SHAME
—Debes juntar tus manos así.
Hermione elevó los ojos y encontró a Theodore acercándose hacia ella.
El guía del grupo les había enseñado una especie de ritual para la buena suerte y protección antes de entrar a las ruinas en las que iban a hacer la expedición, pero al parecer Hermione había entendido mal la posición de las manos.
—Estoy segura de que era así —dijo ella.
Pero él solamente negó con la cabeza y apuntó con la cabeza hacia el guía, Folke, un pelirrojo y mayor hombre Noruego que estaba dándoles indicaciones a los otros tres miembros del grupo.
Hermione observó e intentó imitar la posición de manos, miró por inercia a Theodore para mostrarle que lo había conseguido, pero este siguió negando con la cabeza. Luego, se puso de pie a su lado e hizo la posición de manos.
—Así —dijo con suficiencia— mira los pulgares.
Ella entrecerró los ojos y volvió a hacerlo— Yo creo que está bien.
Él solamente soltó un respiro— No, no está bien.
Theodore se volvió hacia ella, tomándole las manos con suavidad haciendo que las lleve hasta la altura del pecho y moviendo dedo por dedo a la posición que según él debería de tener.
—Ahora si —dijo cuando terminó.
Hermione examinó la posición de sus dedos y alzó una ceja— para mí se ve igual.
—Nah, no es lo mismo —dijo él con un tono altanero.
Hermione levantó la cabeza para enfrentarlo, pero se encontró de lleno con una mirada cálida y, de alguna manera, dulce. A la luz de las antorchas a su alrededor, su rostro tenía la mitad oculto por una sombra y la otra mitad perfectamente brillante. Ella pensó… que no habría otro perfecto momento que representara bien al joven mago Theodore Nott. A veces brillante, a veces cruel.
Ella inclinó levemente la cabeza— Voy a comenzar a pensar que solamente querías tocar mis manos —dijo sugerente.
Theodore agachó aún más la cabeza— Touché —murmuro.
Ella iba a decir un reclamo inteligente, pero entonces alguien chasqueo la lengua.
—Vayan ya a un hotel —dijo Marcus Brown, el Sanador miembro de la expedición.
Catelyn Smith, una lingüista y Adrien Williams, un Historiador, todos miembros del equipo echaron a reír.
Theodore se volvió hacia ellos y solamente se encogió de hombros— No puedes quejarte Marcus —dijo sonriente mientras le pasaba una mano por los hombros a Hermione y la acercaba a él— si no hubieras caído a esa fosa que claramente era una trampa, no hubiéramos tenido que esperar otro cambio de luna y atrasar nuestras vacaciones de fin de año.
Marcus solamente soltó un bufido— Si, restriégamelo en la cara —se quejó.
Todos rieron.
—Pronto será la hora. Deben preparar sus equipos —dijo Folke aclarándose la garganta— y si no lo hacemos hoy, tendrán que pasar su preciosa navidad en trabajo de campo.
—Merlin nos libre —dijo Theodore soltándola y ahora volviéndose hacia ella.
—Te ayudare con tu tienda —dijo.
Hermione solamente asintió.
Theodore se agachó para empacar los últimos vestigios de su carpa, doblándola perfectamente mientras ella se sentaba sobre una piedra y se ponía las botas y los arneses de seguridad. Theodore era bueno con ese tipo de cosas porque gran parte de su vida se la había pasado haciendo ese tipo de expediciones, pues era un rompedor de maldiciones y esa era su tarea en el grupo.
Justo en ese momento estaban en la vieja Noruega, intentando inspeccionar las ruinas de una vieja civilización antigua para peinar la zona de objetos mágicos, romper posibles maldiciones y marcarla como limpia para que los muggles pudieran hacer su propia expedición y no morir o liberar males en el proceso.
Era una misión conjunta entre el gobierno de Noruega y el de Gran Bretaña, algo casi de rutina, por eso el equipo era tan pequeño, pero quizá también tuviera algo que ver con que fuera cercana a las fiestas de fin de año, ya que la posición de la luna influía en el tipo de magia que colmaba el lugar.
Hermione había sido enviada como veedora del Ministerio Británico y aunque Theodore se había enfadado la noche que le dijo que había sido designada y que tendrían que atrasar su viaje de vacaciones al menos dos semanas, o en el peor de los casos, quizá cancelar el viaje.
Él se había enfadado tanto que salió del departamento que compartían y volvió muy tarde, cuando Hermione, resignada, ya se había acostado. Se había metido en la cama en silencio dándole la espalda. Ella se había removido para acercarse, así fue como le llegó un suave rastro de tabaco en su cabello. Cuando lo notó, se removió para alejarse.
—Perdón, pensé que dormías. No quería despertarte —había murmurado Theodore mientras se volvía hacia ella.
—Pateaste el velador cuando entraste al baño —había dicho ella en una pequeña sonrisa mientras extendía la mano para tocarle el cabello y luego la mejilla. Theodore puso su mano sobre la de ella.
— ¿Aguante el dolor por nada? —susurró divertido.
En medio de la penumbra, ella asintió y estaba segura de que él lo supo, pues solo se acercó más a ella y la envolvió entre sus brazos.
"Qué bueno que volviste" pensó mientras acostaba la cabeza en su pecho, pero no lo dijo. Ese… era un viejo temor.
Solo dos días después, Theodore le comunicaba la buena nueva de que sería el Rompedor de maldiciones en el grupo de expedición. Hermione, claro, se quedó boquiabierta.
Theodore tenía un historial impresionante en cuanto a ese oficio se refería. Había estado en innumerables expediciones y aunque él era modesto al respecto, ella sabía que era tan bueno en eso que antes de que se establecieran en Londres como solo un consultor, viajaba mucho y facturaba miles de galeones por cada trabajo.
El Ministerio no podría acceder a su trabajo por una expedición de rutina, pero él solo se había encogido de hombros y había dicho que como su familia era de Noruega y el Británico, era prácticamente algo patriótico de su parte.
—Es algo que tengo que hacer —había dicho con las manos metidas en los bolsillos.
Hermione sospechaba, que era por ella. Pero aún no terminaba de decidir si eso era algo bueno o malo.
—De pie —dijo él, sacándola de sus pensamientos y dándole su mochila— te ayudaré a enganchar tu mochila. Luego tú me ayudas con la mía.
