(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.
Capítulo V
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Dos meses atrás
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Después de un agotador entrenamiento en la piscina del instituto, en lo único que pensaba era en recostarse y leer un buen libro. Sin embargo, ni bien cerró la puerta, escuchó la estridente voz de Natsu provenir de la cocina. Soltando un suspiro, supo que sería difícil lograr su cometido en silenciosa paz.
Arrastrando los pies, dejó caer su maletín escolar junto al perchero de la entrada y caminó dispuesta a cambiarse primero e ir a saludar al invitado después. No obstante, al subir los dos primeros escalones escuchó una segunda voz que no era la de Gray, sino que pertenecía a una mujer que reía divertida. Curiosa por naturaleza, suprimió la distancia que la separaba de la entrada de la cocina, cuidando de ser completamente silenciosa.
En aquel lugar se encontraban los tres conversando animadamente mientras Gray preparaba lo que supuso era la cena. Dirigió su mirada azul a la despampanante rubia que sonreía mientras sostenía entre sus manos una taza de té. Lucy. Todo su cuerpo se tensó al sentir como la molestia invadía cada fibra de su ser. No entendía porqué, pero se sentía absolutamente amenazada por aquella joven.
Repentinamente furiosa, se dirigió rápidamente hacia su habitación sin advertir a nadie de su presencia. Una vez allí, se recostó contra la madera blanca de la puerta. Desde que había terminado de desarrollarse físicamente, jamás había experimentado la sensación de sentirse amenazada por una mujer que no fuese Ultear. Había conocido a muchas mujeres hermosas en la vida de su hermanastro, sin embargo ninguna le había resultado tan peligrosa. Era más que obvio que Lucy era el tipo de mujer que atraían a Gray: de apariencia amable, suave y carismática.
Decidida a no quedarse una vez más encerrada en su propio hogar por la presencia de la rubia, se quitó velozmente el uniforme escolar y rebuscó enérgicamente en su clóset, sin saber exactamente que deseaba encontrar. Finalmente, se decidió por un conjunto deportivo negro que consistía en un crop top deportivo ajustado al torso con un prominente escote, junto a una campera holgada varias tallas más grande de lo que debería y unas calzas tiro alto, que se adherían a sus largas piernas y acentuaban su trasero de manera gloriosa. Agitó su cabello suelto frente al espejo, dándole una apariencia salvaje pero sensualmente desalineada y retocó sus labios con un humectante labial color cereza.
Por regla general, no vestiría aquel atuendo cuando estaba en casa pero aquella particular situación ameritaba medidas extraordinarias. Si algo le había enseñado Ultear, era a no dejarse intimidar por ninguna otra mujer nunca más y necesitaba verse lo más femenina y deseable posible.
Armada de una arrogancia digna de una emperatriz, decidió volver a la planta baja y saludar a los presentes. Ni bien cruzó la puerta de la cocina, fue recibida por la usual y excéntrica bienvenida del pelirrosa.
-¡Juvia-chan!- exclamó levantándose veloz de su asiento para tomarla en brazos y hacerla girar en el lugar.
Como una excelente actriz, rió animadamente por el recibimiento mientras alborotada el rebelde cabello rosa de su captor. Sin duda alguna, Natsu era una de sus personas favoritas en ese desagradable mundo.
-Natsu-kun, la estás mareando- le aseguró, logrando que la dejara finalmente en el suelo- Juvia no sabía que vendrías de visita hoy.
Dirigió su mirada al pelinegro, quien la observaba con el ceño fruncido. Por su parte, la Lucy le regaló una mirada curiosa con sus profundos ojos chocolates y una sonrisa amistosa.
-Creo que nunca te presentamos a Lucy- reflexionó Natsu, aún abrazándola por los hombros- Es una buena amiga, vamos a la universidad juntos.
-No, no lo habían hecho- concordó con una sonrisa gatuna que intentaba hacer pasar como dulce. A decir verdad, siempre se había movido más rápido que Gray para evitar dicha presentación, aunque esta vez era diferente- Hola Lucy. Es un gusto para Juvia conocerte.
La rubia no perdió tiempo y suprimió la distancia entre ellos, sonriendo ampliamente. Tras de ellos, Gray observaba todo atentamente cruzado de brazos. Sabía que estaba atento a cualquier descortesía por su parte, por lo que debía ser cuidadosa.
-El gusto es mío, Juvia- le aseguró extendiendo la mano en forma de saludo- Estaba ansiosa por conocer a la hermana pequeña de Gray. Me han hablado mucho sobre ti.
-Hermanastra- corrigió inmediatamente, intentando que la voz no sonara hostil, fracasando ligeramente. Regresando a su pose inocente, continuó- Es extraño... Gray no te mencionó nunca.
Al terminar su frase, dirigió nuevamente su mirada fría hacia el mencionado. Parado como una estatua, se podía apreciar la tensión en su fuerte quijada. Sabía que podía engañar fácilmente a los invitados, pero Gray sabía perfectamente que estaba montando un papel. Desde que había regresado, ella nunca había mostrado tanta amabilidad en esa casa.
-Si te hablé de Lucy, cuando olvidé la compras porque la acompañé a su hogar- le recordó Gray, intentando edulcorar su voz y salvar su reputación.
-¿La vez que Juvia se fue a dormir sin comer porque no había nada en la alacena?- interrogó animadamente, fingiendo pensar sus palabras- ¡Ahora sí lo recuerdo! A Juvia le alegra que Gray te haya acompañado aquella vez, era realmente tarde.
Sonrió triunfante ante la mueca en el rostro del pelinegro. Todo su ser vibraba de gozo cuando era consciente que había logrado irritarlo. Era infantil, pero extremadamente gratificante.
