—•—•—•—
XI
—•—•—•—
Cuando volvió a pasar por el templo de su vecino, Shaka lo detuvo con una emanación de cosmos. Aioria no tenía ganas de ver a su guardián pero, si quería subir, lo mejor era arreglar ese asunto de inmediato.
El Santo más cercano a Dios estaba en su acostumbrada posición de loto y Alisha se veía muy apurada, (acomodando todo lo que su señor había desordenado en su ausencia).
Leo dudó en sentarse frente a Viirgo, así que sólo juntó las manos para saludarlo y se mantuvo de pie.
—Gracias por aceptar mi invitación —empezó Shaka.
"No es como si me hubieras dejado otra opción", pensó Aioria un poco impaciente.
—No me voy a disculpar por lo que dije antes —aclaró al fin adelantando un posible motivo por el que le hubiera interrumpido el paso por el sexto templo.
—No estoy buscando que te disculpes. Estás en tu derecho de reaccionar como mejor lo consideres.
—Entonces…
—Aunque sería mejor que en lugar de ser presa de tus circunstancias tomaras un poco de control sobre ti mismo —interrumpió a Aioria, quien dio media vuelta y se dispuso a regresar a su templo—. ¿Qué haces?
—Tomo el control. Hasta luego —soltó arrogante, pero los accesos desaparecieron impidiendo que saliera de la sala principal.
—Aún no te he dicho para qué te he invitado.
—Déjame salir.
—Lo haré pero escucha primero. No tiene nada que ver con nuestro asunto —se apresuró a aclarar antes de que el león elevara su cosmos.
—De acuerdo —se acercó y se sentó de mala gana—. Te escucho.
—Necesito que vayas a Acuario y cuides de Camus.
—¿Qué?
Shaka esperó a sentirlo un poco menos alterado para continuar.
—Eres uno de los mejores amigos de Milo de Escorpio. Ya estarás al tanto.
El orgullo de Aioria le impidió contestar de inmediato.
—Tiene su doncella, si eso no basta manda a la tuya.
—Eso no funcionará. Necesito que alguien con cosmos vigile su condición y no pienso integrar a nadie más que no esté involucrado —Aioria cerró la boca para evitar decir cualquier cosa que lo dejara mal parado contra su vecino—. Alisha te alcanzará en el transcurso del día por si necesitan algo —retiró las defensas de su templo y, sin escuchar la respuesta de Leo, dejó que se marchara no sin antes decir—. Camus es la familia de Milo.
Esa última frase acompañó a Aioria hasta el octavo templo y lo persiguió hasta que pisó la entrada de Acuario. Se sorprendió de que su guardián no saliera a recibirlo y, en vez de eso, Fleur lo anunció. Era tan extraño ver al Santo de Leo ahí que tenía que ser algo importante. La pálida piel de quien salió lucía recién humectada y ni así mejoraba su aspecto ni su expresión impávida.
—¿Qué te trae a mi templo?
Los oídos de Aioria retumbaron.
—Vine a ver como estás.
Camus alzó apenas una ceja y se volteó.
—Ocupado —Aioria lo siguió hasta su estancia, Acuario se sentó tras su escritorio y esperó a que revelara su verdadero asunto. Pero Leo no dijo nada, tomó el asiento que solía ocupar Milo y Camus comenzó a perder la paciencia—. De verdad estoy ocupado. Dí tu asunto y lo resolveré más adelante.
—Ya te lo dije, he venido a ver que no empeores.
—¿Quién te mandó?
Aioria tardó un poco en decidir sí mentir o decir la verdad, pero dedujo que si Milo supiera que estaba tan mal él mismo habría venido; así que tomó un libro y soltó el nombre de:
—Shaka —como si fuera algo obvio.
Camus suspiró cansado y su vista se nubló un poco, la voz de Aioria se empezó a escuchar lejos pero su cálido cosmos impidió que su conciencia lo abandonara por completo.
*. *. *. *. *
.
