(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.
Capítulo I
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Once años atrás
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Siguiendo a su padre de cerca por el sendero del parque aquella tarde de primavera, el joven Gray observó que había pocas personas a aquella hora de la tarde. Silver Fullbuster parecía nervioso, algo que lo inquietó profundamente, ya que su padre siempre mantenía la compostura hasta en las peores situaciones.
-Hoy quiero presentarte a alguien- le confesó con voz seria, intentando aparentar tranquilidad.
Se dirigieron hacía la zona de juegos infantiles, donde una mujer jugaba en los columpios con su pequeña hija, quien reía animada al ser impulsada a lo alto.
En cuanto la mujer los descubrió avanzando hacia ellas, sonrió con una dulzura que extrañó a Gray, pero debía admitir que lo reconfortó de una manera que no sabía describir. A su lado, su padre parecía aún más nervioso, ocultando sus manos inquietas en los bolsillos de su pantalón. La mujer de largo cabello azul ondulado extendió su mano a su pequeña, quien bajó de un salto del columpio y ambas caminaron en su dirección.
-Llegaron, Silver-kun- su sonrisa era aún más hermosa. Parecía un ángel caído del cielo.
-Disculpa la demora, Kristal- se disculpó Silver, frotando ligeramente la piel detrás de su cuello.
Fue entonces cuando su padre le presentó a Kristal y su tímida hija Juvia, quien trataba costosamente de ocultarse tras las piernas de su madre.
-Silver-kun siempre habla orgullosamente de ti, Gray- le aseguró cerrando sus ojos azules, volviendo más dulce su expresión.
El pelinegro no respondió, bajando la mirada ligeramente sonrojado. Fue entonces cuando cruzó mirada con la pequeña, quien lo observaba con idénticos mares azules, para luego mirar a Silver.
-No sea tímida, Juvia- la animó dulcemente su madre, moviéndose ligeramente para dejarla sin su escondite- Silver-kun quiere conocerte hace mucho tiempo.
-Es cierto, Juvia-chan- le sonrió el pelinegro mayor, colocándose de cuclillas para así estar mejor a su altura- Kristal me ha contado que te encantan los chocolates, por lo que quería invitarlas a tomar uno está tarde.
La pequeña peliazul asintió en silencio, mirando nuevamente a su madre en búsqueda de aprobación. Por su parte, Gray sólo suspiró incómodo mientras los cuatro se dirigían hacía una de las cafetería más hermosas frente al parque de Magnolia.
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Presente
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Aquel sábado por la mañana, Gray observó con nostalgia la última fotografía familiar, cuando papá había ganado el campeonato con su equipo de la liga local de béisbol, en aquel mueble de la sala de estar.
Comprendía hoy lo difícil que había sido para él presentarle a su nueva pareja, aún cuando no había sido demasiado esfuerzo para la dulce Kristal ganarse su solitario corazón.
En aquel entonces, todavía sentía la falta de su propia madre, Mika, quien había muerto cuando sólo tenía cinco años. No dudaba que su padre la había amado con devoción y haya sufrido su prematura muerte tanto como él. Pero el último deseo de su madre había sido que siguieran adelante y Silver había tratado de cumplir con su palabra.
Con la llegada de Kristal a la vida de su padre, le había regalado nuevamente una relación madre-hijo que aún atesoraba sinceramente, a pesar de las trabas que él mismo le había puesto tontamente en el camino. Ella jamás se había rendido ante su inmaduro rechazo hasta que, dos años después del casamiento con su padre, tuvieron una sincera charla en la que Kristal le había asegurado que nunca intentaría ocupar el lugar de Mika y que sabía que para él era importante mantener vivo su recuerdo. Para probar su palabra, aquella misma tarde habían colocado una fotografía de su hermosa madre entre los retratos familiares en la sala de estar, siendo observados atentamente por un sonriente Silver.
Pensándolo en perspectiva, quizás el problema de su reacción hostil había radicado en la rápida aceptación de Juvia a Silver, ya que hasta ese momento, la pequeña había carecido de una figura paterna. Su padre biológico se había desentendido abiertamente de Juvia para formar otra familia en el extranjero, desinteresado completamente en su vida. Por aquel indignante hecho, Silver se había propuesto enérgicamente brindarle a la pequeña peliazul todo el cariño que se le había negado egoístamente, recibiendo como recompensa el amor incondicional de la niña.
Había sido realmente duro, un años atrás, recibir la llamada de la policía que le que anunció que sus padres habían muerto en aquel accidente aéreo, camino a su merecido viaje de aniversario.
Alejando momentáneamente sus pensamientos del pasado, dio un trago a su taza de humeante café y se dirigió a la cocina para preparar el almuerzo aquel sábado. Sin percatarse, pasaron las horas rápidamente y observó en su reloj de pulsera que ya casi era la hora de la comida y Juvia aún no se había despertado.
Suspirando, dejó el almuerzo servido en la mesa y se dirigió hacía el primer piso, donde estaban las habitaciones. Sin llamar a la puerta, Gray entró silenciosamente, observando a la peliazul que dormía despreocupadamente en su cama.