Hermione solo asintió en silencio y le dejó hacer. Como ella era aún una novata, se sorprendió lo precavido que él era en cuanto a equipamiento: Prácticamente más de la mitad de cosas que traían consigo eran de origen Muggle. Bolsas térmicas, luces de neón, arneses, cuerdas reforzadas, brújulas, impermeables, un kit de primeros auxilios, etc.
El resto del equipo se había quejado por tantos equipos al inicio, eso sin contar la comida, pero Theodore había sido firme al respecto.
—Esto es típico de magos —había dicho en un resoplido.
—Tú eres mago —había refunfuñado Marcus.
— ¿Qué harán si se quedan sin varita? ¿Qué harán si no pueden usar magia? —había replicado Theodore, su rostro muy serio y severo— Existen maldiciones que anulan la magia. Hay maldiciones que se activan si usas magia. Somos magos, pero cuando se trata de expediciones a lugares antiguos todo puede pasar y no sobrevivirán si dependen de magia.
Todos se habían quejado un poco más. Hermione estuvo de su lado, ya que él era el rompedor de maldiciones y les convenció que era lógico escucharlo. Además, Folke, el guía, también le dio la razón.
Theodore entonces sorpresivamente se dobló en una rodilla y enganchó una pequeña bolsa en el gancho que había en su pierna derecha. Eso la puso de alguna manera nerviosa, que tuvo que pensar en las cosas que había dentro de la bolsa para distraerse.
"Cuchillo, brújula, una pequeña cuerda, pedernal y una pequeña bengala"
Cuando terminó, Hermione tomó la mochila de él y se puso a su espalda para ayudarle a engancharla en los arneses en silencio. Él ya le había enseñado antes como hacerlo.
— ¿En qué piensas? —preguntó él de pronto.
—Nada —murmuro ella mientras le daba la vuelta y ajustaba los seguros de adelante.
Él asintió— ¿Sabes en que pienso yo? —Ella negó con la cabeza— que a más tardar, pasado mañana ya estaremos lejos de aquí.
Ella hizo una mueca— Si todo sale bien hoy —murmuro ella.
—Saldrá perfecto. Son novatos, pero estoy aquí así que…
—Señor humildad —dijo ella en una corta risa involuntaria, luego, se agachó a recoger la pequeña bolsa que tendría que ir en la pierna.
—Yo hago eso —murmuro Theodore estirando las manos hacia ella.
—Yo puedo —dijo ella, algo incomoda— los novatos también podemos.
Theodore se aclaró la garganta— No lo digo por eso —dijo mirando hacia otro lado.
Hermione, acuclillada lo miró desde abajo y solo necesito verle la cara para soltar otra risa involuntaria.
— Degenerado —dijo en un susurro.
Él entonces llevó las manos hacia sus hombros y prácticamente tiró de ella hacia arriba. Una mano en cada uno de sus hombros— Suficiente —dijo— ahora, guantes.
Ella rodó los ojos— Me tratas como a una niña —se quejó. Mitad broma, mitad reclamo.
—Cuido de ti —murmuro él, sacando de los bolsillos unos guantes de cuero— pero aceptaré… que es más una excusa —él sonrió— hace tiempo que no hago una expedición y la verdad, siempre me pregunté…
Él entonces le enrolló la manga de la camiseta de la mano izquierda para ponerle el guante, Hermione de inmediato se sujetó la manga y apartó la mano.
—Creo que mejor lo haré yo —murmuro mirando hacia el suelo.
Theodore se quedó muy quieto, pero luego solamente se encogió de hombros— De acuerdo —contestó con tono alegre— iré a inspeccionar el equipo de los demás. Nada tiene que salir mal, tú entiendes, si tenemos que quedarnos una semana más podría gritar.
"¿Entonces por qué viniste? Si tanto odias estar aquí…" quería preguntarle, pero el momento pasó y él ya estaba junto al resto del equipo.
Hermione se pasó una mano por la cara, luchando con la frustración. Sacudió la cabeza y entonces se arremango la manga izquierda. Una parte de la fea cicatriz en su brazo quedó a la vista y ella se puso rápido el guante.
Hermione miró al magnifico cielo estrellado. Los primeros días habían sido asombrosos, pues estaban rodeados de naturaleza increíble. De pequeña sus padres la llevaban a acampar seguido y a ella le gustaba mucho, por eso esa expedición no le había gustado menos. Además, aunque Theodore era un serio y casi un obsesivo controlador en cuanto a la seguridad del grupo se refería, disfrutaba escucharlo acerca de otras expediciones que había realizado y las cosas con las que se había encontrado. Siendo franca consigo misma, no había esperado disfrutar de esa expedición, pues para ella eran como vacaciones, pues estaban juntos.
Hermione volvió a sentarse en su roca y observó a Theodore trabajar. Le ayudo a Marcus con su mochila y luego reviso las bolsas de supervivencia de cada uno de ellos mientras les daba consejos si es que acaso llegaban a separarse del grupo. Todo un profesional.
Le había gustado estar allí, es más, cuando Marcus fue lastimado, se sintió mal por alegrarse de que la expedición se extendía, mientras Theodore solo se había frustrado. Tampoco hablaron de ello, pues Hermione sentía que no era el momento. Lo mejor era ser positivos y en algún momento hablarían al respecto.
"Tal vez durante las vacaciones…" pensó. Pero de nuevo, eso también podría ser frustrante.
Últimamente, muchas cosas eran frustrantes.
Últimamente, peleaban mucho.
Bueno, pelear no era la palabra, si no que más bien tenían desacuerdos.
Últimamente sucedían eventos que terminaban con ellos en puntos ampliamente opuestos, ambos eran testarudos y nadie quería ceder.
Últimamente, esas situaciones terminaban con Theodore saliendo de casa y volviendo tarde con una disculpa por lo más mínimo hiriente que hubiera dicho o por despertarla, aunque ella nunca estuviera dormida. Mientras, ella fingía que no sentía el olor a cigarrillos. Theodore no fumaba, así que suponía que iba a un bar o algún sitio donde si fumaban.
Ella había leído una vez en algún sitio… que el problema no era que tu novio saliera hasta tarde, el problema era cuando no regresaba.
Theodore siempre regresaba, pero últimamente salía tan seguido como sus desacuerdos y ella había comenzado a tener cierta paranoia de que un día de esos no lo haría. No regresaría. Después de todo…
Hermione se sujetó el brazo izquierdo, en el lugar donde estaba la cicatriz que le hicieron durante la guerra.
—Reúnanse, todos aquí —dijo Folke.
