"TODO LO QUE DESEO PARA NAVIDAD ERES TU… (ALL I WANT FOR CHRISMAS IT'S YOU)"

La nieve caía suavemente sobre las calles cubriéndolas con su blanco manto helado, la gente caminaba de un lado a otro persiguiendo el regalo perfecto para sus familiares y amigos más queridos, la navidad siempre era una algarabía llena de ilusión y alegría y esperanza…

Las tiendas se encontraban llenas de personas probando y eligiendo toda clase de objetos para dar el mejor detalle, y entre todas esa personas una chica caminaba apurada con varias bolsas y paquetes en sus manos, y de tras de ella otra joven trataba de igualarle el paso mientras tomaba dela mano a un pequeño y llevaba a otro en brazos… y detrás de ambas, tres personas más a su servicio llevando paquetes ya preparados para depositar bajo el hermosamente decorado árbol navideño de la estancia.

-Candy!, - La llamaba Dorothy casi sin aliento.- No crees que ya no te falta nadie?, además los pequeños están cansados y creo que necesitan tomar su siesta… y yo estoy muerta mis pies ya no pueden más…- confesaba sonrojándose apenada por tener que decir aquello, pero era la verdad, habían salido con tiempo para ser de los primeros clientes en las tiendas y ahora era poco más de medio día...

-Lo siento Dorothy!- se detenía y se volvía hacia donde la joven al fin le daba alcance deteniéndose a unos pasos de distancia- es que… aun no encuentro el regalo perfecto para Albert.- sintiéndose derrotada se dejaba caer en una banquilla cercana de la enorme plazoleta comercial.

-Pero si casi la mitad de estos paquetes son para el!- le recordaba la joven señalando la cantidad de paquetes que llevaban, habían entrado a casi todas las tiendas del centro comercial y en cada una Candice había comprado el regalo perfecto para su ahora esposo.

-No, esos no son nada que pueda ser especial para Albert,- mencionaba desilusionada.

-Candy, estoy segura que él no le importara… sabes que siendo algo que tú le regales para él ya es especial…- la consolaba la pelirroja sentándose a su lado y acomodando al pequeño entre ambas.

Candy tomaba a su pequeño hijo y lo sentaba en sus piernas, el pequeño a pena sintió el calor de su madre comenzó a quedarse dormido. Ambas sonrieron y ella se sintió algo mal por ver el cansancio al que había sometido a sus pequeños en su afán de encontrar el regalo perfecto para su amado esposo.

-Esto es lo malo de estar casada con alguien a quien no le hace falta nada…- dejaba escapar un suspiro y sus ojos se cristalizaban.

-Ven vamos a tomar un descanso y un té caliente, ahí pensaremos sobre algo que puedas regalarle y que sea súper especial te parece?- Dorothy invitaba a su gran amiga y la tomaba con su mano libre para que la siguiera a un café cercano.

La mujer de cabellos rojos le dio indicaciones al chofer y a las dos mucamas que las acompañaban para que regresaran a casa con los pequeños y le recomendó al chofer que regresara en un par de horas más ya que debían estar preparadas para la cena y no disponían de más tiempo.

Una vez solas e instaladas en el café, observo la desolada mirada de Candice, le dio una enorme ternura aquella mujer que seguía siendo una chiquilla enamorada cuando se trataba de su amado esposo.

-Bueno, sabes que es lo que yo hago para George… el también lo tiene todo… así que me las ingenió para darle detalles que sé que no conseguiría en ningún lugar…

-Así!?, como cuáles?- pregunto con una leve esperanza pero sin mucho ánimo…Dorothy era una chica muy talentosa.

-Bueno… que tal si le tejes una hermosa y cálida bufanda, o un suéter?, eso sería maravilloso y más si lo elaboras en una lana que sea de su color favorito… yo le tejí un suéter a George el año pasado… negro.