Otra cosa de la cual se arrepentía después del accidente, era la mala relación que tenía con su hermanastra. La mayor parte de la culpa recaía en él mismo, ya que cuando niño había rehuido de la melosa pequeña que lo buscaba insistentemente. Tan afectuosa como su madre, Juvia intentó siempre agradarle, pero él tenía un carácter serio y soberbio que chocaba con su gentil, cariñosa y estridente forma de ser. Más de una vez había recalcado, frente a ella, lo insoportable que era tener que aguantar sus interrupciones cuando estaba reunido en casa con sus amigos o rechazaba abiertamente sus gestos de afecto, alejándola con cualquiera excusa que encontraba, como si fuera la peste. Pese a tener sólo cuatro años de diferencia, Juvia lo había idealizado de tal manera que le había resultado asfixiante.
No obstante, cuando ella había cumplido los trece años, dejó de intentar agradarle después de que le había gritado cruelmente, ya que por su culpa su padre se había percatado que se había escapado de su castigo para ir a la fiesta de cumpleaños de su novia de entonces, Ultear, dejando caer su ira sobre él.
Suspiró sintiéndose culpable, ya que tiempo después se había marchado de casa para ir a la universidad, sin saber más de su hermanastra. Dos año más tarde, recibió la llamada que le cambió su vida por completo, dejando la costosa universidad en Crocus para hacerse cargo de ella, quien aún estaba en el instituto. Para cuando regresó a su hogar de la infancia, Juvia parecía una fría estatua sin emociones respecto a él. Todo el funeral lo había esquivado categóricamente, permaneciendo en silencio junto a los cajones rodeados de flores, fingiendo que no existía. Pero, cuando habían estado por fin solos en su triste hogar, la peliazul se encargó de aclararle que no le interesaba tener una buena relación con él ya que lo consideraba un idiota. La frías palabras con las que se había expresado le habían parecido extrañas ante el recuerdo de la dulce niña de su pasado.
La observó detenidamente, deslizando su mirada por todo su largo y curvilíneo cuerpo. Otra cuestión que atormentaba su conciencia era que, al volver, no se había encontrado con la infantil niña de trenzas y delgada complexión. Juvia había crecido y se había vuelto una mujer aún más hermosa que su madre, con un cuerpo que llamaba poderosamente la atención de todos a su alrededor, desarrollando una feminidad que pocas veces había visto en su vida. Entendió entonces las quejas de Silver quien, cuando hablaban por teléfono durante su estancia en la capital, le comentaba lo consternado que estaba al ver a su pequeña niña rodeada siempre por mocosos que trataba de cortejarla. Él había subestimado sus quejas, pensando que se había vuelto celoso de su pequeña con el tiempo y exageraba como cualquier padre con una hija adolescente. Lo que su progenitor no había notado, pero él si al regresar, era que también despertaba el apetito de hombres mayores.
Cortando sus indebidos pero recurrentes pensamientos, caminó hacía las ventanas cerradas por sus cortinas color arena y las abrió para que entraran los rayos del sol. Molestada por la luz, Juvia se removió en su cama haciendo que las sábanas descubrieran aún más su cuerpo, dejando ver aquella camiseta blanca con líneas azules de béisbol, perteneciente al equipo amateur de su padre, los Demons, con la que le gustaba dormir.
-Juvia, ya es hora de almorzar- sentenció serio, tratando de distraer su mente de aquel revelador atuendo.
La peliazul abrió levemente sus ojos azules, fulminándolo con una fría mirada. Volvió a cerrarlos, girando para darle la espalda, regalándole la visión de parte de su redondo y perfecto trasero.
-Ya está servida la comida- insistió, aún más molesto.
-Vete a la mierda, Fullbuster- respondió irritada, sin moverse- Juvia comerá más tarde.
Furioso con su réplica, Gray avanzó hacia ella para quitar las sábanas de un brusco movimiento que la asustó un poco. Sorprendida por su acción, Juvia se incorporó rápidamente, sentándose para dedicarle ahora una mirada de odio y desprecio.
-Va siendo hora de que cambies esa actitud de mierda- le espetó Gray, dejando que su mal carácter saliera a la luz por primera vez desde que había vuelto- No puedes seguir tratándome de esta manera, cuando lo único que hago es intentar ayudarte.
De un movimiento rápido, Juvia se levantó de su cama con enojo, colocándose frente a él con actitud desafiante, a tan corta distancia que Gray podía sentir que lo rozaba ligeramente. Con su metro sesenta y cinco distaba de ser intimidante, teniendo en cuenta que le ganaba por casi veinte centímetros. Sin embargo, el calor que emitía su cuerpo lo estaba desconcentrando. No sabía porqué, pero se veía un más hermosa cuando estaba molesta.
-¡Ja! ¿No se te cae la cara al decir esas palabras, Fullbuster?- consultó cruzándose de brazos, dejando ver la tentadora curva de uno de sus pechos- En tu puta vida tuviste la decencia de tratar a Juvia bien ¿Ahora esperas que te diga "Gracias por preparar el almuerzo, Gray-sama"? ¿Pues sabes qué? Sigue esperando ese día, imbécil.
Sin decir más nada, giró para salir descalza de su habitación hacía el pasillo, en dirección al baño. Gray cerró los puños fuertemente, intentando contener su enojo. Sabía que ella tenía razón en que no tenía derecho en pedir algo que él jamás le había dado, pero eso no aminoraba el deseo de romper todo a su alrededor. Furioso, volvió a la cocina y se sentó en la mesa a comer en soledad y silencio.
