(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.


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Capítulo III

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Un año atrás

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En cuanto el avión había aterrizado, Gray corrió desesperado por el inmenso aeropuerto, esquivando a las personas y sus equipajes, hacia la parada de taxis en la entrada. Después de la llamada de Laxus, ahora jefe de la policía de Magnolia, informándole la tragedia de sus padres, intentó disponer todo para regresar cuanto antes. Por fortuna, Igneel le había llamado una hora más tarde, asegurando que se haría cargo de Juvia hasta que él llegara, además de comenzar los trámites para el entierro. Aún así, desarmar su vida en Crocus le había tomado más de lo imaginado, sin mencionar conseguir un pasaje con tan poco tiempo, para llegar al velatorio.

Le solicitó al taxista que lo llevará directamente hacía la funeraria, aún a pesar de no saber dónde guardaría después su gran maleta. Pero eso no era importante en aquel momento, sólo deseaba llegar rápido y ver cómo estaba Juvia. La imagen recurrente de su pequeña hermanastra, quebrada, triste e indefensa, invadía sus pensamientos como una tortuosa visión. Durante esos tres días, Igneel le había comentado que no había querido hablar con nadie, rechazando su llamada cuando había solicitado que los comunicaran. Sólo había aceptado la presencia de Meredy e Igneel, permaneciendo encerrada en su habitación.

Una vez llegado a su destino, pagó urgido sin importarle el cambio. Se apresuró a empujar la valija tras él mientras lo recibía a su paso amigos y compañeros de trabajo de sus padres. Intentando ser lo más cortés posible, se abrió camino en la muchedumbre hasta encontrar al alto pelirrosa que aguardaba en la puerta de entrada al salón donde descansaban los restos mortales de sus padres.

-Gray, que bueno que hayas podido llegar- lo saludó Igneel con un sentido abrazo- Pensábamos que llegarías más tarde. De saberlo, hubiese enviado a Natsu a buscarte.

-Logré conseguir un espacio en un vuelo después de insistir mucho- reconoció cansado, empujando un mechón de su cabello hacía atrás- Hola Natsu.

-Hola Stripper- lo saludó con una mueca que no llegaba a ser una sonrisa- Lamento que nos volvamos a ver en estas circunstancias.

Ambos hombres se abrazaron fuertemente por unos instantes, compartiendo sus emociones. Alejándose, Natsu tomó su maleta sin preguntar y le dijo que la llevaría a la camioneta para que no tuviese que preocuparse por ella. Agradeció a su mejor amigo por su gesto y volvió la mirada a Igneel.

-¿Donde está Juvia?- consultó ansioso, mirando hacía todos lados intentando localizarla.

No hizo falta su respuesta, ya que distinguió la larga cabellera azul clara, idéntica a la de Kristal, junto a los dos ataúdes cerrados y con fotografías de sus padres en momentos felices. Vestida completamente de negro, permanecía de espaldas a la multitud, sola. Desde aquella distancia, podía apreciar que había crecido varios centímetros desde la última vez que se habían visto.

Se disculpó rápidamente de los pelirrosas y suprimió el espacio que lo separaba de su hermanastra. Pero, poco antes de llegar hasta su objetivo, Juvia giró en su dirección con su mirada triste, paralizando su cuerpo. Por un momento, dudo si esa mujer era realmente la hermanastra que había visto por última vez hacía tres años, ya que distaba de la imagen mental que absurdamente había sosteniendo de ella. Ante él estaba la criatura más hermosa que había visto alguna vez, con sus facciones de belleza clásica, su piel de porcelana como la nieve, su cuerpo lleno de curvas exuberantes y definidas que habían estado escondidas bajo su amplio chal.

No obstante, cuando sus ojos se encontraron, su expresión triste se transformó en una de agreste frialdad que lo golpeó tanto como la revelación de su cambio. Sin perder tiempo, Juvia le dio la espalda cortando cualquier contacto visual mientras Meredy se aproximaba a ella, alcanzándole un vaso descartable con café y tomando su mano, estrechándose contra su costado.

Advirtiendo que no deseaba que se acercara, tomó aire profundamente comprendiendo que su relación estaba rota por la distancia y el recuerdo de su pasado. Había tenido la leve esperanza de que Juvia dejara cualquier aspereza para otro momento, pero evidentemente el daño que le había hecho era mucho más grande del que pensó.

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Entraron a la oscura casa de sus padres en silencio. Suspiró completamente agotado por aquel día, mientras la peliazul se dirigía hacía la cocina. Igneel los había llevando amablemente, consultando si no deseaban cenar en su casa. Juvia fue la primera en negarse dulcemente, alegando que estaba demasiado exhausta, además de tener dolor de cabeza. Gray concordó, admitiendo que no había dormido bien esos días.

Decidido a intentar que la brecha invisible entre ambos se rompiera, dejó la maleta para subirla después a su vieja habitación y la siguió silenciosamente. La descubrió colocando agua en la caldera para prepararse una taza de té. Nuevamente, sólo podía ver su cabello largo y ondulado, ya que Juvia no parecía dispuesta a hacerle frente.

-Creo que deberíamos hablar- trató de que su voz sonara seria pero conciliatoria y amable.

-Juvia no está interesada- respondió con simpleza, sin detener los movimientos.

-Por favor, Juvia…- se aproximó más, intentando romper la distancia tácita que los dividía- Creo que es importante que intentaramos…

-No le interesa- sentenció nuevamente, molesta, enfrentándolo por primera vez- A Juvia le importa poco si nos llevamos bien o no, no modifica su vida. Si estás buscando aliviar tu conciencia, ese es tu maldito problema Fullbuster.

