One-Shot
"Regla de oro indispensable para resguardar la seguridad física de Draco Malfoy: No meterse con el cabello de Hermione Granger"
Baño de prefectosHogwarts Colegio de Magia y hechicería.Jueves por la tarde
En el baño de los prefectos se podía observar a Hermione Granger vestida con una bata de baño, caminando como una leona enjaulada de un lado a otro. A simple vista se notaba su molestia de la joven bruja. Y no era para menos, cualquier chica se molestaría si le pintaran el cabello de un color que no le gustará.
Hermione nuevamente se miró en el reflejo del espejo del baño. Su cabellera de rizos indomables que con anterioridad era castaña ahora se encontraba de un color verde esmeralda.
Suspiró con amargura, el verde era exactamente el color de la casa de Slytherin. Ella no quería llevar esos colores en su cabello. Intentó toda clase de hechizos para deshacer el encantamiento, pero al parecer el autor de dicha broma pensó en todo. Se encontraba frente a un estratega. Cuando descubriera quien le había causado aquella broma, se arrepentiría de meterse con ella.
Pero en ese momento, la arrepentida era ella por haberle pedido a Oliver Wood que le dejara usar el baño de los prefectos. Ella aún no cumplía con la edad para convertirse en prefecta de su casa. Apenas iba en su cuarto año de Hogwarts, y tenía entendido que los prefectos eran asignados a partir de la edad de 15 años. Es por esta razón que no tenía derecho de utilizar el fabuloso baño de los prefectos, claro que las reglas no tenían nada en contra de que un prefecto te otorgará un permiso especial para usarlo.
Después de lamentarse nuevamente de su actual imagen personal fue a revisar la botella de shampoo que uso. Abrió la botella y puso un poco del contenido en su palma. Olía a un shampoo normal e inofensivo, hasta el color de la sustancia era color crema. Hermione enarcó una ceja pensativa. Rápidamente fue al buró dónde dejó su uniforme y de su túnica sacó su varita.
— Revelio. — Dijo con voz firme la ex castaña a la palma de su mano que contenía el Shampoo. Este del bonito color crema pasó a ser color verde esmeralda, igual que su actual tono de cabello.
¿Cómo había podido ser tan tonta? Ella era muy cuidadosa para evitar ese tipo de bromas de mal gusto. Se sentó en la orilla de la gran tina de baño a pensar. ¿Quién habría sido el autor de dicha tragedia? ¿Habrán sido Fred y George?. Era una gran posibilidad, pero ellos hubieran optado por pintarle el cabello de otro color, incluso hubieran elegido una broma muchísimo peor. En definitiva no fueron ellos.
Luego estaba Ron. Aquel pelirrojo con el cual seguía molesta por lo acontecido en el baile de navidad del torneo de los tres magos. Jamás creyó que uno de sus amigos más cercanos fuera capaz de reprocharle su amistad con Viktor Krum y cuestionar la lealtad que ella le tenía a Harry. Ronald no era muy inteligente para planear una broma tan elaborada en contra de ella. Además el pelirrojo no era un suicida.
Después tenía a Harry. La chica hizo una mueca. Era evidente que su mejor amigo era incapaz de hacerle eso a ella. El pelinegro sabía a la perfección que Hermione no era partidaria de esa clase de humor. Por otro lado, Harry se encontraba ocupado lidiando con el torneo de los tres magos.
La ex castaña suspiró pesadamente, se le agotaban las opciones.
— Piensa, Herms. Debe haber algo que pasaste por alto. — Dijo al aire la chica Griffyndor, recorriendo con la mirada el lugar.
Un destello de un objeto que se encontraba cerca del lavabo de baño captó su atención. Inmediatamente Hermione se paró de su asiento y fue a recoger aquel objeto. Al levantarlo la hija de muggles palideció. Después su bello rostro pasó a un rojo carmesí. Estaba molesta y mucho.
Le dió vueltas en la palma de su mano a aquel anillo de plata con una serpiente y una "M" grabadas en él. Conocía ese símbolo a la perfección.
— Me las pagarás, Draco Malfoy. — Susurró amenazadora Hermione a la nada mientras se perdía en sus pensamientos.
Salón de pocionesMazmorras de HogwartsViernes por la mañana.
