En el piso
La cortina de bambú se abrió con tal fuerza que casi se despega del marco, pero aquello no le importó a ninguno de los presentes. El sonido de tela removiéndose y los suaves jadeos comenzaron a inundar el ambiente hasta crear una atmósfera de deliciosa tensión sexual.
—Sácate todo...
—Ya voy.
—Ya. Sácate todo ya —ordenó en medio del beso.
Era difícil desvestirse sin apartarse del cuerpo del otro, pero tampoco estaban dispuestos a cortar el apasionado beso solo para poder desanudar el hakama de su pareja. Kagome caminaba hacia atrás mientras Inuyasha marcaba la dominancia del beso que parecía una batalla entre las lenguas que se rozaban con insistencia. La sacerdotisa mantenía a su amado sujeto firmemente por el cuello a la vez que ladeaba sutilmente el rostro con la intensión de hacer aún más profunda y húmeda aquella caricia íntima. Kagome dio un mal paso hacia atrás y terminó cayendo junto con su esposo al suelo, la espalda femenina chocó contra la madera de la cabaña y ambos cruzaron miradas por un segundo antes de reír levemente.
—Estás muy necesitada.
—No soy la única...
Sintió la creciente erección presionarse contra su pelvis y jadeó de puro gusto. Sí, ambos ansiaban la unión, necesitaban sentirse uno. Necesitaban... Tener sexo. Que Buda los perdonara por ceder con tanta facilidad a los deseos carnales, pero cuando el cuerpo lo pide es imposible negarse. Especialmente si se tenía a un amante tan fogoso y bien desempeñado como su esposo.
Inuyasha finalmente logró deshacerse de su haori y kosode, quedando con el torso al descubierto. ¡Dios! Necesitaba deshacerse de esa estorbosa tela, en serio comenzaba a tener calor. Miró el cuerpo de la mujer debajo suyo y pensó que, ante aquella visión, era imposible que la temperatura no aumentara. La azabache logró entreabrir su kosode casi al mismo tiempo que el albino y volvieron a fundirse en un enardecido beso que parecía quitarles el aliento al mismo tiempo que aumentaban sus ansias del cuerpo del otro. Sus sexos se rozaban continuamente haciendo que su propio hakama comenzara a sentirse más mojado a cada segundo que pasaba. Desearía tenerlo dentro en ese mismo instante, ¡lo necesitaba!
La mano masculina bajó hasta su intimidad para estimular y comprobar la humedad. Pronto estaría lista... Muy pronto. Sus pezones se endurecieron al sentir el frío de la habitación e Inuyasha no desaprovechó la situación. Rápidamente introdujo el rosado pezón en su boca y lo succionó con insistencia. En ese momento los sentidos de Kagome se hallaban en la cúspide del placer. Nada podría ser más placentero... Excepto, tal vez, tenerlo dentro suyo mientras la tomaba con fuerza y brutalidad. Intentó incorporarse, pero el fornido cuerpo de su esposo no se lo permitió.
—Quédate quieta —ordenó.
—Vamos a la cama.
Se estiró para tomar las vestimentas superiores de Inuyasha, sin embargo, él se apresuró a tomar la prenda más cercana y la extendió en el suelo. Levantó el cuerpo de la sacerdotisa sin esfuerzo y la depositó sobre la tela, haciendo que se generara un fabuloso contraste entre sus oscuros cabellos y el haori rojo que la protegía del frío de la madera. Su erección comenzaba a doler, debían apresurarse.
—No. Hoy lo haremos aquí.
—Pero...
—No aguanto más —presionó su pelvis contra las caderas femeninas y Kagome se sonrojó levemente al sentirlo. Definitivamente no aguantaría mucho.
Abrió sus piernas para él y se quitó el hakama lo antes posible ante la atenta mirada del albino. No había tiempo de quitarse el kosode para quedar totalmente desnuda, así como Inuyasha no tenía tiempo de quitarse los pantalones. Su esposo entreabrió su propio hakama lo suficiente como para efectuar el acto y se apresuró a encontrarse con su mujer en un apasionado beso que logró desatar sus instintos más bajos y primitivos.
Normalmente se tomarían las cosas con más calma. Se besarían hasta el hartazgo y se desvestirían lentamente mientras repartían caricias en el cuerpo del otro... Pero hoy no. Hoy era una noche para dejar que la lujuria y la pasión hablaran por sí mismos mientras intentaban saciarse. Haberse separado durante diez días debido al trabajo de Inuyasha y, para colmo, no haber tenido sexo antes de partir —gracias al inoportuno período de Kagome— era lo que había generado que las hormonas se agolparan en ambos hasta explotar en aquel frenesí de gemidos y jadeos.
Había ocasiones donde el amor y el desenfreno los agarraba con tal intensidad que ni siquiera lograban llegar a la cama para tener sexo. Esos días no quedaba más remedio que hacer el amor... En el piso.
FIN
¡Holaaa! Gracias por sus comentarios y por las dos nuevas lectoras :D —Aunque a Serena ya la recordaba ¡Hola de nuevo! Jajaja.
Me siento feliz de poder relacionarme con ustedes día a día uwu ¿Será que este drabble merece otro comentario? Ya veremos, dijo el ciego jsjs
PD: A la chica que me mandó mensaje por el Kinktober2020 ya le respondí. Revisá tu casilla, linda c:
¡Besotes enormes y nos vemos mañana a la misma hora!
29.9.20
