Este pequeño OS es para una persona que considero una Maestra, pues es considerada como una de mis escritoras favoritas @YuuValentine la trama en si tiene muy poca comedia, aborda un tema delicado el cual es sobre las adiccions, si estás en una situación similar te pido de favor consultes ayuda y quiero que sepas que yo estoy aquí. El tema se tomó con debido respeto.
Disclaimer: Los personajes no son de mi propiedad.
Hermione Granger después de acabar con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado regreso para su último año en Hogwarts, mientras que Harry y Ron se habían matriculado para prepararse como auror. Así mismo, hijos de ex mortifagos se les habían obligado por el Ministro a regresar a Hogwarts, solamente así podrian ser vigilados en caso de que alguno de ellos quisiera hacer actividades que llevará a riesgo al mundo mágico.
Entre estos estaban Draco Malfoy, Blaise Zabinni y Theodore Nott, siendo el último un joven por el cual debía de cuidarse pues era bien sabido que aunque Theodore no fue marcado era poseedor de una mente brillante y siempre tenía un As bajo la manga ante cualquier situación.
La Guerra Mágica había traído como consecuencia a Hermione el vicio de tomar café, tanto café que se podría decir que en sus venas ya no corría sangre sino café ¿por qué? Porque cuando estaba al frente de la batalla era casi imposible dormir. Muchos conjuraban hechizos para evitar el sueño pero al tiempo las secuelas serían irreversibles pues quienes lo hacían el sueño jamás les regresaría de manera correcta y aunque Hermione jamás se consideró bonita, siempre cuidaba de no marcarse la cara con horribles ojeras.
Aparte, siempre solían verla en los jardines del colegio con una taza y leyendo algún libro debajo del gran árbol que estaba cerca del lago. Le estaba comenzando a gustar la soledad junto con el sabor de canela y piloncillo del café.
Por otro lado estaba en séquito de los Slytherin, Draco Malfoy como consecuencia de la Guerra todas las noches tenía pesadillas las cuales sólo le permitían dormir durante la noche un par de horas sin embargo, a pesar de no dormir bien aún se le consideraba un chico guapo y de lado de él estaba Theodore Nott quien supo pasar desapercibido y aunque era un atractivo para las chicas de Slytherin una vez en el Gran Salón varios alumnos (entre ellos Hermione) se giraron hacía él cuando le escucharon reírse. Era la primera vez que lo escuchaban y podían decir que era poseedor de una grande sonrisa, del sonido varonil que ponía la piel de gallina, una risa fuerte y que provocaban ganas de unírsele. Esa era la risa de Theodore Nott.
Hermione solo se limitó a sonreírle, pues quien era ella para juzgarlos por los actos de sus padres. En fin, otra historia.
Sin embargo la historia de estos dos comenzó dos semanas después del inicio a clases.
Como era de suponerse, Hermione iba a toda prisa por el pasillo. Le gustaba ser la primera al frente o mejor dicho, escoger un buen lugar. Distraída no caminaba cuando sin querer chocó con un chico alto dejando caer su mochila. Se insultó así misma cuando notó que que todas sus pertenecías estaban fuera de la mochila pues esta nunca había estado cerrada.
Hermione no trato en alzar la cara para pedir disculpas, simplemente cuchicheaba e iba metiendo de golpe las cosas. El chico con quien sin querer había chocado era Theodore Nott.
Theodore si iba distraído, el suministro de medicinas estaba a punto de terminarse y sabía lo difícil que sería re abastecerse, no era que McGonallga no confiará en él, el Ministerio tenía los ojos sobre él y dar un paso en falso podría ser su expulsión o peor un ticket sin regreso a Azkaban, además, era apenas un muchacho de 17 años, ¿qué padecimiento podía tener alguien que de simple apariencia lucía bien.
—Lo siento.– habló en tono bajito. Los ojos de Hermione se agrandaron y su olfato percibió el aroma de hierbabuena haciendo que alzara la mirada y se encontrará a Theodore apilando las libretas.
