- Aquí tiene -
Dejando su libro de lado y apoyándolo en el suelo acomoda su espalda contra las almohadas detrás para quedar sentada lo más derecha posible en la cama. A su lado se cierne Romeo con una tabla en sus manos, sobre ella hay una taza con te, azúcar y un pedazo de tarta de fresa todo acomodado prolijamente, esa misma tabla es apoyada junto al cuerpo de la maga pelirroja.
Una vez abajo ella inspecciona con cuidado que todo esté en su lugar, se inclina hacia el costado para tomar un sorbo de su té, dulce justo como le gusta y en un punto medio entre estar caliente sin quemarle la lengua.
- Gracias, ya puedes sentarte –
Escuchando un tono satisfactorio Romeo suspira y toma asiento a los pies de su maestra- No puedo creer que me hayas hecho ir a buscar todo eso con este traje puesto –
- ¿Eso es una queja? –
- No… maestra –
Levantando la taza una vez más Erza observa su posesión, lleva puesto una camisa negra con saco del mismo color por encima y unos pantalones de vestir también del color de su cabello, la luz refleja una ligera sombra morada en todo el atuendo exterior, se ha sacado los guantes que le ha dado para poder preparar todo más fácilmente.
- Me perteneces, es normal que yo decida que lleves puesto, ese es un traje apropiado para servir a tu maestra – Le dice antes de hacer una pausa para otro trago, se mueve para dejar la taza en su lugar y tomar la tarta - Además, si me preguntas, te vez más guapo así… más profesional –
- Siento que estoy enlatado ¿Al menos puedo quitarme el saco? –
- De acuerdo, solo porque has cumplido –
Y así lo hace, deshace los botones y luego saca sus brazos de las mangas, deja el saco sobre la cama.
Hay solo un breve silencio antes que las intenciones de la pelirroja se hagan notar, Romeo clava sus ojos en el techo hasta que algo rosa su entrepierna de manera circular, no es nada sutil. Erza le sonríe mientras el talón de su pie juguetea con él. No es necesario que haga demasiado antes de que su hombría comience a hacerse notar debajo del ajustado pantalón negro, esto le causa una sonrisa a la pelirroja quien continua comiendo discretamente como si nada pasara.
- Tal vez, después de que termine, puedes servirme de otra manera… -
- Por supuesto que sí, este traje no iba a salir barato –
- Parece que tienes ganas de hablar hoy ¿Qué tal si me siento en tu cara para hacerte callar? –
Las veces que lo ha hecho juega con la respiración de Romeo - Preferiría que no… -
Hábilmente Erza continua usando su pie sobre Romeo, usa sus dedos para buscar sitio debajo de su cinturón y logra tocar la cabeza de lo que él intenta ocultar, lo presiona suavemente con su piel desnuda. Mirando hacia abajo el muchacho solo puede quejarse, sus manos apoyadas detrás de su cuerpo, si ella quiere jugar así con él lo único que puede hacer es dejarla.
- Da la vuelta y hazte cargo de tus pantalones –
Romeo obedece, con ambas rodillas sobre la cama da la vuelta para estar de frente a su maestra, deshace el botón de sus pantalones de vestir y baja el cierre dejando ver su ropa interior y un erecto miembro formando una carpa debajo. Erza deja de lado lo poco que queda de su pastel y trae su té una vez más ya acercándose al final de su merienda, apoya de nuevo ese invasivo pie.
Sus movimientos son sutiles pero él los siente hasta en el último centímetro de su cuerpo, el talón contra sus bolas, los dedos tomando su hombría entre ellos y apretando con suficiente fuerza para darle un susto. Mira hacia adelante subiendo por esas palidas piernas desnudas hasta el ensombrecido lugar entre ellas bajo la falda azul de su maestra, debería haber ropa interior allí pero no la hay, mientras juega con él se expone para ayudar con la circulación de su sangre.
Puede escucharla tomando su te apaciblemente, con su sonrisa seductora, su único ojo oscuro puesto sobre él para analizar cada reacción, notando como su respiración se agita.
El muchacho se mueve hacia adelante para apoyar sus manos en los muslos de su maestra pero el destino le juega una mala pasada.
La puerta suena, alguien golpea.
Rompiendo totalmente con la atmosfera ambos magos se miran entre ellos, nadie dice nada obviamente, es la casa de Romeo y Erza no debería estar allí sin razón, mucho menos manoseándolo de esa manera.
- ¡Romeo! ¡Soy Ren! – La voz del muchacho herrero se escucha clara del otro lado de la puerta.
