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II

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Renuente a regresar al templo de Leo, Aioria había optado por dar un breve paseo tardío por las Doce Casas cuando vio salir a Camus, tan pronto como había entrado, de la casa de Escorpio. Enseguida creyó que Milo aparecería corriendo tras el cubo pero no fue así.

"Tal vez Milo no está en su templo", pensó, "pero, ¿entonces qué hacía Acuario ahí?"

Algo nervioso y movido por una picante curiosidad, el león dorado fue a investigar dentro de los pilares del octavo templo al día siguiente. Para su sorpresa todas las doncellas estaban ausentes, el cosmos del guardián parecía perturbado y le costó trabajo avanzar hacia el área residencial de Escorpio.

Cuando por fin dio con Milo, Aioria arqueó las cejas al ver el melodrama que estaba haciendo. Miró alrededor y se fue directo a la colección privada del bicho para jugar con sus muñecos. Hizo tanto ruido que el guardián, al escuchar que alguien estaba en su templo, fue a correr a quien se había atrevido a importunarlo de inmediato.

—¿Pero qué crees que haces? —soltó Milo furioso.

—Ah, creí que no había nadie. Enseguida lo arreglo —respondió Aioria al verse interrumpido.

—¡No, no toques nada! ¡Ya! ¡Deja eso!

—De acuerdo, de acuerdo —se alejó dejando a Milo acomodar sus tesoros.

—¿Quieres venir a entrenar un rato? Me hace falta un compañero.

—Dile a Aldebarán.

—Está ocupado.

—Entonces a Shaka, pero déjame solo.

—¿Para que sigas arrinconado como niñita? —podría golpearlo. Las ganas de Milo de hacerlo pedazos comenzaron a tomar fuerzas pero, enseguida, volteó a ver su colección, dejó todo en el suelo y se fue a su cuarto—. Vamos, te daré mi galaktoboúreko si aceptas.

Milo volteó a verlo aún sin energía y, para alegría de Aioria, el escorpión lo siguió hacia afuera de su templo.

Los golpes de Milo eran más débiles e imprecisos de lo que Aioria estaba acostumbrado. En su mente, Leo no podía dejar de ver a Camus el día anterior saliendo del octavo templo. Algo había pasado. Tal vez, ¿Camus lo habría rechazado? El corazón de Aioria se encendió ante esta posibilidad, aunque a su vez le dolía ver a su amigo en ese estado.

El guardián del quinto templo nunca pensó que pudiera tener una oportunidad de acercarse un poco más al escorpión. Su relación se centraba en riñas y peleas. Pero cuando estaba con Camus brillaba, aunque sólo estuvieran uno al lado del otro, no había nada que llamara tanto la atención de Aioria como la felicidad y la ternura de Milo.

Debido a su distracción, el escorpión alcanzó a conectarle un golpe y entonces dejó escapar una débil sonrisa. El calor en el corazón de Aioria volvió a cobrar vida. Dieron por terminada la práctica y de inmediato ambos sintieron como eran observados desde la distancia por Camus. Leo esperó a ver qué hacían ante su presencia: Milo volteó y se alejó de él de inmediato, provocando que el alma y voluntad del león lo abandonaran conforme la silueta del bicho se hacía más pequeña. No le sorprendió que, en su estado, Escorpio dejara a Acuario en el camino. Siendo tan orgulloso era lo más lógico, Aioria lo entendía. Pasó su espesa saliva y todo estuvo claro para él como nunca antes, pero no estaba seguro de qué haría después.

Cuando Camus apareció en su templo, Aioria supo de inmediato que Milo no lo había aceptado a su lado, pero le tomó desprevenido que fuera a buscarlo. Se molestó ya que el bicho se había ido para no provocar problemas entre ellos, y ahora ahí estaba el cubo para tirar sus esfuerzos a la basura.

Después de la escueta conversación que sostuvieron, el león descubrió que Camus no entendía nada. Lo cual puede que fuera lo mejor para los planes de Aioria.

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Apostilla:

Galaktoboúreko: Postre griego. Pastel de leche compuesto de crema pastelera con sémola, aromatizado con canela, limón y/o vainilla, envuelta en masa de filo y cubierto con jarabe.