Advertencia: Este drabble es la continuación de "Ascensor" y se lo dedico a todas las lectoras que me lo pidieron, pero especialmente a LaWeaAzul que fue quien inició este movimiento xD
Ahora, ajusten sus ropas de luto... ¡Y a leer!
Sin ver
El bullicio de las personas en el bar hacía que fuera difícil comunicarse por lo que el ojiazul se inclinó hacia el frente tratando de escuchar mejor a su amigo.
—¿No te preocupa que el señor Higurashi te demande? —Susurró. Inuyasha dio un largo trago a su bebida y lo miró con altanería.
—¿Qué? ¿Por follarme a su hija? ¿Se puede hacer eso?
—No. Por cogerte a su hija en el ascensor de su maldito edificio —corrigió—, en ese caso sí puede demandarte.
—Eso no me preocupa.
—¿Se puede saber por qué? —La mirada extraña del ojidorado no le daba buena espina.
—Ahí es donde entras tú, mi amigo.
Los tragos seguían fluyendo a medida que Inuyasha le explicaba detalladamente su idea al pelinegro. El susodicho estaba convencido de que su plan era infalible, redondo y perfectamente estructurado. Por su parte, Miroku se encontraba completamente tensionado.
—No lo sé, Inuyasha, me parece incorrecto.
—¿Incorrecto? ¿Crees que borrar algunos minutos de las cintas de vigilancia es incorrecto?
—No es eso... Soy tu mejor amigo, pero también el guardia de seguridad y el señor Higurashi me ha nombrado en reiteradas ocasiones como el empleado del mes. ¿No estaría traicionando su confianza?
—Te aseguro que no.
—A ese hombre le encanta chequear todo dos veces, ama demasiado cada una de sus propiedades. ¿Y si decide revisar él mismo las grabaciones?
—Él no se enterará de nada si te ocupas de rellenar los espacios vacíos con fragmentos de los días anteriores. No notará la diferencia.
—¿Y si...?
—Sango —interrumpió.
—¿Qué?
—Sango. ¿Acaso no estás loco por la amiga de Kagome? Hazme este favor y te conseguiré su número.
—¡Cuenta conmigo!
El oro y el zafiro se encontraron en una mirada que denotaba complicidad. El trato estaba hecho. Inuyasha se levantó de su asiento, arrojó un poco de dinero sobre la mesa cubriendo su parte de la cuenta y miró a su compañero.
—Recuerda: borra las grabaciones del ascensor entre las once treinta y las doce del día sábado. —Se alejó de su amigo sin decir nada más. Se giró justo antes de abrir la puerta de salida y miró al pelinegro que continuaba sentado— Ah, y... —Su mirada se ensombreció antes de hablar— No puedes ver absolutamente nada de la cinta, Miroku.
—¡¿Y cómo demonios esperas que lo haga sin ver?!
—Ya encontrarás la forma. Claro, si quieres tener el número de cierta chica. En fin... Te deseo suerte.
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Inuyasha estaba tirado en el sofá de la sala mientras miraba el techo con desinterés. Escuchaba los pasos de su novia por toda la casa y su voz susurrando en las distintas habitaciones. Cuando finalmente la tuvo frente a él completamente arreglada, pero con el semblante preocupado, supo que algo no iba bien.
—¿Estás seguro de que quieres ir?
—Sí.
—Aún hay tiempo de cancelar.
—Ey, no tienes que estar tan nerviosa —animó—. Es tu familia, no la mía.
—¡Precisamente por eso estoy nerviosa! Si llegaron a vernos... Si papá me vio... No quiero ni pensarlo —Inuyasha tomó la cintura femenina, la sentó sobre su regazo y la miró con infinito amor mientras le sonreía.
—No pienses en eso, ¿de acuerdo? Se supone que vamos a celebrar que aprobaron tu tesis, ¿no? Entonces solo céntrate en eso —su sonrisa, cargada de confianza y autosuficiencia, fue todo lo que necesitó para comenzar a relajarse.
Y es que Inuyasha no podría estar más confiado esa noche. Hace solo unos minutos había recibido el mensaje que había esperado durante toda la tarde: Está hecho. Borré y edité las cintas en los horarios que pediste. Ahora... ¿Qué tipo de flores crees que le gustarán a Sango? ¿Le pido una cita para el próximo viernes? ¿Voy formal o informal? ¿Nuestros hijos tendrán mis ojos o...?
El muchacho dejó de recordar el mensaje repleto de estupideces. Solo le importaba que su problema estaba resuelto. Luego cumpliría con su parte del trato. Por ahora centraría su atención en la azabache frente a él.
—Todo saldrá bien.