Candy se sonrojo y desvió su mirada… se sintió apenada de confesarle a Dorothy que lo había intentado cuando la observo tejiendo e investigo sobre aquello, pero realmente todo había sido un desastre, a su memoria vinieron los recuerdos de aquella ocasión… las mangas estaban desiguales, el cuello demasiado cerrado y la parte delantera demasiado grande, casi lo doble que la parte trasera… parecía un suéter para un alíen, eso sin contar que había terminado usando varios tonos de azul porque nunca compraba la cantidad de lana suficiente para que quedara en el mismo tono… no ella no tenía habilidad en el tejido…. Un resoplido salió de sus labios moviendo su flequillo… Dorothy supo que aquello era una mala señal…

-Bueno, quizá el tejido sea algo muy, muy,… común, que te parece si le bordas unos pañuelos de seda con sus iniciales!, así cada que lleve uno en el bolsillo de su saco se recordara de ti y más si los impregnas con tu perfume favorito!, podríamos comprar hilos de plata u oro, se donde venden el hilo perfecto para dicha labor… yo le hice algunos a George para su cumpleaños, le encantaron y ahora siempre los lleva consigo… ese detalle a William le encantara!-la veía animada, como si esa fuera la idea perfecta.

Candy tomo un sorbo de su chocolate caliente evitando ver a Doroty de frente y ocultando su mirada con su flequillo… ya lo había intentado y el bordado quedo más zurcido que sus enaguas, además el hilo se le hacía nudos a cada insertar de la aguja, además que rompió casi dos pares de "aros" y había terminado pinchada de todos los dedos… no nunca pudo siquiera terminar un solo par de pañuelos, y el que termino las iniciales estaban tan desiguales y para nada legibles… parecían más unos caracteres chinos que una doble "A", y ni que decir de la rosa que supuestamente trato de agregarle…no, definitivamente el bordado no era lo suyo.

Dorothy observo el aspecto y mutismo dela chica y no quiso abrumarla preguntándole más sobre esa idea, se quedaron en silencio un par de minutos…

-Y que tal cocerle una hermosa camisa de Seda… sé que le encantara, puedes hacérsela azul como el color de sus ojos, yo le hice un par a George y ahora solo desea que yo se las haga, ya no las manda elaborar con su sastre…- la joven se mostraba sonrojada y orgullosa por que su marido apreciaba mucho los detalles que ella tenía con él y ella se sentía satisfecha porque eran algo especial y que no podría conseguir en ningún otro lado ya que ella se encargaba de personalizarlos de tal manera que el supiera lo mucho que lo amaba…

-Creo que será mejor que volvamos a casa…- Candy se ponía de pie y dejaba dinero sobre la mesa para pagar sus bebidas, claro que ya había intentado tal cosa, pero solo hecho a perder dos rollos completos de seda azul, ya que como siempre sus manos torpes jamás lograban cortar los patrones de la manera en que estaban hechos, y terminaba haciendo prendas dignas de una obra cómica, o que parecían ser el disfraz de alguna obra de terror, ni siquiera un pordiosero vestiría aquellos raros harapos que salían de sus manos, sin contar el mismo problema que con el bordado y el hilo… los nudos eran infinitos y sus puntadas demasiado chuecas y desiguales.

Dorothy se puso de pie en silencio comprendiendo el mutismo de la joven, no tenía esas habilidades… se sintió mal por la chica y comenzó a pensar en algo que pudiera facilitársele, recordó que cuando niña había aprendido fácilmente a hornear pan…

-Y si le cocinas su pastel favorito?...

La última vez que entre a la cocina casi quemo la casa completa, además el pastel quedo salado porque confundí la sal con el azúcar…

Siguieron caminando en silencio, la joven había logrado ser una eminencia en la medicina, trabajaba como voluntaria en la clínica del doctor Martin que al dejar la bebida fue ayudado por Albert para fundar una gran clínica donde se atendiera a las personas sin recurso, pero se había hecho tan famosa que ahora personas de la alta sociedad pagaban lo que fuese necesario para ser atendidos por el Dr. Martin y por Candice que se convirtió en su socia, ambos hacían una gran labor… y ella había recibido varios reconocimientos por su gran desempeño, dela enfermera torpe no quedaba más que el bello recuerdo en aquellos que la conocían… incluso una ya muy vieja Mary Jane había pasado sus últimos días a cuidado de la joven en esa bella clínica, pues tenía unos jardines inigualables y el ambiente era tan hogareño que fue el lugar perfecto para despedirse del mundo de los vivos…

Pensando en eso Dorothy tuvo una idea, no era nada que ver con curar a Albert o una estancia en la clínica que ojala nunca les fuera necesario por lo menos no dentro de muchísimos años, pero recordó lo que una de las señoras comento en una de las tantas reuniones de té a las que acompañaba a la Tía Elroy… y como coincidencia pasaban justo frente a la tienda que aquella mujer les comentara en absoluto secreto…

-Ven Candy, tengo la idea perfecta….- la jalo dela mano y lo mejor era que ambas estaban solas nadie sabría jamás de que ella le había aconsejado aquello, de paso ella también conseguiría el regalo perfecto Para George pues también sus ideas se le habían agotado.