-Sólo escúchame, por favor…- intentó continuar a pesar de su réplica, sintiendo cómo la culpa inundaba su corazón.

-No- lo cortó, apuntándole con el dedo- Durante años, te importaron poco los sentimientos de Juvia y viviste sin remordimientos, hasta hoy. Ya es tarde. La muerte de mamá y Silver nos duele a los dos, eso lo entiende. Pero para Juvia, eso no significa que debemos mantener una relación.

Giró para continuar con sus preparativos al escuchar la caldera silbar a su espalda, anunciando la ebullición del agua. Rellenó suavemente la taza y se dispuso a marcharse, pero Gray le cortó el paso interponiendo su atlético cuerpo.

-Es justo lo que dices. Nunca fui bueno contigo y comprendo tu desconfianza. Sin embargo, esperaré pacientemente a que quieras hablar, porque es importante que solucionemos las cosas entre los dos- le confesó tristemente, casi desahuciado.

La peliazul estudió su rostro en silencio. En consecuencia, Gray no pudo evitar perderse en esos intensos ojos azules contrariados. A pesar de que Kristal había sido una mujer muy hermosa que resaltaba en cualquier lugar, nunca había pasado por su cabeza que Juvia alcanzara una belleza tan segadora, superandola por mucho. Su rostro de corazón era tan delicado como el de una muñeca, con labios grandes y carnosos como la manzana prohibida, una nariz pequeña y respingada, pómulos marcados y ojos almendrados de un intenso tono azul índigo, poblados de largas y arqueadas pestañas oscuras.

Juvia dió un paso más, cerrando la distancia que los separaba, con una expresión repentinamente dulce que provocó que su corazón diera un salto dentro de su pecho. Pero tan subitamente como había aparecido dicho gesto, sus facciones tomaron un cariz soberbio y frío.

-Juvia te aconseja que busques un lugar cómodo para esperar esa charla- le respondió con una sonrisa cínica.

Sin decir nada más, lo esquivó para retirarse hacia su habitación. Gray la observó partir en silencio, sintiendo un nudo en su garganta por el torbellino de sentimientos que se agitaban en su interior como un temporal. Apretando los puños fuertemente, intentó alejar aquellas emociones, repitiéndose como mantra que no se dejaría vencer por una adolescente y que debía evitar pensar en Juvia de una manera que no fuera de inocente cariño. Cómo había dicho, esperaría pacientemente hasta que Juvia aceptara su presencia y le permitiera resarcir sus errores.

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Presente

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La tensión en el aire era tanta que se podía cortar con un cuchillo. Juvia entró primero al hogar azotando la puerta principal sin delicadeza al abrirla, ascendiendo estrepitosamente las escaleras hacia las habitaciones sin mirar atrás. En tanto, Gray luchaba contra la necesidad de seguirla y reanudar la pelea que habían tenido frente a Clive, como un furioso león enjaulado. Desde el día anterior, la peliazul había empujado su resistencia al límite de lo humanamente posible de soportar: sintió culpa cuando no quiso aceptar unirse a su reunión, trayendo nuevamente a colación el pasado que los distanciaba; ira al descubrir que había escapado rompiendo su promesa; un deseo segador al contemplar su baile sensual, que lo había dejado demasiado cerca de revelar sus pensamientos indecentes; miedo al descubrir que se había marchado de su hogar la mañana siguiente, sin mediar palabra antes del partido; angustia al percibir que estaba alterada después del evento deportivo; y finalmente un torbellino de furia tras su discusión antes de ir al bar y después de descubrirla en el automóvil de Vastia, besándolo apasionadamente.

Estaba harto de su hostilidad infantil y la facilidad con la que alteraba sus emociones. Durante casi un año había aguantado estoicamente contra su rebeldía y rencor, pero ya estaba cansado y no permitiría que lo siguiera tratando de esa manera.

Ganando su ira contra la razón, la siguió escaleras arriba a paso veloz, dispuesto a terminar de una buena vez con el status quo de su relación, dejando definitivamente de lado su paciente comprensión y espera. Sin molestarse en tocar, abrió la puerta de su habitación de un violento empujón. La peliazul, parada en medio de su habitación, lo miró consternada ya que se había quitado lo que llevaba puesto quedando sólo en ropa interior. En cualquier otro momento, aquello hubiera sido suficiente para que Gray saliera huyendo del lugar. Sin embargo, su cuerpo era dominado por una emoción fúrica que estaba lejos de entender razones o modales.

-¿¡Qué haces, imbécil!?- cuestionó horrorizada, mientras intentaba inútilmente cubrir su cuerpo semidesnudo con sus pequeñas manos- Sal de la habitación de Juvia, ¡AHORA!

-Estoy harto de tu maltrato- escupió rompiendo la distancia, sin importarle su réplica- Ésto ha sido la gota que rebalsó el vaso de mi paciencia.

-¡A Juvia le importa un bledo!- dejó de intentar cubrirse, empujándolo desde su pecho para crear distancia entre ellos, mientras su respiración se volvía superficial- Todo el día has actuado como un maldito idiota. Primero, tomado la camiseta de Juvia sin su consentimiento y después golpeando hasta casi matar a Lyon.

La realidad era que a ella le importaba poco la camiseta en esos momentos, pero no iba a reconocer que encontrarse nuevamente con Ultear había removido demasiado de su pasado más oscuro, lo que infantilmente la había impulsado a salir con Lyon del bar.

-Eso no te da derecho a dejarme en ridículo- gritó tomando sus muñecas para detener sus inútiles golpes a su pecho- ¿Qué pretendías con Vastia?

-Juvia sólo estaba conversando- mintió descaradamente, luchando ahora contra sus lastimadas manos como grilletes de acero, intentando infructuosamente liberarse.

