Barco de vela

Entre las cuatro paredes de caoba, en el diminuto cuarto a oscuras, una pareja se acariciaba con pasión desbordante. El hombre tocaba la suave piel de su amante con tanta rapidez y brusquedad que rayaba en la locura. Necesitaba saciarse de ella, estar junto a la muchacha lo antes posible, se habían separado durante mucho tiempo. Aunque jamás estaría dispuesto a admitirlo en voz alta.

Los delirantes gemidos liberados justo en su oreja eran una de las mejores cosas que podría oír. Mejor que el canto de cualquier sirena. Los suaves vaivenes del mar hacían que la embarcación se balanceara junto a los amantes a bordo, desestabilizándolos un poco, pero ayudando a que las penetraciones fueran un poco más profundas. Liberó un jadeo ronco antes de tomar los labios femeninos con brusquedad y continuó moviéndose mientras acunaba el pequeño rostro entre sus manos. Le encantaba sentirla suya a bordo de su barco, dentro de su camarote. Sabía que Kagome no era de él, ni de nadie, pero estando a bordo de aquella embarcación sentía, por un momento, que ambos se pertenecían el uno al otro.

—Te amo —la oyó musitar, y él embistió con fuerza evitando así responder. Lo lamentaba, pero él no era un hombre que se enamorara y ella lo sabía a la perfección.

Era un hombre independiente y solitario que, de vez en cuando, sucumbía a los placeres carnales. Inuyasha no podía amarla. Ni a ella, ni a ninguna otra mujer. Porque él era un hombre de mar; y ella de tierra. Jamás podría amarla, no cuando su corazón navegaba libremente entre las tormentosas aguas que albergaban cientos de misterios... E Inuyasha quería conocerlos todos.

—Ah... —Enfocó sus ojos dorados en los castaños al oírla gemir ahogadamente. Sonrió con arrogancia... Tal vez Kagome fuera uno de esos misterios que anhelaba descifrar.

La había conocido hace casi dos años. Cuando su barco naufragó por las costas de esa pequeña isla alejada de la mano de Dios. Una isla tan pequeña que ni siquiera los mapas tenían registro alguno de ese lugar. Recordaba abrir los ojos y toparse con un sol implacable que hacía arder su piel, tenía la garganta seca y el cuerpo magullado. Habría matado por un poco de sombra y agua. Sorprendentemente, Dios se apiadó de él brindándole la primera de sus peticiones... Una pequeña, pero compasiva sombra, tapó su rostro. Fue entonces que un par de luceros del color del cacao se toparon en su camino y, desde entonces, quedó prendado de ellos.

—Bésame... —Los delgados dedos femeninos recorrieron su pecho haciéndolo suspirar del placer y halaron de él hasta que nuevamente sus labios se unieron en una caricia íntima, casi cariñosa.

Cerró los ojos y se dejó envolver por los cálidos labios que siempre lo recibían con anhelo, su lengua jugueteó con la suya y las salivas se mezclaron entre suspiros entrecortados. No quería dejar de moverse, ni de tocarla porque sabía que en cuanto se apartara de su lado comenzaría a extrañarla. Inuyasha no era alguien que forjara raíces con facilidad, ni siquiera sentía nostalgia de su verdadero hogar... Entonces, ¿por qué no podía alejarse de aquella joven? Miró el rostro sonrojado y apacible desfigurarse ocasionalmente a causa del placer y besó gentilmente su mejilla. Tal vez fuera todo su ser, desbordante y ruidoso, el que lo llamaba como el océano llamaba al marinero. La joven lo encandilaba con aquella mirada fascinante, que le recordaba al cielo estrellado de sus noches en altamar, con su personalidad cálida como la arena blanquecina de aquella isla. Y ni qué decir de su risa ligera y refrescante como la brisa. ¿Y si los marineros del mundo habían querido describir todo ese tiempo la risa de Kagome y terminaron por confundirla con el canto de las sirenas? Sonaba un poco pretencioso de su parte pero, al mismo tiempo, más de uno podría confundirlas fácilmente.

La sintió apartarlo para besar su pecho, el mismo que tenía impregnado el sabor de la sal debido a sus viajes, y sus manos se pasearon a lo largo de su ancha espalda, acariciando su piel tersa y bronceada por pasar tanto tiempo bajo el sol implacable. Contuvo un jadeo a duras penas al sentirla menearse contra él. Kagome parecía contener la pasión y locura de los siete mares... Y eso le encantaba. Continuó embistiendo su interior, el mismo que se contraía dolorosamente entorno a su hombría. Ella estaba cerca... Muy cerca de llegar.

—No te detengas.

—No lo haré —jadeó.

—Te quiero...

—¿Dentro de ti? ¿Quieres que me derrame en ti? —Insinuó con la voz distorsionada a causa del placer.

—No, en verdad te quie... Ah... Sí...

