Capítulo III: Indicios
Apenas unos cuantos rayos de luz se colaban entre la espesa maleza, pero eso no era un problema, sus ojos se adaptaron a la escasez de iluminación igual que un animal nocturno cazando su presa. Cuando se aseguró de estar lo suficientemente lejos, paró; las copas de los árboles habían cubierto por completo los rayos de la luna y la penumbra era capaz de quitarte el aliento, pero se sintió bien escapar del bullicio.
Se hincó, aspiró profundo hasta que sus fosas se llenaron del olor a hierba y tierra, mientras justo bajo sus pies, un círculo luminoso se materializó, con una suerte de símbolos extraños. Dentro, una silueta oscura se manifestó como si se tratara de un espejo, o el efecto que provoca mirar su reflejo en un lago calmo.
— Ya ha sido elegida— su voz rasposa rozó su garganta al salir.
— ¿A qué clan pertenece?— preguntaron del otro lado, con tono sombrío.
— A ninguno, es una chica común.
Un leve sonido rompió el silencio ligero, habían esbozado una sonrisa.
— Vaya… que interesante.
Quien yacía mirando el círculo ladeó instintivamente la cabeza.
— ¿A qué se refiere? Los planes…
— Siguen en pie.
Syaoran notó en ella una mirada extraña pero aun así dio un paso hacia adentro de la habitación, la cual tenía bastantes años sin visitar y cuyos detalles casi olvidaba.
— Supongo que te preguntas qué hago aquí— el joven chino paró a un lado de una mesita para el té y señaló una silla para indicarle que se sentara.
Perpleja, Sakura dudó un momento, esa sensación de estar en un sueño la asaltó de repente, sin embargo, aún aturdida aceptó la invitación silenciosa. Él traía consigo una bolsa mediana de cuero negro, la puso sobre la mesa y observó a la castaña con seriedad. Sakura se preguntó si su ahora "esposo" alguna vez sonreía.
El contenido de la bolsa era un extraño objeto, un tablero con símbolos chinos, además de una estrella de ocho puntas y otros elementos.
— Dame tu mano— pidió con firmeza y Sakura extendió la que ahora llevaba puesta el anillo de compromiso.
Syaoran cerró los ojos, apenas había notado que él tenía también puesto un anillo del mismo material que el de ella, solo que más grueso y propio de los modelos para hombres. No dijo nada, pero la tabla comenzó a brillar en el centro, una cálida luz rodeó sus manos unidas y Sakura pudo experimentar una sensación más que agradable, aunque al inicio quiso quitarla un tanto sorprendida, Syaoran no se lo permitió sujetándola con un poco más de fuerza. De la nada, la luz terminó.
— Es un hechizo simple— le soltó la mano y apuntó a su anillo— , con esto estaremos conectados, si alguno está en peligro el anillo nos lo hará saber.
— ¿Qué clase de peligros? — se atrevió a preguntar al fin.
— Lo que sea que nos espere en este viaje.
— ¿Vamos a ir a algún lado?
Se escuchó un suspiró fuerte.
— ¡Por supuesto que sí! ¿Acaso creías que nos quedaríamos cruzados de brazos?
Inmediatamente se arrepintió de hacer la pregunta, incomodándole la mordaz contestación de Li. Pareciendo notar eso, Syaoran se restregó los ojos y parte de las sienes.
— Mi madre dice que debo tenerte paciencia, que todo esto es nuevo para ti— habló, con un tono más bajo de lo habitual— pero si aceptaste este trato debes saber lo importante que es, hay demasiadas cosas en juego, no sólo tuyas y mías, prácticamente el mundo como lo conocemos está en nuestras manos.
— Sé que piensas que yo no comprendo eso, que desconozco todo su mundo y sus reglas, y debo decirte que tienes razón. — Sakura le clavó la mirada— Digo, ¡Hasta ayer creía que la magia era solo un show bien elaborado! Pero eso no significa que no esté comprometida a dar lo mejor de mí, es obvio que no lo hago gratis y al igual que tú, tengo cosas que perder y seres queridos a los cuales quiero proteger.
Parecía quieta, decidida, ciertamente Syaoran no se esperaba esa respuesta de quien había parecido como un animalillo asustado todo este tiempo, aunque ignoraba que el corazón de Sakura retumbaba con fuerza dentro de su pecho, pues ella rara vez actuaba de esa forma y ni siquiera supo de donde salió ese ímpetu repentino.