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Ya era de noche cuando volvieron a cruzarse en la sala de estar. Gray permanecía en el sofá tomando una cerveza mientras observaba un partido de básquetbol en el televisor, cuando la observó bajar por las escaleras. Se contuvo de escupir parte de su bebida al apreciar el escandaloso atuendo que llevaba la joven en aquella noche fría de otoño, quien parecía tener planeado asistir a alguna fiesta. Su vestido azul oscuro, además de parecer una segunda piel, era excesivamente corto y pronunciadamente escotado en la zona del busto, nada adecuado para aquel clima. Llevaba su largo cabello suelto y ondulado, y su maquillaje la hacía aparentar ser dos años mayor, destacando sus largas pestañas y sus labios en un tono rojo sangre, resaltando lo carnosos que eran.
-¿A dónde crees que vas vestida así?- interrogó irritado, levantándose de un salto del sofá para interponerse en su camino.
-Es el cumpleaños de uno de mis amigos- respondió sin prestarle atención, mientras revisaba el contenido de su diminuto bolso.
-Te dije que no saldrías este fin de semana después de tu problema en el instituto- le recordó, colocándose frente a la puerta principal para impedirle el paso- Apenas logré que la directora no te expulsara después de atraparte fumando en la terraza.
-¿No discutimos también lo terriblemente cínico que es que tú repruebes el mal hábito de fumar de Juvia?- consultó rodando los ojos, señalando la caja de cigarrillos que descansaba en la mesa, al lado de su cerveza.
-Nunca fui tan estúpido como para que me atraparan- sentenció arrogante, cruzado de brazos.
-Es realmente una lástima que nunca le hubieras transmitido tu sabiduría a Juvia- observó sus largas uñas pintadas con esmalte rojo, sin interés en sus palabras.
-No saldrás, Juvia- la ira se apoderó de su ser- ¿Quieres que tengamos problemas? ¿Que tu directora hablé con el trabajador social y te lleven a otro lado?
Por primera vez desde que había regresado, Gray observó el miedo en sus infinitos ojos, perturbando su hermoso rostro. Sabía que no era estúpida y entendía la gravedad del asunto. Con mucho esfuerzo, Gray se había movido rápido para reunir todos los requisitos legales necesarios para ser el tutor de Juvia, y como consecuencia, había renunciado a terminar su carrera para comenzar a trabajar en el taller mecánico de Igneel y así disponer de un ingreso fijo, además del seguro de vida que habían dejado sus padres.
-Soy consciente de lo mal que te he tratado en el pasado- suspiró vencido, dejando caer sus brazos- Pero estoy intentando hacer las cosas bien ahora, y en gran medida es un intento de enmendar mis errores. No quiero que termines en otro lugar, lejos de tus amigos y tu vida.
Juvia lo observó en silencio, estudiando sus ojos detenidamente. Su mirada y su cuerpo reflejaban lo contrariada que se sentía en aquella situación.
Por un momento, no pudo evitar sentir la ardiente necesidad de tocarla. Estaba tan hermosa y sensual, que se le hacía realmente difícil mantener su pose seria y responsable. Sabía que la diferencia de edades no era un problema, ya que estaba seguro de que si no fuera su hermanastra, nada le impediría intentar tener algo con ella. Ciertamente, nunca habían compartido un vínculo fraternal, pero sabía que resultaría escandaloso para una comunidad que los consideraba familia.
-No le caes bien a Juvia, Fullbuster- sentenció seria, dejando traslucir su molestia- Nunca te importó Juvia y le cuesta creer que algo ha cambiado. Pero Juvia no quiere dejar su casa, ni mucho menos que alguien más decida por ella.
-¿Podemos, aunque sea, intentar tener un trato más normal?- solicitó frustrado, tirando ligeramente de su cabello negro- ¿Una tregua?
-Sólo si dejas de jugar al padre responsable- suspiró mirando en otra dirección- No te queda el papel.
Gray rodó los ojos, soltando un suspiro. Sabía que estaba muy lejos de mirarla con ojos de padre, aún cuando ella no era consciente de ello. En cierta medida, agradecía la falta de experiencia de la peliazul con hombres, aunque justamente eso le daba miedo la mayor parte del tiempo.
-¿Quieres una cerveza?- consultó un poco más relajado- Un padre nunca le ofrecería una a su hija menor de edad.
Con desgano, Juvia se quitó los elegantes tacones de un movimiento de pies y se dirigió a la cocina para buscar su bebida. Respirando con tranquilidad al saberse vencedor de aquel encuentro, volvió a su lugar en el sofá. Al poco tiempo, la peliazul tomó asiento en el sillón libre y observó el partido mientras bebía de su cerveza con aburrimiento.
Fue entonces cuando Gray descubrió que su victoria terminaría siendo su tortura, ya que Juvia no se molestaría en modificar su vestimenta, distrayéndolo constantemente con lo peligrosamente corto de su vestido.
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Ya era tarde y no podía conciliar el sueño. Había permanecido despierto mucho tiempo, atento a si Juvia rompía su armisticio para escaparse a la fiesta a la que deseaba asistir. La confianza establecida aún era demasiado frágil y no podía bajar la guardia tan rápido. Sabía que muchas veces una guerra se iniciaban firmando la paz, por lo que tenía que pasar algún tiempo para que pudiera ver los cambios y saber que mantendría su palabra.
