(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.


Capítulo VI

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Ocho años después - Presente

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Una vez finalizada su última clase en la universidad, caminó sin prisa por la casa de altos estudios a la zona del estacionamiento dedicada exclusivamente a los profesores, donde estaba su motocicleta. Aquella noche, Natsu lo había invitado a cenar a sus amigos en su nuevo hogar. Se colocó el casco con cansancio después de un día largo de trabajo y arrancó su vehículo, adentrándose en las calles congestionadas de Magnolia.

Después de la boda, Natsu y Lucy se habían mudado a una casa en una hermosa zona residencial nueva, en dirección contraria a la suya, la cual pertenecía a las casas más antiguas de la ciudad. Ninguno de los dos tórtolos deseó esperar mucho tiempo para comenzar la búsqueda de su primogénito, por lo que habían decidido conseguir un amplio hogar con jardín para aquel propósito y poco tiempo después, Lucy ya ostentaba orgullosa su apenas redondeado vientre maternal.

Sonrió al pensar en la felicidad de su amiga, mientras el semáforo de aquella calle principal cambiaba a rojo, obligándolo a detenerse. A los pocos segundos, un autobús se colocó a su lado, dejándole ver, una vez más, aquel odioso cartel publicitario de ese estúpido perfume femenino importado. Torturándose, recorrió aquel rostro tan conocido, admirando una vez más sus perfectas pero ahora lejanas facciones. Odiando su debilidad, regresó su atención al semáforo, agradecido el momento en que cambió a verde. Minutos después de serpentear por las calles, estacionó su motocicleta en el garaje de la casa y se dirigió inmediatamente a la puerta principal.

Una sonriente Lucy fue quien lo recibió. Debía reconocer que el embarazo le sentaba de maravilla, resaltando su belleza natural.

-Hola Lucy- la saludó con una ligera sonrisa.

-Llegas temprano. No te quedes ahí parado, Gray. Pasa, por favor- le devolvió la sonrisa, tirando de su brazo para hacerlo entrar.

El cálido ambiente de aquella casa transmitía en cada rincón la felicidad de sus propietarios, sin mencionar que se notaba la mano de Lucy en la decoración en una armónica paleta de tonos amarillos. Le hacía pensar en un soleado campo de girasoles.

-Vine en cuanto salí del trabajo- se encogió de hombros, como si aquella breve excusa explicara todo- ¿Dónde está el idiota de tu marido?

-Acaba de ir a bañarse- le respondió dirigiéndose a la cocina- Ven, debo vigilar la comida en el horno. Te prepararé un café hasta que esté todo listo y lleguen los demás.

El obediente pelinegro la siguió en silencio, tomando asiento en la isla de la hermosa cocina de estilo campestre. Vagó con la mirada la superficie de está, encontrando una revista extendida. Inmediatamente reconoció quién era la protagonista del artículo.

-Lo siento- se disculpó una sonrojada Lucy, avergonzada por ser descubierta.

-No te preocupes- la tranquilizó extendiendo la mano hasta tomar la revista y colocarla frente a él- Estoy acostumbrado a verla en la vía pública.

-La publicamos ayer- le explicó, soltando pesadamente el aire mientras le tendía una taza de humeante brebaje negro- Siempre me piden que cubra sus noticias, quizás porque saben que la conozco.

El artículo describía la nueva relación de la consagrada súper modelo, Via Loxar, con un poderoso y codiciado empresario hotelero, Acnologia Dragon. Las imágenes exponían, por primera vez, a la pareja cenando en un lujoso y exclusivo restaurante ubicado en la zona más costosa de Crocus. Aquel imponente hombre se inclinaba sobre una ya más madura Juvia mientras conversaban, confirmando los rumores que circulaban hacía unos meses.

-¿Sabes algo de ella?- consultó Lucy con cautela, mientras el pelinegro cerraba la revista con un gesto de cansancio y la alejaba de él.

-Lo único que sé es que sigue en contacto con Meredy- se encogió de hombros, llevando la taza hasta sus labios- Pero es algo que todos sabemos por Erza, así que no puedo decir que tengo más información que el resto.

