Es una noche fría, demasiado fría para dar vueltas por el gremio una vez todos se han ido pero Romeo no tiene otra opción, esa misma tarde recibió una carta en su mesa indicándole que, una vez todos se fuera, tiene que pasarse por el baño de mujeres. Fue una petición muy directa, no hay otra manera de interpretarlo a parte de una de las jugarretas de Mirajane para divertirse, aunque ya ha sucedido antes todavía siente algo de vergüenza al pensar en lo que le espera.
A veces olvida completamente que ella puede ser una verdadera pervertida cuando se lo propone, y le ha contagiado, se pregunta también si fue así con sus otras parejas, el único que conoce es Laxus y él no parece que fuera a sonrojarse como Romeo.
Recuerda la última vez que quedaron en el gremio hasta tarde, el asunto donde Lucy casi los descubre, de solo pensarlo ya siente que la sangre circula por su cuerpo hasta cierto lugar.
- Cálmate, conociéndola podría estar haciéndome una broma también, no subas tus esperanzas –
Mirajane es experta en muchas cosas, hacerse la desentendida es una de ellas, no faltan las ocasiones donde le convence de hacer algo que parece erótico cuando en realidad no lo es en lo más mínimo.
La puerta para entrar en el baño de las mujeres está entreabierta, dejando salir hacia afuera una tenue capa de vapor por la cantidad de calor dentro, Romeo se acerca a hurtadillas tratando de no captar la atención si es que Mirajane no está ahí, solo escucha a una persona bañándose. La voz es inconfundible, tarareando una canción en silencio mientras refriega una esponja sobre sus propias piernas dándole la espalda a la puerta por donde él espía.
Entre la neblina y el calor está su silueta, blanca como la luna apenas iluminada bajo el brillo de las linternas rusticas que dan ese color anaranjado a la habitación por la noche, su espalda es amplia y fornida pero delicada a la vez, cubierta por un largo velo rojo humedecido y lacio al haber sido cepillado recientemente.
Romeo está hipnotizado con la vista, no es Mirajane pero es alguien igual de importante y hermosa a su parecer, su figura esbelta se ladea hacia un lado y hacia el otro ocupándose de limpiar esas partes invisibles por el ángulo en el que se arrodilla.
Y de repente, un agujero marrón en la neblina.
Con su cabeza hacia un lado mirando sobre su hombro la pelirroja le dedica la más fría de las miradas, ni todo el calor saliendo de la habitación podría salvarlo del escalofrío que sintió al verle. Hay un silencio que podría dejar en vergüenza a un velorio lleno de mudos, claro, la están espiando y Erza no está precisamente de buen humor estas últimas semanas, tanto trabajo y tanto reniego con sus subordinados, ahora tiene un momento a solas para relajarse y Romeo la interrumpe.
Él apoya una mano en la puerta y la cierra completamente, al menos le hará el favor de evitar que se escape el calor.
- ¿A dónde vas? –
Al menos esa era la idea hasta que un tono casi demandante le llama, con la mano firme en la perilla Romeo se apoya en la puerta de madera.
- No quería… i-interrumpirte –
- Pasa –
No hay muchas otras opciones, irse seria quedar como un cobarde, abre la puerta y se interna en el baño, inmediatamente siente el calor a su alrededor atrapándolo. Afortunadamente vino ligero de ropa, imaginaba que estaría adentro del baño de todas formas, afuera hay frio y sufrió hasta llegar.
- Erza… -
- ¿Qué necesitas? –
Necesitar, de necesitar no necesita nada, ni siquiera ha venido por ella pero decirlo de esa manera seria más que un suicidio. Levanta la mirada, la mujer vuelve a sus propios asuntos de higiene guardando silencio, esperando la respuesta, sus palabras suenan ásperas y cansadas, irritada, como si todavía estuviera en el trabajo.
Incluso si vino por otro motivo, mal no le hará preocuparse.
- ¿Estás bien? Han sido unas semanas… duras –
- Estoy bien, solo un poco de trabajo –
Suena tan cortante, si está intentando relajarse entonces quiere olvidar del trabajo, Romeo le sigue recordando sin notarlo y ahora quiere darse un buen golpe en la cabeza.