Inuyasha cerró los ojos con fuerza, queriendo con todo su ser olvidar ese tipo de cortejos. Su mente lo tenía claro. Un corazón que pertenecía al mar jamás podría ser feliz junto a otra persona que pertenecía a la tierra, a las raíces de un pueblo y sus habitantes. A esa isla carente de lujos extravagantes, pero colmada con una sencillez que enamoraba. La misma sencillez que desbordaba en la personalidad de la azabache.

._._._._._._._.

—¿Te quedarás mucho tiempo?

—Tres días. Solo vine a comprar velas nuevas.

—¿Y qué pasó con las que compraste la última vez?

—Se rompieron —mintió.

Venía una vez cada dos o tres meses a comprar velas, reponer provisiones o cambiar las poleas, pero siempre volvía. Sin importar qué tanta distancia quisiera poner entre su corazón salvaje y los rizos azabache, siempre acababa volviendo. Las excusas comenzaban a acabarse. La vez que vino solamente para compartir unos cangrejos realmente deliciosos que pescó en la isla vecina... Agh, esa vez fue tan humillante que se prometió nunca más buscar excusas tan patéticas solo para verla. Pero es que los meses en soledad, que normalmente transcurrían con tranquilidad, comenzaban a parecerle una auténtica tortura.

Terminó de acomodar sus pantalones y se puso de pie dándole la espalda a la mujer que se vestía apaciblemente. Sentía la necesidad de aclarar algo antes de que las cosas se salieran de control.

—Lo siento... Por lo de antes —comenzó—, pero no soy un hombre que se enamore —No, él no se enamoraría jamás. Tras escasos segundos de silencio la oyó suspirar.

—Tranquilo, lo sé.

Kagome continuó vistiéndose, pero el ojidorado seguía sintiéndose inquieto. Sentía que lo que dijo antes, de alguna manera, no iba dirigido específicamente a la joven. Era más bien una especie de recordatorio para sí mismo, como si buscara reafirmar que no estaba perdiendo de vista su objetivo de explorar o ser libre, de navegar más que cualquier otro marinero en el mundo. Porque él era un hombre solitario, aventurero y huraño. Incapaz de formar vínculos con cualquier persona o lugar. Miró el esbelto cuerpo de la joven por un instante y tragó saliva.

Él no se enamoraba...

—¿Ocurre algo?

—No, nada.

... O al menos... No debería hacerlo.

Kagome terminó de acomodar su vestido y caminó cautelosamente hasta el ojidorado, teniendo especial cuidado de no caerse debido al balanceo del barco. Se colocó de puntillas y lo abrazó por el cuello mientras lo miraba de forma soñadora.

—No parece que no sea nada. —Rozó sus labios contra los de Inuyasha en una sutil caricia que lo invitaba a besarla y hacerle el amor con la boca. Sin embargo, él mantuvo el contacto visual sin dignarse a hacer nada más— ¿Inuyasha?

Miró los enigmáticos ojos café y no pudo evitar pensar que, tal vez, no estaba mal amar a un corazón de tierra. Después de todo, sin importar qué tan rico se volviera, ¿qué otra isla podría brindarle vientos tan apacibles? ¿Qué otro lugar tendría una grama que oliera aún más dulce? ¿O aguas tan pulcras como el alma de esa pueblerina que gemía bajo su cuerpo y calentaba su corazón?

—Creo que... Me quedaré por un poco más que tres días.

Kagome era... Tal vez... El mar en el que deseaba navegar durante toda su vida.

FIN

¡Volví, lectoras divinasss! ¿Les ha gustado este drabble? No se me ocurría nada con esta palabra y hace tres días vino a mí esta idea que recién hoy pude poner en práctica xD si bien no es explícito, es muy bonito —al menos para mí we—. ¿Cuánto le dan del 1 al 10? De alguna manera me da miedo esta pregunta jsjs

He caído enferma. No debido al coronavirus, pero sí es una que a duras penas me deja respirar. Afortunadamente estoy mucho mejor y bueno, volví con este drabble, bellezassss c:

¡Quiero agradecer a la oleada de comentarios que me estuvo llegando durante la semana! Especialmente a dos lectoras que han comentado sin falta en cada drabble: ¡Dav herreras y bluesweet! Han llenado toda esta semana de sonrisassss. Pero no se pongan celosas LaWeaAzul, Nena Taisho, Serena y genesis... Porque yo las amo a todassss :D hasta a las que comentan en anónimo, bebitas.

Ah, alguien preguntó sobre el drabble anterior: "Viagra" (25) es la continuación de "Afrodisíaco" (15) c:

Nos acercamos cada vez más al final pero, sobre todo, a las continuaciones que tanto me han pedidoooo. Pero les avisaré con tiempo para que se vistan de negro xD

¡Nos leemos la próxima! Y recuerden quedarse en casa así como todas nos quedamos con las ganas de las continuaciones de mis otros fanfics —¡Ay, justo en el coraaa!—. ¡Besotes!

21.11.20