-¿Intentaste contactarte con ella en estos años?- preguntó mientras se sentaba a su lado.

Happy, la nueva mascota de la pareja, saltó ágilmente desde el suelo, colocándose frente a Gray. Cómo de costumbre, acarició suavemente al majestuoso Azul Ruso, mientras este ronroneaba gustoso de ser su centro de atención.

-Me dejó, Lucy- respondió seriamente, adoptando el habitual escudo que usaba cuando la peliazul salía en los temas de conversación- Sé que lo nuestro no iba bien, pero tampoco se molestó en darme una explicación o en despedirse. No quiero molestarla si ella logró seguir adelante.

Apesadumbrada, Lucy extendió su mano para colocarla sobre la suya, regalándole una mirada triste. La rubia era la única persona con quién se permitía hablar sinceramente sobre el tema, ya que había podido ver a través del engaño, regalándole el alivio de su comprensión. Lamentablemente, lo descubrió cuando Juvia ya no estaba en su vida.

El timbre volvió a sonar, anunciando la llegada de más invitados. Lucy se disculpó y fue a atender el llamado. Tomó aire profundamente y volvió a esconder aquellos sentimientos que aún a pesar del tiempo lo quemaban como el hielo. Decidido a no arruinar la reunión, colocó su habitual sonrisa social y caminó hacía la sala para observar a Erza entrar con Selim y Said en cada brazo, sus gemelos de apenas un año, mientras Jerall cargaba los bolsos con lo necesario para los niños. Sin perder tiempo, rompió la distancia saludando a Erza y tomando al pequeño Selim en sus brazos, quien lo siguió con entusiasmo mientras Said protestaba graciosamente por no ser el centro de atención del pelinegro.


Recostada mientras leía un libro en su amplio sofá de inmaculado color manteca, escuchó el timbre de la puerta de su apartamento. Sin darle tiempo a nada, su asistente Wendy caminó veloz para abrirla mientras Juvia cerraba la distancia también, encontrándose con su mejor amiga y el chófer que había contratado para que la buscara del aeropuerto.

Ambas mujeres corrieron a abrazarse en cuanto cruzaron miradas, ya que se extrañaban terriblemente aún a pesar de mantener un fluido contacto por videollamadas.

-Juvia está tan feliz de que aceptaras venir a visitarla- le aseguró sin apartarse de ella.

-¡Oh, amiga! Yo también te he extrañado desde la última vez que nos vimos- reconoció Meredy con voz chillona- De no ser por el trabajo, juro vendría más seguido.

-Te ha dicho mil veces que dejas a esos niños malcriados de la guardería infantil y aceptaras un trabajo con Juvia- le recriminó graciosamente, alejándola un poco para que pudiera ver sus inflados cachetes.

-Aunque es una oferta tentadora, no podría dejar a mis niños- reconoció inclinando suavemente la cabeza, divertida- Hola Wendy.

-Buenos días, señorita Fernandes- la saludó respetuosamente, con una suave sonrisa.

Wendy había llegado por casualidad a la vida de la modelo, gracias a la confusión de la agencia donde había solicitado una asistente. La joven peliazul se había postulado como niñera, poco después de haber dejado su última familia de tránsito al cumplir dieciocho años. Juvia había sentido inmediata empatía por la dulce y tímida muchacha, decidida a formarla y darle una oportunidad de avanzar laboralmente. Sin embargo, día a día había crecido su cariño especial por ella, por lo que terminó prácticamente adoptándola como una hermana menor. Aun así, Wendy se negaba a dejar sus tareas de asistente, asegurando que amaba su trabajo.

-Wendy querida, por favor haz que se encarguen del equipaje de Meredy- le solicitó con su acostumbrada suavidad para hablar con ella- Juvia debe ponerse al día con su mejor amiga.

Ambas mujeres rieron por sus palabras y caminaron hasta la amplísima sala de estar de aquel lujoso penthouse, en tanto Wendy y su mayordomo se hacían cargo de las valijas de la pelirrosa y las llevaban a la que sería su habitación durante su estancia.

