CAPITULO O1
"Primer asteroide"
Los asteroides eran grandes rocas que viajaban a altas velocidades por todo el espacio. Si alzabas la mirada al cielo y los veías, parecían cosas enormes que podrían acabar con tu vida apenas cayeran sobre ti, pero luego te dabas cuenta de que eran pequeñeces por las que exagerabas.
Algo así era la vida de Galaxy Seren, una pequeñez de problemas que los demás exageraban. Ella siempre había estado bien, sólo era la adolescencia lo que le afectaba pero todos parecían ver aquello como un asteroide cuando solamente era una diminuta roca. Una diminuta roca que no debía de porqué molestar a los demás.
Los golpes en su puerta le indicaron que no había oído la alarma de su celular y que se iba a llevar un regaño matutino a su entrenamiento. Y supo que sería peor cuando escuchó su nombre ser gritado por la voz de su padre. Se levantó con rapidez de su cama, doblando su cobija lo más veloz que pudo a la vez que ya estaba pensando donde estaban las prendas que se pondría el día de hoy.
Hoy era el último día que debería para entrenar y prepararse para el examen de ingreso a la UA, la prestigiada Academia de héroes. Ella entraría aunque todo el mundo le dijera que era una inútil que nunca aprobaría el examen ni para la última clase que estaba abierta. Ella les mostraría que no era una inútil en su totalidad.
Terminó de ponerse las mallas negras y se cepilló con rapidez su cabello al mismo tiempo que podía oír su nombre otra vez siendo gritado. Si llegaba al tercer llamado le iba a ir peor de lo que se imaginaba y obviamente no quería eso. Lo más que pudiera evitarlo mejor, no quería ir adolorida a su entrenamiento por algún castigo de su padre.
Salió de su habitación, topándose casi de inmediato con el área del comedor, la mirada de su padre desde la mesa le dio a entender que había estado a punto de volver a llamarla. De la que se había salvado esta vez. Caminó hasta la mesa, viendo el tazón con frutas en medio, viendo la excusa para no tener que quedarse más tiempo en la mesa junto a su padre.
—¿No vas a saludar o qué? —Su mano paró a medio camino al oír a su padre ya algo molesto aún así tomó la fruta pero no le dirigió la mirada.
—Lo siento—. Buenos días.
Aún con la mirada en la fruta podía sentir los ojos enojados de su padre sobre ella, seguramente reprochándole en silencio lo poco educada que era con él. Se mordió los labios con algo de violencia, ya era de mañana y ya estaba causándole problemas a su padre. ¿Por qué no podía hacer nada bien?
Giró sobre sus talones para ir hacia la cocina, sintiendo aún los ojos de su padre clavados en su ser. Quería ver a su madre antes de salir, tal vez debería la suerte de que le abrazara y le deseara suerte. Eso estaría perfecto para el día previo al examen, ¿no? Entró a la cocina, pasando a un lado de la barra, y allí estaba su madre frente a la estufa, seguramente terminando el desayuno para su padre.
—Mamá —le llamó y sólo consiguió que se sobresaltara un poco. Hizo una mueca.
Su madre volteó. Sus ojos azules como el mar le miraban algo cansados, aquellos ojos que ella recordaba que tenían un enérgico brillo parecían apagados, como aquella luciérnaga que queda sola en la noche hasta que su luz se apaga. Su sonrisa era lo único que no se desvanecía por completo, aún podía ver sus labios curvarse levemente hacia arriba.
—¿Ya te vas? —Le preguntó mientras apagaba la llama de la hornilla para luego caminar a ella— Suerte, hija.
Ella se acercó un poco más a su madre, tal vez entendería su intención de obtener un abrazo, ¿no? Pero parecía que no, su madre le dio una pequeña sonrisa para luego regresar a la estufa y terminar de servir el desayuno para su padre. Se mordió los labios levemente antes de dar media vuelta y caminar a los sillones de la sala donde tenía su mochila que había preparado el día anterior.
Se colgó su pequeña mochila blanca y salió de su casa, cerrando la puerta detrás de ella y caminando hacia la parada del autobús. Sacó su celular y se colocó sus audífonos, poniendo su reproductor de música en aleatorio y comenzando a escuchar Welcome To The Black Parade de My Chemical Romance. Tarareaba la melodía mientras esperaba sentada al autobús, viendo el transporte desde lejos que le llevaría a la playa.
Le gustaba entrenar en la playa por el hecho de que el sonido de las olas le calmaba un poco pero cuando había mucha gente lo detestaba, por eso mejor iba en las mañanas donde solamente se encuentran unos pocos pocos que también iban a correr.
El autobús paró frente a ella y subió, pagándole al chófer para luego tomar el primer asiento libre junto a la ventana. Le gustaba ir viendo el paisaje mientras el autobús iba andando porque en algún punto los coches se veían como manchas borrosas de pintura hechas por error, así como ella cuando se fundía con su kosei.
