(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.


Capítulo IV

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Un mes atrás

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Desde la azotea del instituto, observó los altos edificios de Magnolia dispuestos a su alrededor, con colores y arquitecturas diferentes. La Catedral Kardia se podía apreciar perfectamente desde aquel punto privilegiado para observar, destacando en su belleza magnánima y monumental.

Aquel día, Meredy se había ausentado por gripe, por lo que le resultó más difícil rehuir de la atención indeseada de sus pretendientes al vagar sola por los pasillos. Con aquello en mente, había decidido ocultarse allí aún cuando estaba prohibido para los estudiantes. Del bolsillo de su falda sacó un cigarrillo y lo encendió con aburrimiento, exhalando el azulado humo lentamente, perdiéndose en sus danzantes formas. Poco después del accidente de sus padres había adquirido el mal hábito, robándole del paquete que había dejado olvidado su hermanastro en la sala de estar. Al principio lo había hecho por curiosidad, luego por la imagen que proyectaba de ella, para finalmente entablar amistad con aquel adictivo vicio que lograba brindarle una placentera, pero engañosa y breve, calma. Un compañero a quien no debía darle explicaciones.

Recostada contra una de las paredes, se dejó llevar por sus pensamientos mientras cerraba sus ojos. Aquella mañana había entrado accidentalmente al baño en busca de su maquillaje y sus píldoras anticonceptivas, topándose con un ardiente y poco cubierto Gray, quien había olvidado poner el seguro. Había requerido todo su maldito autocontrol fingir indiferencia hacía su magnífico torso húmedo, sus brazos y piernas modelados por el ejercicio, su brilloso cabello medianoche peinado hacía atrás. Resistir a la tentación de sólo tirar de esa toalla para tenerlo desnudo había sido difícil de manejar. Se removió ligeramente en su lugar al recordarlo mentalmente, sintiendo cómo todo el calor viajaba hacia su vientre hacía la unión de sus piernas, sofocándola.

-No deberías estar aquí- le aseguró una voz ronca cerca de su oído.

-Tu tampoco- contraatacó abriendo suavemente sus ojos, para encontrarse de frente con Rogue.

-¿Este es tu nuevo escondite?- consultó sin romper la distancia.

-Se podría decir- llevó una de sus manos hacia la comisura de sus delgados labios masculinos- Te quedó labial. Deberían ser más cuidadosos.

-Si alguien pregunta, diré que es tuyo- le sonrió galante, dejando descansar una de sus manos sobre la pared, cerca de su rostro.

-Juvia no está usando labial rojo- le advirtió, terminando de limpiar el rastro de maquillaje- ¿Quién es esa mujer para que necesites usar a Juvia de pantalla?

-Te responderé si me cuentas quien es el Hombre Hielo- sin esperar su respuesta, la besó suavemente.

Juvia se dejó llevar por aquella deliciosa caricia, llevando sus manos a su cuello. Si había que etiquetar su relación con Rogue, debía responder que eran amigos con derechos desde un comienzo. Si bien ella lo había buscado sólo para concretar su venganza hacía Bora, en el camino había descubierto que el muchacho más popular del instituto no era un idiota narcisista, sino un joven sensible y tranquilo con un problema similar al suyo: un amor imposible para la sociedad. La única razón por la que había aceptado su propuesta fue por el beneficio que le producía la pantalla de estar con la chica más deseada y cotizada. Además, en aquel entonces, estaba justamente peleado con dicha mujer y la presencia de Juvia a su lado no pasaría indiferente para ella. Pero, para sorpresa de ambos, disfrutaban mucho sus encuentros sexuales.

El resultado había superado las expectativas: Bora había estallado en cuanto la noticia había llegado a sus oídos, mientras que la misteriosa mujer de Rogue había aparecido nuevamente, igualmente molesta por la noticia.

Lo único que había logrado averiguar con el tiempo de tan misteriosa mujer era que superaba ampliamente al pelinegro en edad y que trabajaba en el instituto, por lo que estaba casi segura que se trataba de alguna profesora.

Desde entonces, mantenían las apariencias como escudo y sólo habían vuelto a compartir una cama cuando Rogue peleaba con su amante, aunque ahora procuraban que nadie supiera lo que hacían. La única persona que sabía parcialmente la verdad era Meredy.

-Me gusta cómo te quedan las coletas- le confesó en un susurro, sobre sus labios- Demonios, Juvia. Eres realmente caliente cuando quieres.

-Gracias- le sonrió entre divertida y confiada.

-Deberías intentar ir tras él… No creo que pueda resistirse- se retiró un poco, observando cómo terminaba de fumar su cigarrillo.

-No es tan sencillo- apartó la mirada, ligeramente molesta por la mención de Gray.

Comprendiendo que había tocado un fibra sensible de la peliazul, acarició su mejilla mientras sus ojos castaños rojizos le transmitía dulzura y comprensión. Era esos momentos donde valoraba enormemente su amistad con el pelinegro. Rogue entendía perfectamente sus sentimientos y frustraciones, ya que estaba en una situación similar.

-¿¡Se puede saber qué demonios están haciendo ustedes dos!?- bramó la voz iracunda de una mujer cerca de ellos.

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Avanzó a paso firme por los conocidos pasillos de aquel instituto, los cuales habían cambiado poco después de su graduación. Intentó contener el incipiente dolor que comenzaba a formarse entre sus ojos y el puente de su nariz ante el problema que se avecinaba. Había tenido que dejar tan repentinamente el taller ante el llamado de la directora, que después de solucionar aquel problema, debería reponer el tiempo perdido o se acumularia demasiado trabajo.

-¿Escuchaste el rumor del Rey y la Reina?- escuchó el murmullo juvenil de una de las estudiantes, mientras buscaba dentro de su casillero.

-La profesora Orland los encontró juntos en la azotea- aseguró otra voz, que no se molestó en buscar de dónde provenía.

-Dicen que los descubrió teniendo sexo…- sumó otro, riendo por lo dicho.

-Yo oí que estaban discutiendo- interrumpió otra.

Harto de los rumores y el drama adolescente, apresuró su paso a unos metros de su destino. Por fortuna, a cada paso que daba las voces se reducían al mínimo, temerosas de llegar a ciertos oídos. Dobló hacia la derecha para encontrarla recostada contra la pared, cerca de la puerta de la oficina.

-¿Qué hiciste ahora?- cuestionó Gray molesto, sin molestarse en saludar.

Juvia inclinó la cabeza en su dirección, con expresión aburrida y desinteresada respecto a su molestia. Cruzada de brazos, no se movió ni un centímetro ante su interrogatorio.

-No hizo nada extraordinario- le aseguró ya sin mirarlo, estudiando su perfecta manicura- La descubrieron fumando en la parte prohibida de la azotea.

Estrechando los ojos, Gray le recorrió el cuerpo con la mirada. No notaba nada sospechoso en su manera de vestir, a excepción del largo de su falda ¿Desde cuándo era tan corta? Aquel detalle le dificulto ignorar sus tentadoras largas piernas. Por otra parte, su camisa blanca estaba en orden y su moño, aunque desecho, estaba presente. Quizás los rumores eran mentira y no la habían descubierto en nada sórdido.

Estudió su rostro altanero ligeramente maquillado, deteniéndose en el hecho de que aquella mañana llevaba su cabello peinado en dos coletas altas. Cerró los ojos mientras respiraba lentamente, tratando de no pensar que podía ser la representación perfecta y pervertida de las fantasias de colegialas.

-¿Tú sola?- consultó, cruzándose de brazos. Debía estar seguro de su versión del problema.

-No. Rogue la acompañaba, ya que Meredy no asistió hoy- le resumió mirando en otra dirección.

Conjurado por su nombre, Rogue salió de la oficina acompañado por Sting, su primo, ya que sus padres se encontraban de viaje en aquel momento. Juvia evitó un contacto visual, mientras Gray se maldecía por no haber visto bien al mocoso ya que la directora Evergreen los llamó inmediatamente, invitándolos a entrar. Por su expresión, se notaba que Evergreen estaba molesta y que esa vez Juvia no saldría airosa como en ocasiones anteriores.

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Presente

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La primera nevada había caído abundante durante la noche anterior, pintando todo Magnolia de un blanco puro y virginal como en una postal. Aún a pesar de ello, Juvia se dirigió al supermercado, ya que era una de sus tareas de la aquella semana. Esa mañana, Gray le había dejado su tarjeta de crédito sobre la mesa del comedor antes de ir a la universidad, por lo que sólo había necesitado hacer un listado con lo que faltaba en la despensa.

El camino había sido frío, aún a pesar de su abrigada cazadora militar parka de color gris plomo, pero una vez dentro del supermercado se la quitó, aliviada al comprobar que la calefacción funcionaba a la perfección. Recorrió distraídamente los pasillos, buscando cada ítem de la lista mientras escuchaba una playlist nueva con K-pop con sus auriculares. Tan distraída iba cantando la última canción que se había pegado como chicle en su mente, Hip de Mamamoo, que no se percató del atractivo sujeto que la observaba hasta que se aproximó a ella.

-¿Disculpa, sabes dónde está el curry?- consultó en cuanto Juvia se quitó los auriculares.

-Aquí- caminó hacía donde se estaban las especias y tomó la bolsa más alta, entregándole amablemente.

