Pareja: Sohma Kyo x Honda Tohru

Edad: 18 años


La primera vez….

De un beso Francés.

– ¡Kyon-Kyon, debes prestar atención! Es importante.

Giro su cabeza en sentido contrario, mientras fruncía notoriamente el ceño. De algún modo se las apaño para ocultar un sonrojo que comenzaba a colarse por sus mejillas. Hiroshi continuaba hablando y hablando aun cuando el fingía que no escuchaba.

Se encontraban dentro de las instalaciones del Instituto y era el receso del almuerzo; por lo que tendría que escucharlos a ellos y sus payasadas por algo más de 45 minutos. Soltó un gruñido y decidió concentrarse en el bento cuidadosamente preparado por su chica.

Estaba lleno de cosas que le gustaban.

Estuvo tentado a sonreír estúpidamente.

– Es cierto – consintió Yusuke. – Kyon-Kyon es del tipo inocente, por lo que no queremos que pases algún momento vergonzoso con Honda- san.

Lo dijo con una sonrisa radiante. Probablemente si otra persona hubiese visto su expresión pensaría que el muchacho castaño lo estaba aconsejando seriamente. Pero lo conocía bien. A los dos.

Como siempre, solo buscaban burlarse de él y su relación. Principalmente de él.

– No necesito sus consejos –zanjo, intentando dar por terminado el tema.

A ratos se olvidaba lo molestos que podían ser ese par.

– ¡Vamos, Kyon- Kyon! Debes escuchar.

– O es que acaso, ¿No te gustaría hacer ese tipo de cosas con Honda-san?

El onigiri se detuvo en medio del camino hacia su boca. Se congelo.

–Oh – Hiroshi sonrió maliciosamente – ¿Estas interesado… Kyo-kun?

¡Sí!

– ¡No!

Ambos chicos lo rodearon en un abrazo amistoso mientras reían estúpidamente. Burlándose a costa de él y el hecho de que aún era nuevo en esto de las relaciones. Se zafo de ambos, frunciendo más el ceño.

– No me interesan esas cosas.

Aunque el rostro a punto de explotar no ayudaba. Desde hace un tiempo, solo besarla ya no era suficiente. Sin comprender bien, algo dentro de él le decía que necesitaba mucho, mucho más de ella y Tohru no ayudaba. Cada vez se volvía más bella a sus ojos, más… mujer. Y eso era peligroso.

Muy peligroso.

– Escucha, Kyon-Kyon – continuo el chico de cabello negro, ignorando como siempre sus palabras – Como te explicaba…

Demonios. No se habían rendido.

–…es importante que sepas como besar a tu novia.

Su cara probablemente demostró lo que estaba pensando.

– ¿Que les hace pensar que no sécómo besar a mi novia?

Esto último lo dijo casi engreído.

Recordó el rostro sonrojado de la chica y los suaves suspiros que escapaban de ella cada vez que juntaban sus labios. Por supuesto que sabía cómo besar.

Ante esto, ambos hicieron un gesto de negación con sus manos.

–Nuestro Kyon-Kyon es una doncella. –murmuro el castaño, cubriendo su boca para reír como una chica.

– No es ese tipo de besos, Kyon- Kyon.

– Ya.

– Es el otro tipo de besos – continúo Hiroshi notando su expresión perdida. Su boca se expandió en lo que parecía ser una sonrisa burlona – Es lo que llaman un beso… francés.

– ¡Kya! ¡Kya! ¡Lo dijo! – chillo, Yusuke. Junto sus manos en un puño y comenzó a moverse imitando a lo que parecía ser una mujer avergonzada.

¿Un beso… francés?

La última palabra resonó como un eco dentro de sus oídos. Aunque deseo fuertemente no haberla escuchado, aun así… lo hizo.

¿No era acaso ese tipo de besos en donde ambos juntaban sus… sus…? En dónde se realizaba un intercambio constante de saliva, y en donde él tenía que meter su propia….

Diablos.

Como era de esperarse, el retrato de la castaña llego a su cabeza. En una erotizada imagen en donde la muchacha lo miraba con ojos llorosos, los labios semi abiertos y su respiración peligrosamente agitada.

Entonces fue automático.

Súbitamente aumento el calor de sus mejillas y ahora quiso huir. Se puso en pie tan rápido que por un instante sintió un mareo, pero eso no era lo importante. Claro que no. Ahora lo que debía de hacer era desaparecer. Lo más pronto posible de ese lugar.

