Fácilmente habría creído que apenas había pasado una noche cuando la bruma de las rosas comenzó a difuminarse. Recordó que en un punto incierto Mui se había sentado en su regazo, rodeando su cuello y soltando el humo entre sus labios abiertos y las paredes comenzaron a derretirse entre las risas distorsionadas de los gemelos. No recordaba imágenes pero sí sensaciones. Los pies descalzos sobre el césped húmedo, el sol en la espalda. Un par de lágrimas de frustración porque de alguna manera estaba completamente seguro que aquellas sensaciones no habían sido suyas. El negocio de la información requería que su cerebro fuera vaciado por completo, incluyendo las terminaciones nerviosas asociadas a la memoria sensorial. Entonces Tanjiro no recordaba ni por asomo cómo se sentía siquiera la ropa sobre su cuerpo o el fuego en la piel. Él prestaba su cerebro para que otras personas guardaran sus recuerdos allí como una especie de caja fuerte y esa clase de servicios eran de los más caros en el mercado. Su cartilla decía que lo había hecho porque su familia era numerosa y los ahorros escaseaban, pero Tanjiro no recordaba absolutamente nada sobre nadie.

No.

Un hilo de aroma a fuego, a carbón le pasó apenas como un error de pantalla bajo la nariz. Sintió que sus músculos intentaban de salir del sopor para ir a perseguir aquél hilo, pero así de pronto como vino se esfumó y él volvió a perderse entre las garras químicas de las drogas.

Hizo el esfuerzo por abrir los ojos, notando que Mui estaba acostado a su lado, completamente ovillado contra su pecho y que él lo mantenía abrazado contra sí. Aspiró el aroma a burbujas de jabón de su cabello, agradeciendo su calor más que el del día. Intentó moverse pero unas manos en su cintura le recordaron que ellos eran dos. El calor de Yui en su espalda le hizo sentirse protegido, algo que llevaba bastante sin experimentar. Hubiera querido disfrutar un poco más de eso, pero una de las pantallas en la pared, la que usaba para ordenar comida cuando no quería levantarse de la cama ( notó que estaban en su cama y aquello le llevó a cerciorarse con cierto pudor de que los tres estuvieran vestidos) refulgía con el número quince en la fecha. Sus máquinas eran a prueba de cualquier glitch, así que era imposible que fuera un error. Habían pasado tres días desde que los encontró en el parque. Intentó moverse de nuevo, pero los dos pares de brazos lo mantuvieron fijo en su sitio, haciéndole sentir avergonzado por lo cercanos que estaban.

— Estás calentito— murmuró Mui y Tanjiro sintió sus labios contra su pecho, haciéndole tragar—. Todavía es temprano.

— Llevamos tres días aquí. Al menos déjame que les traiga algo de desayunar.

— ¡Tres días! Vaya, de verdad que ya habíamos perdido la resistencia— Yui bostezó, girándose en el extremo libre de su cama—. ¿Puedo tomar un baño?

— Claro. Puedo prestarles algo de ropa o pedir algo más de tu agrado.

— Yo también quiero darme un baño. Y no me gusta tu ropa.

Tanjiro resopló divertido, besando la frente de Mui antes de levantarse por fin y caminar a la cocina. Hacía bastante que no cocinaba, incluso la estufa había tomado el color cromado del desuso. Suspiró con algo parecido a la calma al escuchar el agua correr contra las baldosas en el baño. Pudieron escoger la bañera pero seguro se hubieran quedado dormidos de nuevo. Una sonrisa tranquila se le quedó grabada en el rostro mientras terminaba el desayuno, acomodando los platos en la mesa. Su casa era demasiado grande para él solo y apenas había reparado realmente en ello ¿Habrían esperado que fuera a buscar a su familia y la llevara a vivir con él una vez que terminara el tratamiento de recuperación? Se palmeó la frente, otra vez había olvidado ir a su sesión.

¿Olvidado?

Vio a los muchachos entrar con la ropa que había ordenado, pero de alguna manera...

El color aguamarina de esos ojos le supo a puro alivio.

— Creo que ya te acor...

— Shh, Yui, no lo presiones.

Mui sonrió, tomando su lugar en la mesa, tomando la comida sin perder la sonrisa. Tanjiro parpadeó, el aroma a carbón llegó con uno nuevo, a menta y chocolate blanco. Pero los hizo un hilo de saliva y lo pasó por su garganta hasta su estómago.

— Por las galletas de algodón supuse que les gustan las cosas dulces, así que hice panqueques.

— Por mí está bien.

Yui se encogió de hombros, pero Tanjiro juraría que no le quitó los ojos de encima por el resto de la mañana.