Hermione Granger seguía con su creciente mal humor y no era para menos. Sus amigos en lugar de apoyarla a buscar un contra hechizo ante semejante aberración, solo se burlaron de ella. El trío de oro tomó asiento en la penúltima mesa del salón de pociones.
—Ten paciencia, Mione. Tal vez en unos tres días se vaya el color. — Dijo Harry Potter sonriendo quedamente con lástima.
— Eso sí tiene suerte. Él que lo hizo es mi ídolo. — Susurró Ron Weasley al pelinegro tratando de sofocar una risa burlona, aunque este cayó sus intentos abruptamente por la mirada fulminante que le dedicó la princesa de Griffyndor.
— Si supieras que fue Malfoy el autor, no sería tu ídolo. — Pensó la chica molesta dedicándole sus pensamientos al pelirrojo, mientras hacía una mueca de desagrado.
Hermione literalmente quería arrancarse los cabellos. Cada vez que alguien le miraba en los pasillos ocurrían alguna de las siguientes tres opciones.
Número 1: Se reían de su cabello ahora color verde esmeralda.
Número 2: Susurraban entre ellos y cotilleaban sobre el asunto con otro grupo de amigos.
Número 3: Le preguntaban la causa de tan desafortunado suceso.
En el peor de los casos ocurrían las tres al mismo tiempo. Apretó con fuerza los libros que sostenía en sus brazos. Ese rubio teñido de Malfoy se las pagaría con creces, en esta ocasión ella no sería la chica ejemplar y madura que se dejaría humillar por aquel mago petulante. Le daría una lección a ese presumido sangre pura.
— Bonito color Granger. Ahora sí le haces honor a tu apodo. Cabeza de arbusto. — Mencionó maliciosamente una voz detrás del trío dorado.
Giraron los tres chicos en la dirección donde se encontraba la voz y se encontraron con Draco Malfoy sentado en la mesa de atrás, acompañado de sus inseparables amigos, Theodoro Nott y Blaise Zabini.
— Métete en tus asuntos, Malfoy. — Le expresó molesto el pelirrojo.
— Le estoy hablando a Granger, comadreja. No es de tu incumbencia. — Contestó con desdén el rubio platinado mirando con asco al mencionado.
Hermione apretó la mandíbula. Debía de controlarse y no explorar en ese momento. No sería muy inteligente hacerle daño a Malfoy en el aula de pociones. Después de todo Snape podía llegar en cualquier momento y las cosas se pondrían feas. Optó por seguirle el juego al slytherin.
— ¿Te gusta ? Pensé en que un cambio no estaría mal. Estaba aburrida del castaño. — Contestó la ahora peliverde chica con una gran sonrisa en su rostro.
Los otros cinco varones que la rodeaban guardaron silencio. Todos se preguntaban ¿Qué rayos le pasaba a Hermione Granger?. Por lo general la chica hubiera contestado a una ofensa de Draco Malfoy con astucia, pero al parecer esta vez le quería tomar el pelo al rubio metafóricamente. Theodoro Nott rio para sus adentros, esa chica era muy astuta. Debía reconocerselo.
Draco le miró con seriedad, evaluandola con calma. Sabía que algo tramaba aquella chica y no era algo bueno. Quizás descubrió que él había sido el causante de su nuevo tono de cabello. Tendría más cuidado con ella en un futuro, nadie haría quedar mal a Draco Malfoy, mucho menos una hija de muggles que le gustaba de gran manera.
Desde luego no le haría daño físico. Eso jamás. ¿Por qué razón lastimaria a la chica que le gustaba?
Por qué esa era la razón por la cual el rubio le hacía la vida imposible a la ex castaña, porque quería llamar su atención de alguna manera. En esta ocasión decidió meterse con su cabello, además de llamar su atención era un guiño para que se diera cuenta que ella era suya, no por nada optó por el color verde esmeralda. Aunque por la reacción de leona, intuyó que se había metido con algo muy importante para ella. Jamás le había contestado de aquella forma, esto era algo nuevo.
— Hermione, ¿Estás bien? — preguntó Harry preocupado por la mencionada. Esta le ignoró olímpicamente.