Ante esto, tanto el pelinegro como el castaño sonrieron satisfechos con sus reacciones, cruzándose de brazos. Era increíble ver cómo eran capaces de hacer y decir las mismas estupideces con ese nivel de sincronía.

– No lo has hecho todavía, ¿verdad?

¡No!

– ¡Eso no es de su incumbencia! – grito, más fuerte de lo que quisiera. Termino por recoger sus cosas y decidió que era momento de marcharse. Ya era suficiente. Su cara debía verse ridícula en la forma que estaba hiperventilando.

A lo lejos escucho como le gritaban que se detuviera, pero ya no quería seguir escuchando.

– ¡Ah, no huyas Kyon-Kyon!

– ¡Es por tu propio bien!

Hizo su mejor esfuerzo por ignorarlos completamente.

Horas más tarde ya era momento de marcharse a casa y ahora él se encontraba en el salón de clases esperando que la chica terminara de entregar sus deberes en la sala de profesores. Afuera, el cielo ya se encontraba anaranjado y casi nadie quedaba dentro de las instalaciones.

Se apoyó en el escritorio de su novia, notando las cosas de Tohru aun sobre este. Por lo que se dispuso a guardarlas dentro del maletín, mientras esperaba su regreso. Soltó un suspiro un tanto irritado. Y es que por más que quisiera no pensar en ello, la conversación anterior no le dejaba de dar vueltas.

No es que quisiera hacerlo, por supuesto.

Aun cuando el par de idiotas lo llamaran inocente, y se burlaran de él, realmente respetaba a su chica. Hacer ese tipo de cosas… pervertidas, no le sabían bien. Principalmente por que Tohru era en verdad pura. Sentía que de algún modo la estaba ensuciando con sus pensamientos de adolescente promedio. Y eso lo hacía sentir horrible.

Ella era una mujer que debía proteger, cuidar.

No lo has hecho todavía, ¿verdad?

Trago.

Pero también… en algún lugar escondido en su mente, muy, muy en el fondo, estaba comenzando a asustarse de sí mismo. Tenía que admitir que el deseo también empezaba a formar parte de sus sentimientos. Las mañanas comenzaban a hacerse una tortura cada vez que despertaba, y aun cuando hacia esfuerzos por concentrar toda su energía en el Karate, cada vez que la tenía cerca quería tocarla un poco más.

Cada vez más.

Y eso era en cierta forma atemorizante.

¿Se convertiría en un tipo igual de pervertido que los demás?

– ¡Kyo-kun!

La voz alegre de la muchacha lo saco de sus pensamientos. Ella corrió hasta su lugar, sujetándolo de sus manos y regalándole una tierna sonrisa. Hasta pareció hacer un pequeño saltito de alegría.

Demonios. Era tan adorable.

Sostuvo sus manos, sonriendo.

– ¿Terminaste?

– ¡Sí! Solo me quedan los exámenes recuperativos y estaría al día. ¡Ah! –noto su maletín sobre el escritorio, y el hecho de que él había guardado todas sus cosas – ¿Lo guardaste por mí? – Asintió – ¡Muchas gracias!

La sonrisa que le regalaba todos los días era preciosa.

Sintiéndose derretir, llevo su mano hasta el rostro femenino, acariciando sobre la piel. Ella se sonrojo dulcemente, mirándolo con los ojos brillantes. Agradecida por sus mimos. Poso su mano sobre la de él, que continuaba acariciando su mejilla, y soltó un suspiro de felicidad.

O es que acaso, ¿No te gustaría hacer ese tipo de cosas con Honda-san?

Si, demonios. Eso y mucho más.

Su dedo dibujo un trazo lento, muy lento, hasta llegar a sus labios y por inercia lamio los propios. Se inclinó posando su frente contra la contraria, sintiendo el aliento femenino rozar su rostro.

– Quiero besarte, Tohru – confeso.

Ella parpadeo, primero avergonzada, pero termino afirmando. Cerró los ojos y se alzó sobre sus pies esperando pacientemente a que llegue el roce.

Sin embargo, este no llego.

Confusa, abrió los ojos

– ¿Kyo…-kun?

Él estaba sonrojado. Pero por razones diferentes. Se llevó una mano hacia su propio rostro, cerrándola en un puño y cubrió sus ojos, mientras que con la otra sostenía el pequeño hombro.

– Lo siento Tohru – susurro. Quería a toda costa evitar la sensación que estaba fluyendo dentro de su cuerpo. Pero ya no podía.

