(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.
Capítulo II
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Nueve años atrás
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Sentada sobre el regazo de su madre, escuchó como el DJ invitaba a los novios a realizar su primer baile como marido y mujer, acompañado de los aplausos emocionados de todos los invitados. Silver, vestido en un impecable y elegante traje negro, le preguntó amablemente si le prestaba unos minutos a Kristal para realizar aquel baile. Asintió sonriente, feliz de ver aquella escena tan romántica y perfecta.
Su madre le solicitó con dulzura que cuidara su ramo de peonías blancas y campanillas chinas azules, dándole un suave beso en su frente antes de marcharse. Ella también estaba hermosa con su sencillo pero perfecto vestido corte sirena de encaje blanco prístino. Su largo cabello iba recogido en un laborioso peinado digno de una princesa.
Sin perder tiempo, se apresuró a seguirlos hasta el borde de la pista, sosteniendo entre sus manos su preciada responsabilidad. Escuchó un suspiro aburrido a su espalda, percatandose que Gray la seguía a poca distancia con su típica expresión de hastío.
-Igual que en los cuentos de hadas- canturreo Juvia, balanceándose de un lado a otro mientras la banda interpretaba la canción que siempre compartían los novios como suya.
Ante el silencio de su interlocutor, la pequeña peliazul estudió el rostro del que, a partir de ahora, sería su hermanastro, descubriendo un poco de tristeza en sus ojos grises.
-¿Extrañas a tu mamá, Gray-sama?- consultó, deteniéndose por unos instantes. Inmediatamente Gray le devolvió la mirada, molesto- Juvia lo siente. Mamá dijo que no debía hablar de eso, que lastimaba a Gray-sama… pero… Juvia solo…
-No digas nada más- le ordenó cruzándose de brazos.
-Juvia no recuerda a su papá- admitió mirándolo de frente. Si algo era difícil para ella, era mantener su boca cerrada- Mamá nunca habla de él, Juvia sabe que la hacía llorar mucho. En cambio, Silver le dijo, una vez, que Mika fue muy buena.
-Basta Juvia- le retó nuevamente, aun más tenso.
La pequeña obedeció sin poder evitar colocar una expresión triste en su rostro. A diferencia de Silver, quien conversaba con ella por horas sin cansarse o molestarse por su curiosidad, Gray mantenía un muro entre ellos. Su madre le había pedido que fuera paciente con él, hasta que se acostumbrara a su forma de ser y la nueva situación. Según sus palabras, pronto el menor de los Fullbuster aprendería a quererla. Con aquel optimista pensamiento, Juvia volvió a sonreír esperanzada y como respuesta Gray apretó aún más los labios mientras fruncia el ceño.
Ambos fueron sorprendidos por Kristal, quien sacó a bailar a Gray, a pesar de la resistencia del joven. Miró hacía el frente y sonrió como un brillante sol al descubrir que Silver también había ido por ella, levantandola en sus fuertes y protectores brazos, para invitarla a bailar.
-¿Eres feliz, pequeña Juvia?- le consultó Silver correspondiendo a su sonrisa.
-Juvia lo es- le aseguró exultante, sintiendo como la alegría invadía su cuerpo- Ahora serás el papá de Juvia también.
Aquella afirmación sincera obligó a sonreír aún más a Silver, logrando que unas ligeras arrugas bordearan sus ojos grises. Presionando desde su espalda, el pelinegro la abrazó con mayor fuerza, besando su mejilla, mientras Juvia reía por las cosquillas que esta acción le regalaba.
-Nunca cambies, dulce Juvia- le pidió, con la voz un poco estrangulada por la emoción- Prometo que haré todo lo posible para ser el mejor padre para ti.
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Presente
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El fin de semana había llegado veloz, pensó amargamente. Recostada en el cómodo sofá de la sala observaba, envuelta en una vieja pero cálida frazada, el vídeo de la boda de sus padres. Aunque tenía una extensa colección entre la cual elegir, ya que su madre había amado filmar momentos en familia, el de su boda era siempre su elección cuando necesitaba sentir sus voces otra vez. La felicidad pura que transmitía aquella cinta era agridulce, por lo que siempre la observaba cuando estaba completamente sola.
Sonrió sintiendo como una solitaria lágrima recorría su rostro al ver cómo Silver elevaba a su madre en brazos mientras bailaban en el centro del salón al ritmo de la banda, que interpretaba de fondo She de Elvis Costello. Luego, el camarógrafo enfocaba a una pequeña Juvia, quien bailan con el ramo de novia, dando vuelvas sola en su lugar mientras Gray observaba todo con una expresión de aburrimiento. En cuanto su madre tocaba el suelo, iba tras de él para arrastrarlo hacia la pista, en tanto Silver levantaba a su pequeña versión, quien no perdía el tiempo y se estrechaba contra él, como su príncipe de brillante armadura. Más tarde, el fotógrafo les tomaría una de las imágenes que ahora adornaba el mueble principal de su sala de estar.
Era difícil explicar cómo el dolor que había dejado su pérdida parecía cada vez más grande, en lugar de reducirse. Siempre se había esforzado por ser la hija perfecta, tratando de sobresalir en todo lo que fuera posible sólo con tal de hacerlos feliz y devolverles una pequeña parte de lo que significaban para ella. Hasta había soportado estoicamente la abierta hostilidad de Gray, ya que sabía que el anhelo de Silver era que fueran una familia unida.
Todo eso era la razón de su cambio. En cuanto la vida se los había quitado, ya nada de lo que había hecho tenía sentido. Ahogada en la melancolía y la soledad, había optado por formar una barrera similar a la que Gray había usado siempre contra ella, aislandose de la mayoría de las personas.
No obstante, aquella tragedia desafortunadamente no había terminado con la muerte de sus padres. Gray ahora estaba a cargo de ella, intentando insistentemente que se abriera a él. Sonrió cínicamente recordando su estupor cuando le había dejado en claro que no estaba interesada en sus disculpas. En su interior, sabía que la motivación del pelinegro era la culpa por la ausencia de sus padres, no porque estuviera realmente arrepentido de lo insensible, bruto y desgraciado que había sido con ella durante largos años. Para su desgracia, la buena y estúpida Juvia que todo lo perdonaba había muerto junto a Silver y su madre.