— Al menos entiendes algo—musitó el castaño mirando hacia la ventana.
Ella no le recriminó el comentario, se limitó a observar la tabla detenidamente.
—De verdad no crees que pueda ayudarte, ¿verdad?
Li la miró por el rabillo del ojo, con su rostro iluminado por algunos rayos de luna.
—Se lo dije a Meilin y te lo digo a ti, yo no tengo nada contra tuya, de verdad. No te conozco, así que como persona puedo dar una opinión de ti… Sinceramente sí, dudo que puedas ayudarme.
—Entonces por que se me eligió a mí.
Syaoran volvió a suspirar, encogiendo los hombros.
—Se supone que el ritual es para que fuerzas mayores a nosotros tomen esa decisión. Que debo de confiar porque supera mi entendimiento.
Ella sonrió y él arqueó la ceja ante ese gesto.
—Bueno, en ese caso, confía. A final de cuentas trabajaremos juntos ¿no? Tal vez ayudaría si me dices que tenemos que hacer.
Ciertamente ella tenía razón, a final de cuentas por mucho que él protestara las cosas estaban hechas. Debía admitir que, inconscientemente, siempre quiso hacer esta misión sólo.
— Se supone que cuando te eligiera,— hizo una mueca de desacuerdo al pronunciar las últimas palabras— se iba a revelar el camino a seguir. Así que imagino que en algún momento sabremos a donde ir.
— ¿Entonces no tienen idea?
— No— atajó, desviando la mirada— , pensaba que las respuestas vendrían contigo, pero es eso cuestionable, claro está.
Tuvo el impulso de poner los ojos en blanco, pero no lo hizo, discutir no era su fuerte y estaba demasiado cansada, además de agobiada como para iniciar una lucha que sabía que perdería, así que calló, preocupada porque la situación se complicaba.
— Creo que lo mejor será dormir— dijo Syaoran levantándose de la mesa y se dirigió al gran closet de la habitación, dónde sacó una almohada junto a un par de sábanas.
Sakura lo miró incrédula, y él emitió una sonido gutural, parecido a un gruñido
— Tú y yo vamos a viajar mucho —dijo mientras acomodaba todos los enseres en el sofá, intentando hacer más cómodo aquel mueble— , debemos guardar las apariencias para no levantar sospechas, y es obvio que los esposos no duermen en habitaciones separadas.
— Dudo que a alguien le importe eso— replicó Sakura.
— Entre menos llamemos la atención, mejor será —Li se acomodó como pudo.
Sakura sintió que le punzaba el estómago, se paró intrigada, a cada minuto que pasaba su voluntad comenzaba flaquear, con su mente gritándole a ratos que saliera de ahí y dejara todo este disparate. Se paró para dirigirse a la cama y hacer lo mismo que él, darse la espalda para hacer más fácil el ignorarse. Por alguna razón tenía unas tremendas ganas de llorar, pero no lo hizo, no le daría el gusto porque la ayuda que Yelan Li le había prometido, era lo más invaluable que tenía ahora, la roca que la mantenía en el piso.
Tomoyo esperó paciente en el teléfono, sus ojos amatistas revisaban unas anotaciones hechas en una agenda color morado.
—Diga —contestaron al otro lado de la línea, con voz tranquila.
—Soy Tomoyo—dijo, sonriendo.
—¡Ah! ¿Cómo estás? ¿Aún siguen en China? —la persona del otro lado de la línea pareció animarse.
—Sí, aún estamos aquí —Tomoyo guardó silencio unos largos segundos, hasta que pudo ordenar sus pensamientos—, necesito tu ayuda, ya sabes, con toda la discreción de siempre.
La persona con la que conversaba enmudeció, en un silencio desconcertante que se prolongó hasta que pudo hablar de nuevo.
—¿Está todo bien?
—La verdad no lo sé, pero es urgente.
—¿Sakura está en problemas?
Tomoyo torció la comisura derecha de sus labios — Eso es lo que intento averiguar.
Se levantó, caminando hacia la ventada mientras veía la estampa nocturna de Hong Kong.
—Mira no puedo decirte mucho por ahora, traté de comportarme tranquila con ella para no alarmarla, pero tengo el presentimiento de que algo no anda bien.
— Pues, tú siempre has sido bastante observadora, confío en tu jucio. Ya sabes —se escuchó como su tono se volvió serio—, cuentan conmigo. ¿Qué puedo hacer?