-¡No soy estúpido!- bramó aún más molesto por su descarada mentira. Sólo pensar hasta dónde podrían haber llegado si él no los hubiera encontrado a tiempo en el estacionamiento, empujaba a un límite completamente nuevo su descontrol- ¡Estaban besándose en la parte trasera de su automóvil!

-¿¡Y eso que te importa a ti, Fullbuster!? ¡Juvia es libre de hacer lo que se le dé la gana!- chilló mientras continuaba moviéndose con violencia, siendo ahora ella quien se encontraba fuera de sí- ¡Debiste seguir con Ultear y meterte en tus propios asuntos!

Mirándolo fijamente, descubrió que los ojos grises del pelinegro adquirían una determinación que no comprendió. De un movimiento brusco que tampoco supo anticipar, Gray rompió la breve distancia que los separaba, tomando fuertemente su rostro entre sus manos para besar sus labios con verdadero hambre animal. Soltando un jadeo por la sorpresa, le terminó facilitando el acceso al interior de su boca, donde su ágil lengua la doblegó sin esfuerzo.

Saboreó sorprendida el dulce sabor de aquel torrente irracional de pasión. Aturdida, Juvia permaneció con los ojos completamente abiertos, incapaz de comprender qué estaba ocurriendo. Jamás nadie la había besado de esa manera, jamás nadie había logrado que su cuerpo reaccionara tan ardientemente con tan poco. Presa de sus emociones, finalmente se rindió entregándose plenamente al beso. La fuerte mano en la parte trasera de su cuello le impedía retroceder, pero Juvia debía reconocer que no tenía intenciones de hacerlo. Aquello era decadente e indebido, una mezcla tan excitante que era difícil de resistir. La mano libre de su hermanastro vagó por la piel de su cintura, obligándola a pegar su cuerpo contra el suyo con fuerza.

Si le hubiesen preguntado, ella hubiera contestado que aquel arrebato era imposible. Siempre intentaba fastidiar a Gray, pero él lograba mantener un control tan férreo de sus emociones, que le hubiera dado envidia a cualquier general en medio de una guerra. Aquel hombre apasionado era ajeno a su experiencia y le resultaba aún difícil entender porque la estaba besando.

En tanto, Gray saboreaba la gloria de sentir sus carnosos labios y la rendición final de su cuerpo contra él. La furia que había recorrido sus venas ahora lo dominaba, intentando marcarla para que nadie más pudiera tocarla. La lógica había salido volando por la ventana y sólo el deseo más profundo, animal y posesivo se había apoderado de su ser. Por primera vez, estaba dispuesto a tomar todo lo que había deseado desde que la había visto nuevamente, sin importarle las consecuencias.

Sus manos se apropiaron fuertemente de su cintura, elevando su ligero cuerpo hasta que la depositó sobre el simple escritorio de madera, estrechando nuevamente su anatomía contra él, posicionando entre sus largas piernas.

Juvia no pudo evitar soltar un jadeo desesperado al sentir su cuerpo estrechamente pegado al suyo, percibiendo la dura erección presionando sobre su palpitante y húmedo centro. Su traicionera anatomía respondía abnegadamente a cada una de las caricias que el pelinegro disponía sobre ella, revelando el grado de entrega irreversible en el que se encontraba.

Abandonó sus labios sólo para descender sus besos desde su cuello hasta el valle de sus turgentes senos, tirando con sus manos el broche de su sostén negro sin delicadeza. Una vez que estuvieron expuestos, se apoderó de uno de sus rosados pezones, robándole quejosos y sensuales gemidos, mientras las manos de Juvia, en lugar de rechazarlo, se hundían profundamente en su abundante cabello negro medianoche, regalándole una deliciosa sensación que lo encendió aún más, si era posible.

-Gray…- sollozó con voz quebrada, sintiendo cómo cada succión, lamida y morisco la llenaba de una exquisita electricidad, que recorría todo su ser para acumularse en su entrepierna.

Una vez que se sintió ligeramente saciado de sus hermosos y tentadores pechos, siguió su camino hacía abajo, deslizándose por su plano vientre mientras sus manos la empujaban sensualmente para que se recostara sobre la superficie del escritorio, apreciando el exquisito aroma a vainilla en su piel. Una vez frente a la pequeña porción de tela negra que guardaba sus secretos, incapaz de demorar su asalto, deslizó aquella barrera hacía uno de sus lados, obteniendo como recompensa la hermosa imagen de su sexo dispuesto. Respiró sobre él, causando que su cuerpo se sacudiera como si un rayo lo hubiese atravesado, por lo que decidió envolver sus brazos alrededor de sus piernas para impedir que su sensibilidad generará una resistencia. Adelantándose a lo que estaba a punto de hacer, la espalda de la peliazul se arqueó eróticamente sólo por la anticipación, por lo que decidió no prolongar más el asunto. Hundió sus labios en su centro húmedo, robándole escandalosos gritos de satisfacción que hincharon su pecho de soberbia.

Aunque estaba avergonzada de su reacción, Juvia no era capaz de callar sus gritos de placer mientras convulsionaba por el sublime acto. Jamás había sentido aquel aluvión de sensaciones que su boca le regalaba. El pelinegro era sumamente diestro en su invasión, empujándola a un mundo de éxtasis del que no había tenido conocimiento. Cada vez que su lengua recorría aquel lugar sin piedad, ella sentía rozar con la punta de sus dedos las puertas del cielo. Era tan sublime, que cada vez le costaba más lograr llenar de aire sus pulmones.