Candy abrió los ojos desmesuradamente cuando el regalo sugerido le fue mostrado, sus mejillas se sonrojaron y la boca se abrió sola por la sorpresa de la sugerencia de Dorothy.

-Estoy segura que este regalo será perfecto…- La pellirroja le guiño el ojo y se volvió a la dependienta que las atendía…- llevaremos ambos.

Candy sentía un el calor en sus mejillas, no sabía cómo pasaría toda la noche frente a la tía Elroy después de haber visitado aquella tienda, estaba segura que la mujer adivinaría todo con solo verla a la cara, Dorothy no dejaba de sonreír al ver a una Candice que nunca tuvo límites y siempre fue contra las normas sociales, ahora toda sonrojada y apenada.

-todo saldrá bien Candy ya verás!- la animaba y justo a tiempo llego el auto para recogerlas.


La celebración familiar en la mansión había sido perfecta como cada año, todos estaban encantados con los regalos que Candy les llevara, siempre les daba el regalo perfecto, solo una persona estaba extrañada de no haber recibido nada de parte de su esposa en esa ocasión, pero aun así, no reprocharía pues él ya tenía el regalo perfecto…

El viejo edificio de departamentos en magnolia se había convertido en su hogar donde pasaban la mayor parte de las celebraciones importantes de su pequeña familia, La tía Elroy no había estado de acuerdo con aquella carencia de comodidades pero para ellos tenían lo suficiente, y ni que decir que su pequeño rincón dentro de aquella hermosa casa que habían construido a su gusto, la habitación de una recamara cocina y sala y un solo baño había quedado intacta dentro de aquel bello lugar, parecía una manchita de tinta sobre una hermosa y fina manta de seda, pero para ellos era el lugar más especial donde pasaban sus momentos más íntimos e importantes.

Albert entro a ese lugar especial, que ambos decoraran con recuerdos y ornamentos hechos por ambos y sus pequeños hijos, el árbol que adornaba aquella estancia estaba rodeado de guías hechas con palomitas de maíz y esferas desiguales que eran obsequios de los múltiples chiquillos de los orfanatos a los que ayudaban, la pared sobre la chimenea tenia innumerables tarjetitas hechas por manitas del hogar de pony que les enviaban cada año con las palabras más sinceras y llenas de cariño. Fotos de sus momentos más felices.

-Llevare a los niños a su recamara, enseguida estaré contigo,- por supuesto tuvieron que agregar un pequeño espacio para los niños, para poder tenerlos cerca cuando pasaran la noche en su rincón favorito y así no descuidarlos.

-Está bien…- respondió ella no muy animada, la idea de Dorothy era un tanto escandalosa, y no se atrevía a hacer algo semejante, por lo que había dejado los paquetes en un rincón del closet dentro de la habitación que ocupaba en la mansión. Así que de nuevo estaba con las manos vacías, pues todos los regalos que había llevado para su esposo, terminaron en manos de personas sin hogar y que les darían un mejor uso.

Candice se sentía tan desanimada que sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentó en el suelo frente al arbolito que tintineaba con sus lucecitas de colores y sintiendo es su espalda el calor de la chimenea. Al pie del arbolito había algunos regalos que recibían de parte de sus madres del orfanato y otras amistades muy especiales para ellos, sus hijos eran amados por todos aquellos a quienes ayudaban así que al día siguiente tendrían otra gran cantidad de regalos que abrir, ella también tendría varios presentes estaba segura, y Albert también, solo faltaría el de ella, se sintió más desanimada y no pudo controlar más sus lágrimas. Albert que llevaba varios minutos observándola decidió tomar acción, no le gustaba ver tristeza en los ojos de su amada esposa.

-Estas lista para abrir tus regalos?, es casi media noche…- se sentó a su lado y la abrazo acercándola a él, ella se dejó hacer.- que pasa hermosa… porque esas lágrimas, sabes que tu tristeza es la mía…- la beso suavemente en los labios y comenzó a limpiar con besos sus lágrimas, ella se sintió más acongojada y su llanto fue en aumento.

-Vamos amor, estas asustándome, que pasa?- volvió a preguntar poniéndola de frente a él.

