Afrodisíaco

Kagome machacaba algunas hierbas medicinales en el mortero de madera y maldecía entre dientes. El repiqueteo del pequeño mazo contrastaba con las maldiciones que escapaban de sus labios entretanto se esforzaba por no perder la poca paciencia que le quedaba.

—Mierda... —Miró la olla con agua caliente, la misma que se enfriaba cada vez más. El caldero de barro ya debería estar atestado con verduras, carne y arroz si "alguien" no se hubiera olvidado de ir a buscar más leña. Pues la que tenían en su casa era muy poca para terminar de cocinar— ¿A dónde fue a buscar leña? ¿Acaso fue a fabricarla? ¡Literalmente vivimos en medio de un puto bosque!

Dejó el mortero a un lado y se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano. Trató de calmarse. Estaba haciendo un escándalo por tonterías. Su estómago gruñó queriendo convencerla de lo contrario. Vale, tal vez no fuera una "tontería". Estaba hambrienta y llevaba demasiado tiempo esperando poder cocinar. Claro, si no fuera porque no contaban con los troncos necesarios para hacer la fogata, calentar la olla, cocinar, saciar su hambre y, por ende, extinguir su mal humor. Pero hoy todo le salía mal.

—Será mejor que me calme o el piso será lo único que ese estúpido besará hoy.

A un lado suyo se encontraba una tela vieja que servía como un mantel para clasificar plantas medicinales. Las hierbas estaban separadas en raíces, semillas, hojas, tallos y flores; las mismas que a su vez se subdividían según su función. Todavía le faltaba revisar la gran cantidad que se encontraba mezclada en su cesto de mimbre.

—Será una tarde muy ocupada... —Hurgó en el pequeño montón de plantas en busca de algo que la calmase.

Entre flores, tallos y raíces logró encontrar la manzanilla que había recolectado esa mañana. Agarró un puñado y lavó la planta cuidadosamente sin molestarse en apartar las pequeñas hojas de otra hierba que se habían colado junto con la flor. Una vez que logró apartar toda la tierra cogió algo de agua del caldero y se preparó un té en un cuenco pequeño. La temperatura del agua no bastaría para cocinar la carne, ni las verduras, pero sería suficiente para hacer una deliciosa infusión de manzanilla y lo que aparentemente eran hojas de menta. La manzanilla era conocida por sus propiedades como sedante natural y calmaría su mal humor. La menta aliviaría su creciente dolor de cabeza, mejoraría su circulación sanguínea y le añadiría un sabor refrescante al té.

Esperó pacientemente a que el calor hiciera su magia, liberando así todo el sabor y fragancia de las hierbas. Y, una vez que el agua adquirió tonalidades verdosas, lo bebió lentamente dejando que el calor y los sabores inundaran su garganta. El aroma de la manzanilla, su gusto suave y dulzón combinado con el sabor de la menta le otorgaba a su estómago algo de paz. Frunció el ceño al degustar un sabor amargo casi al final, como si algo malo se hubiera colado en su ansiado té. Bebió dos, tres tragos, pero seguía sintiendo un sabor extraño al final, aunque no le resultaba del todo desagradable. Se encogió de hombros, en ese momento lo único que tenía para satisfacer su apetito era ese sencillo té. No podía ser demasiado exigente, por lo que terminó de beber la infusión ansiando que este calmara su mal humor.

._._._._._._._._._._._.

Inuyasha cargaba los leños sobre sus hombros. Conseguir madera seca después de una larga temporada de lluvia había sido más difícil de lo que creía. Pensaba colocarlos ordenadamente en la entrada de la cabaña y solo usar unos cuantos para cenar, pero cambió de idea al escuchar un sonido extraño provenir del interior de la choza. Dejó caer los maderos al suelo y corrió la cortina de bambú mientras inspeccionaba el interior con la mirada. Nada fuera de lo normal, excepto...

—¡Inuyasha! —La mujer se prendió de su cuello con tanto ahínco que casi lo hizo perder el equilibrio. ¿De dónde rayos había salido?— ¡Regresaste!

