diablos están haciendo aquí? —Supuse que más de una persona acababa de entrar a visitarlo.

—Escuché que Naruto consiguió una invitación dorada a tu casa y me sentí excluido.

—Solo estoy aquí porque Kiba era mi conductor al partido de fútbol esta mañana —intervino otra voz—. Comenzamos la práctica de verano hoy, así que me arrastraron sin mi consentimiento. No te preocupes, voy a irme pronto. Mi chica va a pasar a recogerme en unos minutos.

—Lo siento —interrumpió una tercera voz—. Kiba me dijo que íbamos a juntarnos en tu casa hoy, así que lo seguí. No sabía que no estábamos invitados.

—Está bien —respondió Sai—, no me importa que ustedes dos estén aquí.

—¡Oye! —gritó Kiba, claramente ofendido, lo que solo hizo reír a Sai.

—Oye, Nagato —dijo Naruto, la voz más moderada de lo que había sido antes—. Pásame esa llave a tus pies, ¿quieres?

—No vas a golpear a un tipo en la cara con ella, como la última vez que estuvimos aquí, ¿verdad?

Guau, ¿en realidad golpeó a Sasori en la cara con una llave? A pesar de que hice una mueca por la cantidad de dolor que debió de haber sentido mi ex, una sonrisa incontrolable apareció en mi cara. Ojalá que Naruto le haya dejado una cicatriz; Sasori había estado siempre tan orgulloso de su cara bonita.

—Muy gracioso —murmuró Naruto—. El bastardo se lo merecía. Oye, oí que recuperaste a tu chica. No he trabajado mucho contigo últimamente para felicitarte.

—Gracias —dijo Nagato, sonando bastante orgulloso—. Aunque no tengo idea de por qué volvió a aceptarme; le hice perder su trabajo y luego, básicamente, le cargué la responsabilidad de tres hijos cuando me traje a mis hermanos, pero no voy a mirarle los dientes a un caballo regalado. Está aquí y la voy a apreciar durante el tiempo que decida quedarse conmigo.

—Sí, también me enteré que tus hermanos se mudaron contigo. Eso es una mierda, hombre.

—En realidad, no. Ahora estoy menos preocupado por ellos, además de que estamos en un lugar mejor. Es mejor para todos nosotros... Excepto quizás Konan, que está tomando la responsabilidad de hacer que se establezcan y se matriculen en la escuela de aquí. Ha sido toda una bendición del cielo.

—Oye, ¿de quién es esta cerveza? —Kiba regresó a la conversación.

—Mía —contestó Naruto, con voz ahogada, como si acabara de deslizarse bajo el coche de Ino.

Oí el clic y la efervescencia de una lata siendo abierta. —Maldita sea, tienes un gusto barato. —Luego hizo una pausa antes de suspirar como si se hubiera bebido la mitad de la lata.

—Si vas a servirte... —La voz de Naruto sonó seca—… entonces mantén tu maldita boca cerrada.

—Oye, no me quejo. Tomo cerveza barata. Y hablando de barato, ¿recuerdas la chica que entró en el bar para verte la otra noche? Le diste algo de dinero y la enviaste a casa.

—Sí —dijo Naruto con suspicacia—. ¿Qué pasa con ella?

—Esa era barata, y fácil. Te lo digo, todo lo que le compré fue un cono de nieve y me dio sexo oral allí mismo, en la playa de estacionamiento. Entonces me siguió a casa y la follé de todas formas.

—Tú… —Naruto no parecía saber qué decir a eso. Entonces, finalmente, le preguntó—: No le diste droga, ¿verdad?

—¿Qué? —La voz de Kiba parecía llena de confusión—. No. No tomo drogas. ¿Por qué siquiera preguntas eso? Espera, ¿por eso fue a Shinobi's a verte? Oh, amigo. ¿Eres un vendedor de drogas?

—Oh, Jesús. ¿En serio? Si yo fui el que le dio dinero, ¿por qué iba a ser el traficante de drogas?

—Mierda. ¿Así que es una traficante de drogas?

—No. Maldita sea. Solo... Cállate. Ninguno de los dos traficamos drogas.

—Entonces, ¿por qué has traído las drogas a la conversación y por qué le dabas dinero? ¿Quién coño es ella? —Kiba empezaba a sonar alarmado.

—Hablé de drogas porque ella era una adicta al crack. Me aseguraba que no le diste nada. Y le di dinero porque es mi esposa.

Me puse la mano sobre mi boca, ya que se abrió en shock. Pero, guau. No esperaba esa respuesta. Tampoco ninguno de los chicos, al parecer. Una pausa embarazosa flotó a través de la ventana antes de que Kiba explotara.

—¿Me follé a tu mujer?

Entonces Sai, Nagato y Gaara gritaron juntos—: ¿Estás casado?

—Oh, mierda. —La voz de Kiba sonaba hueca—. Sabía que tenías un hijo, pero ¿desde cuándo estás casado? ¿Cómo diablos puedes estar casado? Eres como el mujeriego más grande que conozco.

—No es cierto. —Naruto sonaba insultado—. Tú eres el mujeriego más grande que conoces. Todo lo que ves es que me llevo a chicas borrachas a casa desde el bar todas las noches. En realidad, no me acuesto con ninguna de ellas. ¿Qué clase de idiota se aprovecha de una mujer en estado de ebriedad?

—No lo sé —murmuró Nagato, pensativo—. Algunas son bastante convincentes. Pueden ponerse difíciles de resistir.

—Literalmente —resopló Kiba ante el juego de palabras.

—¿Estás haciendo bromas, Kiba? —preguntó Sai—. ¿En serio? ¿Justo después de enterarte de que le pusiste los cuernos al pobre de Naruto?

—No —dijo Naruto para tranquilizarlos—. Fū y yo no tenemos ese tipo de matrimonio. Quiero decir, ciertamente nunca he llegado allí con ella. Es más como una hermana para mí. Solo la estoy ayudando con el seguro hasta que ella y su hijo salgan adelante.

—¿Por lo tanto, el niño no es tuyo? —preguntó Kiba.

—No... Técnicamente. Pero probablemente voy a ser el único padre que va a conocer, por lo que en realidad no importa quién donó el esperma para hacerlo.

—¿Y nunca la has follado? Por lo tanto, todavía no he tenido ninguna de tus sobras.

Guau, ¿eso era lo que más le preocupaba? Resoplé. Ese tipo, Kiba, era un desgraciado.