Se levantó de su cama y decidió que debía observar si estaba aún en su habitación, por lo que caminó por el pasillo sin hacer ningún ruido. Afortunadamente había dejado la puerta mal cerrada, lo que le permitió empujar sutilmente de ella para observar por el pequeño espacio. Envuelta en la tenue oscuridad de su alcoba, Juvia estaba recostada en su cama. Respiró tranquilo, sonriendo ligeramente.
No obstante, inmediatamente un ligero movimiento llamó su atención, seguido de un casi imperceptible jadeo. Fue entonces cuando comprendió, petrificado, que Juvia estaba despierta. Otro suave jadeo llenó el silencioso ambiente y fue entonces cuando observó, sin lugar a dudas, lo que la peliazul estaba haciendo. Con los ojos cerrados, Juvia tenía una de sus manos bajo la camiseta, apretando rítmicamente uno de sus pechos, mientras la otra se encontraba perdida dentro de su delicada ropa interior negra. Sin poder moverse, la contempló tocarse mientras suspiraba y jadeaba sutilmente.
Un familiar tirón se manifestó en su entrepierna, haciéndolo consciente de su palpitante erección. Sabía que estaba mal observarla en aquella privada situación, pero había perdido el dominio absoluto de su cuerpo, cayendo en los indecentes pensamiento que despertaba su hermanastra.
-Gray…- susurró agónicamente Juvia.
Tan absorto como estaba, casi cayó al suelo al escuchar su nombre en sus labios. No daba fe de lo que sus oídos habían captado, mientras su adolorido pene reaccionaba como un ente independiente.
-Gray…- repitió un poco más fuerte, quedándose quieta mientras el placer inundaba su tensa anatomía, para luego relajarse.
La confirmación de nombre lo golpeó crudamente. Agitado, huyó del lugar tratando de ser cuidadoso de no advertir su presencia, encerrándose en su habitación. Sin ser capaz de hacer otra cosa, liberó su palpitante erección e imitó a la peliazul, intentando aliviar el crudo deseo que se había formado en su cuerpo. Pulsó fuerte, estimulándose con el recuerdo de la escena hasta que logró liberarse, jadeando suavemente ante el intenso placer de correrse. Con la respiración aún irregular, estudió el resultado de su accionar, perdido en la revelación de que él no era indiferente para Juvia, aún cuando la joven intentara demostrar lo contrario.
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Aquella mañana de domingo, bajó las escaleras sintiendo el cansancio sobre sus hombros. No había podido dormir bien, ya que en sus sueños una sensual y predispuesta Juvia le suplicaba eróticamente que la hiciera suya.
Decidido a pensar en otra cosa, se dirigió hacía la cocina dispuesto a preparar el desayuno, pero se encontró con una escena que no había visto desde que había vuelto: Juvia se encontraba concentrada mezclando masa para hotcakes, con la mitad del desayuno ya predispuesto en la mesa, mientras escuchaba una de sus playlist en su celular.
Aquella mañana llevaba unas calzas deportivas negras de lycra, por debajo de las rodillas y una ajustada playera haciendo juego. Su largo cabello estaba recogido en una despreocupada cola de caballo y permanecía descalza.
-Buenos días- la saludó acercándose.
La peliazul respondió con un simple movimiento de su cabeza, para luego concentrarse en verter la preparación en la sartén caliente.
-No esperaba encontrarte despierta tan temprano- comentó apoyándose contra la encimera cercana, mientras la observaba cocinar.
-No dormí bien anoche- respondió encogiéndose de hombros- Además, extrañaba los hotcakes de mamá. Le gustaba hacerlos especialmente los domingos.
Se removió incómodo ante la mención de la noche anterior, cruzándose de brazos para no delatar su nerviosismo. Apartó su mirada de ella, meditando qué debía hacer con aquella situación ¿Tendría acaso un amigo o compañero con su mismo nombre? Mientras más lo pensaba, no tenía sentido que se refiriera a él al apreciar la indiferencia con la que lo trataba.
Lo más sano y sensato sería tratar de olvidar lo que había visto e intentar retomar con su vida personal, que había quedado muy relegada a causa de adaptarse a sus nuevas responsabilidades. Candidatas para calentar su cama no le faltaban, ya que más de una mujer le había dejado su número de celular después de buscar su automóvil del taller. No obstante, sabía que sería algo difícil de sacar de su cabeza ya torturada.
-Esta tarde vendrá Meredy- le informó Juvia mientras colocaba en un plato los hotcakes que ya estaban listos, cortando el silencio- Traerá sus apuntes de las clases que Juvia perdió por la suspensión.
-Pueden estar en la sala de estar, si quieres- le ofreció, cruzando sus brazos- Estaré en mi habitación estudiando.
Impulsado por Igneel, había decidido seguir con su carrera en la universidad pública de Magnolia que, aunque no era tan prestigiosa como la de Crocus, le permitía llevar sus estudios de manera más relajada. Además, Natsu también asistía allí, lo que hacía el cambio más ameno.
Desayunaron tranquilamente en silencio. Juvia permanecía distraída con su celular, repasando distraídamente sus redes sociales mientras Gray revisaba las facturas próximas a vencerse, para organizar su rutina al día siguiente. Era realmente un alivio ver que sus padres habían administrado muy bien su economía, por lo que no había sido un problema para él saldar las pocas deudas que tenían y, con el excedente, cancelar la hipoteca de la casa.
Cerca del mediodía, procedió a preparar un almuerzo ligero mientras Juvia seguía concentrada en escribir en su celular. Sonrió levemente al notar que estaban compartiendo más tiempo del habitual, quizás por excepción de cuando ella era castigada en el instituto y debían esperar a ser atendidos por la directora Evergreen.