Hermione se puso de pie y camino hasta donde estaban los demás. Theodore le hizo un lugar a su lado y le obsequió una sonrisa abrumadora. Hermione le sonrió de vuelta, pero solo un momento, antes de que sus turbios pensamientos la abordaran nuevamente.
Folke les hizo realizar la posición de manos y luego de levantar un brasero y echar allí unas hojas aromáticas de colores se detuvo frente a cada uno de ellos y les pidió que aspiraran el olor que desprendían. Luego, en el mismo brasero echo pequeñas piedras de colores y ramitas que parecían ser de madera muy vieja, pero no se quemaron.
—Así era como hacían amuletos de protección en la antigüedad —dijo Theodore en un murmullo a su oído mientras entrelazaba su mano a la suya— Si lo llevas todo el tiempo, maldiciones de posesión son débiles. Y si hay alguna pegada a otra, se separan con cuidado y la pueden usar dos personas, generalmente familia… o amantes —dijo dándole un apretoncito en la mano— dicen que da suerte —añadió al final.
Ella se volvió a él con curiosidad— No recordaba que fueras supersticioso.
Él solo sonrió y miró atentamente al brasero— Una vez, en Etiopia, una anciana bruja vidente me dijo que yo había sido bendecido con suerte gris.
— ¿Suerte gris?
Él de pronto se mostró relativamente nervioso— Algo así como… una especie de mezcla. Quiero decir… Ummm… —divagó— se supone que si tienes suerte gris, comienzas de un modo y terminas del otro. Tu suerte es perfecta y luego ya no. O tu suerte es terrible y luego ya no. Dado el caso, pensé que lo mío sería lo segundo y sonaba muy estúpido cuando lo escuche por primera vez. Es algo de áfrica pero… —el siguió divagando— quiero decir…
—Nott —llamó Folke— tú primero.
—Bien, bien —dijo Theodore, entrando en modo Rompedor de Maldiciones.
Hermione se le quedó mirando de nuevo.
"¿Suerte gris?" pensó "Suerte terrible, pero luego ya no…"
Ella, se mordió el interior del labio. ¿Qué se suponía que significaba eso?
Quiso seguir hablando del tema, pero entonces Theodore llegó hasta ella con dos piedras de colores unidas entre sí y barritas de metal sobre sus guantes, viéndose muy satisfecho. No era el momento de hablar de cosas incomodas, pues él se había visto incómodo mientras le contaba aquello.
…
Las ruinas eran casi gigantescas, una vieja fortaleza construida sobre una ladera. Había tenido un puente elevadizo que conectaba el montículo de piedra con la orilla donde estaban ellos, allí fue donde entraron en juego los arneses que Theodore insistió en que todos debían usar. Sujetaron con magia las estacas en la orilla y activaron la propiedad mágica de las cuerdas para que estas se extendieran. Según Theodore, si había peligro o una maldición que no les dejara usar magia, la cuerda haría sola el trabajo de arrastrarlos hacia afuera en menos de cinco segundos. Era lo efectivo.
Lograron entrar en total tranquilidad, Theodore encabezando la marcha, verificando aquí y allá. Folke en segundo lugar, Catelyn y Adrien a ambas orillas, Marcus, su sanador en el centro y Hermione cerrando la marcha.
Una vez Theodore dio su visto bueno, la formación se deshizo y todos comenzaron a trabajar, pero exigiendo que no salieran de su vista, mientras que a ella la llamó para que se acercara a él.
—No parece haber muchos objetos mágicos para peinar —dijo ella.
—La verdad no —dijo él cruzado de brazos— no me gusta.
— ¿Por qué?
Theodore le enseño entonces la mano, donde traía una serie de pulseras metálicas, parte de sus artículos de oficio como Rompedor de maldiciones— Esta de aquí —apunto a una de ellas que parecía una especie de pulsera de hilos desgastada— me avisa cuando hay maldiciones que a veces alcanzan a lanzar magos al morir, un hilo se rompe por cada una. Pero no se ha roto ninguno.
Ella frunció el ceño— ¿No se supone que es el tipo de maldición más común?
Theodore asintió— Al menos debería romperse una —susurró— por eso dije que nadie debiera salir de mi vista. No me gusta. ¿Tu amuleto sigue en tu bolsa? —Ella asintió— Bien —susurró— ayúdame con algo —dijo mientras sacaba dos viales de cristal de su mochila— nos beberemos esto.
— ¿Poción reveladora? —Preguntó mientras recibía el vial y lo destapaba y el olor amargo le llegó a la nariz, casi haciéndola estornudar. Theodore preparaba docenas de esas casi maniáticamente cada semana— ¿Es la versión cinco?
Theodore se bebió la suya de un trago— Cosecha especial —dijo como si fuera una broma.
Cuando Hermione se terminó el frasco, sus sentidos se agudizaron y podía ver los rastros de magia del lugar, los cuales eran mínimos.
Catelyn recolectaba apuntes de algunas inscripciones de las paredes y Adrien revisaba con magia si había algún vestigio de objetos mágicos. Mientras, Marcus y Folke conversaban acerca de algo, apuntando al cielo.
Terminaron con esa parte de las ruinas y avanzaron hasta la siguiente sección, una derruida parte del lugar que tenía el techo destrozado que era iluminado por la débil luz de la luna. Todos volvieron a su trabajo y Hermione ayudo a Theodore a mirar alrededor.
—Parece que me preocupe por nada —murmuró él mientras se cruzaba de brazos— parece que de verdad nada pasa aquí.
—Prevenir nunca está demás —dijo ella encogiéndose de hombros.
—Por supuesto —dijo él, acercándose más a ella— míralos, casi estoy orgulloso de ellos.
Catelyn había llamado a Folke para algo. Pronto Marcus se les unió y Adrien también.
— ¿Casi? Que cruel.
Él soltó una risa suave— Casi —repitió— No han pasado por ninguna crisis. No es bueno comenzar en este oficio sin caos ni problemas. Te vuelve confiado.
Ella rodó los ojos— ¿Cuándo comenzaste fue caótico?
Theodore se mantuvo en silencio. Hermione se dio cuenta entonces que estaba tocando uno de los temas prohibidos. Había cosas de las que Theodore se rehusaba a hablar y al parecer esta era una de ellas. Se dijo mentalmente que debía recordarlo en el futuro.
Ella se removió algo incomoda, sin saber exactamente como cambiar de tema y que fuera natural.