—No. —La respuesta de Naruto sonaba mucho más bondadosa de lo que la mía hubiera sido—. Ella y yo nunca lo hemos hecho... Y nunca lo haremos. Francamente, me sorprende incluso que tú la quieras. No es exactamente...

—Amigo, yo follaré a cualquier cosa con tetas que, voluntariamente, abra las piernas para mí. No me importa como luzca. Y la culpa es tuya por preocuparte tanto por la apariencia. Es un milagro que todas las damas se pongan tan locas contigo, prejuicioso malparido.

Naruto hizo un sonido agravado. —Oye, vete a la mierda. No hablaba de su aspecto, idiota. Iba a decir que no es muy agradable.

—Oh. Eso. Bien... —Una sonrisa se enlazó al tono de Kiba—. Jodes una sonrisa aturdida en la cara de una chica y la perra se viene. ¿Lo entiendes? Se viene directamente.

—Está bien, está bien. Basta de hablar acerca de dormir con la esposa de Naruto —regañó Nagato—. Maldita sea, Kiba. —Debió de haberse girado hacia Sai porque, dijo—: Shimura, cambia de tema. ¿Qué ha estado pasando contigo? ¿Cómo están con tu chica después de que esa vieja cachonda vino al bar?

Contuve la respiración, porque yo ni siquiera había pensado en la señora Harrison desde que Sai e Ino se comprometieron. Había estado un poco preocupada por mi nuevo pedazo de cielo en la tierra. Comprobándola, me incliné para verla dormir en su cuna, y guau... Era tan preciosa.

—Me dejó poner un anillo en su dedo —decía Sai fuera—, así que diría que estamos bien.

El orgullo en su voz me hizo sonreír. Era tan agradable saber lo mucho que amaba a Ino. Me gustaba verla feliz. Extendiendo la mano, acaricié la mejilla suave de Sumire. Se movió y empezó a despertarse. Ya era hora de darle de comer de todos modos, así que me incliné sobre la barandilla y la atraje a mis brazos antes de abrirme la camisa para darle un poco de desayuno.

La voz aturdida de Nagato flotaba en el ambiente. —¿Te vas a casar? Mierda, chicos. Solo estuve fuera durante un par de semanas. Sabía que Kiba se mudaría con Gaara desde que lo dejé sin hogar para irme a vivir con mi chica. ¿Pero Naruto está casado con un hijo, Sai comprometido, y Kiba empezó a acostarse con mujeres casadas? Mierda. Muy pronto estarán diciéndome que Gaara ha perdido su virginidad. —Después de un momento de silencio, Nagato explotó—: ¡Mierda! ¿Gaara perdió su virginidad?

Cuando una ronda de risas le respondió, Nagato se les unió. —Bueno, felicitaciones, amigo. ¿Qué opinas?

—¿Qué qué piensa? —resopló la voz incrédula de Kiba—. El chico tuvo relaciones sexuales por primera vez. Pudo haber sido el polvo más asqueroso en la tierra; Si el acabó, ¡le gustó!

—Ella no estaba mal. —Gaara sonó ofendido, lo que me hizo sonreír. Fue agradable escuchar a un tipo defender a una chica en lugar de basurearla con sus amigos.

—¿Oh, sí? —Kiba sonó intrigado—. ¿Subió encima tuyo y tomó el control o dejó que pensaras que estabas a cargo?

—Oye, tranquilo. Deja de fastidiar al chico —lo regañó Naruto—. No tiene que dar más detalles.

—¿Qué demonios? Quiero saberlo todo. Cuando, dónde, por cuánto tiempo, qué posiciones. Cuántas veces le hiciste venir.

—Yo no… —empezó Gaara, solo para cortarse abruptamente.

—Bueno, escúpelo —exigió Kiba—, no nos dejes colgados ahora. ¿Tú no qué?

Casi podía sentir al pobre Gaara sonrojándose. Su voz era más bien un murmullo cuando al final admitió—: No sé si en realidad le hice... Quiero decir, ¿cómo lo sabes?

El silencio respondió a su pregunta. Por último, Kiba dijo en un tipo de voz horrorizada y escandalizada—: ¿No hiciste que acabe?

Más silencio. Entonces: —No lo sé.

—Confía en mí, Gaara. Sabrías —dijo Nagato.

—Pero... ¿Cómo?

Kiba rió. —¿Gritó tu nombre, te arañó la espalda, al canto de "ohmiDios, ohmiDios, ohmiDios, más duro, más rápido? Allí mismo, Gaara. ¡Fóllameeee!"

—Lo cual es la prueba de que las chicas fingen contigo —dijo Sai secamente.

—Oye, vete a la mierda, hombre. ¿Cómo sabes cuando sucede entonces, oh gran y poderoso Shimura, rey de todos los dioses del sexo?

—Se puede sentir —respondió Sai—. Ese dulce pequeño músculo que se contrae alrededor de tu pene justo en el momento en que sus ojos ruedan a la parte de atrás de su cabeza, su espalda se arquea y sus muslos se sujetan a tu alrededor.

Me atraganté un poco, porque no quería pensar en el O de Ino de esa manera. Sorprendida por mi reacción, Sumire se separó de mi pezón y parecía confundida. Estaba tan ocupada tratando de ayudarla a que se sujete de nuevo, que casi me perdí cuando Naruto respondió—: Tiene razón. Sin duda, puedes sentirla ordeñando tu polla.

Inmediatamente, me puse caliente por todas partes, imaginándolo de esa manera. Conmigo. Dios... Pensé que eran las hormonas del embarazo lo que me pusieron caliente por él. Pero ya no estaba embarazada, por lo que debería haber superado esto.

—Sí —añadió Nagato con una sola afirmativa mientras la conversación continuaba.

Kiba resopló. —Lo que sea. No puedes sentir esa mierda.

—Tal vez tú no eres lo suficientemente grande como para sentirlo. —Se rió Sai.

—Oh, ¿mira quién está presumiendo de su tamaño ahora? —Kiba sonaba repentinamente incómodo.

Como para salvarlo de sentirse deficiente, Gaara dijo rápidamente—: No creo que ella acabara. ¿Cómo hago que…? —Una vez más, se interrumpió, pero todo el mundo, incluyéndome a mí, sabía exactamente lo que pedía.

—Parece que necesitas poner a trabajar tu lengua. —La sugerencia de Naruto me hizo darme cuenta que me había mojado. Qué maldita vergüenza. Solo su voz y la palabra lengua me calentaron.

—¿Eh? —Gaara estaba obviamente confundido.

Naruto aclaró. —Tú. Debes. Lamerla.

—¿Lamerla?

