¡Disculpen la tardanza! :(
¡Espero que lo disfruten!
Llevaban a penas treinta minutos de viaje pero Kiba ya apretaba fuertemente el volante fijándose sin pestañear en el camino que recorrían, mientras Hanabi observaba muy interesada el desértico paisaje que los rodeaba.
-Mira, nena – comenzó Kiba gruñendo – es mejor que vayamos por la ciudad del Hierro y pasemos por la Lluvia hacia Konoha, no es bueno viajar dos días bajo una intensa lluvia – soltó tratando de no sonar totalmente irritado por la situación.
-Pues su vehículo es "todo terreno" ¿o no, Kiba-san? – Soltó ella mordaz, frunciendo el ceño ligeramente – Es más rápido y menos complicado que pasar por dos ciudades.
-No lo es – contestó él – es más complicado viajar bajo la lluvia sin importar el tipo de vehículo – le dijo Kiba mientras relajaba los músculos de su brazo ya casi adormecido por la presión.
-Pues de haber venido sola, hubiese tomado el camino de la Lluvia – dijo Hanabi arrugando la nariz y apartando el rostro.
-Ya veo porqué Hinata no quería que vengas sola… - masculló el hombre, ella giró la cabeza taladrándolo con los ojos, claramente ofendida – Mira nena, lo siento, no tomaremos ese camino – dijo él en tono relajado dando por finalizado el tema.
Hanabi bufó acomodándose en el asiento, ni siquiera habían salido de Suna.
-Hanabi – llamó él, después de un momento de silencio – estaremos juntos por varios días, hagamos de esto algo divertido – sugirió mientras sonreía ladinamente. Ella se sonrojó y bajó la mirada - ¡No! No me refería a algo como eso – aclaró él mirándola también sonrojado.
La Hyuga solo lo miró mientras una sonrisa se asomaba entre sus labios, sonrisa que se convirtió en una risa delicada y cantarina.
-Es la primera vez que lo veo avergonzarse, Kiba-san – dijo ella ante la confusión de él, sin dejar de reír – No soy tan inocente – continuó ella.
-Pues creo que para empezar, podrías dejar de llamarme con el honorífico, no es necesario – le dijo él, sonriendo también.
-Lo hago porque es mayor que yo y debo mostrar respeto – respondió ella sin mirarlo.
-No es necesario que seas tan formal, me haces sentir viejo – le dijo él mirándola mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro – tampoco es que me respetes demasiado ¿verdad, Hanabi? – tentó.
Ella lo miró divertida.
-Touché, Kiba – soltó riendo de nuevo llamándolo sin el honorífico.
Desde ese momento comenzaron una conversación casual, Hanabi descubrió que Kiba vivía en Kumo hacía bastante tiempo ya que fue a la universidad allí y siempre viajaba a Konoha en automóvil un par de veces al año porque le gustaba buscar caminos nuevos, conocer ciudades y aprender todo lo que pudiera en el trayecto.
También supo que siempre había querido tener su propia mascota o compañero, pero no podía porque pasaba mucho tiempo en su consultorio veterinario que era también como un refugio para animales y consideraba a todos ellos como sus compañeros.
Kiba también le comentó que su madre vivía todavía en Konoha con su hermana y que ambas tenían varios perros rescatados a los que cuidaban, le dijo que los miembros de su familia siempre habían tenido mascotas, en su mayoría perros, y era una tradición familiar adoptar a uno al independizarse y que le gustaría hacerlo y seguir con aquella tradición.
Lo que más le gustó a Hanabi de hablar con Kiba era que él no dejaba de preguntarle por su opinión y la hacía exteriorizar sus pensamientos cuando veía un pequeño cambio en la expresión de su rostro.
Ella le habló sobre su vida en Suna, sus aspiraciones, que le gustaría aprender más del negocio familiar y poder hacerse cargo de la filial de la ciudad y luego llevar las empresas a otras ciudades importantes.
Le contó lo sola que se sintió los primeros meses de su estadía en Suna, pero que poco a poco convirtió ese lugar en su hogar y comprendió que el sentirse libre e independiente era lo más importante en ese momento para su crecimiento personal y profesional.
Hanabi le dijo que extrañaba mucho a Hinata y a su padre desde que se marchó pero sabía que ellos estaban bien, Hinata la apoyaba a toda costa y su padre estaba orgulloso de ella por tomar decisiones que la hacían feliz pero también la ayudaban a sostenerse y a crecer.
Kiba no la interrumpió ni una sola vez en su relato y parecía bastante interesado en conocerla. Él pensaba que Hanabi era una mujer muy fuerte y capaz de lograr todas aquellas metas que tenía y eso le agradaba porque veía que era decidida y tenía ese brillo en los ojos cuando hablaba de sus sueños, de sus metas, de su familia.
Para cuando cayó la noche, llegaron a la ciudad del Hierro y buscaron un hotel para pasar la noche pero la mayoría de ellos se encontraban ocupados por ser todos hoteles de paso cerca de una concurrida avenida.
Encontraron uno, que para suerte de ambos tenía disponible una habitación simple con dos camas, Kiba aparcó en el estacionamiento propio del local y alcanzó a Hanabi de camino a la habitación, entraron y ella pidió usar primero el baño quedándose él acomodando sus cosas y colgando el vestido de Hinata en la puerta del armario que había en el cuarto, no se perdonarían si algo le llegaba a suceder.
Hanabi salió del baño con un pijama de franela bastante simple, pero Kiba la observó todo el trayecto desde el baño hasta la cama.
-Oye nena, ¿no te molesta que duerma sin camisa? - preguntó él yendo hacia el baño – Creo que no, no te quejaste cuando estábamos en tu casa – añadió él riendo mientras ella se cubría con la cobija hasta las orejas tratando de ocultar su sonrojo.
-¡Ya olvídalo! – Chilló furiosa y avergonzada - ¿Nunca lo harás? – preguntó mordazmente.
-¡Nunca! – rió él mientras entraba al baño.
Ella se giró dándole la espalda y apretando los puños con fuerza.
-¡Hasta mañana!
¿Review?
Kana ~