—Esa vez, me llevaron a la fuerza.
—No tienes que hablar si no quieres —dijo ella apresuradamente.
Por su silencio y esas palabras, Hermione asumió que seguramente tenía que ver con los tiempos de guerra. Theodore había estado en el otro bando, pero más como un rehén que como un colaborador. Cuando ambos fueron juntos a la boda de Malfoy como su primera salida formal hace solo medio año, él en persona fue quien se acercó a ambos medio ebrio mientras exigía a Theodore sacar a bailar a Astoria.
Allí, en ese corto momento él le dijo que no le agradaba y no le agradaría nunca, pero como Theodore estaba con ella y a él si lo apreciaba, había cosas que Hermione debía saber para no asfixiarlo.
Malfoy le contó que como el padre de Theodore había muerto al inicio de la guerra y no había sido una persona apreciada, no hubo nadie influyente para protegerlo. Su estatus había sido "desechable", así que tuvo que haber pasado por cosas indecibles. Y por tanto, había cosas que él seguramente no querría recordar nunca, así que si ella lo respetaba aunque fuera un poco, en palabras del mismo Malfoy, no debía preguntar nada jamás.
Hermione lo entendió, después de todo, había cosas con las que ella se sentía igual.
—Fue hace bastante tiempo —murmuró mientras le tomaba la mano— y la verdad… a veces olvido que estuve allí. Es como si estuviera recordando una película vieja. El Lord tenía una lista de lugares donde el Ministerio no enviaba a nadie por falta de presupuesto para un buen rompedor de maldiciones. A nosotros nos envió seleccionando magos al azar. Me llevaron en el primer grupo y en el camino hicieron que aprendiéramos defensa básica. Entré junto a cinco magos y se me ocurrió encantar una estaca y la cuerda, fui el único que lo hizo —Theodore le presionó con fuerza la mano— y por eso solo yo regrese, pero cubierto de sangre. Nunca supe de quien, solo que la magia se apagó y la cuerda me llevó de vuelta. Para la segunda vez, volvieron a enviarme, pero los demás comenzaron a usar lo de la cuerda. Al menos esa vez solo murieron dos, pero eso fue hasta que avanzamos hasta el primer extremo. Luego, luego solamente… —Theodore soltó su mano y se la llevó a la cara—… tienes razón. No quiero hablar de esto.
Él se puso de pie y camino hasta un extremo del lugar y se puso a mirar al cielo. Hermione dudaba entre dejarlo solo o ir a acompañarlo, pero antes de que pudiera decidir, Catelyn lo llamó hacia donde estaban los demás alrededor de una especie de pilar enorme. Theodore caminó allí de inmediato.
Hermione se puso de pie también para acercarse.
—Son caracteres que no logro entender —dijo Catelyn— Folke también trató, pero dice que no los conoce.
—Tú deberías saber, Nott —murmuró Folke— Es Noruego, del antiguo usado en poemas. Los tuyos aprenden esto al mismo tiempo que a contar.
Theodore miró el pilar con detenimiento— Heráldica —murmuro muy bajo— en realidad, se aprende a los diez. Más pequeño que eso, solo es confuso.
—Gracias a Merlin por un aristócrata entre nosotros —dijo Marcus.
Todos rieron, pero Theodore no.
— ¿Qué dice? Traduje un poco, pero no tiene sentido —preguntó Catelyn.
Theodore se alejó un poco mientras se frotaba el mentón.
"Yo sé que existo, porque tú me imaginas.
Soy alto, porque tú me crees alto.
Y limpio, porque tú me miras con buenos ojos,
Con mirada limpia"
—Sí, eso suena como un poema —dijo Adrien.
—Eso dijeron que era —replicó Marcus.
—Podría ser un conjuro —dijo Adrien encogiéndose de hombros.
—No —contestó Theodore— ninguna de mis reliquias ha reaccionado.
— ¿Ese símbolo significa "limpia"? —preguntó Catelyn
—Es más bien "puro" pero se aplica a alguien, no ha algo, así que no tiene sentido.
Catelyn garabateo rápidamente. Mientras, Theodore continuó.
"Tu pensamiento me hace inteligente,
Y en tu sencilla ternura, yo también soy sencillo y bondadoso.
Pero si tú me olvidas"
Theodore frunció el ceño.
— ¿Qué pasa? —preguntó Adrien.
—Nada. Solo suena bizarro.
—La gente antigua tenía un humor muy extraño —murmuro Folke con desaprobación.
Theodore se encogió de hombros.
"Pero si tú me olvidas,
Moriré sin que nadie lo sepa.
Verán viva mi carne, pero seré otro/otra
Oscuro, torpe, malo,
Quien…"
—No distingo ese carácter. ¿Qué dices Folke?
—Se ve como "casa" —contesto el mago.
—No, "casa" no lleva puntos arriba. ¿Podría ser "hogar"?
—No se Noruego, pero eso no parece coincidir con el resto de palabras —murmuro Marcus— ¿Qué tal un sinónimo? ¿Algo que tenga que ver con esa palabra? "Casa" "Hogar" "Hogareño" "Morada" "Morador" "Inquilino" "Habitante"
—Habitante es una palabra lo suficientemente antigua —murmuro Theodore, pensativo— En todo caso, se refiere a alguien, sería "Quien Habite"
El sonido de algo siendo rasgado resonó como un eco y la pulsera de hilo que Theodore llevaba en la muñeca cayó al suelo, como si hubiera sido cortada limpiamente.
Theodore, mientras, miraba estupefacto del pilar a la pulsera caída, luego la miró a ella y abrió la boca con sorpresa y a la vez un pánico que creyó nunca ver en su cara. Sus pies solo se movieron, como si fuera a echar a correr.
— ¡Hermione!
Y entonces, el silencio se tragó todo y una luz brillante iluminó el lugar.
Hermione sintió un silbido que hizo que se cubriera los oídos con las manos y se le doblaran las piernas por debilidad. Cuando todo se detuvo, algo pegajoso salía de su oído, podría jurar que era sangre. Intentó ponerse de pie, pero su equilibrio era una ruina y solo cayó sentada en el suelo. Miró más allá y todos en el otro grupo estaban exactamente igual. Theodore estaba diciendo algo, decía algo y aún quería ponerse de píe y al mismo tiempo, haciéndole señas para que se acerque.