—Dios mío. —Me imaginaba a Naruto girando para mirar con incredulidad a los otros tres chicos con las manos en el aire—. ¿Es en serio?

—Él fue sobreprotegido —explicó Kiba—. Criado por su abuela.

—Oh... bueno, entonces. Claro que sí, lame a esa chica. Detrás de la oreja, por el cuello, entre los pechos, sobre sus pezones, justo en su coño, bajo su…

—Bajo su... ¿qué?

Puse la mano sobre mi boca para no reírme en voz alta sobre el tono horrorizado de Gaara.

—Sobre todo allí —añadió Nagato, y me encontré asintiendo.

Justo detrás de las orejas, en la nuca, y sobre mis senos ya ardían como si hubieran experimentado físicamente el asalto verbal de Naruto. Pero entre mis piernas es donde más quemaba; podría venirme bastante bien la lengua de Naruto.

—Ponerle jalea y lamerlo también funciona bien.

Hice una mueca. Oh, no, no, no. Eso era algo que quise saber acerca de Sai. Iuuuuu. Tenía la esperanza de que no estuviera hablando de algo que hizo con Ino. Nunca sería capaz de comer un sándwich de mantequilla de maní y jalea de nuestra cocina de nuevo.

—Maldita sea, Shimura. Te pusiste creativo por allí.

—Definitivamente voy a tener que probar eso con Konan.

Me puse la mano sobre la boca para no reírme en voz alta. Guau. No tenía idea que los chicos tenían este tipo de discusiones con los demás.

—Así que, en serio la lames... ¿allí? ¿Y a ella no le importa?

—¿Importarle? ¿Por qué iba a importarle? Las chicas aman esa mierda. Me piden eso todo el tiempo. Kiba, bebé, es tu turno para bajar esta noche.

—Pero…

—Es como si todavía necesitaras aprender las partes de una mujer —dijo Naruto—. La próxima vez que estén juntos, no tengas miedo de explorar. A ella no le importará. Si estás tocando, lamiendo, besando y mordisqueando cada pequeño lugar, lo apreciará. Confía en mí. Baja a nivel de la vista con todo y solo... mira un poco. Pruébalo con la lengua. Te hará saber lo que le gusta y lo que no.

—En voz alta —agregó Nagato.

Suspiré un poco, deseando haber conocido hace años a Naruto. Parecía un amante muy considerado y cuidadoso. Dudo que incluso me dejara estar en las nubes y tratar de escapar a mi entumecido lugar seguro. Apuesto a que sería capaz de mostrarme lo que se suponía que era el buen, puro y honesto sexo.

El remordimiento quemó mi garganta porque nunca había tenido eso, nunca disfruté de un momento íntimo con un chico.

—Escucharía a Naruto. El hombre sabe de lo que está hablando.

—¿Qué demonios? —respondió Naruto—. ¿Kiba acaba de darme un elogio? ¿Estás bien? Oh mierda, ¿te estás muriendo?

—Cállate.

La risa de Naruto me calentó desde adentro, mientras Nagato habló—: Shh, alerta mujer. La señora Shimura está viniendo por el camino.

Los hombres se calmaron al instante. Unos segundos más tarde, Sai gritó—: ¡Eh!, Belleza. —Podía imaginarlo enganchándola alrededor de la cintura y bajándola sobre su regazo.

—Has estado de compras, ¿eh? —preguntó Kiba—. ¿Te quedaste de nuevo sin jalea?

Mi boca se abrió, con la esperanza de que por Dios Ino no tuviera ni idea de a qué se refería. Pero cuando ella dijo—: ¿De qué está hablando? —Un poco bruscamente, sabía que había sido pillada y le enviaba a Sai el mal de ojo por compartir demasiado con sus amigos.

Debió poner la perfecta cara de inocente, porque después respondió—: No tengo ni idea. —Ino dejó el tema. Me la imaginé saliendo disparada de su regazo con una fresca sonrisa y llevando las bolsas de comida hacia la puerta trasera.

—¿Dónde está Hinata? —preguntó, y sí, su voz sonó mucho más cerca de donde se encontraba la puerta.

—No la he visto esta mañana —respondió Sai—. Debe estar todavía en la cama. Sé que yo estaría. Juro que esa bebé se levantó a cada hora.

Rodé los ojos. Había pasado cada dos horas, no una. Ese había sido el horario de alimentación recomendado que las enfermeras me habían dado.

—¿Por qué no vas a ver si está levantada? —dijo Naruto—. Y arrástrala aquí afuera. Todavía no he tenido mi dosis de Lunita en el día.

Al instante sonreí. Él quería verme. Eso era tan…

Me mordí el labio para matar la sonrisa. Hinata mala. Tenía que dejar de pensar en él de esta manera, a pesar de que su esposa era como una hermana para él y solo se había casado con ella por el seguro. Este era el peor momento para desarrollar sentimientos sinceros por un chico. Tenía equipaje, asuntos y problemas por todas partes. Y a pesar de que a Naruto no le importaba abrirse paso entre aquella clase de mierda por una mujer, ya que él se había casado con una puta ex-drogadicta solamente para echarle una mano, yo todavía no quería acumularle algo de mi mierda.

Era demasiado increíble para hacer frente a la gente como yo.

—Claro. La iré a ver —dijo Ino—. Oigan, chicos ¿se quedan a comer? Sai podría hacer algo en la parrilla.

—¿Que dices? —comenzó Sai

Y Kiba dijo—: Comida gratis, sí. Cuenta conmigo.

—Gracias, pero mi familia me va a recoger pronto —dijo Nagato.

A lo que respondió Ino—: Ellos también pueden quedarse. Haremos una fiesta. Cuantos más, mejor.

—Bueno, está bien entonces. Cuenten conmigo.

—Podría comer —añadió Gaara.

—Y no voy a dejar que digas que no, señor Uzumaki. Después de la forma en que salvaste a mi H., te alimentaria todos los días por el resto de mi vida.

—En realidad, no puedo quedarme mucho tiempo. El sábado es siempre mi mañana con mi hijo. Ya estoy perdiendo algo de tiempo de papá.

—Está bien, no hay problema —dijo Ino, pero no parecía muy convencida.

—Sin embargo, todavía quiero ver a Hinata y a Sumire antes de irme —gritó justo cuando oí abrirse la puerta de atrás de la cochera.

Ya que Sumire terminó de comer, me bajé de la cama y la llevé a la cocina, haciéndola eructar mientras iba.

