¡Hola! He vuelto con otro capítulo de esta serie, me alegra mucho ver que sí les gustó el capítulo anterior, jaja, no estaba muy segura pero ver sus reviews (de las dos chicas que me comentan siempre) me sube el ánimo n.n
Un saludo a Nina, Ankapoar y Mitch0983.
Esta vez quise hacer algo diferente con la narración, como tipo GrimmxReader? Pero el personaje sigue siendo Orihime. Me inspiré en un fic similar que leí de Negan (TWD). Es un rollo medio experimental así que espero que haya quedado bien jaja. Está ambientado en un mundo post-apocalíptico, y por supuesto es muy hot y explícito.
NUEVA VIDA
A pesar de que el muy bastardo es atractivo, no puedes evitar sentirte paralizada de miedo cuando su mirada se posa en ti. Sientes un sudor frío recorriendo tu cuerpo y la piel de gallina en brazos y piernas. Quieres fundirte con la pared o que se abra un boquete en el suelo y te trague la tierra, porque sabes que de esa no hay escapatoria.
Miras de reojo al resto de las chicas que parecen tan tranquilas, como acostumbradas a aquella selección, y sientes envidia porque te gustaría estar más relajada. Te gustaría al menos controlar el temblor de tu cuerpo porque en medio de aquella quietud es más que notorio que la más nerviosa eres tú. No quieres llamar su atención, pero al parecer ya es demasiado tarde, porque escuchas los pasos que se acercan en tu dirección. Ninguna tiene permitido mirarlo a los ojos sin permiso, y no lo haces, no por seguir sus órdenes, sino porque no te atreves. Es como la mítica Gorgona y tú eres una simple mortal.
–¿Quién es ella? –Escuchas que pregunta Grimmjow, su voz tan varonil como la imaginaste, pero con un tinte de enfado que no pasas por alto. ¿Está molesto por algo?
–De las montañas –explica la segunda voz, también masculina.
–¿Y qué hace aquí?
–Ggio pensó que sería buena idea traerla aquí. Ayer estuvo en la cocina y es un verdadero desastre. No sé si tenga alguna otra habilidad.
Ah, el incidente de la cocina. ¿Por qué tenían que traerlo a colación? Después del ataque, cuando te separaste de tu familia y llegaste a la Reserva, te dijeron que tendrías que trabajar arduamente para tener refugio y alimentos a cambio, pero no pensabas que el primer día te pondrían a cocinar. Menos mal que no te echaron, pero ahora te cuestionas si estar en ese lugar no es más bien un castigo.
–Bueno, eso ya lo veremos –responde Grimmjow–. Tú, pelirroja, ven conmigo.
Levantas la mirada para encontrarte con esos ojos azules electrizantes que te ven de manera indescifrable y sólo atinas a pasar saliva duramente, como si te estuvieras tragando una piedra. No sabes si está enojado o simplemente así es su carácter todo el tiempo. Tampoco quieres averiguarlo, pero como te tardas en responder y en levantarte, sientes que te agarra fuertemente del brazo para llevarte prácticamente a rastras a la otra habitación. El resto de las chicas permanecen de pie y en silencio hasta que se cierra la puerta, y alcanzas a escuchar los pasos que se alejan cuando de pronto un fuerte empujón te hace caer sobre la cama.
–¿Cómo te llamas? –Pregunta Grimmjow.
Tu cerebro está en modo ralentizado, porque abres la boca para responder pero tu voz no se escucha.
–Habla fuerte, carajo.
–O-Orihime –tartamudeas en voz más o menos audible.
–¿Sabes quién soy, Orihime?
Asientes un par de veces aunque lo único que sabes de él es su nombre y rango. Grimmjow camina en círculos sin dejar de observarte. Parece pensativo, como si estuviera decidiendo qué hacer contigo.
–Regla número uno: en mi Reserva, tienes que trabajar para recibir comida y un techo. Dejaré pasar el incidente de la cocina, pero no habrá una próxima vez. Comprenderás que estamos en guerra y que no podemos darnos el lujo de quemar la comida.
–Lo lamento, yo no…
–Regla número dos: no hablarás a menos que te lo indique –sus palabras tajantes te mandan a callar.
Grimmjow sonríe al ver tu reacción y se acerca a la cama, reptando hacia ti como un depredador hambriento. Tú retrocedes en respuesta, tratando de mantener una distancia prudente.
–Y finalmente…regla número tres: harás todo lo que te diga. Sin preguntar, sin replicar. ¿Entendiste?