Aunque sonara extraño, Juvia sabía a gloria. Nunca había sido un fanático practicante del sexo oral, pero aquella vez sentía que estaba descubriendo algo completamente nuevo. Cada una de sus reacciones lo empujaba a continuar, a robarle aún más, inclusive a pesar de la dolorosa necesidad de autosatisfacción de su tenso y palpitante miembro apresado contra sus pantalones.

Pero todo sus pensamientos se extinguieron súbitamente cuando percibió que Juvia se tensaba por última vez, explotando en un maravilloso orgasmo que ella se encargó de hacerle saber con sus agónicos gemidos. Siguió bebiendo de ella hasta que gritó aún más fuerte, quedando completamente inerte contra el escritorio, siendo sólo su respiración agitada lo único que la acompañaba. Se incorporó rápidamente, grabando en su memoria la magnífica imagen de su cuerpo semi desnudo y su rostro completamente sonrojado, como el de una dócil ninfa recostada en un prado, con su largo cabello arremolinándose encantadoramente a su alrededor. Cada una de sus perfectas facciones parecían aún más hermosas y definidas, aunque aquello fuera imposible. Sus labios entreabiertos intentando recuperar el aliento, sus profundos ojos azules entreabiertos estaban perdidos en una bruma de placer y sus mejillas resaltaban en un perlado tono rosado.

Sonriendo orgulloso por cómo había logrado perturbarla. Estaba a punto de lanzarse nuevamente sobre ella, impulsado por la necesidad de obtener más de su hipnótica reacción, cuando escuchó los estrepitosos golpes a la puerta principal de la casa, como si alguien estuviera dispuesto a tirarla abajo.

Quebrándose en mil pedazos el hechizo, Juvia se incorporó velozmente cubriendo su desnudez con sus temblorosas manos, mientras su alborotado cabello se deslizaba por sus hombros hasta sus pechos, como un velo protector. Suspirando frustrado por la inoportuna interrupción, se quitó veloz la camiseta de los Demons y, mirándola fijamente, se la colocó sobre los hombros caballerosamente.

Sin decir nada más, salió de la habitación para dirigirse por las escaleras hacia la puerta principal. Una vez que su erección bajó por completo, decidió hacer frente al visitante, sin saber con qué estaba por enfrentarse. Parado con expresión seria atípica de su personalidad, Natsu lo observó detenidamente.

-¿Acaso estas loco, Stripper?- consultó ofuscado, entrando al hogar sin ser invitado- ¿En algún momento cruzó por tu cabeza el importante hecho de que eres el tutor legal de Juvia?- aquella pregunta asustó al pelinegro, pensando inmediatamente en lo que acababa de ocurrir- ¿Qué ocurriría si Vastia te denuncia por agresión?

-No… no lo pensé- respondió bajando la cabeza, mientras cerraba dolorosamente sus lastimados puños, reprendiéndose mentalmente por su estupidez.

-Por suerte, me tienes a mí- le sonrió orgulloso el pelirrosa, caminando ahora hacia la cocina. Sin explicarse más, tomó una cerveza del refrigerador y lo miró atentamente- Después de que Ultear terminara de insultarte, le comenté a Lyon que tu también podrías denunciarlo por corrupción de menores, ya que Juvia es menor de edad y existen cuatro años de diferencia entre ellos.

Aunque sabía que su argumento era bueno para eludir más problemas, no pudo evitar pensar que él mismo había cometido aquel delito justamente unos minutos atrás. La culpa golpeó duro contra su pecho cortando por unos segundos su respiración, aún a pesar de la tensión sexual que todavía recorría su cuerpo.

-Creo que no se atreverá a hacer una denuncia, sin embargo esto no debe volver a pasar- suspiró Natsu después de beber, tendiendo ahora la botella a su mejor amigo- Entiendo lo que te pasó, pero debes aprender a controlarte. No puedes evitar que Juvia haga lo que quiera con su vida.

-No volverá a suceder- le aseguró aceptando la bebida, sintiéndose derrotado- Gracias por la ayuda.

-De nada, hermano- le sonrió, colocando una de sus manos sobre su hombro en forma de apoyo- La próxima vez, llámame y seré yo quien defienda a Juvia en tu nombre.

Ambos rieron ligeramente por el ofrecimiento. Sin perder tiempo, Natsu le explicó que Lucy lo aguardaba en la camioneta, por lo que no podía quedarse más. Prometieron hablar al día siguiente y se despidieron sin demoras.

Sólo fue cuando la puerta se cerró, que Gray se percató de la presencia de Juvia en el comienzo de las escaleras. Allí parada, parecía la personificación de todas sus fantasías, observándolo atentamente con sus expresivos ojos azules, vistiendo solamente la camiseta de béisbol con la que la había cubierto. Nunca nada le había parecido tan erótico y doloroso al mismo tiempo.

-Juvia lamenta lo que ocurrió- le aseguró con una timidez que no había visto en años- No quería causar un problema tan grave.

Bajó la mirada avergonzada, estrechando sus manos en un rictus nervioso que le recordó cuando en el pasado pedía disculpas a sus padres. No podía negar la sinceridad de sus palabras al ver lo abatida que se mostraba.

-Al final de cuentas, Juvia sigue siendo una niña estúpida que sólo sabe ovacionar problemas.

Sus palabras lo golpearon como una bofetada, ya que habían sido las mismas que él le había escupido en la cara cuando Silver descubrió que se había escapado a la fiesta de Ultear. Por primera vez en su vida, sintió la necesidad de realmente golpearse por el daño que habían causado con sus impulsivas e injustificadas palabras. Aquella no era la molesta joven que lo enfrentaba todos los días, sino alguien vulnerable y herido.

-Juvia, yo…- no sabía qué decir o hacer.