—Está bien, de igual manera fue un accidente.–
Theodore le ayudó a levantarse y con una mano le pasó la mochila al hombro.
En ese momento visualizo que Granger no era una chica fea. Jamás había estado cerca de ella, a lo lejos nadie podría saber que tenía pecas, los lunares que tenía cerca del cuello, que su cabello resaltaba mechones y que no todo su cabello era enmarañado, escondidos habían bucles. Era una clase de belleza extraña para él.
—Correcto.– sonrió él. Metió las manos a los bolsillos e iba a pronunciar algo cuando Hermione lo interrumpió.
—Tengo clase.– y pasó por su lado.
Hermione era de las chicas que cuando caminaba dejaba un rastro de perfume, un aroma similar a un bombón. Quizás era el shampoo, quizás el jabón, quizás la crema, quizás el perfume o quizás era su aroma natural.
—La profesora Trelawney cambio él aula.–
—¿Cómo sabes eso?.– se giró hacía él.
—Lo mencionó ayer.–
Cierto. Tanta lectura le estaba afectando seriamente. Infló las mejillas y de nuevo pasó al lado de Theodore quien con una sonrisa y una par de zancadas alcanzó a Hermione.
—Granger.—
—¿Ahora me dirás que tendremos clase con los Slytherin?.—
—No, tengo Runas. Pero pensándolo bien tomaré contigo Adivinación.—
—Si, claro.— enfatizó con ironía. Se detuvo u quedaron frente a frente. —Oh, vete a clase Nott. Voy retrasada.—
—Media hora adelantada.—
—¿Qué quieres?.—
—Solo simpatizó contigo, ¿tiene algo de malo?.
—No.—
—Duda. ¿Por qué alguien que suele abusar del café huele a bombón.—
—No sé, pregúntale a Marc Jacobs.—
—Creía que el nombre del chico Ravenclaw era
Miles Jacobs.—
—¡Merlín!.— suplicó y aceleró el paso. Theodore le pisaba los talones.
—Está bien, no fue la manera para ser amigos.
Hermione se paró en seco. Cruzó sus brazos y quedó frente a Theodore bueno tuvo que alzar la cabeza para poder mirarlo fijamente.
—¿Amigos?.— repitió ella.
—Sí. Se terminó todo, aparte está estúpida rivalidad entre casas es muy infantil ¿no lo crees?.—
—Lo sé, pero nunca te he caído bien.—
—¿Quién lo ha dicho?.— frunció el entrecejo.
—Bueno, es solo que...— comenzó a balbucear sin sentido buscando una respuesta correcta, pero simplemente calló y organizó un par de microsegundos lo siguiente a decir.—Nadie lo ha dicho, solamente es muy obvio.—
—Lo dices por qué nunca he hablado contigo.-
—Aparte, ¿qué te hace pensar que podría confiar en ti?.—
—No soy mortifago.—
—Pero tu padre si.—
—¿Estás juzgando a un hijo inocente que no pidió a un padre mortifago? Que cruel.—
—La crueldad viene de ustedes.—
Y con una sonrisa enorme, Theodore dijo todo.
—Entendí la referencia Hermione, fue un gusto conocerte.— Con un suave golpecito en el hombro de ella se alejaba de ese pasillo dejándola perpleja ante la situación pero Hermione no tuvo tiempo para pensar en lo que había sucedido y simplemente se marchó.
Llegó a tiempo, Ginny le esperaba un lugar en la segunda mesa de enfrente. Hermione tomó asiento y antes de que la clase comenzará le platicó un poco de lo que había hecho el fin de semana con sus padres maravillando a Ginny.
Su platica dio fin cuando vieron cruzar a Trewlaney, la clase estaba por comenzar cuando el golpe de la puerta hizo que los Gryffindor miraran hacía ella.
