Disfraz

Entró a la habitación que compartía con la azabache y un pantaloncillo se estampó contra su rostro obligándolo a detenerse.

—¿Qué ocurre? —Inspeccionó el cuarto y se dio cuenta de que absolutamente todo el piso estaba cubierto con prendas de ropa. El lugar era un desastre. Miró a su novia tirando ropas en el aire y le arrojó el pantalón a la cara para captar su atención— ¿Qué estás haciendo?

La susodicha volteó a mirarlo un segundo, examinó el pantalón y tras negar brevemente con la cabeza volvió a hurgar en su ropero en busca de algo que le sirviese.

—Halloween se acerca.

—Eso ya lo sé. ¿Y qué?

—Debo escoger un disfraz para ir a la fiesta de la universidad.

—¿La universidad? ¿Vas a ir a emborracharte con todos esos idiotas?

—No voy a ir sola. Sango y Miroku estarán ahí... Y espero que me acompañes.

—¿Yo? No me interesan esas estupideces. —Tomó una toalla y se preparó para ir a bañarse— No tengo tiempo para esas bobadas.

Kagome rodó los ojos y continuó hurgando entre su ropa. Le daba igual. Ella iría a esa fiesta y se divertiría con o sin su novio. Solo le quedaba... Encontrar un disfraz.

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—¡¿Qué te parece?! —Irrumpió en la espaciosa habitación sin molestarse en tocar la puerta. El resultado fue un Inuyasha muy sonrojado que a duras penas había alcanzado a taparse sus partes nobles con ayuda de la toalla.

—¡Kagome!

—Ah, lo siento...

—Da igual... —Respondió— ¿Qué quieres?

—Eh... —Su mente hizo cortocircuito mientras sus ojos se encargaban de estudiar el trabajado abdomen del muchacho. Esa deliciosa tableta de chocolate que la mayoría de hombres ansiaba obtener, la misma que era un imán para las mujeres. Sacudió la cabeza y se apresuró a centrarse, no debía distraerse— Venía a mostrarte mi disfraz, pero creo que estás ocupado —había sido mala idea ir a mostrarle su disfraz a su novio mientras este se vestía luego de tomar una ducha.

—Oh... —Musitó dándose cuenta por primera vez del extraño atuendo que vestía la joven— ¿Te disfrazaste de Alicia en el país de las maravillas?

Kagome tragó saliva con dificultad y contuvo las ganas de desviar la mirada hacia la ingle del muchacho. Le encantaría que la llevara al país de las maravillas utilizando únicamente "eso" que él sabía usar tan bien.

—S-sí —tartamudeó—, pero no me gusta.

—¿Por qué? Es lindo —y lo era. El pomposo vestido color celeste pastel resaltaba su blanquecina piel, el pequeño delantal a juego con la cinta en su cabeza contrastaba con su cabellera azabache y las medias blancas solo hacían que los muslos femeninos se le antojaran más apetitosos de lo usual. Estaba realmente linda.

—Alicia es rubia y yo no —se quejó—, soy morena.

—Ponte una peluca —Kagome rodó los ojos. A veces los hombres eran tan simples.

—No tengo tiempo para eso. Tengo que disfrazarme de otra cosa.

—Pero...

—¡Ya vuelvo!

Inuyasha se quedó solo nuevamente y se preparó para terminar de vestirse. Comenzaba a ser incómodo estar cubierto de la cintura para abajo con una pequeña toalla. Sin embargo, su privacidad no duró mucho.

—¡Regresé!

—¿En tu casa no te enseñaron a tocar la puerta antes de entrar?

—Cállate. ¿Cuál crees que me quedaría mejor? —Preguntó mientras le enseñaba un pequeño delantal a juego con un corsé negro en su mano derecha, mientras que en la izquierda sostenía un disfraz de azafata— ¿A o B?