Si fuera por él, la estrecharía entre sus brazos para consolarla, pero aún estaba el problema de lo que había ocurrido en su habitación. Debían tener una charla al respecto, no obstante no encontraba forma para justificarse.

-No…- sentenció extendiendo su mano para detener cualquier acción, como si sus pocas palabras la hubieran golpeado- No digas nada, por favor.

La peliazul huyó deprisa por las escaleras sin mirar atrás, escapando de él. Gray escuchó como cerraba su puerta, sintiendo que algo en su interior se quebraba al saber que la había lastimado, nuevamente.

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Una semana después de aquella fatídica noche, las cosas entre ellos se habían enfriado de tal manera que prácticamente no hablaban, como al comienzo. Si antes había reinado la hostilidad, ahora gobernaba una sensación de incomodidad e insatisfacción permanente.

El receso invernal había comenzado, pero Juvia buscaba llenar siempre su tiempo de actividades que la alejaban del hogar y, por sobre todas las cosas, de él.

Sentadas en una banca exterior del patio de comidas del centro comercial, Meredy y ella tomaban un café después de una agradable tarde de compras. La pelirrosa saldría de viaje por Navidad esa misma noche, hacia la cabaña de su familia en las montañas, por lo que habían decidido encontrarse para pasar un ameno momento el resto de tiempo que les quedaba juntas.

-Ya dime de una vez que te sucede- se quejó triste y frustrada, mientras Juvia se quitaba los guantes para encender un cigarrillo.

-No es nada, Mer- le aseguró sin sonar convincente, mirando distraída el ir y venir de las personas a su alrededor.

-¿Es por Gray, cierto?- consultó delicadamente, tomando su mano libre en forma de consuelo- En todos estos días no me contaste que sucedió esa noche, pero desde entonces estás tan deprimida que ya ni te molestas en ocultarlo.

-Si, tiene que ver con él- suspiró vencida, sabiendo que nada escapaba a su mejor amiga, menos aún si estaba relacionado con las cuestiones del corazón- Estamos peor que antes, pero esta vez no es porque Juvia intenté mantener una distancia. Lo que pasó fue que…

No sabía cómo continuar ¿Habían tenido un caliente y espectacular encuentro inconcluso, que ahora pesaba sobre ellos como si hubiesen matado a alguien? ¿Que ella no quería hablarle por miedo a que la rechazara abiertamente, aún cuando fue él quien empezó?

-Sabes que jamás te juzgaré- la animó Meredy- ¡Somos amigas desde los siete años! Sé tu secreto desde hace años y jamás te juzgué. Estuve ahí para ti cuando se fue a la capital. También cuando intentaste olvidarlo y lo doloroso que fué que regresara a tu vida.

-Juvia está realmente confundida, Mer. No sabe que hacer...- cerró los ojos, tratando contener las lágrimas que se agolparon en sus ojos. Fumó un poco para contener sus emociones- Ella pensó que sólo era un capricho infantil. Además, Gray nunca había demostrado nada por ella, más que obligaciones y culpa.

-¿Eso cambió?- preguntó sorprendida, colocando una de sus manos en su mejilla para animarla a que le devolviera la mirada.

Observó atentamente los ojos verdes de Meredy, que la animaban a quitar un poco de peso de su afligido corazón. El secreto de la noche del partido la estaba hundiendo y comprendió que debía confiar en ella para hacer más ligera la carga.

-Si, Gray la acorraló y le hizo sexo oral- le confesó en un susurro agridulce, percibiendo que las saladas gotas resbalaban por sus mejillas sonrojadas- Fue lo mejor que ha sentido Juvia en toda su vida. Pero después, llegó Natsu y le dijo que había advertido a Lyon sobre estar con una menor y lo cerca que Gray estaba de perder la custodia legal de Juvia.

-¡Oh, amiga!- se lamentó Mer, abrazándola desde sus hombros, juntando sus cabezas en un gesto de consuelo.

-Él está arrepentido por lo que pasó y Juvia sabe que ha estado viéndose con otras mujeres- reconoció, sintiéndose herida y humillada- Mientras tanto, ella no hace otra cosa que pensar en esa noche, en sus besos y sus caricias, encerrada en su habitación.

-¿Cómo estás segura de que se ve con otras?- interrogó delicadamente, apartándose para mirar sus ojos de nuevo.

-Juvia lo escuchó más de una vez haciendo planes por teléfono- reconoció frustrada, corriendo la mirada para continuar fumando- Sale arreglado y vuelve muy tarde.

Aquella información pareció indignar verdaderamente a su confidente. La observó permanecer en silencio, seguramente buscando las palabras justas para continuar.

-¿No te gustaría intentar nuevamente con Rogue?- consultó suave, encogiéndose de hombros- Siempre dijiste que existe química entre ustedes y se llevan muy bien.

-Casualmente, invitó a Juvia a salir esta noche- le confesó, exhalando con suavidad el humo azulado- Mañana se marcha con su familia para pasar las fiestas con sus abuelos.

-Creo que deberías intentar despejarte- le aseguró con convicción, golpeando su puño contra su palma- No puedes desaprovechar esta oportunidad. Sé que aún estás dolida y no vas a dejar de pensar en Gray, pero mientras tanto debes seguir intentando en otros lugares.

Juvia asintió sin mucha seguridad. Sabía que lo que le decía su mejor amiga era lo correcto, el mismo consejo que le daría si estuviera en su situación. No obstante, aquello no disminuía su dolor, ya que era exactamente lo contrario a lo que su corazón anhelaba.