-Ya dile a Juvia la sorpresa que tienes para ella- le rogó impacientemente, mientras ambas tomaban asiento en el sofá- Desde la última vez que hablaron, no ha podido conciliar el sueño pensando que puede ser.

La sonrisa de Meredy se volvió más amplia mientras extendía su mano izquierda, exhibiendo la delicada sortija que adornaba su dedo anular. La peliazul no pudo evitar soltar un pequeño grito de emoción, mientras se apoderaba de su mano para observar detenidamente el anillo.

-Por fin ese idiota te lo ha pedido- expresó anonadada por la noticia.

-¿No estás molesta?- consultó con cierto nerviosismo- No dijiste nada cuando empecé a salir con Lyon…

-Mer, nunca hubo nada entre nosotros más que un estúpido beso que terminó desastrosamente- le recortó acariciando sus manos en forma cariñosa- Es Juvia quien teme que tú te sientas incómoda con ella.

-En absoluto- le aseguró con una expresión tranquila- Sólo quería que no hubiera malentendidos entre nosotras. Eres mi hermana del alma.

-¿Ya elegiste el vestido?- consultó emocionada, mientras Wendy reapareció en la sala de estar trayendo consigo una bandeja con dos tazas de té y unos macarrones de diversos colores.

-Por supuesto que no. Esto fue hace sólo una semana y la boda será sencilla, en tres meses- río relajada.

-Wendy querida, tenemos una misión- exclamó, exultante de emoción- Llama a Brandish y dile que Via la necesita con urgencia para encontrar un vestido de novia perfecto para su mejor amiga.

-Pero Juv…- intentó protestar Meredy, avergonzada.

-Es su regalo de bodas- sentenció firme, dándole a entender que no había forma de convencerla de lo contrario- Además, aprovechará para ver también un vestido para ella. Aunque Juvia debe decirle que con la dieta que está haciendo, puede que baje un poco más y…

-¡Por amor a Dios, Juvia! Estás perfecta- estalló indignada la pelirrosa ante la mención de una nueva dieta- ¡No deberías bajar más de peso o dejaras de existir! ¿No habíamos hablado de esto ya?

-Eres tan dulce, Mer- le sonrió, regalándole una mirada maternal como si intentara explicar con ternura a un niño la dureza del destino- Si fuera por Juvia, comería todo lo que quiere. Pero no se hace más joven con los años y los últimos diseñadores se han quejado con su representante de que ha aumentado dos kilos en sus últimas vacaciones. Así es el mundo de la moda y el modelaje.

-¿No te cansas de este mundo enfermizo?- su rostro expresaba real preocupación.

-Si- reconoció dejando escapar un suspiro, para luego cambiar su expresión a una llena de alegría- Pero no viniste para deprimirnos. Deja a Juvia ser feliz y llevarte de compras. En esa boda estará Ultear y Juvia debe verse espectacular.

-¿Sigues con ese rencor?- consultó riendo ligeramente, incrédula- Ultear cambió mucho, la pasó mal con su primer marido, Deloria. Pero ahora que está nuevamente en pareja y espera su primer hijo. Es una persona completamente distinta.

-Lo dices porque será tu cuñada- refunfuñó cruzándose de brazos.

Meredy rió nuevamente, tomando unas de las tazas, decidiendo que nada haría cambiar de opinión a su terca mejor amiga hasta que lo viera con sus propios ojos.

-¿No me preguntarás por él?- preguntó Mer con cautela, mientras daba un sorbo a la caliente bebida.

-Juvia no lo ha hecho en todos estos años- su expresión cambió drásticamente a una fría ante la mención del pelinegro- ¿Por qué lo haría ahora?

-La boda será en Magnolia- se encogió de hombros, restándole importancia- Existe una posibilidad de que se crucen… Podrías querer estar preparada para los cambios en su vida.

