Capítulo II: Un mundo nuevo.

Sakura arrugó el vestido debajo de sus manos.

Esa habitación elegante parecía jugar con el tiempo. A ratos, lo percibía discurriendo igual que un río desbocado, en otras ocasiones, era igual a un cuenta gotas silencioso y lento.

Intentaba procesar todo lo que estaba pasando, como es que de ser una invitada anónima más se convirtió en la elegida entre una multitud desconcertada. Aún podía escuchar la voz de Tomoyo pidiendo explicaciones a Meilin, quien la veía con una mezcla de extrañeza y preocupación.

El picaporte de la puerta giró y eso la puso alerta. De pronto, la mismísima señora Li hizo su imponente aparición en el umbral, con su rostro serio pero que no le daba una mala sensación.

—Hola —la saludó—, Sakura Kinomoto, ¿no es verdad?

—Sí, señora.

Yelan Li la escudriñó con la mirada, obviamente estaba por completo perdida y la lideresa de los Li lo comprendía, sin embargo, esa chica sentada ahí era su única esperanza. El señor Wei entró, le dedicó a la joven una cálida sonrisa mientras dejaba sobre la mesa una tetera y un par de tazas.

—Solo puedo imaginar la cantidad de preguntas que tienes—comenzó la señora Li, sirviéndole una bebida humeante—, ¿quieres azúcar?

Sakura asintió, tomando unos segundos de valor antes de animarse a preguntar.

—¿Qué está pasando, señora?

—La pregunta correcta es ¿qué no está pasando? —suspiró—Antes de continuar debo pedirte un favor, sonará atrevido ya que apenas nos conocemos, pero te aseguro que es de vital importancia. He de contarte muchos detalles, y el tiempo no juega de nuestro lado, por eso necesito que me escuches hasta el final, ¿me prometes que lo harás?

—Es que no entiendo nada de esto, ¿por qué estoy aquí?

—Estás aquí porque fuiste elegida para casarte con mi hijo.

Sintió como si de golpe una ventisca gélida se impactara de lleno contra ella. Sakura estaba quieta, con los ojos abiertos.

—P-pero —balbuceó— ¿cómo? Ni siquiera nos conocemos.

—Por esa razón insisto en que me escuches, porque todo lo que diga te ayudará a comprender mejor la situación. Es fundamental que sepas que lo que estoy a punto de proponerte no una imposición, no te obligaremos a nada que no quieras hacer.

—¿Y si digo que no a lo que me proponga?

Un atisbo de preocupación se dibujó en el rostro de la señora Li, pero rápidamente fue sustituido por una mueca neutral.

—Obviamente estarás en todo tu derecho—admitió—, aunque insisto en que me escuches para que puedas tomar la mejor decisión. Sería lo correcto, no puedes decir que no a una propuesta que no conoces.

Lo admitía, la señora Li imponía de una manera apabullante, eso no estaba en discusión, y aún así había algo en su aura que le impedía sentir miedo, ni siquiera un rastro de desconfianza. Todo eso no hacía sino alentarla a darle una oportunidad.

—Está bien, señora.

Yelan, en silencio, sintió como el alma le volvía al cuerpo.

—No sabes como te lo agradezco, Sakura. —sus dedos blancos tomaron la taza de manera grácil, una pausa necesaria para ordenar sus ideas— Nuestra familia ha vivido en China desde tiempos muy remotos, puedo jurarte que en las más importantes dinastías de esta región siempre hubo un Li. Pero esa no es la cuestión aquí, el asunto es, que todas esas bendiciones vienen acompañadas de una gran responsabilidad. Los Li, más allá de todas las cuestiones empresariales, tenemos una misión muy particular. Pero antes de continuar... —se calló, dedicándole a Sakura una de las miradas más profundas que haya visto— ¿Sakura crees en la magia?

Fue como si de pronto, la música hubiera cambiado abruptamente, igual que alguien que te despierta de un sueño sacudiéndote desesperadamente. Tuvo que pasar un largo minuto para que Sakura asimilara que en efecto, había escuchado bien.

—¿Magia? Yo no… No sé que decir.

—Me lo imaginé—sonrió comprensivamente—, entonces Sakura, creo que tendré que mostrarte algo.

Acto seguido, sacó un abanico extraño.


—La fiesta es allá abajo.

Syaoran no volteó, esa voz y el tono de burla eran inconfundibles.

—Hola Meilin—el castaño miraba los distantes rascacielos en silencio.