- ¡Ya voy! –
Erza dispara una mirada asesina a su mascota, él solo se encoge de hombros, no hay más remedio que dejarlo entrar ahora que ha hablado, en el fondo se arrepiente un poco de hacerlo.
Acomodan rápidamente la escena, Erza se esconde dentro del baño mientras Romeo vuelve a subir sus pantalones, acomoda la cama y pone la tabla con la merienda encima cerca del sector de la cocina para disimular, todavía tiene un gran problema entre sus piernas que no va a calmarse pero afortunadamente puede esconderlo bastante bien.
La puerta se abre y efectivamente Ren está allí, su ropa sencilla tiene un delantal de color oscuro encima que señala que ha salido del trabajo hace un rato, le sonríe como un chiquillo y lo saluda con la mano, Romeo le responde con una sonrisa forzada.
- ¿Qué haces aquí? –
- Hoy terminamos temprano, mi jefe tenía que irse de viaje así que comienzan mis mini-vacaciones de una semana – El chico moreno levanta su mano derecha con una bolsa de dinero en ella – Y me ha pagado por adelantado así que podemos hacer de todo esta semana –
- Ah… ¿Y por qué venir aquí? –
- Quería decírtelo a ti primero… oye… ¿Eso es un traje? –
De un salto hacia atrás Romeo involuntariamente deja entrar a su amigo, mientras la puerta es cerrada él se sacude como si sacarse el traje de algún modo evitara toda la situación, termina por rendirse todavía con cara de terror.
- Es que… he decidido cambiar un poco mi imagen ¿Te gusta? –
- Bueno, si te ves más profesional –
Romeo acomoda su camisa color negro y busca su chaqueta sobre la cama, sigue allí descansando, mientras va a colgarla sobre un gancho junto a la puerta suspira, ahora solo debería mantener a Erza escondida en el baño y…
Erza está escondida en el baño, no puede salir si Ren se queda todo el día.
Para echarlo primero debería darle una explicación pero ahora mismo no se le ocurre nada, voltea para al menos tenerlo ocupado cuando ve al chico herrero inclinado sobre una mesada en la sección de la cocina, ha tomado la misma cuchara que su maestra estaba usando y está a punto de hincarle el diente a su tarta de fresa.
- ¡Oye! ¡¿Qué haces?! – Grita de repente llamándole la atención, nadie debe tocar nunca el postre de Erza, especialmente si ella está tan cerca.
Ren inclina su cabeza, revisa la cuchara un poco y luego el pedazo de tarta, finalmente asiente como si entendiera algo - Oh, tienes razón… estoy hecho un asco ¿Te importa si paso al baño? –
- ¡No! –
Usando toda la agilidad disponible dentro de un traje tan incómodo Romeo salta y se interpone entre Ren y la puerta del baño, abre sus brazos, su salto casi hace que sus cabezas choquen.
- Estas actuando raro, viejo –
- Oye, no, el baño está roto, hay que hacer reparaciones ya que el agua no corre –
- Ya veo… -
Ya sin poder soportarlo más Romeo le da una palmada en el brazo a su amigo – Escucha, tengo cosas que… -
Pero no puede terminar su frase, se ve interrumpido por el lento crujido de la puerta del mismo baño abriéndose, de adentro por supuesto sale caminando la conocida pelirroja, su cabello ligeramente mojado y su ropa completamente arreglada. Voltea hacia los dos chicos, Romeo la observa intentando no golpearse la cara con fuerza mientras su amigo Ren solo cruza los brazos.
Entonces hay un momento donde los tres están paralizados, casi pareciera que Erza está a punto de salir corriendo avergonzada,
- Gracias por prestarme tu baño, Romeo –
Los mira por encima totalmente petrificada, su voz se parece más a la de un niño pequeño intentando leer por primera vez, forzada y pausada. Podrá ser muchas cosas pero Erza no es buena actriz…
- Creí que el baño estaba roto – Ren agrega, haciéndolo todo peor.
- Parece que me… confundí… - Romeo hace un esfuerzo para disimular la situación y busca un lugar junto a su amigo para presentarlo – Ren ella es Erza –
- Ya sé quién es – Responde el muchacho en un susurro.
- Y yo he escuchado de Ren, el muchacho que suele visitar a nuestra joven compañera Wendy ¿No? Espero que se estén llevando bien… -
Aunque intenta comenzar una charla parece que ahora habla con un tono más amenazante, probablemente se haya olvidado de porqué está ahí en favor de conocer al mencionado chico de piel morena, Erza cruza los brazos mientras él intenta decirle que todo está perfecto y evitar esos ojos oscuros asesinos.