—Profesora. Tenemos un par de horas libres y quería saber si podría tomar la clase con Gryffindor para no tomarla a las tres.—
Trewlaney se acomodó las gafas. —Por supuesto, tome asiento mi niño.—
Theodore pasó por enfrente de Hermione y con una cara burlesca, levantó las cejas y tomó asiento tras de ella y Ginny. Hermione con su palma extendida hacía bajo, cubrió parte de su rostro. Ginny la miro de reojo y la noto sonrojada y por alguna extraña razón siguió a Theodore hasta el asiento.
—Hola.— le saludo Theodore, Ginny se giró en modo dramático, Hermione ya había recobrado el color normal de su piel y solo se limitó a sonreírle.
—¿Todo bien, Ginny?.—
—¿Qué acabó de ver?.— Hermione alzó los hombros y omitió durante todo la clase las miradas curiosas de Ginny y por un segundo pedía estar sorda para no escuchar la voz de Theodore cada vez que alzaba la mano para contestar a Trewlaney.
La clase terminó y antes de que Hermione saliera, se acercó a su profesora.
—Profesora.—
—Si mi niña.—
—Me es muy difícil comprender la clase. Quizás me podría asesorar con clases fuera de horario.— los ojos a Trewlaney se le aguardaron.
—Me enorgullece escuchar eso viniendo de ti.
Una vez más Hermione se limitó a sonreír.
—Puedo comenzar el día que usted guste.—
—La próxima semana Querida, esta semana estaré fuera un par de noches.—
—Perfecto.—
—La siguiente clase acordamos un horario. Ya se puede retirar señorita Granger.—
Asintió con la cabeza y salió del aula, un par de metros se escuchó un salto detrás de ella, Hermione con varita en mano apuntó hacia la esquina. Una figura alta y con capucha estaba parada y venia hacia ella. Trato de no mostrar miedo, su corazón palpitaba, estaba un cien por ciento que podría darle un infarto pero aquella figura se vislumbró un rostro y el poseedor de ese rostro era ni más ni menos que Theodore Nott.
—Eres un verdadero tonto.— le pegó en el pecho.
—Y tú una mentirosa.—
—¿Disculpa?.—
—Si, la Gran Hermione Granger le miente a Trewlaney.
—¿Y según tú por qué razón habría de hacerlo?.– se cruzó los brazos.
—Por mi.—
—No te soporto.— dio media vuelta con los zapatos y se dispuso a marchar pero Theodore la sujetó por la mochila haciendo enfurece a Hermione.
—No me toques.– le lanzo un manotazo.
—Tranquila.– la soltó tal cual pareciera que había tocado alguna olla hirviendo.
—Y no me llames mentirosa, jamás cambiaría mis clases por un chico y menos por alguien como tú.–
Mientras más hablaba una Hermione verdaderamente molesta, a Theodore se le iba formando una gran sonrisa. Simplemente quería saber de ella, siempre le pareció una persona bonita y le gustaba que tuviera charlas aunque se mostrará molesta.
De pronto sus ojos se dirigieron hacia las manos de la chica la cual le pareció mirarlas temblar.
—¿Estás bien?.– iba a poner su mano sobre el hombro de Hermione pero ella lo volvió a manotear.
—Sí, claro.–
Se descolgó la mochila del hombro y entre ella buscó lo que parecía un termo. De inmediato lo abrió y bebió de el. No emitió sonido alguno, solo bebía sin hacer una pausa. Era como si dependiera de aquello que estuviera bebiendo.
Con un Theodore preocupado y ahora incómodo, Hermione retiró el termo y lo guardo en su mochila. Al parecer lo que sea que haya bebido le había quitado esa temblorina de sus manos.
—¿Qué era lo que bebías?.–
—Solo era café.–
—Es medio día, ¿quién demonios aparte de ti toma café a estas horas?.–
—Bebo alrededor de 6 tazas, ¿está bien?.–
—Eso, está mal.— Ella le dio la espalda y Theodore la siguió. —Quizás no se de estudios muggles pero el elfo de mi padre solía decir que beber café en exageración no es bueno.–
Harta de que la siguiera con un sermón de padre de familia, Hermione se paró en seco. —Primera y última vez que lo diga. Déjame en paz Theodore.–
Y cómo un rayo salió disparada de ese pasillo. Theodore quedó solo una vez más. Metió en su bolsillo la mano y sacó un frasco de vidrio naranja que en su interior contenía un par de pastillas. Tomó una y la tragó, así de seco. Así de sencillo. Theodore se marchó de aquel pasillo.
