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XXXIII
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Aioria estaba dando su acostumbrada ronda por las zonas de entrenamiento y, de vez en cuando, desviaba la mirada por el nuevo espacio que Camus había escogido para hacer sus lecturas. De regreso a los templos principales, ambos Santos habían dialogado sobre los métodos de las prácticas, los horarios y las reglas; pero se sorprendieron que ambos habían tenido más problemas con evitar que los aprendices invadieran los terrenos de las amazonas que con las fugas.
—Muchos aprovechan las rondas cercanas a Rodorio para… eso… —insinuó abochornado a Camus quien, sin importar el tema, sostenía una expresión inamovible—. Ese exceso de energía deberían usarla para entrenar.
Camus sabía que, debido a la mala reputación que Aioria cargaba desde hacía años, se había matado entrenando y acatado las normas a pie juntillas. Por lo mismo, ni Shura le había levantado jamás un reporte. Para más Milo estuvo alguna vez en la mira de alguna llamada de atención, pero él, como su mejor amigo, lo había evitado. O propiciado y resuelto. Ambos casos podrían ser lo mismo.
Para Aioria no era tan raro hacer un monólogo mientras su interlocutor se dedicaba a escuchar. Alguna vez había pasado largas horas en casa de Shaka, pero sus reuniones se redujeron muchas veces a entrenar y meditar. Si se esforzaba podía recordar el té que le daba para relajar los músculos, el que lo hacía dormir cuando lo atacaban las pesadillas y uno que le ayudaba a mejorar su humor cuando estaba más irascible. Esto último se daba cuando pasaba más tiempo con Milo de lo usual.
El recuerdo del bicho hizo reír a Aioria y volteó a ver a Camus. A su lado imaginó a Milo, caminando y riendo, mientras el cubo mantenía la misma expresión nula que tenía en esos momentos.
—Debo estarte aburriendo —confesó casi como un suspiro. Él más que nadie sabía que no podía compararse ni imitar el buen humor de Milo, y tomó el silencio de Camus como una afirmación respetuosa.
Ninguno dijo nada más durante el resto del camino por las primeras cuatro casas pero, cuando llegó el tiempo de despedirse al llegar a Leo, acuario se despidió con su ahora usual:
—Hasta mañana.
Esa nueva compañía no era algo a lo que Aioria quisiera acostumbrarse, pero la mirada dulce de Delphine lo animaba a no rechazarla por completo. Aún así, el guardián se hizo el desentendido y fue a distraerse en su área de entrenamiento.
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Mientras Camus pasaba por la sexta casa, las salidas desaparecieron y supo que Shaka le estaba pidiendo que se quedara; aunque su tiempo de meditación no había terminado. El acuariano esperó paciente a que el sexto guardián regresara a su cuerpo y, mientras tanto, Alisha fue colocando todo lo necesario para su imprevista recepción.
—Buenas tardes Camus. Gracias por esperarme.
—Buenas tardes Shaka.
—Espero no haberte hecho esperar demasiado —comentó sirviendo la taza de su invitado y luego la suya, pero Camus no la aceptó.
—No tengas cuidado.
—¿No vas a tomar el té conmigo?
—Me encuentro bien, gracias. Pero si quieres hablar de algo tengo tiempo.
—No soy al único para el que tienes tiempo últimamente.
—Así que es sobre Aioria.
—Conoces las reglas.
—Y no veo que estemos incumpliendo ninguna.
—Si eso es cierto, no veo porqué no puedes compartir una taza de té conmigo —tomó un poco de su bebida y esperó a que Camus hiciera lo mismo, pero éste no lo hizo—. ¿Vas a ir a ver a Shura, o al Patriarca?
El caballero de Acuario no podía responder aquello. Tenía una necesidad que no lo había abandonado desde hacía unos días, misma que sólo se calmaba al estar cerca de Aioria y, al mismo tiempo, aumentaba. Aún no podía ponerle nombre, ¿cómo iba a ir con cualquiera en el estado en el que estaba?
—Sé —continuó Shaka— que eres el tipo de hombre que requiere tiempo para acomodar sus ideas, y sus sentimientos.
—Tengo que… ver a Milo antes que hacer cualquier cosa.
—¿Aún buscas que sea él el que te dé una respuesta?
Camus no entendió la pregunta, pero no necesitaba entenderla.
—Milo no me da respuestas. Hace que me haga las preguntas correctas.
Shaka terminó su taza de té y agradeció a Camus por su compañía antes de que retomara el camino a su casa; despidió a Alisha y volvió a su meditación.
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