Almohada "sí/no"

—¿"Almohada sí/no"?

—¿Qué clase de ridículez es esa?

—Es una almohada divertida —respondió la azabache frente a sus superiores.

—¿Divertida? La única almohada divertida que conozco es la que me ayuda a dormir —soltó sin dejar de pilotar—. Viajar tanto hace que cualquiera desee dormir por días.

—Pues esta almohada es mejor aún. Sirve para tener sexo.

—¿Sexo? —Preguntó el ojiazul— Ahora sí tiene mi atención, señorita.

—Baboso —se quejó el ojidorado—. Concéntrate en el tablero y deja de hablar guarradas —sin embargo, ni el copiloto, ni la azafata parecieron prestarle atención a su comentario.

—¿Para qué dijo que servía eso, señorita?

—¡Oigan!

—Es para saber si tu pareja tiene ganas de tener sexo. Es una almohada común y corriente, pero de un lado tiene escrito un "sí" y del otro va escrito un "no".

—¿Y cómo se usa?

—Cuando llegas a la casa de tu novia solo tienes que ver de qué lado está la almohada. Si ella está indispuesta o tiene mal humor entonces dejará la almohada del lado del "no" para decirte que no tiene ganas de tener relaciones. Así evitarán malos entendidos.

—Suena como una estupidez —pero, nuevamente, el comentario del piloto fue ignorado.

—¿Dónde escuchó sobre esa almohada?

—Me lo comentó otra azafata... Estaba pensando en comprarme una.

—¡¿Qué?! —El grito fue lo suficientemente alto como para que los dos oyentes voltearan a verlo— ¿Y por qué te interesa a ti esa tontería?

—Porque es divertida y podría dejarla en mi departamento —respondió encogiéndose de hombros.

—¡¿Y con quién demonios piensas usarla?! —Comenzaba a exasperarse.

—Pues con... —El timbre de un pasajero sonó y Kagome bufó con hartazgo mientras memorizaba brevemente la butaca a la que debía ir— Lo siento, me llaman.

—Vaya tranquila, después seguiremos con la plática.

—Como si me importara. Apresúrate y ve antes de que aprieten el timbre de nuevo.

Kagome contuvo una grosería y se limitó a dar media vuelta mientras salía de la cabina. Era por ese tipo de actitudes que maldecía su suerte al postularse para un puesto "técnicamente" idóneo donde lo único que la molestaba era su maldito jefe.

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—Miroku, deja de hacer estupideces y ayúdame —el ojiazul miró de soslayo a su compañero y se encogió de hombros antes de continuar con su pequeña travesura.

—¿Qué? ¿No eres acaso el mejor piloto de la academia? No me digas que ahora vas a necesitar la ayuda de un novato, ¿o sí?

—Eres un fastidio...

—¿Lo ves? Solo estás molesto porque yo puedo distraerme y tú no.

—Ya cállate y mejor céntrate en la ruta de navegación.

—¿Para qué? Ya pasamos la zona de turbulencia. Hasta un niño de seis años podría pilotar en esta ruta.

Inuyasha gruñó y se centró en el timón direccional. Le daba igual, que se jodiera. Cuando su reporte reflejara insubordinación estaba seguro de que Miroku dejaría de sonreír como un idiota. Tras algunos minutos de silencio incómodo Inuyasha vio al ojiazul tomar un bolígrafo y escribir algo a hurtadillas.

—¿Qué estás haciendo?

—Shh... Ya casi.

—¿Ya casi?

—¡Mira! —Gritó eufórico mientras enseñaba lo que tenía escondido.

—¡¿Qué mierda es eso?! —El piloto miró asqueado y hasta cierto punto también intrigado el pequeño almohadón en manos de su colega— No me digas que...

—Sí —lo cortó—, hice mi propia "almohada sí/no". ¿Te gusta?

—La hiciste con una de las almohadas que usamos para los pasajeros...

—Y escribí las palabras con ayuda de un bolígrafo de la empresa. Me ha quedado bien.

—Es un asco.

—¡Ey!