-Muchas gracias- le agradeció con una sonrisa encantadora- Soy un desastre a la hora de hacer compras. Pero mi hermana Coco está enferma y no podía permitir que viniera con este clima.

-Es verdad, está haciendo mucho frío- concordó, sonriéndole también, aun a pesar de no estar interesada en mantener la charla.

-¿Eres de Magnolia? Nunca te vi y estoy seguro que un rostro así de hermoso no me pasaría desapercibido.

Divertida, Juvia alzó una de sus delgadas cejas al descubrir las intenciones del alto pelirrojo, quien tenía una sonrisa digna de anuncio de pasta dental. No podía negar que era guapo, por lo que aceptó silenciosamente el galanteo.

-¿Alguna vez te ha servido esa excusa para ligar…?- dejó la frase sostenida, esperando añadir un nombre.

-Dan. Dan Straight- se presentó sin perder su galantería- Si, siempre funciona, por lo menos para romper el hielo ¿Puedes culparme por intentarlo?

-No, claro que no- rió divertida, volviendo a su carrito dispuesta a seguir con sus compras.

-No me has dicho tu nombre- señaló Dan, siguiéndola hacia el siguiente pasillo.

-Y no lo hará- le sonrió divertida.

-Eres difícil- señaló frunciendo el ceño.

-Lo siento, Dan. Ju…No estoy buscando salir con nadie ahora- reconoció, reprendiéndose mentalmente por casi revelar su nombre.

-¿Ju…?- consultó, pensativo- ¡Tu nombre empieza con J!

No pudo evitar sonreír al ver su exagerada expresión de triunfo ante tan poca información. Siguió su camino sin negar su afirmación. Después de aquello, continúo con su lista, aún a pesar de que el insistente Dan la seguía de cerca.

Una vez que tuvo todo lo que necesitaba, caminó tranquila hacía la caja registradora disponible, donde estaba la rubia amiga de Gray. Lucy le sonrió amistosamente en cuanto la vió.

-¿Cómo estás, J…?

-No digas su nombre, Lucy- le solicitó, consciente de la presencia del pelirrojo detrás de ella- Por favor.

-Maldición, eres rápida- protestó por lo bajo Dan, llamando la atención de ambas.

-No molestes a las clientas, Dan- lo reprendió Lucy, cruzándose de brazos.

-Sabes que eres mi primer amor, Lucy. No estés celosa- le sonrió nuevamente galante.

La rubia rodó los ojos con una mezcla de cansancio y diversión por su réplica. Sin perder más tiempo, Juvia comenzó a quitar los productos que llevaría del carrito, sabiendo que era vigilada por su nuevo pretendiente a cada movimiento que hacía.

-¿Cómo has estado?- consultó amigable la rubia.

-Bien. No ha estado haciendo demasiado- se encogió de hombros- Sus amigos están fuera de la ciudad por las vacaciones y las fiestas, así que ha estado mayormente en casa.

-¿Tu amiga es la hermana menor de Jerall, cierto?- reflexionó por unos instantes mientras continuaba marcando los productos- Erza a estado un poco sensible desde que se fue a visitar a sus abuelos.

-Así es- suspiró, buscando en su bolso su billetera para sacar la tarjeta de crédito.

-¿Donde pasarán las fiestas con Gray?- consultó curiosa mientras aceptaba la tarjeta.

-Aún no lo hemos hablado- reconoció mordiendo sutilmente su labio inferior.

Teniendo en cuenta que después de su última discusión ambos no habían vuelto a hablar demasiado de ningún tema en particular, era difícil que pudieran discutir aquel asunto.

Por su parte, Juvia había decidido renunciar finalmente a sus sentimientos por él. No estaba molesta por saber que Gray la deseaba sexualmente sin sentimientos de por medio, pero aquel hecho hacía aún más peligroso si ella tomaba la determinación de cruzar la línea. A diferencia del pelinegro, ella mantenía hacía muchos años aquel capricho y sabía lo doloroso que era ser consciente de que no podía tenerlo más allá del aspecto físico. Debía hacer un paso al costado por el bien de ambos y seguir con su vida, limitándose a mantener relaciones frías y fáciles de manejar con hombres que no le importaran.

-Aquí tienes tu ticket- le extendió Lucy, llamando su atención nuevamente.

-Gracias Lucy- respondió con una simple sonrisa en su rostro.

Se colocó su cazadora con rapidez para enfrentar el clima gélido del exterior y tomó las dos bolsas de papel con sus compras. Pero antes de poder dar dos paso más, Dan se había parado frente a su camino. Debía darle crédito al enérgico y alegre pelirrojo por su insistencia carismática. Sin mencionar que debajo de aquel sweater negro parecía tener un musculoso cuerpo trabajado que cualquier mujer apreciaría tener a su alcance en aquel clima frío.

-Ese es mi número, J- le sonrió con simpleza, extendiendo un pequeño papel- Llámame cuando quieras.

Contra todo pronóstico, Juvia aceptó el número con una sonrisa ahora seductora y simpática. Debía seguir adelante y no lo haría quedándose en casa. Sería bueno intentar con alguien nuevo, que no estuviera relacionado con el instituto o que fuera conocido del pelinegro. Además, Dan parecía capaz de aguantar el puño pesado de Gray.

-Lo pensaré, Dan- le prometió, guardándolo en uno de sus bolsillos.

Sin decir más, se retiró cambiando con una sonrisa en sus labios.

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Después de un extenso día en la universidad, Gray entró a su hogar absolutamente agotado. Observó detenidamente la sala de estar mientras se quitaba la chaqueta de cuero negra y la colgaba en el perchero para no mojar el suelo con la nieve que se derretía por el cambio de temperatura. La chimenea estaba prendida, calentando el ambiente ligeramente, en tanto desde la cocina se podía percibir el agradable aroma a estofado de carne y verduras. Caminó hacía aquel lugar, encontrando a Juvia preparando la cena. Por su forma de vestir podía advertir que había ido al supermercado más temprano. Con su largo cabello recogido en una alta coleta, llevaba un sweater de lana beige corto, con unos pantalones negros tiro alto que resaltaba su trasero, y unas zapatillas blancas, bajas y sencillas.

La peliazul no percibió su presencia de inmediato, ya que estaba distraída escribiendo en su celular y, por la forma en la que sonreía con las mejillas ligeramente sonrojadas, comprendió que estaba conversando con alguien y no en sus redes sociales. La estudió en silencio por unos minutos hasta que Juvia lo descubrió.

-Juvia no te escuchó cuando entraste- admitió dejando el móvil de lado, sobre la mesada, retomando su atención hacía la comida en la estufa.

-Acabo de llegar- respondió simplemente, caminando al refrigerador para tomar una botella de agua mineral.

-La cena estará en unos minutos- le comentó sin mirarlo, mientras removía el contenido de la olla y probaba la preparación para cerciorarse que estuviera bien de sal y pimienta.

Todo en su cuerpo tiraba de él para que cortará la distancia e intentará aclarar la situación que aún pesaba entre ellos, aunque no sabía qué decir o cómo lograrlo. Aquellos días, como si se tratara de una mujer completamente diferente, la peliazul se había mostrado amable respecto a él la mayor parte del tiempo, sin embargo seguía rehuyendo a permanecer más de lo estrictamente necesario a su lado.

Por otro lado, sus llamadas telefónicas con Rogue eran casi diarias y pasaban largas horas de interminable conversación, mientras Juvia hacía sus quehaceres. Debía admitir que aquello lo irritaba profundamente, ya que no podía evitar por momentos intentar seguir el hilo de la conversación, hasta que la charla evidentemente subía de tono y la peliazul se retiraba a su habitación.

Sabía que debía dar un paso al costado, pero algo dentro de él no se lo permitía. Su cuerpo gritaba por tocarla de nuevo, por sentir sus labios una vez más. Sus encuentros con mujeres había sido dejados prácticamente de lado, ya que su frustración sexual parecía aumentar al no encontrar la misma ardiente respuesta con otras amantes. No era culpa de sus compañeras, sino de la constante presencia de comparaciones con la peliazul. Sin proponérselo, Juvia había llenado su mente.

Estaba a punto de hablar, cuando la pantalla de su celular se iluminó nuevamente, dejando ver qué le había llegado un mensaje nuevo. Arqueó una ceja al leer Dan como destinatario ¿Quién era ese imbécil? Juvia no había mencionado ningún Dan hasta el momento.

La peliazul tomó su móvil con entusiasmo y tipeo rápido una respuesta después de leer, aún más sonriente. Fingió no percatarse de la situación y le informó que tomaría una ducha rápida, antes de que estuviera lista la cena. Juvia elevó un segundo sus ojos de la pantalla ante sus palabras y sin darle demasiada relevancia, asintiendo simplemente. Profundamente irritado, se marchó por donde había llegado.

Dirigirse al taller le había tomado un más poco de tiempo del habitual, debido a que las calles estaban aún resbalosas por la fina capa de hielo sobre ellas, después de la última nevada.

Su jefe aprovechó la ocasión para decirle que estaría encantado de que compartieran la cena navideña en familia. Los Dragneel adoraban celebrar la Navidad, sosteniendo siempre que mientras más personas para celebrar era mejor. Gray le aseguró que lo consultaría con Juvia y le daría una respuesta a más tardar al día siguiente, teniendo en cuenta que sólo faltaban pocos días para el evento.