-En fin. Juvia no los molesta más, irá hasta la casa de Meredy a buscar algo que olvidó en el instituto.
-¿Quieres que te acompañe, Juvia-chan?- preguntó amablemente Natsu, deshaciendo el fraternal abrazo.
-No te preocupes, Natsu-kun- se dio la vuelta y comenzó a caminar hacía la salida- Sólo me tomará cinco minutos y aún es de día.
Sin más, se despidió con un movimiento de manos y se alejó sin mirar atrás.
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Irritado por la situación, Gray rápidamente le solicitó a Lucy que vigilara la cena por unos minutos, para salir velozmente tras la peliazul. Estaba loca si pensaba que la dejaría poner un solo pie en la calle con aquella ropa en pleno atardecer.
Abrió furioso la puerta de entrada, para encontrarla a sólo unos pasos de distancia. Sin mediar palabras, tiró de ella hasta que estuvieron ocultos de cualquier mirada detrás de la enorme camioneta de Natsu en la entrada del garaje.
-¿Que demonios fue eso, Juvia?- inquirió intentando ocultar lo mejor posible su molestia- ¿Por qué dijiste algo tan descortés frente a Lucy?
-¿Descortés? Juvia sólo dijo la verdad…- se excusó, fingiendo consternación.
-Pudiste haber omitido la parte en la que te fuiste a dormir sin cenar- siseó apretando los dientes, respirando nuevamente para tranquilizar su acelerado corazón- Fue insensible de tu parte.
-Juvia lo siente, no se dió cuenta- le aseguró con la misma expresión muerta con la que siempre lo trataba, mientras cruzaba sus brazos.
Gray apretó los puños a cada lado de su cuerpo, intentando mantener a raya todo su temperamento. Caer en el juego hostil de Juvia le hacía sentir un completo idiota por permitirle envolverlo en sus redes.
-Dime que necesitas de casa de Meredy e iré a buscarlo por ti- le propuso amablemente cuando fue nuevamente dueño de sus emociones.
-Juvia puede ir a…
-Lo sé, pero preferiría que te quedarás en casa. Ya es tarde para que vayas sola por la calle- continuó con su postura suave y conciliadora.
La observó rodar los ojos, apretando con más fuerza sus brazos. Permaneció con sus ojos fijamente en su rostro, ya que sabía que si cometía el error de bajar la mirada, estaría en problemas. Había necesitado de todo su autocontrol para no delatar su indebida fascinación por el cuerpo de su hermanastra frente a sus amigos cuando se presentó con aquel inusual atuendo.
-No le gusta que intentes controlar su vida, Fullbuster.
-Lo sé, pero creo que eres demasiado lista como para comprender que si no entras por voluntad propia, te llevaré en mi hombro hasta la casa. No me importa que los vecinos nos vean.
La peliazul le devolvió la mirada, como si realmente estuviera meditando la posibilidad. Decidió plantar batalla firmamente, aún cuando sabía que su amenaza era un arma de doble filo para él. Siempre intentaba evitar tocarla a toda costa, sin importar lo inocente del gesto. Nunca sabía a ciencia cierta cual podría llegar a ser el resultado.
Finalmente, Juvia se dió por vencida y se marchó nuevamente al hogar. Soltó el aire contenido cuando estuvo por fin solo, tirando de su cabello dolorosamente como castigo por no haber sido capaz de no deleitarse con la imagen de su retirada.
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Presente
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Parada frente a Lucy, Juvia sentía que estaba por desmayarse en aquel preciso instante. Estaba aterrada al ser consciente que alguien, en quien obviamente no confiaba, tenía aquella delicada información entre sus manos. A pesar de todo, Gray seguía siendo su tutor legal, ella era menor de edad aún y la mayoría de sus conocidos pensaban que tenían un relación convencional de hermanos.
-¡Juvia!- la llamó alarmada Lucy al ver cómo el color desaparecía del rostro de la peliazul, por lo que la tomó de los dos brazos para evitar que cayera al suelo sin importarle las bolsas con las compras.
-¿Qué harás?- la enfrentó, aún cuando se sentía cada vez más débil y vulnerable.
-¡Nada, Juvia! No pienso decírselo a nadie- le aseguró alterada, ya que la palidez de la peliazul era cada vez más evidente.
-¿Qué…?- soltó con sorpresa, absolutamente confundida.
-Aquello fue sólo la confirmación de algo que ya sospechaba- admitió, guiandola hacia un banco de la vía pública para que tomara asiento- Aunque no lo creas, ambos fueron muy transparentes este tiempo. La tensión entre ustedes cuando hablaban solos eran siempre tangible, como una pareja discutiendo.
Juvia no pudo evitar recordar las ocasiones en que Lucy los había descubierto pelear, como en la cocina la vez que se escapó o en el estacionamiento después del partido de béisbol. En aquellas ocasiones había estado tan fuera de su elemento que no se había detenido a pensar que otros podrían pensar que no era una discusión común entre hermanos.
-Gray estaba demasiado celoso de todos los que se te acercaban como para ser una simple preocupación de "hermano"- continuó sin poder evitar reír ligeramente antes sus palabras- Y tú siempre me mirabas de una manera muy fría cuando estaba cerca de él, como si quisieras evaporarme.
Juvia tapó su boca con su mano, notablemente alterada. Nunca se había percatado de cómo se había comportado con la rubia con respecto a Gray ¿Cuántos más podrían haberse dado cuenta de lo mismo?
-Tranquila. No sé lo diré a nadie, lo juro- intentó reconfontarla, acariciando sus brazos maternalmente- Son adultos y saben lo que hacen. No tengo derecho a juzgar a nadie.