Si pudiera ayudarla…
La última vez que estuvieron juntos completamente y sin interrupciones fue esa alocada noche donde tuvo que dominarla, recuerda que ella estaba feliz al otro día, en un humor que no la ha visto desde entonces. Tantas responsabilidades y tanto dar órdenes deben comenzar a pesar en la mente de la maestra, ahí entra Romeo como alivio pero estas semanas no ha habido anda de contacto entre ellos.
Él toma la decisión por ambos, se desprende de su calzado y baja sus pantalones, deja su camiseta atrás cruzando la habitación en nada más que su ropa interior. Sus pies desnudos hacen ruido sobre el piso mojado debajo y ella le escucha, no hace ni un movimiento hasta que lo siente cerca, su aura candente de fuego irradiando sobre su espalda, se siente bien, como su pequeño radiador viviente.
- Déjame ayudarte, al menos – Esa voz tímida, nunca dejará de estar presente pero Erza ama escucharlo intentando hablar como todo un dominante macho.
Sin una sola palabra ella se inclina hacia adelante mojando la esponja en el estanque de agua caliente frente a ellos, la espuma se disuelve y se vuelve a formar cuando aprieta una vez más, Romeo extiende su mano y toma la esponja con cuidado.
El agua caliente cae en su espalda seguida de la áspera pero relajante textura de la esponja, acompañada de toda la espuma y las burbujas que se agregan con cada movimiento, Erza cuelga su pelo sobre uno de sus hombros dejándose totalmente expuesta, arrodillada de espaldas mientras siente el cariño y el cuidado de Romeo. No es un masaje profesional pero aun así le llega a lo más profundo, sus músculos pierden su tención y sus hombros bajan de su defensiva posición, levanta su mentón, sonríe dejando salir un grave y alargado gemido.
Detrás Romeo no puede achicar sus ojos a un tamaño menor, su mirada es insegura, su cara entera está roja y no por el calor.
- Me preocupas demasiado a veces, Erza –
- Romeo… - Su nombre, ella lo dice como un susurro lleno de necesidad, Romeo siente como ella le toma una de las manos y lo dirige alrededor de su cadera – Extrañé tu toque –
Si pudiera contestarle sin hacer el ridículo lo haría, pero se limita a seguir el camino sin que ella le ayude, sus dedos se arrastran por la piel húmeda llegando hasta el hueso que sobresale en su cadera, sigue moviéndose hasta apoyar la palma de su mano sobre el vientre desnudo de la pelirroja. Bajando entre esas piernas apenas abiertas rodea la flor prohibida con sus dedos, sin tocarla directamente y solo a la piel alrededor, esto es lo suficiente para que Erza deje salir un suspiro de alivio y expectativa.
La esponja se mueve buscando un lugar a la izquierda, por debajo del brazo, lava sus curvas y se mueve sobre ella de manera lenta y meticulosa, le hace cosquillas al llegar debajo de sus senos.
Romeo se deja llevar por el momento, olvidando por completo todo para dejar caerse en el calor y el sentimiento de placentera compañía, su cara se acerca a la de Erza por detrás y planta un beso en su cuello, ella inmediatamente se inclina hacia el lado contrario riendo silenciosamente.
Pronto su risa es reemplazada por algo más, esa esponja deja caer su espuma sobre su pecho izquierdo, levando y raspando hasta llegar a la punta de su pezón donde parece detenerse antes de volver a repetir el movimiento, siguiendo esa curva desde su clavícula hasta esa punta rosa que se endurece con cada segundo.
- También extrañé jugar contigo – Le responde por fin en voz baja, su respiración agitada por la falta de aire fresco – Y hacerte feliz –
- ¿Ah sí? ¿Solo eso? Sé un poco más honesto conmigo… -
Su respuesta no son palabras, unos dedos encuentran su camino dentro de Erza penetrando entre sus labios rosas tan necesitados, con este movimiento y con un leve apriete alrededor de su seno izquierdo logra que ella comience a gemir, así de fácil. Romeo lo disfruta todo, no solo por ella sino por él, disfruta escucharla ahogarse en el placer que él le da, le hace sentir calor y una sensación de orgullo, pensar que ella se derrite en sus manos aunque sea por unos minutos.
