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XXI
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La pequeña Hester despertó a Milo y, alegre por ver que estaba bastante repuesto, le entregó una taza de té que el caballero no se sintió capaz de rechazar. Pero le hubiera gustado que tuviera un poco más de azúcar, o siquiera algo de azúcar.
Al pasar por su repisa especial, Escorpio vio una bolsita que no reconocía y eso le extrañó bastante. Aún así, decidió que le pondría atención en otro momento, ya que una presencia peculiar se acercaba a su territorio y el desayuno aún tardaría unos minutos más para estar listo.
—Buenos días, Milo —lo saludó Shura desenfadado y Milo llevó su mano derecha a su frente.
—¿Te puedo ayudar en algo? —quiso saber ya que por lo general Capricornio se comunicaba por mensajeros.
—Sí, de hecho sí. Me gustaría que me permitieras tomar el primer alimento del día contigo.
Entendiendo que eso era un preámbulo, Milo permitió el paso a su estancia personal.
—¿Cómo te sientes? —indagó Capricornio tomando asiento.
—Excelente —le respondió mientras las doncellas empezaban a colocar las bandejas llenas con frutos de temporada en la mesa.
El desayuno transcurrió en silencio. Shura no gustaba de hacer dos cosas al mismo tiempo, a todo le dedicaba su lugar y su espacio. Al terminar, agradeció por la comida y enseguida le informó a al guardián residente que tendría que sustituir a Camus en su corta misión a Siberia.
—¿Qué ha pasado, no se encuentra bien?
—Han surgido algunas complicaciones que me impiden dejar que se ausente del Santuario y, como tú eres el que más lo conoce y has estado al tanto de sus alumnos, he considerado que seas tú el que consiga el reporte que necesito. Es todo.
—Pero… está bien —Milo se encogió al darse cuenta en la mirada de Shura, que no recibiría detalles concretos.
—Cuando regreses podrás verificarlo por ti mismo —dijo poniéndose de pie—. Ahora necesito que te prepares para salir, a más tardar después de la hora de la comida.
—Sí —respondió antes de escoltarlo.
En lugar de subir, Milo lo vio bajar las escaleras y luego dirigió su mirada hacia Acuario, esperando poder ver una diminuta figura asomarse de la onceava casa; pero sólo logró que un vacío se empezara a formar en su estómago sumado a una sensación de asco.
La presencia de Shaka lo tomó por sorpresa pero no tardó en reconocer que era sólo su proyección, aún así no supo cómo recibirlo.
—Hola Milo, ¿cómo te encuentras?
—Shaka, ¿qué te trae por aquí?
—Veo que estás de mejor ánimo.
—¿Mejor?
—¿Qué día es hoy?
—Sábado.
—¿Recuerdas lo que hiciste el día de ayer?
—Tendrás que disculparme, no tengo tiempo para platicar.
—¿Por qué?
Milo dudó en seguir respondiendo sus preguntas pero, si quería averiguar el motivo de la visita, lo más rápido sería contestar; aunque no sabía si Shura quisiera guardar todo el asunto. Antes de que llegara a una conclusión, Shaka cambió de actitud, se disculpó por su intromisión, se despidió y se esfumó. Algo sumamente extraño estaba pasando.
Escorpio fue a su recámara y tomó del buró algunos papeles, revisó su agenda y empezó a anotar su partida para ese día cuando Hester entró para empezar a acomodar la habitación.
—Enseguida salgo —comentó apurado.
—Ah, no se preocupe. Si quiere descanse un poco más —dijo a punto de retirarse.
—Hester.
—¿Sí?
—¿Puedes ir a ver si todo está bien en la casa de Acuario?
—Por supuesto.
Le agradeció y la doncella fue a cumplir su petición. Enseguida, Milo sacó su diario para empacarlo y pensó en escribir un poco. Se le heló la sangre al ver entradas ya hechas con su letra y otras anotaciones extras. Según sus registros era Lunes. Corrió hacia la cocina a verificarlo y Calandra asintió un poco extrañada.
Milo empezó a sentir que le faltaba el aire.
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