Secó sus lágrimas con poca delicadeza, triste y molesta, ya que a pesar de haber tomado la decisión de mandar a todos al demonio, en su interior batallaba otro sentimiento, el cual había tratando de matar en los últimos años: el amor que sentía por Gray Fullbuster.
No sabía cuándo había comenzado, quizás desde la primera vez que lo vió en el parque. Lo que sí estaba claro, era que aquel sentimiento había evolucionado cuando entró en la pubertad, fascinada ahora también por la belleza arrebatadora de su hermanastro. Desafortunadamente, su fijación había tenido como resultado que Gray la insultara cruelmente cuando había actuado intencionalmente para que Silver se percatara de la ausencia del joven pelinegro, la noche del cumpleaños de Ultear. Sólo entonces había decidido acabar con aquel sentimiento, agradeciendo que al poco tiempo su hermanastro partió a la universidad. Aunque había sufrido su ausencia, se convenció a sí misma que con los años encontraría realmente al hombre de sus sueños y terminarían juntos, tan felices como sus propios padres.
Y cuando su cuerpo cambió, recibió gustosa la atención que ahora despertaba en el sexo opuesto. Inocente y estúpida, confió en las palabras bonitas que le había recitado Bora, su compañero de instituto y primer novio. Sin embargo, no pasó mucho más tiempo para que comprendiera que el interés que despertaba no era romántico, sino sexual. Ante su negativa a tener relaciones sexuales, Bora le había sido infiel con la primera joven que tuvo en frente, sin mencionar que después que lo había dejado, estúpidamente había intentado cortejar a su mejor amiga.
Dolida por la traición, cometió la estupidez de buscar consuelo en los brazos de otro hombre. Fue así que tuvo sexo por venganza con Rogue, rival de Bora, entregándose por primera vez. Aquello no había sido malo, pero tampoco logró hacerla sentir mejor. Entonces, discretamente, se había resignado a que simplemente era sexualmente atractiva y que debía lidiar con eso, por lo que se volvió la reina fría del instituto, distante e inalcanzable.
Mantuvo la pose de niña inocente para no romper el corazón de Silver, quien siempre aseguraba que estaba hecha para vivir un gran amor y que, algún día, encontraría un hombre digno de ella. Pero, una vez que sus padres la dejaron, ya no tenía interés de aparentar más. Fue entonces cuando Gray volvió, haciéndola descubrir que aquel sentimiento que daba por muerto, estaba aún tan vivo e intenso como lo recordaba.
No podía olvidar sus ojos grises repletos de dolor y tristeza mientras la observaba a la distancia en el velorio de sus padres. Su corazón martillaba, confundido por el dolor de la pérdida y la alegría de verlo una vez más. Se odio a sí misma por sentir ello juntamente en aquel sombrío contexto, por lo que no perdió tiempo en convencerse que estaba mal y debía continuar con su misión de aniquilar cualquier sentimiento de amor por él, aferrándose al rencor que su maltrato había generado en ella.
Lo difícil fue comprender que, además de su estúpido enamoramiento, ahora se sentía terriblemente afectada por el deseo físico que despertaba en todo su ser. Gray no necesitaba esforzarse demasiado para despertar un intenso cosquilleo sexual en toda su anatomía. Su caprichoso y traicionero cuerpo reaccionaba con sólo una mirada o quizás algún roce accidental en su vida cotidiana, por lo que mantenía siempre una vigilancia activa en evitar esas situaciones. Sin mencionar que el pelinegro tenía, desde pequeño, la maldita costumbre de pasear por el hogar con poca ropa.
Escuchó la motocicleta estacionarse en el garaje, por lo que apagó con rapidez el televisor y fingió estar distraída en sus redes sociales cuando la puerta se abrió, dando paso a Gray quien cargaba su última compra de snacks para recibir a sus amigos aquella noche. Por fortuna, iba tan distraído en sus cavilaciones que no reparó en ella, ya que de lo contrario habría descubierto sus ojos ligeramente enrojecidos.
-Los chicos llegarán en una hora- le informó Gray mientras caminaba hacía la cocina.
-Juvia lo sabe- suspiró con fastidio, incorporándose lentamente- Irá a encerrarme para no molestar.
-No lo decía por…- pero la peliazul se retiró rápidamente por las escaleras sin darle tiempo a explicarse.
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Había escuchado cuando los amigos del pelinegro habían llegado, dos horas atrás, desde su habitación. Las risas y charlas estridentes habían llenado el ambiente de toda la casa, haciendo casi imposible ignorarlos por completo. Allí, sola en su alcoba, no sabía cómo distraerse para no pensar en lo que hacían abajo. Una de las cosas que más había odiado Gray de adolescente era que ella intentara integrarse a su grupo. Esa era la primera vez que el pelinegro organizaba algo desde que había vuelto, por lo que no estaba dispuesta a averiguar si seguía siendo una molestia para él.
Aburrida y hambrienta, decidió bajar sólo para buscar algo que comer y volver a su cama, donde observaba una película de Netflix en su notebook. Silenciosa, se deslizó como un gato por las escaleras, estudiando quienes eran los presentes. Varios rostros le eran familiares: el revoltoso Natsu, la cariñosa Erza con su amado Jerall, Gajeel sentado con Levy sobre su regazo, Cana tomando animadamente cerveza. La única persona nueva era aquella hermosa rubia llamada Lucy, quien fácilmente podría dedicarse al modelaje con su perfecto cuerpo de infarto. Sentada junto a Gray, reía animadamente de algo que le comentaba el pelinegro, quien sonreía sin esfuerzo.
Estaba casi por llegar al pasillo que conectaba con la cocina, cuando escuchó su nombre siendo gritado estridentemente por Cana. Pocos segundos después, estaba envuelta en los fuertes brazos de Natsu, quien la elevaba del suelo en forma de juego.
-Juvia-chan- gritó eufórico el pelirrosa, haciéndola girar en su lugar- Hacía años que no te veía.
-Nos vimos el miércoles, Natsu-kun- frunció el ceño, ligeramente divertida- Pero Juvia también se alegra de verte.
-¡Cuánto has crecido, pequeña sirena!- fue el turno de Erza, robándole de los brazos de Natsu para estrecharla contra su cuerpo- Meredy me ha contado que sigues siendo la capitana del equipo de natación.
-Juvia siempre usa sus consejos, Erza-sempai- le respondió costosamente por la fuerza de su apretón. La pelirroja había sido muy amable al ayudarla para una de las competencias regionales en las que había participado el instituto años atrás.