Aquella mujer le había comentado en privado que la actitud de Juvia había cambiado después de la muerte de sus padres, por lo que intentaba ser paciente respecto a ella y entendía el esfuerzo que estaba haciendo él como su tutor. Por fortuna, faltaba poco para el receso invernal y si todo marchaba bien, lograría hacer entrar en razón a la adolescente de que aquel sería su último año y debía tratar de pasar sin sobresaltos, por lo menos hasta que cumplera los dieciocho en marzo.
-¿Has pensado en que quieres hacer después del instituto?- consultó sin apartar su mirada de wok donde preparaba las verduras para el arroz.
-Juvia cree que una buena opción es que se una a una secta hippie- respondió sin ánimos, aún pérdida en su celular- No, Juvia no lo ha pensado. Dejaste la universidad por venir a hacer de niñero de Juvia, por lo que pensó que no había dinero para ello.
-Mi decisión no debe afectar lo que tú quieras hacer- le aseguró, ignorando la réplica sobre la secta hippie- Si tu deseo es estudiar, encontraremos la forma de que puedas hacerlo.
Un velo de silencio cayó repentinamente, sorprendiendo a Gray. Giró levemente para descubrir que Juvia lo miraba con atención, reflejando en su rostro cierta sorpresa y confusión. Sin poder evitarlo, el pelinegro elevó una de las comisuras de sus labios, que terminó por robarle un casi imperceptible sonrojo a la joven.
-Juvia lo pensará- le respondió, rehuyendo de su mirada gris, ocultándose nuevamente detrás de su celular.
Conforme con su respuesta, terminó de preparar el almuerzo en silencio y lo dispuso para ambos. Aunque ninguno de los dos habló, Gray sentía que avanzaban lentamente en un relación más normal, para ser dos personas que convivían bajo el mismo techo.
-Meredy está por llegar- le anunció Juvia mientras recogía los trastos sucios de ambos y se disponía a lavarlos.
Poco después de que terminó de dejar todo limpio en la cocina, el timbre sonó anunciando la llegada de la pelirrosa. Sabía que su hermanastra detestaba que él estuviera cerca cuando sus amigas hacían acto de presencia, por lo que decidió darle con el gusto y retirarse a su habitación. Tomó la carpeta donde guardaba las facturas que había estado revisando en el desayuno y se marchó a su habitación.
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Al atardecer, estirando su entumecido cuerpo por estar tantas horas sentado en su escritorio, decidió que se le antojaba un café. Se aproximó sin hacer ruido hasta la escalera para averiguar si aún estaban en la sala de estar.
-Te estuvo esperando toda la noche- comentó la voz de Meredy- Juro que nos echó a todos de la fiesta cuando se percató que no irías.
-No es problema de Juvia- sentenció soberbia- Rogue debe entender que Juvia no es de su propiedad y que no está interesada en salir formalmente con nadie.
-Puedo entenderte con el hombre hielo tan cerca tuyo- inmediatamente escuchó un golpe, seguido de un quejido- ¡Vamos Juvia! Te conozco desde hace años y se que…
-Callate o Juvia volverá a golpearte- sentenció molesta la voz de la peliazul.
-Eres terriblemente sexy, amiga. Todos en el instituto mueren por follarte- le aseguró con convicción Meredy, provocando que Gray se tensara ante su afirmación- La diferencia de edad no es importante. Si tú no te quieres acostar con él, yo lo haría gustosa.
-Si te atrevieras a hacerlo, Juvia no te hablaría nunca más y se encargaría de arruinar tu vida- Gray se sorprendió al oír aquel tono tan siniestro con el que habló Juvia- Él no ve a Juvia de esa manera. Juvia tiene más oportunidad de acostarse con Lyon Vastia. Ya se le ha insinuado varias veces cuando Gray no lo está viendo.
Aquella afirmación lo paralizó por unos instantes, para luego sentir una violenta ira recorrer su torrente sanguíneo. Había ido al instituto con Lyon y hasta habían sido compañeros en el equipo Hockey sobre hielo desde los doce años. Cuando regresó a Magnolia, habían retomado su amistad, compartiendo ocasionalmente noches de poker con Natsu y Jerall. Cerró los puños conteniendo las ganas de golpear la pared, pensando en la infinidad de veces que había invitado al rubio a su casa cuando Juvia también estaba allí, aunque la peliazul siempre se mantenía al margen.
-Vastia también en muy caliente- le ronroneó Meredy- Deberías considerar su ofrecimiento.
Incapaz de seguir escuchando aquella conversación un segundo más, bajó las escaleras haciendo notar su presencia. Ambas jóvenes callaron inmediatamente su charla, dedicándole una mirada de curiosidad y cautela.
-Hola Meredy- la saludó, fingiendo una tranquilidad que no sentía.
-Hola Gray-san- lo saludó sonriente, como si fuera incapaz de matar una mosca.
-Estaba por ordenar una pizza- le informó a Juvia, quien se notaba ciertamente molesta por su interrupción- ¿Meredy nos acompañará?
-Estaba por irse- respondió, cruzándose de brazos- Tiene un evento familiar.
-Que lástima- se encogió de hombros mientras tomaba el teléfono inalámbrico del mueble del pasillo, cerca de la entrada- Envíale saludos a Jerall de mí parte, por favor.