Sin previo aviso, Juvia se puso de pie cortando la cercanía entre ambas y caminó hacía su asistente, quien se encontraba a unos metros de distancia con su teléfono móvil en el oído.

-Wendy ¿Ya te respondió Brandish?- consultó a su asistente, desviando el tema de conversación.

Meredy suspiró vencida ante la actitud de la peliazul, negando ligeramente con la cabeza. Juvia podía mentirle al mundo entero, hasta a ella misma, sobre el estado de su corazón. Sin embargo, la pelirrosa sabía que a pesar de los años, Gray seguía siendo el único dueño de su corazón y pensamientos.

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Ocho años atrás

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Aquel día era su cumpleaños, y entre todos los que había vivido en su corta vida, este era especial por una simple razón: ya era una adulta legalmente. Un hecho tan irrelevante para otros, significaba para ella que por fin terminaba la tutoría legal de Gray, derrumbando así uno de los obstáculos que dificultaba su frágil relación.

Terminó su turno en la cafetería con una sonrisa radiante, aún a pesar del cansancio. Mirajane le había permitido salir más temprano en consideración por la fecha, sin antes estrujar su cuerpo en un abrazo afectuoso. Adoraba a su jefa.

Como era finales de invierno, la temperatura había comenzado a subir lentamente, anticipando un agradable otoño. Sin prisas, caminó hasta su hogar mientras pensaba que podrían hacer con Gray aquella noche, además de tener una excitante sesión de sexo intenso y apasionado.

Los meses habían sido clementes respecto a su impredecible relación. Después de muchas charlas, Gray había aceptado que la peliazul continuara con el falso romance con Rogue, en tanto él fingía estar absolutamente concentrado en sus estudios para poder recibirse pronto, y no levantar sospechas por su falta de interés por otras mujeres. Aún así, debía soportar estoicamente los insistentes intentos de Cana y Erza por encontrar la mujer ideal para el pelinegro o el descarado empeño de algunas féminas por llamar su atención.

Y aún a pesar de aquel panorama relativamente favorable para ambos, la sombra del inminente final asolaba su corazón como una cuenta regresiva. Si bien era cierto que no estaba dispuesta a revelar sus verdaderos sentimientos por Gray, el pelinegro tampoco daba señales en todo ese tiempo de querer llevar la relación a un terreno más romántico, lo que hería mortalmente sus débiles esperanzas.

Agitó ligeramente su cabeza, alejando aquellos pensamientos oscuros para otro momento. Era su cumpleaños y deseaba disfrutarlo lo más posible. Ya suficiente había tenido con el año anterior donde, con la partida de sus padres, había estado tan deprimida que se había negado a salir de su habitación, aún a pesar de los intentos de Meredy, Igneel o Gray por convencerla.

Sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta despreocupadamente, para ser sorprendida al instante por una multitud de personas felicitando a viva voz por su natalicio. La primera en estrechar su cuerpo en un cálido abrazo fue Meredy, quien obviamente era una de las organizadoras de la celebración. Aunque cansada, respondió uno a uno los saludos, tomándose un largo momento al llegar el turno del cariñoso Igneel. Aún así, en todo momento fue consciente de la ubicación alejada y fría de Gray, quien permanecía apartado cerca de la cocina.

Cuando fue su turno de recibir su saludo, sintió un doloroso nudo en la garganta ante el impersonal y cortés saludo del pelinegro. Para cualquiera en aquella habitación, su abrazo había sido fraternal y correcto, pero, ahora acostumbrada a su pasional respuesta, lo sintió tan frío como un témpano de hielo. Afortunadamente fue breve, ya que Natsu tiró de su cuerpo para entregarle un vaso con ponche y asegurarle que su regalo sería el mejor.

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Aquella celebración se le estaba haciendo difícil de llevar. Sabía que no debía estar molesto, pero la presencia de Rogue como el flamante novio estaba aniquilando su frágil paciencia. Tampoco había ayudado el feliz discurso de Igneel alabando al joven pelinegro por el notorio cambio de actitud de Juvia, trayendo una vez más a la dulce y alegre niña que había sido en el pasado. Había luchado costosamente con la estúpida e irracional necesidad de aclarar que era él, y no Rogue, quien había traído felicidad a la vida de la peliazul.