-¿No te parece mal…?- se atrevió a preguntar, incrédula por la falta de reprobación en sus palabras.
-Conozco un poco de su historia, tanto por Natsu como el propio Gray- le explicó, aún manteniendo sus caricias- Sus padres se casaron, pero eso no garantiza un vínculo real de hermanos. Gray te trató muy mal cuando eras una niña y cortaron relación cuando se fue a Crocus, hasta que ocurrió el accidente.
Sin poder contenerse más tiempo, Juvia dejó libre las lágrimas que se había resistido a soltar toda su vida. Le resultaba increíble y surrealista que una completa extraña pudiera comprender que no todo en su historia era tan sencillo como un dos más dos. Sin lugar a dudas, Lucy poseía un extraordinario poder de empatizar con otros.
-De haber tenido opción, Juvia nunca hubiese elegido esto- le aseguró quebrada, mirando sus ojos café- Para ella fue muy difícil… se resistió mucho…
-Lo sé, Juvia. Nadie elige de quién enamorarse. Es algo que aprendí por experiencia- le sonrió comprensiva, limpiando las lágrimas de sus mejillas- Sospecho que Gray también se resistió todo lo que pudo.
A pesar de su amable consuelo, Juvia se quebró en llanto como una represa colapsada. Tantos años sufriendo en silencio, temerosa de la reprobación de los otros, de sus seres queridos. La noche anterior había podido ser feliz por una vez, pero al enfrentarse con la realidad de sus acciones, ya no sabía qué hacer. El terror que sintió al escuchar a Lucy, la posibilidad de que todo se fuera al demonio, era realmente alta.
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Mientras jugaban con la consola de videojuegos en el sofá de la sala de estar, Gray se sentía inquieto y nervioso. Juvia y Lucy se estaban demorando más de lo que debido, por lo que temía que la peliazul hubiera estallado por alguna estupidez contra su amiga. Juvia era transparente y nunca había demostrado simpatía por la rubia. Fuera de aquella hipótesis, no había ninguna razón que explicará la demora.
-¿Hablaste con Juvia lo de Dan?- consultó casualmente Natsu, aún concentrado en el juego- Debo saber si necesito estar listo para otro de tus estúpidos impulsos sobreprotectores.
-Si. Después de una discusión, logré que entrara en razón- mintió, fallando intencionalmente en el juego para que su mejor amigo se concentrara en intentar ganarle.
La verdad era que, después de su discusión por Dan, habían sincerado su situación y desde entonces, se habían permitido compartir besos y caricias cuando estaban entre aquellas cuatro paredes. Lo que había pasado la noche anterior había sido consecuencia de una sucesión de días dónde su residencia había terminado por extinguirse. Había pensado sugerirle a Juvia que fueran a la fiesta de Erza, pero durante toda la cena no había hecho otra cosa que desearla por culpa del maldito vestido rojo.
La puerta de entrada se abrió, dando paso a las dos mujeres. Gray inmediatamente las observó, expectante. Lucy conversaba alegremente como era habitual en ella, mientras Juvia sonreía a lo que le comentaba. A cualquiera la escena le hubiera parecido normal, pero su corazón dio un salto al ser consciente del vacío que revelaban los ojos azules de Juvia. La peliazul se excusó rápidamente, dirigiéndose escaleras arriba a paso veloz.
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Una vez que sus amigos se marcharon, decidió enfrentar a Juvia. Durante todo el almuerzo había permanecido taciturna, participando al mínimo en la charla. También había advertido la atención de Lucy sobre ella y la falta de hostilidad de la peliazul antes el contacto físico ocasional y amistoso de la primera.
-Con la llegada de los invitados, no tuve tiempo a darte mi obsequio de Navidad- le confesó colocándose a su lado, tratando de romper el hielo.
Juvia no se inmutó, continuado con su tarea de lavar los trastos sucios de la comida. Cortó la distancia entre los ellos y colocó una de sus manos en su estrecha cintura, extendiendo con la otra una pequeña caja envuelta con papel de regalo. Sin mirarlo, la peliazul secó sus manos con una toalla y tomó el presente en silencio. Al abrirlo, descubrió un par de zarcillos en forma de estrellas que parecían cristales de hielo brillante.
-Son hermosos- aseguró con voz apagada, mirándolos fijamente.
Sin poder soportarlo más, se apoderó completamente de su cintura con ambas manos y la obligó a girar en su dirección. Luego, tomó su rostro hasta elevarlo suavemente, logrando que le devolviera por fin la mirada.
-¿Qué ocurre?- consultó triste mientras acariciaba con delicadeza su mejilla- ¿Qué es lo que te tiene así?
Dividida, Juvia estudió su mirada por unos instantes. No podía quitarse la sensación de temor ante el elevado riesgo que representaba aquel juego. Sin embargo, tampoco quería renunciar a aquel bienestar de sentirlo suyo, aunque fuera sólo en lo sexual. También tenía miedo de revelar la charla con Lucy, alejándolo definitivamente de su lado.
-No sucede nada- suspiró bajando la mirada, observando nuevamente la pequeña caja que guardaba su regalo.
Sintiendo que la frialdad que los había distanciando comenzaban a filtrarse una vez más entre ellos, tomó su rostro entre sus manos obligándola a enfrentar una vez más su mirada, ahora más seria y dura. Sin meditarlo demasiado, invadió sus labios con vehemencia, robando para sí un jadeo lastimoso. Juvia podía mentirle y ocultar sus pensamientos, pero su cuerpo era completamente honesto ante su toque.