—S-sí —aquella repentina muestra de afecto lo había tomado por sorpresa—. ¿Estás bien?

—Estoy bien... —Se alzó de puntitas y hundió la nariz en el cuello masculino mientras aspiraba su olor— Mucho más que bien.

—¡E-ey! —Mierda, comenzaba a ponerse nervioso— ¿Qué te pasa?

—No me pasa nada —respondió dulcemente sin apartarse del cuerpo de su marido—. ¿Por qué lo preguntas?

Inuyasha tomó a la mujer por los hombros y la apartó de su cuerpo mientras la estudiaba detenidamente. Había algo extraño, algo no cuadraba. Sus orejas se movieron al frente en dirección al sonido que lo había alertado antes. Se trataba de la respiración de Kagome, la susodicha respiraba agitadamente. Como si hubiera corrido una maratón y sus pulmones no tuvieran suficiente oxígeno para abastecerla.

—Estás rara.

Kagome se balanceó hacia el frente e intentó besarlo, pero él se apartó rápidamente. Definitivamente algo no andaba bien. Sí, su mujer era impulsiva, pero ahora lucía casi... Desesperada por tocarlo. Ante su evidente negativa por besarla la azabache fijó sus enormes y expresivos ojos en los suyos. Sus pupilas estaban ligeramente dilatadas y su pecho subía y bajana rítmicamente, las manos se mostraban inquietas por deshacerse de su agarre y acortar la distancia entre sus cuerpos. Olfateó el ambiente, captando un olor extraño casi al instante. Miró acusadoramente a su esposa y trató de no prestarle atención a las pequeñas manos que continuaban moviéndose en el aire para intentar tocarlo.

—¿Hiciste algo mientras no estuve?

—No. Solo tomé un té.

—¿Un té? —Sí, su nariz había identificado el olor dulzón de la manzanilla en el aliento de su esposa, pero había algo más... ¿Qué?— ¿Lo preparaste en ese cuenco? —Señaló el pequeño envase de barro y la vio asentir completamente ida. Kagome procesaba sus preguntas, pero no parecía estar en sus cinco sentidos. Era como si estuviera ebria.

Soltó los hombros femeninos y caminó hasta el recipiente siendo seguido por la mujer muy de cerca. Se agachó y comprobó que el pote estaba vacío, apenas quedaban las hierbas hervidas como única evidencia de que Kagome decía la verdad. Sintió un peso en su espalda y los delgados brazos de la joven no tardaron en abrazarlo desde atrás.

—¿De qué era ese té?

—De menta... —Depositó besos cortos y dulces a lo ancho de su amplia espalda y se restregó contra su cuerpo. Tal vez fuera el sudor de Inuyasha luego de trabajar cortando leña o sus propias hormonas, pero algo la atraía a él. Inuyasha olía... Tan bien— y manzanilla.

El hanyou pasó saliva con esfuerzo por su garganta. Tener a Kagome a sus espaldas mientras deslizaba sus manos inquietas a lo largo de su pecho lo hacía sentirse nervioso, sobre todo porque no sabía exactamente qué le sucedía a su esposa. Tomó una de las hojas que se hallaba casi destruída al fondo del recipiente e inspiró profundamente mientras luchaba por ignorar los cariñosos roces de la sacerdotisa.

—Esto no es menta —sentenció.

—Sí lo es.

—No, es otra cosa. No sé qué, pero definitivamente no es menta.

—¿Y eso importa?

Kagome tiró de su haori hasta tumbarlo en el suelo de la cabaña y lo miró de forma hambrienta. Intentó levantarse, pero la joven se apresuró a sentarse a horcajadas sobre él impidiéndole así realizar cualquier movimiento. Respiró profundamente, debía mantener la calma. Tenía que sacársela de encima y correr a buscar la ayuda de la vieja de la aldea para que le dijera qué clase de veneno había tomado Kagome o, en todo caso, llamar a Miroku para que la exorcizara. Un demonio podría haberse apoderado de su cuerpo sin haberse dado cuenta. Sintió la delicada mano introducirse en sus pantalones y rodear su hombría con sus cálidos dedos. Cerró los ojos fuertemente y apretó los dientes para evitar soltar una maldición. Debía distraerla.