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Arregló su cabello con esmero, dejándolo completamente liso para probar algo nuevo, logrando que fuera mucho más largo de lo habitual, sobrepasando su cintura. Había optando por un vestido corto y entallado color ciruela que resaltaba sus curvas, medias a medio muslo que se fundían con unas botas color negro. Se maquilló siguiendo un tutorial de Instagram, sonriendo satisfecha al lograr un perfecto delineado de "ojos de gato" que la hacía ver sofisticada. Finalizó su make up con un lápiz labial color rosa mate y se colocó su perfume importado favorito. Decidió estrenar los aretes dorados en forma de hojas de laurel que había comprado aquella tarde y un collar de cadena triple en distintos largos.

Caminó despreocupada por la casa, ya que estaba sola. Una vez en la cocina, buscó un bloc de notas y garabateó sin mucho ánimo un pequeño mensaje informando que saldría aquella noche. Una vez que la pegó en el refrigerador, escuchó el insistente claxon de un automóvil en la entrada. Con prisa, tomó su abrigo negro y cartera a juego con su vestido para encontrarse con su cita.

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La película había resultado ciertamente aburrida, pero no podía quejarse ya que Jenny había sido quien la había escogido. Una vez fuera del cine, Gray le sugirió que fueran por algún trago, a lo que la rubia sonrió encantada.

A sólo dos cuadras, a unos metros de Clive, se encontraba un bar sofisticado al que su cita le había sugerido que fueran. Observó la fachada elegante de Blue Pegasus y suspiró mientras se sentaba en una de las mesas del patio delantero, que daba hacía la calle. Aunque el invierno había llegado, aún no había caído la primera nevada, lo que hacía posible que estuvieran allí.

Ordenó distraídamente una simple cerveza mientras observaba a las personas que pasaban por la zona, muchas de ellas parejas que también habían salido a disfrutar. Fue entonces cuando se percató de una pareja de jóvenes sentada en una de las rústicas mesas exteriores de Clive, conversando amenamente mientras bebían unas cervezas. El color de la larguísima cabellera de la joven le recordó por un momento a la de Juvia. Suspirando, apartó sus pensamientos de su hermanastra. Desde que perdió el control, había hecho acopio de todos los recursos que le quedaban para mantenerse apartado de ella, aún cuando sabía que aquello estaba creando nuevamente un abismo entre ellos. Él había cometido el error, por lo que debía ser fuerte en mantenerse firme ante la tentación de volver a buscarla. No obstante, sus sueños lo torturaban planteando los más diversos pero eróticos escenarios.

-¿Ocurre algo?- consultó dulcemente Jenny.

Sonrió mientras negaba con la cabeza y le consultó qué le había parecido la película, para desviar el tema. La rubia comenzó a hablar animadamente, destacando todo lo que le había gustado, que casualmente era todo lo que él había detestado del film.

Nuevamente desvío su mirada a la pareja anterior, observando como el pelinegro que acompañaba a la peliazul le acariciaba tiernamente la mejilla, con una expresión de genuino interés.

Para cuando sus bebidas llegaron, descubrió que Jenny no tenía problemas de hablar hasta por los codos, llenando sin su ayuda los espacios de silencio. No quería ser descortés con su cita, aún cuando sólo buscaba el momento adecuado para sugerir que fueran a su departamento a continuar la velada, pero él no era de los que hablara demasiado. Lo único que aportó con entusiasmo fue cuando le preguntó por su carrera de Ingeniería Civil.

La cita transcurrió sin sobresaltos y hasta le había robado un beso en un momento para comprobar que tanto podía prometer un encuentro íntimo. Jenny respondió gustosa, desplegando aún más sensualidad de la que había estado empleando, quizás ahora más segura de que tenía su interés.

Satisfecho y confiado, le sugirió que fueran a un lugar más privado. La rubia aceptó encantada, pero le solicitó pasar primero por el toilette. Aceptó sin objeciones y la vió partir con un sugerente contoneo de sus caderas, asentadas por su vestido elegante.

Sonriendo por su descarado coqueteo, apuró lo último que quedaba de su tercera cerveza, mientras dejaba el dinero sobre la mesa y decidió espiar nuevamente a la pareja en Clive. El pelinegro estaba inclinado sobre ella, evidentemente besándola mientras una de sus manos sostenía su estrecha cintura, por lo que festejó en silencio en simpatía por su victoria. Después, hablaron un poco más hasta que el muchacho se levantó para ir a buscar más cerveza para ambos, mientras ella quedaba sola en la mesa.

La observó rebuscado en su bolso, para luego encender un cigarrillo. No pasó mucho tiempo hasta que un sujeto se aproximó hasta ella y comenzó a hablarle, seductor. Negó de brazos cruzados ante la falta de códigos del nuevo galán, quien se notaba de la misma edad y había estado en otra mesa con sus amigos. La peliazul rechazó su galanteo con un delicado ademán de su mano blanca, pero el sujeto tomó su barbilla, levantando su rostro hacía él. Fue entonces que el aire abandonó sus pulmones al apreciar las finas facciones del rostro de Juvia, quien lo miraba con ahora marcada hostilidad.

Sin poder detenerse a pensarlo, se levantó de la mesa de un salto. No obstante, antes de poder llegar a su destino, el pelinegro con el que había estado su hermanastra había llegado, increpando al sujeto.

-Por favor, Rogue- le solicitó Juvia, ahora también de pie, intentando detener el pleito.

-Retirate de una buena vez- le exigió molesto el pelinegro, con el cuerpo predispuesto para la pelea- Ella está conmigo. Superalo, imbécil.

-Estaba muy sola cuando llegué- le informó socarrón, dispuesto también a arreglar la cuestión a los golpes.