—Lo habitual, investigar. Necesito todo lo que puedas averiguar de la familia Li, de Hong Kong.
—Comprendo, aunque son famosos me tomará tiempo hacerlo.
—Solo procura no tardar demasiado —pidió Tomoyo—, lo que cueste, ya lo sabes. Estamos en contacto.
Colgó. Tal vez Sakura creía que ella la iba a dejar meterse en este disparate sola, pero no podía estar más equivocada.
Sakura se sintió ligera.
Hacía algo de frío, pero caminaba con ánimo hacia ese lugar. Escuchaba la risa de Tomoyo justo a su lado, junto a otras amigas que decían cosas que no lograba entender. Avanzaban por una calle estrecha llena de casas alrededor, y la imponente vista de montañas justo al final. Aquello le parecía tan familiar, como si se hubiera metido a un recuerdo; sin embargo, sus amigas desaparecieron instantáneamente. Confundida, se dio cuenta que estaba en la entrada de algo, de un bosque rodeado por una muralla grisácea.
—Ven.
Una voz distante salía de entre la vegetación, Sakura no veía nada, pero estaba segura de la dirección de donde provenía aquel sonido.
—Estoy aquí.
Hablaron de nuevo. Esa voz sonaba igual que un eco, como si solo estuviera en su mente y, a decir verdad, en otras circunstancias habría salido de ahí despavorida, pero en esta ocasión le era imposible sentir miedo. Entró ahí, siguiendo un camino de piedra rodeado de exuberantes árboles y hermosa vegetación con tonos otoñales. La voz sonaba cada vez más cerca, hasta que llegó a una especie de mirador con vista a un hermoso lago. Había una luz ahí, a la cual se vio atraída igual que un insecto que ve algo resplandeciente, caminando casi empujada por una fuerza inexplicable. Esa luz se intensificó al grado de tomar una forma, parecía que algo se materializaba poco a poco.
Inesperadamente, una ventisca potente vino de ahí, impactándola y provocando que saliera volando por los aires. Fueron instantes tan rápidos, que no distinguió cuando un grito ahogado surgió de su boca justo antes de que se impactara contra el piso.
Sakura se levantó, estaba empapada en sudor en una habitación que le pareció extraña al principio, hasta que se dio cuenta de dónde estaba. Se apresuró a buscar el celular que Tomoyo le había dado, y acceder a su cuenta de redes sociales para buscar entre las fotos. Sabía que ese lugar le era conocido, había estado ahí antes.
Mientras buscaba desesperada, alguien se incorporó rápidamente. Ella casi cae de la cama pero, recordó que ahora no dormía sola. Un desconcertado Li la observaba con los ojos entrecerrados, como si quisiera acostumbrarse a la penumbra.
—¡¿Qué pasa?! — le preguntó casi como un regaño — ¡¿Por qué gritas?!
Los ojos se Sakura se abrieron, la foto que veía en la pantalla era del año pasado, en un viaje de otoño de la Universidad.
— ¿Me escuchaste? —Syaoran se le acercó, parado junto a ella.
—T-tuve un sueño —titubeó—, algo me estaba llamando.
—¿Qué? ¿Qué te llamaba?
—No lo sé —musitó la castaña—, era como una fuerza inexplicable, luego me lanzó por los aires.
—Es solo una pesadilla, vuelve a dormir.
—No, no era pesadilla, no sentía miedo. Algo me estaba llamando. —insistió la castaña, a Li comenzaba a llamarle la atención su actitud convencida. Pensaba si era posible que… Tal vez.
—¿ A dónde te llamaba?
Rápidamente, la castaña le mostró la pantalla del celular. Él arrugó los ojos debido al brillo, pero distinguió la foto de unas mujeres en alguna especie de jardín.
—A Kioto.
Inesperadamente, una luz se encendió. Ambos castaños quedaron desconcertados cuando el rashinban se iluminó de repente en el centro del tablero. Confuso, Li avanzó hasta que vio a una pequeña esfera de color distinto apuntar hacia lo que parecía el oeste. Volvió la mirada a Sakura quien estaba realmente intrigada.
El camino después de todo, había sido mostrado.
¡Hola! Ya sé, tardé una eternidad, pero el trabajo se me juntó terriblemente, y cuando me daba un espacio para escribir, terminaba borrando todo. Espero que este capítulo les haya gustado, aún hay mucho por descubrir. Me encanta leer sus opiniones y espero seguirlo haciendo. Un fuerte abrazo de donde quiera que me lean.