—¡Ahí estás! —Ino aplaudió cuando entré en la habitación. Dejó dos bolsas desbordantes sobre la mesa antes de volverse hacia mí y arrebatar a Sumire de mis brazos—. Justo iba a verte.

—Lo sé. Lo oí. Mi ventana estaba abierta, y oh Dios mío... —Me incliné, bajando la voz—. Las cosas que hablan los hombres cuando creen que una mujer no escucha. Nos hacen pensar que es todo coches, deportes, y sexo con ellos. Bueno, quiero decir, hubo un montón de charla sobre sexo pero…

Ino se quedó sin aliento y dejó de palmear la espalda de Sumire para agarrar mi brazo. —¡Lo sabía! Sai se fue de la lengua sobre la jalea, ¿no?

Me mordí el labio, pero mi expresión me delató. Su boca se abrió. —Así que voy a matarlo.

Robé a Sumire de vuelta antes de que ella se volviera homicida. —No creo que tuviera intenciones de decirlo, si eso sirve de consuelo. Le daban consejos a Gaara porque él acaba de acostarse con su primera chica y…

—¿Qué? Guau. ¿Gaara era virgen? Pero es tan ardiente.

—¡Lo sé! Al parecer, fue criado por su abuela y ni siquiera sabía lamer a una chica. Además, él es como súper tímido.

—Mierda, H. —Ino se echó hacia atrás y sacudió la cabeza—. ¿Cómo diablos escuchaste a esos tipos?

—Oh, eran una fuente de chismes jugosos.

Coloqué a Sumire en la hamaca de la mesa y ayudé a Ino a preparar nuestro picnic improvisado. Le decía cómo Nagato y su novia profesora estaban de nuevo juntos cuando la puerta trasera se abrió y Sai vino a la cocina.

—Hola, cariño —le dijo a Ino mientras iba tras ella para ponerle los brazos alrededor de su cintura y besarla en el costado del cuello—. La parrilla está lista, y apareció la familia de Nagato. —Una extraña expresión cruzó su rostro antes de que agregara—: Estuvieron de acuerdo en quedarse para el almuerzo, lo cual nos hace once y un pequeño hermoso bebé. —Soltó a Ino para acudir a Sumire, sacarla de su silla, y frotar la nariz en su vientre—. Hola, niña.

Todavía me sorprendía lo afectuoso que era con ella, y lo dispuesto que estaba a sostenerla. Mientras la acunaba y le hacía gorgoritos, miré a Ino. Había presionado sus labios y sostenía ambas manos en su corazón mientras lo observaba con una sonrisa de enamorada. Cuando me encontró mirándola, se abanicó la cara con una mano y pronunció las palabras: "¿No es increíble?"

Rodé los ojos, pero sonreí, porque sí, había encontrado a un hombre increíble.

—¿Te importa si me la llevo fuera y se la muestro a los chicos? — preguntó Sai, mirándome—. Creo que Naruto está a punto de morderse el brazo si no ve pronto a una de ustedes.

No había manera de que pudiera negar tal deseo, así que le hice un gesto con la mano. Pero en la puerta, se detuvo y se volvió de nuevo a Ino. — Oh, y la Dra. Kavanagh está aquí. Ella y Nagato están juntos de vuelta.

—Oh, lo sé. Hinata estaba… —Al darse cuenta de que iba a revelar la fuente de sus chismes, Ino apretó los labios con fuerza y luego exageró a lo grande un jadeo—. ¿En serio? Guau, eso es genial. Ella me agrada.

—Sí, pero Nagato nos advirtió que no la llamáramos Dra. Kavanagh. No quería espantarla y recordarle que solíamos ser sus alumnos.

—Claro. Claro. ¿Espera? ¿Cuál es su nombre?

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Ino y yo preparamos una buena barbacoa improvisada en el patio trasero, si se me permite decirlo.

Konan —a la que nunca nos volvimos a referir como Dra. Kavanagh—, y Tamaki, la hermana de Nagato entraron a la cocina en algún momento. Nos ayudaron mucho y tuvimos nuestro propio chisme jugoso, hablando de todos los chicos mientras se picaba las verduras y se preparaba las empanadas de hamburguesas. Sumire seguía siendo la atracción principal del día e iba de adentro a afuera, mientras más gente de la que podía contar la paseaba, tomando turnos para cargarla.

Para el momento que finalmente dejé la cocina, cargando la legendaria ensalada de patatas de Ino, una mesa y sillas habían sido acomodadas, puestas en el exterior de la entrada delantera. Naruto cerró el capó del auto de Ino y le describía a Sai todo lo que arregló, mientras Kiba y dos jóvenes más pequeños se burlaban de cuán incómodo lucía Nagato cargando a Sumire.

—No los escuches —le dije a Nagato mientras levantaba a mi bebé de sus brazos—. Lo estás haciendo bien. —Me di la vuelta, buscando un lugar para sentarme, pero encontrando la mirada de Naruto en mí.

—Así que en serio te encontrabas adentro —murmuró, acercándose—. Me preguntaba cuándo ibas a aparecer.

Mi corazón revoloteó en mi pecho cuando le sonrió a Sumire.

—Ino me ha hecho trabajar mucho en la cocina. Pero creo que casi tenemos todo listo. ¿Ya tuviste tu turno de cargar a Sumire?

—Aún no. —Levantó las manos para mostrarme cuán negras y grasosas se encontraban sus palmas—. Sai me ha hecho trabajar mucho aquí afuera. Sin embargo, voy a lavarme y vengo a robártela.

Asentí, incapaz de detener mi sonrisa. No lo había visto desde su última visita a mi habitación de hospital para entregar el cerdo de peluche de Sumire.

Eso había sido ya hace mucho tiempo. Solo con mirar sus cálidos ojos marrón refrescaba algo dentro de mí.

Se detuvo un momento como si quisiera decir más. Luego negó con la cabeza, sonrió y se fue. Lo miré desaparecer por la puerta trasera, y dejé salir un suspiro, ya queriéndolo de regreso.

Apartando tales pensamientos tan raros de mi cabeza, caminé hacia las sillas acomodadas en el camino de entrada donde Sai se hallaba volteando hamburguesas en la parrilla. Encontré el lugar vacío más cercano y me dejé caer, sosteniendo a Sumire en mi pecho.

Sin embargo, supongo que debí saber que no debía sentarme cerca de Kiba.

Me envió una sacudida de barbilla y meneó las cejas. —¿Cómo te va con ese alimento de pecho?

Oh, buen Señor. ¿En serio? Le di mi mejor mirada seca. —Tan bien como tu habilidad de acostarte con mujeres casadas, al parecer.

