Auto

—¡Haz algo!

—¡Tú haz algo!

—Yo no puedo.

—¡Y yo menos!

Los gritos que iban desde la cocina hasta la sala apenas lograban percibirse, pues el dueto de niñas que saltaba sobre los sofás de la estancia y los gritos que proferían hacían que fuera casi imposible comunicarse entre sí. Inuyasha se tapó las orejas y corrió hasta la habitación donde se encontraba la azabache preparando el almuerzo mientras luchaba para que este no se le quemara. Cerró la puerta para aislar un poco el sonido y se acercó a la joven que continuaba revolviendo la olla.

—¿Me puedes decir por qué aceptamos a esos demonios en casa?

—Porque Miroku y Sango deben ir a comprar las cosas para el cumpleaños de las niñas.

—¿Y...?

—Es mi amiga y quiero ayudarla tanto como pueda... ¡Mierda! Se quema el arroz.

—No es lo único que se quema —agregó con sarcasmo. Su paciencia también comenzaba a acabarse—. ¡Están destrozando la sala!

—¿Siguen saltando en el sofá?

—Peor. Tiraron las fotos que teníamos colgadas y estoy seguro de que más de una se rompió.

—Barre los trozos de vidrio —pidió con inusual calma. Kagome se pellizcó el puente de la nariz. No quería perder los estribos con las hijas de su mejor amiga, seguramente dentro de poco se calmarían—. Mira, al fin se callaron.

Inuyasha prestó atención al ambiente y, en efecto, el silencio volvía a reinar en su departamento. Al menos así fue hasta que comenzó a escuchar el sonido de papeles siendo destrozados. Vio de soslayo el rostro de Kagome palidecer y ambos voltearon a mirarse con pánico.

—¡El estudio!

—¿No lo cerraste?

—Creí que tú lo cerraste.

—¡Mis registros!

—¡Mis bibliografías!

._._._._._._._._._._.

Kagome se dejó caer pesadamente en el sofá junto a Inuyasha y se pasó el dorso de la mano por la frente.

—¿Se durmieron? —Preguntó el chico mientras cambiaba de canal.

—Sí.

—Qué bueno. Comenzaba a hartarme de las princesas de Disney.

—No te quejes demasiado. Esas "princesas estúpidas" son las que lograron calmarlas y hacerlas dormir. Por lo menos nos dejarán tranquilos hasta que venga Sango a buscarlas.

—Debería exorcizarlas —agregó, recibiendo al instante un codazo en las costillas—. ¿Qué?

—No te quejes tanto o tus hijos saldrán igual.

Inuyasha miró con interés a la azabache junto a él. Aquel comentario, si bien no tenía doble intención, sonaba como la propuesta más candente que su novia podría haberle hecho hasta el momento. Pasó un brazo por sobre sus hombros y la acercó a él, la joven a su lado ni siquiera se había percatado del cambio en la atmósfera.

—¿Ah, sí?

—Sí, nunca hay que escupir para arriba.

—Solo hay una forma de averiguarlo —tomó el mentón femenino y la obligó a sostenerle la mirada.

—¿Qué...? ¿Qué quieres decir? —Los ojos de Inuyasha la miraban profundamente, como si quisiera comérsela con la mirada— Ey, no hagas eso, conozco esa mirada.

—¿Hacer qué? ¿Esto?

Inuyasha depositó suaves besos en el cuello de la joven mientras reafirmaba su agarre en el hombro femenino. No la dejaría irse. Sabía bien cuánto la excitaba ser besada en esa parte. La sintió relajarse entre sus brazos tras algunos segundos y, justo cuando se proponía tumbarla en el sofá, sintió las pequeñas manos en su pecho intentando detenerlo.

—¿Qué pasa? —Preguntó levemente irritado.

—Aquí no.

—¿Por qué?

—Las niñas.

—...

—Podrían oírnos.

Inuyasha gruñó fastidiado al oír lo último. Usaban condón siempre y trataban de no tener hijos para evitar interrupciones tan inoportunas como esas, ¿y al final eran las hijas de sus amigos las que les impedían disfrutar de los placeres carnales?

