Juguete

Inuyasha olisqueó la habitación y cerró los ojos mientras seguía su olfato. Su sensible nariz lo había guiado hasta un cesto con ropa limpia y cuidadosamente doblada. Tomó una de las prendas y, por el tamaño y olor, sabía que pertenecían a la sacerdotisa del futuro. Seguramente la señora Higurashi había estado lavando ropa para aprovechar el día soleado. Tiró la camisa de tirantes a un lado y continuó hurgando. Esa camisa no le interesaba, ni esa, ni las otras vestimentas dentro del cesto hecho de un extraño material. Buscó y rebuscó hasta que su paciencia finalmente se agotó y terminó por volcar el canasto sobre la cama de la azabache, desparramando así todas las prendas.

Su nariz se movió graciosamente y lo impulsó a enterrar el rostro entre las vestimentas completamente desdobladas. Y, tras escasos segundos, al fin dio con su objetivo. Una pequeña y desgastada cajita rectangular que dentro contenía algo, ese mismo "algo" que lo había tenido turbado desde que llegó a la habitación hace algunos minutos. La abrió con impaciencia y dentro se encontró una especie de mortero* de color rosa, pero mucho más flexible.

—¿Para qué necesita Kagome un mortero? ¿También aquí hace ungüentos?

Olfateó el extraño objeto detectando una esencia familiar, pero a la vez nueva. Toda la habitación estaba impregnada con el perfume de Kagome, así que era difícil aislar un olor en específico. Inspeccionó detenidamente el mortero futurista teniendo especial cuidado de no rasgar el material con sus garras. Encontró una pequeña protuberancia en la base, se la notaba más firme que el resto. Aplicó un poco de fuerza e inmediatamente el objeto comenzó a vibrar entre sus manos.

—¿Pero qué clase de hechizo es este? —¿Qué palabra usaba Kagome para referirse a las cosas que se hacían por sí solas? Ah, sí, automático— ¿Es un mortero automático?

La puerta de la habitación se abrió dejando ver a una Kagome que llegaba completamente agotada después de una larga jornada escolar.

—Llegué...

—Kagome.

—¿Qué? —Se quitó las medias y las dejó a un lado. Ya tendría tiempo de poner cada cosa en su lugar, por ahora solo quería tomar las cosas necesarias para bañarse— ¿Encontraste otro gato y también te arañó?

—Casi.

—¿Qué quieres decir con "casi"?

—Encontré tu mortero automático.

—¿Mi qué? —Kagome miró al albino por primera vez y abrió desmesuradamente los ojos al verlo parado en medio de la habitación mientras sostenía orgullosamente un dildo, como si de una espada se tratase— ¡¿De dónde sacaste eso?!

—Estaba en esa cosa que usan ustedes para poner la ropa. Ah, por cierto, tienen que volver a doblarla. Esta cosa sigue vibrando...

La azabache se sonrojó furiosamente al verlo apretar nuevamente el botón que regulaba la velocidad. El zumbido se hizo más potente, sí, Inuyasha acababa de activar la "súper velocidad". Era gracioso verlo mover el objeto de arriba hacia abajo como si tratara de triturar un montón de plantas. En efecto, eso servía para triturar... Con el pequeñísimo detalle de que eran las entrañas de una mujer las que se retorcían deliciosamente al recibir el golpeteo del dildo.

—Deja eso —ordenó notablemente nerviosa.

—¿Por qué?

—¡Te dije que lo dejes! —Se estiró para arrebatarle el juguete, pero el chico fue más rápido y se apresuró a levantar el objeto por sobre su cabeza— ¡Inuyasha!

—¿Qué? Yo lo vi primero. ¡Consíguete el tuyo!

La joven contuvo las ganas de palmearse el rostro. No debía mostrarse nerviosa, ni desesperada por arrebatarle el objeto o Inuyasha se aferraría aún más al dichoso pene de silicona.

—¿Puedes apagarlo? —Pidió con inusual calma y las mejillas sonrojadas. La vibración era tan fuerte que temía que el abuelo o Sota lo oyeran o, como mínimo, pensaran que había un enjambre de abejas en su habitación.

—¿Cómo? —Bien, tenía su atención. Podía decirse que estaba ganando.

—El botón. Sí, ese que acabas de tocar. ¿Puedes presionarlo rápidamente dos veces?

—¿Así?

—Sí, gracias.

Inuyasha miró con renovado interés el curioso objeto entre sus manos. Su poder y potencia era tal que fácilmente podría machacar decenas de plantas medicinales.