Su pierna se movía un poco, algo nerviosa por pensar que mañana debería que presentar el examen de la UA y todo lo que tuviera que ver con estudios eran difíciles para ella, era un fiasco en la mayoría de las cosas pero podía decir que al menos estaba algo seguro de pasar el examen práctico. Aunque no pudiera rellenar todos los círculos de respuesta de un examen correctamente, podía inmovilizar con facilidad a alguien gracias a su kosei o el simple hecho de pasar encubierta sin ser vista.
Pero el examen teórico ...
Ah, tal vez sí debió de haberle hecho caso a su padre sobre perder el tiempo con su antiguo novio rubio ese. Aunque, bueno, tuvo sus momentos de diversión con él así que no había sido tiempo perdido de cualquier forma.
Llegó a la playa y bajó del autobús. Ella entrenaba en la parte limpia del lugar, porque había una parte -casi la mitad- que estaba llena de basura y escombros aunque decían por ahí que alguien parecía estar limpiándola. Caminó hacia la playa, cruzando la pequeña barda que tenía al principio para que algunos se sentaran.
Hizo sus estiramientos, tomándose su tiempo, no quería lastimarse y que ya no podía hacer el examen, sería el colmo de la mala suerte. Comenzó a trotar en la orilla del mar, sintiendo como luego el agua alcanzaba a mojar la suela de sus tenis.
Bien, iba a dar lo mejor de sí.
Galaxy siempre había pensado que tenía una suerte terrible, horrible, despiadada. La mala suerte más inoportuna que alguien pudiera tener.
Para empezar, el día anterior había llegado tarde a su casa y se llevó una fuerte reprimenda por parte de su padre. Su padre le había dicho que no podía darle el mismo castigo de siempre porque al día siguiente tenía el examen pero que se quedaría sin cenar esa noche. Para empeorar todo, no había podido dormir nada por culpa de los nervios. Se había quedado casi toda la noche despierta, mordiéndose los labios y dando vueltas en el colchón en busca de dormir pero su mente sólo le recordaba el examen de la UA
Y, si no fuera poco, no había vuelto a escuchar su alarma y su padre tuvo que ir a levantarla, gritándole que se le estaba haciendo tarde para ir a la Academia. Enserio, ¿es que ella no podía hacer nada bien?
Estaba corriendo hacia la Academia porque también se había ido el autobús y quedarse a esperarlo no era una opción, llegaría aún más tarde. ¿En qué momento se había ocurrido quedarse dormida? Llegaría cansada para el examen práctico, sólo esperaba que esté fuera después del teórico, así debería al menos un par de horas para recuperarse.
Llegar a la UA fue complicado. Habían demasiados haciendo tráfico en las calles, apenas dejando coches angostos espacios donde cabía ella y podía pasar del otro lado de la acera. Habían bastantes personas, adultos que parecían llevar a sus hijos hasta la entrada de la Academia y de jóvenes como ella que llegaban caminando en grupo o en bicicleta.
Cabe mencionar que una idiota de cabellos rosas en su bicicleta la atropella.
Jadeante por el cansancio, logró llegar a la acera de la UA sólo para llevarse la sorpresa de que todavía tenía que subir unas escaleras que ni se les veía el final. El edificio de la Academia era enorme, tanto que se sintió cada vez más diminuta mientras subía las escaleras. Por un momento no creyó que ella estaría estudiando allí si llegaba a pasar el examen. Se genial sintió pensar que lo haría.
Avanzó con algo de torpeza hasta el interior, siguiendo a los chicos que parecían saber a dónde dirigirse. Caminó hasta una sala donde les acomodaron en filas en forma de media luna, todos frente a un pequeño auditorio donde un tipo de largo cabello rubio parecía esperarlos. Se presentó como el héroe Present Mic y aquello que hizo soltar un "oh" mientras oía la explicación sobre el examen que iba a consistir en destruir robots. Genial, ni siquiera tenía idea ya de cómo hacer, se había enfrascado tanto en combate con personas que no había pensado en esa posibilidad.
Frunció el ceño cuando a la mitad de la explicación pudo oír unas risas, casi carcajadas, detrás de ella. Una chica de cabellos rosados estaba echándose a reír a carcajadas mientras que un chico pelirrojo trataba de reprimirlas llevándose sus manos a la boca. Rodó los ojos y de inmediato llevó su vista de nuevo al héroe que parecía un punto de soltarles un regaño. Y así fue, a los pocos segundos ya estaban siendo regañados.
Soltó un suspiro antes de que la persona a lado suyo le tendiera una hoja con las reglas de la Academia. Leyó bien cada una de ellas, intentando aprendérselas para que luego no tuvieran que llamar a su padre porque hizo algo mal. Aunque probablemente pasaría esto de todos modos.
Se levantó en cuanto vio que los demás lo hacían, caminando detrás de ellos mientras seguían las indicaciones de Present Mic. Al parecer los guiaban a la arena donde tendrían el examen practico y, vaya, hacer un examen como para más de cincuenta chicos en una sola arena parecía increíble pero al ver el tamaño del lugar lo supo.