— ¿Y bien Malfoy, qué opinas? Me parece maravilloso, supongo que debo agradecerle al estilista que le hizo esto a mi cabello. — Le dijo en un tono muy dulzón la princesa de Griffyndor mientras se tomaba un mechón de cabello y lo enroscaba juguetonamente en su dedo.
Draco hizo una mueca de lado. Con aquella respuesta le dijo todo. Ella sabía que había sido él el causante.
— Te queda muy mono, Granger. Ese color de cabello hace que la gente se distraiga y no tome en cuenta el horrible olor inmundo de tu sangre sucia. — Contestó cauteloso el platinado, tanteado terreno. ¿Hasta dónde llegaría la paciencia de Granger? Era la pregunta que se hacía Draco.
Blaise le miró curioso. Conocía a Draco y sabía que le encantaba hacer comentarios groseros en contra de la chica de Gryffindor, pero algo se traían entre manos aquel par. Podía sentir la tensión en el aire. Esperaba que la situación fuera un espectáculo digno de mirar. Se maldijo internamente el moreno, lastima que no traía palomitas para botanear.
— Mione, ¡Por Godric, dile algo! — comentó Ron indignado, pero la chica también le ignoró.
— Que considerado de tu parte por notarlo, gracias. — Contestó aún con su voz dulzona, pero Draco pudo notar un cambio en aquellos ojos castaños.
Le miraban con un brillo asesino, casi imperceptible para la mayoría de los presentes, pero no para él que conocía los ojos de su amada a la perfección. Fruto de mirarlos a escondidas en algunas clases. Estaba en problemas, lo sabía. Solo esperaba que la venganza de la castaña no fuera muy dura en su contra. Aunque no se iba a dejar sorprender tan fácil por ella.
Draco para rematar la situación y confundir aún más a los ineptos amigos de la chica le guiño un ojo con coquetería. Ron se puso rojo de la ira y este era sostenido por Harry para que no se levantará de su lugar. Theo por su parte sonrió de lado sin decir nada y Blaise rompió a reír a carcajadas limpias.
Hermione tenía una sonrisa de lado tensa y un leve rubor en sus mejillas, casi imperceptible. Se giró para poder darle la espalda al rubio.
— Ese engreído, cree que por ser un poco apuesto no me vengare. — Pensó molesta la leona, mordiéndose la lengua para no seguir contestandole a la serpiente.
BibliotecaHogwarts Colegio de Magia y hechicería.Viernes después de la comida (aprox. 5 pm)
La gran y ancestral biblioteca de Hogwarts se encontraba totalmente desierta, la razón principal de esto era debido a que era viernes por la tarde y la mayoría de los estudiantes preferían pasar su tiempo libre en sus salas comunes o alrededor del castillo.
En una de las mesas de hasta el fondo del lugar, cubierto por un gran libro estaba Draco Malfoy pensativo. Se cuestionaba el lugar en donde había extraviado el anillo de su familia. Si su padre se llegará a enterar de la pérdida, estaría muerto antes de decir Hogwarts. Decidió que lo mejor para su salud mental era pensar en otra cosa. Fue ahí cuando se le vino a la cabeza Hermione Granger.
No es que el rubio se arrepintiera de pintarle el cabello a Granger, pero en verdad se encontraba un poco preocupado. Sabía que la princesa de Griffyndor podía ser vengativa, pero lo que más lo tenía con el pendiente era la forma en que lo haría. Había aprendido a la mala que la joven de ojos castaños podía recurrir a métodos muggles para defenderse.
Inconscientemente se llevó la mano al puente de su nariz. No por nada se la rompió hace un año cuando se burló de la situación del pajarraco del guarda bosque. Era una bruja espléndida y talentosa cuando la conoció y no pudo evitar caer flechado por ella en primer grado, pero su respeto se lo ganó en tercero.
Lastima su condición de sangre, pero ¿A quién le importaba eso en la actualidad? La bruja le había demostrado con su capacidad que la condición de sangre era algo arcaico e irracional. Y por supuesto Draco Malfoy jamás sería irracional.
— Esa Granger sí que es una leona feroz. — pensó con satisfacción sonriendo de lado.
El rubio estaba dispuesto a seguir divagando en sus pensamientos, pero estos fueron interrumpidos por un pedazo de pergamino en forma de avión que se colocó frente a él. Interrogante arqueo sus cejas.