-Buenas noches chicos- aun en los brazos de la fuerte pelirroja, saludo al resto.
-Eres tan dulce- aseguró Erza, estrujandola un poco más antes de soltarla.
Pero, lejos de ser liberada, cayó en los brazos de Cana, quien también la abrazó con intensidad. La castaña siempre había sido particularmente buena con ella desde pequeña, defendiéndola cuando Gray se molestaba con su presencia.
-Juvia estaba de camino a la cocina- se excusó un poco nerviosa, intentando escapar de una buena vez para no tener que soportar un estallido del pelinegro.
-No te vayas aún- la retuvo la castaña, apresando su brazo izquierdo con fuerza.
-Juvia no quiere molestar, sigan con lo suyo- le aseguró nerviosa, tirando inútilmente para liberarse.
-Dejala ir ya, Cana- le ordenó Gray.
Aprovechando que Alberona se había girado para discutir con el pelinegro, huyó presurosa hacía su destino, escuchando las réplicas de la castaña contra su amigo. Suspirando, buscó en uno de los armarios el ramen instantáneo y se dispuso a prepararlo rápidamente. Se reprendió mentalmente mientras mordía su labio inferior, reflexionando que debería haber previsto cenar antes de que llegaran las visitas de Gray. Escuchó pasos aproximarse hasta donde estaba, por lo que observó sobre su hombro como el pelinegro entraba a la cocina.
-Juvia, si quieres…
-Sólo vino a buscar que comer- lo cortó, sin ánimos de pelear aquella noche. Estaba aún sensible y no tenía fuerzas para sostener una discusión ingeniosa con él. Quitó del fuego la caldera hirviente para verter el agua en el recipiente plástico, aún dándole la espalda e ignorando su presencia.
-Ellos quieren que te quedes con nosotros- le explicó con voz tranquila.
-Le has gritado a Juvia las suficientes veces como para saber que no es la mejor opción merodear cerca de tus amigos- cortó sin devolverle la mirada, buscando los palillos en uno de los cajones- Agradezce la amabilidad de la invitación, pero se irá a su habitación.
-Juvia, yo…
Nuevamente intentó huir para impedir la conversación, pero Gray fue mucho más rápido como de costumbre y la detuvo, tomándola de sus brazos con delicadeza para que no volcara su humeante cena. Quitó de sus pequeñas manos el ramen para dejarlo en la pequeña mesa. Sin poder evitarlo, se estremeció al sentirse invadida por su proximidad y su adictivo perfume, amaderado y fresco.
-He sido un imbécil muchas veces, Juvia- reconoció derrotado, bajando la mirada mientras acariciaba suavemente sus brazos- No te merecías mi maltrato y yo era un niño estúpido que no sabía cómo controlar su carácter.
-No tienes que excusarte- suspiró al verse imposibilitada de huir, intentando aún mantener una postura estoica a pesar del recorrido de su mano, que disparaba traicioneras sensaciones placenteras.
-Sé que estuviste viendo el video de la boda- le confesó con expresión apagada- También sé que lo ves cuando estás triste, y quiero que sepas que también los extraño.
Fue el turno de ella de bajar la mirada, para evitar dejar libre las lágrimas que se agolpaban en sus ojos. Percibió como sus manos ejercieron delicadamente más presión, haciéndola sentir completamente indefensa frente a él. Sin poder evitarlo, elevó sus ojos hasta encontrar los suyos.
-Gray…- pronunció costosamente, pérdida en su mirada gris que la observaba expectante de lo que estaba por decir.
El ambiente estaba cargado de una intensidad nunca antes vivida. Aunque era físicamente imposible, la habitación pareció encogerse, reduciendo aún más su capacidad de respirar. Entreabrió los labios, intentando calmar su respiración y su agitado corazón.
-¡Gray! ¿Donde estas?- consultó una voz femenina, aproximándose por el pasillo- Ya vamos a empezar a jugar Monopoly.
Aquel llamado la liberó de su hechizo, como si de una burbuja explotando se tratara. Su cuerpo se apartó como si su agarre quemara y tomó su cena para salir, esquivando a su paso a la hermosa rubia que lo estaba buscando. Ignorando los llamados, subió velozmente las escaleras, arriesgándose a quemar sus manos con los calientes fideos.
Nuevamente en su habitación, una vez que tranquilizó su traicionero corazón, suspiró molesta por sentirse encerrada y triste en su propio hogar, mientras Gray era libre de disfrutar de la compañía de sus amigos. Siguiendo un casi violento impulso rebelde, tomó su celular de su velador y velozmente tecleo buscando la última conversación con Meredy. Su mejor amiga le había comentado que Yukino tenía pases para Sabertooth, la nueva discoteca de moda que pertenecía a la familia de su novio, por lo que no tendrían problemas para pasar aun a pesar de ser menores. Sin meditar consecuencias, llamó a la pelirrosa quien seguramente estaría allí en ese momento.
Quince minutos después, estaba perfectamente alistada para encontrarse con sus amigas, llevando una sensual vestimenta y maquillaje a tono con la ocasión. Con cuidado, bajó por la estructura debajo de su ventana, que hacía de soporte para la madreselva, como había hecho en otras ocasiones. Observó cautelosa el ventanal de la sala de estar por unos instantes, estudiando si había advertido de su travesía a su hermanastro o amigos. Afortunadamente, las cortinas estaban extendidas, dejando ver sólo las sombras proyectadas sobre estas. Se colocó sus altos zapatos de tacón y caminó una cuadra velozmente, para pedir un taxi con una aplicación del móvil.
Otros quince minutos después, estaba en medio de la multitud moviendo su cuerpo sensualmente al compás de la estridente música electrónica a todo volumen. Amaba la euforia que despertaba aquel género musical en su anatomía, mezclado con el sabor dulce a alcohol en su boca. Meredy, feliz de haber conseguido que accediera, bailaba muy cerca de ella mientras las luces estimulaban sus sentidos.
-Objetivo a las doce en punto- le informó sonriente la pelirrosa, hablando cerca de su oído para ser escuchada- Castaño, de ojos claros.
-Juvia apuesta que va por ti- rió, dando un trago a su vaso de vodka con energizante.
-Estas loca- compartió su risa, abrazando su cintura.