—Oh, rayos. Eso fue un golpe bajo. —Me frunció el ceño antes de mirar alrededor y bajar la voz—. ¿Cómo lo supiste?

Señalé con la cabeza al frente de la casa. —La ventana de la habitación está abierta.

La cara de Kiba enrojeció mientras se hundía en la silla. —No estuvo bien.

La puerta trasera se abrió de nuevo, y me olvidé de Kiba mientras echaba un vistazo. Pero no fue Naruto quién salió. Ino fue la primera en salir, cargando un brazo lleno de bollos de hamburguesas y platos de papel. Konan apareció detrás de ella, cargando la bandeja de verduras. Tamaki salió después, acarreando una canasta de kétchup, mostaza, salsa de verduras y otros condimentos. Y luego, por fin, Naruto surgió en el fondo, con sus brazos tatuados llenos de botellas de gaseosa, vasos y bolsas de papas fritas.

—Naruto —le gritó Ino sobre el hombro—, ¿por qué no llamas a tu familia y le preguntas si quieren venir a almorzar?

A mi lado, Kiba murmuró—: Mierda, no. Di no, di no, di no.

Naruto se mordió el labio antes de darme un rápido vistazo. Luego se encogió de hombros. —De acuerdo.

Kiba gruñó y se hundió más.

Incluso si el matrimonio de Naruto no era un matrimonio por amor y nunca dormía con su esposa, no me encontraba segura acerca de cómo sentirme por conocerla. Sí, quería conocer a Boruto. ¿Pero Fūka? No mucho. Ella tenía el apellido de él, su amado tiempo, y mucha de su atención. No podía evitar estar celosa de ella.

Luego de un minuto de presionar su teléfono en la oreja, una mirada preocupada cruzó su rostro. —Hmm. No está en casa.

—Ay, gracias a Dios —susurró Kiba.

—Entonces, ¿no te extrañarán si te quedas a almorzar? —insistió Ino, moviendo sus pestañas, esperanzada.

—Sí. Supongo. —Pero seguía pareciendo nervioso—. Es raro. En general no saca al bebé. Me pregunto a dónde fueron.

Del otro lado de la calle, los dos hermanos pequeños de Nagato intentaban enseñarle a silbar a Gaara.

—Tienes que enrollar tu lengua así —instruyó el hermano mayor, cuyo nombre creo que era Udon.

Nagato rió. —De acuerdo, déjenlo en paz. Su pobre lengua ya tiene mucho de lo que preocuparse.

Miré a Kiba, esperando que saltara con su propio comentario crudo. Pero se hallaba demasiado ocupado golpeando la punta de su zapato en el suelo.

Fruncí el ceño y lo golpeé con mi codo.

Levantó la mirada y me frunció el ceño. —¿Qué? Elevé una mano. —¿No vas a decir nada ante eso?

—¿Eh? —Miró alrededor, obviamente sin idea.

—Ay Dios mío. Nagato la dejó abierta para que dijeras algo completamente ofensivo. Diablos, incluso yo tengo algo sucio en mi cabeza. ¿Qué pasa contigo?

Pero frunció más el ceño, claramente irritado por mi pregunta. —Nada. Estoy bien.

Ajá. Algo cambió cuando más personas llegaron a la fiesta. Pensando que tal vez tenía un interés en la novia profesora de Nagato, miré hacia Konan, pero se hallaba ocupada ayudando a Mitsuki a apilar comida en un plato. Entonces atrapé a Tamaki mirando entre nosotros. Cuando me vio mirando, se sonrojó y rápidamente desvió la mirada. Sus mejillas seguían rojas cuando levanté mis cejas y giré de nuevo hacia Kiba, solo para encontrar su atención en ella.

Interesante. Muy interesante.

Me acerqué más a él. —Esa hermana de Nagato es hermosa, ¿no?

Alejó estrepitosamente la mirada de Tamaki y parpadeó. —¿Qué?

—Tiene un aspecto delicado y clásico. ¿No te parece? Y me encanta su cabello, es incluso más claro que el mío.

Continuó frunciendo el ceño, y sus ojos solo se entrecerraron, de pronto sospechoso. —¿Adónde quieres llegar?

Me encogí de hombros y le di una sonrisa inocente. —No quiero llegar a nada. —Sumire se retorció en mis brazos, así que bajé la mirada para revisarla.

Mientras la reubicaba para ponerla más cómoda, Kiba se inclinó y susurró—: Si estás pensando lo que creo, entonces detente. Ahora.

Me giré para mirar la seriedad en su rostro. No bromeaba, lo que solo me puso más sospechosa.

—Oye, H. —gritó Ino del otro lado de la calle—. ¿Quieres que cargue a Sum mientras almuerzas o solo te quieres sentar ahí y coquetear con Kiba el resto de la tarde?

Cuando todos en la fiesta se detuvieron para mirar entre Kiba y yo, mis mejillas ardieron. Podría matar a mi prima por esa pregunta. Pero Ino solo me miró y guiñó el ojo.

—No estamos coqueteando —estableció Kiba demasiado firmemente.

Levanté una ceja hacia él. —¿Disculpa? ¿Estás diciendo que no soy digna de coqueteo? Ya sabes, estoy casi en mi peso pre-embarazo, y mis pechos son el doble del tamaño que antes. Y cualquier otro hombre heterosexual querría tener suerte aquí.

—Lunita, eres la chica más digna de coqueteo que conozco —dijo Naruto, acercándose con los brazos abiertos—. Ven. Sostendré a Sumire mientras comes algo. Luego regresa y siéntame a mi lado. Estaré feliz de tener suerte contigo.

Dios, ¿podía alguien ser tan considerado, dulce, coqueto y demasiado sexy por sus propios tatuajes? Naruto Uzumaki era demasiado bueno para ser real.

Cuando no respondí lo bastante rápido, alzó sus manos para mostrarme las palmas. —No te preocupes, ya me quité toda la grasa de auto.

Sonreí. Sip, definitivamente era el chico perfecto. Pero me negué ante su oferta. —Está bien. Tampoco has comido. Adelante.

—Mujer, mejor acepta mi oferta. Esa niñita va a estar hambrienta pronto, y te ocuparás alimentándola. Mejor come algo mientras puedas.

—Oh, bien. —Ya que tenía razón, me levanté y transferí mi bebé a sus brazos. Era tan obvio que se hallaba acostumbrado a los niños; el traslado fue sin esfuerzos. Le sonrió a Sumire.