-Ya vete, Bora- le exigió molesta la peliazul- A Juvia no le interesa tener nada contigo. Ya te lo ha dicho mil veces.

-¿Crees que el niño bonito del instituto está solamente contigo?- consultó riendo Bora- Pregúntale qué hace con la Profesora Minerva cuando cree que nadie lo ve en el gimnasio del instituto.

-Eres un desgraciado- le gritó Rogue, lanzándose sobre él.

La pelea comenzó a pesar de los intentos de Juvia, en evidente ventaja para el pelinegro. Por fortuna, observó que la peliazul se mantenía a una prudente distancia, evidentemente en shock por la información que desconocía. No pasó más de un minuto cuando los empleados de Gildarts separaron a los conflictivos muchachos, amenazando con llamar a la policía si no se detenían. Juvia juntó sus pertenencias en su bolso en tanto Gray se debatía qué era lo que debía hacer. Fue entonces cuando la peliazul miró en su dirección, descubriendolo allí de pie.

-¿Qué estás mirando, querido?- consultó la voz de Jenny desde su espalda.

Lejos de mirar a su compañera, estudió las facciones de Juvia, quien le regaló una mirada vacía antes de darle la espalda altanera y dirigirse hasta Rogue. Ambos se marcharon tomados de la mano después de que el pelinegro pagara lo que había ordenado anteriormente.

-Nada- suspiró, escondiendo sus manos en sus bolsillos- Pensaba que había visto a un conocido.

Aunque lo intentó, no pudo apartar la mirada del cuerpo de Juvia, quien ahora era abrazada por el pelinegro.

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Entró a su hogar intentando no hacer ruido. Aún seguía pensando en lo que había pasado esa noche, antes de que se fuera al apartamento de Jenny a tener sexo. Tal como había pasado con sus otras citas, el encuentro íntimo había estado bien, pero no lograba llegar a satisfacerlo como lo había hecho el efímero desliz con la peliazul. Sin mencionar que le había tomado un tiempo dejar de lado en su cabeza lo sucedido en el bar, para dedicarse al encuentro con la rubia.

Recorrió sigiloso pero veloz la distancia que lo separaba de la habitación de Juvia pero, cuando abrió ligeramente su puerta, está estaba completamente vacía. Aquello lo molestó profundamente, removiendo en él la misma frustración y enojo que la noche de la pelea con Lyon.

Bajó a pasos furiosos la escalera, vagando por la desolada casa sin saber qué hacer. Buscó su celular de su bolsillo e intentó llamarla, pero sus llamadas caían inmediatamente en el buzón de voz. Después de diez intentos consecutivos, guardó molesto el aparato en su bolsillo. Se sentía nuevamente como un animal enjaulado, histérico por dar con su paradero. En la cocina, encontró la escueta nota que le había dejado en el refrigerador, reduciendo el papel a una bola que lanzó contra la pared con demasiada fuerza.

Sólo faltaba una hora para el amanecer cuando la puerta se abrió, dejando entrar a una agotada Juvia. Al descubrirlo parado en medio de la sala, la joven se detuvo en su lugar. Apreció su estupor aún a pesar de las sombras que gobernaban el ambiente, así como su cabello revuelto y su maquillaje casi extinto.

-¿Dónde estabas?- consultó sin poder ocultar su molestia.

-Con mi cita ¿Algún problema?- contraatacó, mientras se quitaba el abrigo negro para dejarlo en el respaldo del sofá, con desgano y desinterés por la charla.

-Es tarde- señaló cruzando sus tensos brazos, en un intento de controlar sus extremidades.

-Juvia lo sabe- respondió suspirando cansada pero también molesta por el interrogatorio.

Intentó dirigirse a las escaleras lo más rápido que le permitían sus botas y el cansancio de sus pies, pero el cuerpo de Gray se lo impidió, interponiéndose como una muralla infranqueable. Soltando el aire con fastidio por aquella maldita nueva costumbre de interponerse en su camino cuando no deseaba hablar, lo observó directamente a los ojos, percibiendo la chispeante belicosidad en ellos.

-Juvia está cansada- le informó rodando los ojos- ¿Serías tan amable de dejarla ir?

-No hasta que me digas dónde estuviste- respondió, apretando aún más el músculo de la quijada.

-Estaba teniendo sexo, al igual que tú, en el automóvil de Rogue. Cerca del parque- le sonrió con cínica satisfacción al percibir cómo su molestia aumentaba- ¿Deseas saber también que posiciones practicaron o con eso es suficiente para que la dejes ir a descansar?

Al igual que la vez anterior, apreció el momento exacto en el que el autocontrol de Gray se quebró. No obstante, aquel hecho no evitó que la sorprendiera, tomándola bruscamente de sus brazos hasta pegarla contra su musculoso torso, para devorar sus labios con dominante demanda. Correspondió el beso por unos instantes, sintiéndose estúpida y débil por desear a aquel hombre, para luego lograr reunir la fuerza de voluntad suficiente para empujarlo fuertemente cuando este bajó la guardia.

-¿Qué ocurre, Gray?- le consultó con una sonrisa fría, intentando enmascarar sus sentimientos- ¿No hizo un buen trabajo aquella mujer? Juvia no es una experta, pero sabe dejar a su compañero satisfecho.

Percibiendo como su provocación estaba arrastrándolo a niveles inimaginables de furia, volvió a atraerla a sus brazos para besándola con mayor intensidad, sintiendo como si su lado más salvaje enviara al diablo todo intento de mantener la compostura. Envolvió sus musculosos brazos en torno a su pequeña cintura, cortando cualquier espacio que los separara. Devoró su boca como un famélico, usando su lengua para llegar a lo más profundo de su ser, mientras sus manos recorrían cada pulgada de su espalda hasta llegar a su redondo y perfecto trasero. Lo apretó con descaro, obligándola a suprimir la distancia entre sus caderas.