Había pasado una semana después del acontecimiento entre Hermione y Theodore.
Ya no se habían topado, quizás Theodore había entendido que debía de dejarla en paz, quizás por fin se había rendido en tratar de conocerla. Una parte de Hermione se sentía con un vacío pues no era lo mismo compartir sus ratos con Neville, Ginny o el resto de los demás, Harry y Ron siempre estaban allí para ella, aunque a veces se comportaban como un par de cabezas duras.
Ese día amaneció bonito, era un sábado soleado, un día perfecto para un vestido ligero aunque ella no era de usarlos sin embargo su madre le había comprado en las vacaciones una preciosidad y no sería muy justo dejar que un armario oscuro se tragara el color rosado de aquel vestido.
Bajo como era de costumbre al lago, con su libro en mano pero esta vez omitiendo el café. Saludó a un par de conocidos, unos chicos de segundo se acercaron a ella para tratar de entablar una conversación a lo que Hermione con una sonrisa sutil se alejaba de ellos.
Llegando al lago, estaba quien menos esperaba ver. Theodore, pero esta vez estaba frente al lado mirando algo que traía en mano y hacía el movimiento de querer arrojarlo pero algo se lo impedía. Hermione no sabía si acercarse a él o retirarse, pero quizás lo que Theodore quería con ella era una amistad.
Quizás podría acceder, quizás.
—Theodore.– se anunció. —¿Está todo bien?.–
Theodore quien le daba la espalda, se limitó a mover la cabeza negando que estaba mal. Ella trato de acercarse pero él se giró hacía ella.
Al pobre Theodore le corrían las lágrimas por sus mejillas. Se decía a sí misma que era una loca por ver el lado triste de él atractivo.
—¿Qué traes en la mano?.–
—Esto Granger, son píldoras. No las quiero, pero mi cuerpo y mi mente me las pide, estoy comenzando a depender de algo que no requiero y tengo miedo .–
—Está bien Theodore, solo dámelas y yo te las cuidare.– Hermione extendió la mano pero Theodore se negó.
—¿Dártelas? ¿Por qué? ¿Por qué ahora te interesa en qué todo esté bien?–
—Porque si.– y Theodore se echó a reír. –Sé que no es la respuesta que necesitas, pero estoy aquí y quiero que todo esté bien contigo.–
Un silencio inundó aquel rato. El cielo despejado se estaba formando en él nubes que cubrían el brillante sol y Hermione seguía con la mano estirada en espera de las pastillas que Theodore debería de darle.
—Hace un par de semanas te escuché reírte. Esa risa tan tuya que probablemente todos desconocíamos y ahora estás aquí, con una tristeza que quisiera eliminarla pero no puedo, no sé qué hacer por ti.–
—Lastima no, no la merezco y no la necesito.–
—Jamás te he demostrado lastima por ti, ni siquiera cuando la sentencia de tu padre se conoció.–
—Es inútil.–
—Claro que no.– el silencio reinó por un par de segundos. —Lamentó mucho mi actitud grosera contigo.— bajo la mirada y se pasó tras su oreja un mechón. —Es solo que, después de todo lo qué pasó me da miedo confiar y todo lo que se ha dicho sobre ti, de alguna manera sentí temor.–
—¿Sobre qué? No soy un asesino, no te lleve a mi casa para que te torturaran, ni siquiera moví un dedo para ayudar a los mortifagos a saber dónde están tú y tus amigos.– hizo una pausa .—Y sobre lo que diga el Ministerio sobre mi me tiene sin cuidado, no son más que un par de ancianos corruptos.–
Eso último dejó a Hermione perpleja, ahora con lo que Theodore le había dicho no sabía si confiar en lo que él le decía o simplemente seguirle el cuento a un loco.