—Lo lamento, pero... ¡Ey! —La disculpa de Kagome quedó en el aire al ser cargada al estilo nupcial por su impulsivo novio— No iremos a nuestra habitación, ¡allí duermen las gemelas!

—Yo tampoco pensaba ir a la habitación —rebatió y se dirigió a la entrada del departamento con las llaves en mano.

—Pero...

Inuyasha se apresuró a capturar los carnosos labios en un cálido beso. No había tiempo que perder, ni nada que pensar. Abrió la puerta a duras penas sin dejar de besar a la azabache en sus brazos. Luego de lo que le pareció una eternidad consiguió llegar a su auto estacionado el en garaje, lo abrió y se apresuró a meterse en el vehículo junto con la joven. Kagome no pudo evitar reír vagamente al ver el entusiasmo con el que Inuyasha reclinaba ambos asientos hasta finalmente transformarlos en semi-camas.

—¿Qué haces? —Rio.

—¿No es obvio? —Inuyasha instó a la joven a recostarse en los mullidos asientos y se apresuró a colocarse sobre ella sin quitarle la mirada de encima. Se agachó hasta quedar de frente a los ojos color canela y permitió que sus alientos se mezclaran debido a la cercanía— Hoy te haré el amor... En mi auto.

._._._._._._.

El timbre sonó una, dos, tres veces y nadie atendía. Sango volteó a mirar a su esposo que la esperaba dentro del auto mientras se reía lascivamente.

—¿Qué ocurre? —Preguntó lo suficientemente alto como para que el pelinegro la oyera.

Miroku apuntó al vehículo estacionado en el garaje y no pudo evitar reír estruendosamente al darse cuenta de que su amigo, el mismo que se quejaba de sus mañas, era un auténtico fetichista al hacerlo en su queridísimo auto. Los vidrios empañados garantizaban que los dos amantes la habían pasado de lo lindo mientras cuidaban a sus hijas. Sango se sonrojó al percatarse de las manos y dedos dibujados en los ventanales. Como si las palmas femeninas hubieran arañado los cristales en busca de algo firme de lo que sujetarse mientras era desbordada por el éxtasis.

—¡Miroku, no seas baboso! —Regañó— ¡Ni se te ocurra decirle a Inuyasha...!

—¿Decirme qué? —La puerta del departamento por fin se abrió y dejó ver a un malhumarado Inuyasha. Entre el pequeño espacio entre la puerta y la pared se colaron las dos revoltosas niñas que habían corrido al oír la dulce voz de su madre.

—¡Mami!

—Niñas... —Susurró. Mierda, se las notaba demasiado enérgicas— Dale las gracias a Kagome de mi parte.

—Se las daré.

—No es lo único que le dará —comentó el ojiazul desde la comodidad de su vehículo.

Un tic se instaló en la ceja de la mujer y se apresuró a interrumpir el comentario fuera de lugar de su marido mientras trataba de mantener tranquilas a sus inquietas hijas que continuaban girando alrededor de sus piernas.

—¿Dondé está Kagome?

—Se está bañando —Respondió tajante. Sango lo miró y se dio cuenta, por primera vez, de que él también tenía el cabello húmedo.

—¿Y cómo no iba a bañarse si lo pasaron de lo lindo en el auto?

—¡Miroku!

FIN

¡CÓMO PARÍ CON ESTE DRABBLE DE MIERDA! Diossss, casi me vuelvo loca :D para que se den una idea: escribo un drabble en solo cuarenta minutos o una hora —si es que estoy ocupada y me distraigo—, ¡con este drabble me demoré casi una semana! Confieso que quedé satisfecha con este resultado, pero no quiero volver a hacer un drabble de esto nunca más JAJAJAJA

Ufff, ¡qué reviews tan lindos me dejaron anoche! Me súper alegra que les haya gustado y algunas lo marcaran como favoritos :D significa que he logrado plasmar bien la pasión 7u7 ¡Gracias también a las nuevas lectoras en ambas plataformas! Es una de las mejores maneras de comenzar mi día c:

Nos leemos mañana a la misma hora y no olviden lo MUCHO que las amo. Ansío que suenen las once de la noche solamente para poder interactuar un ratito con ustedes... Cuídense y nos leemos pronto c:

12.10.20