Juvia se abandonó al consuelo de sus labios, sintiendo la cercanía de sus cuerpos como un bálsamo sanador. O quizás sólo era su adicción a él, regalándole una potente dosis para olvidar por unos instantes cualquier angustia, pesar o cordura. No le importaba cuál era la razón, sólo quería intoxicase de él y no pensar en sombríos panoramas.
No estaba seguro de cuál fue el momento exacto en que perdió el control de aquel beso. Ahora era Juvia quien marcaba el ritmo, la intensidad y cadencia, empujándolo al reino de seducción del que era soberana absoluta. Se separó de sus labios sólo para regalarle una mirada enfebrecida de pasión, una orden implícita de que la tomara allí y ahora. Debía admitir que en toda su vida no había conocido una mujer tan sensual y apasionada, poderosa, hecha para ser sublimemente adorada.
No sabía a dónde iría a parar aquello, ni deseaba pensarlo en aquel instante. Haría todo lo que ella le pidiera con tal de que continuara besándolo con esos labios con sabor a perdición.
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Recostada contra la pared de azulejos de la ducha, Juvia permanecía perdida en sus pensamientos mientras el agua caliente resbalaba por su cuerpo. Por más que quisiera, no podía quitar de su cabeza su conversación con Lucy y la horrible sensación de que todo podía desmoronarse en un instante, en cualquier momento, como un castillo de naipes. Sabía que la peculiar relación que ahora tenía con Gray no sobreviviría al paso del tiempo y que debía de alguna manera disfrutar mientras durara.
Además, pronto terminaría su último año escolar y aún no había decidido que haría de su vida. Sus notas no eran altas, pero tampoco despreciables y sabía que si se esforzaba un poco más lograría subir el promedio. Aún así, no había pensado en universidades o carreras que despertasen su interés.
Por aquella razón, trataba de no pensar demasiado en el futuro y vivir el momento. Sabía perfectamente que era una forma cruel de engañarse, pero aquella ilusión era demasiado hermosa para querer romperla.
Lo único que había decidido en aquel receso invernal era que buscaría trabajo para ocupar el tiempo libre y guardar el dinero con el resto de sus ahorros para cuando llegara el momento de decidir que haría más adelante.
Sintiéndose ligeramente mejor con su pequeña determinación en medio de su mar de dudas, terminó su baño y se dirigió a su habitación para cambiarse y comenzar con la cena de esa noche, esperando al retorno del pelinegro.
Para cuando Gray volvió, la cena ya estaba lista, por lo que se encontraban mirando una película en el televisor de la sala. El pelinegro le sonrió mientras se quitaba su ligero abrigo y se sentó inmediatamente a su lado. Sin perder tiempo, Juvia se deslizó sobre su regazo y lo besó con hambre, como hacía cada vez que lo veía atravesar aquella puerta. Nada le impedía seguir su necesidad de sentir sus labios, ya que Gray respondía con entusiasmo a todas sus caricias.
-¿Que tal estuvo tu día?- consultó Gray mientras recorría su cabello suelto con una de sus manos, apreciando la suavidad entre sus dedos.
-Un poco aburrido- reconoció, rozando delicadamente la sombra de su barba que crecía perezosamente sobre su quijada- ¿Y tu?
-Hubo poca gente en el taller, por lo que terminamos todos los pendientes con Gajeel.
-Enviale saludos de parte de Juvia- le solicitó con una simple sonrisa- ¿Tienes hambre? Juvia ya preparó la cena.
-Aún no- reconoció dejando caer el peso de su cuerpo sobre el respaldo del sillón, admirando la hermosa sonrisa que le regalaba- Podemos hacer algo para pasar el rato, así tu día no termine tan aburrido.
-¿Quizás un juego de cartas?- propuso mientras pensaba en las opciones, colocando su dedo índice sobre sus labios.
-Lo que tú quieras- le concedió con una pequeña sonrisa, acariciando ligeramente ahora su espalda.
Sin decir nada más, se quitó de su regazo ágilmente y se dirigió hacia uno de los muebles de la sala para buscar las cartas. Pero, en el proceso, encontró el antiguo ajedrez de madera que le había regalado su madre a Silver para uno de sus aniversarios.
Sin decir nada, Juvia elevó el juego para que el pelinegro observara su elección. Cómo respuesta, Gray afirmó con un simple movimiento de cabeza. Suprimió la distancia y se colocó del otro lado de la mesa ratona mientras disponía el tablero y las piezas de color negro que había elegido.
-Hace años que no juego- reconoció Gray, sentándose ahora en el suelo y comenzando a acomodar las piezas blancas.
A pesar de aquella afirmación, que era cierta, admiraba que Juvia lo retara a jugar ajedrez, sabiendo que de joven había competido en torneos regionales y nacionales. Aunque seguramente su padre se había tomado el tiempo necesario en enseñarle su juego favorito a su adorada hija menor.
-Juvia tampoco- se encogió de hombros, sin apartar la mirada de lo que hacía- Quizás sea esa la razón de su elección.
-En ese caso, debemos apostar- sonrió entusiasmado por el reto- Para hacerlo más emocionante.
-Una prenda por cada pieza- le sonrió traviesa, mirándolo por primera vez con sus ojos de felina.
-No puedo rechazar tan generosa oferta- rió gravemente, divertido por su propuesta, haciendo sonar sus dedos una vez que sus piezas estuvieron perfectamente dispuestas.
De esa manera, la partida comenzó. Ambos estaban decididos a ganar, siguiendo la veta competitiva de sus personalidades, por lo que jugaron con seriedad. Pero a medida que cada uno se hacía con una figura del contrincante, la tensión en el ambiente comenzaba a hacerse más intensa.