—Todo esto es inútil. Ni sé porque gasto saliva.–
Estaba por marcharse cuando Hermione fue ahora quien lo sujeto del brazo. —No te vayas.–
Pasaron parte de ese día hablando sobre un sin fin de cosas, la profesión muggle de sus padres y sobre el porqué no decidió ser una auror. Hermione era una persona interesante de conocer, tenía miedos, alegrias y tristezas en su hablar. Theodore se sintió cómodo cuando la escuchaba reírse por comentarios que ella hacía o un mal chiste que admitía contar. Ella era tranquilidad pura, ¿qué si se estaba enamorando?
Quizás si, quizás no.
Por su parte, Theodore a pesar de un chico solitario y callado, era de saberse que era todo un estuchito de monerías pues había admitido que le fascinaba ciertos modos muggles desde manejar un auto hasta la profesión de los padres de Hermione, de hecho le confesó querer estudiar en Londres Muggle pero tenía miedo pues desconocía en su totalidad las profesiones muggles. A pesar de que él no formó parte del Ejército de Voldemort, en sus ojos no había un brillo que determinara que él estaba bien. Quizás era por ello que quería hablar con Hermione, probablemente quería estar con alguien que no lo entendiera en su totalidad pero que comprendiera por lo que estaba pasando y sin duda alguna Hermione era y sería ese alguien.
—Hermione, ¿cuántas tazas llevas de café?.– se atrevió a preguntar Neville al mirarla rellenar su tercera taza esa noche en el Gran Comedor. La chica solo le lanzó una mirada feroz y se omitió de contestar.
—Sería muy poco probable que Hermione dejará su amor por el café que los libros.– con un toque de burla Ginny le sonrió. —No te enojes Herms pero te has vuelto una adicta al café.–
—No es un vicio, es, es una costumbre muy muggle que mis padres me inculcaron.– se defendió rápidamente denotando nerviosismo.
—Claro Hermione, como tú digas.–
Ginny tomó un trozo de pay de manzana y comenzó a degustarlo, Hermione miró a la taza que traía entre manos, quizás sus amigos tenían verdad, hacía que tanto bebía agua, solo la necesaria y con el café. Evitaba fatigarse para no beberla y en caso de que tuviera sed bebía un café. Café café y más café.
De sus pensares, Katie Bell llegó junto a Romilda Vane. Ambas se sentaron a un costado de Ginny y empezaron a "cuchillear" obviamente los que las rodeaban podían escuchar. Hermione no era fan de los chismes que esas dos chicas decían. Sin embargo la situación cambió cuando salió de la boca de Katie el nombre de Theodore Nott.
—Quedó enfermo de por vida y era de esperarse pues la vida que llevo a eso lo orilló.– soltaba con veneno Romilda, Hermione se acercó a la oreja de Ginny.
—¿Qué sucede?.–
—Theodore Nott...–
—¿No sabes Hermione? Está enfermo.– habló Katie.
—¿De qué? Lo veo en perfectas condiciones.–
—Tiene una adicción severa a los medicamentos. En todo el día ha estado casi llorando porque había perdido unas pastillas. Katie y yo nos la encontramos y fuimos con Madame Pomfrey quién nos dijo que esas pastillas eran para relajar...–
Mientras Katie traía en mano el botesito de las pastillas, Blaise le había llegado y de un jalón le arrebató aquello. No se iba a retirar sin antes amenazar a aquel par.
—Que sea la última vez que roban pertenecías ajenas, de lo contrario yo mismo me encargaré de que paguen muy caro por sus acciones.—
Molesto guardo aquel frasco en su bolsillo, dejando a todos perplejos. Romilda y Katie no hicieron más que a ponerse a llorar por la forma de actuar de Blaise. Aquella noche Theodore no apareció.
Muy temprano despertó. Sabía que él era una persona madrugadora, le encantaba merodear por Hogwarts, pero ¿dónde estaría?