Sentada sobre sus piernas ella trato de controlarse y poder confesar su "pecado"…

-Es.. es… es que no pude encontrar nada que regalarte esta navidad… estuve toda la mañana en el centro comercial recorrí todas las tiendas, compre muchas cosas que en el momento me parecían perfectas pero luego… luego- decía rápido y entre sollozos- me daba cuenta que ya tenías muchas de esas cosas ya que siempre te regalo lo mismo… nunca encentro algo realmente especial que haga la diferencia…, Dorothy me sugirió que hiciera algo por mí misma, pero… soy un desastre….- comenzó a llorar con más fuerza, después volvió a tomar un poco de aire para continuar- si trato de cocinarte algo especial… termino quemando la cocina, soy pésima en las labores manuales… y no se hacer nada que pueda ser especial para ti…

Albert sonrió, ahí estaba la respuesta, si ella supiera todo lo que el guardaba en los cajones de su escritorio dentro de su oficina… se daría cuenta que no había nada más especial para el que ella y el inmenso amor que le profesaba, por ello era que aquel "raro" suéter que ella tejiera en diferentes tonos de su color favorito, estaba en el primer cajón de su escritorio… lo calentaba y le hacía sentir su presencia cuando estaba cansado o tenía que trabajar largas jornadas, su el pañuelo con sus iniciales en "japonés" y esa rosa tan única como ella… estaba siempre en el bolsillo interior de su saco, de esa manera su corazón se sentía cálido por el amor con que lo había hecho y más porque desprendía ese delicioso aroma que cubría su bello cuerpo, la camisa sin terminar con una sola manga y el cuello torcido… era parte de su equipaje en los viajes más largos… era perfecta para mantenerla entre sus manos cuando dormía y así sentir a su esposa junto al… Candy no tenía idea delo feliz que él era con todos esos objetos, no por su "perfecta imperfección" sino por el amor que ellos le gritaban ella mantenía en su corazón para él, ella era el mejor regalo que la vida le había dado el jamás tendría nada para pagarle por existir en su vida y amarlo.

Tomo un enorme moño rojo de uno de los paquetes bajo el arbolito navideño, lo coloco con cuidado enredándolo en sus bellos risos, ella se sorprendió, tomo su bellos rostro entre sus varoniles manos y la beso tiernamente en los labios, se separó un poco de ella para verla a los ojos fijamente.

-Candice- la llamo de la forma en que lo hacía cuando compartía con ella algo de suma importancia- quiero que entiendas esto y prestes mucha atención… "Todo lo que quiero para navidad… eres tú", - volvió a besarla- y no solo para navidad, para el resto de mi vida, para cada segundo del día, no hay nada más especial en este mundo para mi… que tu"… te amo, gracias por existir, por entrar en mi vida y permanecer en ella a pesar de todo lo que has tenido que perder…

-No!, yo no he perdido nada… todo lo he ganado contigo… tu eres lo único que yo necesito… mi vida no tendría sentido sin ti…- le respondió ella besándolo.

La caricia comenzó a profundizarse, pronto Candice estuvo sentada a horcajadas sobre las piernas de su esposo y el la acariciaba con amor y pasión, besándola en el cuello y al ras de su escote… ella también comenzó a perderse en la pasión que comenzaba a envolverlos… el moño en su cabeza cayo junto a los broches que mantenían su sencillo peinado, dejando escapar los largos risos que el tanto adoraba, el aroma de su cabello lo inundo profundamente y ella sintió la magnitud de su pasión, de pronto recordó algo, se separó de él y miro el moño que había caído, ahora creía que la sugerencia de Dorothy hubiera sido perfecta.

-Pasa algo pequeña?- pregunto el usando ese adjetivo que solo utilizaba ya en sus momentos de intimidad, a ella le encantaba.

-Bueno… es que… "alguien" me hiso una sugerencia para regalarte hoy… pero me sentí abrumada y no lo creí conveniente, solo que ahora… no sé si hubiese sido un regalo perfecto…

-Pequeña, creí que había dejado claro mi punto… - le beso la punta de la nariz.

-Sí, pero… precisamente por eso es que ahora creo que hubiese sido una maravillosa idea…

Albert de pronto frunció las cejas como recordando algo… se puso de pie y la tomo a ella de la mano llevándola con el ala recamara… tomo una bolsa que el mismo dejara en una de las sillas cerca de la cama.