—Es asquerosamente horrible.

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Salió de la estrecha habitación con el objeto entre sus manos, tras una breve pelea había conseguido arrebatarle la almohada a su colega y lo había dejado a cargo del pilotaje durante su breve ausencia. El humilde y desprolijo almohadón era realmente horrible, hecho con una caligrafía no mejor que la de un niño de cuatro años. Aquella porquería debía irse por el inodoro del avión... O al menos así habría sido si no se hubiera tropezado con alguien que venía en la dirección contraria.

—¡Oye! Cuidado por dónde caminas —gritó y notó la forma en que los ojos chocolate lo miraron con reproche, pero no se atrevieron a devolverle el golpe.

—Lo siento —bufó—, un pasajero me pidió frutos secos y vine a la cabina a buscarlos.

—¿Segura?

—¿De qué?

—¿Segura de que te pidió solo eso y no tu número?

—¿Qué? ¡No! Y si ese fuera el caso: ¿A usted qué le importa?

—Me importa porque las relaciones entre el personal y los pasajeros están estrictamente prohibidas.

—¿Ahora es un gran conocedor de las normas? Le recuerdo que también están prohibidas las relaciones entre el propio personal.

Touché...

—Como sea... Debo irme.

—Momento, eso me recuerda... —Acorraló el esbelto cuerpo de la azafata contra una de las paredes y la miró desde su posición con superioridad. Contuvo el aliento. Cuando la veía así le era difícil resistir el impulso de besarla— ¿Con quién diablos piensas utilizar esa estúpida almohada?

—Con los hombres que pasen por mi departamento, dah.

—¡Ja! He visto la clase de hombres con los que sales —la tomó delicadamente por el mentón y delineó sus labios con el pulgar. A pesar de la sugerente caricia la mujer no pareció inmutarse. No sabía por qué, pero le molestaba saber que la joven estaría con otros tipos. Con hombres de dudosa procedencia y quién sabe con qué intenciones—; y yo soy el único hombre de verdad que conoces, preciosa.

Kagome apretó fuertemente las piernas al escuchar aquel sensual apelativo, pero también pudo percibir un cariño inusual en su voz. Su corazón se calentó y la mirada dorada que no se perdía detalle alguno de sus movimientos derritió sus piernas hasta casi hacerla desfallecer. Normalmente la llamaba por su nombre y, cuando se enfadaba, se refería a ella por su apellido. Preciosa, le dijo preciosa. No Kagome, ni Higurashi, ni azafata o "niña". Solo... Preciosa. Qué bien sonaba aquella palabra en sus labios. Pero... No, eso no era realmente lo que ella deseaba escuchar. Tampoco era eso lo que él quería decir, simplemente estaba siendo impulsivo y egoísta. Colocó las manos en el amplio pecho y trató de apartarlo, pero el hombre no se movió, ni relajó sus facciones.

—Ya basta...

—¿Basta de qué?

—De esto, Inuyasha. Ni siquiera eres tú quien habla, solo es tu estúpido ego el que te hace decir estas cosas —esas cosas tan maravillosas y dulces que la hacían sentirse amada entre sus brazos cuando depositaba besos en su cuello o jadeaba en su oído mientras le decía que era la mujer ideal. ¿Ideal para él o para el sexo? No, él no la amaba—. Si lo que te molesta es que voy a estar con otros hombres, entonces... —Tragó saliva con dificultad. La dura mirada sobre su persona la hacía sentirse diminuta, temerosa y a la vez extrañamente excitada— Puedes ser el primero.

—¿El primero? —Estaba intrigado. Sabía de sobra que lo único que Kagome tenía de virgen era el nombre de "Aerolíneas Vírgenes" en su currículum, empresa con la cual trabajó anteriormente.

—Puedo usar primero contigo la almohada, si es eso lo que te molesta —Sí, tal vez así calmaría un poco al inquieto piloto frente a ella. Sin embargo, Inuyasha frunció el ceño en respuesta y la tomó posesivamente de la cintura.