Aunque le molestara admitirlo, en aquel punto sus ganas de pelear habían muerto, dando paso a todo el torrente de pasión abrasadora que ansiaba sentir en sus brazos. Narcotizada por su impetuosa demanda, se entregó al poder de su boca, a la exigencia de su beso, al calor que encendía su sangre y a su deseo mismo.

-Has estado jugando con mi autocontrol desde el día que volví- le aseguró ronco, gutural, mordiendo su labio inferior sin mucha delicadeza- Me he resistido cuánto me fue humanamente posible, aún en contra de mis deseos. Pero hoy no vas a escapar.

La elevó sin esfuerzo, obligándola a rodear sus caderas con sus piernas. Juvia soltó un jadeo de sorpresa al sentir como su espalda golpeaba una de las paredes, brindándole el espacio perfecto para que asaltara nuevamente su boca. Para cuando migró los besos a su cuello, la peliazul se sentía completamente rendida a su voluntad, como una muñeca de arcilla, disfrutando de la presión de su rígido miembro contra su centro que comenzaba a humedecerse.

-¿Esto es lo que quieres?- consultó contra su oído, logrando que la vibración de sus palabras se escuchara como un grave ronroneo- Dime lo que deseas y te lo daré.

Con los ojos cerrados, sintió como su proposición la encendía aún más. Aunque en aquel momento sus movimientos y acciones eran bruscas, eso no le disgustaba en absoluto ya que quería todo de él. Adoraba sentir que su deseo era tan intenso como el de ella, que no era la única afectada por aquella necesidad tan básica como animal, privada de todos los peros que la sociedad quería poner entre ellos. Aún así, impulsada por su terco carácter, sintió nuevamente que no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente.

-¿Y si Juvia lo quiere todo?- consultó jadeante, aún escondiendo sus ojos tras sus párpados, pero llevando las manos hasta su cabello para sujetándolo suavemente- Si Juvia te pidiera más que un simple momento ¿Se lo darías, Gray?

Cómo si lo hubiesen bañando con un balde de agua helada, Gray detuvo abruptamente el camino de los salvajes besos que dedicaba a su cuello, para retirarse y mirar fijamente sus ojos con el ceño fruncido. Juvia distinguió la sorpresa y confusión en su mirada plomiza, mientras su cuerpo se volvía rígido e inerte.

Juvia debía admitir que había ido demasiado lejos, pero no estaba dispuesta a retractarse. Era necesario que fueran honestos por una vez o todo podía volverse aún peor.

-¿Qué es todo?- consultó escéptico, como si estuviera negociando con el mismísimo Diablo, pero aún sin separar sus cuerpos enfebrecidos.

-¿Juvia significa para ti una necesidad sexual…?- reflexionó, siendo ahora quien acariciaba su rostro lentamente y se aproximaba mordiendo sugerente su labio inferior- ¿O algo más profundo, duradero?

La revelación lo golpeó como un tren, enfriando todas sus terminaciones nerviosas de una sola vez. Él no estaba buscando a la peliazul por un interés romántico, sólo anhelaba sentir su cuerpo y compartir la química extraordinaria que compartían entre las sábanas… Quería eso con la mujer que debía respetar más que a nadie, aquella que por años Silver le había repetido sin cansancio que debía proteger a toda costa. Asqueado de sí mismo por aquella actitud tan baja, intentó separarse de ella, pero Juvia estaba fuertemente sujeta a su cuello. Al final de cuentas, no era mucho mejor que los adolescentes de los que había temido en el pasado su propio padre.

La peliazul encontró la verdad proyectada en sus turbados ojos honestos. Sonrió ligeramente y continúo acariciando su rostro en forma de consuelo. No era su culpa no sentir amor y en su lugar desear únicamente su cuerpo. Una vez más, se repetía la historia y ella no estaba dispuesta a exponer su corazón de nuevo. Suspirando, decidió consolar su agitada conciencia, dedicándole un ligero y superficial beso a sus masculinos labios, ahora rígidos como el hielo.

-No te preocupes, Gray. Juvia ya ha vivido esto antes- le aseguró peinando sus revueltos cabellos casi de manera maternal- Es consciente de lo que provoca en los hombres. Pero Juvia cree que es mejor que las cosas estén claras entre nosotros, por el vínculo que nos une.

Gray observó sorprendido la madurez con la que le estaba respondiendo Juvia, como si él fuese el adolescente y no al revés.

-Es una pena, por la química que hay entre los dos- suspiró encogiéndose de hombros, fingiendo despreocupación- El sexo oral fué muy bueno. Sin embargo, Juvia piensa que comprobar que tan compatible podemos ser sólo complicaría las cosas.

Sin decir más, desenganchó sus piernas de su cadera con un ágil movimiento, deslizándose por su torso hasta tocar nuevamente el suelo. Acarició por última vez su rostro con dulzura y se movió lejos de su cuerpo, caminando hacía las escaleras.

Una vez en el segundo piso, fue directo hacía el baño dispuesta a darse una ducha. Quitó su vestimenta con delicadeza, desnudandose completamente para colocarse bajo el agua caliente. Sólo entonces lloró en silencio, desahogando su alma contra la pared de azulejos.

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Hola a todos!

Muchas gracias especialmente a Snoopy A, Gkarly247 y a los dos invitados que dejaron comentarios en el capítulo anterior. Realmente, no saben como se animan sus mensajes :)

Espero que les guste este nuevo capítulo y que lo disfruten mucho!

Gracias y saludos!

Miko Fleur