Maldición.

– Quiero besarte –La voz se le hizo un poco más grave, más ronca. Y eso lo avergonzó aún más – Realmente quiero hacerlo, pero….

Trago. Lentamente fue liberando la presión en su mano, hasta que el semblante contrario se iba revelando poco a poco. La vio ahí, preciosa, sonrojada, expectante. Eso le dio un poco de valor, y continuo hablando.

– Si te beso, querré hacer otras cosas también.

Al terminar de pronunciar sus palabras, y percatándose de la mirada de la chica, se avergonzó a tal punto que tuvo que cubrir su cara con ambas manos, maldiciéndose repetidas veces. Demonios. En este minuto se odiaba a él y a sus hormonas.

Realmente era un maldito pervertido.

– ¡Pero no lo hare! – exclamo, volviendo a verla, entrando en pánico. No quería asustarla – ¡Puedo controlarme! ¡De verdad! Es decir, tendría que alejarme un poco, pero…

No pudo terminar la oración. Los labios femeninos lo interrumpieron.

No se había percatado de su cercanía hasta que había sucedido. Para su sorpresa, ella se había alzado sobre sus pies, y usando su pecho como sujeción, lo estaba besando. Era un beso tembloroso, pero se notaba que estaba haciendo su mayor esfuerzo.

Segundos después se separó, y escondió el rostro en su pecho en un cálido abrazo.

– Está bien. – susurro, tan despacio que creyó no haber escuchado. – Continua, por favor. Si es Kyo-kun… está bien.

Nunca una oración lo había dejado tan desarmado.

¿Le estaba permitiendo….?

Tenía que asegurarse.

Con su dedo índice rozo suavemente su cara, esperando hasta que ella se separara de su cuerpo. Cuando lo hizo, la miro directo a los ojos.

– ¿Estas segura?

La afirmación y un tímido "si" se perdieron rápidamente.

No pudo esperar más.

Se inclinó, sujetándola de sus cabellos y por primera vez la beso, con toda el hambre que sentía. Ella se estremeció y tuvo que afirmarse de sus hombros para que no cedieran sus rodillas. Con su mano libre la sostuvo del mentón, profundizando el contacto.

Necesitaba más de ella.

Se apartó solo unos instantes y susurro sobre su boca, en un tono ronco. Más necesitado de lo que esperaba.

– Separa más tus labios.

A lo que ella accedió.

Lentamente, casi torturándolo, comenzó a abrir más su boca y el cálido aliento se mezcló con el suyo. Guiado por la curiosidad, saco su lengua, introduciéndola en la boca contraria.

Y desde ese punto, su sentido común se desvaneció por completo.

Sin percatarse estaba hundiéndose dentro de su boca. Encontró su lengua y comenzó a acariciarla paulatinamente. En movimientos ondeantes, buscando algo dentro de ella que ni siquiera sabía bien que era. La humedad, el calor, la suavidad. Todo. Todo era maravilloso.

Quería más.

Bajo una de sus manos hasta su cintura y la apego más contra sí. El calor de su cuerpo comenzó a traspasar su ropa, aumentando la sensación de vértigo.

Estuvieron largo rato de esta forma.

Hasta que eventualmente Tohru comenzó a removerse, obligándolo a separarse de ella, seguramente bajo la necesidad de una pausa para respirar. Pero la mirada que le otorgó, sencillamente destruyo todo su juicio.

Tenía los ojos brillantes, entrecerrados. Su boca estaba sonrosada, y en la comisura de su labio se escapa un pequeño hilo de saliva. Jadeaba suavemente. Era una expresión demasiado estimulante. Pero también novedosa…. nunca imagino verla de esa forma.

–Tohru…

Era preciosa.

Realmente preciosa.

Cuál fue su sorpresa cuando en medio de sus intenciones de volver a besarla, ella fue la primera que capturo sus labios. Con la misma intensidad. Se colgó de su cuello, apegando su cuerpo al contrario, y abrió su boca en una clara invitación.

Por supuesto, él acató.

Introdujo nuevamente su lengua y desde ahí ya no fue más consciente de su alrededor. Todo se centró en ella y sus besos. Hubiese querido decirle al par de idiotas que no necesitaba de ellos ni sus estúpidos consejos, que él prefería descubrir estas cosas a su ritmo.

Y por lo demás, ver a su novia en esta faceta era francamente… estimulante.

Quería continuar viendo más de ella en el futuro.

Próximo: De un accidente


Espero les haya gustado! :)