La mañana transcurrió lenta y sin sobresaltos, por lo que se dedicó a cubrir los pendientes, mientras pensaba una vez más en su situación actual con Juvia. Finalmente Lucy había sido quien le había revelado la identidad del nuevo flamante pretendiente de su hermanastra: Dan Straight. Lo conocía de vista por Natsu, ya que el pelirrojo también estudiaba abogacía. Su mejor amigo poco podía aportar, pero Lucy le había comentando que por un tiempo prolongado había sido insistentemente cortejada por Straight y le había asegurado que era un mujeriego de importante reputación, razón por la cual la rubia había declinado todas las veces que la había invitado a salir. Aquello, lejos de tranquilizarlo, lo tenía tenso y molesto. Había resistido estoico a la presencia de Rogue, porque aquel muchacho parecía un buen sujeto por lo poco que los había visto interactuar en Clive. Dan era un hombre con muchas más experiencia y habilidad para atraer y cortejara a una mujer y conseguir lo que buscaba.

Por la baja presencia de clientes, Igneel dedujo que no vendrían debido a la nieve, por lo que después del almuerzo les dijo a Gajeel y a él que cerraría por ese día. Gray le agradeció aquel amable gesto y se dispuso a irse en su motocicleta, cuando se percató que aún no le había comprado aun un regalo a su hermanastra. No sabía si ella le daría algo, pero no deseaba pasar aquella festividad sin entregarle un presente. Era la primera vez que pasarían juntos desde la muerte de sus padres, debido a que la vez anterior Juvia había optando por irse con la familia de Meredy y él no se lo había impedido.

Decidido, condujo hacía el centro comercial dispuesto a encontrar algo sencillo pero que realmente le gustara. Debía admitirse a sí mismo que no tenía claro que sería un buen regalo para ella, pero con la gran variedad de tiendas, supuso que algo llamaría su atención. Recorrió el lugar por una hora, terriblemente aburrido, estudiando las vitrinas de los distintos negocios cuando una pareja llamó su atención. Su cabellera azul de ondas era perfectamente reconocible, por lo que prestó atención al alto y musculoso pelirrojo que caminaba muy cerca de ella.

Juvia reía divertida por lo que le comentaba Dan, vestida nuevamente con un sweater negro, un pantalón prince of wales, demasiado ajustado para su gusto, y zapatillas grises. Aquella vez iba con el cabello en una media cola simple pero encantadora. La peliazul parecía ir de compras, ya que Straight cargaba varias bolsas de locales femeninos. Sintiendo cómo aquel torrente ya familiar de molestia inundaba sus venas, siguió a la pareja a una prudente distancia hasta que ambos decidieron tomar un café en Starbucks.

Sentados en una de las pequeñas mesas, continuaron hablando, demasiado cerca para su gusto. Las expresiones corporales de Dan le revelaban que estaba intentando llamar su atención con esmero, como un pavo real extendiendo sus plumas. Sin poder soportar más, se retiró del lugar dando por finalizada cualquier tipo de búsqueda navideña.

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Abrió distraídamente la puerta de su hogar, mientras luchaba con la excesiva cantidad de bolsas de sus compras de aquella tarde. Presa de la necesidad de sentirse mejor a través de las compras, había liquidado la mitad de los ahorros que había conseguido después de trabajar arduamente el verano pasado, por lo que debía buscar uno nuevo próximamente para reponer lo gastado. Sintiendo su estómago rugir de hambre, dejó la mayor parte de sus cosas sobre el sofá distraídamente, dispuesta a prepararse un simple sándwich cuando se percató de que Gray estaba sentado en uno de los sillones, bebiendo una cerveza mientras fumaba.

-Hola ¿Ya cenaste? Juvia muere de hambre- le comentó simplemente, pero entonces fue consciente del aura negra que lo rodeaba y su mirada hostil.

-Aún no- admitió serio, apagando el cigarrillo en el cenicero- ¿Que tal las compras con tu nuevo amigo?

Lo observó sorprendida de que supiera que había estado junto a Straight, además del marcado tono de censura en su voz. Suspirando, colocó sus manos en sus caderas.

-¿Algún problema?- consultó frunciendo el ceño.

-No, es asunto tuyo si quieres tener de amigo a ese tipo de personas- respondió soberbio, dando un sorbo a la botella de cerveza, tratando de fingir desinterés- Straight no es la mejor compañía.

-Oh Gray, por favor, ilumina a Juvia- le solicitó fingiendo exageradamente interés por su opinión, dejando solamente su mano derecha sobre su cadera- ¿Qué tienes para contarle de Dan?

-Estuvo detrás de Lucy por un año- señaló, ignorando su rostro de fastidio- Pero, al mismo tiempo, salía con cuanta mujer pudiera.

-No le estás contando a Juvia nada que no se pudiera dar cuenta sola- le sonrió con una de sus cejas alzadas- ¿Algo más para su prontuario criminal?

Le dirigió una mirada filosa, irritado al ver que sus palabras no eran nuevas para ella. Entonces ¿Qué hacía frecuentando a aquel sujeto? Respiró hondo, intentando mantener sus demonios enjaulados, decidido a convencerla de que debía alejarse del pelirrojo por su propio bien y sentido común.

-Si sabes la clase de hombre que es ¿Por qué saliste con él?- interrogó hoscamente, dejando sin delicadeza la botella sobre la mesa.

-Primero, no fue un cita. Juvia le comentó a Dan que estaba de compras y él se ofreció a acompañarla- le explicó con desgano, ya que aquella charla le resultaba estúpida e innecesaria- Segundo, Juvia no pretende casarse con él. Quizás en algún momento acceda a tener sexo, pero sólo si lo desea. Tercero, no es asunto de Gray Fullbuster, por lo que le aconseja mantenerse al margen.

Ante aquel bofetazo verbal, Gray no pudo evitar saltar de su asiento y suprimir la distancia que había entre ellos. Haciendo aún más evidente el cansancio que le provocaba tener aquella conversación, Juvia lo miró con aburrimiento.

-Entonces ¿Pretendes que me quede de brazos cruzados mientras tienes sexo con cualquier idiota? ¿No entiendes de que tomará lo que quiere y luego se irá?

Juvia abrió sus ojos completamente, incrédula de las palabras que salían de la boca del pelinegro. No recordaba quien lo había nombrado repentinamente el guardián protector de su castidad.

-¿Con cuantas mujeres, que no viste nunca más, te acostaste como para pretender ser mejor que Dan?- lo desafió cruzándose de brazos- Si el problema es quien usa a quien, los dos lo haremos en igual medida.

-No está bien, Juvia- replicó apretando sus cabellos en un rictus furioso.

-¿Qué no está bien?- lo desafío, notoriamente molesta- ¿Qué Juvia actúe de la misma manera que un hombre?- sin meditarlo, lo empujo ligeramente por el pecho- ¿Eso la vuelve una zorra para ti? Wow.

Se retiró a la cocina a paso colérico, aun cuando el apetito había desaparecido mágicamente por el mal trago. Cerró los ojos mientras apretaba con sus manos la mesada de mármol hasta tener los nudillos blancos, molesta al pensar cómo había intentado laboriosamente entablar una relación sana con Gray, después de su discusión cerca de las escaleras. Había decidido seguir adelante y no complicar las cosas al punto de que ambos salieran heridos, aún cuando la tarea le resultará titánica y dolorosa.

Sosteniendo fuertemente la mesada de mármol para contenerse, escuchó pasos tras ella y giró violentamente al sentirlo tras de sí. Aparentemente, aquel día no iba a terminar bien.

-Deja en paz a Juvia, Fullbuster- le advirtió arrastrando las palabras entre sus dientes, intentando apartarse para que no quedar acorralada.

-No tiene que ver contigo, con lo que quieras hacer con tu cuerpo- aseguró seriamente, sin ceder la batalla- Es mayor que tú, sabe jugar esto mejor de lo que te imaginas.

-No es de tu incumbencia su relación con Dan- escupió palabra por palabra- Así como no lo era con Lyon.

Como una llave, la sola mención de Vastia desató dentro de él todo lo que inútilmente había intentando contener. La ira y la frustración hicieron su aparición, dominando su cuerpo como un demonio ciego, de potentes emociones violentas.

-Si te importa tan poco la reputación de un hombre…- siseando comenzando a avanzar hasta que la mesada terminó de acorralar su menudo cuerpo, colocando sus musculosos brazos a cada lado de su anatomía, sin tocarla, para evitar que escapara- ...¿Por qué tener sexo conmigo es un obstáculo? ¿Por qué yo sí debo darte todo?

Como si la hubiesen golpeado en el estómago, Juvia soltó todo el aire de su cuerpo en un jadeo, llevando una de su trémulas manos a su boca. Lo observó confundida y anonadada por lo que había soltado sobre ella, como un alud de nieve irrefrenable que paralizó todo su sistema nervioso.

-¿Qué..?- su voz salió temblorosa por el nudo que se había formado en su garganta.

-Sabes perfectamente lo que te estoy preguntando- le aseguró con su ceño fruncido, a tan escasa distancia de su boca que podía sentir su respiración agitada.

-No es lo mismo- se defendió torpemente, sintiendo como toda la valentía huía de su cuerpo.