Sigue moviéndose en ambos frentes y no tardan mucho en encontrarse perdiendo la cabeza el uno por el otro, será por el calor a su alrededor que se mezcla con el olor a sudor y querer, será que sus cuerpos se frotan completamente mientras él continua dándole placer, muchas razones se juntan para hacer que comiencen a expresarse más genuinamente. Erza se inclina hacia atrás descansando sobre el pecho de Romeo, él sigue sus movimientos haciéndolos más rápidos y más íntimos, continua castigando esa entrada no virgen causando que ella siga temblando y gimiendo en voz baja.
Todo se vuelve confuso, oculto entre una niebla que parece hacerse más densa conforme avanzan, en algún punto sus juegos casi logran llevarla más allá de su límite y ella lo aparta de un empujón a su brazo.
Erza da la vuelta, completamente tomada por sus propios sentimientos y su necesidad, trae al muchacho más cerca para atraparlo en un beso, uno que no dura tanto.
- Creo que voy a morirme de calor, en serio –
Erza le dice, su respiración agitada mientras se separan de un beso ajetreado y descordinado, ambos completamente desnudos y mojados tanto por la atmosfera como su propio esfuerzo de mantenerse en el sauna con sus juegos.
- E-espera… - Romeo le sonríe, su lengua afuera cual perro, también tiene demasiado calor como para hacer otro movimiento por lo que decide actuar.
De su espalda se despiden una serie de llamas color celeste que flotan en un círculo alrededor de ellos, la niebla se disipa en ese círculo y el agua en el aire se enfría, gracias a un proceso llamado 'condensación' los dos amantes se encuentran atrapados en una lluvia que solo los ocupa a ellos.
- Que hábil –
Todavía con calor pero capaces de respirar comparten una corta mirada, una sonrisa mutua, dos amantes que no se aman pero aun así disfrutan aliviarse mutuamente. Han tenido encuentros mucho más agitados, picaros, calientes y escandalosos, pero nunca algo tan íntimo donde estuvieran en perfecta sintonía.
Volviendo a su beso alocado Erza le empuja hacia atrás con fuerza, la espalda de Romeo termina de mojarse al entrar en contacto con el piso del baño pero ignora ese frio aferrándose al calor de la ardiente pelirroja sobre él. La lengua de Erza, tan mordaz y mortal, filosa y precisa como una de sus espadas, se interna en él volviéndole loco, jugando como si solo fuera un accesorio o un dulce para saborear. Dos manos pálidas bajan por el abdomen del muchacho, cada protuberancia, cada marca de su trabajo, cada cabello erizado apenas visible, siente todo en su trayecto hacia su zona más secreta donde finalmente choca con algo que ha mantenido su dureza desde hace rato.
- Espero que Mira no te haya drenado – Agrega ella con una risa grave antes de sentir como es empalada y tensar los músculos de su cuello dejando salir un largo gruñido, su cuerpo se desliza hacia abajo hasta encontrarse completamente unidos.
Dulce sentimiento, ambos suspiran casi al mismo tiempo dejando ir todo, volviendo a su costumbre tan prohibida y secreta. Por un rato ambos se callan dejando que lo que no son palabras inunden la mojada habitación, gruñidos, gemidos, jadeo, hasta algunos gritos reprimidos mientras la belleza pelirroja se mueve arriba y abajo, los ojos marrones de Erza concentrados en el cuerpo de Romeo y su propio movimiento, mientras él la observa hipnotizado. La intensidad inicial desaparece, esto es suficiente para que él se dé cuenta de que está dejándose llevar y debería hacer algo al respecto, ya no es el mismo de antes, ahora quiere intervenir aunque el orgullo de Erza no le deje admitir que ya está cansada de rebotar en el mismo lugar.
Sentándose de repente la sorprende, sus cuerpos húmedos se encuentran a la mitad, completamente unidos, en la pasión del momento lo único que Erza hace para recibirlo es darle un abrazo y juntar sus labios con él mientras intenta seguir con su movimiento, pero colapsa hacia atrás.