—Bueno, hola, preciosita. He estado muriendo por tenerte en mis manos toda la mañana. —Luego la levantó solo lo suficiente para besar su frente y me miró con la misma sonrisa encariñada—. Ve. Come.

Entonces, lo hice. Terminé detrás de Tamaki. Cuando me miró con una sonrisa dubitativa, como si quisiera decir algo pero se encontraba insegura de ello, me incliné hacia ella. —Te recomiendo la ensalada de patatas. Ino hace una ensalada de patatas genial.

—De acuerdo. Gracias. —Su sonrisa era tímida pero complacida. En serio era impresionantemente hermosa. Pero los hoyos negros debajo de sus ojos me dijeron que algo la atormentaba. Recogió una porción modesta de la ensalada de Ino, ganándose mi aprobación.

—¿Qué edad tiene tu bebé? —preguntó.

Resplandecí con orgullo. —Hoy, tres semanas. Fue prematura así que no la traje a casa del hospital hasta ayer.

Más sombras llenaron los ojos de Tamaki, pero me dio una sonrisa triste. —Es adorable.

—Gracias. También lo creo.

Un llantito rasgó el aire, y de inmediato me giré hacia el sonido. Pero Naruto ya tenía una mano arriba mientras mecía a Sumire en su otro brazo. — Estamos bien —gritó—.

Kiba la miró. Esa cara haría llorar a cualquier chica.

Arqueé una ceja hacia Kiba. Levantó su mano en rendición. —Ni siquiera la toqué.

—Creo que fue su horrible aliento —ofreció casualmente Naruto. Movió ligeramente a Sumire. Ya se había calmado y parecía bien otra vez.

—Deja de respirar en mi bebé, imbécil —grité, haciendo reír a Tamaki, solo para que se cubriera la boca y se sonrojara.

—¡Oye! —Kiba frunció el ceño—. ¿Qué es esto? ¿El día "tómenle el pelo a Kiba"?

—No, eso es a diario —gritó Nagato en respuesta.

Kiba lo cortó con una mirada sucia, pero no devolvió ningún insulto. Regresé a mi asiento entre Naruto y él con un plato lleno de comida, donde Naruto estudiaba el rostro de Sumire tan intensamente que me pregunté si iba a ponerse a llorar.

—¿Está bien? —pregunté, sentándome a su lado. No me di cuenta de lo cerca que puso su silla de la mía hasta que mi cadera rozó la suya al sentarme. Un estremecimiento de excitación surcó hasta el interior de mis muslos.

Levantó la mirada, y la tristeza permanecía en sus ojos, pero sus labios brillaban con una sonrisa baja-bragas. Tuve que dejar salir un suspiro para calmarme antes de ofrecerle una sonrisa.

—Sí —murmuró—. Estamos genial. Tengo a la pequeñita más bonita aquí en mis brazos, y está absorbiendo todos los cumplidos que le hago. La vida no puede ponerse mucho mejor que esto. —Luego miró a Sumire. Después de ver la ternura y afecto en su mirada, fue todo, fui una fracasada total.

Este hombre podría tenerme en cualquier forma que quisiera.

Cuando volvió a mirarme, nuestras miradas quedaron fijas. No estaba tan segura de qué había aquí —viajando entre nosotros a través de una simple mirada—, pero era lo bastante grande para amontonarse en mi pecho hasta que casi no podía respirar.

—Esa ensalada de patatas luce bien. —Rompió el contacto y bajó la vista a mi plato, lo juro, a propósito matando nuestro momento.

—Oh, toma. —Parpadeé para regresar a la realidad—. ¿Quieres probar? —No me di cuenta que le ofrecí hasta que alcé un tenedor a su boca y deslizó sus labios alrededor de la probada. Mi mirada atrapó la suya mientras liberaba lentamente el tenedor. Nos miramos descaradamente mientras masticaba.

Esta cosa entre nosotros era demasiado intensa.

Una vez que tragó, se lamió con la lengua su labio inferior y alrededor de su perforación. Casi gemí. —Mmm. Está buena.

Asentí robóticamente. —¿Quieres otra?

Por favor. por favor. por favor.

Sus labios se deslizaron en una lenta y sensual sonrisa. —Como si te pudiera decir que no.

Así que le di otra probada de ensalada de patatas, y la experiencia fue tan emocionante como la primera. Luego hice el momento más íntimo todavía al dar yo misma una probada. Sus ojos se calentaron mientras miraba el tenedor desaparecer en mi boca.

—¿Pepinillo? —pregunté, levantando una porción. Asintió. —Diablos, sí.

Así que lo dejé arrancar una rodaja de pepinillo de mis dedos. Cuando una gota cayó de su labio y quedó en la frente de Sumire, me reí. —Ups.

Agarré una servilleta y me estiré para limpiarla, pero Naruto ya la estaba levantando hacia su boca. Lamió las salpicaduras.

Quedé totalmente boquiabierta. —¿Acabas de lamer a mi hija?

Ay, mierda. Mencionar la palabra "lamer" me hizo pensar en lo que los chicos dijeron antes. Cuando mi cara se calentó al instante, Naruto me guiñó el ojo. —Solo porque no se me permite lamerte a ti.

Inhalé, incapaz de creer que dijo eso.

Kiba gruñó. —Jesús, chicos. Ya consíganse un cuarto. Hay niños aquí. E intento comer.

Naruto y yo intercambiamos una mirada antes de inclinar su cabeza hacia Kiba. —¿Cuán es el problema?

Me encogí de hombros. —Creo que está celoso. Te dejé sostener a Sumire.

Kiba bufó. —Como si quisiera cargar a tu maldito bebé.

—¡Oye! —Me giré para dedicarle una mirada sucia—. Cuida tu boca cerca de mi hija, cara de mierda.

Kiba me miró boquiabierto antes de mirar más allá de mí y darle a Naruto una mirada incrédula como si esperara que él me frenara. —Ella tiene una boca muy sucia.

Naruto sonrió. —¿No es genial?

Mientras Kiba bufaba en desacuerdo, Naruto golpeó su rodilla con la mía. Lo miré, y se inclinó más cerca. —Buena esa, Lunita.

Del otro lado, escuché a Ino decirle a Tamaki—: Konan dijo que te gradúas de la preparatoria el próximo domingo.

Alcé una ceja y golpeé a Kiba con el codo. —Oh, sigue en preparatoria, eh. La trama se complica.

—Cállate —murmuró y me golpeó en respuesta. Muy fuerte. Justo en el estómago, demasiado cerca de la incisión de la cesárea.