La pelirrosa se despidió mientras reunía sus pertenencias y fue acompañada por Juvia hasta la entrada principal. Una vez que se fue, la peliazul lo miró detenidamente, como si estuviera analizando su conducta.
-Pide con mozzarella extra- le ordenó, para luego levantar las tazas y restos de comida que estaban sobre la mesa ratona de la sala de estar, dónde habían estado conversando.
Una vez que estuvo fuera de su vista, tomó pesadamente aire intentando expulsar de su cuerpo la tensión que se había apoderado de él. Ahora tenía en claro tres cosas: uno, aunque fingiera inocencia, Juvia era consciente de lo que provocaba a su alrededor; dos, existía alguien mayor que le gustaba que no estaba interesado en ella, lo que le resultaba inentendible; y tres, mataría a Lyon Vastia en cuanto se lo cruzara la próxima vez.
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Juvia volvió a aparecer cuando el repartidor de pizza llamó a la puerta, trayendo consigo dos cervezas. Sin decir nada, se acomodó en el sofá y dejó las cervezas en la mesa para tomar el control remoto y prender la televisión, en una muda invitación de que cenaran allí mismo. Sin emitir palabra, aceptó su oferta tomando asiento a su lado.
-Juvia cree que debemos ir al supermercado pronto- le comentó abriendo la caja y tomando una porción, sin molestarse de usar un plato- No quedan muchas cosas en la alacena.
-Haz una lista y compraré lo necesario antes de volver a casa- solicitó observando como cambiaba de canales.
-No debes olvidar las compresas y tampones para Juvia- le sonrió con malicia, sin apartar su mirada del televisor- No trajiste los que usa siempre y…
-¿Por qué no mejor vamos juntos esta vez?- consultó irritado, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente ante la mención de los artículos femeninos.
-Deberá ser el martes entonces- se encogió de hombros, recostandose leventemente en el respaldo del sofá- Juvia tiene práctica de natación los lunes.
-De acuerdo- suspiró, dando un trago a su cerveza para ayudar a pasar el nudo que se había formado en su garganta.
El silencio se instaló entre ellos mientras observaban una película de acción. Sorprendido y satisfecho con su elección, se recostó también en el respaldo y se sumergió en la entretenida trama de peleas y armas. Cuando terminó, se percató que Juvia se había quedado dormida en algún momento, por lo que suspirando apagó el televisor.
Dejó el desorden para después y tomó delicadamente el cuerpo de la peliazul de manera nupcial para llevarla a su habitación. Por fortuna, Juvia era realmente liviana, por lo que no fue problema subir las escaleras. Lo complicado era sentir como ella se adaptaba contra su torso, respirando suavemente cerca de su cuello.
Una vez en su habitación, la recostó delicadamente en su cama y luego apartó suavemente las sábanas, intentando no despertarla. Observó por unos instantes sus relajadas facciones, perdiéndose en sus carnosos labios rosados que permanecían levemente entreabiertos. Siguiendo un impulso que no pudo contener, depositó un beso en su mejilla que terminó muy cerca de su hipnótica boca. Aunque intentaba siempre mantenerse a raya cerca de ella, su lado más impulsivo tiraba para salir a la luz. Jamás se había detenido en su vida a meditar sus acciones, pero con Juvia debía hacerlo. De lo contrario, no habría vuelta atrás. Más aún después de lo que había visto la noche anterior.
Sabiendo que estaba al límite, se retiró del lugar rápidamente, antes de arrepentirse de algo.
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El trabajo se había acumulado un poco aquel día. Igneel le había comentado que ese fin de semana la liga amateur de la ciudad había planeado hacer un homenaje a su padre por el aniversario de la formación de los Demons, al cual estaban invitados Juvia y él, por lo que se había abocado al evento dejando gran parte de los pendientes sobre sus hombros. Por fortuna, después del trabajo no tenía clases, pero había acordado hacer las compras en el supermercado con la peliazul. Para ahorrar tiempo, le había enviado un mensaje a su celular para que lo buscase directamente del taller.
Se impulsó con la camilla de mecánico por fuera del automóvil que había tenido una pérdida de aceite, y se incorporó guardando cuidadosamente la llave que había estado utilizando en la gaveta correspondiente. Limpió con un trapo en su bolsillo trasero la grasa negra en sus manos, suspirando satisfecho al comprobar que era la última tarea por cumplir. Miró su reloj, descubriendo que Juvia debía de estar por llegar, por lo que se quitó la camiseta sucia dispuesto a informarle a Gajeel que iría a tomar una ducha, cuando una de las propietarias de uno de los vehículos se dirigió directamente hacia él.
-Me dijeron que ya estaba listo mi automóvil- le sonrió sensualmente, recorriendo su trabajado cuerpo sin pudor alguno- El volkswagen Beetle amarillo.
Gray se aproximó hacia la mesa donde Igneel tenía el papeleo que detallaba la factura con las reparaciones realizadas y las llaves de los distintos vehículos. Leyó atentamente la copia de la factura mientras le entregaba el original a su dueña y la llave correspondiente.
-El problema fue la batería, señorita Realight- le explicó pacientemente a la joven- La reemplazamos, ya que se sobrecalentó. Es una falla común y puede provocarse por muchas causas.
-Dime Jenny, por favor. La verdad es que no teniendo nada de esto- se rió coqueta, dejando que su escotada blusa revelara generosamente su busto, aún a pesar del frío día.
