Su casa era una fantasía de los nuevos años treintas plagada de accesorios totalmente innecesarios pero ciertamente rimbombantes. Era uno de los barrios más discretos de la ciudad, contrario a lo que la estética de la mayoría de casas indicaba, ya que era el sitio de los retirados. Tanjiro les abrió la puerta, dejándoles pasar y los gemelos se miraron como buscando en el otro el valor para seguir caminando pero al ver el ramo completo que Tanjiro escondía en su pecho tras una pantalla de espejuelos, uno de ellos tomó la mano del otro y siguieron caminando. Le costaba distinguirlos. Llegaron a la sala y sin una invitación ambos chicos se sentaron en el mullido sofá, también estilo nuevos treinta, con adornos de falso oro y geodesias. El anfitrión sonrió mientras activaba la calefacción a una temperatura agradable, desactivando la pantalla de espejuelos para dejar las rosas en el centro de la mesa de cristal ahumado. El resplandor de las flores holográficas le lastimó los ojos, pero vio claramente a sus invitados sentarse en el filo del sillón, listos a abalanzarse. Pero reunieron su control y tragando saliva se deshicieron de sus pesados abrigos de falsa marta. Ambos llevaban vestidos de seda china en las mismas tonalidades de su cabello. Negras con aguamarina, ajustados y abiertos en el muslo izquierdo con adornos de dragones. Su piel lucía como porcelana aún más con ese atuendo, la tonalidad de sus músculos y la manera de su cuerpo le hizo pensar que podían ser cyborgs. Hacía unos años se puso de moda la perfecta estética andrógina y esos chicos tenían un equilibrio entre lo delicado y marcadamente recio que no podía creer que no hubiera alguna modificación en ellos. Supo que su mirada estaba siendo demasiado descarada por la manera en que uno de ellos estudiaba su rostro. Debía ser Yui, quien desde el principio se mostró desconfiado hacia él. Se aclaró la garganta, seguramente sonrojado mientras se incorporaba.

— ¿Se les ofrece algo de comer, algo de beber?

— Leche de coco.

— ¿Tienes galletas de algodón?

Tanjiro se rió bajito por lo rápido que ambos respondieron, caminando a la cocina y buscando en la lista de entregas inmediatas antes de abrir la puerta del despensero para tomar lo ordenado. Él eligió cocoa caliente, cuidando no derramar nada mientras volvía, encontrando a los muchachos mirando disimuladamente la casa. Su ropa lucía cara y realmente no parecían estarse recuperando de ninguna adicción. La teoría de que fueran cyborgs regresó, pero no tendría sentido que lo hubieran escogido a él para comprar sustancias ilegales. En realidad no le importaba mucho en ese momento. Hizo a un lado las rosas, sintiendo escalofríos ante el sonido de cascada que hacían sus pétalos al chocar, dejando los alimentos para que los chicos tomaran aunque sus ojos estaban pegados a los pétalos de las flores.

— Ni siquiera he preguntado sus nombres.

— Yo soy Muichiro, él es Yuichiro.

— Yo soy Tanjiro, es un gusto— respondió en un tono suave, bebiendo de su taza mientras los chicos abrían el paquete de galletas y partían una, comiendo mitad y mitad—. Si quieren algo más pueden pedirlo, no es necesario que hagan eso.

— Es una costumbre, pero gracias por el ofrecimiento. Esta casa es muy grande para una sola persona.

— Es lo que pienso, pero fue un regalo de la empresa donde solía trabajar.

— Cierto, eres retirado. Debes tener nuestra misma edad ¿No? Al menos no pasas los treinta, así que no creo que hayas tenido un trabajo muy legal para retirarte tan joven.

— Bueno, no es propiamente ilegal pero sí puede decirse que era cuestionable. Estaba en el negocio de la información.

— ¿Traficante?

— No. Puse en renta mi cerebro para almacenamiento.

— Oh.

— ¿Ustedes son cyborgs, por casualidad?

— Nos lo dicen muy seguido— el chico que parecía más amigable se rió con coquetería,acomodando un mechón de cabello tras su oreja—. Pero no, somos humanos. Supongo que en la lotería genética tuvimos suerte.

Tanjiro se rió tras su taza, sin poder apartar sus ojos ante la manera en que el muchacho cruzó su pierna, el escote en el muslo se elevó apenas un milímetro.