—Siempre que necesitabas pensar, venías a esta biblioteca, —su prima tomó haciendo frente al escritorio de cedro, observando a su primo detenidamente— ¿recuerdas que solías guardar tus libros favoritos en el estante del fondo?

—¿Dónde está mi madre? —preguntó él, ignorando su comentario.

—Está hablando con Sakura, bueno, con la futura señora Li. Él soltó un bufido sarcástico.

—Así que así se llama... Sinceramente Meilin, no creo que acepte, ni tampoco estoy seguro de que sea la indicada para acompañarme.

—Tú mejor que nadie sabe que eso no está en nuestras manos, por eso se hace el ritual y punto. Desde que naciste esto estaba planeado, aunque claro, no creí que tuvieras tanta suerte.

Li se sentó frente a ella, con la ceja arqueada, preso de una incipiente curiosidad.

—¿Suerte?

—De que el destino te haya escogido alguien tan especial—la sonrisa de Meilin le pareció indescifrable—, estoy aquí para advertírtelo, no te voy a perdonar si la haces llorar.

—No tengo porque hacerlo, obviamente no estoy en contra de ella. Pero entiéndeme, tú mejor que nadie sabes el destino que me espera, la responsabilidad que tengo sobre mis hombros.

—Claro que lo sé, yo también soy una Li, ¿lo recuerdas? Se supone que ella fue elegida por fuerzas superiores porque es la indicada, y sabes que las casualidades están lejos de ser la realidad. No lo cuestiones Syaoran, vive con ello.

—Entiendo eso Meilin —el se inclinó sobre el escritorio—, pero ¿tienes idea de cuánto he entrenado para esto?, ¿cuánto sacrifiqué? Perdí la cuenta de todas esas invitaciones tuyas a fiestas que rechacé y no me quejo por ello, tomé un camino y acepto las consecuencias porque comprendí que esto es más grande que mi misma existencia. ¡Ahora me pides que sin más acepte a una completa extraña que no tiene ni idea de dónde se está metiendo! Estás muy equivocada si crees que me opongo porque no tenga magia, es una chica normal y se lo celebro, me opongo por todos los riesgos que tomará a mi lado, ¡lo que cuesta ser mi esposa! Las demás mujeres que asistieron a la celebración lo sabían, pero ella no.

Meilin se levantó, y dejó caer sonoramente sus palmas sobre el escritorio.

—¡Sakura es mi amiga Syaoran! Es especial para mí, me preocupo por ella al igual que lo hago por ti, obviamente tengo un millón de peros que poner pero también sé —quedó callada, solo para posar su mirada determinante sobre él—, que no hay nadie en este mundo que la cuidaría como tú… No la van a obligar, puede decir que no y por supuesto mi tía es incapaz de forzarla; pero si decide ayudarnos, si comprende la importancia de todo, quiero que la cuides. Ese es el favor más grande que te pediré alguna vez.

La mujer extendió su mano, y aún con todas sus oposiciones, Li jamás se negaría a hacer algo por Meilin, su única confidente. Se estrecharon la mano, haciendo que la tensión de pronto se esfumara y la mujer china volviera a sonreír.

—Ella es la elegida, lo sé—Meilin sonrió.


¿Qué acababa de ver?

La sensación revoloteaba por todo su pecho, era como descubrir un mundo nuevo luego de abrir una misteriosa puerta, y que de pronto, todas las posibilidades se expandieran de manera infinita. La señora Li hizo un despliegue de poder embriagante a los sentidos; el fuego, el viento, el agua, manipulaba todos los elementos a placer sin siquiera inmutarse.

Sakura era una maraña de sensaciones, tuvo miedo pero también curiosidad, quiso correr pero al mismo tiempo necesitaba ver más y le sorprendió la forma en que su mente parecía querer ceder

para aceptar cosas que antes le hubieran parecido imposibles. Yelan Li estaba calmada, dándole el tiempo necesario para que pudiera procesar todo.

—Sakura —la llamó con voz suave, que casi parecía acariciar sus labios al salir—, todas las maravillas que acabas de presenciar, son dones que han estado en mi familia durante siglos. No todos en la misma medida claro, ha habido ancestros más poderosos que otros, pero entre ellos hubo uno muy especial.

Le sirvió una nueva taza de té..

—Su nombre era Clow Reed. La leyenda dice, que él fue el mago más poderoso de todos los tiempos.

—¿Él hacía lo que usted?

