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VIII
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—Señor, le han traído esto —interrumpió Hester a los caballeros que estaban en la estancia del octavo templo.
Aioria fue a la pequeña doncella, tomó las cosas y, después de verlas, se las entregó a Milo apretando sus manos para asegurarse que lo recibiera. Serio, dejó la habitación llevándose a Hester consigo.
Sobre el rollo de tela estaba una carta con el nombre "Milo de Escorpio" escrito en ella. La caligrafía era inconfundible. Entendiendo ahora porqué Aioria le había puesto sus manos él mismo al rededor del paquete para que no lo soltara, fue hasta el sillón y desenrrolló el contenido. Aún confundido por lo que veía, Milo abrió el sobre con un poco de miedo.
Mi querido Milo:
Te iba a entregar esto el día de tu mayoría de edad, pero ahora no sé si volveré a tener la oportunidad de estar cerca de ti. No lo tomes como un reproche, sólo intento ser realista ante el peor escenario.
En este rollo están todos los materiales que necesitas para comenzar a practicar tu pintura. Tal vez no te acuerdas pero de niños una vez me dijiste que, de no ser caballero, te gustaría haber sido artista. Aún recuerdo tu cara de fascinación cuando me contaste sobre las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina; y tengo guardados todos los dibujos que tiraste porque no eran lo bastante buenos. De haber visto tu rostro al hacerlos te hubieras dado cuenta de que, en esos momentos, ese pequeño sueño para ti era real.
Tienes mucho talento, lo digo en serio, y no me gustaría que tiraras un sueño a la basura sólo porque las cosas no han salido como lo imaginabas en un principio. Yo sólo he visto los frescos retratados en libros pero, aunque tus trazos tengan tu propio estilo, tu arte transmite el mismo corazón y entrega que las más bellas obras con las que te has cruzado durante tus misiones.
Todo esto sólo prueba que no he sabido apoyarte lo suficiente y te pido una disculpa por eso. Aún así, estaré para ti en esta o en cualquier otra meta que te propongas, si me lo permites. Y aún si no, te estaré observando y viendo que no abandones aquello que te hace feliz.
Si decides continuar con esta ruta, le he pedido a Hester que pase por el resto a Acuario, o si prefieres te lo puede llevar Fleur o yo mismo hasta tu templo.
Si tienes un sentimiento guardado, el arte es una buena forma de sublevarlo.
Siempre tuyo: Camus de Acuario.
Milo devolvió las hojas con cuidado en su sobre y fue hasta un pequeño cofre a penas lleno. Ahí, junto a un pequeño diente, un poco de arena, una piedra volcánica y un frasco vacío, guardó esas letras que conocía tan bien.
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» Hermano —Milo volteó a ver a Camus sorprendido de que esa fuera su primer palabra después de tanto tiempo sin hablar, atento de cuál sería la frase que dejaría escapar de sus labios—. ¿Qué es un hermano? —el pequeño escorpión pasó el bocado sorprendido de que Cam hubiera estado pensando en silencio lo que le había dicho por una semana entera—. ¿Por qué quieres que sea tu hermano?
Milo sonrió enormemente al darse cuenta de que había estado en los pensamientos de Camus durante todo ese tiempo y en seguida se apresuró a aclarar.
» Un hermano es aquel que te cuida del peligro, que está contigo en todo momento y con quién compartes tus metas y sueños. Es tu hogar aunque estén lejos y el lugar a donde siempre quieres volver —declamó Milo enérgico.
» ¿Y tú serás todo eso también para mí?
» Desde luego. Nos tendremos el uno al otro. Siempre —afirmó sentándose muy cerca de Camus, tanto que lo incomodó por invadir su espacio personal pero éste no se hizo mucho para atrás.
» Entonces tú serás mío y yo seré tuyo...
» Ajá. Exacto.
» Por… siempre —siguió apenado.
» Así es.
Camus se sonrojó ante el niño que le había propuesto convertirse en familia con toda la fuerza de su ser.
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El recuerdo de un infantil Camus aceptando su primera ocurrencia llenó a Milo de nostalgia, de amor y amargura. Apretó la tapa del cofre pensando que, pasara lo que pasara, ninguno, nunca, rompería esa promesa.
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