—Eso espero.
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—¡Papi!
—¡Mi niña! —El señor Higurashi recibió en sus brazos a su única hija y la abrazó con cariño a la vez que repartía besos en su cabellera— Estoy tan orgulloso de ti.
Inuyasha saludó a la señora Higurashi, quien también le dio una alegre bienvenida, y esperó a que el momento entre padre e hija finalizara para poder acercarse. Una vez que Kagome le dio la señal se apresuró a saludar.
—Hola, suegro.
—Ah, hola, Inuyasha. —El hombre de negocios estrechó su mano con tal fuerza que, si se tratara de su cuello, estaba seguro de que lo habría asfixiado— Y puedes llamarme...
—¿"Papá"? No hace falta. Para mí es todo un placer decirle suegro.
—No. Iba a decirte que me llames señor Higurashi. No estás casado con mi hija para llamarme así.
Inuyasha se atragantó con su propia saliva y guardó silencio. La tensión del momento era demasiado palpable. Para su fortuna las dos mujeres Higurashi se apresuraron a desacreditar al hombre y lo hicieron entrar en la lujosa casa mientras lo instaban a ponerse cómodo. Comenzaba a arrepentirse de haber ido, pero Kagome necesitaba distraerse y celebrar su logro como era debido: con champaña, mariscos, un vestido elegante y un lindo paseo en barco. No comiendo ramen en la cama junto a él. Ella era alguien simple, humilde por naturaleza, pero quería consentirla en esta ocasión, aún si no era él quien realmente pagaba todos esos lujos. Solo quería... Estar ahí para ella.
Luego de dar un pequeño paseo por el jardín, hablar de cosas triviales y, obviamente, mimar a la joven por haber aprobado, el chef los llamó para almorzar. Agradeció internamente que ya fuera la hora de comer, había salido de casa sin desayunar y el hambre lo estaba matando. La tensión se había disipado casi por completo y eso les permitía almorzar en armonía. Casi se sentía parte de esa familia. Sí, se hubiera sentido completamente bienvenido de no ser por el padre de la azabache.
—Papi, debes darle mantenimiento al edificio. Escuché a una de las vecinas quejarse porque el ascensor de su piso deja de funcionar cada vez que llueve.
—¡Ah! Hablando de ascensores... —Kagome palideció al darse cuenta de que había traído a la mesa el único tema del que no quería hablar. ¡Qué ingenua!
—¡Te juro que no fue nada! Es que llegaba tarde y... —Inuyasha le metió un camarón en la boca a su novia y la silenció con la mirada.
—Kagome, ¿qué tienes?
—Continúe, señor Higurashi. ¿Qué pasa con los ascensores?
—Ah, sí. Durante el fin de semana logramos atrapar al degenerado que orinaba en los ascensores. Esta vez olvidó cubrir su rostro, solo queda identificarlo y llevarlo a juicio por dañor y perjuicios. Incluso tengo aquí la cinta...
—Por favor, querido, estamos comiendo. No creo que sea necesario.
—S-sí, papá... No hace falta.
—Yo creo que es una excelente idea —soltó el ojidorado cruzándose de brazos. Había leído en un libro de psicología que apoyar a tu contrincante a menudo hace que termine volviéndose tu amigo. El hombre frente a él ajustó sus lentes y sonrió con suficiencia. De inmediato supo que había dado en el clavo—. Puede traerla.
—Comienzas a agradarme, muchacho —confesó—. Ya mismo voy por ella.
En cuanto el señor abandonó la estancia Kagome se apresuró a propinarle un buen pisotón a Inuyasha por meter la pata entretanto su madre continuaba comiendo ajena a la pareja.
—¿Acaso estás loco?
—¿Qué? Esta mañana dijiste que debía ganarme su confianza.
—¡Pero no exhibiéndonos, idiota!
—No voy a exhibirnos. Todo estará bien —aseguró.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Porque... —Guardó silencio al oír pasos acercándose.
El dueño de la casa volvió rápidamente con un cassette entre sus manos y una sonrisa triunfal en sus labios; se apresuró entonces a reproducirlo en la gigantesca televisión del comedor. Era sabido cuánto le gustaba pasarse horas y horas revisando las grabaciones de sus propiedades hasta dar con algún malhechor que osaba dañar sus edificaciones, por lo cual tenía una televisión en cada cuarto de su casa.
—Para hacer esto más entretenido juguemos a ver si alguno logra identificarlo. Espero que participes, joven Taisho.
—Con todo gusto, señor Higurashi.
—Por favor, dime papá.