Grandes paredes se alzaban ante ellos y sobre estas se podrían ver dónde sobresalían los techos de varios edificios. Todos los que iban con ella soltaron un "oh" mientras las puertas se iban abriendo, dejando ver las grandes construcciones y las decenas de calles desiertas con algo de escombros en ellas. Entonces tendrían que buscar en una ciudad desierta, ¿no? ¿Contarían los daños a las propiedades como puntos menos?
—¡Empiecen!
Ninguno sabía qué hacer, se quedó desconcertado respecto a lo que Present Mic había gritado de la nada.
—¡¿Qué esperan? ¡En la vida real no hay cuentas regresivas!
«Sí, es cierto» pensó al oírle y cabeceó, saliendo corriendo casi a la par de muchos otros, siendo hasta empujada en ocasiones o regresando esos empujones.
Todos parecían querer ser los primeros, abriéndose paso a empujones y hasta causando que otros cayeran al suelo. Una vez pasaron el cuello de botella que se formaba en la angosta entrada, todos se dispersaron en las calles, buscando a los robots que tendrían que destruir. Bien, ¿cómo lo haría ella? ¿La fuerza con la que se despegaría del suelo sería suficiente para hacerlos caer?
Mordió sus labios con algo de violencia antes de fijar su vista en un robot a lo lejos. No era uno de los que tenían el valor más alto pero funcionaba igual.
Corrió hasta él, rogando que nadie más tratara de atacarlo antes que ella. Estaba pegado a una pared así que se fundió a esta, pareciendo un grafiti mal hecho de ella misma, y se acercó al robot. Al estar atrás de él, se despegó de la pared, estirando sus piernas mientras salía, dándole una patada con bastante fuerza gracias a su kosei y tirando a este al suelo. Las chispas volaron de la cabeza de este y supuso que al menos ya tenía un par de puntos con ella.
Bien, tenía un par de horas más para poder obtener puntos.
Bien, tenía el plan F –por festejo– y el plan S –por suicidio–.
Hacia ya un par de días que había tomado el examen práctico y realmente creía que iba a tener que recurrir al plan S si su padre no se encargaba de matarla primero.
Para empezar, había sentido que su desempeño se podía ir al Diablo, había sido pocos los robots que habían logrado destruir y por lo tanto no pensaba que debería tener los suficientes puntos para entrar al departamento de héroes. No era sólo entrar a la UA, era entrar al departamento de héroes porque sino no tenía caso haber entrado a la UA
Y su padre no había querido que tomara examen en otro lugar. O era la UA o no era nada.
Se suponía que el día de hoy obtendría los resultados de su examen y sabría si había entrado y podía ejecutar el plan F o tenía que recurrir al plan S. Había estado dando vueltas en su casa, todo bajo la mirada atenta -y algo molesta- de su padre que sólo miraba un partido de fútbol en la televisión. De seguro lo estaba molestando con sus pasos pero estaba tan nerviosa que, o era esto, o lastimarse más los labios. Después del examen había terminado con los labios magullados de tanto morderlos, había tenido el sabor de la sangre durante casi todo el examen.
Un sonido provino de su computadora, anunciando que había llegado un mensaje. Casi corre hasta su escritorio para poder abrir el e-mail, con el corazón en la boca, que claramente era de la UA
"Señorita Seren Galaxy:"
Sintió la mano de su padre sobre su hombro, avisándole que estaba leyendo la carta que ni ella terminaba de leer. Sintió la respiración pesada, le daba algo de miedo que su padre la leyera sin ella saber el resultado, ¿y si había fallado ...? No quería un castigo duro por parte de él.
"[...] Con una puntuación de 15 puntos en el examen práctico, se le informa que entró a la Academia UA en el departamento de Clases Generales ..."
La mano de su padre fue retirada de su hombro mientras las suyas iban a su rostro, presionando sobre su rostro al sentir las ganas de sollozar pero eso sólo resultó en un peor castigo. Escuchó los pasos de su padre alejarse de ella y supo que esto había sido tan malo que ni las ganas de castigarla tenía. La había cagado hasta el fondo y embarrarla, lo sabía, Dioses, debió de haber entrenado más ...
Cerró el e-mail con los ojos cristalizados y se levantó para ir a su habitación, encerrarse durante el resto del día no se escuchaba tan mal. Tal vez así si podría hacer el plan S en paz, ¿no? Se tiró a la cama sin importarle cerrar la puerta, con el rostro hundido en la almohada y sintiendo las lágrimas comenzar a bajar.
—Dwp. —Se sentó en la cama de golpe, limpiando sus lágrimas antes de mirar a su padre. No que me viera de esa manera y le diera otro motivo para castigarla aún más quería— Cobre un favor, estás dentro.
La mano de su padre le dijo con su celular, con la mirada neutra y la voz indiferente. Él dio media vuelta, dejándola en la soledad de su habitación. ¿Acaso él le había ayudado a entrar al departamento de héroes? Pero ... Ella no se merecía ese puesto.
