Bosque
Las filosas garras recorrieron los lados de su cadera dejando marcas rojizas en su blanquecina piel que se erizaba ante la peligrosa caricia de su amante. Se abrazó al árbol frente a ella intentando no caerse, sus piernas en ese momento se sentían tan débiles que parecían hechas de papel y que se vendrían abajo en cualquier momento. No la sostendrían por mucho tiempo. Los gruñidos en su oreja le indicaban el nivel de excitación de su acompañante, así como lo peligroso que sería negarse a satisfacerlo en ese momento. Aunque, a decir verdad, no tenía la más mínima intención de negarse. Sus caderas fueron jaladas con fuerza hacia atrás y jadeó al sentir que perdía el equilibrio.
—Con cuidado, Inuyasha —pidió, pero solo recibió un gruñido gutural en respuesta.
Sintió un peso extra en su espalda. Su marido acababa de recargarse en su espalda para tener un mejor apoyo y con su pie la instaba a abrir las piernas para él. Obedeciendo al deseo que comenzaba a sentir separó lentamente sus piernas y acercó más sus caderas a la pelvis masculina. Su seno derecho fue estrujado con rudeza en compensación y jadeó en una mezcla extraña entre el placer y el dolor.
Desvió su mirada a la espada oxidada que descansaba en el césped a algunos metros de distancia. Inmediatamente unos ojos rojos y sanguinarios la miraron con reprobación. Su esposo tomó bruscamente su mentón y la obligó a besarlo aún de espaldas a él. El beso rudo y áspero había logrado sorprenderla. Uno de los afilados colmillos del albino perforó su labio superior haciendo que un hilillo se sangre se deslizara por su comisura, añadiéndole al beso un sabor ligeramente metálico.
—Quieta —advirtió en un gruñido mientras trataba de adentrarse lo antes posible en su compañera.
Sus instintos la llamaban, su sangre pura y espesa clamaba por el alivio que solo su hembra podría brindarle. El demonio en su interior había salido a flote y no volvería a mantenerlo bajo control hasta saciarse de ella. Hasta poseerla salvajemente y llenar su interior con su esencia, aquella que reafirmaba su vínculo como compañeros y amantes. Movió sus caderas hacia adelante con impaciencia y se adentró en la sacerdotisa de una sola estocada hasta la base sin ser del todo gentil, pero tampoco llegando a dañarla.
Kagome deslizó las yemas de los dedos por la corteza mojada del viejo árbol mientras suspiraba sonoramente al ser llenada por su esposo. Sentía la carne dura, cálida y palpitante abriéndose paso en su húmedo interior. El hombre tras ella gruñó roncamente al sentirse bienvenido dentro de su hembra. Su olor, embriagante y sugerente, le indicaba lo ansiosa que estaba por aparearse con él. Por ser tomada por él, por su bestia interior. Se acercó a la oreja femenina y dio un pequeño embiste a la vez que exhalaba en su oído.
—Ahora sabrás... Lo que es ser tomada por un verdadero demonio.
Inmediatamente comenzaron las brutales arremetidas contra su cadera que difícilmente lograría aguantar si mantenía un ritmo tan rudo como ese. Pero a Kagome eso no le importaba. No le importaba que su carne se desgarrara o que sus huesos se hicieran añicos, siempre y cuando pudiese seguir gozando de aquel tormentoso placer que solo su esposo era capaz de brindarle. La azabache tomaba aire con desesperación y lo exhalaba con esfuerzo mientras luchaba por mantenerse en pie a la vez que era tomada por el demonio tras ella. Gemía con tal placer que estaba segura de que su garganta quedaría dañada al día siguiente.
Los gruñidos a su espalda comenzaban a adquirir tonalidades cada vez más graves y sonoras. Sabía que ese sonido espantaría a cualquier humano o animal cercano, pero no a ella. A Kagome eso no le preocupaba en lo más mínimo, pues era una prueba del estado demencial de placer y pasión que estaba experimentando su amado Inuyasha.