-Le demos una demostración de lo que podemos hacer- le propuso gustosa, continuando con el baile- Elija a la que elija, nuestro objetivo es divertirnos.
-Pobre sujeto… es poco considerado de tu parte- soltó una risa aún más fuerte, siguiéndole la corriente.
Serpenteando sus figuras, contonearon sus caderas con movimientos fluidos de manera ascendente y descendente, tan diestros que comenzaban a llamar excesivamente la atención a su alrededor al ritmo de Roses de Imanbek. Escucharon a Yukino animarlas, mientras su novio Sting la tenía pegada a su propio cuerpo.
Juvia terminó la bebida de una sólo trago y dejó el vaso en la mesa que estaba próxima, sin prestar atención. Volvió con su compañera de danza, para continuar con la provocación que ambas sabía ejecutar con maestría. Aquella manera de bailar siempre las divertía, sin mencionar que el alcohol la estimulaba a moverse aún más en medio de un ambiente electrizante. Las luces y la música a todo volumen era la combinación perfecta para hacer vibrar su anatomía, llenándola de todo lo que necesitaba en aquel momento.
Estaban tan perdidas en sus asuntos, que se sobresaltó cuando sintió una fuerte mano tirar de su brazo, provocando que perdiera ligeramente el equilibrio, cayendo sobre el torso musculoso del sujeto que había tirado de ella. Al levantar su mirada lista para replicar molesta por su torpe acción, se encontró con el rostro serio de Gray, quien transmitía un aura oscura. A su lado, percibió como Meredy la abandonaba cobardemente, mezclándose en la multitud. Sabía del temor que sentía su mejor amiga por molestar a Gray, por lo que no le extrañó su pequeña traición. Suspirando vencida al verse descubierta in fraganti, aguardo a la reprimenda del pelinegro.
-¿Se puede saber qué haces aquí cuando deberías estar en tu habitación?- consultó Gray sin soltar su agarre, inclinándose sobre ella para que pudiera oírlo.
-Juvia vino a bailar- explicó encogiéndose de hombros, aún sin ánimos de confrontar con él- Estaba harta de estar encerrada mientras todos pasaban un buen rato.
Observó las facciones tensas del pelinegro, las cuales se relajaron ligeramente al escucharla. El agarre sobre su brazo se hizo más suave bajo su fría mano, la cual provocaba ligeros escalofríos por la diferencia de temperatura.
-Mañana es el juego- le recordó, mirando hacia un costado.
-Juvia lo sabe- frunció el ceño, sorprendida por su falta de regaño.
Lo estudió por unos segundos. Gray seguía con la ropa con la que había estado en casa, ligeramente inadecuada para estar en un lugar tan exclusivo como aquel. Se preguntó cómo había logrado que lo dejaran entrar y la velocidad con la que la había localizado.
-Tienes una hora- suspiró soltando su agarre, mientras peinaba sus cabellos hacia atrás.
Sin decir nada más, ocupó la mesa vacía cerca de ella y se cruzó de brazos, vigilandola como si de un halcón se tratara. Dudosa aún, buscó con la mirada a Meredy, quien estaba junto a Yukino y Sting, estudiando la situación desde una sana distancia. Al comprender la inacción del pelinegro, su cobarde mejor amiga por fin se animó a suprimir el espacio.
-Lo siento- se rió nerviosa ante su mirada acusatoria- Realmente no sé cómo haces para enfrentarlo. Da mucho miedo cuando está enfadado.
-Aprovechemos el tiempo que nos queda- suspiró aún dubitativa, mirando de reojo en su dirección.
-Es una buena oportunidad para que intentes descongelar al Hombre Frío- le sugirió repentinamente divertida, instando a que continuaran con su sugestivo baile.
Intentó abstraerse de su vigilancia, pero sentir su penetrante mirada gris sobre ella no le hacía fácil actuar como si nada estuviera pasando. Lo observó disimuladamente beber del trago que había solicitado a uno de los mozos, con una pose tensa y ligeramente molesta. Tan penetrante era su mirada que había descubierto que había conseguido mantener lejos de ellas a algunos hombres que intentaban cortejarlas.
No obstante, aquella aura de enfado parecía no detener a las mujeres que, insistentemente, se acercaban para intentar captar su atención. Aquel hecho la irritó profundamente porque, aunque nunca apartó los ojos de dónde ella estaba, sostuvo conversación con varias de aquellas mujeres.
Logró tolerar moderadamente la situación, hasta que una decidió ser más osada que el resto, interponiéndose deliberadamente en su campo visual, rompiendo la distancia entre ambos hasta sostener su camisa negra por su cuello. Con aquella simple acción, toda su diversión se había ido al demonio. Furiosa por tener que ser testigo de tal escena, le dijo escuetamente a Meredy que la llamaría al día siguiente para ir juntas al partido y se dirigió hacía su objetivo a paso altanero.
-... sólo quiero bailar un poco- escuchó suplicar a la sensual rubia teñida.
Aún más irritada por su meloso y sugerente tono, se paró al lado de ellos cruzada de brazos. Inmediatamente Gray le devolvió la mirada, sorprendido de que estuviese allí, pero decidió permanecer en silencio.
-Ya es hora de irnos, Fullbuster- le anunció, como una orden.
Sin decir nada, Gray se colocó de pie mientras separaba delicadamente a la rubia de su anatomía. Sin esperar demasiado, Juvia se giró para dirigirse hacía la salida mientras esquivaba fríamente a los sujetos que intentaban convencerla de que bailara con ellos. Buscó su chaqueta del guardarropas y salió a la fría calle, donde las personas aún hacían fila intentando ingresar al afamado local nuevo. Procurando controlar sus nervios, rebuscó con prisa en su bolso de mano para sacar un cigarrillo y prenderlo.
Percibió el momento exacto en que él llegó hasta ella, ya que su alta complexión se interponía con la luz del alumbrado público, dejándola bajo su sombra. Sin mencionar el abrasante calor que su cuerpo despedía.
-La motocicleta está por allá- le indicó señalando el estacionamiento al lado del local.
Sin decir nada, caminó hacía el lugar indicado, encontrando a la clásica motocicleta que destacaba siempre en cualquier lugar. Muchas veces se habían acercado a Gray sujetos interesados en comprar aquel vehículo de colección.
Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no se percató cuando el pelinegro le quitó el cigarrillo de su mano. Lo miró molesta dispuesta a protestar hasta que comprendió que no iba a tirarlo, sino simplemente fumar de él.
-Esa chaqueta de cuero no es suficiente abrigo para una noche como esta- le aseguró Gray, cortando el silencio reinante en el solitario espacio- Apenas tapa la ropa interior que llevas puesta.
-Es una fortuna que no seas el asesor de imagen de Juvia- replicó mordaz, recuperando su cigarrillo- Lo que tú llamas ropa interior, es un Bralette o Crop Top. A Juvia le sorprende que habiendo vivido en Crocus no conozca las prendas que están de moda.
Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir como su mirada la estudiaba detenidamente, sin prisas. Ciertamente, no se había vestido tan sexy para él, pero el pelinegro no parecía sentirse limitado por aquel hecho. Aspiró el agreste sabor del cigarro, intentando inútilmente tranquilizar sus nervios, aún a pesar de ser consciente que sus pechos se habían endurecido sólo por saberse observados. Si bien, él sólo estaba analizando su vestimenta, a su cuerpo parecía no importarle a la hora de reaccionar.
-Llamalo como quieras, sigue pareciendo un sostén de encaje- como si de un juego se tratara, le quitó el cigarrillo en cuanto terminó de hacer una pitada- La falda es linda, aunque muy ajustada y corta. El color rosa claro te sienta.
Comprendiendo que no respondería a su última afirmación, Gray fumó lo que quedaba del cigarrillo, para tirarlo al suelo y pisarlo sin prisa. Tomó el casco de repuesto y se lo pasó sin mirar, subiéndose de un ágil movimiento. El pelinegro se colocó su casco sin más prólogos y esperó pacientemente a que subiera también. Pero, al percibir que ella no se movía, se giró para estudiarla nuevamente.
-Juvia está analizando cómo subirá... por la minifalda- admitió molesta mientras se cruzaba de brazos- No tenía en sus planes subir a una motocicleta esta noche.
Gray le regaló una sonrisa divertida por su dilema, permaneciendo en silencio cruzado de brazos. Ignorando deliberadamente aquel gesto, después de estudiar pros y contras, subió de un movimiento cuidadoso al vehículo estrechándose a él para contrarrestar que la tela se plegara sobre sus muslos, dejando demasiada piel expuesta. Decidida a no dejar que aquella noche exasperante escalara un peldaño más, le indicó que partieran.
Una vez que llegaron a su hogar, Gray esperó pacientemente a que ella descendiera torpemente de la motocicleta dentro del garaje. Pero se sorprendió al ver qué Juvia no caminaba hacía la casa inmediatamente, como acostumbraba hacer.
-¿Por qué no le gritaste a Juvia y la obligaste a volver cuando la encontraste?- consultó cruzando sus brazos, mirándolo con extrañeza- Lo ha pensado todo el camino y aún no encuentra una razón.
-Porque me di cuenta que de verdad necesitabas pasar un buen momento- se encogió de hombros, suspirando pesadamente- No estuvo bien que faltaras a tu palabra, pero entiendo la situación.
Juvia lo estudió detenidamente, buscando en su rostro algún indicio de mentira. No estaba dispuesta a bajar la guardia respecto a él tan fácilmente.
-Parecías divertida mientras bailaban- reconoció, acercándose hasta ella.
Por una fracción de segundos, Juvia perdió el aliento. Había sido capaz de ver en sus ojos grises un destello de deseo, tan fugaz pero intenso que logró estremecer todo su cuerpo. Asustada por su reacción y de alguna manera dejar en evidencia su sentimientos, dio un paso atrás fingiendo frialdad y entró a la casa a toda prisa, sin mirar atrás.
*
Sentada en las gradas de la cancha de béisbol del instituto, observaba aburrida a la multitud que se habían reunido para asistir al homenaje. Aquella cancha era siempre usada los fines de semana por la comunidad, en un acuerdo con la directora Evergreen y Makarov Dreyar, organizador de la liga amateur. Ese sábado a la tarde se enfrentaría los Demons contra los Dragons, viejos rivales y mejores equipos de la ciudad.
-No conseguí refresco dietético- Meredy le entregó uno de los vasos descartables, sentándose a su lado- ¿Cuánto falta para que empiece?
-Sólo unos minutos- le aseguró dando un sorbo a su bebida azucarada.
A unos metros de distancia, sobre la cancha, se encontraban Gray y Natsu conversando mientras el pelinegro calentaba sus brazos abanicando el bate. Aquella tarde, los mejores amigos serían contrincantes, ya que el pelirrosa jugaría en el equipo de su padre, participando también de la celebración. Lo gracioso era que ninguno de los dos eran realmente buenos en aquel deporte, lo que sería divertido de observar.
-Gray se ve muy apuesto con la camiseta de los Demons- la molestó la pelirrosa, golpeando ligeramente sus costillas con el codo- ¿No es esa la camiseta que siempre usas para dormir?
-No, Gray tiene la suya- suspiró aburrida, apoyando su codo en su pierna para así sostener su cabeza con su mano- La de él tiene una mancha de mostaza en la espalda.
-No se la ve desde esta distancia- aseguró, tapando la luz del sol con su mano para enfocar mejor.
Desganada, estudió la espalda del pelinegro buscando la mancha para señalarla, cuando se percató que efectivamente aquella era su camiseta, la cual había sido tomada sin su consentimiento. Después del incidente de la noche anterior, había salido huyendo temprano hacía el hogar de Meredy, sintiéndose aún con las defensas bajas para enfrentar a su hermanastro. Pero ya estaba completamente sobrepuesta.
Se irguió furiosa, dispuesta a encarar al pelinegro para recalcar el robo, cuando un cuerpo se interpuso frente ella, cortándole la visión de su objetivo.
-Juvia- le sonrió galantemente Lyon, una grada más abajo- No sabía que vendrías hoy al evento.
Estaba a punto de responder el saludo cuando observó a la pelinegra que iba junto a él, a la cual no veía hacía años. Ultear seguía tan hermosa como la recordaba, con su mirada seria y su cuerpo escultural.
-Hola Lyon- respondió volviendo su vista al rubio- Juvia lo decidió a último momento- estampó una sonrisa tensa y miró a su hermana- Hola Ultear. Juvia no sabía que estabas de nuevo en Magnolia.