Después de devorar uno de sus Alfiles, Gray sonrió al ver cómo la peliazul deslizaba por fin su Jersey verde oliva para dejar expuestos sus magníficos pechos pálidos, adornados por un hermoso sostén de encaje blanco. Tan perdido estaba en su imagen perfecta, que no fue consciente del movimiento que ejecutó su bella contrincante, devorando su Caballo peligrosamente cerca de su Rey.
-Jaque- sonrió con soberbia, sosteniendo la figura robada cerca de su rostro.
Fastidiado por su hábil movimiento y la falta de atención de su parte, se quitó el boxer quedando finalmente desnudo.
-¿Juvia ganó?- consultó aún más sonriente, admirando su cuerpo desnudo.
-Aún no- replicó serio, sentándose nuevamente- Sólo me has dejado desnudo porque llevo menos ropa que tú.
-Juvia no tiene problema en continuar- se encogió de hombros y esperó paciente a su próximo movimiento.
Minutos después, la peliazul comprendió contrariada de que había provocado de más al pelinegro. Extremando cuidado, Gray había logrado revertir efectivamente el Jaque y llevar a su peón hasta el final del tablero, recuperando su Torre, dificultando así su victoria. Por otra parte, ahora se encontraba igualmente desnuda frente a él.
Analizó exhaustivamente el tablero, mentalizado cada una de las posibilidades que tenía disponibles en aquel momento, aunque eran nulas. Sin embargo, la mirada filosa de Gray sobre su cuerpo le dificultaba la tarea y, cruzado de brazos exhibiendo sus trabajados músculos, le sonreía arrogantemente, consciente de ser su distracción.
-Resultó una partida difícil ¿No lo crees?- analizó sin cambiar de expresión.
-Juvia intenta concentrarse- le respondió seria, sin apartar la mirada de las piezas del tablero.
-Hay una triple repetición de posición[1]- decretó riendo suavemente- Lo que oficialmente nos deja en tablas.
-No es así- protestó inútilmente Juvia, quien ya se había percatado de lo mismo, pero aún así buscaba tercamente un nuevo movimiento.
Sonriendo como un felino, Gray se levantó de su posición y caminó hacía ella. Resistiéndose a la tentación, la peliazul no movió su vista del tablero, pero le fue imposible mantener dicha actitud al sentirlo acomodarse a su espalda, atrayéndola hacia su regazo desde atrás.
-Ha sido una partida magnífica- le aseguró, acariciando su abdomen mientras apoyaba su quijada en su hombro desnudo- No sabía que habías aprendido a jugar tan bien.
Consciente de que no podía seguir con su terco capricho de no dejarse vencer, frunció el ceño mientras sus labios hacían un mohín. Gray rió aún más, recordando lo competitiva que podía ser Juvia, por lo que subió una de sus manos hasta su rostro para que girará hacia él. En el momento en que ella cedió devolviéndole la mirada, se apoderó de sus labios con hambre. La devoró con paciencia, sintiendo su molestia en el beso, lo que le resultó aún más tierno de su parte.
-Debes estar orgullosa. Tengo un récord muy alto de victorias a mi favor- bromeó ligeramente, encontrando divertido provocarla un poco.
De un movimiento ágil, la peliazul se giró entre sus brazos mientra rozaba sus cuerpos, apresando con su mano derecha su poco pudorosa erección. Juvia cambió su semblante molesto por una sonrisa cuando descubrió su expresión mutar por la sorpresa del repentino movimiento.
-Juvia odia perder- le recordó, moviendo rítmicamente su mano, cuidando de no ejercer demasiada rudeza en su toque.
-Eso fue un empate- le recordó costosamente Gray, intentando mantener la respiración tranquila.
-No fue ganar- puntualizó, empujando con la mano libre su pecho hasta lograr que se recostara en la alfombra frente a la chimenea.
Sin mediar palabras, se colocó entre sus caderas y guió su palpitante erección dentro de su intimidad, la cual ya estaba húmeda hacía varios minutos atrás. Gray cerró los ojos, exhalando gustoso el aire de sus pulmones, extasiado por su ardiente demanda.
-Ahora Juvia tomará lo que ella desea- le aseguró, marcando el ritmo en que su interior lo recibía y expulsaba- Gray-sama no puede opinar nada al respecto, como castigo.
Sin ejercer resistencia alguna, Fullbuster se entregó como un devoto ante una diosa molesta y caprichosa, dejándose hacer como un juguete de trapo mientras ella lo cabalgaba impetuosa. La admiro embelesado, estudiando cada curva de su perfecto cuerpo iluminando por las llamas de la chimenea, el movimiento hipnótico de su largo cabello ondulado y la intensidad de sus expresivos ojos color índigo.
Sólo cuando el placer la golpeó haciéndola gritar por el intenso orgasmo, Gray abandonó su sumisa entrega, para tomar sus caderas e impulsarla a seguir moviendolas para alcanzar también la tan preciada liberación.
Exhausta, Juvia se dejó caer sobre su cincelado torso, jadeando ante el impulso de sus fuertes manos, que la manipulaban para continuar. Decidida a hacer un último esfuerzo, acompañó las estocadas con las pocas energías que le quedaban. Gray beso sus labios con hambre mientras estallaba en su interior, derramándose con placentero abandono. Aquello la estremeció por completo, dejando dentro de su agitado ser ganas de repetir el encuentro, aún a pesar de su cansancio.
Los minutos pasaron sin que ninguno rompiera el contacto de sus cuerpos, entregados al placer de sentirse tan íntimamente cerca. Suspirando, Juvia se impulsó hacia arriba, apoyando sus pequeñas manos en su amplio pecho marcado.
-¿Tienes hambre?- consultó con naturalidad, quitando su revuelto cabello azul del rostro.
-Creo que sí- rió ligeramente, colocando sus brazos bajo su cabeza en actitud relajada, como si estuviera recostado en una paradisíaca playa.
