La Dignidad

Aunque digan que los cobardes son los que huyen, no me considero una cobarde.

Perdón si te decepcioné, perdón si te herí...

pero soy valiente sólo por decidirme a luchar por mi amor aunque todo parezca estar en contra...

La puerta de la habitación se cerró de golpe ante la efusividad de ambos, mientras sus labios se comunicaban a la par que su deseo iba incrementando.

Yacían dos días desde que habían huido y desde entonces jamás se han vuelto a separar. Se pertenecían el uno al otro y ambos lo sabían.

¿Valía la pena huir del amor? Sé que habría tenido una buena vida a tu lado, pero...

¿Dime, te habría gustado tenerme aún sabiendo que no te pertenezco?.

¿Sabiendo que lo amo a él?...

La Lujuria amaba a su amada, tan digna y pura... Tan sutil y fuerte. Para él no había nadie más como su amada. Ella gimió ante lo que su piel fría provocaba sobre la suya cálida. Para ella no había nadie como él.

Dios sabe cuanto lo intenté... Él sabe cuanto quise hacerte feliz y ahora es fiel testigo

De ese fracaso. Gracias por estar cuando más te necesité... Gracias por llenar mi vida en los días oscuros.

¿Cuánto vale la dignidad de una mujer?...

Con devoción se desnudaban, ella acariciaba el cuerpo de su amado con admiración. Lo encontraba tan seductor que en ocasiones le parecía irreal tenerlo a su lado... Le parecía irreal que él le perteneciera.

De igual forma él besaba sus hombros hambriento, embriagado con su olor. Por el amor que sentía se exhortó mentalmente ser sutil y delicado ya que cada vez que estaban juntos terminaba poseyéndole como un loco... Quería que esta vez fuese diferente.

Tal vez algún día deba hacerme responsable por lo que hice... Y espero que algún día puedas ser feliz. Dile a Harry que lo siento, que lo quiero y que deseo lo mejor para él...

Desnudos, perdidos en las manos del otro. Él la cargó sosteniéndola por los glúteos mientras ella enroscaba sus piernas al rededor de su cintura.

-Eres preciosa -susurró contra su cuello para luego lamerlo.

Sé que debes preguntarte en qué momento ocurrió todo esto.

En qué momento mis sentimientos cambiaron pero no responderé a esa pregunta.

Si lo hiciera me justificaría sacando a la luz todas las veces que tú también me fallaste y entonces esta carta dejaría de ser una disculpa.

Él la dejó sobre la cama y la admiró desde arriba. La estructura de su cuerpo era perfecta a su vista, aquella mujer era la protagonista de sus sueños más eróticos desde hacía mucho.

Ella sabiendo lo que provocaba abrió sus piernas ante su mirada platinada. Sentía derretirse por dentro cada vez que la miraba de aquella forma.

Sé feliz Ron, yo estaré bien. Aunque no me hubiera ido con él nuestra relación habría sido un fracaso...

-Dime que me amas -le ordenó esparciendo besos sobre su vientre.

Ella sonrió con los ojos cerrados.

-Te amo Draco -respondió posando una mano sobre su cabello rubio.

Tal vez algún día vuelva a verlos, tal vez no. Ya que no haré nada que pueda ponerlo en peligro. La sola posibilidad de perderlo me aterroriza, por favor no me tomes por traidora.

Toda mi vida he luchado por lo que es correcto...

Apretó las sábanas con sus manos al sentir su gentil boca acariciarla entre sus piernas, ardía completamente por él... Era suya.

Pero esta vez va por mi. No puedo huir de él, pues aunque no lo tuviera cerca seguiría llevándolo dentro...

Los gemidos inundaban la habitación y su Lujuria disfrutaba del espectáculo... Para él observarla siempre había sido una completa fantasía.

La dignidad de una mujer no tiene precio. Viviré portando fielmente mis valores, viviré siendo libre, viviré siendo fiel a mis sentimiento... Viviré.

Con amor, Hermione Granger.

La Lujuria

Él jamás había ardido por nadie de la manera en que lo hacía por ella. Jamás había sentido tanta agonía tan solo por un beso...

El amor que profesaba por ella era un sentimiento totalmente nuevo. Lo que antes le había parecido cursi e inexistente se había convertido en su realidad... Estaba perdidamente enamorado de la dignidad personificada.

Nunca tuve planes de decirte esto en persona.

Ni siquiera quería escribirte esta carta, pero en vista que no soy ni la mitad del hombre que era ayer. Sé que debo hacerlo...

En cuanto ella llegó al clímax él esparció más besos hasta llegar a su rostro. Su Dignidad lo hizo caer a un lado y así colocarse sobre su regazo abierta de piernas para rozarse directamente con su intimidad.

Él gruñó. Ella estaba volviéndose cada vez más atrevida y eso hacía más difícil su tarea de querer poseerla con tranquilidad.

Sé que debes estar furiosa y la verdad te mentiría si dijese que lo siento. Yo no siento una mierda.

Te dije que no me casaría contigo, te dije que no eras tú.

Deberías saber que soy un Malfoy...

Y nadie le dice a un Malfoy lo que debe hacer.

Ella metió una mano sobre sus cuerpos y lo tomó con firmeza. Instantáneamente los ojos de La Lujuria se oscurecieron ante la mirada expectante de la dulce Dignidad.