Con cuidado desdobló el pedazo de pergamino encontrándose con una nota un tanto peculiar.
MalfoySé que fuiste tú. Si quieres de regreso tu estúpida reliquia familiar, búscame en la sala de los menesteres en 10 minutos. Ven solo.H. Granger
Draco sonrió divertido. ¿Con que la pequeña leona quería verlo? Pues no la privaría de su presencia. Le daría la satisfacción. También recuperaría su anillo, no importaba qué condiciones le impusiera, él siempre conseguía lo que quería.
— Prepárate, Granger. — Susurró con satisfacción para después poner una sonrisa arrogante mientras se levantaba de la mesa y se retiraba de la biblioteca.
Sala de menesteresHogwarts colegio de magia y hechiceríaViernes 5:30 pm
Dentro de la sala de menesteres se encontraba aquella pareja tan desigual, un slytherin y una Griffyndor, erguidos y con pose orgullosa sin ceder uno frente del otro. La chica con cabellos esmeralda miraba con frialdad al rubio platinado.
— Te dije en diez minutos, no media hora. Al parecer te cuesta entender las instrucciones más básicas. — Expresó malhumorada la chica de rizos.
— Nadie me da órdenes, Granger. Menos una Griffyndork como tú. — Le respondió petulante mirándola con desafío. — Ahora dame mi anillo. Se que lo robaste con la excusa de poder hablar conmigo. — Añadió de forma soberbia mirándola con intensidad.
— ¿Es que tú madre te tiró de la cuna? ¡Tu lo dejaste en el baño de prefectos cuando fuiste a cambiar la botella de shampoo! No me vengas a ver la cara de tonta. — Contestó con mortal seriedad la joven.
Para este punto sus brazos los dejo a sus lados, pero sus puños estaban tensos. En verdad quería volver a golpear la cara de niño bonito de Malfoy con ganas, pero debía controlarse si quería enseñarle a este que nadie se metía con su cabello.
— No necesito verte la cara de tonta, ya la tienes así, no hay remedio. — Contestó de forma maliciosa el rubio. Hermione iba a interrumpir, pero este no le dejó. — Vamos, Granger. Fue una broma inofensiva, no es para tanto. — Se encogió de hombros de manera despreocupada el slytherin.
— ¿Que no es para tanto ? Pensé que una persona como tú lo comprendería. Después de todo se ve que cuidas mucho de tu cabello. — Mencionó la leona de forma histérica.
— ¿Te han mencionado que eres muy exagerada? Además, no existe punto de comparación entre mi hermoso cabello y tu estropajo sin gracia. — Respondió arrogante con una sonrisa marca Malfoy.
— Te estás pasando, Hurón Narcisista. Ten mucho cuidado. — Dijo amenazadora Hermione mientras se acercaba un poco más al rubio.
Este le miró molesto. Odiaba que lo llamarán así y todo por culpa del intento de profesor de defensa contra las artes oscuras en turno que tenía Hogwarts. Maldito fuera ese tal Moody que lo había convertido en Hurón hace dos semanas.
— ¿O sino que me harás, sangre sucia? — Preguntó retador el joven de ojos platas acortando aún más la distancia entre ellos.
Grave error de parte del rubio. Lo que sucedió a continuación fue que una muy cabreada Hermione le soltó un golpe en la mejilla a puño cerrado. Draco sorprendido y un poco despeinado se hecho para atrás con una expresión de incredulidad.
— ¿Acaso estás loca? — Le gritó mientras se tocaba su mejilla magullada, pero la ex castaña ni siquiera se limitó a contestar.
Rápidamente Hermione tomó la varita de su bolsillo y pronunció el tan ansiado hechizo sin dejar reaccionar al chico.
— ¡ Immobulus ! —
Fue así como la serpiente quedó inmóvil con una mueca de desprecio en el rostro. Hermione sonrió con satisfacción mientras se acercaba a su encuentro.
— Al parecer la serpiente no tiene tanto veneno como presume. — Mencionó burlonamente mientras pasaba una mano por el cabello rubio del chico, despeinandolo.
