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XXII
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En cuanto el guardián de Virgo notó que Capricornio ya había pasado los terrenos de Libra, sospechó que él sería su siguiente parada. Después de todo Deathmask seguía en Piscis y, luego de todas las molestias que se había tomado, era una posibilidad que Shura no pasaría por alto sus acciones.
Se despidió del guardián de Escorpio y regresó su conciencia. Había tenido el tiempo suficiente para comprobar que Milo había sufrido una ligera pérdida de memoria pero no alcanzó a comprobar qué tan profunda era o si había sufrido alguna lesión en el proceso.
—Buenos días, Shaka —reconoció la voz de Shura pero no se movió de su posición de loto.
—Buenos días —se limitó a contestar.
—Voy a ir al punto. ¿Qué estás planeando?
—No entiendo a qué te refieres.
—El final del ritual, ¿hay algo que no me hayas dicho?
—En lo absoluto.
Hubo un breve y tenso silencio entre ambos.
—Tu ayuda ya no será requerida. Espero que ya no te tomes más libertades.
—¿Pero qué podría hacer? Todo está a punto de acabar.
—Precisamente. Este asunto le corresponde ahora solamente a ellos —acotó y abandonó el templo tal y como había llegado.
Las palabras de Shura lo habrían herido si Shaka no tuviera cerca de un año sintiéndose un foráneo dentro de las filas del Santuario. Mü estaba lejos, Aldebarán pocas veces iba a visitarlo y, por más que se esforzaba por lograr por lo menos una amistad entre él y Aioria, lo único que conseguía era despertar la ira del león.
Shaka pensó que quizás, si lo acercaba al proceso, regresarían sus recuerdos; que Shura podría hacer algo si veía que el Patriarca actuaba en contra del beneficio del Santuario y sus caballeros; pero jamás se imaginó que Aioria sobre pasaría su deber. Aunque tampoco le sorprendía, después de todo ser arrojado estaba en su naturaleza. Lo único que se reprochaba es que había actuado en detrimento de Milo. A menos que sus verdaderos sentimientos no involucraran ni a Acuario ni a Leo. No, no podía menospreciar sus acciones, una gran parte lo había hecho para que no se reforzara el vínculo entre Milo y Aioria, pero ahora… Tal vez debía reconocer de una vez por todas que su destino no estaba al lado de Leo.
Sólo le quedaba esperar que el verdadero amor triunfara. Por su parte, ya había hecho todo lo que estaba en sus manos. Los Dioses tendrían la última palabra y él debía de empezar a renunciar de verdad a ese pequeño sueño mundano que se había permitido cultivar.
Viendo el lado amable, cabía la posibilidad de que con los últimos eventos la situación de Aioria mejorara dentro del Santuario y que volviera a sonreír al lado de alguien; tal y como lo había hecho algunas veces junto a él. Ya no le quedaba más que confiar en el juicio de Shura, las decisiones de su Santidad y en qué, tal vez, todo se había dado por uno de los efectos secundarios y no por intervención directa del Patriarca, como sospechaba.
"Al final todo sucede como debe suceder. Tal vez la ley en contra de las relaciones entre caballeros es sólo para ahorrarles el trago amargo de realidad. La única historia perfecta es la que no se ha escrito. Una vez que ha pasado, lo que queda por hacer es aceptarla y continuar", se dijo y siguió sumergiéndose en sus pensamientos. Poco a poco, llegó a su silencio interno. Abrió la puerta y se situó entre los Sales Gemelos. Ahí, empezó a ver a un pequeño Shaka siendo distraído por un joven león, alegre y juguetón, intentando atrapar las hojas que se desprendían de los árboles y, así como ellas se alejaban, los recuerdos de Aioria empezaron a fluir lejos de su conciencia.
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