-¿Quieres comer aquí?- interrogó mientras buscaba con su mirada su ropa regada por el suelo de la sala.
-Me parece bien- le sonrió incorporándose, depositando un ligero beso en sus hinchados labios- Ve a calentar la comida, yo me encargo de colocar la vajilla.
Juvia sonrió ante su ofrecimiento y lo besó nuevamente, pero de una manera más demandante que su roce anterior. Pronto sintió sus brazos entrechándola con fuerza y como su miembro volvía a la vida en su interior. Sin poder evitarlo, Juvia dejó escapar un gemido por la sorpresa mientras se apartaba de sus labios.
-Lo siento- se disculpó con los dientes apretados- Él no entiende de razones.
-Juvia sabe que no es un ser pensante- rió mientras reanudaba el movimiento de sus caderas- De igual manera, será buena y lo ayudará, Gray-sama.
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Suspiró silenciosamente mientras contemplaba el cuerpo desnudo de Juvia bajo la tenue luz de su habitación. Su blanca y perfecta espalda era extremadamente suave bajo sus dedos, que trazaban sin prisa el camino hacía el valle de su estrecha cintura y la curva voluptuosa hacia su trasero, apenas cubierto por sus sábanas de color negro.
Volver al trabajo le había robado tiempo para estar con ella, por lo que en cuanto llegó aquella noche, la había atraído para seducirla y volver a reanudar sus intensos y adictivos encuentros, sin importar el lugar de la casa donde se encontraban. Juvia siempre se mostraba gustosa de innovar, logrado así encuentros inesperados en los lugares más insólitos, como las escaleras.
Día a día comprobaba que, en vez de reducir, el deseo abrasante por su cuerpo crecía sin dar espacio a la lógica, cada vez más necesitado de su calor y su piel. Obtener lo que tanto había anhelado, resultaba paradójicamente revelador: no quería detenerse, ya que disfrutaba gloriosamente del sexo con ella, pero no podía permitir que aquello se sostuviera en el tiempo.
Como resultado de estas reflexiones, se encontraba dividido entre su propia necesidad egoísta y lo que sentía era su deber como una persona responsable. La quería aunque no la amaba. No podían tampoco tener una relación formal, y mantener aquello por demasiado tiempo haría todo más complicado. Y aún así, se encontraba en ese momento acariciando su piel mientras disfrutaba de tenerla en su cama después de una agotadora sesión de sexo.
¿Cuál era el camino a seguir? ¿Debía terminar con aquello cuánto antes o dejar que fuera Juvia quien pusiera el punto final? Cuando se acercaba a ese sombrío pensamiento, sentía la imperiosa reticencia de dejarla ir, lo cual era absolutamente incompatible con su negativa a plantearse algo serio con ella.
Juvia se merecía lo mejor, como siempre había dicho su padre. En aquel momento, estaba todavía dolida con la vida, sin embargo algún día volvería a sus pensamientos romanticos de antaño, donde estaría felizmente casada con un buen hombre y sería la madre de una alegre manada de niños revoltosos que la amarían infinitamente. Sólo tenía que pasar esa agreste etapa de su vida, de la que él se estaba volviendo parte de una manera que sabía no era la correcta.
Sintiendo un nudo en su garganta, la estrechó contra su cuerpo y se reconfortó de la proximidad de sus pieles y el dulce aroma a caramelo. La peliazul, aún dormida, se removió sobre su pecho y acarició su piel de manera torpe y adormecida, regalándole momentáneamente una agradable sensación de paz.
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Una semana después
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El despertador sonó ensordecedor, desterrándola del mundo de sueños donde plácidamente se encontraba. Removió su cuerpo desnudo hasta apagar la alarma del celular, apreciando con malestar que debía comenzar a prepararse para ir al instituto, ya que aquel día comenzaba nuevamente la actividad escolar. Intentó salir de su cama, pero Gray la envolvió un poco más con su fuerte brazo, reteniéndola aún dormido contra su esculpido cuerpo.
-Juvia debe ir a bañarse- le dijo adormecida, probando nuevamente huir de su ardiente prisión.
El pelinegro no respondió, aún demasiado dormido como para entender sus palabras. Varios intentos después, logró escapar de su captor para dirigirse perezosamente al baño a tomar una ducha y comenzar a alistarse. Por fortuna, para cuando terminó, escuchó que en el piso inferior Gray comenzaba a preparar el desayuno.
Una vez lista y vestida con su uniforme, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, encontrandolo bebido su sagrado café matinal mientras revisaba los mensajes en su celular. En cuanto la vió, le regaló una de sus sonrisas ladinas y soberbias que hacía estragos en todas sus zonas más sensibles.
-Creo que nunca te dije que me encanta como te queda ese uniforme- le confesó antes de volver a dar un sorbo a su humeante taza.
-Detente, Gray- le advirtió fingiendo seriedad, mientras caminaba hacia la cafetera para servirse una taza, aunque no pudo evitar sonreír ligeramente- Es el primer día del último semestre, Juvia no puede llegar tarde.
-Buenos días- la saludó interponiéndose en su camino, tomándola de su cintura para estrecharla contra su cuerpo.
La peliazul recibió gustosa el lento y sensual beso que le regaló Gray, llevando su mano libre hasta su cuello para propinarle suaves caricias al inicio de su cuero cabelludo.
-Buenos días- repitió contra sus labios.
-Toma el desayuno tranquila- le solicitó con una sonrisa satisfecha, dejándola libre- Cuando termines, te llevaré. Tengo tiempo antes de entrar a mi primera clase.