Busco pasillo por pasillo, se llevó una batalla con las escaleras movedizas, Peeves casi la hizo gritarle no estaba de humor para bromas. Cuando ya estaba a punto de rendirse, vio que algo pasó de inmediato frente a ella, una clase de brisa negra estaba ocultándose en un pilar. Hermione se acercó alzando la cabeza y poniendo sus manos tras de ella.
—Te encontré.–
Solo escucho el gruñir de Theodore.
—Te creía un poco más ágil.–
Theodore dio un salto y se puso frente a ella.
—Hola Theodore.–
—Hola Hermione.– ella suspiró.
—Tu ausencia en el Gran Comedor ha sido muy llamativa, ¿has estado bien?.–
—Por supuesto que si, hay días en los que no quiero lidiar con gente.–
—Que triste.– hizo un puchero y Theodore sonrió.
—Así deberías de estar siempre.– y él comprendió entre líneas lo que ella trataba de decirle.
—Estoy bien.–
Con mucho valor y atrevimiento metió la mano en el bolsillo de la túnica de él obteniendo el frasco de pastillas que Blaise le había quitado a Katie la noche pasada.
—Y es por eso que no debes de usarlas. La vez pasada que platicamos no entendía en absoluto lo que tratabas de decirme pero ayer comprendí un poco.— Hermione lo jalo de ambos brazos. —Theodore tú eres una persona sana, eres una persona bonita a quien le ha ocurrido cosas terribles y no eres un enfermo. Aquí estoy, aquí estamos juntos.–
—Es solo que no me siento bien en esta vida.–
—Eres un verdadero tonto, la vida es bonita con las personas correctas.–
—Lo dices porque tu nunca estuviste rodeada de gente podrida.–
—Eso es pasado Theo, aquí estoy yo.— Theodore bajo la mirada. — MÍRAME.– grito.
Alzo la vista, era increíble, ese chico debía de estar hecho de piedra. Solo una vez pudo escuchar su risa y solo una vez le miro vagar una lágrima pero no era que Theodore fuera de piedra, era un muchacho que simplemente aprendió a ocultar el dolor. La pena nunca sería su compañera.
—Hermione; si te miro, si te siento, si te escucho. Pero es inútil que te preocupes por mi. Te lo repetiré así sea mil veces, estoy bien.– Theodore le hizo a un lado el recién flequillo que está se había hecho días antes.
—Y mil veces preguntaré por tu bienestar.– le acaricio el brazo sobre la capa.
Como dos tontos se sonrojaron y a su vez se rieron. El comienzo de una amistad que se había dado.
—Podemos hacer un trato.– sugirió ella.
—Soy todo oídos.–
—Prometo dejar de lado el café y todo lo que sea que lo contenga solo si prometes dejar de usar tanta píldora que en realidad no necesitas.–
—¿Cómo sabes que no las necesito?.–
—Porque eres un chico sano y a lo que escuché esto es solo un relajante al tiempo serás dependiente y eso es horrible.–
—Mira quien lo dice, la que vomita el agua y adora el café.– ironizó.
—Gracias Theodore y es por eso que es el trato, no café no píldoras.–
—¿Si te digo que si dejarás de mirarme de esa manera?.
—¿Qué manera?.– frunció los labios. —Ok está bien de todas las maneras.–
—Entonces no.–
—Theodore..—
—Lo pensaré mientras caminamos. Buen día para comenzar otoño ¿no crees?.–
—Por supuesto que si.–
Día 1 de no café.
Sentía que los ojos se le hinchaban. La cabeza a explotar, los oídos le zumbaban. Detestaba el ruido de las risas de todo aquel que la rodeaba. No estaba de humor, nunca lo volvería a estar. Empezó a sentir una clase de hormigueo por las manos y un tic en el ojo se le estaba haciendo presente. Maldito café.
Ginny llegó con ella con una olorosa taza de café. Hermione le lanzó la mirada más feroz que tiene y se retiró de aquel lugar. La cabeza estaba a punto de explotar cuando de la nada Theodore saltó a donde estaba y Hermione por instinto vago soltó el libro que traía.
—¿Cómo estás?.–
—Excelente.– ironizó.