Hermione entonces se dio cuenta de que el hechizo revelador aún seguía funcionando y que la luz no era luz, si no maleficios manifestándose. Lentamente, se volvió hacia donde venía la mayor fuente de luz. Solo entonces se dio cuenta de que no debió hacerlo.
Había una cosa a su espalda. Era enorme, gigantesco. Se parecía a un Dementor, pero este era cinco veces más grande y tenía la mitad de la cara descubierta. Ojala no hubiera sido así, pues le sonreía con dientes rojos.
Aquella cosa de pronto se echó sobre ella. Inevitablemente, Hermione gritó.
Todo era caos y dolor, dolor indescriptible.
Cuando abrió los ojos, estaba en su silla del Ministerio y uno de sus colegas agitaba la mano para llamar su atención mientras rezongaba que iban tarde. Era una inspección de rutina y ahora tendrían que caerle encima a una nueva oficina independiente que había abierto en Londres mágico.
"Ah" pensó ella "Claro, así fue cuando lo encontré"
Y efectivamente, esa fue la primera vez que se encontró con Theodore Nott luego de la guerra. Esa vez, había tenido sus reservas. Pero él los había recibido amablemente y luego de una charla corta, comprobaron que todo estaba bien.
Tiempo después, en un caso del Wizengamont, él había sido llamado a declarar a favor de una disputa legal familiar donde un mago acusaba a otro de haber hecho maleficios de sangre a su familia. Él había explicado cómo funcionaba ese tipo de maldición, además de cómo es que llegó a romperla. Al menos la mitad de la sala del Wizengamont termino escandalizado.
Fue luego de esa sesión que se lo encontró en las chimeneas. Él le había preguntado si acaso ya todos los magistrados habían terminado de recuperarse, como si fuera una broma. Él estaba comenzando a disculparse pero al mismo tiempo que ella rezongaba acerca de que estaban exagerando, pues si habían llamado a un rompedor de maldiciones a declarar y hacerle jurar no guardarse nada de información, no sería ninguna sorpresa una descripción semejante. Ese era el trabajo de Theodore, ni más ni menos.
Él entonces, le había sonreído primero y le ofreció una taza de café algún día de esos en su oficina si es que necesitaba consulta acerca de maldiciones alguna vez. Esa invitación… Hermione la uso casi dos días después.
Aquel entonces, había roto con Ron hacía casi un año, pero aún no lo había superado. Y una de las cosas por las que peleaban cuando estuvieron juntos, era por la cicatriz en el brazo de Hermione. Ron solía decir que era como el recuerdo permanente de que falló en protegerla. Ella mientras, se rehusaba a buscar algún rompedor de maldiciones para que le arreglara el brazo, pues luego del primero al que visitó, este filtró la información y pronto todo el mundo quería saber detalles de cómo fue torturada, cuanto sangró, cuánto dolió, que sentía ella al respecto. Y principalmente, querían ver la cicatriz. Por eso, ella siempre usaba ropa con las mangas largas.
Por alguna razón, a ella se le ocurrió, que Theodore no la entregaría a un tabloide.
Se tomaron juntos un café, pero al final… ella no le habló de la marca en su brazo. En su lugar, terminaron hablando del Wizengamont. El tiempo pasó y él le dijo que si gustaba, lo visitara cuando quisiera.
"Lo tomé como una señal para no hacer nada con la cicatriz" pensó ella, recordando.
Después de eso, no había acudido a la oficina de Theodore. Ya no, pero entonces, fue él quien apareció un día solicitando una pequeña reunión con ella. Una consulta extraña con preguntas legales para su reciente actividad como consultor. De nuevo, conversaron mucho y el tiempo pasó volando.
—Por cierto —había dicho él, cuando ya se estaba retirando. Prácticamente regreso de la puerta— Creo que he sido algo evidente pero… esto fue más una excusa que un motivo.
— ¿Excusa? —había preguntado ella confundida.
Él asintió en silencio— Yo… —dijo casi divagando— quería verte.
Habían comenzado a salir desde entonces. Algunos almuerzos. Algunas cenas. Una que otra escapada al mundo Muggle. Y antes de pensarlo demasiado, estaban teniendo su primer beso juntos. Habían comenzado como personas que eran amigables entre si y terminaron siendo una especie de pareja.
"Nada realmente importante" susurró alguien "La soledad hace que los dispares finjan que están unidos"
Los primeros problemas, claro, llegaron de sus propios amigos. Los de Hermione desconfiaban de Theodore por su pasado de Mortífago y los de Theodore no aceptaban del todo a Hermione por ser una de los miembros del Ministerio que amenazaba con aplastar costumbres con las que habían vivido toda una vida.
"Sangre sucia" dijo el murmullo.
Hermione entonces, sentada en su ducha y llorando desconsoladamente, sujetándose con fuerza el brazo donde estaba la cicatriz. La herida maldita… inevitablemente comenzó a sangrar. Estaba en su departamento y solamente había llegado hacía minutos y se había metido allí con todo y ropa. Crookshanks maullaba en la puerta.
"Lo recuerdo" pensó. Ella y Theodore habían salido juntos a una fiesta del mundo mágico, la siguiente luego de su salida formal en la boda de Malfoy. Theodore había sido invitado a una especie de evento para personalidades de familias importantes en el Mundo mágico de Londres. Aunque Theodore le había dicho que no era necesario que fueran, ella había insistido en que debían hacerlo. En el mundo en que se movía Theodore, ella sabía que socializar era parte fundamental en su trabajo.
La gente allí había sido amable y ella paso de cauta a divertirse. Pero cuando fue al baño de damas, escucho una conversación entre otras invitadas, comentando lo bajo que había caído el nivel de la fiesta de aquel año y todo por culpa de Nott, el huérfano "sin sentido común ni vergüenza, como para traer a una sangre sucia a revolotear entre todos ellos" y preguntándose hasta cuando duraría ese capricho. Una de ellas preguntó qué pasaría si fuera algo serio. Y todas rieron. Un sangre pura del calibre de Nott no haría algo como eso.
Hermione había salido del baño y le había dijo a Theodore que no se sentía bien y que quería irse, él quiso ir con ella, pero entonces ella le recordó que debía permanecer al menos hasta media noche, el mismo lo había dicho. Él cedió, pero de todos modos la había acompañado hasta la chimenea.
"La chimenea… fui una tonta por no haberla bloqueado" pensó.
Pues ni quince minutos luego de que ella se hubiera encerrado en la ducha para llorar, escuchó golpes en la puerta y a él llamándola. Al final Theodore si había abandonado la fiesta y quien sabe desde hacía cuando había estado al otro lado de la puerta.