Horas después, Gray observó atentamente como Juvia se despedía de Meredy, Jerall y Erza, los últimos en retirarse de la pequeña pero entretenida celebración. Una vez la puerta estuvo cerrada, ambos intercambiaron una silenciosa mirada. Sabía que su escueto saludo había contrariado a Juvia, ya que después de él lo había evitado el resto de la velada como si portara la peste.

-¿Sigues molesta?- consultó con cautela, suprimiendo la distancia entre ellos.

-Juvia no sabe de qué hablas- le aseguró indiferente, mientras lo esquivaba para recostarse en el sofá, completamente agotada.

-No podía saludarte como quería frente a todos- intentó razón con ella, con una sonrisa tierna en su rostro, sentándose en el suelo para que sus rostros estuvieran a la misma altura- De haber sido por mí, te hubiera preparado una deliciosa cena especial, solos tú y yo. Pero Meredy insistió en hacer una fiesta y pensé que sería lo menos egoísta de mi parte.

-Nunca me quejé de tu lado egoísta hasta ahora- respondió ingeniosamente sin mirarlo.

Sabiendo que su cuerpo era incapaz de mentir, Gray buscó sus labios rápidamente, sin darle tiempo a pensar. La besó con tanta pasión, que Juvia sentía como su anatomía se derretía como chocolate al sol, al mismo tiempo que la excitación la golpeaba como una corriente eléctrica.

Sin perder el terreno ganado, el pelinegro dirigió su complexión sobre la de ella, aplastándola deliciosamente con su peso. Para su agrado, Juvia no perdió el tiempo en comenzar a desnudarlo con torpe apremio, sin dejar en ningún momento de besarlo.

-¿No quieres ver mi regalo primero?- consultó cuando logró que la peliazul le permitiera respirar nuevamente.

-Eso definitivamente puede esperar- decretó con voz pesada, cargada de sensualidad y excitación- Ahora sólo quiero que me hagas gritar de placer.


Después de mucho insistir, Natsu logró que accediera a que tuvieran nuevamente una noche de hombres para jugar al póker. Lo malo de aquel apresurado plan fue que Gajeel propuso su departamento para el encuentro, ya que Levy saldría con Lucy y Erza a ver el estreno de una nueva película romántica.

Después de casi cuatro meses de permanecer encerrado en torno al cuerpo de Juvia, Gray sentía de alguna manera extraño retomar su vieja rutina en la que la peliazul casi no participaba. La revelación de ese pensamiento lo había alarmado enormemente, ya que no había reparado en lo obnubilado que se encontraba con respecto a su hermanastra. Sin embargo, tampoco podía negar que, mientras compartía una charla ligera bebiendo cerveza en tanto estudiaba las cartas y las apuestas en la mesa, estaba intranquilo por lo que la peliazul estuviera haciendo en ese preciso momento. Nada tenía de parecido con la fraternal sobreprotección del pasado, sino era más bien una sensación irritante de frustración acumulada, resultado de ser consciente lo que provocaba en otros su llamativa y sensual imagen.

Había descubierto con amarga molestia como los clientes de la cafetería la seguían con la mirada mientras ella transportaba las bebidas a través del amplio local de decoración francesa. Sin ir más lejos, Jerall había bromeado una hora atrás sobre cómo habían aumentado los clientes gracias a la presencia de Juvia, sumado al nuevo uniforme primaveral que Erza había confeccionado con una limitada cantidad de tela. Natsu había terminado el discurso de Fernandes con un nada sutil golpe de codo en sus costillas -dejándolo por un instante sin respiración- y había minimizado el asunto, quizás por temor a que su mejor amigo llamara la atención nuevamente moliendo a golpes a alguien a la salida del café.