-Sigues hablando en tercera persona, que adorable- sonrió Ultear, empujando su cabello medianoche fuera de su hombro hacía su espalda- Has crecido mucho, es bueno verte. Llegué ayer, ya que termine antes de tiempo el semestre.
La hermosa pelinegra había partido un año después de Gray a la universidad, dirigiéndose a Arakirashia, ya que había ganado la beca en la Universidad Imperial, tan prestigiosa a nivel internacional como Crocus. Aquella había sido la causa de su ruptura con el pelinegro, debido a que ninguno de los dos sentía conveniente mantener una relación a distancia después de un año intentando. Lo que Gray no sabía, pero ella sí, era que Ultear no había sido del todo fiel mientras su hermanastro estaba en Crocus.
-Al finalizar el evento, podríamos ir todos juntos a comer y así recordar viejos tiempo- propuso Ultear, mirando en dirección a su ex novio, quien había notado la presencia de los hermanos.
-Si, seguro- respondió con fingida alegría, sabiendo en su interior que se retiraría antes de lo planeado para evitar tal compromiso.
Ambos equipos salieron a la cancha, por lo que la multitud aplaudió entusiasmada el ingreso de los jugadores. Ambos hermanos se sentaron inmediatamente, para disfrutar el partido. Sin perder tiempo, Meredy tomó su mano en forma de apoyo, sabiendo perfectamente lo que la pelinegra generaba en su mejor amiga.
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Finalmente, el encuentro había sido más una excusa para divertirse que una competencia real. Los únicos que se habían tomado en serio el encuentro fueron Natsu y Gray, quienes habían dado todo, aún cuando ninguno había sobresalido por su poca destreza en aquel deporte.
La presencia de Ultear la había exasperado tanto, que tomó el final del encuentro como excusa para retirarse en dirección a los baños. Meredy ya sabía que debían encontrarse en el estacionamiento para retirarse juntas. Pero, a mitad de camino, Igneel la había llamado por el altoparlante para que se aproximara hasta la cancha, para entregarles a Gray y a ella una placa conmemorativa. Nuevamente, fingiendo una alegría que no sentía, caminó lentamente hasta que estuvo juntos los jugadores reunidos.
-Esto no es solamente por Silver, sino también por Kristal, quien siempre ayudó en cada una de las celebraciones después de los partidos- les explicó Igneel, entregándole a los dos la placa.
Junto a Gray y el resto del equipo de los Demons, se tomaron una fotografía para inmortalizar el momento. Aprovechando el alboroto inicial, después de saludar a muchos de los amigos de sus padres, se escabulló entre la multitud para retirarse hacia la zona posterior a las gradas en dirección al estacionamiento. Lamentablemente, no había pasado desapercibida como había esperado.
-Espera, Juvia- le gritó Gray, corriendo tras de ella, aún con la placa en su mano- ¿A dónde vas? Aún queda la celebración en el bar de Gildarts.
-Ju…- se detuvo al recordar las palabras de Ultear- Me voy a casa, no estoy de ánimos de festejar.
-Por favor, vamos. Aunque sea unos minutos- le pidió amablemente, estudiando su semblante tenso- Igneel se ha tomado muchas molestias en organizar todo, no estaría bien que no fuéramos ambos.
-De acuerdo- suspiró derrotada ante la imposibilidad de negarse. Adoraba a Igneel como si fuera un tío, no podía ser descortés con él- Pero no estaré mucho tiempo.
-¿Ocurre algo malo?- consultó preocupado tratando de acariciar su rostro. Era inusual que la peliazul no usara la tercera persona para hablar.
Frustrada de aquella tensa situación, apartó violentamente la mano de un golpe, interponiendo aún más distancia entre los dos.
-Esa es la camiseta de Juvia- escupió como un insulto, buscando una excusa para estar molesta con él.
-Si, la tomé de la lavandería sin darme cuenta- se justificó, sorprendido por la réplica y su agresiva reacción.
-Sabes que no le gusta que tomes sus cosas- expresó aún más molesta, sin cuidar el volumen de su voz.
-Chicos...
La voz de Igneel los sacó de la burbuja en la que estaban, siendo conscientes del grupo de personas que los observaban. Natsu apreciaba la escena de brazos cruzados, siendo seguido por Lucy, Meredy, Lyon y Ultear. Gray adquirió una pétrea expresión, evidentemente molesto porqué los descubrieran peleando en público.
-Estamos por ir a Clive- les informó Igneel con ceño fruncido, asombrado por la pelea de ambos- ¿Hay algún problema?
-Para nada- respondió serenamente Gray, poco dispuesto a que siguieran siendo el centro de atención.
-¿Quieren que los llevemos?
-Iremos en mi motocicleta- sonrió, fingiendo despreocupación- No se preocupen.
La mayor parte del grupo aceptó la excusa y se retiró hacia la camioneta de Igneel. Fue entonces que Lyon se acercó nuevamente a ella con una simple sonrisa, pareciendo dispuesto a retomar la charla de las gradas. Sin embargo, Gray se interpuso entre ambos rápidamente, con una expresión cruda y amenazante que sorprendió a todos.
-Tanto tiempo sin verlos, Gray- Ultear se colocó entre ambos, ignorando la mirada de odio que le dirigía el pelinegro a su hermano mayor- Por fortuna, veo que sigues igual a lo que recordaba.
-¿Cómo estás, Ultear?- consultó peinando su cabello hacía atrás, para mantener las manos ocupadas- No sabía que habías venido de visita.
-Fue algo de improvisto- le aseguró, depositando una de sus manos en su cintura, coqueta.
Tomó aire fastidiada profundamente por la escena. Miró a su alrededor en búsqueda de Meredy, encontrandola conversando animadamente a unos metros con Macbeth Midnight, su nuevo y momentáneo interés romántico. Intentó aprovechar la distracción del pelinegro para irse con ella, pero Gray fue aún más rápido tomándola del codo para que no se escapara.
-Podemos ponernos al corriente en Clive- le propuso Gray, terminando la conversación con su ex novia.
Aún tomándola de su codo de una forma poco amable, la guió hacia la motocicleta. Cómo ella había ido con Meredy en su automóvil, solamente había un casco. Sin delicadeza, le pasó la placa y le colocó el casco a ella. Luego se montó al vehículo.
-Sube- le ordenó molesto.