Y como si ya no lo tuviera lo suficientemente bajo su control, ella osó lamerle los labios.

Y él en seguida pensó que sólo Hermione podría hacer eso y verse completamente inocente... Sólo alguien como ella podría matar y aun así seguir siento pura.

Quisiste probarme. ¡Oh, querida!.

A estas alturas deberías saber que no soy alguien con quien puedes jugar.

Si traicioné a mi propia familia y renuncié a mi estirpe.

¿Qué te habría hecho especial a ti?

-¿Te gusta? -preguntó en un erótico susurro.

Él la miró boquiabierto ante sus palabras y ella al no recibir respuesta lo apretó un poco más.

Draco gimió enloquecido antes de responder.

-Sí.

No le pertenezco a nadie... A excepción de ella. Quien podría arrastrarme al mismísimo infierno si quisiera.

Me dijiste que ella no valía lo mismo que tú...

Tienes razón. Vale mucho más.

Estando a punto de llegar la hizo caer sobre la cama.

-Haces que sea difícil ser delicado -expresó casi como una reprimenda.

Ella rió y le acarició la cara.

-¿Y quién te dijo que quiero que seas delicado? -aclaró dándole un pico en los labios.

Ante aquellas palabras todas sus defensas volvieron a caer como siempre y de un sólo golpe la penetró. Ambos gritaron y Hermione bajo sus manos hasta las nalgas de su Lujuria.

Espero que seas feliz, aunque no podría decir lo mismo de aquel que decida tener algo contigo.

Francamente Astoria, eres la pesadilla de cualquier hombre. Un castigo.

-Eres mía -le dijo entre dientes mientras arremetía contra ella.

Dile a Lucius y a Narcissa que gracias pero que no me interesa su ayuda... No la necesito.

Estoy condenado y honestamente poco me importa. Mi recompensa es no tener que unir mi vida a una perra frívola como tú.

-Soy tuya.

Lleno de deseo la levantó con facilidad colocándola de espaldas y volviendo a penetrarla desde atrás. Hermione abrió la boca y cerró los ojos ante el placer que le provocó.

Las manos de Draco se ocuparon rápidamente, una sobre un pecho y la otra contra su rosado centro. Su boca se pegó al cuello de Hermione sintiéndola cálida a su alrededor.

¡Que se jodan todos! Estoy harto de ser el jodido títere de todos. ¡No soy un maldito juguete!.

A ver cómo tú familia se las arregla para salir de la ruina, espero de corazón que se pudran en la desgracia que ustedes mismos provocaron.

Espero que cuando te veas al espejo sepas reconocer el fracaso que refleja tu presencia.

La Dignidad sentía desfallecer ante el arrebato de Lujuria. Así que tomó la mano sobre su pecho y la colocó sobre su garganta. La de ella la envío hacia atrás para tomarlo de la nuca y de ser posible tenerlo más cerca.

Él gruñía como un animal. Mataría a cualquiera que intentase arrebatársela.

Te deseo lo mejor... Porque lo peor ya te espera estoy seguro de ello.

Draco Malfoy.

Hermione se volteó rápidamente esta vez quedando ahorcadas sobre él. Rápidamente volvió a metérselo dentro mientras se movió con rapidez cabalgándolo.

Ambos estaban cerca, lo sentían. La conexión de sus cuerpos era innegable. Él la presionó contra sí llegando a lo más profundo de su ser.

-Llámame. Di mi nombre... Dime que es real -habló con voz ronca mientras la tomaba de la nuca para besarla con fiereza.

-Draco... Mi Draco -dijo contra sus labios pérdida en las emociones y sensaciones.

-¡Joder! -gritó mientras llegaban ambos a la cumbre del clímax.

Ella cayó sobre él completamente agotada y aún saboreando lo poco que le quedaba del orgasmo.

Después de unos minutos ya más tranquilos fue él quién rompió el silencio.

-Eres una provocadora -refunfuñó.

Su Hermione rió.

-¿Yo?. Es tu culpa, haces cosas que sabes bien me harán perder la cordura -dijo acomodándose para apoyarse sobre su pecho y así poder mirarlo.

Él la miró también y sonrió como un tonto.

-Señora Malfoy, usted de una mentirosa.

Ella alzó una ceja ante su descaro.

-Señor Malfoy, usted es un descarado -le regresó entrecerrando los ojos.

Él rió y la jaló hacia arriba para besarla de nuevo.

El comienzo de su luna de miel lo tenía en el séptimo cielo, era la primera vez que le hacía el amor siendo su esposa. Habían huido lejos, en Islandia para ser precisos. La vida allí era tranquila y era el último sitio en donde los buscarían, él tenía algunos contactos y ninguno se negó a brindarle su apoyo cosa que agradeció. Ella era su comienzo y su final... Ella era su oportunidad.

Ella era quién constantemente le enseñaba a vivir con dignidad mientras él se encargaba de corromperla con su lujuria.

Ella era quien constantemente quemaba su cuerpo con el fuego de su interior. Ella lo había vuelto esclavo de su piel.

Beber de sus dulces senos era el mayor privilegio de su vida. Ella era más de lo que merecía y eso lo enloquecía, porque con ello la sed que sus besos le provocaban lo hacía deslizarse por el más alto de los placeres.

Por ellos la Dignidad y la Lujuria se enamoraron para demostrarle al mundo que estaba bien desear mientras no te falles a ti mismo por ello.