Suspiró frustrado ¡No era tan estúpido como para buscar conflictos a la salida del local de la esposa del jefe de la policía! Pero también debía admitir que la lógica solía desaparecer cuando Juvia estaba de por medio en una situación. Lo único favorable era que hacía un mes la peliazul había cumplido la mayoría de edad, lo que quitaba parcialmente el conflicto por la tutoría.

Sin percatarse de las intenciones del pelirrosa por desviar el tema, el anfitrión había comentado entre risas que lo mismo había ocurrido dos años atrás cuando asistía con la peliazul a la piscina pública para practicar natación y cómo Levy le había hecho jurar que no debía dejar sola a Juvia, indignada por la indecencia de alguno de los hombres mayores del lugar.

Una hora después, mientras todos conversaban animadamente de lo que habían hecho durante la semana, Gray continuaba ensimismado en su mundo de complicadas reflexiones. Sabía que estaba mal, se lo decía cada una de sus mañanas, pero aún así no quería dar brazo a torcer en su testaruda necesidad de continuar con la relación. Como consecuencia, mientras una parte de él estaba plenamente satisfecha con tener su cuerpo exclusivamente para su deleite, la otra mitad sufría por las terribles y oscuras cavilaciones, el saber cuan bajo había caído y lo decepcionado que estaría su padre de él. Cada día que pasaba, sentía como la culpa apretaba aún más su cuello, como una dolorosa horca asfixiante.

-¿A que no saben quién llegó a trabajar el otro día al taller con marcas en su espalda?- rió con sorna Gajeel, tirando las cartas nuevamente al mazo- Parecía recién salido de la jaula del león… o debo decir, leona.

Todos rieron por la broma, mirando al pelinegro para admirar su reacción o escuchar su ingeniosa réplica. Incómodo, Gray se recordó que era imposible que cualquiera de ellos supiera la verdad, por lo que dio un trago de su cerveza y adquirió su pose arrogante, actuando con la frialdad que lo caracterizaba.

-Sólo fue una distracción de fin de semana- aseguró soberbio, fingiendo una sonrisa que no sentía, sintiéndose una basura humana por hablar de esa manera de la peliazul, aun cuando era por una buena razón.

-No me comentaste nada- recriminó Natsu, frunciendo el ceño.

-¿Desde cuándo debo blanquear mis conquistas de una noche, cabeza de antorcha?- esquivó hábilmente, manteniendo la creciente oleada de culpa a raya, bajo el helado escudo de indiferencia- ¿Por qué no nos cuentas a todos sobre tu cita secreta con Lucy?

Gajeel y Jerall estallaron en risas ante el evidente sonrojo del pelirrosa, quien se había quedado sin habla por unos instantes, moviendo los labios como un pez fuera del agua. Cuando logró retomar su respiración, lo fulminó con una mirada molesta.

-¿Cómo mierda te enteraste?- consultó con el ceño contraído, ahora cruzado de brazos.

-Erza me comentó casualmente hace unos días que Lucy le había pedido que la ayudará a comprar algo para una cita- explicó encogiéndose de hombros, colocando las fichas que iba a apostar- Luego, Igneel me preguntó sobre la misteriosa mujer a la que habías invitado a salir. Y para finalizar, Cana los vió juntos, escondidos en la más apartada mesa de Clive.

-Malditos curiosos- se quejó infantilmente Natsu, removiendose incómodo al saberse descubierto.

Gray agradeció por fin que el tema de conversación se alejara rápidamente de su vida sexual y, por consiguiente, de la sensación culposa y paranoica de saberse próximamente descubierto.

¿Qué pensarían todos si supieran la verdad? Tragó duro por el nudo en la garganta que se había generado con solo pensar en esa simple pregunta. Seguramente, todos lo querrían matar y colgar públicamente por haberse aprovechado de Juvia.

Contrario a su malestar, ganó la mayor parte de las apuestas de aquella noche, recibiendo además los bufidos de sus compañeros de juego por su arrolladora racha ganadora. Aún así, nada podía opacar su última reflexión.