Hermione, cubriéndose la boca primero, pero intentando aclarar su garganta luego; intentó hablarle— E-estoy tomando una ducha —había dicho.
—Hermione —había contestado él— Por favor, solo sal.
Ella demoró en salir, pues limpio la sangre que salió de su brazo e intentó calmarse.
Envuelta en una bata enorme y mullida, con el cabello goteándole, ella le lanzó una sonrisa— ¿Conforme? —preguntó ella.
Él la había mirado de pies a cabeza— Estabas llorando.
Ella entonces había intentado no mirarlo— Claro que no —dijo pasando por su lado y yendo hacia su habitación, esculcando entre su armario para encontrar ropa que ponerse.
—Hermione —la llamó mientras estaba en el marco de la puerta— yo… Merlín.
Theodore apareció frente a ella y le sujetaba del brazo. La sangre, aun saliendo y manchándole la bata.
—No es nada —dijo ella tirando de su brazo, pero él no la soltó.
— ¿Nada? ¡Estas sangrando!
— ¡Te digo que no es nada! —dijo tirando con más fuerza y liberándose, alejándose.
—Entonces es verdad —dijo él— hace tiempo, corrió el rumor que habías sido herida. Que tenías una cicatriz en el brazo.
Él había intentado acercarse de nuevo, pero luego dio un paso atrás. Pero en su cara había tanta desolación, que incluso ella se sintió desdichada.
— ¿Duele? —Había preguntado él— tengo todo tipo de medicina en casa. Si necesitas algo, puedo traerlo para ti. Solo dímelo y lo haré por ti.
Solo con esas palabras, ella sintió caer las lágrimas de nuevo. No recordaba la última vez que alguien le preguntó si le dolía. Todo el mundo solo quería saber detalles y ver la cicatriz. Comprobar si lo que decían que tenía marcado allí era cierto.
—No, no duele —susurró ella mientras con la voz rota mientras se tallaba los ojos, pero con el llanto incontrolable.
Lo último que recordaba era que él se acercó a ella y la había abrazado, consolándola. Le había preparado un té mientras ella se cambiaba. Mientas ella se bebía el té, Theodore limpio su brazo de los rastros de sangre con mucho cuidado. Ella no había querido mirar, pues no soportaba la expresión que él tenía mientras lo hacía. Luego de eso, él había hecho que ella se recueste y se había quedado hasta que se durmió, y él junto con ella. Fue la primera noche de muchas durmiendo juntos.
Esa mañana, cuando despertó y lo primero que vio fue su rostro durmiendo pacíficamente, supo que estaba enamorada de él.
"Nada realmente importante" susurró alguien otra vez "La soledad hace que los dispares finjan que están unidos"
Después de eso, viendo las cosas desde afuera, todo era una especie de secuencia. Ella, cayendo en alguna inseguridad, luego Theodore, haciendo o diciendo cosas para hacerla sentir mejor.
Visto de ese modo, era como si él hubiera hecho tanto por ella… y eso que apenas llevaban menos de un año juntos. A veces, no tenía lógica ni sentido.
"Sangre sucia"
Desde hacía un tiempo Hermione se estaba dedicando tanto tiempo a su carrera que ya solamente cenaban y dormían juntos. Y Theodore siempre fue tan comprensivo. Ella no era estúpida, pues sabía que él siempre terminaba cediendo ante los problemas que surgían y eso solamente podría ser porque estaba dejando de importarle. Él incluso había admitido estar odiando estar en esa estúpida expedición juntos.
Si Theodore ya odiaba pasar tiempo con ella, pronto la odiaría a ella también.
Ella, con algo horrible perforándole el pecho, comenzó a llorar. Todo era dolor ahora.
"Quédate, por favor quédate" susurró esa voz de nuevo, la voz rota y suplicante "No me dejes. No me abandones. Quédate conmigo. Quédate conmigo."
Hermione sintió como si alguien tirara de ella, alguien sujetando su mano.
"No me dejes" decía la voz "Quédate. Por favor, quédate. Te amo."
Ella volvió a abrir los ojos y Theodore estaba frente a ella, tomando su mano y con una cara que parecía gritarle que estaba feliz de verla… pero luego tiraba de ella, arrojándola al suelo y de pronto la oscuridad que la envolvía la liberó, pero en su lugar se tragó a Theodore.
La maldición que atacó a Hermione era una especie de entidad maligna en busca de un recipiente y que fue despertada por el poema que había traducido Theodore. No se podía luchar con algo así, solo contenerlo… Theodore les había explicado al resto del grupo como hacerlo mientras Hermione estaba aún batallando para no ceder a su control, pero solamente para liberarla a ella y tomar su lugar.
Ella había pasado un día entero inconsciente siendo atendida por sanadores, mientras Theodore pasó el mismo tiempo conteniendo la maldición, rodeado de otros rompedores de maldiciones, colegas suyos llamados de todos lugares del mundo, trabajando a contra reloj para lograr liberarlo.
Uno de ellos fue quien le dijo que Theodore pudo haber muerto y era casi milagroso que saliera con vida; pero también le dijo muy serio que probablemente habría… "secuelas". Le explico a detalle cómo funcionaba ese tipo de maldiciones, como esa cosa rompía el alma del cuerpo del que se apoderaba en base a dolor emocional y se alimentaba fragmento a fragmento mientras lo controlaba. Al parecer los amuletos de protección los ayudaron a ambos, pero nadie sabría qué tan grave había sido para Theodore hasta que despertara.
—No es ético pedirle esto a alguien que sufrió de la misma maldición y siendo algo tan reciente. Tu alma también ha recibido daño y estar cerca de él podría hacerte daño. Ponerlos a ambos juntos es como combatir veneno con veneno —había dicho el mago— pero… Theodore no tiene familia y eres el único vínculo sentimental que tiene. Si reacciona será a ti.
Folke, que estaba presente se opuso y dijo algo que hizo que ella sintiera que podría llorar pero que al mismo tiempo no pudiera soltar ni una lágrima.
—Theodore no querría eso —fue lo que el pelirrojo dijo— Él saltó hacia esa cosa para salvarla.
—Iré —fue lo único que Hermione dijo.
—Hermione —replicó Folke.
— ¡Voy a ir! —dijo antes de darles la espalda y alejarse hacia los pasillos.