Gray no se movió un centímetro, regalándole aquella mirada filosa que tanto detestaba sentir sobre ella. Por otra parte, su respiración seguía rehusando a recuperar su ritmo normal, por lo que comenzaba a sentirse ligeramente mareada. O quizás, sólo era el calor y perfume del cuerpo del pelinegro, intoxicándola mortalmente.

-Eres su hermanastro- usó de escudo, desesperada por justificarse y eludir tener que revelar sus sentimientos, percibiendo como las traicioneras lágrimas comenzaban a agolparse en sus ojos- Moralmente, no está bien que...

-¿Qué moral, Juvia?- consultó gravemente, mirando sus labios carnosos- ¿La misma que cuestionas a voluntad para tener sexo con todos los que tu quieres?

Juvia sabía que no debía, sabía que era contrario a lo que le había dicho anteriormente, pero no pudo evitar la profunda necesidad de sentir sus labios otra vez. Sin perder tiempo, por miedo a arrepentirse, suprimió el espacio que los alejaba mientras sus manos atraían su cabeza. Sin poder evitarlo, también la acompañaron sus lágrimas contenidas.

Gray se sorprendió por aquel beso y, aún así, lo correspondió con ansias. Era la primera vez que Juvia daba el primer paso, y aunque distaba de los besos hambrientos y pasionales que él le había robado, le gustó sentir está vez su suave y tierna necesidad. Cuando quería, la peliazul podía ser muy dulce y complaciente. No pudo evitar tomarla entre sus brazos y dirigirlos nuevamente hacia la sala de estar.

Al percibir el movimiento de su avance, Juvia finalizó el beso mientras Gray tomaba asiento con ella en uno de los sillones y la acunaba como a una niña, acariciando en un ligero compás sus cabellos sueltos. Juvia jamás había sentido ese lado amable del pelinegro, ya que nunca se habían permitido algo de esas características desde que había regresado, mucho menos en el pasado. Recostando su rostro entre su hombro y cuello, se dejó hacer sumisa.

Permanecieron en silencio por largos minutos, mientras Gray terminaba de tranquilizar sus impulsos. Sabía que había presionado más de lo correcto a la peliazul. Sin embargo, aun a pesar de que su furia y frustración habían sido las que tomaron la palabra, en lo más profundo de su ser sabía que aquellas últimas eran ciertas.

-¿Te sientes un poco mejor?- consultó contra sus cabellos, mientras la peliazul acariciaba su cabello negro detrás de sus orejas.

Respondió simplemente con un movimiento positivo de su cabeza, acurrucándose un poco más, intentando transmitir que no deseaba abandonar aquel cálido lugar entre sus brazos.

-Disculpame por lo que te dije- continúo con pesar en la voz, estrechándola un poco más para complacer su necesidad de sentirla- Sólo tengo miedo de que alguien te lastime, pero parece que eso me llevó a que yo mismo lo hiciera- suspiró, tensando su cuerpo- No tienes que darme explicaciones de tus razones.

-Juvia también lucha contra su deseo- confesó, vencida. Evitar hablar del enorme elefante en la sala, no solucionaba el problema- No siempre hace lo que realmente quiere. Sólo le interesa Dan en la medida de que es fácil de manejar.

-Parece que eres más hábil que yo para la lucha- le aseguró con una risa cansada, dejando recostar su cabeza contra el respaldo del sillón, mirando fijamente el techo- Me perturbas, es inútil negarlo… Me siento un idiota por no poder resistir a estos impulsos.

La peliazul lo estudió con detenimiento, separándose ligeramente con sus manos apoyadas contra su sólido torso. Podía sentir su corazón latir rápido y fuerte, lo que dejaba en evidencia su lucha por tranquilizarse. Observó sus ojos plomizos esquivos, evitando sostenerle la mirada.

-Gray…- lo llamó en un susurro tenue.

El pelinegro se reincorporó, para regalarle una mirada vencida. Toda su anatomía reflejaba el estado de abatimiento que experimentaba por la situación poco clara entre ellos. Nuevamente, tomó su rostro entre sus pequeñas manos y lo guió hasta sus labios, besándolo con intensidad. Gray respondió dócilmente a sus labios, entregándole el mando de la situación a ella.

-Juvia ya no tiene fuerzas para resistirse- le aseguró también vencida, sobre su boca- Dan es sólo una excusa.

Fue el turno de Gray de apoderarse de sus labios, en un beso suave pero intenso, ahora demandante. Aquellas palabras eran la invitación a romper todas las barreras que habían construido durante ese año, la carta de rendición a una guerra que ambos habían perdido en favor de su deseo más apremiante y prohibido. Habían fallado, pero aquel fracaso sabía a gloria.

Gustosa por su reacción demandante, Juvia se removió sobre su cuerpo acomodando sus piernas a cada lado de las suyas, entregándose a la necesidad de complacer lo que ambos habían reprimido con tanta frustración. No estaba segura de estar haciendo lo mejor para los dos, pero se sentía endemoniadamente bien entregarse plenamente por primera vez a sus más profundos deseos.

En tanto, las manos de Gray vagaron por su cintura hasta colarse por debajo de su abrigada ropa para sentir la textura de la cálida piel de su espalda. Respetó el acuerdo implícito de mantener aquel intercambio en algo no sexual, pero le estaba costando demasiado a medida que aquel simple beso comenzaba a despertar toda su pasión contenida.

-Creo que debemos parar…- jadeó separándose de sus labios- No podré contenerme mucho más.

-Juvia también cree que es lo mejor- su voz no sonaba menos afectada.

-¿Qué debo hacer, Juvia?- le consultó acariciando dulcemente su rostro, hundiéndose en sus ojos de mar.

-Juvia no tiene la respuesta a esa pregunta- admitió correspondiendo a su mirada- Lo único que sabe es que ninguno de los dos tiene fuerzas ya para luchar contra esto.

No entendía el porqué, pero aquellas palabras bañaron su cuerpo de una calma que nunca había sentido. Juvia era capaz de perturbar su estabilidad mental al mismo tiempo que calmar la tormenta más violenta, sólo con el sonido de su voz. Aún recordaba cómo su llamado asustado lo había sacado de la bruma de odio que lo había cegado cuando golpeaba a Lyon.

No sabía que era, ni cómo describirlo. Quizás la razón era que nunca se había atrevido estar tan cerca de aquella criatura que lo dejaba desarmado. Ahora, sin barreras o defensa, era sólo ella la que podía apartarlo de su lado y eso le daba un poder sobre él que realmente lo asustaba.

-¿No importa que sea tu tutor?- consultó acariciando suavemente su rostro, quizá en el último intento de ser honorable.

-No- respondió apoyando su mano sobre la de él.

-¿Ni que sea tu hermanastro?- continuó, acercándose lentamente a su rostro hasta apoyar su frente en el de ella.

-Tampoco…- suspiró, cerrando la distancia entre sus labios una vez más.

Llamando a la puerta de la hermosa casa de los Dragneel, Gray y Juvia aguardaban llevando en sus manos lo que compartirían en esa cena de Navidad. Igneel había insistido sin dar brazo a torcer que los acompañaran aquella noche, invitando también a Lucy, para celebrar todos juntos.

Fue Zeref quien los recibió con su habitual expresión serena. Sin poder salvarse de la insistencia de su padre, había viajado desde Crocus para dicha festividad, aprovechando el receso invernal en la universidad. El mayor de los hermanos Dragneel ejercía, hacía cinco años, como profesor de Historia Antigua en la universidad, realizando en simultáneo su doctorado con sólo veintiséis años.

-Bienvenidos- los saludó con una simple pero sincera sonrisa- Juvia, cuánto has crecido. Parece ayer cuando te llevaba a tomar helado mientras Natsu y Gray jugaban en el jardín. Dime ¿Ya encontraste a tu príncipe azul?

-No existen los príncipes azules, Zeref- le sonrió dulcemente, sosteniendo entre sus manos el pastel de manzanas con canela recién horneado.

Gray se removió incómodo en su lugar, levantando aún más la fuente que llevaba la carne asada mientras en la otra mano cargaba un vino como regalo de ambos para Igneel.

-Oh, lamento que hayas llegado a esa conclusión tan temprano en la vida- se apartó de la entrada permitiéndoles el paso.

Cómo era de esperarse, Natsu los recibió con marcado entusiasmo, portando en su cabeza el característico gorro rojo con pompón en la punta. La única tradición que se respetaba estrictamente en la casa de los Dragneel era que todos debían portar algo de color rojo. Natsu siempre utilizaba el mismo gorro desde los diez años, en conjunto con un sweater verde muérdago con renos saltando. A su lado, Lucy vestía una holgada blusa de seda natural con una corta falda color escarlata y botas marrones.

Por su parte los recién llegados había decidido respetar aquel protocolo de vestimenta, por lo que Juvia vestía un ceñido vestido rojo sangre con unas largas botas negras hasta la mitad de su muslo, además de su abrigo favorito. Por otro lado, Gray vestía todo de negro, a excepción de una ligera bufanda roja que le había tejido Kristal.

-Llegan justo a tiempo- aseguró Natsu feliz, mientras Lucy le quitaba la tarta de manzana a Juvia para ayudar.