Instantáneamente dejé caer mi plato lleno de comida, salpicando mi ensalada de patatas, pepinillos y hamburguesa por todos lados, para inhalar y doblarme, agarrándome la panza. Flamas de dolor subieron por mi abdomen.

—Oh, mierda. —Kiba se puso de pie, agarrando mi codo—. Lo siento. Lo siento tanto.

—¿Lunita? —Naruto se encontraba ahí un segundo después. Por una bocanada de aire, él fue todo en lo que me podía concentrar. Me incliné hacia él y agarré su camisa, enterrando mi rostro en su cuello mientras me cargaba y metía una mano debajo de mis rodillas y la otra rodeaba mi espalda.

Cuando mis oídos dejaron de sonar, lo primero que escuché fue el grito enojado de Sai. —¿Cuál es tu maldito problema, Kiba? Acaba de dar a luz hace tres semanas y su vientre está unido por grapas.

—Sin mencionar que es donde la golpeó el imbécil padre de la bebé, enviándola a parto prematuro —añadió Nagato, su tono igual de rígido y enojado.

Naruto presionó su mejilla en mi sien. —¿Hinata? Háblame. Di algo, cariño.

Mis nudillos seguían blancos por agarrarme tan fuerte de su camisa. Pero logré jadear—: Estoy bien.

—¿Está bien? —preguntó Ino; su voz cerca.

Mantuve arriba mi pulgar con la mano libre pero no podía aflojar mis párpados. —¿Dónde está Sumire?

—Gaara la está cargando —dijo Naruto.

—¿No se encontraba sentado del otro lado de la entrada?

—Sip. El chico se mueve rápido cuando es necesario. —Levantando su rostro del mío, preguntó—: ¿Dónde está su habitación? Voy a recostarla.

—Por aquí. Sígueme —instruyó Ino.

Y alguien más preguntó—: ¿Deberíamos llevarla al hospital?

Naruto se hizo cargo mientras me llevaba dentro. —Vamos a ver primero si se abrió algo.

Aunque mi estómago se sentía como si lo hubieran cortado sin anestesia, me hallaba feliz de regresar a sus brazos e inhalar su intoxicante esencia de coco. Me recostó en mis sábanas demasiado pronto para mi gusto. Sin él a mi lado, me hice una bola y traje mis rodillas a mi pecho mientras acunaba mi estómago.

Escuché bastantes voces para darme cuenta que todos en el día de campo se metieron en mi habitación, intentando echarme un vistazo.

—¿Está bien? —preguntó Kiba.

Enseguida Naruto le gruñó—: Lárgate de aquí.

—De acuerdo, es suficiente —instruyó Konan, su voz no dejaba espacio para discusiones—. ¿Por qué no salen todos? Necesitamos asegurarnos de que no se reabrió su incisión.

—Esperen —jadeé en el último segundo, estirando mi mano a ciegas—.Naruto.

Se hallaba inmediatamente hincado a mi lado. —Aquí estoy, Lunita. —Lo jalé más cerca y vino sin ningún tipo de resistencia; sus ojos azules se arremolinaban con enojo y desconcierto. El enojo era lo que me preocupaba.

—Prométeme que no matarás a Kiba. Es mi culpa que él...

—No fue tu maldita culpa.

—Le estaba incitando y le di un codazo primero.

—Bueno, él debió haber utilizado su maldito cerebro. E incluso si estabas perfectamente sana, de ninguna manera debió darte un codazo tan fuerte. Es un idiota de mierda.

Agarré su barbilla en mi mano. —Naruto.

Gruñó con irritación, pero asintió. —Está bien. —Luego se inclinó y presionó sus labios en mi frente por unos largos veinte segundos. Justo antes de que se alejara, rozó su lengua y probó mi piel. Luego alisó mi cabello con sus dedos—. Será mejor que estés bien.

—Estaré bien. —El dolor ya menguaba. Todos habían hecho acerca de mi lesión un problema mucho mayor de lo necesario.

Una vez que Naruto se marchó, Ino cerró la puerta tras él. Ella, Konan y Tamaki se quedaron.

—Vamos a ver lo que tenemos aquí. —Mientras Konan se acercaba a la cama, traté de sentarme.

—Dra. Kav... —Mierda, olvidé que tenía que utilizar su nombre.

—Es solo Konan —dijo ella, sonriendo levemente—. Y en realidad no soy doctora, doctora.

Asentí, un movimiento que me provocó una mueca de dolor. —Lo siento.

—Muy bien. ¿Te sientes cómoda con dejarnos ver tu...? —Hizo un gesto vagamente hacia mi regazo.

Le di una pequeña sonrisa. —Una habitación llena de extraños tuvieron un contacto íntimo con mi vagina cuando di a luz. Creo que estoy bien con ello.

—H. no es precisamente tímida. Ni modesta. —Ino se sentó en el colchón junto a mí y me cogió la mano.

—Caray. Corres en topless por una playa una vez y de repente consigues la etiqueta indecente. —Rodé los ojos y apreté el dorso de su mano.

—En realidad —argumentó Ino con una sonrisa—, creo que eras tú riendo y gritando "Mira mis tetas'" lo que te hizo ganar la etiqueta de indecente.

Cuando Konan y Tamaki se miraron escandalizadas, suspiré. —En mi defensa, estaba muy borracha en ese momento.

—Oh. —Parecían entenderlo, lo cual me hizo preguntarme lo que ambas habían hecho en estado de ebriedad.

Me hundí en mi almohada al tiempo que Konan sacaba lentamente mis pantalones de yoga para revelar mi estómago. Tamaki avanzó más cerca, mordiéndose el labio. Ino también se inclinó para mirarme. Cerré los ojos, esperando lo mejor, pero temiendo lo peor.

El "¡Oh!" sorprendido de Konan me hizo abrir los ojos.

—Oh, Dios. ¿Qué?

Me sonrió con total tranquilidad. —No me di cuenta de que te quitaron las grapas.

Asentí. —Me las quitaron la semana pasada.

—Supongo que no he actualizado a Sai recientemente con todos los problemas médicos de Hinata —agregó Ino—. Estaba un poco más atrás en el tiempo cuando dijo que seguían allí.

—Bueno, parece estar sanando... bien. Quiero decir, no soy doctora- doctora, pero nada está abierto y no hay sangre, enrojecimiento ni hinchazón. Solo algunas contusiones de aspecto verdoso que se ve de unas pocas semanas.

Eso sería donde me golpeó Sasori.