—N-no... Espera... ¿No íbamos a comer?

—Quiero comer otra cosa.

—¡Kagome! —Reprendió.

La azabache descendió a su cuello y volvió a depositar cariñosos besos en la zona. La cercanía que compartían le permitió detallar el acelerado pulso de su compañera, así como su respiración pesada y el exquisito olor a excitación que comenzaba a desprender. Llenando así el ambiente con aquel adictivo aroma y turbando sus sentidos. Kagome mordió su manzana de Adán sin dejar de restregarse contra su intimidad, llamándolo a gritos con su cuerpo.

Su esposa se movía cada vez con mayor velocidad y dejaba escapar jadeos lastimeros a medida que se excitaba cada vez más. Inuyasha no pudo evitar reprenderse al oírla. Parecía un espectador antes que un participante. Su mujer estaba llamándolo, clamando su atención... ¿Y él iba a ignorarla? No, definitivamente no.

Tomó rudamente la cabellera azabache y la acercó hasta capturar sus carnosos labios en un acalorado beso que la hizo jadear al sentir el primer roce entre sus lenguas. Lentamente la fue tumbando en el suelo de la cabaña hasta tenerla de piernas abiertas, expectante, ansiando su unión.

Miró brevemente el cuenco vacío a solo unos metros de distancia y sonrió con arrogancia. Sea lo que fuese que Kagome se había bebido, había logrado despertar el lado más apasionado de ella y le estaría agradecido eternamente a esa extraña hierba que, sin saberlo, era conocido por los lugareños como uno de los afrodisíacos más potentes de la región.

FIN

Hoy es un día muy especial. ¿Saben por qué? Porque llegué a la mitad del reto estando completamente al día. Quiero felicitar a mis compañeras, así como a mis amadas lectoras por comentar día a día, por haber llegado a esta instancia junto a mí, hemos luchado codo a codo y vaya que es difícil, ¿no? Espero reencontrarnos en futuros retos. Disfruto leerlas, así como recibir sus comentarios apoyándome c:

Solo quedan dieciséis drabbles, a partir de ahora pueden empezar a sentir esto como una despedida —siempre dramática, nunca indramática—. ¡Disfrutemos el tiempo que nos queda juntas!

IMPORTANTE: ¿QUÉ FUE LO QUE CONSUMIÓ KAGOME? No solamente resolveré sus dudas y explicaré el contexto sino que, además, les contaré la graciosa historia detrás de esto. Así que prepárense para unas largas notas de autor xD

Contexto: Cuando Kagome recolectaba hierbas, sin querer también recolectó un "yuyo" —hierbajo, como quieran decirle— creyendo que era menta. ¿Eso está claro? Genial. Lo que consumió fue una hierba conocida como... "Horny goat weed", por su traducción, "hierba de cabra en celo". Y sí, ya muchas se están riendo de lo lindo —yo también me reí xD— y esta hierba de verdad existe.

Historia: Esa hierba es llamada así porque un pastor que paseaba a sus cabras se dio cuenta de que sus cabras se volvían mucho más viriles luego de consumir esa planta. De ahí su nombre. Luego de estudiarla se dieron cuenta de que dicha hierba tiene propiedades afrodisíacas efectivas tanto en hombres como en mujeres. Y, por cierto, de verdad la planta es muy parecida a la menta. Por eso Kagome las confunde.

Quise ser innovadora y no usar el típico chocolate, frutas o pastillas. Así que me fui por las hierbas y creo que esta planta ha caído del cielo JAJAJAJA

Y no pueden faltar los agradecimientos al final de este drabble, ¿verdad? Aprecio muuuucho todos sus comentarios divinossss. Estaba un poco triste por perder lectoras en fanfiction :c pero eso hace que aprecie el doble a las personitas que no se pierden ni una sola actualización y comentan aunque sea una oración. Me hacen muy feliz :D

Espero vernos mañana a la misma hora de siempreee c:

14.10.20