—Lo que hice hoy es poco en comparación de todo lo que era capaz de hacer, no por nada lo nombraron el mago más poderoso de todos los tiempos... La cuestión Sakura, es que se dice que él dejó un libro muy especial y ese libro tiene un inmenso poder. Como sus descendientes nuestro deber era cuidarlo, pero estuvo perdido durante muchos siglos e intentamos buscarlo sin éxito, hasta que apareció la profecía…

—¿Profecía?

—Sí, decía que un descendiente sería elegido para la difícil misión de recuperarlo y sólo a él se le mostrará el camino, pero antes de partir, él destino debía elegirle una compañera, porque solo ambos en unión podían conseguirlo. De no hacerlo, un gran mal se cerniría sobre este mundo y nada podría detenerlo. Creo que está demás decir que el elegido fue mi hijo, y bueno, la elegida fuiste tú.

Se hizo el silencio, afuera había trazas del sonido de fiesta, que se escuchaba lejano a pesar de su cercanía. El corazón de Sakura se volvía a desbocar, retumbando en su pecho al grado de pensar que, inevitablemente, se notaría en la piel. Pensó muchas veces en su futuro, de niña cuando jugaba con Tomoyo, decían que ella sería la modelo y su mejor amiga la diseñadora, jugaban de manera inocente con miles de posibilidades, pero jamás, ni en sus sueños más locos, imaginó que el destino le pintaría semejante futuro. Se sintió como el mito de Atlas, con el peso del mundo ahora en sus hombros.

Lo más extraño es que no ponía en tela de juicio a la señora Li, era incapaz, sus palabras le sonaban tan sinceras que derrumbaban inmediatamente cualquier atisbo de duda.

—Yo no puedo obligarte, ni pretendo hacerlo. —continuó Yelan ante el silencio— Te pido tu ayuda, como si me hicieras un inmenso favor. Nosotros creemos en el equilibrio, lo que tu me des te será retribuido con algo del mismo valor. En pocas palabras, si nos ayudas, te ayudaré a conseguir el deseo que quieras; no me malinterpretes, no solo hablo de dinero aunque como la señora Li, tendrás acceso a todo esto —señaló al rededor—. Hablo de deseos más profundos, algo que anheles de verdad. Ya viste lo que somos capaces de hacer, ¿hay algo que desees con todo tu corazón?

Sakura experimentó una punzada constante, aquella pregunta le hizo conectar con recuerdos poco gratos pero, como si ella pudiera ver a través de su alma, atinó a descubrir que sí, ella tenía un deseo, algo que parecía imposible de cumplir pero que con ayuda de los Li, se encendía una esperanza, y esa posibilidad reconfortaba su corazón

—Sí, hay algo que puede hacer por mí —reveló.

La castaña se inclinó y delante de una hasta ahora extraña, desveló su más profundo deseo. Yelan Li se conmovió, removió sus sentimientos maternales inesperadamente.

—Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarte con eso, Sakura. —se levantó, posándose a su lado— cuando esto termine y el libro esté recuperado, tendrás la opción de terminar con esto.

—¿Terminar?—la castaña arqueó la ceja.

—Todos somos conscientes de que esta unión no está hecha por amor, y no voy a privarte ni a ti ni a mi hijo de esa posibilidad. Cuando todo termine, si es tu deseo, el matrimonio será anulado y los dos volverán a ser libres.

No le dijo más, la besó en la mejilla de la manera en que una madre lo haría y desapareció por la puerta. Mover memorias como esas le hacían desear que Tomoyo la reconfortara un momento.

La puerta volvió a abrirse inesperadamente, y quien apareció ahí la hizo temblar levemente.

La visión de su futuro esposo le quitó el aliento. Ahora fue consciente de lo atractivo que era, con sus llamativos ojos ámbares enmarcados por una quijada fuerte, y el aroma a su perfume con notas cítricas y amaderadas.

Se sentó frente a ella, mirándola con detenimiento.

—Soy Li Syaoran—le extendió la mano y ella le devolvió el gesto—, mi madre dijo que estabas dispuesta a ayudarnos.

Sakura tardó un poco en contestar, la presencia de él le quitaba el aliento.

—Sakura Kinomoto —dijo al fin—, sí, estoy dispuesta, ella me dijo lo importante que era.

—¿Estás consciente de los riesgos?—inquirió.

—Los imagino—su voz sonaba baja, la verdad no los había considerado a fondo, se estaba moviendo por sus emociones y más por la posibilidad de ver su deseo cumplido.

—Te seré sincero, yo no estoy seguro de la razón por la que el ritual te escogió a ti, ni siquiera sé si es buena idea. Pero el tiempo se nos viene encima así que…

Se levantó y extendió su mano hacia ella.