El ojidorado se acercó a la joven y sopesó la situación. Ambos disfraces eran bonitos, clásicos de halloween y con un toque de sensualidad difícil de ignorar. Señaló el atuendo de azafata y la vio desaparecer rápidamente para ir a probarse el disfraz. Se sentó en la cama sin dignarse a vestirse y suspiró... Esto iba para rato.

._._._._._._._.

—¡Ninguno me queda bien!

—Este me gusta.

—Eso dijiste con los anteriores, Inuyasha. Si te gustan todos es lo mismo que decir que no te gusta ninguno.

Por un momento el cerebro de Inuyasha se fundió. ¿Qué clase de lógica usaban las mujeres?

—No, en serio, este me gusta —confesó.

El traje de sirvienta se amoldaba demasiado bien a las curvas naturales de Kagome. Los colores monocromáticos nunca pasaban de moda y, en esta ocasión, el negro combinaba a la perfección con la rebelde cabellera azabache. El corsé realzaba sus pechos y acentuaba la delgada cintura, la atrevida falda de satén cubría a duras penas el redondeado trasero femenino, lo que lo hacía aún más excitante. Era como tener un tesoro al alcance de la mano y no poder tocarlo, ni verlo.

—Mientes —acusó y vio la forma en que Inuyasha frunció el ceño. Comenzaba a irritarlo tener una novia tan insegura. Por Dios, ¡ella era hermosa! ¿Acaso no era capaz de ver algo tan simple?

Se posó frente a ella y acortó la distancia entre ambos al tomarla por la cintura. Su pecho desnudo hizo contacto directo con la tela del atrevido disfraz y pudo sentir a su novia estremecerse por la cercanía.

—Yo no miento. —Desvió la mirada a los turgentes pechos y contuvo las ganas de relamerse— Bueno... Tal vez sí.

—¿Lo ves? Te lo dije. Ningún atuendo me queda bien y...

—Es porque no llevas el disfraz adecuado.

—¿Y cuál es el adecuado?

Inuyasha guardó silencio por breves instantes para mantener el suspenso. Acarició los labios con el pulgar y dejó un casto beso en la boca femenina. La oyó suspirar y sonrió con arrogancia aún sin dejar de mirarla a los ojos.

—Me diste a elegir un disfraz, ¿no? A o B... Yo escojo C.

—¿C?

—Sí, verte desnuda.

—¡Inuyasha! ¡No seas bab...!

Cualquier reclamo de su parte se vio silenciado por los carnosos labios masculinos que acudieron a su encuentro con inusitada urgencia. Kagome se tensó por un momento al ser rudamente depositada en la cama que compartía con su novio y abrió las piernas para permitirle acomodarse, para hacer el contacto aún más íntimo y permitir que sus cuerpos entraran en contacto tanto como lo desearan. Sintió un pequeño embiste en su zona baja y fue consciente, por primera vez, de que el hombre sobre ella había dejado la toalla tirada a varios metros de distancia. Inuyasha estaba... Desnudo. El chico se dio cuenta de lo que estaba mirando y esbozó una pícara sonrisa a la vez que daba otro embiste contra la intimidad de la azabache, la misma que se encontraba cubierta por la estorbosa falda negra.

—¿Dulce o travesura? —Susurró.

—¿Qué?

—Dulce o travesura, escoge... Kagome —su nombre salió con una calidez impropia del chico y el corazón de Kagome se calentó al igual que el resto de su cuerpo. Le devolvió la sonrisa y lo abrazó por el cuello antes de iniciar un nuevo beso que los instaba a abrir la boca para el otro. Los ojos pardos hicieron contacto con las orbes doradas en un mudo acuerdo, ambos sabían lo que querían, lo que deseaban más que cualquier otra cosa en el mundo.

—Escojo... Travesura.

FIN

IMPORTANTE: Dejaré el reto por un tiempo. He vuelto a la universidad y tengo que aprobar este examen importantísimo. Espero sepan entender... ¡Nos leemos pronto!

22.10.20