Todo en su ser le decía que se resistiera a su trato hostil y autoritario, pero al mirar hacía atrás descubrió a Ultear y Lyon aún mirándolos detenidamente. Vencida, se subió a la motocicleta, aliviada de haber elegido aquel día usar unos cómodos jeans negros, aunque su corta camiseta no era lo suficientemente abrigada para soportar el viento. Pero se rehusaba a admitir aquel detalle a Gray, por lo que se montó sin quejarse.
Por suerte, su cuerpo le brindó el calor suficiente para soportar la el frío viento. Sin embargo, lo que no pudo evitar fue embrigarse del intenso perfume de su piel, aún a pesar de que no había tenido tiempo de darse una ducha después el partido. Aunque sonara imposible, olía demasiado bien.
Llegaron después de diez minutos al bar. Bajando veloz, intentó alejarse de él inmediatamente, pero Gray tenía otros planes, ya que había estacionado a una distancia considerable de la entrada. Antes de dar unos pocos pasos, la tenía nuevamente tomada de uno de sus brazos.
-¿Qué quieres?- interrogó hostil.
-Mantente lejos de Vastia- le ordenó, igual o más molesto.
Apreció por unos instantes su hermoso rostro contraído por el enfado. No entendía la causa de la reciente aversión hacia Lyon, pero estaba poco dispuesta a permitirle digitar tan fácilmente su vida.
-¿Por qué?- indagó, soltándose de su agarre y cruzándose de brazos, aunque la placa le impedía hacerlo bien.
-Porque te lo estoy diciendo.
-No le es suficiente a Juvia.
Para su fortuna, en aquel tenso momento, Natsu salió de la taberna estudiando su alrededor hasta que los encontró. Sin perder tiempo, se aproximó con prisa hacia ellos, sin detectar en ningún momento la tensión entre ambos.
-¿Qué hacen aquí?- consultó exasperado- Los estamos esperando para hacer el brindis.
Aprovechando la oportunidad, se pegó al pelirrosa en un movimiento fluido, quien la miró con curiosidad por su accionar. Natsu no era estúpido, pero sí tendía a buscar las respuestas más simples si pensaba que el problema era sencillo.
-Gray está molestando a Juvia- le comentó con voz aniñada, tomando su brazo y colocándose tras de él como si fuese un escudo- Tu si me llevarás alzando en tu espalda para que exhiba la placa ¿verdad, Natsu-kun?
Natsu sonrió ampliamente, tomando sus palabras como un reto, una forma de demostrar que era superior a Gray, mientras el pelinegro tapaba sus ojos con una mano, negando ligeramente su cabeza. Sin prolongar la cuestión, Natsu se colocó en cuclillas para permitirle el acceso a su espalda. Con una sonrisa triunfal por la batalla ganada, Juvia brincó sobre él y río al escuchar el grito eufórico de Natsu, quien la llevaba sin esfuerzo alguno. Giró la cabeza para ver cómo Gray avanzaba tras ellos, con una mirada fría impresa en sus fracciones.
-Levanta en alto la placa- ordenó Natsu con entusiasmo- Debemos hacer una entrada a lo grande. No te dejaré caer.
Obediente ante la petición de su salvador, levantó los brazos con la placa firmemente en sus manos, mientras el pelirrosa empujaba la puerta de una patada poco civilizada. Cuando los presentes los vieron entrar, estallaron los aplausos en forma de bienvenida. Olvidándose por un momento del mal rato, rió mientras Natsu la paseaba por todas partes.
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Escondida de la mirada de halcón de Gray, conversaba junto a Meredy, quien había robado un vaso de cerveza a su despistado hermano, distraído con los besos de Erza. Sabía que si iba hasta la barra, Gildarts le diría que no les vendería alcohol por ser menores pero Cana haría caso omiso, traficando para ellas. Sin embargo, no deseaba tener más problemas aquella noche, por lo que se mantuvo con lo mínimo, evitando en todo momento que alguien las atrapara.
-Ahora que estamos solas, dime que ocurrió en el estacionamiento- le solicitó Meredy, mirándola atentamente.
Intentando prolongar su respuesta, bebió del líquido ámbar. Pero pronto se quedó sin excusas, por lo que tomó aire y enfrentó con la mirada a su amiga.
-Simplemente, Juvia le reprendió por robar su camiseta- le explicó fingiendo tranquilidad.
-Tu y yo sabemos que eso no fue todo- aseguró cruzando sus brazos, como una madre que regaña a un hijo por mentir.
-¡Está bien! Juvia estaba molesta por la presencia de la estúpida de Ultear- reconoció, escupiendo las palabras con los dientes apretados- No quería venir y tener que tolerar su presencia toda la noche. Cómo no se pudo negar, buscó un motivo para pelear con Fullbuster y poder evitarlo durante la velada.
-Es bueno que empecemos a hablar con sinceridad- le sonrió triunfante ante su victoria- Pero Juv, no debes darle tanto poder sobre ti a esa harpía.
Suspirando, bebió aún más hasta terminarse el contenido del vaso. Sabía que Meredy tenía razón en lo que decía, pero para ella era realmente imposible pasar cualquier cosa por alto relacionado a la pelinegra.
-Juvia lo sabe- reconoció con un bufido- Pero siempre la hace sentir tan inferior a ella, como la niña que fue hace años, ingenua y estúpida. Además de fingir ser perfecta e inocente.
Meredy la consoló abrazándola ligeramente por los hombros, recargando su cabeza sobre la de ella. Aceptó la muestra de cariño por unos segundos y se apartó para no llamar la atención. Tan amable como siempre, la pelirrosa sacó a colación temas más superfluos hasta que fueron interrumpidas por un intruso, que se inclinó detrás de Juvia.
-Hace algunos minutos que te estaba buscando- sentenció una voz a su oído.
Al girar, se encontró con la penetrante mirada de Lyon, quien le regalaba su sonrisa galante. Lo estudió por unos instantes, ya que la mayor parte de la noche no se había separado de su hermana, quien seguramente en esos momentos estaría acorralando a Gray en algún rincón.
-Quería hablar un momento contigo, a solas si es posible- le solicitó con voz suave.
Miró a su amiga, quien le dedicó una sonrisa de aprobación. Sin pensarlo demasiado más, asintió. Lyon sonrió complacido por su respuesta y tomó su mano, llevándola por la puerta de atrás. En un abrir y cerrar de ojos, ambos estaban parados junto al automóvil del rubio.