—Luces muy mal.–
—¿Lo crees?.–
—Veo que estás de un genio insoportable, mejor te busco después.–
Antes de que Theodore diera un paso Hermione roto los ojos y se acercó a él.
—¿Algo que quieras decirme?.–
—Nada relevante.– le sonrió.
—¿seguro?.–
—¿Sabes del baile de navidad?.–
—Estamos terminando septiembre.–
—Estamos a nada de diciembre.–
—Al punto.–
—Ven conmigo al baile.– soltó de golpe. Y el humor se le bajo a Hermione.
—Lo consultaré.– se alejó de él con una sonrisa.
—¿Con quien?.– Theodore frunció el entrecejo.
Dando saltos pequeños Hermione se retiraba de Theodore. Jamás le dijo si, jamás le dijo no, ni un quizás.
Día 5 del trato.
—Hola Hermione.–
Luna se sentó a su lado. Hermione con un poco de magia le dio al agua el aroma y el color a café al agua, solamente así podría soportar el hecho de dejar a un lado el café. Pero eso día Luna sería la salvación.
—Hola Luna, ¿cómo está tu padre?.–
—Excelentemente bien, de hecho te ha enviado un pequeño regalo.– y entre las capas de ropa que traía saco una caja.
—Muchas gracias.– Hermione lo abrió y el aroma del café inundó sus fosas nasales.
—Papá sabe lo mucho que amas el café y es por eso que te envió estos dulces de café. Procura comerlos en moderación.–
—Si si, no te preocupes.- empezó a guardar todo de golpe, tenía que salir de ahí antes que Theodore la mirara. —Tengo que irme, deje un ensayo en el cuarto, creo.–
—Descuida. Disfruta tu regalo y todo con moderación.–
365 dulces de café para 365 días pero para Hermione sería cuestión de horas para devorarlos. Era inevitable, extrañaba ese sabor entre su lengua, el aroma exquisito y lo bien que la hacía sentir.
Solo comió dos, pero cometió un muy pequeño error.
—Hermione.– Theodore salió de la nada. La chica se detuvo y le esperó. —Tengo horas buscándote. ¿Dónde estabas?.–
—En mi habitación. ¿Sucede algo?.–
—Sí, necesito una respuesta.–
—Me has hecho miles de preguntas con respuestas en espera, ¿cuál quieres escuchar?.–
—Mi querida Hermione creo que haz roto algo.—
—¿Qué?.–
Theodore con sumo cuidado metió la mano a la capa de Hermione y sacó el envoltorio de aquel dulce.
—¿Quién lo diría? Rompiste el trato. Sin querer. No duraste ni una semana. Que triste que no apostamos.–
—No es mío.–
—Claro que no.– Y rió. —Le dije a Lovegood que su lechuza había traído a mi ventana un paquete pero al notar que mi nombre no es Luna Lovegood y mi padre no se llama Xenophilius le hice llegar el correo.–
—En otras palabras, hiciste trampa.–
—No fue con intención. Solo quería ver que tan fuerte eres.–
—Sabes que traté y siento que abusaste de mi persona. Eso no es injusto es como si yo te diera tus píldoras y claro que no lo haría. Me preocupa tu salud pero veo que sigues siendo tan Slytherin.–
—Hermione.–
—No, no quiero hablar contigo. Suéltame.– y de un jalón agresivo se soltó del suave agarre de Theo.
A partir de ese día Hermione trato de no hacer contacto visual con Theodore, ignoraba todo su ser.
Por más que él quisiera el platicar con ella, Hermione siempre hacia ese gesto con los ojos y se daba media vuelta. De nuevo estaba sintiéndose solo.
—Creía que el chico de Ravenclaw se llamaba Miles Jacobs.– susurró Blaise a Draco.
—Jamás se termina de conocer a la gente Blaise.– respondió Draco haciendo el nudo de la caja rosada que estaba sobre la mesa. La llegada de Theodore fue inesperada.
—Theo, que bueno que llegas.—
—¿Sucede algo?.–
—Esto debe de ser de tu amiga.– sonrió Blaise.