-De casualidad es esto?- pregunto mirando como Candice se sonrojaba y asentía con la cabeza.

-como lo tienes tú?- pregunto algo tímida.

-Bueno Dorothy me dijo que era mi regalo… y que estaba segura que lo disfrutaría mucho, dijo que tú lo habías olvidado en la recamara de la mansión…

-Pero… a qué horas te lo dio que yo no lo note.

-No me lo dio, lo coloco en el auto y solo me informo que ahí lo había puesto… me pregunto que será?... – saco la caja y comenzó a deshacer el coqueto moño, vio la tarjeta que cayó sobre la cama…

"Madame Guipier" Lencería fina.

-Madame Guipier?- pregunto sorprendido, había escuchado ese nombre en boca de algunas de las secretarias de su oficina, no sabía mucho del asunto solo que la mujer era famosa entre las damas de la alta sociedad.

-Albert… me permites?- le pidió sonrojada y tímida tomando la caja, el solo asintió

Candy se dirigió al baño dentro de la pequeña habitación, una pequeña adición que Albert pensó sería muy adecuada. Una vez sola saco la diminuta bata de doctora, era una versión muy sexi y coqueta, con encajes y trasparencias las partes adecuadas, debajo una diminuta prenda que era el más actual y escandaloso secreto de las damas, solo cubría con un triángulo trasparente la parte frontal de su intimidad y unas tiras elásticas decoradas con delicado encaje que se metían entre sus bien formadas nalgas, no había parte superior y la batilla solo alcanzaba a cubrir la punta de sus firmes y redondeados senos… medias blancas trasparentes con encajes en la parte superior y por supuesto un liguero a juego para mantenerlas en su lugar, ella se sentía prácticamente desnuda, un estetoscopio "falso" en su cuello y una pequeña tarjeta de identificación que decía "Doctora Corazón" frente a uno de sus senos. Sacudió sus risos tratando de cubrir algo de lo que quedaba al descubierto por su profundo escote delantero, pero solo la hiso verse más sexi, se colocó las altas zapatillas a juego con la sexy vestimenta y tragando pesado se volvió a colocar el moño rojo en su cabeza dispuesta a salir.

La curiosidad tenia al rubio echo un lio, la sonrisa de Dorothy le decía mucho y a la vez nada, estaba demasiado intrigado sobre todo por la actitud de su esposa, se había sentado en la orilla de la cama dando la espalda a la puerta del baño, de pronto su mirada capto algo en el espejo de cuerpo entero que estaba de pie justo frente a él, sus ojos se abrieron y trago pesado al ver la imagen de su esposa que tímida estaba bajo el umbral dela puerta del baño, se tallo los ojos como si estuviera viendo una visión y deseara volver a la realidad pero al ver que la imagen no desparecía se volvió para verla completa.

No solo su corazón se aceleró, otra parte de su anatomía despertó con hambrienta rapidez.

-P..p..Pequeña…

-Es demasiado?- pregunto temerosa de que el la rechazara…

No respondió, solo se encamino a ella y la tomó por la cintura elevándola a su altura para poder besarla con pasión arrebatada robándole hasta el aliento… ella supo que el jamás olvidaría aquel regalo, después de todo Dorothy le había dado la mejor idea, se preguntó en un último momento de lucidez si George reaccionaria de la misma forma cuando Dorothy le mostro el traje de mucama muy similar al suyo… no pudo pensar más, los besos y caricias de Albert la estaban llevando a ese maravilloso mundo donde ellos dos hacían magia.

Albert ya no pensaba, el ver a su mujer de aquella manera lo había hecho perder toda razón, su esposa era bella, hermosa, perfecta por sí sola, pero aquel atuendo le completaba perfectamente convirtiéndola en una diosa de la seducción… su ultimo pensamiento coherente fue que agradecería a su cuñada… cuando le fuera posible… porque después de aquello dudaba que salieran de aquella recamara en todo el fin de una semana…. Después de todo siempre recibía el mejor regalo… su pequeña, perfecta y traviesa Candy, "Feliz Navidad a Mi" se dijo interiormente.


un one shot?, espero que les haya gustado, una invitacion mas de Mayra exitosa a la que agradezco por todos sus detalles. Bueno espero que esta pequenia historia les guste tanto como a mi me gusto escribirla, bendiciones, y nos seguimos leyendo, de ante mano gracias mil a todas.