Aquella tarde la cafetería estaba atípicamente tranquila, por lo que Juvia permaneció detrás del amplio mostrador de madera, contemplando el pasar de las personas por los amplios ventanales del local mientras Jerall acomodaba unas cajas en la despensa. Sacó velozmente su móvil del escote de su ajustado vestido al cuerpo, ya que era el único lugar donde podía guardarlo. Se sumergió distraídamente en sus redes sociales, descubriendo así que un equipo de filmación de Crocus muy reconocido estaba haciendo unas tomas en la Catedral Kardia para su último largometraje. Quizás esa era la razón de la falta de clientes, teniendo en cuenta lo curiosa que era la gente de Magnolia. Al comprobar que en el set de filmación estaba Loki Lion, el famoso, galardonado y mejor pagado actor del momento, confirmó su deducción.

Le comentó prontamente por Whatsapp a Meredy sobre la información, ya que su amiga era fanática empedernida del atractivo pelirrojo. No fue ninguna sorpresa recibir como respuesta una selfie con la catedral a sus espaldas, donde se podían ver todos los instrumentos técnicos para el film. Rió divertida antes las locuras de su amiga y la alentó a no darse por vencida hasta no obtener un autógrafo de su amor platónico.

La campanilla de la puerta sonó, dando paso a un hombre que no había visto nunca antes en el café. El alto pelirrojo, del mismo tono particular de Erza, observó detenidamente la cartelera que describía la gran variedad de bebidas disponibles. Aun a pesar de su atuendo descontracturado, era un hombre sumamente apuesto que resaltaría hasta rodeado de estrellas o modelos gracias a sus masculinas facciones. Le sonrió ligeramente con naturalidad y se acomodó en una mesa contra el ventanal mientras llamaba por su celular. Sin perder tiempo, Juvia caminó hacia el pelirrojo.

-Buenas tardes- lo saludo con una perfecta sonrisa- ¿Quiere un menú o desea pedir?

-Prepárame dos frapuccinos de chocolate con canela para llevar, por favor- le solicitó con una voz grave y sensual digna de un locutor radial- ¿Qué me recomiendas para comer, linda?

-Los kanelsnegle con nueces acaban de llegar y son los mejores- le aseguró con convicción.

-Entonces tráeme dos y…- buscó detenidamente en la lista tras de ella- ...una galleta gigante de avena, granola y miel.

Sin más, Juvia regresó a su puesto tras el mostrador y se dispuso a preparar el pedido de su amable y misterioso cliente. Cinco minutos después, cuando estaba a punto de terminar, la campanilla sonó nuevamente dejando pasar por la puerta a la mujer más hermosa que había visto en su vida. No solamente destacaba en belleza, sino también por sus finas prendas de diseñador, resaltando la elegancia natural de la peliazul de cabello brillante, largo y liso. Pronto descubrió que no solamente eran conocidos con el informal y relajado pelirrojo, sino que observó sorprendida como la seria y ligeramente hostil mujer cambiaba su expresión por una resplandeciente al llegar junto a él, para besarlo como si no se hubieran visto en años.

Dispuesta a terminar con el pedido rápido, tomó los kanelsnegles de la exhibidora de porcelana y los colocó en una bolsa separada de la gran galleta. Caminó con las tres bolsas de papel hacia la mesa de la pareja, sin embargo se sintió extraña al ver que los dos extraños la examinaban con atención.

-Aquí está su pedido, señor- anunció tratando de sonar lo más relajada posible mientras dejaba las bolsas sobre la mesa. No sabía porque aquellas miradas la hacían sentir ansiosa.

-¿Qué edad tienes, querida?- consultó con seriedad la hermosa peliazul, continuando con su análisis mientras llevaba su mano a su quijada en un gesto pensativo.

-Cumplí dieciocho hace unos meses- respondió aún con su sonrisa intacta. Si algo no permitía Mirajane era ser descortés con un cliente.

-¿Qué opinas, mi amor?- indagó con orgullo el pelirrojo- En cuanto la vi, supe que te encantaría.

Inmediatamente Juvia se removió un poco incómoda ante la particular conversación de aquellos dos.

