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Esa mañana se sentía diferente. Las energías que se habían empezado a mover le dijeron a Shaka todo lo que necesitaba saber. Dejó su posición de loto y fue a su almacén de hierbas para tener listas las indicaciones necesarias.
Ver al león detenerse en su templo para luego seguir su camino escaleras abajo le dolió un poco, pero el agua comenzó a sonar y regresó a la cocina para seguir con su labor. Alisha, su doncella, terminó de sacudir, se despidió del Santo de Virgo juntando sus manos y salió para reunirse con su hermana en sus postraciones matutinas.
Su visita tardó una hora más en aparecer de lo que esperaba pero gracias a eso tuvo la suficiente oportunidad de calentar su casa con antelación.
—Buenos días Camus, ¿qué te trae hasta aquí? —inquirió sirviendo las dos tazas que ya había dispuesto en una pequeña mesa previamente colocada en la sala principal de su templo.
—Buenos días Shaka —respondió sentándose en un pequeño cojín enfrente del Santo de la Virgen, quien deslizó la taza de Camus hasta él y guardó silencio. Acuario tomó un sorbo y en seguida sintió como su espíritu comenzaba a controlar mejor sus emociones—. Gracias —dijo al dejar su taza de nuevo sobre la mesa.
—No hay de qué —contestó Shaka y empezó a beber.
Los ojos de Camus lucían cansados y unas ligeras bolsas de bajo delataban su falta de sueño.
—¿Tendrás más de esto para que me lo pueda llevar conmigo?
—Ya te tengo todo listo, enseguida te lo traigo —se levantó y se fue hasta sus habitaciones personales.
Cuando Shaka regresó, el cosmos de Camus volvía a estar estable pero la profunda tristeza no se había ido. No tenía que abrir los ojos para darse cuenta de que estaba poniendo todo de sí para no desatar un caos dentro del Santuario.
—Con esto será suficiente —señaló acercándole un paquete de papel de estraza—. Una taza cada doce horas es lo más adecuado. No necesitarás volver por más.
—Eso es un alivio —comentó colocando el envoltorio sobre sus piernas—. ¿Sabías lo qué está pasando? —soltó un poco molesto.
—Lo intuía.
—Entonces, ¿sabes por qué Milo no me permite acercarme? Con cada momento que pasa me siento más intranquilo y sé que no es sólo por él, ¿qué está pasando?
—Eso lo puede contestar mejor el que inició todo esto. A mí sólo me corresponde asegurar que las cosas no se salgan de control. Si no te ha dicho nada, entonces deberías confiar en su juicio, ¿no te parece? Cuando esté listo es muy seguro que te lo diga.
—Quiero confiar, lo intento. Pero siento como si me estuvieran arrancando algo y de repente estoy dudando de todo de lo que estaba seguro hasta ayer.
—Entonces no desconfías de él, sino de ti mismo. Harías bien en enfocarte primero en eso.
—Pero… —se mordió los labios antes de poner a Aioria y a Milo juntos en la misma oración.
—No creo que tengas tiempo de distraerte —continuó Shaka—. En su lugar, soy de la opinión de que debes hacer lo mejor con lo que sí tienes.
—Cierto —aceptó volviendo a sentir una punzada en el pecho.
Shaka lo miró extrañado sintiendo como la temperatura empezaba a elevarse en su invitado.
—Espérame aquí, no tardo —volvió a retirarse y esta vez se tardó un poco más en regresar a la mesa con un nuevo paquete entre las manos. Se lo entregó él mismo arrodillándose a su lado, para luego tocar su frente y su corazón sin cambiar su expresión—. Creo que es necesario que regreses a Acuario y te des un baño enseguida. Pon una capa de esto en la tina con agua fría y no salgas hasta que estés más tranquilo. Si necesitas más avísame, haré que Alisha esté al pendiente.
Camus asintió un poco mareado y se despidió siguiendo las instrucciones de Virgo, que no hicieron más que ponerlo alerta de que, en efecto, algo fuera de lo normal estaba pasando.
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