Mientras caminaba, recordaba todo lo que había pasado luego de que la maldición se le hubiera echado encima. Había recordado una buena parte de su vida, los mejores momentos, pero empañados de los peores y colmada de tantos pensamientos horribles.
Se frotó los brazos mientras se abrazaba a sí misma… ¿Qué es lo habría visto Theodore?
…
Cuando dormía, su rostro solía ser pacífico. No había nada de paz en su rostro en ese momento e incluso su respiración era anormal y tenía sombras bajo sus ojos. Hermione estaba sentada en una orilla de su cama, mirándolo fijamente. Sus manos temblaban y fue por eso que ella la tomó entre las suyas. Estaban muy heladas. La reacción fue inmediata, pues él inconscientemente se sujetó.
—Estoy contigo —susurró ella— Theo, estoy aquí.
Pasaron así casi toda la tarde. Hermione terminó sentándose en un sillón al lado de su cama, aun sujetándole la mano pues Theodore estaba totalmente aferrado. Cuando la tarde comenzaba a caer, Hermione estaba soñolienta y a punto de quedarse dormida cuando se dio cuenta de que Theodore tenía los ojos abiertos y la estaba mirando.
— ¿Estoy soñando? —preguntó.
Ella negó con la cabeza.
Entonces el rostro de él fue consternación pura e intentó incorporarse— ¿Qué haces aquí? No puedes estar aquí. Yo aún podría estar contaminado con esa maldición y tú estuviste expuesta. Tienes que salir de aquí ahora mismo.
—No voy a ir a ninguna parte —dijo ella.
Él negó con la cabeza, pero luego se la sujetó, como si estuviera mareado— No. Tienes que irte. No está bien. No está nada bien.
—Estoy bien —contestó ella.
— ¡Claro que no! —Replicó él— ¡Estás loca! ¿Acaso eres…?
Él de inmediato se cubrió la boca con las manos.
"¿Necia? ¿Tonta? ¿Estúpida?" pensó de inmediato "me odia, me odia"
Ella entonces sin darse cuenta estaba llorando de nuevo y aunque quería detenerse no podía.
A eso se refería el Mago que habló con ella. Tanto Theodore como ella estaban demasiado inestables y sus almas muy frágiles. Incluso una mala mirada podría lastimarlos a niveles inconvencibles.
—Lo siento, lo siento —dijo entonces Theodore sujetándose la cabeza con las manos— Lo siento. Yo… tienes que irte. Tienes que irte ahora.
—No —susurró ella— Solo… solo tenemos que calmarnos.
—Vete —susurró Theodore.
—El rompedor de maldiciones dijo que si te dejo solo podrías caer inconsciente de nuevo y cada vez será más difícil que despiertes —dijo mientras se secaba las lágrimas con la mano— tienes que estar despierto. Tienes que…
Theodore entonces se echó a reír— Quiero estar solo —dijo sin mirarla— quiero que te vayas.
—No.
Él entonces la miró— De todas maneras vas a abandonarme. Antes o después, no tiene sentido el orden ¿No crees? —le dijo con voz amarga— odio verte llorar.
— ¿De qué estás hablando?
— ¿Por qué siempre terminas mintiéndome? —Preguntó él— ¿Por qué casi nunca hablas conmigo? Siempre me he dicho a mí mismo que el mejor camino era siempre darte tu espacio, me he dicho a mí mismo que ansiar demasiado no era el camino para acercarme pero tú… tú solo te alejas más y más.
—Yo no hago eso —contestó ella en un susurró— Yo solo… no quiero molestar.
Theodore entonces alzó la cabeza de inmediato— ¿Molestar? —Repitió incrédulo— ¿Tú crees que me molestas? —ante su silencio, su expresión comenzó a transformarse en una de desolación— ¿Cómo puedes creer eso? No me molestas —susurró él— nunca me molestas.
—No es cierto —replicó ella, rabia invadiendo su pecho— te molesto. Por eso cuando discutimos, terminas yéndote de casa.
— ¿Crees que por eso…?
—Siempre regresas tarde —replicó ella— y-y hueles a tabaco.
Theodore se llevó una mano a la cara, como si quisiera esconderla— No puedo creer que alguien como Zabini pudiera tener razón, él dijo que hacer eso solo traería más problemas —dijo para sí mismo— Zabini es quien fuma. Cuando salgo, voy a su casa y el siempre comienza a fumar.
— ¿Por qué siempre te vas? —preguntó dolida. Theodore iba a hablar con su amigo en lugar de con ella— Tú tampoco hablas conmigo.
—Porque… soy un desastre —dijo él— soy un gran desastre. Soy malvado, hiriente y egoísta. Y no quiero lastimarte. No quiero que me odies y si no controlo todo el desastre que soy, vas a terminar odiándome. Luego vas a dejarme, me abandonaras. Igual que todo el mundo —dijo casi inaudiblemente— Porque si sabes como soy, vas a abandonarme —Theodore sacudió la cabeza— No tengo mucho para ofrecer, Hermione. Soy un buen rompedor de maldiciones solamente porque era el listo entre un montón de tontos y tenía muchas contra-maldiciones para probar. Mi primera expedición… mi primera expedición… yo sobreviví por la cuerda, pero también porque sabía hacer amuletos de protección. Hice como una docena… y los use solo para mí. Una persona decente los hubiera compartido, pero yo… yo solo los use para mí. Así de horrible soy.
—No digas eso —dijo ella.
—Lo soy —dijo él en medio de una especie de risa irónica— y lo sabes, en el fondo lo sabes. Por eso, inconscientemente te alejas más y más de mí. La vuelta de nuestro viaje iba a ser Australia, y allí yo iba a conocer a tus padres, oficialmente. Pero esta maldita expedición… ¿Fue a propósito verdad? Para evitar el viaje y no involucrarme más de la cuenta.
Ella sacudió la cabeza— ¿Cómo puedes pensar algo así?
El agachó la mirada— Parecías enojada cuando te dije que yo me uniría. Pareces enfadarte cada vez que menciono el viaje.