-Sabes muy bien que no me gusta que mires a otras mujeres, Scorpio- apartó su ojos azules de Juvia para dirigirlos a su pareja- Pero no puedo negar que no te equivocas ¿Quién diría que encontraría aquí este hermoso diamante?

-Sabes muy bien que sólo tengo ojos para ti, mi reina- le aseguró despreocupadamente.

La mujer le devolvió la mirada mientras el pelirrojo buscó su billetera para sacar una exclusiva tarjeta de crédito negra y se la extendió con amabilidad. Rápidamente, Juvia regresó al mostrador para realizar la transacción, sin dejar de observar de reojo a la pareja. Sin perder tiempo, regresó con ellos para llevar el ticket y el comprobante de compra que el pelirrojo debía firmar.

-Mi nombre es Aquarius Stella- se presentó la mujer, extendiendo una prístina tarjeta de presentación- Soy representante de celebridades en Crocus y debo decir que me encantaría tenerte como mi modelo.

Impactada por sus palabras, Juvia tomó delicadamente la tarjeta, aún anonadada por las palabras de la elegante peliazul.

-Estaremos aquí mientras termine la grabación en la Catedral- le informó sin más, regresando su mirada al costoso teléfono celular en su mano- Me gustaría que lo pensaras y me dieras una respuesta...- sus ojos se dirigieron al pequeño cartel laboriosamente cosido en su uniforme- ...Juvia.


Después de dos semanas completas, Juvia aún no podía sacar de su mente aquella inesperada propuesta laboral. Se había tomado el tiempo de averiguar quién era Aquarius Stella, ya que no tenía por costumbre dejarse impresionar tan fácilmente con fantásticas promesas. Pero, contrario a todos sus pensamientos cautelosos, la hermosa peliazul era todo lo que había asegurado ser: no solamente era una representante de celebridades, sino que tenía a los clientes más exclusivos dentro del mundo de las estrellas. Una revista económica la había rankeado como una de las mujeres más ricas y poderosas de la industria del espectáculo y la moda.

Sentada completamente sola en la azotea, reflexionaba aún qué decisión tomar. Su futuro con Gray era incierto, aún cuando secretamente ella estuviera dispuesta a estar condenada en anonimato, ocultando la relación con tal de permanecer a su lado.

-Juv, estás aquí- llamó Meredy, corriendo hacía ella desde la puerta de la azotea- ¡Traje el almuerzo!

La pelirrosa tomó asiento a su lado, en tanto vertía el contenido de una bolsa, repleta de frituras, chocolates y dos latas de refresco.

-¿Por qué tanta comida grasosa?- consultó con una sonrisa. Por regla general, ambas mantenían una buena alimentación para evitar el acné y, en el caso de Juvia, mantenerse en peso para sus competiciones de natación.

-Es la semana de nuestro período- se encogió de hombros, extrañada- ¿Acaso no te vino aún?

Alarmada, Juvia tomó su celular para comprobar en su aplicación donde llevaba su registro. Aquel irónico animalito le anunciaba con perversa tranquilidad de que su periodo se había retrasado cinco días.

-Se ha retrasado unos días- confesó sin apartar la mirada del dispositivo.

-Pero con los anticonceptivos siempre…- Mer se detuvo, mirándola extrañada- ¿Sigues tomándolos, verdad?

-Por supuesto- sentenció con firmeza, pero aún pensativa- Iré a la ginecóloga esta semana, por las dudas. Es extraño.

Rápidamente, Meredy cambió de tema para distraerla de sus pensamientos, mientras comían los bocadillos. El chisme de que la Profesora Orland salía con un estudiante había inundado los pasillos del instituto cuando su esposo la increpó en el estacionamiento de los profesores dos días atrás. Juvia agradecía que Rogue no había sido mencionado, pero sabía que su amigo necesitaría de ella más que nunca para evitar problemas.

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Hola a todxs! Espero que esten bien! Les dejo el capitulo, espero lo disfruten.

Saludos!

Miko Fleur