Draco la fulminó con su mirada acerada. Le gusta el toque de la mano de la chica en su cabello, pero aún así ¿Cómo se atrevía a atacarlo de esa forma tan bárbara?. Tenía que idear la manera de poder librarse del problema en el que se había metido, pero al parecer al rubio no se le iba a brindar la oportunidad de pensar en una salida. Sus ojos se abrieron sorprendidos cuando Hermione Granger sacó de la nada una cuerda muy gruesa.
— Nos vamos a divertir mucho, Malfoy. — Canturreó con una sonrisa radiante la princesa de Griffyndor mientras empezaba a pasar la cuerda por el cuerpo de la serpiente.
Fue así como la chica empezó a mover el cuerpo del joven rubio como si se tratase de un muñeco de trapo, primero se dedicó a poner sus manos en su espalda y las amarró con fuerza. Después pasó otra parte de la cuerda por todo el torso y de igual manera hizo el nudo para asegurar su amarre en la parte de atrás de su cuerpo.
En la parte superior de sus muslos hizo el mismo trabajo que con el torso. Al momento de llegar a esta parte, Draco se sonrojó repentinamente, Hermione le miró extrañada. La razón por la cual el rubio había obtenido un bonito color carmesí en su pálido rostro fue que Hermione al momento de pasar sus manos por esa área, sin querer le tocó su trasero sin darse cuenta. Obviamente Malfoy sabía que era un accidente, pero no podía evitar sentirse apenado.
Pudo observar a Granger encogerse de hombros, restándole importancia a la situación. Al menos tenía una vía de salida, ya que había olvidado asegurar sus pies. Cuando la chica de melena rizada se distrajerá, sería momento para escapar.
— Oh, casi lo olvido. No te he amarrado los pies. — Agregó la joven Gryffindor, para después así atar sus tobillos juntos. Draco maldijo su suerte y si hubiera sido capaz de articular palabra habría dicho muchas palabras inapropiadas. Por último Hermione tumbó con cuidado al chico en el suelo.
— Bueno, creo que ya es hora de que puedas hablar. — Dijo Hermione mientras apuntaba a la serpiente con su varita y deshacía el hechizo.
Una vez que Malfoy sintió de nuevo el control de su cuerpo, intentó reincorporarse del suelo, pero el pie de la joven ex castaña no le dejó. Ya que lo puso encima suyo sin ningún cuidado.
— Cuidado, vas a ensuciarme sangre sucia. — Expresó molesto, fulminando con la mirada a la chica.
— Vaya, si que tienes el descaro de protestar, aún estando en la condición que estás. — Contestó serena la joven mientras retiraba su pie de encima del chico y procedía a sentarse arriba de él.
— ¿Qué rayos crees que haces? Pesas mucho. ¿No has considerado hacer una dieta? — Comentó cabreado el rubio platinado sintiendo todo el peso de la castaña arriba suyo.
— No me interesa lo que digas. Nos quedaremos aquí mucho tiempo. Así que acostumbrate. Ahora sí me disculpas, leeré un buen libro. — Le Reprendió Hermione mientras que con su varita invocaba un libro y se disponía a leer cómodamente arriba del rubio que le servía de silla en ese momento. — ¡Vaya, eres muy cómodo!— Exclamó con satisfacción la chica, para posteriormente perderse en la lectura.
Draco estaba incrédulo, este si que era un golpe a su orgullo. Amarrado por una simple hija de muggles. Y lo peor de todo es que estaba siendo humillado y degradado a un simple asiento. Pensó que la mejor manera de protestar sería haciendo ruido para interrumpir su lectura y retorcerse como un gusano para quitar a Granger de encima suyo.
Rápidamente descartó la idea al ver el rostro sereno y concentrado de la joven Leona. Draco analizó sus facciones con esmero. Siempre le había parecido bonita, a pesar de su gran cabello espeso e indomable. Además las pecas poco visibles que adornaban la nariz de la fémina se le hacían algo muy tierno.
Él era uno de los pocos magos que había apreciado la verdadera belleza de aquella leona. La forma en la que se arregló Hermione Granger en el baile de navidad le dejó asombrado y fascinado. Si antes de por sí pensaba que era bella ahora sí podía decir que era una hermosura. Una combinación perfecta entre inteligencia, amabilidad, terquedad y sencillez.
