Lo primero que sintió cuando recuperó la consciencia fue dolor. Uno intenso, latigueando en cada terminal nerviosa y supo que debía ser obra de Yuichiro. Probablemente todavía le quedaban un par de día para recuperarse pero sabía que debió tomar los látigos eléctricos que se unen a las terminales nerviosas para despertar a las personas de ataques de pánico pero algunas veces también para sacarles del coma si éste se prolongaba demasiado. Debió usar su cara bonita y esa actitud inocente que tomaba cuando deseaba algo para convencer a quien se hubiera encargado de operarlo para obtener el látigo.

Se disculparía con él sólo para evitar el conflicto, no porque realmente sintiera haber hecho algo malo. Por el contrario, se sentía un poco herido porque Yui no comprendiera que aquél olvido era una cuestión del trabajo.

Inhaló y exhaló pesadamente mientras intentaba recordar. Tanjiro Kamado, veintisiete años, humano pero con implantes en la mitad del cerebro. Algunos por su antiguo oficio de alquiler de memoria, otros por su nuevo oficio como traficante de recuerdos. Su última misión era seguir el hilo sobre una extraña flor azul que el comprador aseguraba curar una enfermedad que Tanjiro no comprendía porque estaba en sus primeras fases, pero que recodrdaba haber visto entre los recuerdos de uno de sus primeros clientes. Los remedios naturales se habían vuelto un boom desde poco antes que terminara el siglo, después de aquél terrible problema causado por las superbacterias y el abuso de antibióticos. La humanidad entera comenzó a desconfiar de cualquier medicina que no fuera la holística u otras con nombres que sonaban místicos pero que al final sólo eran azúcar con agua, pero Tanjiro no los culpaba. Su propia hermana fue víctima de las superbacterias y debido a eso terminó en la renta de memoria, para intentar volverla a la vida. En una de sus misiones conoció a los gemelos, quienes no estaban en el mercado de la información sino en el de la drogas. Comenzaron a salir casi desde el primer día y eran la razón por la que llevaba un par de años sin ir a casa. Probablemente su familia haría preguntas más personales que "¿De dónde se conocen?" si lo vieran llegar con dos preciosos gatitos siameses y sus gemelos nunca tolerarían que sólo llevara a uno de ellos para ser presentado, negando la existencia del otro. Su familia había aceptado que dejara su trabajo de renta y aunque sospechaban que ahora estaba en algo un poco más turbio, no lo presionarían nunca para hablar. Sentía un poco de culpa pero por otro lado prefería no involucrarles demasiado. Yui huele a menta, Mui a chocolate blanco. Su familia antes se dedicaba al carbón pero la rápida expansión de la empresa les volvió obsoletos y él, siendo hijo mayor, no dudaría en ser el sostén de su familia.

De sus dos familias, recapituló mientras abría los ojos con pesadez, las espinas de hielo en el torrente sanguíneo conforme el efecto de los anestésicos iba pasando y la figura de brazos cruzados y labios apretados de Yuichiro lo recibía. La falsa marta cibelina había sido reemplazada por un traje de camuflaje negro, un par de tallas más grande de la necesaria.

— ¿Yui?

— Ah, parece que ahora sí me recuerdas.

— Lo siento tanto, cariño, de verdad no sé cómo pude no recordarte. Estoy tan agradecido porque fueron a salvarme.

Yuichiro apretó más los labios y Tanjiro pudo notar el látigo que tenía entre sus manos, unida todavía cada punta de finos y largos hilos transparentes a una región en la represantación de su cerebro en el monitor. Tragó saliva, preguntándose si soportaría un sólo azote estando ya completamente despierto.

— Pero a mi hermano sí lo recordabas.

— No realmente. Creo que pensé que no podría tener la inmensa fortuna de quedarme con los dos en esa realidad.

— Y lo preferiste a él.

— Por favor, Yui. Lo lamento muchísimo. No te enfades, te juro que no fue a propósito.

— Lo sé— elevó su mentón teatralmente, finalmente apagando el látigo—. No eres tan estúpido como para hacerme enojar de verdad.

— Nunca me atrevería— sonrió pesadamente, intenta incorporarse, siendo detenido por la mano de Yui contra su pecho, indicándole que necesitaba seguir descansando. Podía ser cruel a veces, pero nunca lo pondría en un peligro verdadero y sabía mejor que nadie lo mucho que el cuerpo se debilita al ser drenado tras ese tipo de misiones.

— ¿Al menos recuerdas la cara del tipo que estaba investigando la flor?

— Vagamente. Pero creo que si alguien más ya está tras ella es porque debe haberse hecho público su poder.

— No importa si tiene éxito o no, a nosotros sólo nos pagaron por investigar— se inclinó sobre su rostro, besando su frente, sus cansados ojos—. Podría perdonarte que nos hayas orillado a consumir rosas de nuevo, pero no sé si te pueda perdonar que hayas preferido a Mui antes que a mí. Cómo te atreviste a preguntarme si soy un cyborg, tú conoces mi cuerpo mejor que nadie.

— Sé que no te sirve de nada que me disculpe, pero en verdad lo lamento mucho.

— Está bien— alcanzó sus labios, apenas acariciándose—. Ahora estás cansado, necesitas recuperarte, pero después me debes llevar a cenar sólo a mí. Y pasaremos la noche fuera.

— Lo haré sólo si prometes no enfadarte también con tu hermano, él no tiene la culpa.

— No me puedes culpar por sentir celos, Tanjiro, no me puedes mentir y no soy ciego. Siempre lo has querido más a él que a mí.

— Tú sabes que eso no es verdad. Son mis gatitos siameses, a los dos los quiero muchísimo. No estaría completo si alguno de los dos me faltara, los adoro tanto.

— Odio que nos digas así.

— Pero amas que les ponga cascabeles y los haga beber leche de un plato.

Yuichiro se sonrojó hasta las orejas, bajando la guardia de una manera tan cándida que Tanjiro deseó poderse reír más abiertamente pero en su lugar un hondo bostezo le escapó. La mirada de Yui se relajó, besando de nuevo su frente y Tanjiro se recorrió en el estrecho espacio de la cama, dejando que trepara y se acurrucara a su lado. El cerebro todavía se sentía hinchado y la lengua se le enredaba entre las palabras pero confiaba que pronto terminara el tratamiento y pudiera cumplir su promesa con Yui y terminar la misión para irse los tres a casa.