Se acomodó en una de las sillas de la mesa, consciente que si seguía en sus brazos no se podría contener. Sin mirarlo, decidió que era hora de soltar la pequeña bomba que tenía escondida desde el fin de semana.
-No es necesario- respondió con voz casual, mientras tomaba una rodaja de pan tostado- Rogue vendrá por Juvia en unos minutos.
No fue necesario girar a mirarlo para poder apreciar su reacción. El dominante cuerpo de Gray invadió su espacio, colocando sus brazos en cada uno de sus hombros, clavando su mirada oscura sobre ella.
-Se lo pidió el fin de semana- comentó Juvia sin inmutarse, bebiendo de su café.
-¿Qué significa esto?- gruñó su pregunta, frunciendo aún más el ceño.
-Juvia debe mantener las apariencias- le explicó con simpleza- Rogue es la pantalla perfecta para que nadie descubra lo que hace con Gray cuando están en casa ¿o pretendes que todos se enteren?
El pelinegro permaneció en tirante silencio, estudiándola duramente con sus ojos plomizos. Después de unos minutos se apartó, caminando notoriamente molesto hasta colocarse lo más lejos posible de ella.
-¿Debería hacer lo mismo?- cuestionó, cruzándose de brazos- ¿Mostrarme con otras mujeres en público?
-Eso depende de ti- se encogió de hombros sin mirarlo, aunque un doloroso tirón asoló su estómago.
Fingiendo una tranquilidad que no sentía, Juvia continúo desayunando en silencio hasta que su celular sonó con un mensaje de Rogue anunciando que estaba afuera. Sin molestarse en despedirse, Juvia se fue.
Una vez fuera, caminó velozmente hasta la camioneta todo terreno y se adentro en el lado de copiloto. Saludó a su amigo con una sonrisa encantadora y conversaron amenamente de camino al instituto, aún a pesar del doloroso nudo que perforaba su estómago con tiranía.
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Sin ser consciente, aquella solicitud de resguardar las apariencias había sembrado la semilla de la discordia en el terreno fértil de sus emociones agitadas. Aunque no habían vuelto a tocar el tema, la tensión se podía sentir como la espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas, creando una fría distancia.
Frustrada por la situación, Juvia había optando por evitar al pelinegro cuando este se molestaba al ver cerca de casa a Rogue. Por otro lado, Gray le había informado durante la cena de la noche anterior que había comenzado a verse con una compañera de la universidad, aunque nunca mencionó su nombre. Aquello había enfurecido a la peliazul, ya que Rogue sabía de antemano la farsa y entre ellos había finalizado cualquier contacto sexual.
Esa misma tarde, había recibido un mensaje de Jerall, a quien días atrás le había solicitado que hablara con su jefa para saber si seguía vacante el puesto de camarera en la cafetería donde el hermano de su mejor amiga trabajaba mientras cursaba el último año de sus estudios universitarios. Afortunadamente, había conseguido el puesto y debía presentarse para buscar el uniforme y llenar algunos papeles.
Decidió ir caminando, aprovechando que la cafetería no estaba demasiado lejos y la nevada había terminado hacía algunas horas. La dueña se presentó como Mirajane Strauss, pero era difícil no saber quién era la flamante esposa del jefe de policía y ex reina de belleza, Miss Magnolia. De todas maneras, le resultó muy dulce su trato y escuchó atentamente todas las explicaciones que la albina le daba.
-En los vestidores, hay casilleros por si necesitas guardar tus pertenencias después del instituto- le mostró, para luego darle el uniforme negro- Este es el que usamos en invierno. Estoy ansiosa por la primavera, ya que encargué unos nuevos a Erza. Después deberemos pasarle tus medidas para que te quede perfecto.
Para cuando Mirajane terminó con el recorrido y las indicaciones pertinentes, apreció que la tarde ya había caído. Inmediatamente su celular comenzó a sonar, revelando al pelinegro como emisario.
-Juvia lo lamenta, debe atender- se disculpó rápidamente.
-No hay problema, Juvia-chan- le sonrió, dejándola sola para darle privacidad.
Suspirando, observó unos segundos la pantalla de su móvil antes de atender. Una vez que se sintió en control de sus emociones, decidió contestar.
-Hola Gray- saludó con tono neutro.
-Estoy en casa ¿Donde estas?- consultó, tratando de ocultar la demanda en su voz.
-En Delicious- respondió mirando su reloj de pulsera- Juvia no se dio cuenta de que ya era tarde.
-¿Quieres que te busque o volverás con tu novio?
Cerró los ojos con cansancio por el agreste comentario final. Tomando aire profundamente, invocó tranquilidad a su tenso cuerpo.
-Esta sola. Juvia vino a una entrevista laboral- respondió fracasando en sonar relajada- No te preocupes, volverá caminando.
Sin agregar nada más, cortó la llamada sin remordimiento. Observó la puerta que daba hacía la cafetería y colocando una sonrisa falsa en sus labios, salió para encontrarse nuevamente con Mirajane.
-Juvia vendrá mañana en cuanto salga del instituto, Mira-san- le informó dulcemente, estrechando el uniforme contra su pecho.
-Déjame que te prepare un café para el camino. Ha bajado mucho la temperatura- le aseguró mientras caminaba a la máquina de café y se disponía a preparar el brebaje.
Agradecida por tanta amabilidad, Juvia se sentó en la barra y esperó pacientemente a que su jefa terminaba. Sorpendiéndola nuevamente, tomó una bolsa de papel con el logo del local y colocó dentro un esponjoso muffin de chocolate. Después de unas cuantas palabras más, la peliazul se despidió de Mirajane y se dispuso a volver a casa sin perder más tiempo.