Ahora que lo recordaba, sintió unos celos terribles al ver que Viktor Krum se había atrevido a invitarla al baile. Se sintió terrible al ver cómo otro mago si era capaz de invitarla como si nada, no como él. Que por culpa de sus creencias no podía aún permitirse ciertos lujos y placeres para obtener su felicidad al lado de la princesa de Griffyndor. Fue así como quiso vengarse de Granger por ir con otro chico y decidió que la mejor manera era atentar en contra de su cabello, que era una de sus características físicas más llamativas en su persona.
Nada más apropiado que un color verde esmeralda. El color de la casa de Slytherin. Era una forma de advertirle y anticiparle que ella era suya. Porque en efecto, Draco Malfoy había decidido desde tercer año que Hermione Granger algún día sería su bella esposa.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el malestar de adormecimiento en sus extremidades. A falta de movimiento en su cuerpo era algo lógico la falta de circulación de sangre. Se sentía frustrado, pero muy dentro de sí feliz. El lado bueno de la situación era que podía estar junto a la chica que amaba sin que nadie le señalará. Lastima que Granger lo tuviera en esas condiciones.
— Se puede saber, ¿Por qué lo hiciste? — Preguntó con curiosidad Hermione dejando de lado su libro para ver el rostro de Draco.
Se sorprendió al percatarse de que el joven la estuviera mirando antes de girar la cara en su dirección. Además se le hacía sospechoso que el rubio no se estuviera quejando por las condiciones en que estaba sometido.
— Si te lo cuento, ¿Me soltarás?. Se me está empezando a dormir el cuerpo. — Contestó Draco con voz neutral.
— Tal vez podríamos negociar. — Propusó Hermione un poco pensativa.
— Suena bien Granger, pero primero contestame algo. — Dijo Draco tranquilamente, vio como la leona asentía con la cabeza. — Si yo no hubiera sido criado bajo la ideología de la sangre. ¿Crees que tú y yo seríamos buenos amigos? — Preguntó con curiosidad el rubio viendo directamente a los ojos
Hermione Granger por primera vez en su vida no sabía que responder ante una pregunta. ¿A qué quería llegar Malfoy?. Empezó a analizar la situación, el rubio y ella en efecto tenían más cosas en común de las que le gustaría admitir. Ambos eran amantes de la lectura, les gustaba el estudio y eran muy mandones, pero principalmente era que les gustaba ser los mejores en todo.
Hermione no quería admitirlo, pero la personalidad de Draco era atrayente. Le cautivaba esa seguridad en sí mismo que tenía. Cómo si el mundo fuera suyo. Además esa astucia que lo caracterizaba como un slytherin de primera. El sangre pura sí que la hacía pensar para ingeniar la forma de responder a sus insultos.
Tal vez no fuera tan descabellado que él y ella fueran amigos, si él dejara de ser un purista de primera. Correspondió a la mirada intensa que le dirigía el rubio y miró sus ojos platas tan únicos.
— Eso depende de ti, Draco. — Le contestó de forma cuidadosa y suave Hermione, esperando ansiosa la respuesta del rubio.
Este a su vez se quedó pensativo y en silencio por un momento. Después de todo tenían una oportunidad. Rápidamente su rostro mostró una sonrisa torcida.
— Te pinte el cabello de verde como venganza por ir al baile con Krum. — Admitió cínicamente el príncipe de slytherin, omitiendo un poco de la verdad.
No era momento para confesarle a la chica que lo había hecho como una forma de anticiparle que algún día sería suya.
— ¡Pero eso no tiene sentido! ¿A ti que te afectaba? — Preguntó confundida la de rizos indomables.
— Soy muy celoso, Granger. Tu eres única y exclusivamente mi sangre sucia. — Contestó seguro y petulante sin dejar de lado su sonrisa.
Hermione se sonrojo por la confesión. No era la respuesta que ella esperaba. Ella creía que la razón de su cabello verde se trataría por una simple broma para hacerla cabrear, pero esto iba más haya de su comprensión. Tal vez algún día, juntos pudieran aclarar la confesión que Malfoy le acababa de hacer.
— Me siento halagada. — Respondió satisfecha Hermione quitándose de encima del rubio.
— ¿Como no sentirte así?. Después de todo soy un Malfoy. Soy lo mejor. — Comentó arrogante.