—Si soy el primero estoy seguro de que no querrás usar esa estúpida almohada con nadie más.

Kagome contuvo un jadeo a duras penas ante la sensual propuesta. La resequedad en su garganta hacía contraste con la humedad que comenzaba a generarse entre sus piernas. Miró las orbes doradas con anhelo, esta vez había algo distinto en su mirada. Algo más allá del deseo carnal, más allá de la lujuria o pasión habitual. Algo... ¿Qué?

El fornido pecho bajo su palma, tan fuerte y firme, hacía que le hormiguearan los dedos. Arrugó la tela de la camisa entre sus delgados dedos como buscando algo de lo que sujetarse. Comenzaba a sentirse cohibida.

Inuyasha examinó el cuerpo femenino. Pasó por el rostro aniñado pero dulce, con rizos que lo enmarcaban a la perfección haciendo juego con las tupidas pestañas. Siguió bajando hasta llegar al prominente pecho, la estrecha cintura, las caderas amplias y se detuvo al llegar a las esbeltas piernas. Contuvó el impulso de tocarlas y exhaló con pesadez. A medida que avanzaba notaba su pulso acelerarse y retumbar en sus oídos tan alto que temía que Kagome lo escuchase. Pero, para su fortuna, ella solía ser muy distraída. Sí, Kagome definitivamente era una mujer sensual y atractiva, pero también sabía que ningún hombre se tomaría la molestia de llegar a conocerla como él la había conocido en el tiempo que llevaban trabajando juntos. Nadie se tomaría la molestia de saber que siempre pasaban la misma película en el avión porque era su película favorita, ni sabrían que cuando dormía en la zona del personal tenía la costumbre de abrir las piernas y dejar los brazos a los lados de su cabeza demostrando cuán cansada se encontraba o que cuando comían frutos secos antes se tomaba la molestia de separar las pasas para comer únicamente las nueces y almendras. Nadie se tomaría la molestia de conocerla y desenvolver poco a poco sus secretos, cada uno más fascinante que el anterior. Nadie la amaría... Como él la amaba. Inuyasha sonrió de medio lado y depositó un casto beso en la mejilla femenina, peligrosamente cerca de la comisura.

—¿Sabes? —Susurró sin apartarse, haciendo que sus alientos se mezclaran— En los tiempos de mi padre habríamos pintado tu retrato en uno de los lados del avión.

El corazón de Kagome latió desbocadamente tan pronto como el ojidorado terminó de decir aquello. Allí estaba. Acababa de decirle de forma indirecta que era hermosa. Otro cumplido inusual, pero candente y cariñoso que solo ayudaba a confundirla cada vez más. La relación entre ellos no debía pasar de lo puramente carnal. Las cosas se mezclaban, se le iban de las manos y no estaba segura de querer detenerlo.

—Dime, Higurashi... —arrastró su apellido como si fuera la palabra más bella del mundo y aquello sí que la descolocó. No había rastro de burla, desdén o frialdad en ese simple susurro. Hasta entonces Kagome no sabía que su apellido podía sonar de una forma tan cálida— ¿Serías... Mi novia?

—Inuyasha...

—Di que sí... —Le enseñó el pequeño almohadón en sus manos, el mismo que no había soltado en todo ese tiempo, y lo depositó en las palmas femeninas— Sé mía.

Kagome miró el pequeño y esponjoso cuadrado entre sus manos. Toda la tensión sexual se fue disipando lentamente hasta dar paso al nerviosismo. Llevaba tiempo enamorada del joven piloto. Lo suficiente como para tolerar ser una mujer que se contentaba con tener sexo con él entre cada uno de sus vuelos. Sin recibir mensajes cariñosos, ni abrazos, palabras de aliento o siquiera una cita. Pero eran tiempos modernos. Tiempos donde el sexo era sexo y el amor cada vez se asemejaba más a la ciencia ficción. Tal vez por eso nunca le prestó atención a la frialdad con la cual la trataba, ni aspiraba a ser algo más para su jefe, así como tampoco se sentía menos mujer por tener sexo con libertad. Llevó la mirada a las orbes doradas que parecían mirarla con infinita paciencia, una paciencia que no creyó que el muchacho pudiera poseer. ¿Realmente la amaba? ¿Sería ese... Su gran amor?