-No sé preocupe, no volverá a fallar- le aseguró, recibiendo el dinero de la reparación, junto con la que adivinaba era un pedazo de papel con su número telefónico.
-Ahora entiendo porque mis amigas me recomendaron el taller- le sonrió aún más.
Alguien toció a su espalda, en un intento de llamar la atención de ambos. De brazos cruzados, Juvia observaba la escena con expresión muerta. Jenny la estudió de arriba a abajo, en pose suficiente, mientras que Gray se dirigió nuevamente a la mesa para guardar el dinero en la caja administradora. Necesitaba apartar la mirada de la adolescente, ya que aquel uniforme escolar se le veía endemoniadamente bien.
Sin decir nada más, la rubia se dirigió a su vehículo y se fue, sin antes saludar nuevamente al pelinegro, guiñando uno de sus ojos azules. Ajeno a la situación, hizo su aparición Redfox.
-Espera unos minutos a que me de una ducha rápida- le solicitó Gray a la peliazul, ignorando a la situación con la descarada clienta.
-Date prisa, Juvia no tiene todo el tiempo del mundo- respondió hoscamente, mirando en otra dirección- Hola Gajeel-kun ¿Cómo estás?
-Tanto tiempo sin verte, Juvia- la saludó con tosca amabilidad, aproximándose a hasta ella- ¿Qué tal el instituto?
-Tan espantoso como siempre- sentenció, sentándose en uno de los capot de los automóviles despreocupadamente.
Gray rodó los ojos y se dirigió a la parte trasera para alistarse. No le preocupaba dejar a Juvia con Gajeel, ya que el pelinegro estaba felizmente en pareja con Levy.
Una vez listo, los encontró conversando amenamente sobre trivialidades. Lo que llamó su atención era que Juvia le sonría a Gajeel como hacía mucho tiempo no observaba desde que era pequeña, cuestión que lo golpeó un poco ya que se veían aún más hermosa cuando dejaba de lado su hostilidad hacia el mundo. Permaneció unos segundos admirando la escena, hasta que la peliazul se percató de su presencia, regresando a su expresión seria y reservada.
-¿Estás lista?- consultó caminando hacía su motocicleta, subiéndose de un ágil movimiento para encenderla.
Amaba su motocicleta clásica, una Matchless G 21 CSR. La había heredado de su padre a los dieciocho como regalo de cumpleaños. A Kristal no le gustaba la idea, pero acordó no interponerse si le juraba que jamás haría una estupidez al manejarla, además de siempre usar casco. Con ese pensamiento en mente se colocó simplemente la protección, mientras le entregaba el casco extra a Juvia. La peliazul se quejaba cada vez que debía usarlo, asegurando que el suyo parecía de "idiota" al lado del moderno que él usaba. Con igual destreza, Juvia se montó a la parte trasera cuidando que la corta falda gris del Instituto Fairy Tail no revelara nada.
Sin decir más, se despidieron con un gesto de Redfox y emprendieron marcha hacia el supermercado. Siempre había sacado provecho de la necesidad de sus acompañantes de abrazarse contra su cuerpo, pero con Juvia la cercanía le resultaba agobiante. Podía sentir, a pesar de la campera de cuero, su generoso busto pegarse a su espalda, sin mencionar sus pequeñas manos apretando su duro abdomen.
Una vez llegaron, estacionó cuidadosamente al frente y ambos entraron en silencio para perderse en los iluminados pasillos del local. La peliazul observaba atentamente los precios y productos, siempre con su lista en manos mientras Gray empujaba el carrito con desgano. No era una actividad que lo entusiasmara.
-Igneel me pidió que te diga que, este fin de semana, harán un homenaje a papá- le explicó mientras ella comparaba dos marcas de arroz- También es el aniversario de los Demons. Jugaré un partido con ellos.
-El béisbol nunca fue lo tuyo, a diferencia del baloncesto o el hockey sobre hielo- disparó Juvia sin dirigirle la mirada- En cambio Juvia es una bateadora decente.
-¿Quieres tomar mi lugar?- le ofreció de mala gana, sabiendo que ella tenía razón.
-No, será divertido para Juvia verte intentarlo- le dedicó una sonrisa socarrona.
Gray decidió finalizar la charla, notablemente de malhumor, mientras por el contrario la peliazul parecía estar más animada después de reírse a su costa. Siguieron avanzando por los pasillos en silencio, cada uno en perdidos en sus pensamientos.
Fue entonces cuando Gray descubrió, aún más irritado, que Gildarts admiraba indecorosamente las piernas de Juvia. Conocía al padre de Cana desde su infancia y sabía su debilidad por las mujeres hermosas. En cuanto cruzaron miradas, el pelinegro lo fulminó con sus fríos ojos grises, en una clara señal de advertencia. Sabiamente, Gildarts apartó la mirada, haciéndose el desentendido.
-¿Falta mucho?- consultó tenso, devolviendo su mirada a la peliazul.
-No, sólo tenemos que ir por los artículos de limpieza- le respondió con su sonrisa maliciosa.
Quince minutos después de recorrer la góndola de artículos femeninos, Gray sentía que estaba por estallar. Caminaron hacía el sector de las cajas, donde los atendió una sonriente Lucy.