Ella se sujetó el brazo de la cicatriz— Dijiste que ibas a gritar si la expedición se ampliaba una semana más. Yo pensé… que tú estabas comenzando a odiar pasar tiempo conmigo
Theodore se giró hacia ella y le sujetó el rostro con ambas manos— No, por Merlin, no. Jamás. Adoro cada minuto juntos. Haría que dejes tu trabajo en el Ministerio y que pasemos todos los días juntos si pudiera. Por mucho tiempo. Si tú quieres, hasta que muera —él acercó su frente a la suya— cuando la maldición cayó sobre ti, vi mi vida pasar frente a mis ojos, lo juro. Yo creí… creí que ibas a morir —dijo con la voz rota, ahora rodeándola con sus brazos— En ese momento solo no podía dejar de preguntarme por qué estaba pasando eso ¿Por qué tenías que ser tú? Entonces pensé que seguramente la vida estaba castigándome por todos los males que he hecho, llevándote a ti y eso fue tan doloroso… nunca quiero sentir eso de nuevo —él la apretó contra si— Mi suerte es gris —dijo— me lo dijo esa anciana y yo le dije que estaba loca. Cuando me visitaste la primera vez… Merlin, hablamos por horas, pero parecieron solo minutos. Prometiste regresar y no lo hiciste, pensé que seguramente solo estabas siendo amable y yo demasiado ansioso. Cuando me atreví a visitarte a ti, cuando aceptaste salir conmigo a ese almuerzo… cuando volvía a casa pase por una tienda y compre todos los amuletos de la suerte que allí había, he conseguido cada baratija que da suerte desde entonces —él soltó una risa irónica— mi suerte siempre fue oscura, con mi familia, con la guerra, con mi trabajo. Pero pienso que comenzó a ser buena desde que apareciste. Tú convertiste mi suerte oscura en gris.
—Lo siento —dijo ella, aferrándose también. La voz totalmente rota— soy tan horrible. Siempre has estado para mí y yo solo he sido una egoísta. Soy tan estúpida.
—No. No lo eres —susurró él a su oído.
Pero Hermione sentía tanta vergüenza por todos sus pensamientos pesimistas y sus complejos e inseguridades, mientras que Theodore cargaba con los propios y los de ella. Había sido tan egoísta que era doloroso tenerlo todo tan claro ahora.
—No lo eres —repitió Theodore, casi como un arrullo— eres mi persona más importante en el mundo.
…
Al final, después de todo, si tuvieron que cancelar sus vacaciones. Pero eso no fue peor que tener que permanecer separados durante el tiempo que requería limpiar sus cuerpos de hasta el último vestigio de maldición que hubiera quedado. No fue ni un mes, pero para ambos fue casi una eternidad. Cuando se reencontraron, experimentó una sensación de plenitud tan grande que parecía que no le cabría en el cuerpo y él dijo que sentía algo parecido.
Theodore, por supuesto, aún insistía en querer conocer a los padres de Hermione. Sonaba casi como un capricho, pero de alguna, a su modo era algo dulce.
—Quiero hacer las cosas bien —había dicho mientras estaban en la cocina por la mañana mientras él hacía café.
—Eres bastante protocolario.
Él se encogió de hombros— Es lo que un hombre hace.
Ella solamente le sonrió mientras cortaba el pan y lo untaba con mantequilla— Bien, bien —dijo casi sacudiendo la cabeza.
— ¿Y si no les agrado?
—Bueno, supongo que eso será todo.
— ¿Qué? —dijo con la mandíbula desencajada.
—Calma, eso no va a pasar —dijo acercándose y llevando ambas manos alrededor de su cuello, sus dedos jugueteando con el cabello de su nuca— voy a enseñarte cada truco para que les caigas bien.
Theodore entonces se veía satisfecho— Me gusta ese plan —dijo mientras llevaba las manos hacia su cintura y le daba un beso.
Hermione entonces se dio cuenta de que las anchas mangas de su camiseta estaban recorriendo hacia su codo, dejando el inicio de su cicatriz a la vista. Antes se había negado a que Theodore intentara curarla porque a ella le parecía horrible y no quería que él tuviera esa vista de ella, le daba vergüenza; sin embargo, actualmente eran ya solo delgadas líneas blancas. Theodore no pudo hacerla desaparecer por completo, pero ya no se veía tan mal. Aun así, a ella le incomodaba lo que decía allí y muchas veces (cuando estaba con él) tenía que resistir el impulso de cubrirla. Había costumbres que eran difíciles de olvidar, sin embargo, perderse en la forma en la que él la miraba siempre era una buena manera.
Porque ahora si hablaban de todo e intentaban no ocultarse nada, y por eso ahora sabía que si él miraba esa cicatriz con preocupación, era porque creía que le provocaba dolor; no por otra cosa. No dolía, hacía mucho que no lo hacía. Y pensándolo bien, esa cicatriz fue la razón por la que todo inicio en primer lugar, el motivo por el que ella se acercó a él al inicio, pues Theodore le confesó que antes de aquel café que tomaron juntos en su oficina, nunca imaginó que podría a llegar a desear tanto compartir su vida con alguien. Que podría llegar a enamorarse. También le confeso que eso lo aterró, porque creía que cada cosa con la que él se involucrara solo podría terminar mal y por eso cuando las cosas iban mal en su relación, él prefirió callar y forzarse a fingir que todo iba bien para no arruinar más nada.
Como él mismo había dicho, creía que su suerte nunca fué buena. Ni en su familia, ni en la guerra. Theodore a veces era muy pesimista y aún parecía rehacio a hablar de cosas del pasado pues al parecer seguía creyendo que ella saldría corriendo si lo sabía todo de él. Hermione le recordaba cada día que eso no iba a pasar, además de hacerle saber que ella sería paciente para cuando él estuviera listo para desahogarse por fin y dejar todo eso atrás.
Además, el pasado no podría influir demasiado.
El presente, ahora, era brillante.
—Te amo —susurró ella.
Él le dio una gran sonrisa. Sonreía cada vez que ella se lo decía.
—Yo a ti —le contestó.
Y bueno, como dice en el resumen, este fic es parte de una actividad del grupo "Archivo Theomione" en el que las miembros fundadoras como un juego de amigos secretos para hacer más historias de este ship que nos gusta tanto :D
A mi me tocó regalar esta historia a Fatima (No recuerdo el Nick wuajajajaja) que pidió que sea un fic donde Hermione sintiera veguenza.
Al inicio pense en que podría hacer una comedia, pero mi alma drama queen ha estado activa estos días y salió esto de acá, que espero te haya gustado, Fatima :D
Oh, por cierto, este es nuestro primer experimento en cuanto a una actividad y el primer pasito en otra que lanzaremos pronto en el grupo para seguir agrandando el archivo.
Mi lema es: Si no hay fics, hay que escribirlos :3
Gracias por leer,
Un abrazote.