— No queremos interrumpirte más, ya que has sido tan generoso, así que mejor nos apuramos con esto— el otro chico se aclaró la garganta con disgusto, terminando su vaso de leche, limpiándose los labios con el antebrazo, tomando con cuidado una de las flores—. Dices que es tu primera vez ¿Con cualquier droga?

— En realidad no estoy interesado en probar nada, sólo pensé que ustedes son muy atractivos y ese parque es un lugar algo peligroso como para dejarlos solos ahí.

Uno de ellos miró al otro con sorpresa y el otro miró fijamente a Tanjiro con advertencia.

— No nos dedicamos a la prostitución.

— No, lo siento, no quise decir eso. Es sólo lo que pensé, he visto cosas muy...inadecuadas en el parque y no sé...

— Eres una buena persona— Mui tomó su mano con una sonrisa dulce, conciliadora—. Pero no podemos tomar esto sin darte algo a cambio.

— Podemos hablar, entonces. Me gusta la compañía.

— Claro, a Mui le encanta parlotear, así que harán un gran equipo.

— Eres malo, Yui— Mui le picó una mejilla, viéndolo comenzar a arrancar los pétalos de una de las flores— ¿Crees que la soportemos inyectada o deberíamos comenzar por fumar?

— ¿Exactamente qué efecto tienen?

— Bueno, son una especie de realidad simulada, pero la diferencia es que sus receptores van directo a tus neuronas y terminaciones nerviosas. No producen una imagen, te hacen vivir lo que imaginas. Como todas las drogas según cómo la consumas es su intensidad y duración. También según el color de las rosas es su efecto, por ejemplo, éstas, las de cuarzo blanco, te ofrecen una experiencia de cuatro dimensiones, por eso son tan caras. El efecto dura alrededor de una semana si es inyectada. Fumada unas cuantas horas.

— Suena muy potente.

— Somos de ligas mayores— Yui le dio una sonrisa ladeada, lamiendo los bordes de un pétalo y Tanjiro sintió sus piernas temblar. En verdad que eran hermosos—. Pero creo que hoy deberemos conformarnos con fumarla, Mui, debemos regresar a casa.

— Está haciendo frío, además ¿Qué clase de persona sería si los dejo salir por la noche o todavía drogados? Preferiría que se quedaran a dormir, si no tienes inconvenientes.

— Ya te dije que no nos dedicamos a la prostitución.

— Y yo ya te dije que sólo quiero hablar.

— Tenemos un amigo— Mui buscó en sus abrigos hasta conseguir un par de largas pipas de jade, soplando las cenizas que quedaban antes de llenarlas con los pétalos que Yui ya había triturado—. Se dedicaba a lo mismo que tú. Solía ser bastante animado, sonreía y hablaba mucho, pero cuando se retiró se volvió alguien completamente depresivo, apenas soportaba estar solo y siempre parecía necesitar que alguien le estuviera hablando. Su esposa se gastó una fortuna en un tratamiento para regular su química cerebral pero parece que no se puede revertir del todo. Supongo que debemos pagar tu amabilidad con la misma moneda. Si sólo quieres un poco de compañía no veo por qué no podemos dársela, Yui.

El mencionado resopló, rodando los ojos mientras tomaba su pipa, encendiéndola. El aire se llenó de un aroma fresco, a tierra mojada mientras ambos chicos se dejaban descansar contra el sillón de una manera completamente lánguida, relajada. Incluso feliz. Tanjiro los miró confundido ante el cambio repentino de sus ojos. Pasaron del aguamarina a un transparente cristal. Idéntico al color de las rosas. Tragó saliva, inquieto porque de pronto parecía que habían dejado de respirar, pasando su mano por los ojos de Mui pero el chico no reaccionó. Puso su dedo bajo su nariz, sintiendo el aire rítmico ser expulsado y se relajó. Sin embargo su dedo se pegó contra su labio, sintiendo su temperatura y suavidad, soltando un leve quejido que le hizo retroceder avergonzado. Más cuando Yui le soltó una palabra ofensiva, jalando a su hermano contra su pecho.

— No seas tramposo.

La voz de Mui salió pastosa, enredada pero entendible.

— Lo siento.

— Está bien. Entonces ¿De qué te gustaría que habláramos?

— ¿Puedo sólo verlos?

— Pervertido.

Los tres se echaron a reír. Tanjiro comenzaba a sentirse relajado también, adormilado. Si hubiera alcanzado a ver su reflejo, hubiera descubierto que el borgoña de sus ojos también había comenzado a tornarse transparente cristal a medida que el humo de las rosas inundaba sus pulmones.