- Wendy nos ha contado que trabajas en una herrería –
- Soy aprendiz en realidad, no es mía –
- Tal vez algún día podremos hacer un trato, siempre necesitamos armas o esas cosas para nuestros miembros más nuevos –
- Si, señora, me encantaría –
Romeo aprovecha el breve silencio entre ellos para toser llamando la atención de su maestra, a esto le sigue otro silencio incomodo antes de que ella golpee sus manos en un aplauso.
- De acuerdo, debo irme a hacer cosas de trabajo, espero verte luego en el gremio Romeo para… trabajo –
- Ya, sí, claro –
Sin mucho más que agregar la pelirroja finalmente se despide asintiendo discretamente, da la vuelta y sale por la puerta a una velocidad que podría confundirse con decisión cuando en realidad quiere salir de ahí antes de que se levanten sospechas. Romeo la sigue unos pasos y cierra la puerta con fuerza, una vez cerrada apoya su mano contra la madera y da un suspiro de alivio, detrás Ren se acerca con su cabeza ladeada y una sonrisa que crece mas segundo a segundo.
Romeo cree que se ha salvado pero su cara vuelve a ser una de pánico al notar esa misma sonrisa.
- No… no lo digas… -
- ¡Te estas tirando a tu jefa! –
Y con esa frase logra poner al joven mago completamente rojo, salta a su lado para taparle la boca y chistarle para salvar sus vidas.
- ¡Cierra la maldita boca! – Le dice en una mezcla de susurro y grito desesperado.
- ¿Por qué no me dijiste que la chica especial era Erza Scarlet? ¡Viejo! ¡Y creíamos que eras asexual o algo así! –
- Si no te dije era para salvarte… espera ¿Quién creía eso? –
- No es importante –
Intentando calmar la situación Romeo se toma un momento para poner sus pensamientos en orden y luego procede a explicarle todo a su amigo ya más tranquilos ambos sentados alrededor de la pequeña mesa de café, explica que Erza es solo una relación que no tiene nada que ver con el amor y la chica de la que hablaba hace semanas era otra, no dio el nombre por si acaso.
Ren asiente durante la mayoría de la explicación, su cara adopta una expresión seria como si le estuviesen explicando química avanzada, su sonrisa malévola vuelve a aparecer al final.
- Pero entonces si te estas tirando a tu jefa ¡Y la jefa de Wendy también! –
- Escucha, Ren, va a matarnos si se entera que tú sabes… -
Aunque todavía feliz el muchacho parecer darse cuenta de lo obvio – Cierto, no te preocupes, no pensaba decir nada –
- Gracias –
Una vez resuelta la situación Romeo puede calmarse un poco, relaja sus hombros y hunde su cuerpo en la silla, incluso si alguien lo sabe al menos es uno de sus amigos, un error así frente a alguien del gremio que no sepa guardar secretos (Que eso incluye a cualquiera) y todo acabaría, su reputación y la de Erza arruinados.
Mantiene sus ojos cerrados por un buen rato hasta sentir un brazo rodearlo, abre su ojo derecho para encontrar a Ren inclinado junto a su silla.
- Eres mi hermano de otra madre, Romeo, mi amigo, mi camarada… -
- Ya entendí, Ren –
- Mi pana, mi compañero, el mango de mi espada – Parece que sus cumplidos terminan ahí pero aclara la garganta antes de seguir – Por eso quiero que me cuentes como es… -
- ¿Cómo es…?-
- Con Erza, viejo –
Y así de fácil su tranquilidad desaparece, endereza su espalda y se desprende de ese abrazo 'amigable' poniéndose tan rojo como el cabello de la mujer en cuestión, su cara parece echar humo solo de pensar en hablar de sus encuentros especialmente los que lo incluyen siendo humillado.
- ¡NO! –
- ¿Cómo que 'No'? ¡Tienes que contarme! Es… terapéutico o algo así –
- ¿¡P-por qué querrías saber eso!? ¡Tienes novia! –
- Oye, la curiosidad nunca mató a nadie –
Romeo entierra su cara en sus manos escondiendo su rubor - Mátame, mátame ahora… -
Mientras tanto Ren solo asiente poniendo su mejor cara comprensiva, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no reírse – Tranquilo, campeón, tenemos todo el día para que me lo cuentes -
Casi un mes desde que actualicé por ultima vez, me disculpo profundamente por ello, perdí parte del documento y tuve que volver a escribirlo, luego tuve un bloqueo bastante largo. u^^
Espero sepan perdonar, me alegra ya volver a regularizar un poco, he planeado varios capítulos adelante así que prometo que la próxima actualización será mas ágil.
Será todo un festín ;)
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Nos leemos pronto!