Asientes nuevamente, muy a tu pesar. Grimmjow se queda hincado en la cama frente a ti, viéndote como si fueras la cena. Y probablemente lo eres.
–Desvísteme –ordena.
Con manos temblorosas le desabrochas la camisa y te preparas mentalmente para lo que sigue, porque no hay forma de que no pase lo que estás pensando, ¿por qué otra razón te pediría que lo desvistas? Cuando terminas, te permites admirar por unos segundos su perfecto torso, sin un solo vello, el abdomen marcado y unas cuantas cicatrices que lo hacen más atractivo a tu mirada.
–Sigue –Grimmjow se da cuenta de que lo estás viendo, embobada, y te presiona para que continúes lo que empezaste. Ahora sigue el pantalón. Te tardas demasiado con el cinturón que no cede y finalmente logras abrir el botón y bajar el cierre.
Te aparta las manos con un movimiento brusco y se quita las botas y el pantalón, que van a parar al suelo junto con la camisa. Sólo le queda el bóxer negro, ceñido, que guarda una potente erección apuntando al cielo. Joder, piensas, ¿en qué lío estoy metida?
Antes de pensar otras cosas, Grimmjow se pone a horcajadas sobre ti y te saca la blusa por arriba. Te sientes expuesta de inmediato porque no estás usando sostén y tu primera reacción es taparte con las manos, pero Grimmjow te las agarra y te descubre nuevamente para observarte con una sonrisa. Ahí te das cuenta de que le gusta lo que ve, pero extrañamente eso no hace más que ponerte nerviosa.
–No te tapes –ordena, y al mismo tiempo se quita de encima para terminar de desvestirte. Tu pantalón va a parar al montón y el resto de tu ropa interior también. Las manos te pican por cubrirte, pero no quieres desobedecerlo.
Grimmjow acaricia tu cuerpo y te estremeces con anticipación, sabiéndote tan vulnerable pero al mismo tiempo deseando que continúe, porque tienes que admitir que se siente bien, que hace mucho tiempo que nadie te toca de esa manera, y que en medio del caos que es el mundo actual está bien tomarse un respiro de esa clase. Tus pezones se endurecen cuando pasa su dedo por la aureola y cierras los ojos un momento para disfrutar el contacto íntimo, pero los abres de golpe el sentir que se coloca entre tus piernas, listo para la acción.
¿No habrá juegos previos? Piensas decepcionada.
Grimmjow se quita el bóxer y se coloca en tu entrada, palpitante de excitación y apenas conteniéndose para no embestir de golpe. Sin previo aviso, y para tu sorpresa, se inclina sobre tu cuerpo y te besa rápidamente, como queriendo disculparse por no prolongar las caricias. Te aferras a sus brazos y cierras los ojos cuando entra en ti, tan duro como roca, y sueltas un vergonzoso gemido cuando empieza a moverse dentro y fuera, a un ritmo acompasado, como esperando que te acostumbres a él, porque aparentemente le importa que tú también disfrutes el momento. No te preguntó si era eso lo que querías, pero estás completamente de acuerdo en que siga porque a pesar del miedo inicial no estás pasando un mal rato.
Se toma unos segundos para observar tu rostro, ahora sonrojado, y parece disfrutar de tus reacciones. Tú tratas de contenerte para no gemir en voz alta pero Grimmjow es muy bueno en lo que hace y las piernas te tiemblan de tal manera que pareces desmoronarte. Te agarras de sus fuertes brazos y te entregas al placer absoluto, sin preocuparte por el día de mañana.
Otro beso te sorprende, pero esta vez en la punta de la nariz. Es el gesto más tierno que has recibido hasta el momento y te permites sonreír como tonta porque te parece algo lindo viniendo de él. El impulso te mueve a enredar tus brazos alrededor de su cuello y besar esos labios entreabiertos que guardan una sonrisa. Lo besas, esperando un rechazo, pero en cambio te devuelve el gesto y saboreas su cálida boca, los suaves labios y la lucha de lenguas por el poder de someter a la otra.
Grimmjow cambia el ritmo y ahora te embiste más fuerte pero también más pausado, causando un temblor en todo tu cuerpo. El orgasmo llega delicioso y te paraliza, y poco después sientes que se viene dentro de ti y se desploma a tu lado, jadeante. Ambos yacen en la cama, exhaustos, sin cruzar ni una palabra.
Sí, definitivamente puedes acostumbrarte a tu nueva vida.