— No lo arruines, ¿Quieres? — Le contestó fastidiada la joven. Mientras tanto, de su túnica sacó una pequeña poción.
— ¿Qué es eso Granger? — Preguntó curioso el sangre pura señalando con su mirada el frasco de poción en manos de la leona.
— Esto es lo que nos ayudará estar a mano. Así que ¡Immobulus! — Habló con satisfacción la princesa de Griffyndor apuntandole con la varita para inmovilizar de nuevo al rubio.
Este nuevamente no le dió tiempo ni de maldecir. Hermione una vez que se aseguró de que el hechizo cumpliera con su objetivo, se acercó para verter el contenido de la poción sobre el cabello rubio de Draco.
Draco se quedó sin respirar al sentir el líquido frío en su cuero cabelludo. La hija de muggles era capaz de dejarlo calvo como venganza. ¿A qué venía la poción?
Está era una de las pocas ocasiones en las cuales tenía miedo, y todas ellas provocadas por Hermione Granger, su amada. Una vez terminado con su tarea la ex castaña se volvió a reincorporar alegre.
— Espero que con esto pienses con detenimiento antes de volver a meterte con mi cabello. — Le fulminó con la mirada Hermione mientras se daba la vuelta para salir de la sala de menesteres molesta dejando a un Draco inmóvil y atado en el suelo.
Al salir, Draco maldijo a todos los ancestros de la chica. Se le quedó grabado en su cabeza una regla de oro indispensable.
— No te metas con el cabello de Hermione Granger, sino quieres que dañe tu integridad física. — Pensó sabiamente mirando al techo.
Después de una hora el hechizo de inmovilidad dejó de surtir efecto y mágicamente sus ataduras que lo tenían preso se aflojaron. Le dolía todo el cuerpo, en especial su mejilla golpeada. En verdad Granger era toda una arpía. ¿Cómo es que no estaba en slytherin?. Al menos le había demostrado que sería algún día una digna señora Malfoy.
Decidió mirarse al espejo para ver el recuento de daños. Le rezo a Merlín para que no fuera grave la situación, no quería ser calvo ni un día. Después de comprobar el daño, se arreglaría un poco para mirarse presentable para que pudiera ir a cenar. Lidiar con una leona salvaje podía dar mucha hambre. Cuando llegó al espejo de la sala, grande fue su sorpresa al percatarse que ahora su cabello era rojo escarlata, igual al color de la casa de Griffyndor. Al menos no estaba calvo, pero tenía un horrible color sustituyendo su hermoso tono rubio platinado (natural, por supuesto).
— Joder, está mujer acabará conmigo. — Suspiró cansado tratando de deshacer el encantamiento, más nada funcionó.
Debía de reconocerlo, se lo merecía por patán, pero no sé arrepentía de nada. Ya que pudo pasar unas horas muy interesantes al lado de su leona y le sacó la verdad de que quizá algún día pudieran ser amigos.
Algo más captó su atención. En el suelo había un pequeño trozo de pergamino. Con gran curiosidad el rubio se agachó a recogerlo.
MalfoyNo sé si algún día encuentres esta nota, pero debo confesar que entendí porque me pintaste el cabello esmeralda. Déjame decirte que ¡No soy de tu propiedad, estúpido hurón!. Quizás en algún momento me decida a devolver tu anillo familiar.PD: ¿No necesito explicarte porque te pinte el cabello rojo, o si? Eres inteligente a tu manera, sé que podrás entender mis razones.H. G.
— Serpiente disfraza de León. Me gusta aún más...— Susurró Draco Malfoy cerrando sus ojos con satisfacción.
Después de tomarse un momento sonrió con sinceridad. Con cuidado guardó la nota en uno de sus bolsillos. Sería un buen recuerdo para un futuro. Tal vez algún día les contaría a sus hijos este acontecimiento que acaba de vivir. De cómo fue que inició una pequeña complicidad entre la princesa de Griffyndor y el príncipe de slytherin. Rio con elegancia mientras salía de la sala de menesteres con su caminar seguro. Desde luego que él sí le pertenecía completamente a Hermione Granger, en especial su corazón y alma. No era necesario que le pintara el cabello para marcar ese hecho.
Con gusto se lo demostraría orgulloso a Hogwarts y en algunos años al mundo entero.