-¿Que querías decirle a Juvia?- consultó, recostando su cuerpo en el vehículo mientras cruzaba sus brazos.
-Quería entender porque Gray intento destriparne a la salida del juego- suspiró peinando su cabello.
-Deberías preguntarle a él- alzó una ceja, suspicaz.
-Para ser sincero, eso realmente no me importa mientras no afecte nuestra amistad- le aseguró, encogiéndose de hombros mientras avanzaba lentamente hacia ella.
-¿Amistad? Juvia no sabía que tenían ese tipo de relación- replicó con una sonrisa, sintiéndose repentinamente tentada a ser coqueta.
Apartando la mirada de él, buscó en el bolsillo de su jeans sus cigarrillos mentolados y encendió uno, mirándolo en todo momento. Lyon contrajo un poco la mirada ante su acción, pero no dijo nada ni retrocedió en su avance.
-¿Qué te parece si entramos a mi automóvil?- le sugirió el rubio, acariciando ligeramente la piel de su mejilla- Hace frío aquí afuera. Parece que pronto nevará.
Lo cierto era que el calor de sus cuerpos tan juntos contradecía dicha afirmación, pero estaba dispuesta a comprobar hasta qué punto Lyon estaba interesado en tener algo con ella, aún cuando no buscaba algo duradero, sino sólo pasar un buen rato.
Se movió discretamente hacía un costado para permitirle abrir la puerta trasera. Descartó el resto del cigarrillo luego de una última pitada, deslizándose en el interior del espacioso vehículo. Lyon no perdió tiempo y la siguió velozmente, evidenciando su entusiasmo. Sin embargo, una vez junto a ella, pareció no saber cómo terminar lo que que había comenzado, o quizás meditar si estaba dispuesto a asumir las consecuencias. Impaciente por naturaleza, tomó sin mucha delicadeza de su camiseta y lo acercó hacía ella, besándolo sin perder tiempo. El rubio pareció estar agradecido de que fuera ella quien iniciará el encuentro, ya que respondió más que gustoso casi al instante.
Saboreó sus labios con esmero, pero pronto descubrió que, a diferencia de Rogue, aquel intercambio no era espectacular como lo había supuesto. Sin dudas, había pensado que la edad y la experiencia habrían moldeado un poco al rubio, pero la realidad distaba de sus fantasías. Aquel descubrimiento echó por tierra las posibilidades de Vastia de llegar a segunda base. Mientras lo besaba, pensó rápidamente una excusa para terminar allí aquel encuentro, pero fue sorprendida por un violento movimiento que la separó de él, dejándola sola en el asiento trasero.
Abrió los ojos sorprendida, para encontrar a Gray gritándole al también anonadado Vastia, mientras golpeaba su rostro. Lyon cayó al suelo de la vereda aún consciente, para recibir a un furioso pelinegro quien lo golpeaba sin descanso.
-¿¡Qué estás haciendo!?- gritó desesperada, saliendo torpemente del automóvil.
Algunas personas comenzaron a salir del local, pero eso no la tranquilizó por lo que se lanzó a la espalda del pelinegro en un intento de frenarlo.
-¡Ya basta, Gray!- le ordenó, abrazada a su cuello, intentando inútilmente separarlo de Lyon- Si sigues así, vas a matarlo.
Sin embargo, el pelinegro parecía dominado por una fuerza ajena a él, que lo obligaba a no dejar de golpear a su oponente, quien no tenía posibilidad de devolver ningún golpe. Desesperada al ver el rostro de Vastia, se abrazó aún más a su cuello.
-Por favor, detente- le rogó con angustia en su voz.
Contra todo pronóstico, aquello apreció traerlo nuevamente al mundo de la razón. Dejó el casi inconsciente cuerpo de Lyon, mientras algunas personas se acercaron a socorrer al rubio, entre ellos su hermana menor.
-¿Qué has hecho, Gray?- consultó horrorizada Ultear, intentando limpiar el rostro ensangrentado de su hermano.
-Mantente alejado de Juvia- siseó amenazante a Vastia, sin dirigir su mirada a Ultear.
Una vez que sus pies tocaron nuevamente el suelo, Juvia percibió la mano derecha del pelinegro sobre su antebrazo, tirando en dirección a la motocicleta. Intentó resistirse, recuperando la molestia que había sentido cuando los había interrumpido. Ahora que el susto había pasado, percibió como la furia invadía su torrente sanguíneo.
-Detente- le ordenó resistiendose inútilmente, mientras sus pies eran arrastrados por el asfalto.
Pero Gray sólo le dirigió una mirada de advertencia que, por primera vez en su vida, realmente la asustó. Jamás la había tratado de esa manera tan torpe y violenta, por lo que se sentía nerviosa.
-Sube a la motocicleta de una maldita vez- le gruñó, sin importarle por primera vez el casco de seguridad- Nos vamos a casa.
-Juvia no quiere irse- se atrevió a decir, aunque con voz estrangulada.
Fue entonces cuando el pelinegro tomó aire hondamente mientras cerraba con fuerza sus ojos, en una expresión que le reveló que estaba intentando mantener su temperamento a raya.
-No es una pregunta- le advirtió, clavando sus ojos grises en los suyos, como si de dos dagas de hielo se trataran.
Miró nuevamente a dónde se encontraba el maltrecho cuerpo de Lyon. De la puerta principal comenzaba a salir cada vez más personas para saber qué estaba pasando. Temerosa de la reacción de Igneel o hasta del mismo Natsu, decidió que lo mejor era que ambos se fueran del lugar.
Vencida, pero aún molesta, relajó un poco su cuerpo para transmitir el mensaje. Gray pareció comprender perfectamente, ya que la liberó de su agarre y se subió al vehículo, encendiendolo en tiempo récord. Sin más, subió también y se marcharon, ya sin mirar atrás.
Hola a Tod@s!
Aquí va el segundo capítulo de este fic. Quiero agradecer especialmente a Gruviafan y los otros dos usuarios que dejaron los comentarios de apoyo. Es muy importante para mí saber que su opinión de esta historia, eso me impulsa a seguir siempre :)
Espero que este capítulo les haya gustado a todos los que se tomaron la molestia de leerlos y explique mejor los sentimientos (en este caso de Juvia) de los protagonistas.
Gracias, Gracias, Gracias por mil!
Saludos.
Miko Fleur