—Kagome...

—¿A-ahora qué?

—¿Para qué necesitas algo así? ¿Es para ayudar a la anciana Kaede?

Kagome no pudo evitar taparse la boca con rapidez para mitigar la risa que le daba oír la estupidez que el albino acababa de decir. Sí, ese tipo de juguetes servía para ayudar a mujeres grandes y necesitadas como Kaede. Pero, obviamente, no era el tipo de ayuda a la que Inuyasha se refería. Necesitaba respirar o acabaría por reírse en su cara. Respiró profundamente y trató de mantener la mente —y el cuerpo— en frío. Debía calmarse y hablarle con la verdad o todo se le saldría de las manos. Si Inuyasha creía que eso era un mortero no dudaría en llevárselo a Kaede y enseñárselo... Y no quería ni pensar en lo que diría Miroku al ver al ojidorado manipular ese objeto. Reprimió una risita y se recriminó por no mantener la compostura.

—No, Inuyasha... Eso... No es un mortero.

—¿De qué te ríes, tonta? ¿Para qué es entonces? —Kagome apretó los labios conteniendo una nueva carcajada.

—Es para... Consolarse —Touché, no por nada les decían "consoladores".

—¿Con esto te secas las lágrimas o qué?

—¡No seas idiota! —Rio. No aguantaría mucho tiempo teniendo esa conversación— Sirve para masturbarse, ¿sí? Listo, ¡lo dije!

Y, finalmente, procedió a reírse estruendosamente mientras se sujetaba el estómago. A veces la ignorancia de Inuyasha le resultaba tan graciosa. Por su parte, el hanyou miraba aterrado el objeto entre sus manos —el mismo al cual ahora le encontraba una forma demasiado obvia y sugerente—. Tiró el vibrador en la cama completamente asqueado al comprender para qué servía el dichoso mortero. Mierda, ¡¿por qué en esa época nada era lo que parecía?!

Observó a la azabache reírse sin descaro. Claro, había parecido un idiota y ella simplemente se burlaba.

—Maldita perra —masculló. La risas de Kagome pararon y volteó a mirarlo con el ceño fruncido, no le perdonaría tal ofensa.

—¡Ey! ¿Qué dijiste? —Se plantó delante del chico y lo miró desafiante a los ojos.

Si sabía lo que le convenía no se atrevería a repetirlo dos veces. Pero, para su sorpresa, el albino no solamente lo repitió sino que acortó la distancia entre sus cuerpos al tomarla posesivamente por la cintura. No le quitaba los ojos de encima. Las orbes doradas tenían un brillo inusual, su mirada densa y opaca la hacía sentirse diminuta a su lado. Esa mirada... Nunca la había visto.

—Dije... Que eres una maldita perra. Además... —Su rostro descendió hasta que sus labios se rozaron con los femeninos en una sugerente caricia. Kagome entrecerró los ojos y esperó el anhelado beso que el albino le ofrecía— El mío es más grueso.

A la mierda la atmósfera.

—¡Inuyasha!

—Y más potente. —Apretó el trasero de la colegiala y la sintió tensarse, pero tampoco se apartó de su toque— Si voy a ser tu juguete... Quiero ser el que vibra.

Sintió el bulto presionarse contra su intimidad y contuvo el aliento con esfuerzo. De acuerdo, la tarde había sido un poco acalorada y no se arrepentía de haber mantenido esa conversación con Inuyasha. Pero, para ser sincera, le diría a su madre que la próxima vez tratara de no perder sus juguetes entre su ropa o no podría volver a cubrirla.

¿Qué? No pensaron que el juguete de verdad era de Kagome... ¿O sí?

FIN

*Mortero: Utensilio de cocina que sirve para moler o machacar; consiste en un recipiente de madera y un pequeño mazo (mano de mortero) con el que se machaca.

Hoy no fue un muy buen día para mí, peeero bueno, la maldición del 2020 tampoco ayuda xD

¡Gracias a las que siguen comentando día a díaaaa! No se pierden ni un solo drabble y eso me derrite de ternura c:

Por cierto, la continuación de "Ascensor" no la subiré aún, pero prometo avisarles con antelación porque muchas se animaron a realmente vestirse de negro para conmemorar la ocasión xD pongan música de tensión de fondo cuando vayan a leerlo, le dará "el toque". En fin, saben dónde encontrarme y a qué hora... ¡Nos leemos pronto!

12.10.20