Inuyasha contuvo las ganas de sonreír. No debía demostrar cuánto le alegraba recibir poco a poco la aprobación del padre de su novia. Al parecer, la forma más sencilla de llegar al hombre era a través de la pasión por sus inmuebles. Podía decirse que pronto tendría la bendición de su suegro.
El metraje comenzó a correr ante la atenta mirada de los presentes entretanto el anfitrión adelantaba las partes que no le interesaban. Quería dar con el cuadro exacto donde se veía el rostro del pillo que constantemente dañaba el piso donde residía su hija. Los números sobre la pantalla se movían hasta tornarse casi irreconocibles. Inuyasha miraba con ligero interés los rostros de algunas personas que le resultaban conocidas, como la mujer que una vez le había pedido una taza de azúcar o el chico que le pidió prestadas unas baterías a Kagome. ¿Por qué tomaban todos ese ascensor?
—Debemos estar cerca. No recuerdo la hora exacta, pero les aseguro que cuando lo vea pondré pausa.
—¿No vas muy rápido? —Preguntó la señora Higurashi, comenzaba a marearse al ver todas esas personas ir y venir entre tantas pantallas— Bájale un poco la velocidad.
—Es cierto. Será más divertido si lo buscamos juntos... —Desaceleró la velocidad de reproducción, al mismo tiempo que la mente de Inuyasha parecía ir a mil por hora.
Acababa de dar con la respuesta. Todas las personas que veía, absolutamente todas, vivían en el piso de Kagome. Eso quería decir que...
—Ah, mira, ahí está Kagome. Es raro verte ahí, ¿sabes? Casi siempre usas las escaleras.
Inuyasha abrió los ojos enormemente al ver que el color de la ropa de Kagome coincidía con el de "ese día" y, tras comprobar la hora en la pantalla, comenzó a sudar frío. Su novia a su lado temblaba y apretaba los puños fuertemente incapaz de reaccionar. ¿Estaba entrando en pánico? ¿Estaba furiosa? ¿Ambas?
—Sí, le queda muy bonita esa camisa —concordó la mujer—. Te la regalamos para tu cumpleaños, ¿recuerdas? Ah, y ahí va Inuyasha. Qué lindo, la acompaña a la universidad... Ponle sonido.
El muchacho cogió con manos temblorosas su celular y releyó el mensaje que le había enviado su amigo. No entendía. Le había dado bien la hora. ¡¿Por qué mierda las grabaciones seguían ahí?!
—Te verás a ti misma en este espejo, mientras te penetro y tratamos de acabar nuestra fiesta antes de que lleguemos al primer piso. ¿Entendiste, linda?
—Sí...
De pronto, su mente pareció iluminarse... Aunque demasiado tarde. Sí, le había dado la hora a Miroku, pero... No le dijo si se refería a "p.m." o "a.m.". El pelinegro seguramente había borrado las grabaciones de las once y doce de la noche, pero había dejado intactas las que correspondían a la mañana. Miroku no pudo darse cuenta de su error porque, evidentemente, había cumplido su promesa de no ver absolutamente nada de lo que aparecía en las grabaciones mientras se ocupaba de eliminar esa pequeña franja horaria.
El señor Higurashi apagó la televisión en el momento exacto en que Kagome gemía extasiada mientras él la llamaba "perra traviesa". El silencio reinó en el comedor y podía jurar que su suegra acababa de atragantarse con la comida.
Adiós a la bendición de su suegrito...
FIN
¡Chaleeee! ¿Qué les pareció? ¿Es una digna continuación? Ahora todas sabemos que Inuyasha no se escapa de esta ni con ayuda de la estampita de la virgen xD esta palabra es un bonus del reto, es decir, no tiene mil palabras sino mil quinientas. Por eso se siente más largo que el resto :o
¡Muchas gracias a las tres lectoras que comentaron ayerrrr! Me alegra que les gustara y, sobre todo, que las haya ayudado a sacarse el mal sabor de boca del doblaje de Yashahime. Yo no vi el doblaje porque si no tienen al elenco original no quiero nada xD pero me hizo feliz que a ustedes les alegrara el día leer mi actualización c:
¡Aprovecho para decir que llegamos a los 200 comentarios! La segunda vez en mi vida que llego a ese número xD y la número 200 fue nada más y nada menos que Lis-sama. ¡Gracias! Y te dije que el shibari se veía muy doloroso jajajaja yo tengo miedo a que me aten demasiado fuerte y no poder soltarme al instante (? Estoy feliz de que te haya gustado xD
¡Las amo lectoras míasss! ¡Nos leemos mañana a la misma hora de siempre! Y no se olviden de comentar. Sus comentarios me ayudan a crecer grande, fuerte y sin pulgas (? :D
16.10.20
