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XXIII

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En la Sala Principal del Patriarca, Saga, extenuado por los tres días sin dormir y el uso extremo de su cosmos, seguía en medio del círculo con el mapa de las ochenta y ocho constelaciones, manejando dos del círculo Solar, bajo la influencia de diferentes astros, según marcaba la carta natal de Milo y Camus.

Todo había resultado bien hasta ahora, hasta ése preciso momento en que las estrellas de Acuario habían empezado a rechazar y a romper su influencia; como si hubieran encontrado el punto donde emanaba el hilo de su cosmos hacia ellas. Su trabajo de tres días empezaba a deshacerse.

"Estos niños", pensó, "Está bien, hubiera sido aburrido de otra manera". Aumentó el flujo de energía, enfocándose en las corrientes eléctricas que sentía y ya no sólo en los influjos emisores.

Desde que tuvo que ocultar su rostro bajo la máscara del Patriarca todo se había salido de sus manos. Aioros, Shura, Deathmask, Afrodite, Mü, Aioria, poco a poco todo se salió de control. "No, todo empezó con Kanon", no lo había podido proteger de él mismo, así como no logró salvar a Athena (ni a Aioros).

Había logrado que su otra parte confiara lo suficiente en Capricornio, Piscis y Cáncer para que no intentara dañarlos, pero Camus y Aioria seguían sufriendo. Aún se arrepentía de haber mandado a Camus a Siberia antes de tiempo y su regreso sólo significó una mayor amenaza. Si con esto lograba conseguirle un poco de calma aún a costa de su infelicidad, así como lo había hecho con Aioria al permitir que fuera rechazado por la mayoría del Santuario, valía la pena intentarlo.

"Sólo te gusta verlos sufrir, tanto como a mí", dijo la voz en su cabeza.

"Ahora no tengo tiempo para ti".

"Admítelo. Todo lo que has hecho hasta ahora es para seguir desarmando rebeliones en tu contra, pero no tienes que esforzarte tanto por estos niños, siempre hay otra salida", Saga sintió como saboreaba esa frase. "Sólo te quejas de dientes para afuera que no te gustan mis métodos, pero disfrutas y gozas de los beneficios. Recuerda tu éxtasis al descubrir el sinfín de técnicas reservadas para el Patriarca. El Satán Imperial fue tu favorito por lo beneficioso que es", recalcó . "Y ahora sólo quieres averiguar qué tanto puedes lograr con esta otra técnica. No te engañes, no lo haces por ellos. Son tus cobayas y si no te apoyan, ¿por qué tendrías compasión por ellos?", empezó a reír. "Los débiles no reconocen su propia insignificancia, sólo los fuertes han logrado acercarse y comprender tu ambición; y la comparten. Saben que eres el único capaz de conseguirlo".

"Basta", exigió.

"Vamos, apaga esas luces y contempla su caída, como los traidores que son", siseó. "Nadie se dará cuenta y si lo hacen no podrán probar nada."

Saga cortó entonces el proceso, casi con ningún resultado que los pusiera fuera de peligro. Le dolía la cabeza y el pecho. De nuevo había fallado. De nada habían servido sus teorías y experimentos, de nada. Otra traición a sumar a sus compañeros. Tal vez le serviría un poco de consuelo la penitencia de sentir el dolor, la impotencia y la confusión de Shaka y Milo.

No. ¿A quién engañaba? Eso no era nada comparado al destino que les había impuesto. Hubieran vivido por un tiempo felices. Pero si él no había logrado esa felicidad y lo había fortalecido, entonces ellos deberían agradecerle por hacerlos más fuertes. Los débiles se merecen la prueba y el sufrimiento por el bien del mundo. Y si aún así insistían en seguir a los Dioses y a Athena, si eran tan tontos e ingenuos para poner sus vidas en manos de los ideales del enemigo, entonces sus destinos serian ser destruidos. "Que los Dioses se apiaden de ellos, si es que se dignan a escucharlos. Nadie que sea un títere es digno de mi ayuda y respeto. Cualquiera que sea su herramienta es mi enemigo. Sufrirán, padecerán lentamente antes de ser enviados al inframundo".

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Apostilla:

Lesath Al Niyat le dio vida al delicioso Lemur, y por mi parte espero que no haya quedado muy confuso.