Su centro se contraía dolorosamente ante cada nueva estocada y los embistes adquirían cada vez más fuerza. Sentía ganas de desplomarse en el césped mientras la lluvia terminaba de empaparlos y era poseída salvajemente por el albino a su espalda. Quería tirarse al suelo del bosque y limitarse a disfrutar de las placenteras sensaciones mientras se abandonaba a la pasión del momento y gemía sonoramente entre los brazos de su amado.
Sus piernas comenzaron a temblar producto de la excitación y el viento helado de la lluvia. Sus fuerzas flaqueaban y, como si hubieran leído sus pensamientos, su marido se apresuró a depositarla en el suelo resbaladizo del lugar, dejándola de cara al suelo y nuevamente con las rodillas para soportar el peso de ambos. Suspiró, definitivamente mañana tendría las rodillas rojas y, probablemente, magulladas. Pero ese bendito placer lo valía.
Una mano provista de garras acarició con insistencia su centro mientras continuaba poseyéndola en esa nueva posición. Su sensible clítoris era azotado por agradables corrientes eléctricas que la obligaban a apretar los muslos y arrancar desesperadamente con sus manos el césped del lugar. Se sentía más lubricada, mejor atendida y acariciada. Las estocadas se percibían como más profundas, resbaladizas y mojadas. Haciendo de ese encuentro uno de los más eróticos que había compartido con Inuyasha hasta el momento.
Miró a su espalda y apreció el rostro de su esposo tanto como aquel ángulo se lo permitía. Las marcas moradas surcando las mejillas, los dientes afilados y largos siendo fuertemente apretados mientras liberaba salvajes gruñidos que solo lograban encenderla más, la mandíbula en tensión, el espeso flequillo que tapaba aquellos ojos inyectados en sangre y, en esta ocasión, también cargados de deseo puramente carnal.
Aunque la pelea de esa tarde fue interrumpida por una lluvia torrencial y una serie de descuidos que acabaron haciendo que Inuyasha perdiera la espada y cordura, reconocía que aquello había sido bueno. Pues tras derrotar a los enemigos Inuyasha no la había dejado tomar su espada para devolvérsela, bueno, más bien quería que tomara otro tipo de espada por el mango. Gimió extasiada al ser llenada por aquella esencia caliente y cremosa que anunciaba que Inuyasha, al fin, estaba satisfecho.
Dicen que con el demonio adecuado cualquier infierno es perfecto. Y Kagome no podría estar más de acuerdo.
FIN
Oookeeeey, es el primer drabble —en mi maldita vida— donde coloco a Inuyasha como demonio. En serio lo amo en esa forma, se me hace mucho más salvaje y fiero :o ¿Me quedó bien? Soy insegura ahre.
Bueeeno, con respecto a los reviews anteriores: Aparentemente no fui la única a la que le encantó y, para colmo, le sirvió a muchas como clase de educación sexual xD
No puedo creer cuántas Kagome tengo entre mis lectoras. Pillinas, ¿qué hacen leyendo esto? JAJAJAJAJA y sobre el "quiz", ¡SOY SANGO! Lo lamento, pero hablo de sexo hasta por los codos JAJAJAJA Las que más acertaron fueron mis amigas y las usuarias de fanfiction. Así que las chicas de Wattpad pierden esta ronda JAJAJA
Octubre está volviéndose el mes favorito de muchas, ¿no? Es perfecto para nosotras como escritoras, para ustedes como lectoras y, desde luego, ¡para Inuyasha y Kagome! Seguro van a tomarse unas vacaciones luego de tanta acción en octubre, ufff...
Gracias a todas las hermosas personitas que comentaron, respondieron la pregunta y esperan ansiosas la hora de actualización. Son lo mejor que me pudo pasar en la vida —después de mi hijo, obvio microbio jsjs—. ¡Las adoro!
Nos veremos mañana en... "Rusa" 7u7
2.10.20