—Hagámoslo.

La mano de Li era cálida, firme y al mismo tiempo carecía de una suavidad reconfortante. La tomó sin titubear y lo siguió por los enigmáticos pasillos de la mansión Li, hacia un pequeño templo.

Cuando pensaba en su boda, siempre veía a Tomoyo y recientemente a Meilin como sus damas, se imaginaba algún paisaje natural de fondo y todos sus amigos reunidos para celebrarlo. A su futuro esposo mirándola entrar al lugar y lo que se sentiría.

Pero ahí no había nada de eso.

Tomoyo y Meilin estaban presentes, pero alejadas, mirando desde donde se les permitía. La amatista y ella se hablaron con la mirada, estaba desconcertada pero aliviada de verla de nuevo. Había varios hombres mayores, y la señora Li junto a un tipo que más bien parecía un abogado. Firmaron papeles, Li puso cuidadosamente el anillo en su mano y eso fue todo, igual aun trámite de rigor.

Estaba hecho, legalmente se convirtió en la señora Li.

—¿Por qué estás haciendo esto? —Tomoyo la abrazó, le habían dado algo de tiempo para que hablaran— Meilin me explicó algo pero, ¿no te parece demasiado apresurado?

—No sé que tanto te pueda decir, no por mí, por ellos. Hago esto por algo muy importante.

—Es que no entiendo, veníamos a una fiesta y de pronto resulta que te acabas de casar. ¿Qué cosa es eso? Ni siquiera lo conoces ni a esta gente, bueno al menos sé que Meilin es buena persona, pero eso no quita que esté preocupada por ti.

—Créeme, para mí también es nuevo todo esto y a veces ni siquiera estoy segura de entenderlo todo, pero tengo fe en que valdrá la pena.

—Pero, ¿Tú que ganas con todo esto?

Sakura tomó aire y agarró a Tomoyo por los hombros.

—A Touya.

La amatista no podía dar crédito a lo que escuchaba, como si le hubieran mencionado un fantasma.

—Sakura no… Mi madre en persona…

—Ellos son diferentes—se adelantó a decir—, tienen otras habilidades. No te pido que me comprendas solo apóyame como siempre lo has hecho.

Había atisbos de pequeñas lágrimas en el rostro de Tomoyo, abrazó a Sakura como si su vida dependiera de ello.

—Siempre estaré para ti, eres mi familia ¿lo sabes?

—Lo sé.

Le puso un teléfono celular en la mano, Sakura lo examinó arrugando la frente.

—Estaré disponible todo el día, todos los días. Llámame, no importa la hora y lugar, iré por ti si cambias de opinión o si me necesitas, ¿está claro?

Cuando al fin llegó a su nueva habitación, la invadió el vacío y al mismo tiempo se sintió ofuscada. En ese día, su vida había dado un giro inesperado pues todo lo que un día creyó que era verdad, acabó siendo derribado igual que un castillo de naipes. ¿De verdad había tomado la decisión correcta? En este instante no tenía caso arrepentirse. Así se decidió tomar un baño.

Siendo sinceros, cualquier suite de un hotel elegante palidecería ante ese cuarto, lujoso y al mismo tiempo cuidadosamente adornado en estilo oriental, incluso el baño, con una hermosa tina de mármol.

El agua caliente le trajo quietud y fue capaz de apaciguar el torrente de pensamientos por un rato, embriagada por el aroma de aguas perfumadas. Alzó su mano izquierda para ver su anillo. Era como de oro blanco con una esmeralda brillante en el centro, te podías perder mirándola resplandecer aún en la luz más tenue.

Al salir del baño se atavió en una pijama de seda que le había preparado para dormir. Estaba cansada, y justo cuando pensó que la quietud seguiría tocaron la puerta, tomándola por sorpresa.

—Adelante —dijo en voz alta, y por segunda vez en el día, perdió el aliento.

Serio como siempre, Li Syaoran entró en el cuarto, y causó un ataque de pánico silencioso en la castaña. No sabía que hacer exactamente, pero mientras intentaba rápidamente adivinar sus intenciones, cayó en cuenta de lo obvio.

Ahora era una mujer casada. Y ese era su esposo.


Halagada es decir poco, no saben lo feliz que me puso leer sus reviews, me animaron muchísimo a continuar, por eso es que hice el mayor esfuerzo posible por traerles lo más rápido este segundo capítulo. Como saben, su opinión es sumamente importante, me sirve de motivación por lo que resta decirles ¡Gracias! Un abrazo hasta donde se encuentren. Aiharak