La gran mesa del comedor, decorada a tono con la festividad, estaba repleta de distintas carnes, guarniciones y bebidas. Después de admirarla por unos instantes, Juvia caminó detrás de Lucy hacia la cocina, para encontrarse con Igneel sacando los platos elegantes de una de las alacenas.

-Chicos, que bueno que ya estén aquí- sonrío el corpulento hombre, dejando de lado lo que estaba haciendo para abrazar fuertemente a la peliazul y sonreírle a Gray.

-Te trajimos este vino para agradecer tu invitación- el pelinegro le extendió la botella con una sincera sonrisa.

-El señor de la tienda le dijo a Juvia que esté era el mejor, aunque debió esperar a Gray para poder comprarlo- le comentó inflando los cachetes infantilmente.

-Muchas gracias, chicos. No debieron molestarse. Me alegra que Natsu les haya recordado lo de la vestimenta roja, aunque siento que has hecho un poco de trampa, Gray- rió roncamente mientras le entregaba los platos a Zeref- Me recuerdas a alguien.

Zeref río divertido, ya que el mensaje era para él, quien al igual que Gray había optando por una camisa roja apenas visible por el cuello del sweater negro.

Cómo ya no faltaba nadie por llegar, todos se dispusieron a sentarse en la gran mesa para comenzar la cena. Juvia aprovechó para sentarse entre Igneel y Zeref, manteniéndose siempre entretenida con su charla. Por su parte, aunque conversaba amenamente con Natsu y Lucy, Gray no pudo evitar espiarla repetidamente, admirando la felicidad que transmitía con su sonrisa, su alegría y su risa.

El ambiente relajado y familiar reinaba en el aire, dejando que todos disfrutarán de aquel momento. Zeref le comentaba que había empezado a salir con una joven, estudiante de Ciencias Políticas, llamada Mavis.

-Aún a pesar de la diferencia de edad, es realmente madura. Bueno, la mayor parte del tiempo- rió ligeramente, mientras su padre escuchaba atentamente con una sonrisa en su rostro.

-¿Eso no te trae problemas con el trabajo, Zeref-kun?- consultó Juvia, sorprendida por la naturalidad con la que el pelinegro hablaba del tema frente a su padre.

-No, porque ella no es estudiante de mi materia- le explicó con una sonrisa amable- De todas maneras, nuestra relación no es pública en el campus. Pero aquí, con mi familia, no hay secretos. Estoy orgulloso de ella y quiero que mis seres queridos sepan que esto es serio.

-Es hermoso lo que dices- le aseguró Juvia, mirando sutilmente a Gray, quien bromeaba con Natsu por el partido de los Demons.

El resto de la velada transcurrió alegre y tranquila. Cómo era una ocasión especial, minutos antes de las doce de la noche, Igneel le entregó a Juvia una copa de champagne para que pudiese brindar con ellos. Todos alzaron las copas con felicidad al escuchar el antiguo reloj de la sala de estar dar las doce campanadas.

-¡Feliz navidad a todos!- deseó Igneel, satisfecho de ver la felicidad en el ambiente.

Por un momento, Juvia compartió una significativa mirada con Gray. Era imposible no pensar en Silver y Kristal, lo que les generaba un sentimiento agridulce en sus corazones. Con aquel pensamiento en mente, Gray se acercó hasta la peliazul y después de saludar a Igneel y Zeref, la abrazó por unos instantes.

-¿También pensaste en ellos?- consultó Juvia entre sus brazos.

-Si- respondió simplemente, acariciando su espalda para luego apartarse con una sonrisa melancólica.

Una vez instalados en la sala, todos los reunidos intercambiaron anécdotas divertidas y hasta jugaron al dígalo con mímica. Aprovechando las risas por la discusión entre Gray y Natsu, ya que esté último no había logrado adivinar la película que le tocó interpretar al pelinegro, Juvia se dirigió al baño de la planta superior.

Minutos después, lavó sus manos y arregló su cabello frente al espejo, revisando el estado de su maquillaje. Al abrir la puerta, se sorprendió al encontrarse con la mirada de Gray, quien aguardaban recostado en la pared del oscuro pasillo. Las sombras del ambiente bañaban todas sus facciones, dándole un tinte de misterio y seducción que la estremeció.

-¿Sucede algo?- consultó extrañada de encontrarlo allí, sólo.

-Deberíamos volver a casa, si te parece- le comentó con simpleza, alejándose de la pared que había servido de respaldo.

Suprimió el espacio entre ambos y acarició su mejilla con suavidad, estudiando atentamente su precioso rostro. Juvia no pudo evitar sonreír ante la caricia, inclinando ligeramente su rostro hasta que su áspera mano tuvo pleno contacto con su mejilla. Lentamente, el espacio entre ambos comenzaba a reducirse, dejando sus rostros tan cerca que podían sentir mutuamente sus respiraciones y sus labios entreabiertos se rozaban en forma de promesa.

-Si, debemos irnos- concordó Juvia, casi en un susurro.

Sabiendo que aquel no era el lugar adecuado para aquel comportamiento, Gray se alejó de mala gana, colocando su mano ahora en su cintura para impulsarla levemente a avanzar. Bajaron en silencio la escalera y regresaron a la sala de estar, donde estaban los tres Dragneel aún riendo por lo ocurrido en el juego anterior.

-Ya es tarde- señaló Gray como excusa para partir.

-Si, será mejor que vuelvan ahora y no cuando los jóvenes inconscientes van en búsqueda de alguna fiesta- aseguró con desaprobación Igneel.

-¿No irás con nosotros a la fiesta de Erza?- consultó decepcionado Natsu, ignorando categóricamente las palabras de su padre, ganándose la risa de su hermano mayor.

-Aún no lo sé- respondió incómodo, mirando con disimulo a Juvia, quien no estaba enterada de dicha reunión- Antes que nada, debo acompañar a Juvia. Te llamaré cuando sepa lo que haré.

Poco convencido, Natsu cedió sin decir nada más, cruzando de brazos infantilmente. En ese momento, Lucy apareció desde la cocina con un vaso de agua en su mano. Antes de partir, Juvia los observó hablando muy juntos en susurros, de una manera tan íntima que le llamó la atención. La rubia intentaba convencer al pelirrosa, tomando una de las manos de Natsu entre las suyas, asegurándole que Gray tenía razón y que seguramente iría más tarde.

Se despidieron de todos sin mayores prólogos, saliendo de la casa familiar. En cuanto cruzaron la puerta principal, la peliazul tomó suavemente el antebrazo de Gray para detenerlo.

-Juvia no se molestará si quieres ir a esa fiesta- le aseguró, un poco confundida por el hecho de que no le hubiese comentado nada al respecto- Puedes dejarla en casa, no saldrá a ningún lado.

Gray la estudió unos minutos pero no dijo nada y sólo se movió para colocarle el casco delicadamente sobre su cabeza. El viaje en motocicleta no duró más de unos minutos a pesar de la prudencia del pelinegro, ya que aún las calles permanecían mayormente vacías.

Una vez dentro de casa, Juvia caminó directamente a la chimenea en la sala de estar y se dispuso a prenderla, para calentar el frío ambiente. Cumplido su propósito, descubrió que Gray no se había movido de su lugar, siguiéndola fijamente con la mirada.

-¿Qué haces ahí parado como una estatua?- lo regañó para aligerar el ambiente, ya que sin percatarse se había vuelto pesado y tenso- Será mejor que salgas ya si quieres llegar a tiempo. Está a punto de nevar y no es bueno que conduzcas cuando empiece.

Haciendo caso omiso a sus palabras, se quitó la abrigada chaqueta y la dejó en uno de los sillones, caminando hasta ella. Sintiéndose un poco acorralada, Juvia mordió su labio inferior, descubriendo que su cuerpo no respondía a su voluntad.

-No iré- le informó cuando estuvo frente a ella- Prefiero quedarme aquí.

-Gray, Juvia jura que no saldrá- protestó frunciendo un poco el ceño- Sus amigos no están en la ciudad.

-Eso lo sé, pero no quiero que te quedes sola- le explicó, quitando suavemente algunos mechones de cabello ondulado del contorno de su rostro- Podemos ponernos cómodos, buscar unas cervezas. Conversar o ver una película, lo que tú quieras.

-¿Estás seguro?- preguntó dudosa, mientras sentía como su corazón palpitaba velozmente ante su mirada penetrante.

Cómo respuesta, el pelinegro suprimió el espacio entre ellos para tomar sus labios en un suave y lento beso. La devoró con paciencia, sin sobresaltos, como si el tiempo no importara. Suspirando, Juvia sintió como su cuerpo se derretía ante tal delicado toque, estrechándose contra él por inercia, sujetándose de su ropa.

-Anda, ve a ponerte ropa cómoda- le ordenó dulcemente mientras se alejaba de ella, con una sonrisa sincera y divertida en su rostro, apreciando el mohín que hacía Juvia por haber finalizado el beso.

La peliazul obedeció el pedido, dirigiéndose a su habitación sin mirar atrás. Una vez en ropa interior, buscó en su armario un pijama, pero sólo encontró los pantalones escoceses azules de uno de sus conjuntos. Seguramente la parte superior estaría para lavar, por lo que tomó otro, más holgado de color blanco. Se cambió rápidamente para no congelarse y cepilló su cabello deshaciendo algunos nudos que se habían hecho durante el trayecto a casa. Sin ánimos de quitarse el maquillaje, tomó una frazada y regresó a la sala de estar.