Durante el tiempo que estuvo fuera de la ciudad, la simpática rubia se había hecho con la amistad de Natsu, volviéndose inseparable de su mejor amigo. La aspirante a periodista se había mudado hacía un año a Magnolia contra los deseos de su padre, por lo que le había costado mucho mantenerse económicamente. Cuando Natsu se había enterado de su precaria situación monetaria, no dudó en hablar con los amigos de su padre hasta conseguir aquel empleo en el supermercado de Macao, lo que le aseguró un sueldo respetable y poder instalarse en un cómodo departamento cerca del trabajo. Desde entonces, Lucy estaba terriblemente agradecida con el pelirrosa, ayudándolo en cuanto necesitara en la facultad.
Natsu no perdió tiempo en presentarlo con la rubia cuando volvió y debía reconocer que no había pasado mucho hasta que se había vuelto amigos, compartiendo los espacios entre clases.
-Hola Gray ¿Cómo has estado?- consulta la joven con una amplia sonrisa.
-Hola Lucy. Todo en orden- respondió amable mientras comenzaba a sacar los productos del carrito.
-Le he dicho a Natsu que deberíamos hacer algo el fin de semana- le comentó, comenzando a marcar los productos- Mirajane me comentó de una nueva discoteca que inauguró hace poco.
-O quizás ver unas películas o jugar algún juego de mesa en mi casa- sugirió Gray, desviando ligeramente su mirada a Juvia, quien había vuelvo a su mirada tosca y desinteresada.
Sabía que la peliazul tomaría la menor oportunidad para salir con sus amigos de fiesta, por lo que no podía dejarla sin supervisión. Menos aún sin asesinar a Vastia antes.
-Es una buena idea también- concordó aún sonriente.
-Juvia te espera en la motocicleta- le informó a su lado, alejándose altaneramente hacía la salida sin darle tiempo a replicar su falta de ayuda para embolsar los productos.
-¿Ella es tu famosa hermana menor?- interrogó curiosa Lucy, sacándolo de sus pensamientos.
-Hermanastra- corrigió automáticamente, continuando con su labor.
-Eso explica la falta de parecido- reflexionó la rubia, aún mirando hacía la puerta- Es realmente muy hermosa. Seguramente debe tener muchos pretendientes.
-Demasiados- aseguró molesto.
-Ya encontrará a un buen chico y estarás más tranquilo- intentó consolarlo con amabilidad.
Ocultando su irritación, cambió la charla a algo más trivial. Casi terminaban con todo cuando se escuchó un trueno que los obligó a mirar al exterior, donde la lluvia comenzaba a caer raudamente.
-No sé cómo haré para llevar todo esto sin que se moje- admitió preocupado, cascando su cabeza.
-Podemos llevar tu compra a domicilio- le aseguró Lucy, mientras le entregaba el cambio- No te preocupes, haré que Elfman lo lleve en cuanto vuelva.
-Muchas gracias, Lucy- le sonrió fraternalmente.
Ambos se despidieron y se apresuró para llegar a su motocicleta, donde Juvia lo aguardaba sentada. La peliazul, lejos de haber buscado resguardo bajo algún techo, permanecía de ojos cerrados con el rostro en dirección al cielo. Sabía que desde pequeña amaba los días lluviosos, pero aquella era una tormenta eléctrica que podía asustar a cualquiera.
-¿Que demonios haces bajo la lluvia?- consultó, elevando su chaqueta para cubrir su cabeza.
-A Juvia le gusta sentir la lluvia caer- respondió sin cambiar de posición- La hace sentir en paz.
Sin paciencia, la tomó de los brazos, obligándola a bajar del vehículo. Tomó el casco secundario y se lo colocó apresuradamente mientras sus ojos azules lo miraban fijamente. A continuación, se quitó la campera y la obligó a ponérsela, ya que la camisa blanca del uniforme se había adherido a su piel, dejando ver su sostén blanco. Con la misma premura, se colocó su casco y se subió, ordenándole que lo imitara. Sin perder tiempo, encendió la moto y condujo velozmente hasta su casa.
En cuanto llegaron, Juvia se quitó la campera mojada, dejándola en el perchero junto a la puerta de entrada. Suspirando mientras peinaba con sus dedos sus mojados cabellos, caminó hacía la cocina para servirse un vaso de refresco. A los pocos segundos, Gray también entró a la cocina, notoriamente molesto.
-¿Qué haces aquí? Ve a tomar un baño y ponerte ropa seca.
-Juvia lo hará en un momento- le respondió sin prisa, dando otro sorbo a su vaso.
-A veces siento que haces las cosas sólo para molestarme- le aseguró irritado por su pasividad.
-No te creas tan importante, Fullbuster- sentenció aburrida, dejando el vaso en el fregadero para retirarse a paso extremadamente lento.
Una vez fuera de su alcance, maldijo libremente. Cada vez que sentía que daba un paso hacía adelante con ella, terminaba dos hacia atrás ¿Era está la misma mujer que había perturbado profundamente sus pensamientos con sus solitarios y sensuales jadeos?
Golpeó la mesada de mármol con violencia, sintiéndose un idiota por desear lo imposible, por tener aquella atracción indebida, por no saber cuál era el mejor camino para que disculpara su pasado y le permitiera tener una relación normal, aún si nunca se atrevía a tocarla.
Hola a Todos!
Este es mi primer Gruvia, que es sin duda alguna mi pareja favorita de Fairy Tail.
Les dejo el primer capítulo, espero que les guste y los disfruten tanto como para mi fue escribirlo.
Saludos!
Miko Fleur
