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XV

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Cuando Fleur abrió la puerta, apareció al lado del mismo Shaka cargando las raciones extras. Aioria no supo cómo reaccionar y, después de unos segundos, se dio cuenta de que era una proyección a quien instó a pasar.

Shaka envió fuera a la doncella con gentileza al darse cuenta de que Aioria no se movería de la habitación.

—¿Cómo está?

—Estable.

—¿Algo que comentar?

—Le adelanté la dosis de esa cosa, pero eso ya lo sabes. No fue necesario darle un baño de agua fría pero, en cuanto se le bajó la fiebre, su cuerpo se empezó a congelar.

—¿Identificaste el punto de calor principal?

—El cuarto chakra. El flujo de cosmos era irregular e invasivo.

—¿Por cuánto tiempo lo asististe?

—Hasta que se estabilizó, alrededor de dos horas.

—Debiste usar sólo las hierbas.

—Hice lo que consideré mejor. Si hubiera seguido tus instrucciones seguiría ardiendo o sufriendo una hipotermia.

—No vuelvas a usar tu cosmos.

—Entonces dame instrucciones más apropiadas. Otros horarios, algo que me sirva.

—Tampoco puedes darle otra dosis antes de las doce horas, sería peligroso.

—Ahí vas de nuevo… ¿Entonces qué se supone que haga? —dijo subiendo la voz.

—Seguir las indicaciones.

—Escucha —empezó a hablar más firme y despacio— necesito que me hables con algo que me sirva; si no, haré lo necesario para que esté fuera de peligro. Tú me dejaste a cargo, ahora es mi responsabilidad. Si lo menos riesgoso es el cosmos, lo voy a usar.

Shaka escuchó hasta la última palabra sin terminar de acostumbrarse a ese tono ni a la mirada que sabía que le dedicaba Aioria, sin tener que abrir los ojos.

—Milo te envió esto —ignoró a Aioria y fue hasta Camus con un sobre que hasta ahora había ocultado.

Camus se giró y se incorporó lo más rápido que pudo. Aioria tomó el envío y lo colocó cerca de la cabecera, alcanzando a percibir el dulce aroma de los cabellos de Shaka. El santo de la Virgen se alejó, se despidió y desapareció tan rápido como había llegado.

—Disfrutas llevándole la contra a todo el mundo —señaló Camus sentándose con calma para poder tomar el paquete.

—Sólo hago lo que considero correcto.

—Si no es Shura, no te gusta que te digan qué hacer.

—Lo dice el que se molesta porque tocan sus cosas.

Camus lo ignoró y no apartaba los ojos del envío, intrigado. Ansiaba abrirlo pero no quería compartir el contenido con Aioria, así que lo volvió a dejar al lado de su cama. El león se sentó considerando dejarlo solo pero Fleur apareció con una charola. La doncella no ocultó su decepción al haber llevado un servicio de más y, al notar esto, el león le ordenó que los acompañara con el postre alegando que aprovechara el plato extra. La joven sirvió el té y la tarta de manzana que había preparado, incómoda más por la atmósfera que por otra cosa.

—No creí que te gustaran los dulces —Camus ignoró la charla nerviosa de Aioria—. Shaka no sabe lo que se perdió, está muy bueno —continuó dirigiéndose a la doncella.

—Gracias —respondió la joven.

—¿Es cierto que todos los franceses tienen una debilidad por las manzanas? —no esperó una respuesta—. Una vez el bicho intentó hacer una, el horno casi explota. Sus cejas quedaron casi tan despeinadas como las tuyas y tuvo que ir con Afrodite para que lo arreglara. Casi le dio un infarto cuando dijiste que regresarías antes de tiempo. Por suerte lo detuve para que no se dibujara la cara.

—Aioria —lo interrumpió Camus.

—Ah, lo siento. No hablaré del bicho. Aunque fue él a quien se le ocurrió recibirte con una fiesta de disfraces para que no lo notaras. Te veías muy bien con el antifaz que te conseguimos. Si no fuera por eso el cubo nos habría ganado a los demás en la mascarada —se dirigía a Fleur—. Afrodite se llevó las palmas esa noche aunque todos decían que se veía mejor sin la careta…

Camus se resignó a su perorata ya que Fleur se veía bastante animada, y hasta él mismo se sorprendió de su paciencia con él león, pero intentó no darle importancia.

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