En la mesa ratona encontró ya dispuestas las cervezas, acompañadas de algunos snacks que habían quedado de otra ocasión, pero no había rastro de Gray. Se acomodó en el sofá, refugiándose bajo la frazada mientras comenzaba a buscar algo en la televisión. Cómo era de esperar, no había demasiado para ver aquella noche, por lo que abandonó la búsqueda mientras reflexionaba la decisión del pelinegro de quedarse en casa con ella.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no advirtió su presencia hasta que él se sentó junto a ella, tirando un poco de la frazada hacía su cuerpo semidesnudo. No era algo extraño verlo así, ya que siempre había poseído una resistencia extraordinaria a las temperaturas bajas. Quizás por ello le gustaba tanto el invierno.

-¿Nada en la televisión?- consultó casualmente, entregándole una de las cervezas.

-Sólo aburridos especiales de Navidad- suspiró dando un trago a su bebida, observándolo de reojo.

Era difícil actuar con indiferencia cuando tenía a su lado aquella escultural anatomía. Gray siempre había amado el deporte, por lo que salía a correr los fines de semana y asistía junto a Natsu al gimnasio tres veces a la semana.

-¿Intentaste con algunos de los streaming?- sugirió encogiéndose de hombros.

Indecisa, le entregó el control remoto para que él buscara en su lugar. Sin más, Gray se entregó a la tarea de navegar entre las opciones. Por su parte, Juvia se recostó en el respaldo del sofá, consciente de la poca distancia que había entre ellos, observándolo en silencio.

-¿Por qué me miras?- interrogó divertido, frunciendo el ceño ligeramente.

-Juvia sólo pensaba que tienes el cabello un poco largo- mintió, fingiendo naturalidad.

-¿No te gusta?- su sonrisa se volvió galante, mientras dejaba de lado el mando a distancia y peinaba su cabellera hacia atrás.

-Cuando lo peinas así, le recuerdas a Silver- sonrió con dulzura, percibiendo como Gray suprimía aún más el espacio entre ellos.

-El tuyo es idéntico al de Kristal- opinó, acariciando ahora las hebras de cabello azul de la chica.

-¿Crees qué…?- intentó preguntar, pero se detuvo.

-¿...si estarían molestos por lo que sucedió después del partido?- terminó por ella, suspirando al finalizar- No lo sé. Pero no hay forma de saberlo.

Temerosa de haber hablado de más al apreciar el pesar en sus facciones, Juvia terminó de recorrer el camino que la alejaba de sus labios, besándolo con hambre y un poco de desesperación, enterrando sus manos en su espeso cabello negro. Gray respondió al instante, estrechándola fuertemente contra su cuerpo desde su cintura.

Lentamente, la recostó en el sofá acomodando su cuerpo sobre el de ella. Debía admitir que sus labios eran adictos, ya que no podía dejar de sentir que los necesitaba, intentando llegar a una saciedad que nunca alcanzaba. Deslizó sus manos a conciencia por sus pronunciadas curvas, mientras percibía como sus piernas se enredaban alrededor de las suyas, impidiéndole escapar.

-No me canso del sabor de tus labios- le confesó en un susurro, en tanto sus manos comenzaban a subir aquel jersey holgado, apreciando su sedosa piel.

Soltando un quejido impaciente de sus labios ya hinchados, Juvia tiró de sus cabellos para reanudar el apasionado beso. Podía percibir que estaba tan ansiosa como él por sentir cada pulgada de su cuerpo. Aún en contra de sus deseos, Gray se apartó para poder terminar de subir aquella prenda, admirando el hermoso sostén strapless color cereza de fino encaje, que resaltaba su nívea dermis.

-Es realmente hermoso- le sonrió, recorriendo con su dedo índice la voluminosa curva de su pecho izquierdo, hacia el valle de su busto. Se colocó de lado, quitando su peso de ella para continuar con sus caricias más detenidamente.

-Juvia no está buscando la aprobación de su ropa íntima- le replicó entre divertida e impaciente, girando hasta enfrentarlo- Pero si ese es tu deseo, te diría que la mejor parte está abajo.

Le sonrió divertido por su ingeniosa réplica, deslizando su mano por la piel de su plano abdomen hasta llegar al elástico de su pantalón. Tiró suavemente de él, dejando ver sólo un poco del resto del conjunto. Arqueando una ceja, descubrió lo transparente y sugerente del resto de su ropa interior.

No obstante, Juvia aprovechó la posición para volver a reclamar sus labios mientras sus ansiosas manos tomaban el turno de recorrerlo. Un millón de escalofríos recorrieron su anatomía ante las cálidas y delicadas manos delizándose por todo su torso. Era realmente sorprendente el poder que tenía esa mujer de erizar su piel y derretir sus sentidos con tan poco.

Apremiados por el deseo, se quitaron rápidamente el resto de sus prendas hasta quedar sólo con ropa íntima. Decidido a retomar el control perdido, Gray volvió a colocarse sobre ella, deleitándose con la sensación de sus cuerpos estrechamente adheridos.

-Gray, por favor…- lloriqueo contra su oído mientras él saboreaba su largo cuello de marfil.

Sus pequeñas manos ahora vagaban traviesas por su espalda hasta tomar sus estrechas caderas, presionándolo aún más hacía ella, mientras sus piernas lo envolvían como una serpiente a su presa. El roce de sus pieles casi desnudas comenzaba a afectarlos.

-Dime qué quieres- le ordenó, mordiendo su labio inferior.

Encontró el broche de su sostén, tirando de él para dejar libre sus generosos pechos. Casi al instante en que estuvieron a su pleno alcance, tomó uno de sus rosados botones para torturarlo con sus dientes y lengua.

-Juvia te quiere adentro- susurró jadeante, con los ojos repletos de pasión líquida- Muy adentro.

No pudo evitar soltar un gruñido ante sus eróticas palabras de bienvenida, mientras terminaba de atender sus generosos senos. Él deseaba lo mismo que ella, necesitaba sentirla aunque la vida se le fuera en ello. Alejándose lo estrictamente necesario, deslizó por sus piernas la ínfima prenda cereza, de manera lenta y tortuosa para ambos.

Una vez completada la misión de dejarla completamente desnuda ante sus atentos ojos grises, sus manos vagaron ahora hacia arriba, disfrutando de lo largas y suaves que eran sus blancas piernas, hasta llegar a su zona más íntima, esa que lo había deleitado de su sabor a ambrosía. Acarició sus terzos pliegues con la medida justa de presión y delicadeza, robándole gemidos que hacían cada vez más difícil su autocontrol.

Estudió su rostro sonrojado, su respiración irregular y sus ojos entrecerrados, suplicantes. A pesar de su carácter fuerte, se estaba mostrando dulce y abnegada, regalándole la visión más hermosa y erótico de su cuerpo escultural.

-Gray…- protestó nuevamente, ansiosa.

Aceptando que estaba torturándola demasiado, deslizó sin esfuerzo dos de sus dedos en su húmedo interior. Inmediatamente, Juvia gimió agónica, arqueando involuntariamente su cuerpo. Se inclinó sobre ella, tomando uno de sus rosados pezones con los labios, sin detener el movimiento de sus dedos.

Fue entonces que lo deleitó con su canto de sirena. Desinhibida por la excitación, gimió sin restricciones, buscando sostenerse de sus anchos y definidos hombros.

-Te ves aún más hermosa...- le confesó a su oído, recorriendo su cuello con su lengua- Sonrojada, entregada a mis caricias... jadeando mi nombre.

Presa de las sensaciones de su cuerpo, Juvia parecía haber perdido todo uso de razón. Llevó sus manos hasta su rostro, para obligarlo a volver a sus labios. Saboreó su boca con desesperación, transmitirle su impaciencia.

Decidido por fin a complacerla, quitó sus dedos de su húmedo centro con extrema suavidad. Se alejó de su cuerpo y deslizó su boxer rápidamente fuera de su cuerpo, aún admirando la belleza de su desnudez.

-J-Juvia no puede más...

Cumpliendo con su desesperado pedido, guió su erguido miembro hasta su pulsante y cálida entrada. No fue necesario ejercer demasiada presión para entrar, no obstante su estrecho canal ejercía una resistencia tan exquisita que comenzaba a extinguir su cordura.

Por su parte, Juvia soltó un gemido ahogado, cerrando sus ojos ante la maravillosa sensación de sentir su miembro llenándola por completo, abrumándola por su impetuosa presencia. Se adaptaba perfectamente a su anatomía, de una manera tan malditamente irónica que le robó una sonrisa por aquel pensamiento.

Gray gruñó contra su cuello, mientras su manos tomaba fuertemente sus caderas para comenzar a pulsar contra ella. Mirando fijamente su transparente rostro, descubrió que aquel encuentro era igual de demoledor para ambos. Juvia se entregaba dócilmente a su voluntad, dejándose llevar por el ritmo y la cadencia que él imponía. Lo único que le exigió fue que regresara a sus labios, asolándolos sin piedad.

Se perdió en su hambriento beso, deteniéndose sólo por un momento para disfrutarlo plenamente. No obstante, abrió los ojos sorprendido cuando descubrió que había sido vilmente engañado, al sentir sus piernas apresando ahora su cintura. Abandonó con un jadeo sus labios para ver cómo Juvia sonreía y comenzaba a mover sus caderas con maestría, como si siguiera una canción imaginaria decadente, alternando entre lento y rápido, pero siempre suave y sensual.