Konan se mordió el labio. —¿Quieres que toque para ver si hay algo de dolor extra? —Sus dedos se acercaban lentamente hacia mi abdomen, pero se estaba encogiendo como si hubiera preferido sacar sus muelas del juicio.

Sonreí. —Yo lo haré. —Toqué mi línea del bikini. Aparte de lo habitual, me sentí bien. Tiré de mis pantalones de nuevo a su lugar—. Creo que estoy bien.

Cuando fui a sentarme, las tres chicas se acercaron a sujetarme.

—Tal vez deberías descansar un rato —sugirió Ino.

Abrí la boca para decirles que estaba bien, pero un alboroto en la puerta nos llamó la atención.

Apenas me había incorporado y deslizado mis pies en el suelo en el momento que Konan, Tamaki e Ino abrieron la puerta y salieron corriendo de mi habitación. Naruto gritaba algo, Kiba también, y tanto Sai como Nagato gritaban para que se calmaran. Suspiré y rodé los ojos.

Chicos.

—Naruto —regañé antes de que incluso llegara a la puerta. Encontré a Sai detrás, reteniéndolo por los brazos mientras que Nagato ponía su mano en el pecho de Kiba para mantenerlo alejado. Kiba tenía una marca roja muy nítida en su mejilla.

—¿Qué? —dijo Naruto, saliéndose del agarre de Sai para poder venir a mí—. Todavía respira.

Suspiré. —Simplemente no pudiste contenerte, ¿verdad?

—Si alguien te hace daño, yo también le haré daño. Eso es todo.

La sinceridad y emoción en sus ojos me hicieron tragar con anhelo. Si tan solo…

Negué con la cabeza. —Bueno, estoy bien, por lo que puedes dejarlo en paz. ¿Y dónde está mi bebé mientras que todos los chicos sienten la necesidad de pelearse?

—Aquí —dijo Gaara. Salió de la esquina donde había estado protegiendo a la bebé en sus brazos de toda la testosterona en la habitación. Se veía más grande con un bebé prematuro en sus brazos, pero la llevó con el máximo cuidado mientras la traía hacia mí y me la entregó.

—Ha estado durmiendo todo el tiempo. —Su voz era tranquila, como si tuviera miedo de despertarla, incluso después de la pelea a gritos que se produjo entre los demás chicos.

Le sonreí. —Gracias, Gaara.

—Fue un placer. —Se sonrojó y dio un paso atrás, enviando una mirada preocupada a Naruto, como si temiera ponerse en problemas por estar muy cerca de mí.

Naruto lo ignoró mientras ponía su mano suavemente sobre mi espalda y me dirigía de vuelta a mi habitación. —Vamos a llevar a las dos damas a la cama.

Intenté decirle que estaba bien, pero no quiso escuchar nada de eso. El hombre frustrado no quedó satisfecho hasta que me tuvo recostada en mi colchón con Sumire acunada contra mi pecho. Y aun así, se sentó en el borde de la cama junto a mí, luciendo desesperado mientras nos observaba.

Cuando respiró hondo mientras, lentamente, se acercaba y pasaba su mano suavemente sobre el cabello de Sumire, mi corazón se rompió por él, a pesar de que no tenía idea de por qué estaba tan triste.

—Oye. —Puse mi mano en su muslo—. ¿Qué pasa?

Agarró mis dedos y apretó. —Nada. Yo... —Negó con la cabeza y dejó escapar otro suspiro—. Tengo que irme. Fū todavía no contesta su teléfono. No puedo creer que ella tenga a Boruto fuera tanto tiempo. No es... —Sacudió de nuevo la cabeza—. Simplemente no es propio de ella.

Asentí como si entendiera, a pesar de que no entendía nada. —¿Por qué nunca me hablaste de su relación? —espeté.

Dudó y se negó a encontrarse con mi mirada. —¿Qué quieres decir?

—No tienes un matrimonio real.

Levantó la cabeza y se encogió, luciendo apenado. —Créeme, es real. Tengo un permiso firmado por un juez para probarlo.

—Pero no es real, real. No la amas. No tienes relaciones sexuales con ella. Nunca las has tenido. Y Boruto no es tuyo.

—¿Cómo...? —Inclinó la cabeza hacia un lado, de repente sospechoso—. ¿Cómo descubriste todo eso?

Dejé escapar un suspiro exagerado. —No importa cómo. Lo que importa es que nunca te molestaras en decirme nada de eso tú mismo. ¿Por qué no pensaste que merecía saberlo? Creí que éramos por lo menos amigos. Y sabías que siempre me sentía culpable por la forma en que... interactuábamos.

—Hinata… —Apartó la mirada; el tormento arrugó su rostro mientras se pasaba los dedos por su pelo. Cuando volvió a mirarme a la cara, expulsó un fuerte suspiro—. Somos amigos.

—Entonces... —Negué con la cabeza, confundida y herida—. ¿Por qué?

Abrió la boca. —Yo... me gustas —admitió como si fuera una especie de gran confesión.

—Está bien —dije lentamente—. ¿Eso no quiere decir que debes sentirte más cómodo compartiendo ese tipo de hechos conmigo? —Levantó la mano, como si quisiera decirme que tenía problemas para explicarse.

—Yo... quiero decir, si no estuviera atado a ella en este momento... si no estuviera... —Gimió y se pasó sus dedos por el pelo de nuevo—. Quiero ser más que tu amigo.

—Oh. —Tragué saliva. Oh, vaya.

Me miró fijamente, con arrepentimiento en sus ojos azules.— No puedo anular el matrimonio. Ella es una madre terrible. Me siento mal al admitirlo en voz alta, pero es la verdad, y me siento aún peor cada vez que tengo que dejar a Boruto a solas con ella. Nunca sé si se saltará su alimentación o cambiará su pañal o simplemente lo dejará en su columpio todo el día. Es por eso que estoy con ganas de llegar a casa. Y sí… cualquier cosa podría estar sucediendo. Si detengo este matrimonio, no tendré derecho a él. Básicamente ya no lo tengo, pero es mejor que nada. —Sus ojos se enrojecieron alrededor de los bordes mientras salía de la cama y se aclaraba la garganta—. Tengo que llegar a casa.

Llegó a la puerta antes de que yo reuniera bastante mis pensamientos dispersos para decir—: Naruto.

Se detuvo, pero se mantuvo de espaldas a mí, con la cabeza gacha.

—Lo entiendo —dije en voz baja.

Me miró, luciendo casi enfermo de arrepentimiento. Luego su mirada parpadeó con nostalgia hacia Sumire. —Cuídate, Lunita.

Y luego se fue.

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Continuará…