Empujada por Romeo su espalda siente el frio del suelo y eso le arranca un gemido femenino pocas veces escuchado, la voltea hacia un lado haciendo gala de una fuerza digna de un mago de su edad, se acuesta detrás abrazándola todavía justo debajo de sus senos y vuelve a introducirse en ella. Una posición donde están en completa sintonía, Erza lo siente jadeando detrás de su oreja, gimiendo sin poder contener su excitación y se alegra puesto que desde aquí ella también puede dejarse llevar sin ser vista, las caderas de Romeo golpean contra su trasero una y otra vez con más y más velocidad.
Su magia desaparece, las llamas que evitaban el calor ya no están y el panorama vuelve a ser envuelto en un velo de vapor.
Romeo continua su encrucijada para conseguir su climax, sin darse cuenta que su propia impaciencia le haría salirse de Erza, intenta reacomodarse pero encuentra su herramienta atrapada entre las piernas de la muchacha, sus muslos suaves y mojados por sudor se refriegan contra él y son lo que necesita para terminar derramando su contenido en el suelo del baño.
El entusiasmo muere de su parte, con su miembro palpitando y manchando esas piernas pálidas ligeramente también.
- No podía dejar que me ensuciaras… acabo de bañarme – Ella le dice, jadea y se ríe de su propia regla impuesta, siente un cosquilleo entre sus piernas que es difícil de calmar pero escuchar los quejidos en voz baja de su mascota lo vale – Unas semanas alejado de mí y te vuelves… -
Un agarre firme.
- Erza… -
- ¿R-Romeo? –
Detrás de ella Romeo la atrapa, uno de sus senos presionado con fuerza mientras que la otra mano encuentra un fácil acceso para deslizarse entre esos labios rosas mojados y ardiendo de necesidad.
- Dije que iba a hacerte feliz, y también quiero escucharte gritar –
Lo que le siguió fue algo que ella enseguida se arrepintió de enseñarle, aumentado por el duro tratamiento de su amplio pecho, un enorme placer la golpea cuando Romeo comienza a mover sus dos dedos en el interior, enterrados hasta los nudillos apenas se retira sino que mueve su mano entera en un movimiento similar a la vibración, mientras su pulgar hace presión en el botón sobre todo eso, Erza no tarda en volverse loca. Sus pies inmóviles, enredados con él, sus brazos incapaces de hacer nada, solo abre la boca y deja salir unos gemidos impropios de una mujer de su altura, algo que una mascota no debería escuchar de su maestra, una voz teñida en la necesidad de llegar a su propio orgasmo. Pronto su cuerpo pierde el control, los dedos de sus pies buscan cada uno su propio lado, sus pies se enredan mas en los ajenos, su voz pierde la intensidad y ella enteramente se agita en breves intervalos, deja salir unos gemidos que harían poner rojo al más pervertido del gremio mientras sus ojos ruedan hacia atrás y, finalmente, se deja morir por unos segundos.
En algún momento la dejó ir, ella respira temblorosa en el suelo, su cara ocupada por una amplia sonrisa.
- Así que en e-estas… semanas te crecieron ag-gallas – Le dice en un tono bastante burlón.
- Comencé a tomarme más en serio lo que dijiste sobre conseguir lo que quiero, ser algo más egoísta –
- Me alegra –
Ella se sienta, Romeo observa su espalda pálida y le regala, en silencio, una caricia circular a través de esa piel mojada, limpia y sucia a la vez.
- Pero no olvido nuestros papeles, Maestra –
- Eso también me alegra – Erza le mira por sobre su hombro – Al igual que el hecho de que hayas decidido unírteme, adoro la espontaneidad –
- Ehm… sí, claro…. –
A pesar de verse dudoso eso no llama la atención de la pelirroja, ambos vuelven a lo que hacían antes y terminan su baño en paz, todavía sintiendo el calor de su encuentro, disparándose miradas coquetas, toqueteando cuando se encuentran cerca y hasta dándose un cándido beso antes de separarse una vez terminado el baño. Romeo queda con algo en la mente…
¿Fue todo un plan de Mirajane desde un principio?
Vaya, ha pasado... mucho, meses, desde mi ultima atualización.
Me disculpo por la tardanza, una mezcla de otras responsabilidades y falta de ganas me pudieron y terminé por olvidar de esta historia. Ahora he vuelto, aunque tal vez no actualice tan rapido como antes quiero seguir con esta historia, la enorme cantidad de apoyo que recibe lo vale.
¡Muchas gracias pervertidos y pervertidas de !