-Mierda…- soltó sin poder contenerse con voz estrangulada y gutural.

La dulce sirena se había convertido en una devora hombres, recuperando para ella todo el control de la situación. No podía dejar de mirarla, mientras se movía como una serpiente diabólica que le robaba el aliento y aceleraba su corazón violentamente. Sus ojos zafiros le regalaban una expresión dulce y perversa, en tanto una de sus manos recorrían su pecho izquierdo, apretandolo, y la otra acariciaba su labio inferior.

-¿Le gusta, Gray-sama?- consultó sensual y divertida.

-Estas jugando conmigo- sentenció entrecerrado sus ojos, tratando de decidir si aquello lo molestaba o lo excitaba terriblemente.

-Sólo un poco- reconoció con una sonrisa gatuna, llevando sus brazos por sobre su propia cabeza, sin detener en ningún momento sus caderas.

Decidido a no dejar que ella continuará torturando su mente, tomó nuevamente sus caderas para reanudar sus embestidas fuertes y profundas. Juvia gimió inmediatamente por el cambio, pero sin dejar de sonreír.

-Dilo de nuevo- le ordenó casi en un gruñido, con los dientes fuertemente apretados.

-¿Que debe decir Juvia?- preguntó mordiendo su labio inferior, serpenteando nuevamente toda su complexión.

-Como me llamaste- gruñó las palabras, deteniendo completamente sus embestidas en forma de tortura.

-¿Gray-sama?- consultó casi en un susurro con una sonrisa taimada.

Cómo respuesta, reanudó sus momentos mientras descendía para primero morder sus labios y después besarlos con hambre. En respuesta, las manos de Juvia volvieron a su cabello, tirando fuertemente de él. Sabía que estaba al límite, por lo que debía apresurarse para lograr que Juvia explotará primero. No iba a permitir llegar al orgasmo antes que ella, pero Juvia se lo estaba poniendo difícil.

Dejó caer todo su peso sobre ella, disfrutando como su generoso busto se pegaba contra su pecho. Sin darle espacio a que continuará moviéndose independiente, separó sus piernas de su cintura y elevó una para cambiar el ángulo en el que entraba su miembro.

Por fin, Juvia soltó un gemido estridente que delató que no se esperaba aquel movimiento, mientras clavaba sus largas uñas en su espalda. Satisfecho, se impulsó aún más profundo dentro de ella.

-¡Gray-sama!

Afortunadamente, la peliazul se encontraba cerca, por lo que no tardó demasiado en estallar en un potente orgasmo, estrangulando su miembro con la delirante presión de sus paredes. Se abandonó sin remedio ante aquella arrasadora sensación, expulsando toda su semilla en su interior.

Agotado, descansó su rostro en su cuello. Ambos estaban con la respiración agitada, como si hubieran corrido una maratón completa. Aún con una necesidad imperiosa de castigarla, le mordió la unión de su cuello y hombro, sin piedad, robándole un gritó de sorpresa.

-Ese es tu castigo- le anunció a su oído.

-No parecías molesto mientras Juvia se portaba mal, Fullbuster- sentenció riendo bajo él.

Gray abandonó su refugio para sostenerse en sus músculos y tensos brazos, estudiándola con la mirada, para descubrir su sonrisa traviesa y complacida.

-¿Dónde quedo el respeto?- consultó alzando una de sus oscuras cejas.

-Debes ganartelo, Fullbuster- le aseguró sonriendo, tocando con su mano delicadamente donde la había mordido.

Exhausto por la intensidad del encuentro, se deslizó lentamente fuera de su cálida intimidad, robándole un quejido sordo que le gustó. Sin perder tiempo, se recostó atrayéndola inmediatamente contra su cuerpo para encerrarla en un estrecho abrazo.

Juvia no perdió tiempo en adherirse contra su torso, gustosa, aspirando satisfecha el narcotizante aroma de su piel. Tembló involuntariamente debido a la sensibilidad que aún la dominaba mientras él acariciaba su espalda con letargo.

Advirtiendo que pronto caerían rendidos al mundo de los sueño, Gray tiró de la frazada a sus pies y cubrió sus cuerpos entrelazados, entregándose por fin a los brazos de Morfeo.

.

Removiendo ligeramente su cuerpo al despertar, Gray abrió los ojos descubriendo que Juvia ya no estaba a su lado en el sofá. Se incorporó estirando su espalda para dar alivio a sus músculos, estudiando la sala a su alrededor. Buscó su boxer entre las ropas regadas, encontrando también aquellas delicadas bragas rojas ¿A dónde había ido Juvia sin su ropa interior?

Percibió el sonido de música proveniente de la cocina, por lo que se dirigió en aquella dirección. La peliazul, vestida solamente con la holgada blusa de pijama, preparaba el desayuno mientras escuchaba una de sus playlist desde su celular. Cruzándose de brazos, la observó en silencio. Juvia se movía con su sensual naturalidad al ritmo de la música, cantando la letra animadamente.

Suspirando pesadamente, se maldijo mentalmente por excitarse con sólo aquella escena. A ese paso, Juvia pensaría que era un maldito sátiro sin control. Sin embargo, no era su culpa que los sensuales movimientos de aquella mujer dispararan el recuerdo de la noche anterior, dañandole la cabeza.

-¿Vas a estar ahí parado todo el día?- consultó sin darse la vuelta, sirviendo de la sartén los huevos revueltos que estaba preparando- Podrías ayudar a Juvia y hacer café.

Sonriendo al saberse descubierto, suprimió el espacio que los separaba hasta quedar detrás suyo, estrechando su cuerpo contra él.

-Me cuesta hacerlo sí sé que no llevas nada debajo de esa blusa.

Sin importarle en absoluto el desayuno, deslizó una de sus manos hacía el vértice de sus piernas, comprobando lo que acababa de decir. Juvia jadeó al sentir sus dedos jugar sutilmente con su clítoris, impulsándola a apoyar instintivamente su trasero sobre su ya evidente erección, mientras soltaba la sartén sin delicadeza.

Gray la forzó a retroceder para que no se quemara con la estufa, obligándola a sostenerse de la mesada, mientras levantaba la blusa hasta quitársela, admirando su perfecta espalda y su redondo trasero. Quitó su mano de su ya húmeda intimidad sólo para deshacerse de su boxer con velocidad y guiar su miembro hasta su centro, restregandose con delicadeza sobre la sensible zona.

Juvia curvó aún más su espalda para facilitar su acceso, gustosa de aquel arrebato del pelinegro. Saber el efecto que causaba en él la llenaba de una sensación de orgullo que la embriagaba. Pero mejor aún fue cuando por fin se deslizó en su interior, invadiéndola por completo de una sola estocada.

La escuchó jadear y gemir mientras empujaba rítmicamente contra su trasero, regalándole nuevamente una escena erótica y sobrestimulante.

-Eres una droga- le aseguró pegando su torso a su espalda, llevando sus manos a sus pechos- No es justo que me afectes así.

Juvia no pudo evitar reír un poco ante la ligera molestia de las palabras gruñidas a su oído. Giró su rostro en su dirección y buscó sus labios, hasta que logró hacerse con ellos. Necesitaba sentir todo de él, ya que para ella también era una adicción lo bien que se sentía como desarmaba toda su mente, hasta perder la razón.

-Juvia también necesita sentirte- jadeó agónica cuando él apretó aún más uno de sus senos, regalándole una mirada inmersa en placer- No es mucho más inmune que tú.

-Me alegra saberlo- le sonrió ladinamente, empujando aún más profundo en su interior.

No pudo evitar dejar escapar un fuerte gemido cuando su cuerpo estalló en un desolador orgasmo que la dejó débil entre sus brazos.

Comprendiendo que estaba agotada, la guió hacia la mesa aún vacía de la cocina, recostandola ligeramente boca abajo. Alejándose, continúo pulsando contra sus caderas, disfrutando de la visión de su blanca espalda y estrecha cintura, acentuada por su forma de reloj de arena. Gracias a su orgasmo, deslizarse en su estrecho interior le resultó excelso, empujándolo al borde del infierno.

Aún habiéndose entregado al placer del orgasmo, Juvia seguía disfrutando de aquel encuentro. Cada célula de su cuerpo vibraba al sentir el camino que trataba su miembro, robándole aún más jadeos.

-¿Qué ocurre?- consultó Gray sin detenerse, sosteniendo aún más fuerte sus caderas.

-Ju-Juvia… no puede resistir más…- lloriqueo sensualmente entre más jadeos.

Gray sonrió soberbio al escuchar su voz aguda y agitada. Quería enseñarle todo lo que podía hacer con su cuerpo, desterrando cualquier recuerdo patético de otro hombre. Con ese pensamiento en mente, aceleró sus movimientos, logrando que gimiera aún más fuerte. Pero debía reconocer que ella también lo estaba afectando, arrastrándolo inevitablemente hacía su propia perdición, grabándose a fuego en su piel. Con un último esfuerzo casi sobrehumano, se hundió más profundo.