—¿Qué? ¿Granger amiga de Theo?.– frunció los labios Draco.
—No soy amigo de nadie.–
—Entonces ve tú a la Sala Común de Gryffindor y entrégaselo a Granger, tú lo encontraste.–
—No, la gente suele inventar cosas, no quiero que me emparejen con ella.– se cruzó de brazos Draco.
—Bah, ¿qué pasa?.–
—Draco, que encontró esta caja de Granger. Alguien llamado Marc Jacobs se lo envía.–
Una mediana caja con un tono rosado pálido y con el nombre de Marc Jacobs en letras grandes y blancas,sobre aquella caja había un pedazo de papel con el nombre de Hermione Granger. Los celos inundaron a Theodore junto la tristeza.
—Solo arrójala por ahí y problema resultó.–
Se apartó de los demás hecho una bala.
—Que raro.– habló Ginny con un tonto serio mientras bebía jugo de calabaza.
—De milagro está vivo.– Luna puso la barbilla sobre su mano. —¿Hermione sabrá algo?.–
Su llegada tomó de imprevisto a Luna y Ginny, Hermione se sentó a su lado mientras comía un poco de fruta y leía el periódico de esa mañana.
—Hermione.–
—Dime Ginny.– E iba a hablar a no ser que la boca de Katie Bell lo hiciera tan repentinamente.
—¿Supieron que Nott tuvo un ataque de nuevo?.–
Casi se ahogaba con ese pedazo de pera, dejó el periódico y jalo de la túnica a Katie. Quería asegurarse que lo que había escucha fuera real y no un chisme.
—¿Dónde está?.–
—En la enfermería. Madame Pomfrey está con él.
Tan pronto soltó a Katie, Hermione salió corriendo a la enfermería pero se detuvo al mirar que a Theo le acompañaban Draco y Blaise.
¿Podría pasar? Sin pedir permiso, entro llamando la atención de aquel par de Slytherin. Blaise caminó hacia ella.
—¿Qué haces aquí?.–
—Me preocupó por él.–
—¿Enserio? ¿Y dónde estabas hace un par de horas?.–
—Cálmate Blaise, no somos tan amigos como ustedes, aquí la pregunta sería ¿dónde estabas tú?.–
—Retírate Granger, no tienes nada que hacer aquí.–
—Por supuesto que no Zabinni. Aquí estaré.–
—Blaise.– la voz débil de Theodore resonó.
—Descansa Theo, está todo bien.– Draco le dio unas palmaditas.
—Quiero hablar con Hermione.–
Con la cabeza bien en alto, Hermione pasó de lado de Blaise y Draco, haciéndoles saber que ella estaba para él y él para ella.
Ambos salieron de la enfermería dejándolos solos. Hermione tomó asiento cerca de él y sus ojos se cristalizaron.
—Lo lamentó mucho Theo.–
—¿Qué lamentas?.–
—No estar para ti.–
—Lamentó mucho hacer trampa en nuestro trato.–
Y ambos rieron.
—¿Podrías ser un poco serio? Estoy asimilando el hecho de que estás en una camilla.–
—Es solo que estoy pensando en que ambos perdimos.–
—Nos queda bien la insignia de perdedores.– sonrió suave y se recostó a un ladito de Theo quien le devolvió la sonrisa.
—Quédate conmigo siempre y no tendré que caer en ese vació nunca más.–
—Jamás me apartaré de ti.–
—¿Por nada del mundo?.–
—No habría nada que podría apartarme de ti.–
—Excepto Marc Jacobs.– y Hermione se rió fuertemente. —¿Qué?.–
—Marc Jacobs es un perfume, mi perfume.–
Y Theo acompañó en la risa a Hermione. Se acomodo a su costado y le dedico una dulce mirada.
—Todo estará bien Theo. Lo prometo.–
Con un suave apretón de manos Hermione estaba sellando un nuevo pacto, pero con el atrevimiento de Theodore con un beso selló para siempre el final de un pasado oscuro.
