—•—•—•—

XII

—•—•—•—

La presencia del Caballero de Capricornio lo sorprendió y por un segundo pensó que estaba en problemas, pero no tenía ánimos para defenderse ni alegar.

—¿Puedo pasar? —le pidió Shura y Milo accedió guiándolo hasta su estancia seguidos por la más joven de sus doncellas. Shura dejó fuera de la puerta a Hester indicándole que esperara—. Veo que no te encuentras muy bien.

—No es nada, en un par de días estaré como nuevo —Milo intentó sonar animado.

—No tienes que fingir conmigo, estoy al tanto de la situación.

La noticia impactó y al mismo tiempo alivió a Milo.

—El Patriarca me dijo que no debía comentarlo con nadie o habría consecuencias.

—Es cierto, pero esa advertencia es para proteger al resto.

—Entonces, ¿puedo hablar contigo?

—Así lo prefiero, necesito la información. Es mi trabajo —Milo bajó la cabeza y accedió en silencio—. Entonces empezaré. En días anteriores pediste una audiencia con Arles, ¿para qué asunto?

—Para pedir un permiso especial en contra de la Décimo Tercera Ley de los Caballeros Dorados.

—De acuerdo, y ¿llevaste al Caballero de Acuario contigo?

—No.

—¿Sabías qué, para pedir una cancelación especial a la ley en contra de las relaciones entre caballeros en el Santuario, es necesario que ambas partes estén presentes y den su consentimiento de manera libre y consciente?

—Sí, pero el Patriarca me comentó que en mi caso no habría problemas. Si Camus me daba su información lo tomaría como su previo consentimiento.

—Y Camus te la dio.

—Sí, me entregó su carta astral voluntariamente.

—De acuerdo y ¿has mantenido la distancia pertinente desde entonces?

—Sí, he alejado a Camus lo más posible para que no haya problemas durante el proceso.

—¿Su Excelencia te explicó los riesgos y efectos secundarios que este proceso podría provocar?

—Sí.

—Su Santidad no levantó ninguna sanción por incumplimiento al protocolo. Así que yo no lo haré. Tan sólo te informo que hemos estado a punto de perder al Caballero de Acuario el día de ayer. Ya está siendo atendido y espero que no pase a mayores por tu desacato. Es muy probable que ninguno se acuerde de estos tres días, después de todo, y es irreversible; así que sólo los dioses conocen cuál será el destino que vivirán después de esto —sentenció levantándose de su asiento—. Si tu condición empeora hácelo saber al Santo de Virgo.

—De acuerdo —Milo había quedado atónito, sintió pasar el cosmos de Aioria pero no reparó en él ni un poco.

—Ahora entiendes porqué es de suma importancia el previo conocimiento y presencia de ambas partes. Te mantendré informado de cualquier cosa que pase hasta que termine el proceso.

Milo volteó a ver a Shura desesperado, deseando que le impartiera algún castigo por sus faltas pero, antes de poder volver a hablar, su boca comenzó a tener un sabor raro, sumado a un fuerte asco y un entumecimiento general del cuerpo. Shura abrió la puerta para dejar pasar a la doncella quien, al ver el estado de su señor salió corriendo a sostenerlo.

—Señor Milo —chilló Hester asustada al ver el deterioro del guardián.

—Yo lo vigilaré. Ve de inmediato a la casa de Virgo —le ordenó Shura apremiado.

—Sí, Señor —respondió la doncella y salió corriendo de la estancia.

Shura tomó en sus brazos al Caballero de Escorpio, lo envolvió con su cosmos y lo llevó a su cama. Milo seguía consciente pero su cuerpo no reaccionaba.

—Espero que al final todo esto haya valido la pena —los ojos de Milo lo miraron con súplica—. Intenta tranquilizarte, es lo mejor para ti, y no te preocupes por Camus. No permitiremos que nada les pase.

Shura se quedó cerca hasta que la pequeña doncella regresó echa un llanto y con un paquete en las manos. Entre ella y Calandra prepararon la infusión y se la dieron de beber al Santo de Escorpio; y sólo hasta que empezó a caer en un profundo sueño fue que Shura se permitió abandonar al delicado guardián. No permitiría que ninguna vida se perdiera bajo su supervisión y menos por un tonto e inútil rito.

*. *. *. *. *

.