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Maldiciendo, Gray conducía veloz entre los automóviles que avanzaban por la calle. Nuevamente había arruinando las cosas con Juvia, como venía ocurriendo desde que habían acordado usar a otras personas de pantalla para ocultar su relación. Sabía que no debía sentir celos, pero estaban ahí… Y justamente aquel sentimiento de posesividad era el que estaba comenzando a socavar todo.
No tardó demasiado en identificarla caminando en dirección a su hogar, envuelta en su grueso abrigo que parecía no ser suficiente para aquel inclemente clima invernal, mientras bebía de un vaso descartable de café. Estacionó la motocicleta sin delicadeza cerca suyo, asustándola un poco ya que no estaba prestando atención a los vehículos en la calle.
-¡Juvia!- la llamó, quitándose inmediatamente el casco para dejar ver su rostro.
-¿Qué haces aquí, Fullbuster? Juvia te dijo que estaba por volver- sentenció molesta, sin acercarse a él.
-No quería que vuelvas sola con este temporal- le dijo, dejando traslucir el pesar que sentía por sus palabras previas- Fui un idiota. Lo siento.
Juvia lo estudió aún molesta, pero un poco más tranquila al escuchar sus sinceras palabras de arrepentimiento. Conocía al pelinegro, y no era precisamente el mejor a la hora de reconocer un error. Aceptó el casco secundario y se subió a la motocicleta sin emitir palabra.
Agradecido porque no quisiera continuar la pelea en la calle, Gray se colocó nuevamente la protección y sonrió al sentir como la peliazul se abrazaba a su cintura. Sin perder tiempo, condujo nuevamente hacia su hogar.
Una vez refugiados en el cálido ambiente del hogar compartido, no la dejó escapar, envolviéndola en sus brazos. Juvia no se resistió, pero tampoco correspondió al abrazo, por lo que Gray se separó al poco tiempo.
-No te entiende- reconoció con cansancio en la voz, mirándolo a los ojos.
-Yo tampoco logro entenderme a mí mismo- suspiró vencido.
-¿Qué debe hacer Juvia, Gray?- interrogó rompiendo el contacto entre ambos, dejando su abrigo en el perchero como excusa para imponer la distancia.
-No lo sé- admitió sin levantar la mirada del suelo de oscura madera pulida.
-Juvia te explicó hace tiempo que no existe nada entre Rogue y ella- ahora fue su turno de suspirar- Rogue está en pareja con otra mujer, pero también es complicada su relación para él. No está interesado en Juvia.
-Te creo- le aseguró, escondiendo sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones, mirando en otra dirección.
-En cambio, Gray si está saliendo con una chica que no sabe nada de lo que tiene con Juvia- no pudo evitar que su voz se refleja el reproche.
-No he hecho nada con ella- rebatió molesto por su acusación implícita.
-Por ahora- señaló caminando a uno de los sillones, para dejarse caer en él sin delicadeza- ¿Cuánto tiempo pasará hasta que alguien se de cuenta? Natsu-kun, por ejemplo.
Gray soltó una maldición al percatarse de la verdad en las palabras de la peliazul. Con su reputación, sería extraño para su mejor amigo que no intentara ir más lejos con su nueva conquista, y conociendo al pelirrosa, no descansaría hasta descubrir el trasfondo de la cuestión.
Por su parte, Juvia se dejó recostar en el cómodo asiento, cerrando los ojos cansada. No tenía mucha más energía para continuar con aquella charla., ni más respuestas que Gray al problema que afrontaban, a menos que se tratara de dejar de una vez por todas aquella relación clandestina.
-Quizás deberíamos parar- suspiró sin abrir los ojos, tratando de evitar que las lágrimas se hicieran visibles.
El silencio reinó tirante en la sala, agitando aún más el corazón de Juvia al pensar que Gray estaba considerando realmente lo que había dicho. No obstante, se sorprendió cuando percibió su respiración sobre su rostro, por lo que no tuvo más opción que abrir los ojos para enfrentarse con su mirada plomiza. Apoyando en los brazos del sillón, Gray se inclinaba sobre ella a una distancia realmente corta.
-¿Quieres eso?- consultó seriamente, estudiando sus ojos con una determinación tan intensa que provocó un escalofrío en su débil cuerpo.
-Juvia no lo sabe- respondió costosamente, aunque sabía que era una mentira... Ella no quería que aquello terminara, nunca.
Sin perder permiso, Gray se apoderó de sus labios con exigente demanda y como respuesta inmediata, Juvia se abrazó a su cuello correspondiendo con igual desesperación a su beso apasionado.
Pocos minutos después, desnudos en aquel sillón, sus cuerpos se entregaron al placer de sentir nuevamente sus pieles desnudas rozandose. Habían pasado sólo unos días desde que se habían unido por última vez, pero ambos sentían como si hubiese sido una eternidad insoportable. Sin mayores prólogos, apremiados por el desasosiego, unieron finalmente sus cuerpos enfebrecidos, entregándose en aquel ritual que sabían comenzaba a volverse cada vez más peligroso.
[1] Triple repetición de posición: De acuerdo al reglamento de la FIDE, la partida es tablas si el jugador que está en juego reclama correctamente cuando por lo menos por tercera vez la misma posición va a repetirse o acaba de producirse.
Hola mis estados lectores!
Lamento terriblemente la demora en terminar este capítulo, pero he estado enferma esta última semana (simplemente una gripe por fortuna) y me era imposible escribir.
Gracias nuevamente por los comentarios a Snoopy A, Lourith y Menomy, por regalarme un poquito de su tiempo y sus sensaciones sobre mí historia ¡Son lo mejor!
Sin más, espero que lo disfruten mucho y saber que piensan.
Saludos!!!
Miko Fleur
