Trataré de actualizar diario o día de por medio, hacerme saber sus sugerencias o si les va gustando por favor.

¡Gracias!

¡Espero que lo disfruten!


Por lo que sabía del Inuzuka, siempre había sido un conquistador, su personalidad extrovertida y amigable le había hecho ganarse varios suspiros de la población femenina cuando vivían en Konoha. Pero a ella siempre la había tratado bien y amablemente todas las veces que se cruzaron. Quizá por ser la hermana de su mejor amiga.

Él, junto a otro joven más callado eran los mejores amigos de su hermana desde sus años en la secundaria. Hanabi siempre pensó que él y Hinata acabarían al menos teniendo una relación o algo parecido pero la pelinegra siempre había estado enamorada de Naruto y ahora se casaría con él.

No le sorprendía que al final acabaran juntos, Hinata no era buena ocultando sus sentimientos.

Ella, al ser menor no había convivido tanto con ellos, pero al menos no tenía malos recuerdos.

Le envió la ubicación de su departamento sin nada más y él solo respondió con un emoticón, lo cual agradeció.

Decidió ordenar un poco su departamento antes de irse.

Se cambió la ropa que traía puesta poniéndose algo más cómodo.

Comenzó limpiando a cocina y lavando todo lo que había utilizado ese día, que no era mucho.

Hizo la cama y guardó sus cobijas en bolsas de tela dentro de un armario a excepción de la que usaría esa noche. Luego limpió sus estantes y volvió a organizar sus múltiples libros. Desde que llegó a Suna hacía año y medio no había tenido tiempo de hacer una limpieza tan profunda.

Cubrió su ordenador con algunas fundas para evitar el polvo, luego limpió el techo de todo el departamento y aspiró las alfombras.

Por último se dirigió al baño y lavó los azulejos grises, la bañera y el lavabo. Todo había quedado impecable.

Decidió tomar un baño y lavar su largo cabello mientras se relajaba bajo el agua caliente y el delicioso olor a rosas de la vela aromática que tenía sobre la encimera del baño.

Se sumergió en la tina suspirando y cerrando lentamente los ojos hasta que un sonido llamó su atención.

Alguien estaba llamando a la puerta.

Se levantó presurosa y tomó la primera toalla que encontró, maldiciendo no tener el albornoz a mano para poder usarlo.

Volvieron a llamar mientras ella caminaba por el pasillo con una mirada resignada pues ya había perdido su baño.

Entreabrió la puerta y vio a un hombre alto de espaldas a ella, su espalda era ancha con un cuello firme, su cintura ceñida y un trasero envidiable. Iba vestido con unos pantalones ajustados y llevaba puesta una chaqueta de cuero que le pareció algo falsa pero a él le quedaba de maravilla. El hombre estaba con el móvil pegado a la oreja, pero repentinamente giró y cortó la llamada que estaba realizando.

La miró por un momento mientras sonreía, sus ojos la estudiaban y ella trataba de no soltar la toalla que tenía pegada al pecho.

-¿Hanabi? – Preguntó el ardiente espécimen ahora sonriendo más abiertamente - ¡Hanabi! Hola nena, he llegado porque quería saber si tenía la dirección correcta – dijo él.

Su voz era profunda y ronca. Como las notas más graves de un piano. Sí, así de sexy.

Ella se relamió los labios secos y pareció finalmente reaccionar.

-¿Kiba-san? – preguntó encontrando su voz finalmente.

-¡Sí! – Contestó el moreno riendo aliviado – si no puedes recibirme está bien, buscaré un hotel de todos modos – dijo él mientras la miraba intensamente.

Hanabi sostuvo más fuerte el único trozo de tela que la cubría.

-No, está bien. Pasa, sólo tengo que vestirme un momento.

Le dijo ella ruborizada haciéndose a un lado para que el hombre pudiera pasar.

-Lo siento por llegar así pero te estuve llamando y no contestaste, pensé que tal vez pudieras necesitar algo – se disculpó Kiba sin mirarla mientras ella se perdía en el pasillo.

Esperó un momento antes de volver a aparecer en la sala de estar con un cómodo vestido veraniego que fue lo que menos tiempo le tomó ponerse.

-¡No te preocupes! He olvidado el móvil mientras limpiaba – le dijo ella secando su cabello con una pequeña toalla.

La forma en que él la miraba la hacía sentirse pequeña.

Sus ojos oscuros eran profundos, su nariz respingada y sus labios delgados y apetecibles.

Notó el trabajado cuerpo que tenía por debajo de aquella camiseta que lo ajustaba en las partes correctas.

Se sintió una idiota por escanearlo tan descaradamente pero él solo sonreía de forma ladina y feroz. Era ardiente.

-No lo esperaba hasta mañana – dijo ella ignorando el pequeño sonrojo en sus mejillas – Pensé que vivía en Suna – continuó recordando que él había dicho que buscaría un hotel.

-En realidad vivo en Kumo, allí tengo algunos negocios pero estoy pensando en mudarme a Suna, está más cerca de Konoha y de mi familia – dijo él. Su mirada la recorría.

Desde sus descalzos pero bien cuidados pies, sus torneadas piernas, esas caderas amplias y cintura pequeña, sus senos que se apreciaban redondos a través de la fina tela del vestido. Pero su rostro le encantaba, sus labios rojos, su perfecta nariz, esos ojos perla grandes y expresivos, y hasta ese adorable ceño fruncido.

-¿Podría dejar de mirarme así? – siseó la joven torciendo la boca y cruzando los brazos.

-Tú comenzaste, nena – le dijo él tomando asiento en el sofá sin permiso.

-¡No lo hice! – Gritó ella sonrojada, apartando la mirada en una pose orgullosa que a él se le antojo adorable - ¿Por qué viaja en automóvil? – preguntó ella curiosa, yendo a la cocina por algo de beber.

-Me gusta hacerlo, pienso quedarme en Konoha unos días después de la boda y prefiero tener un vehículo a mi disposición – dijo tranquilo aceptando el vaso de jugo que ella de ofrecía – Por cierto, ¿cómo vendrás después de la boda? – preguntó él curioso.

-Con Neji, quizá – dijo ella tomando asiento frente a él – también me quedaré allí unos días más y tal vez regrese con él y su prometida.

-Pues si él no puede, yo podría traerte de regreso, debo manejar hasta Kumo de todas formas y me queda de camino – se ofreció amable.

Ella pareció sorprenderse, pensaba en su oferta, en realidad aún no sabía si volvería o no con su primo o si esta vez tomaría un avión.

-No es necesario que me des una respuesta ahora – continuó él.

-Gracias por su ofrecimiento, Kiba-san, es muy amable de su parte – respondió ella.

El hombre la miró una vez más, tal vez quería decir algo pero se contuvo. En su lugar, se levantó y dejó el vaso en una pequeña mesa al lado de sofá donde estaba sentado.

-Bien pues, es tarde y debo encontrar un hotel – se acercó a ella y le tendió la mano – Un gusto, Hanabi, volveré mañana a las ocho en punto para salir – terminó sonriente.

La joven se quedó sentada mientras él salía por la puerta.

No era justo que él se quedase en un hotel y luego la llevara hasta Konoha sin haberle pedido nada a cambio, se dijo. Su padre reprobaría ese tipo de comportamiento.

Maldijo por lo bajo mientras lo alcanzaba en el pasillo.

-¡Espere Kiba-san! ¿Le molestaría quedarse en mi departamento?


¿Review?

Kana ~