Tras segundos que a Inuyasha le parecieron eternos, donde se debatió internamente sobre si el tiempo se había detenido o solo eran los nervios jugándole en contra, luego de luchar para no salir corriendo al haberse abierto como nunca. Finalmente... La vio reaccionar al inspeccionar cada uno de los lados de la desprolija almohada. La saliva pasó pesadamente a través de su garganta y la sangre se hizo hielo en sus venas. Mierda, estaba demasiado nervioso.

—Sí... —La oyó musitar. El susurro fue tan bajo que le costó trabajo oírla, pero el orgulloso "sí" que mostraba la almohada solo le confirmaba lo que su corazón ansiaba escuchar desde hace tiempo— Seré... Tu novia. Pero...

Cualquier petición, protesta o queja quedó en el aire en cuanto Inuyasha se apoderó de los labios femeninos. Aquella palabra, tan corta y potente, había sido el "semáforo en verde" que había estado esperando desde hace tiempo. La besó como siempre quiso besarla, como siempre se lo hizo saber con su cuerpo cada vez que se quedaban encerrados entre cuatro paredes, la besó con cariño y amor, con calidez. Pudiendo disfrutar a pleno el tacto y suavidad de la persona a la cual amaba.

Intentó colar una mano por debajo de la ajustada falda, queriendo así tocar más de la cremosa piel de la azabache que le correspondía con un fervor capaz de encender sus hormonas y revolucionar su torrente sanguíneo. Sin embargo, la joven lo detuvo unos instantes y lo miró con alegría.

—¿Qué?

—Solo quería decirte que para eso no era la almohada sí/no —rio.

—Ah, cierto —miró brevemente el almohadón y le sonrió con malicia a la joven frente a él—. Era para tener sexo, ¿no? Bueno, creo que eso no será un problema. Mostraste el "sí".

—¿Y qué? Yo solo estaba respondiendo a tu pregunta.

—Eso no importa —repuso—. Dijiste que sí y hay que hacer lo que dice la almohada.

Kagome parpadeó incrédula ante el extraño tono en la voz del ojidorado. Por primera vez se dio cuenta del creciente bulto entre los ajustados pantalones y ambos intercambiaron una mirada pícara al darse cuenta de que el baño del avión estaba desocupado... Aunque no por mucho tiempo.

FIN

Yo no sé ustedes, pero a mí me encantó jsjsjs ¡Espero que sientan que fue una digna continuación! Nuevamente tuve que usar el bonus extra de palabras —son cuatro en total y ya los he usado todos xD—, pero creo que ha valido por completo la pena :D ¡Déjenme saber su opinión! ¿Ha estado a la altura de sus expectativas?

¡Gracias por sus bellísimos comentariossss! Siempre tan puntuales, cargados de observaciones y cariños de su parte. En serio lo agradezco c: y me reí mucho porque casi todas fueron TeamInuyasha, algunas han sido una extraña mezcla y únicamente una persona fue TeamKagome... Casualmente esa persona es una mamá JAJAJAJAJA ¿Coincidencia? ¡No lo creo! (?

Nota: Al leer "Avión" hay algunas que se dieron cuenta de que en realidad Inuyasha ya llevaba tiempo enamorado de Kagome. La pista está en la frase final de ese drabble. Es decir, ambos se amaban, pero Kagome se contentaba con lo poco que obtenía e Inuyasha no quería tener ningún compromiso con Kagome por el momento. Claro, hasta que llegó autora-chan y dijo "chale, van a coger y les va a gustar" JAJAJAJA (?

El próximo drabble será el último, pero espero que lo disfruten el doble al saber que será una despedida :D ¡Nos leemos mañana a la misma hora de siempre! Y no olviden comentar porque sus comentarios me ayudan a crecer grande, fuerte y sin pulgas xD

22.10.20