En ese preciso momento, Juvia volvió a gritar, golpeada por un nuevo orgasmo que la dejó sin aliento. Rompiéndose, Gray se dejó caer en su propio placer, derramando toda su simiente en su interior con intensos espasmos que nublaron su visión por un segundo.

Una vez que recuperó la respiración y se sintió seguro de sus movimientos, abandonó su interior suavemente. Aún recostada contra la mesa, Juvia luchaba por recobrar el sentido. Sonriendo, Gray tiró de la silla más cercana y se sentó, tomando su cuerpo laxo para colocarla sobre él.

-Gray la quiere estropear- acusó con un hilo de voz, reposando su cabeza en su hombro.

Riendo roncamente por sus palabras, acarició su cabello sin poder rebatir su afirmación. Tampoco podía reconocer que estaba orgulloso de dejarla tan afectada como él mismo se sentía.

Una vez que sintió que podía dominar su propia anatomía, la peliazul se alejó de su pecho para observarlo detenidamente. La sonrisa arrogante que encontró la obligó a arquear una ceja, pero no dijo nada. Con suavidad, abandonó sus brazos.

-Juvia irá a tomar una ducha. Sola- le informó en forma de reto- Gray debe terminar el desayuno como castigo por interrumpir a Juvia.

Sin decir más, se retiró de la cocina sin importarle que era detenidamente observada por sus intensos ojos grises.

Riendo nuevamente por su réplica, Gray aceptó silenciosamente su orden. Dispuso la cafetera para que estuviera lista mientras caminaba hacía la sala de estar, sin molestarse en cubrirse. En Crocus, tenía la costumbre de caminar desnudo por su apartamento, hábito al que había tenido que renuncia al volver a Magnolia.

Subió las escaleras sin hacer ruido y entró al baño sin pedir permiso. Juvia, quien aún se estaba bañando, lo observó seriamente mientras enjabonada su cabello.

-Juvia creyó haber dicho que…

-No busco hacer nada- le aseguró levantando las manos en forma de rendición- Pero también necesito limpiarme ¿Podemos compartir una simple ducha?

Aún mirándolo como si sospechara que tramaba algo, Juvia le dió espacio para entrar. Cumpliendo su palabra, no intentó nada deshonesto, aún cuando verla bañarse había sido una tarea difícil de afrontar. Aunque no pudo evitar robarle algunos besos en el proceso.

Una vez que estuvieron limpios, se alistaron para poder tomar el desayuno. Ya vestidos con su ropa diaria, bajaron juntos y terminaron los preparativos para la colación.

-Los huevos se quemaron un poco- río divertido al ver su expresión de reprobación.

-No fue culpa de Juvia- respondió con los ojos entrecerrados antes de beber de su humeante café.

Le devolvió una sonrisa relajada mientras quitaba un mechón de cabello húmedo de su rostro. Era asombroso cómo una tranquilidad extraordinaria se había instalado después de tantos días de tensión entre ellos.

-Ayer Juvia no tuvo tiempo de darte esto- le entregó una pequeña caja alargada envuelta como presente, con sus mejillas ligeramente sonrojadas.

Halagado, aceptó el regalo y lo abrió sin perder tiempo. Observó atentamente la gruesa cadena de plata con un dije en forma de cruz que reconocía perfectamente.

-Juvia la tuvo todo este tiempo- reconoció un poco nerviosa- La encontró después de que te fueras a Crocus.

Aquel collar era un regalo de Silver para él cuando niño, una reliquia familiar de los Fullbuster. Nunca supo cómo la había perdido pero había estado tan avergonzado por ello que jamás le había dicho a su padre que ya no la tenía.

-La llevé a un joyero para que la limpiará apropiadamente- le explicó, ya sin mirarlo.

Se la colocó inmediatamente, sintiendo que había recobrado algo esencial de su ser. La miró atentamente, sin poder emitir palabras por la emoción que cerraba su garganta, por lo que tiró de ella sin mucha delicadeza hasta tenerla nuevamente sentada sobre su regazo.

-Gracias- emitió costosamente, escondiéndose en su cuello.

La peliazul se dejó hacer sin decir nada, abrazándose a su cuello. Se sentía tan bien estar así, entre sus fuertes brazos, como si aquel fuera su lugar en el mundo. Permanecieron así por largos minutos, hasta que el timbre de la puerta comenzó a sonar con insistencia.

En contra de su voluntad, se apartó de Gray y su calor reconfortante. Sin perder tiempo, caminó hacía la entrada del hogar y al abrir se encontró con la amplia sonrisa de Natsu y una relajada Lucy.

-Juvia-chan- la saludó como a una niña, palmeando suavemente sus cabellos- ¿Donde está el Stripper?

Sin esperar respuesta, el impetuoso pelirrosa entró al hogar como una ráfaga de viento. Juvia lo siguió con la mirada, para luego reparar en que Lucy aún aguardaba con una sonrisa.

-Hola Lucy, entra por favor- la invitó tranquilamente.

-Buen día, Juvia. Muchas gracias- respondió la rubia, aceptando el gesto de la peliazul quien se movió unos centímetros para darle espacio a entrar- Natsu quería venir a almorzar. Debimos avisar antes.

-No te preocupes, Juvia conoce muy bien lo impetuoso que puede ser- se encogió de hombros, soltando un suspiro- Gray está en la cocina. Siéntete como en casa.

Sin decir más, Juvia se dirigió hasta el sofá para recoger los restos de la noche anterior, cerciorándose de que todo estuviera en orden. Una vez que terminó de acomodar y colocar nuevos leños en la chimenea, escuchó que los tres se aproximaron hacia la sala de estar.

-Voy a preparar mi famosa pasta para el almuerzo, Juvia-chan- le informó feliz Natsu, colocando sus brazos en jarra, parándose como un superhéroe.

-No comeremos esa porquería picante, cabeza de fósforo- censuró cruzado de brazos un serio Gray.

-Puedo cocinar una salsa italiana que me enseñó mi madre- propuso Lucy, riendo ya que conocía el platillo ultra-picante del pelirrosa- ¿Quieres acompañarme a la tienda, Juvia?

La peliazul suspiró suavemente mientras recogía su cabello en una cola de caballo. No podía hacer nada contra los planes de Natsu, ya que cuando el mejor amigo del pelinegro decidía hacer algo, nada lo hacía cambiar de opinión. Por otra parte, aquella propuesta de Lucy le permitiría aclarar algunas cosas con la rubia.

-Si, claro- se encogió de hombros, mientras caminaba hacía las escaleras- Juvia irá por un abrigo y saldremos.

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Una vez que fueron hasta el supermercado y compraron todo lo necesario para el almuerzo, ambas mujeres volvieron caminando a paso lento, sin prisa.

-A Juvia le gustaría hablar de algo, Lucy- admitió sin mirarla, con expresión seria.

-Si- aceptó simpática, con una sonrisa- ¿Qué quieres decirme?

-¿Fuiste tú la que le hablo a Gray de Dan?- disparó sin dar demasiadas vueltas al asunto.

La expresión de culpabilidad en el rostro de la rubia respondió inmediatamente su pregunta. Durante días había pensado cómo había sido posible que Gray hubiera descubierto su amistad con Dan, siendo que esté último no sabía quién era su hermanastro.

-Buenos… yo…

-No tuvimos muchas oportunidades para conocernos antes, pero a Juvia le gustaría que supieras algo de ella- la cortó, aún sin mirarla- Odia a los chismosos.

-Lo siento, Juvia- le respondió avergonzada y un poco agitada- No fue mi intención. Comenté casualmente lo que pasó con Natsu y él le dijo a Gray cuando nos vimos los tres en la universidad. No tuve más opción que decirle cuando me acorraló para saber la versión completa.

Furiosa, la peliazul decidió dar por finalizada la charla, ya que no deseaba ser desagradable con la amiga de Gray y tener después un problema con él.

-Puedes confiar en mí- le aseguró, con expresión consternada- Nunca más hablaré de algo relacionado a ti.

-Ya oí suficiente como para saber de quién me tengo que cuidar- respondió mordaz, sin poder evitar soltar su veneno.

Contra todo pronóstico, Lucy se colocó de frente a Juvia, con una expresión de arrepentimiento y tristeza tan grande que sorprendió a la peliazul. Sus ojos color café estaban repletos de pequeñas lágrimas que intentaba retener.

-Tienes derecho a estar molesta conmigo…

-Furiosa- corrigió sin endulzar su tono.

-¿Es por lo que está pasando entre tú y Gray?- consultó mirándola fijamente a los ojos.

Juvia no pudo evitar perder el aliento por unos segundos, expresandolo en su rostro. Parpadeó varias veces, incrédula de lo que la rubia había preguntado con tanta liviandad.

-¿Cómo…?

-Anoche los vi fuera del baño, en casa de Igneel- confesó un poco más tranquila- Además, tú no tenías una marca en el cuello durante la cena y Gray no fue a la fiesta, quedándose contigo.


Hola a Todos!

Aquí les traigo un nuevo capítulo y espero que sea de su agrado :) Una vez más, gracias especialmente a Snoopy A, Gkarly247, Lourith y al invitado por los comentarios, siempre estoy esperandolos con ansias!

La ultima vez no lo dije, pero deseo de todo corazón que en medio de esta pandemia mundial estén todos bien, al igual que sus familias 3

Cuidense mucho, Gracias y nos vemos pronto!

Miko Fleur